Voces

lunes 30 nov 2020 | Actualizado a 13:08

Odios digitales

/ 9 de noviembre de 2020 / 03:36

El rol de Internet en las elecciones del 18 de octubre en Bolivia ha estado más orientado a la guerra sucia que a promover campaña positiva. Las personas simpatizantes de diferentes candidaturas se han enfrascado en discursos de odio, promover posverdades, amedrentar a posiciones disidentes e incluso autoconvocarse para acciones de protesta violentas (porque la violencia es también verbal, no solo física). Es verdad que las candidaturas han promovido sentimientos positivos desde sus cuentas de campaña pero sus declaraciones a prensa que, a veces tienen más capacidad de viralización, no han sido tan benignas.

Esta caja de pandora que han resultado ser las redes sociales, canales de conducción de inconfesables odios y complejos obviamente nos afectan a nosotros y a nuestra relación con los otros y otras. Es decir, a nuestra capacidad de convivencia que construimos y destruimos cada día frente a nuestras pantallas. Básicamente estos efectos sociales son el alejamiento, la polarización y la radicalización.

¿Hay un impacto directo en la intención de voto? Es una pregunta que no se puede responder taxativamente porque hay muchas razones por las que la gente vota como vota pero algunos estudios y la experiencia nos cuentan que si bien no cambian la base de nuestras creencias, sí las exacerban y nos ponen un velo que impide entender que existen otras formas de concebir el mundo, tan poco informadas, ingenuas, cercanas al pensamiento mágico, dogmáticas y parciales como las nuestras propias.

Ha pasado en Bolivia lo mismo que sucede en Estados Unidos y todo indica que seguirá sucediendo en cada país que enfrente elecciones. Se crean cuentas falsas, páginas masivas, trolls que se meten a conversaciones para generar odio y hasta, quién sabe, se generan tendencias automatizadas, es decir, falsas. Empresas de marketing y hasta emprendedores locales ofertan estos servicios, es un negocio como varios otros en época de elecciones.

Lo que me queda claro después de mirar estas dinámicas digitales es que expresar tanto odio, tanta frustración, tanto barro solo nos degrada a cada uno y una de nosotros. Tal vez hacemos daño al objeto de nuestros insultos y manipulaciones pero nos hacemos mucho daño también a nosotros mismos.

El camino para reducir los efectos de la desinformación, del discurso de odio, de las estrategias políticas para dañar al contrincante somos nosotros mismos, es un camino largo, tiene que ver con informarnos más, con dudar de nuestras creencias, con ser benévolos con nuestros debilidades, miedos y complejos, y con los de los demás. Tiene que ver con crecer como personas. El primer paso es deshacer la relación tóxica con el odio que hemos construido en este año.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata.

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La pelea por el sentido

/ 23 de noviembre de 2020 / 09:58

La pelea por el sentido de los sucesos políticos en Bolivia fue descarnada desde octubre de 2019 y aún lo es. Se ha dado y se da en espacios políticos y sociales, virtuales y físicos. Ha definido dos polos radicalizados violentos, cada uno con mecanismos para reforzarse: exigencias de lealtad, referentes modelo de sus posiciones, capacidad de producción de mensajes y amplia difusión de sus ideas, grupos sociales que recrean y repiten esas posiciones en las redes sociales y otros espacios de interacción social, y grupos sociales violentos en calle.

Lo digo más claro. No hay un solo lado, una sola verdad. Hay al menos dos lados luchando por convertirse en “la” verdad; y muchas veces estas posiciones se tornan violentas provocando reacciones igualmente violentas y victimización del otro polo.

¿Qué sentido está en juego? El sentido de legitimidad de una posición política, es una pelea política por la toma y conservación del poder. Tomo un ejemplo con el respeto que se merecen las personas fallecidas y sus familias. Se han construido varios sentidos acerca de los sucesos de hace un año en la planta de Senkata. Se defiende la posición que la intención de las personas que derribaron el muro de la planta de YPFB era terrorista y pretendían volar media ciudad de El Alto. Hay otra versión: era una lucha por el control de un recurso estratégico de abastecimiento, una presión hacia el gobierno y una reacción a la violencia militar. También se ha mencionado que la intención era recuperar los cuerpos de las personas fallecidas que habían sido trasladados dentro de la planta.

