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Wednesday 1 Feb 2023 | Actualizado a 07:24 AM

La pandemia en el sistema educativo

/ 27 de noviembre de 2020 / 01:26

La pandemia es una disrupción de tal magnitud que alteró la vida de las personas, sociedad y madre tierra. En educación, visibilizó con mayor “crudeza” los problemas estructurales del sector, los agravó y dio origen a otras problemáticas.

La pandemia “ha dado lugar al cierre masivo de las actividades presenciales de instituciones educativas en más de 190 países con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar su impacto. Según UNESCO, a mediados de mayo de 2020, más de 1.200 millones de todos los niveles de enseñanza, en todo el mundo, habían dejado de tener clases presenciales en la escuela. De ellos, más de 160 millones eran estudiantes de América Latina y el Caribe…”  (CEPAL, UNESCO 2020). La solución fue “quédate en casa” y con ella “aprendizaje a distancia” en y fuera de línea. En Bolivia se denominó “educación virtual”, aunque también se anunció la “educación a distancia”.

La emergencia puso en aprietos a gobernantes y a toda la población. En medio de todo este panorama, se pusieron de moda aplicaciones y plataformas como WhatsApp, Classroom, Zoom, Meed, etc., a la par de las acciones de organismos internacionales y empresas de telecomunicaciones. Con el propósito de sostener la realización de actividades educativas a como dé lugar antes de la clausura del año escolar, las autoridades educativas dispusieron que maestros, estudiantes, madres y padres de familia, “corran a la ferretería” (en sentido figurado) para conseguir instrumentos que permitan la realización de “clases virtuales”, solución necesaria pero no suficiente. La cuestión va más allá de una transición casi mecánica de educación presencial a educación a distancia, pone, una vez más, en debate lo que entendemos por educación.

Para el desarrollo de la educación a distancia en línea, como punto de partida, corresponde asegurar: disponibilidad y buen funcionamiento de los dispositivos, teléfono celular, tableta y/o computadora; accesibilidad a la red de internet con suficiente capacidad, así como a las aplicaciones y plataformas; clara definición, el conocimiento y buen desarrollo de la metodología de uso de las TIC en educación; establecimiento de condiciones materiales similares para llevar a cabo actividades educativas virtuales y relaciones adecuadas entre los actores de los procesos educativos. En la práctica, ninguno de estos factores fue debidamente atendido para sustituir adecuadamente a la educación presencial. Es más, según el estudio citado, los supuestos “nativos digitales” —principalmente jóvenes y en algunos casos docentes — carecían de experiencia para el desarrollo de procesos educativos en línea; si bien hacen uso intensivo de las TIC, en la mayoría de los casos se restringe a “bajar información” genérica, comunicación entre estudiantes y de ellos con sus docentes, redactar documentos a título de hacer tareas o informes, o sea, no desarrollan actividades propiamente educativas.

No existen condiciones materiales y metodológicas, ni tampoco formación y experiencia suficientes para el desarrollo de la educación virtual. También es llamativo que, siendo un área de tantos avances, no se haya profundizado la educación a distancia fuera de línea como los impresos, la radio y televisión, los videos, etc. Además, no se elaboró un plan nacional para la implementación de la educación virtual.

Lo más importante, no se tomó en cuenta que la educación virtual supone cambios substanciales en los procesos educativos, como el manejo del tiempo y espacio, así como la comunicación y las relaciones. En el fondo, supone revisar la concepción y el sentido de la educación, así como la pedagogía, didáctica y metodología.

La educación es un hecho social y cultural; no es simplemente “enseñanza-aprendizaje”, es convivencia personal. Es un hecho profundamente humano y debería generar una opción ética de transformación. La educación no es “deseabilidad social”, es un derecho fundamental, por lo tanto es de calidad y pertinencia para todas y todos, a lo largo y ancho de la vida. No se trata solo de la transmisión ni acumulación de conocimientos, afecta a la formación integral de los seres humanos. Si es así, la educación por naturaleza es presencial y vivencial. Las otras modalidades de educación, principalmente la educación a distancia con el uso de TIC es complementaria. No se propone prescindir de la tecnología, se trata de ser coherente con la naturaleza de la educación.

Tomando las palabras de Saskia Sassen, neerlandesa, socióloga, hay que “Recuperar lo que hemos destruido”. Es tiempo de re-pensar en un nuevo modelo de vida, en otro modelo civilizatorio que redefina qué sociedad, qué Estado, qué economía. En cuanto al sector precisamos reconstruir la educación, repensar los proyectos educativos. Requerimos fortalecer el desarrollo de la educación de la vida y en la vida, para Vivir Bien. Una educación pública con calidad y pertenencia, presencial y vivencial, en la que la educación a distancia en o sin línea sea complementaria.

Largo y urgente trecho por caminar…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Día Internacional de la Educación

/ 20 de enero de 2023 / 01:51

“Reconociendo que la educación desempeña un papel fundamental en la creación de sociedades sostenibles y resilientes y contribuye al logro de todos los demás Objetivos de Desarrollo Sostenible; aumenta la productividad de las personas y el potencial de crecimiento económico, desarrolla las competencias necesarias para el trabajo decente y las aptitudes profesionales necesarias para el desarrollo sostenible, en particular en las esferas del agua y el saneamiento, la energía ecológica y la conservación de los recursos naturales, ayuda a erradicar la pobreza y el hambre, contribuye a mejorar la salud, promueve la igualdad entre los géneros y puede reducir la desigualdad, y promueve la paz, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos… también la importancia de adoptar medidas para garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad a todos los niveles…” (Resolución A/RES/73/25 de la ONU de 03/12/2018), en diciembre de 2018, la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 24 de enero como el Día Internacional de la Educación.

Es así que, el próximo 24 de enero de 2023, bajo el lema “Invertir en las personas, priorizar la educación”, se celebrará el quinto Día Internacional de la Educación que estará determinado por los resultados de la Cumbre de la ONU sobre la Transformación de la Educación de septiembre de 2022, evento convocado en respuesta a la crisis mundial de la educación acrecentada por la sindemia del COVID-19 con un efecto devastador en el futuro de todos los estudiantes y también por la necesidad de dar prioridad a la educación para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que no avanzan a la velocidad ni en la escala necesarias. El Día Internacional de la Educación, además, estará retado por una crisis en la educación a nivel mundial, difícil de negar. Bastará tener en cuenta que, en el mundo, “En la actualidad, 244 millones de niños y jóvenes están sin escolarizar y 771 millones de adultos son analfabetos. Su derecho a la educación está siendo violado y es inaceptable” (Unesco, 2023). Es más, como señala la OEI, siendo Iberoamérica la región del mundo con más tiempo de actividad educativa presencial cerrado como efecto de la sindemia. “La desescolarización forzada ha puesto en evidencia, con la mayor crudeza, la falta de calidad, equidad e inclusión en nuestros sistemas”, generando además lo que en la actualidad llaman los organismos internacionales: “pobreza de aprendizajes”.

Así, está claro que más que discursos de conmemoración u otros aspectos protocolares, es necesario pasar de la retórica a la acción. Como dice Unesco, “es hora de transformar la educación”.