Cada versión ampliamente difundida en medios de comunicación y en redes sociales tiene una intención de legitimar una posición política y desacreditar la contraria. Se puede debatir que una posición fue más difundida que la otra pero ambas tuvieron mecanismos para hacerlo.

Releo lo que escribo y parecen obviedades: que no hay una sola verdad, que es una pelea política. Pero entonces ¿por qué nos dejamos llevar por un debate altamente emocional, lleno de imprecisiones, de información que con seguridad no conocemos a plenitud y de violencia? Porque las redes sociales nos dan el espacio, porque estamos radicalizados y frustrados, porque queremos creer en esa verdad, porque queremos reducir la incertidumbre que nos lastima.

Les traigo malas noticias. Este tiempo exige mayor dedicación a informarnos por fuentes diversas, la incertidumbre no se reducirá, no es tiempo de certezas. La llave para ser feliz es ser complejos, desarrollar capacidad crítica y respetar las posiciones diferentes. ¡Ah! Y también bajarle a la autovictimización que no ayuda en el debate y, con frecuencia, provoca vergüenza ajena.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana.word-press.com

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El enmarque de nuestras realidades

/ 31 de agosto de 2020 / 02:47

El antropólogo Gregory Bateson fue uno de los primeros en utilizar el término frame en 1954 dentro de la teoría psicológica. Después, los aportes vinieron de varias ciencias sociales y fue Erving Goffman quien la desarrolla en el campo de la sociología interpretativa.

Frame, en castellano, se traduce como “marco”. Estamos hablando de las formas en las que los seres humanos damos marco a hechos que se convierten en la “realidad”, seleccionamos hechos, desechamos unos disidentes a nuestra forma de ver el mundo e incluimos aquellos que refuerzan nuestros enmarques. Estamos hablando que existen marcos y no realidad, o más bien que existen “realidades”.

Según esta teoría del enmarque, la vida se presenta como una realidad interpretada por las personas y que para ellas, esos mundos subjetivos son sus mundos coherentes. Estos autores afirman que la realidad se construye socialmente. Unos mundos interpretados pueden ser opuestos a otros mundos interpretados, y ambos basarse en los mismos hechos.

En el mundo/realidad/vida cotidiana que vivimos tan polarizada en Bolivia, esta teoría puede ayudar a entender parte de lo que nos sucede. Existen al menos dos polos dominantes que intentan imponer su interpretación, su enmarque de la realidad; y son dos interpretaciones/marcos que son opuestas. Cada uno de nosotros y nosotras afirman con vehemencia que su enmarque es el correcto, que es la única realidad posible, de hecho no reconoce a los otros enmarques como legítimos o como existentes siquiera sino solo al suyo, y se enquista y busca más elementos que apoyen su enmarque y deslegitimen a los otros. “Les han dicho”, “Son ignorantes”, “Solo escuchan y repiten”, “Les pagan por protestar” son frases que escuchamos frecuentemente para restarle legitimidad a los otros enmarques. Las escuchamos de personas afines al MAS tanto como de sus opositores, esos son los dos enmarques predominantes.

¿Cómo operan las redes sociales? Ya se ha hablado de las cámaras de eco como uno de los mecanismos de operación de las redes sociales, eliminando disidencias y sirviendo como un espejo de las propias opiniones. Es decir, ayudan a interpretar la “realidad” de acuerdo a preconceptos, experiencias y formas de ver el mundo previas de cada usuario y usuaria apoyados en algoritmos.

Así que lo que estamos viendo en nuestros muros y timelines no es más que lo que queremos ver. Buscamos contactos, grupos, amigos y amigas que piensen como nosotros, eso nos reconforta, nos afirma en nuestra realidad. Por eso, las disidencias son atacadas con tanto fervor, porque según cada uno de nosotros y nosotras están equivocados, mienten. No hay conciencia de la existencia de otras interpretaciones, la única válida es la propia.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana.word-press.com

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Ciudadanía activa en el desarrollo tecnológico

El ritmo del desarrollo tecnológico hace cada vez más difícil estar actualizado y tomar posición al respecto de las ofertas tecnológicas.