Siendo la educación una parte substancial de la vida y tan inmanente a la humanidad, no es posible aceptar que siga siendo considerada un gasto, un asunto suplementario de otras políticas públicas, que no se desarrolle en, de y para la vida. Siendo la educación un derecho humano y un bien público, es inaceptable que siga siendo un factor de exclusión y discriminación, menos la causa de las brechas sociales y educativas como las generadas por la abrupta irrupción de la tecnología en la educación. Siendo la educación un concepto que abarca a la formación integral de las personas no tiene sentido que siga atendiendo solo lo cognitivo y que solo se concentre en la educación escolarizada, formalizada o regular olvidando el valor y sentido social de la educación comunitaria, permanente, intercultural y popular. Siendo la educación un hecho social no se puede dudar sobre su sentido transformador y liberador, tampoco a título de calidad educativa no podemos quedarnos únicamente en los logros de carácter académico, además de ello tenemos que considerar la pertinencia cultural, es decir, la diversidad de la población, y la relevancia social, ¿qué educación puede ser de calidad si no contribuye a la convivencia en la familia, comunidad, país y planeta, y no coadyuva a la construcción de una sociedad justa y equitativa? Siendo la educación un hecho que se consuma cuando los conocimientos son llevados a la práctica tiene que ser promotor del cambio de estructuras y de la creación/creatividad material e intelectual. Siendo el saber y conocimiento un hecho que se expresa en todas las acciones de la vida, ¿por qué se sostiene el colonialismo del saber?

Los días especiales no solo se celebran, se reflexionan y se actúa en consecuencia, cuestión de ética.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular, maestro y pedagogo. Director de la oficina de la Organización de Estados Iberoamericanos en Bolivia.

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Agenda educativa 2023

/ 6 de enero de 2023 / 02:38

El inicio del año, es decir, de un nuevo ciclo, siempre es una oportunidad para delinear lo que se debe hacer en el futuro, en este caso, plantear una propuesta de agenda educativa para 2023. Asumiendo que para construir el futuro hay que entender el pasado recordemos que, con la promulgación de la Constitución Política del Estado (07/02/2009) y de la Ley 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez” (10/12/2010) se definen los nuevos mandatos para la educación boliviana, documentos normativos que en el periodo 2015-2019 se implementan mediante el Modelo Educativo Socio-comunitario Productivo (MESCP) y la aplicación de un nuevo currículo. Posteriormente, como efecto de la sindemia del COVID-19 y los problemas sociopolíticos, la gestión educativa 2020, con clausura incluida, fue un año perdido. Luego, en 2021, se trabajó para garantizar la continuidad de las actividades educativas, mientras que en 2022 se producen dos hechos significativos: por un lado, se retoman las clases presenciales a plenitud y, por otro, desde el Ministerio de Educación se plantea un currículo actualizado que se aplicará en la presente gestión. El saldo de este difícil periodo, como ocurrió en la mayoría de los países del orbe, se puede sintetizar en la necesidad de profundizar acciones en torno a la calidad educativa, más concretamente en la calidad de los aprendizajes y en la de evitar la ampliación de las brechas sociales en y desde los sistemas educativos.

Por esas razones, una de las prioridades de 2023 debe estar orientada a profundizar y darle un sentido integral a la calidad educativa. La aplicación de un currículo actualizado necesariamente tiene que contribuir a mejorar la calidad de los aprendizajes lo que, a su vez, supone fortalecer el sentido y contenido del Modelo Educativo Socio-comunitario Productivo. Un currículo que se concentra en sí mismo y peor aún solo en contenidos, olvidando la concepción de pedagogía, educación y sociedad, corre el riesgo de convertirse en un instrumento sin horizonte ni identidad. Esta calidad educativa, a tiempo de contribuir al logro de objetivos de tipo académico (lectura y razonamiento lógico, entre los principales), tiene que ser pertinente (adecuada a la realidad y expectativas socioculturales) y relevante (de valor social para las personas, comunidad y sociedad), por lo tanto debe desarrollar la formación integral expresada en las cuatro dimensiones del ser humano (Ser, principios, valores e identidad; Saber, capacidad de crear y recrear saberes y conocimientos; Decidir, convivencia y capacidad de tomar decisiones con base en principios; y Hacer, crear bienes tangibles y no tangibles) que plantea el MESCP en la perspectiva de la Educación en, de y para la Vida. Estos propósitos exigen que, desde el punto de vista metodológico, también se considere prioritaria la formación y posterior acompañamiento en la práctica de maestras y maestros, así como la ampliación de la participación de la comunidad en educación.

La calidad educativa requiere también que se amplíen las acciones vinculadas a la Educación Productiva que, a partir de lo dispuesto por el Plan de Desarrollo Económico y Social 2021-2025 y las vocaciones y potencialidades de los territorios y sectores, se diseñen y ejecuten planes estratégicos educativos-productivos regionales y sectoriales; además del desarrollo de la educación que hace uso pedagógico, soberano y creativo de la tecnología, más allá de la instrumentalización de los dispositivos o de la llamada educación virtual.

Otra prioridad de 2023 es la de evitar brechas sociales desde y en el sistema educativo, para ello es urgente poner en práctica programas socio-educativos para resolver de manera inmediata los problemas que nos dejó la sindemia, como la deserción y el retraso en los aprendizajes, así como consolidar la equidad, armonía y coordinación entre los subsistemas del sistema educativo boliviano: Educación Regular, Educación Alternativa y Especial, y Educación Superior de Formación Profesional, tal cual sostiene la Ley de la Educación 070, artículo 1.

Estas son algunas de las prioridades que obviamente requieren de análisis y, fundamentalmente, el compromiso y participación de todos los actores de la educación puesto que, como dice el objetivo 4 de la Agenda de Desarrollo Sostenible, es absolutamente necesario “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.”

Noel Aguirre Ledezma es educador popular, maestro y pedagogo. Director de la oficina de la Organización de Estados Iberoamericanos en Bolivia.

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Currículo

/ 23 de diciembre de 2022 / 03:11

A raíz de las últimas determinaciones del Ministerio de Educación de Bolivia, una temática estará de moda en el próximo año: “currículo”. Nos referimos concretamente al “Currículo Actualizado del Sistema Educativo Plurinacional” que, según las disposiciones oficiales, será implementado desde la gestión 2023. Ya verá usted, los temas referidos al currículo serán motivo de debate público. Es bueno que sea así, siempre y cuando se cuente con opiniones cuya base son análisis sistemáticos, argumentaciones bien planteadas y propuestas factibles. Es de esperar que el currículo no sea reducido a adhesiones y rechazos “en automático” y por pura actitud reactiva.

La temática da para amplias y profundas reflexiones, me hago parte de ello con unos primeros temas que pretenden contribuir a comprender de qué estamos hablando.

Para comenzar, como señalan Abraham Magendzo (1987) y otros estudiosos, el currículo es el “resultado de un proceso de seleccionar y organizar la cultura”. Si cultura es básicamente toda expresión del quehacer humano, cuando se formula el currículo se toman decisiones acerca de qué expresiones son prioritarias. Por tanto, la selección de la cultura no es un proceso azaroso y neutro, sino intencional, que compromete una visión de educación, ser humano y sociedad. Supone “un proceso de búsqueda, negociación, valoración, crecimiento y confrontación entre la cultura universal y la cultura de la cotidianidad… entre la cultura de dominación y la cultura dominada” (Magendzo, 2019). El currículo, al ser selección de la cultura, es el posicionamiento ante los problemas que aquejan a nuestra sociedad en el presente y que, posiblemente, se agudizarán aún más en el futuro, se traduce en el dilema: ¿adecuarse o transformar la realidad? La respuesta a este dilema, por supuesto, dará sentido al currículo.

Por otro lado, el currículo debe ser entendido desde su enfoque integral-holístico. En principio, el currículo vincula la política educativa con la práctica educativa; las determinaciones de los documentos normativos- constitutivos, la concepción de educación y el modelo educativo con los procesos que ocurren en las unidades educativas y el aula; así como la pedagogía con la didáctica. El currículo no es un fin en sí mismo, responde a una concepción de educación, ser humano y sociedad. Los educadores además de ser diseñadores y aplicadores del currículo fundamentalmente son pedagogos. Asimismo, los componentes del currículo (principalmente: objetivos, contenidos, metodología y evaluación) deben tener armonía en sus enfoques, por ejemplo, si la metodología es activa y participativa, la evaluación no puede ser un proceso pasivo que apenas involucra a los estudiantes en la toma de decisiones. Entonces no es suficiente discutir contenidos o temas, es necesario analizar la coherencia con la orientación y características del resto de los componentes.