/ 6 de julio de 2020 / 08:21

Las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y la tecnología en general tienen un rol central en nuestras vidas ya sea a través de las redes sociales, la televisión y nuestros celulares, como a través de otros mecanismos menos evidentes como los algoritmos que gobiernan las lógicas de las plataformas tecnológicas o la inteligencia artificial que incluye a las computadoras en procesos de análisis y predicción complejos.

Las personas solo vemos y entendemos la etapa del uso de esos procesos complejos de creación: cómo funciona un celular, cómo descargar una app, qué se requiere para abrir una cuenta en un servicio, etc. No logramos entender los problemas que implican todos los pasos para llegar a que una tecnología esté en nuestras manos. Esta complejidad, nuestra falta de entendimiento de ella y la creencia de que la tecnología no tiene dinámicas de poder son algunos de los principales temas de debate acerca de la tecnología hoy en día.

El ritmo del desarrollo tecnológico hace cada vez más difícil estar actualizado y tomar posición al respecto de las ofertas tecnológicas, sea un juego con FaceApp que pide datos personales a cambio de mostrar cómo nos veríamos como viejos, o sea una empresa como Google o Cisco ejecutando políticas educativas públicas en un país. Preguntas como ¿Está bien jugar con FaceApp siendo que ya tantos servicios tienen nuestros datos de reconocimiento facial (una más qué importa)? ¿O será que es posible tomar decisiones acerca de qué datos personales compartir con qué empresas y bajo qué términos?

En el segundo ejemplo, las preguntas: Si un Estado no tiene la capacidad tecnológica de Google o Cisco, ¿el mejor camino para una política educativa de calidad es firmar convenios con estas empresas para que ejecuten políticas públicas tan sensibles como la educación? ¿O existen otros caminos que incluyan la soberanía tecnológica de los Estados y de la ciudadanía a la vez que incluyan desarrollos tecnológicos a los procesos educativos?

Las respuestas no son blanco o negro, no podemos llegar a la conclusión que las empresas de base tecnológica son los actores malos y no hay que trabajar con ellas bajo ningún aspecto o que los Estados siempre quieren usar tecnología para vigilar a su ciudadanía, por lo que hay que enfrentarlos, o que la ciudadanía nunca hace uso abusivo de las tecnologías. Ninguna de estas aseveraciones es completamente real o completamente falsa. Hay debates amplios detrás de cada una de ellas.

Lo que queda, aunque creamos que no hay tiempo para ello, es informarse lo mejor que se pueda, entender que hay juegos de poder en cada fase del desarrollo tecnológico y tomar un rol activo en la defensa de los derechos ciudadanos al usar estas tecnologías.

*Es ciberactivista y burócrata.
blog: www.internetalaboliviana.
word-press.com

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IMSI-catchers, antenas de vigilancia

Estos usos de IMSI-catchers sin una orden judicial son claras vulneraciones a la privacidad de la comunicación de usuarios y usuarias de telefonía móvil.

/ 8 de junio de 2020 / 06:24

La semana anterior, South Lighthouse, una organización de investigación basada en Chile, presentó un estudio de mediciones que detectó anomalías en la red telefónica en tres ciudades de Latinoamérica (Caracas, La Paz y ciudad de México), así como en la frontera Colombo-Venezolana. Estas anomalías podrían haber sido provocadas por IMSI-Catchers para hacer vigilancia ilegal.

Un IMSI-catcher es una antena de telefonía móvil falsa que se coloca para interceptar la comunicación entre los teléfonos celulares y las antenas verdaderas de la empresa proveedora de servicios (por ejemplo, Tigo o Entel) y, de esa manera, obtener información del celular y de las comunicaciones. Un IMSI-catcher puede hacer varias cosas, desde identificar la ubicación de un celular —y por tanto de una persona —; intervenir llamadas telefónicas, no así las que hacemos por WhatsApp o Signal en principio; disminuir o incrementar la potencia de transmisión del aparato; acceder a metadatos y claves de comunicaciones cifradas y escribir protocolos sobre la memoria del dispositivo.

Estos usos de IMSI-catchers sin una orden judicial son claras vulneraciones a la privacidad de la comunicación de usuarios y usuarias de telefonía móvil y, por supuesto, alarma conocer la posibilidad de su existencia y uso. La CPE y la Ley de Telecomunicaciones protegen el derecho de privacidad y de privacidad de las comunicaciones.