El enfoque integral-holístico del currículo también nos recuerda que el éxito o fracaso del currículo está directa y recíprocamente vinculado con otros elementos que le son complementarios. De no existir, entre otros aspectos: una buena lectura de la situación de la realidad actual y futura, así como sobre la lógica de la construcción de los conocimientos; una clara definición de la concepción de educación, ser humano y sociedad; el acompañamiento y el aporte en los procesos formativos de las familias y otros miembros de la comunidad educativa; coherencia con las normas constitutivas y los planes de desarrollo; valoración de la identidad cultural y comprensión de las condiciones de la población; maestros debidamente formados y comprometidos con los cambios; el diseño y desarrollo del currículo —aun si están bien redactados— al final de cuentas, no mejorará los aprendizajes. Entonces, si bien hay que cuidar del diseño y desarrollo del currículo, simultáneamente hay que prestar atención a los demás elementos, con prioridad a la formación y desempeño de los maestros, puesto que, desde el punto de vista metodológico, son actores clave para la transformación del currículo.

Finalmente, asumiendo que los cambios tienen que seguir el ritmo de las transformaciones que se producen en la realidad, el currículo debe ser ajustado en un tiempo máximo de cinco años. Por esas razones, ya mismo, se debe constituir una comisión que prevea futuros ajustes en el currículo, en este caso, no solo para actualizar sino para transformar el currículo.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Pensando Iberoamérica

/ 9 de diciembre de 2022 / 01:10

El pasado 25 de noviembre, en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana, se realizó la XIV Asamblea General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). Siendo la OEI una entidad de carácter gubernamental para la cooperación que cuenta con 23 Estados miembros, en este evento participaron ministras, ministros, jefes de delegaciones y autoridades de América Latina, el Caribe, España y Portugal, directivos de la OEI e invitados especiales. Bolivia participó en su calidad de miembro pleno de la OEI.

El evento internacional, si bien tuvo carácter institucional, permitió evaluar la situación de Iberoamericana, por demás crítica a causa de la pandemia del COVID-19, y a pensar los programas y estrategias a implementar en la región a partir de estas constataciones, proyecciones que serán aprobadas en el próximo Consejo Directivo. Como se ha verificado en distintos estudios, “Junto con la salud y la economía, la educación ha sido una de las áreas sociales que más ha sufrido. Según la Unesco, 160 millones de niños y jóvenes iberoamericanos quedaron confinados en sus hogares: todos ellos sufrieron consecuencias sociales, psicológicas y educativas por ese aislamiento, pero más aún los 60 millones que no tuvieron conectividad alguna que les asegurara una mínima atención educativa virtual. Para los que tuvieron el privilegio de poder acceder a tutorías y plataformas digitales, la atención educativa no pasó de ser, en la mayoría de los casos, una educación remota de emergencia. Iberoamérica ha sido la región del mundo con más días de actividad lectiva presencial perdidos, lamentable récord que, junto con lo expuesto, pone en evidencia la catástrofe generacional que estamos sufriendo. Esto se añade a la precariedad que arrastrábamos en nuestros sistemas educativos, cuyos logros más importantes habían sido el cuantitativo de asegurar acceso y cobertura, y la inscripción de más de 30 millones de estudiantes en instituciones de educación superior; todo ello sin cumplir, en la mayoría de los casos, los requisitos mínimos de calidad, equidad e inclusión.” (Memoria 2019-2022, OEI) No obstante los esfuerzos de gobiernos, sociedad civil y organismos multilaterales demostraron capacidad de reacción y compromiso con la resolución de esta problemática.