Sin embargo, con la información publicada por South Lighthouse no se puede aseverar que las anomalías detectadas se deban a la actividad de IMSI-catchers y tampoco atribuirlas a una entidad o persona. El mismo Carlos Guerra, uno de los autores y miembro de South Lighthouse dice: “aunque declarar con 100% de certeza que una antena en particular es un IMSI-catcher y aún más atribuir su uso a un actor específico es sumamente difícil, conseguimos varias anomalías de interés en todas las zonas monitoreada.” Es verdad, no se puede aseverar que el gobierno anterior o el actual hayan usado o estén usando IMSI-catchers para vigilar a la ciudadanía, pero sí sospecharlo.

Corresponde una investigación y una explicación pública por parte de la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Transportes y Telecomunicaciones (ATT) y del Ministerio de Obras Públicas al respecto. El viernes de la anterior semana, la ATT emitió un comunicado al respecto donde menciona que se ha instruido hacer una investigación para identificar la existencia de antenas sospechosas y se adelanta a declarar que el Estado, a través de las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana, ni ninguna otra institución pública/privada nacional o internacional tiene facultades para instalar antenas para espionaje.

Quedamos a la espera de los resultados de esta investigación con gran preocupación.

Eliana Quiroz
Es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana.
word-press.com

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RRSS y tecnología en el Gobierno

La novedad acerca de la tecnología parece estar en los últimos dos relatos gubernamentales

/ 25 de mayo de 2020 / 05:48

La relación del Gobierno con las redes sociales y la tecnología es diversa. Por un lado, se criminaliza algunas actividades en redes sociales y mensajería como WhatsApp, calificándolas de “desinformación”; y se amenaza con ciberpatrullajes, muy similar a las primeras reacciones del MAS a los resultados del referéndum constituyente de 2016. En este caso, se emitieron decretos con artículos atentatorios contra la libertad de expresión que luego fueron derogados. La reacción del MAS fue intentar regularlas a través de la elaboración de una ley que nunca llegó a la Asamblea Legislativa. El relato aquí es “las redes sociales son malas, hay que controlarlas”.

Por otro lado, como una muestra de confianza en la ciudadanía y transparencia extrema frete al escándalo de la compra de respiradores, la presidenta Jeanine Áñez declaró haberse enterado del caso de corrupción a través de las redes sociales, y que iban a transparentar el proceso de esta compra vía redes sociales. El relato en este caso es “las redes sociales son buenas, probas y transparentes”.

Entretanto, el Ministro de Educación se salta una ley y tres decretos acerca del uso prioritario de software libre en el Estado, y firma un convenio con Microsoft para que capacite a profesores en uso de tecnología para clases en línea. En una entrevista televisiva explicó que se firmó el convenio por la emergencia y porque falta tiempo para enseñar software libre. El relato aquí es “la tecnología, mientras más extranjera es mejor”.

Un segundo ejemplo en esta misma línea es el escándalo del momento, la compra de respiradores. Ni siquiera se ve como opción el financiamiento de respiradores construidos por la UMSA, que eran más baratos y con las mismas características de los adquiridos en España porque no suena bien que sean nacionales, “mientras se pueda mostrar que es extrajera, mejor”.

La novedad acerca de la tecnología parece estar en los últimos dos relatos gubernamentales, las redes sociales como aliadas, como soporte del débil gobierno de Áñez; y el entendimiento superficial de políticas públicas tecnológicas. Cabe preguntarse en el primer caso ¿por qué no se dijo que la información de la contratación de respiradores iba a estar a disposición de toda la ciudadanía, siendo que solo el 50% de población en Bolivia es internauta? Parece ser que es un criterio electoral, ella siente que las redes sociales son su base de apoyo electoral. Lo segundo muestra que existe un entendimiento muy pobre de políticas públicas de gestión de conocimiento y ciencia en el Gobierno. El Ministro no ha tomado una posición porque no conoce las opciones, no conoce lo del software libre como política de Estado, sino que dejó que una empresa aproveche el espacio vacío de políticas públicas para imponer su agenda.

Eliana Quiroz, ciberactivista

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