Ante esa situación se planteó que la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible representa el mayor referente para estructurar la acción cooperadora de la OEI en Iberoamérica. Desde el Programa de Derechos Humanos, Democracia e Igualdad se propuso que se fortalezca la democracia, promueva la participación ciudadana y defiendan los derechos humanos y la equidad de género. Que las acciones prioritarias en el eje educación podrían ser: Primera infancia y educación infantil (Etapa vital), Inclusión educativa y atención a la diversidad, Transformación educativa digital (eje global de trabajo), Formación técnico profesional para contribuir a su consolidación como política pública que incentiva la productividad y empleabilidad, Fortalecimiento de la calidad de la educación para el desarrollo de la ciencia, entre otras estrategias. Además de la consolidación de la participación de la OEI en el Comité Global del ODS 4 de la Agenda 2030 en diálogo con las organizaciones representativas de la región.

En el eje de Cultura se propuso el impulso de la Cultura para el desarrollo sostenible y el Fomento de la cultura iberoamericana. Mientras que en el eje de Lenguas se planteó la Promoción de las lenguas portuguesa, española e indígenas, el desarrollo de la Educación intercultural y plurilingüe, y la Diversidad lingüística. También se ratificó el funcionamiento del Instituto Iberoamericano para la Educación y la Productividad para contribuir a mejorar la productividad de la región en diálogo con gremios, empresarios y gobiernos y del Instituto Iberoamericano para la Formación y Aprendizaje para la Cooperación en las áreas de educación, cultura, ciencia, bilingüismo y difusión de la lengua portuguesa.

Pensando en Iberoamérica, la OEI va camino a consolidarse en un bien público para la región realizando políticas públicas a favor de los más necesitados y necesitadas, haciendo que la cooperación realmente suceda por el bien de todos y todas. Esos son retos que también debemos construir desde las políticas públicas del Estado Plurinacional de Bolivia y desde nuestro rol de miembros de la OEI.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Censo: ¿igualdad o equidad?

Nos quedan grandes retos, es tiempo de discutirlos, analizarlos, estudiarlos y plantear propuestas.

/ 25 de noviembre de 2022 / 03:07

En estos días que se habla tanto con y sin sentido del Censo, se oye decir algo parecido a lo siguiente: “con el Censo se demostrará que somos más de lo que señalan las estadísticas y nos corresponderán mayores recursos”. Esta expresión parece ser lógica y hasta justa, pero en principio, apenas se conozcan los resultados, será el motivo de una de las siguientes batallas políticas. Precisamente, para evitar estas discusiones y toma de decisiones en medio de conflictos, este asunto debería ser motivo de exhaustivo análisis y de planteamientos coherentes a nuestra realidad.

La respuesta casi natural parece ser “a más población más recursos, a menos población menos recursos”. Pero, los hechos demuestran que no siempre la respuesta obvia es la mejor. Por supuesto que, por criterios de igualdad, esta respuesta parece ser la más conveniente, pero por criterios de equidad nos exige pensar en otros criterios y respuestas.

Vayamos por el criterio de equidad. ¿Las ciudades y especialmente los pueblos del área rural que muestran reducciones considerables en su población, a pesar de recibir una cantidad apreciable de recursos no supieron aprovechar esas ventajas? Seamos más concretos todavía, las poblaciones que son o fueron proveedores de alimentos o que por largo tiempo compartieron sus ingresos conseguidos con los recursos naturales explotados en su territorio y que ahora tienen una población menor con relación al anterior censo, ¿deben recibir menos ingresos del erario nacional? Las poblaciones, como las aledañas a la ciudad de El Alto, que ayudaron al crecimiento poblacional de esta ciudad a costa del abandono de su propia población, ¿deben recibir menos ingresos?

Es más, se arguye que el Censo permitirá la planificación del territorio boliviano, entonces antes de tomar únicamente el criterio relativo al número de población, tenemos que preguntarnos: ¿uno de nuestros objetivos es fomentar el crecimiento de poblaciones concentradas en millones y abandonar, casi sancionar la desaparición de otras poblaciones con reducido número de habitantes, pero ricas en cultura, situadas estratégicamente en el territorio desde el enfoque geopolítico o de una historia trascendental para el origen o destino del Estado Plurinacional? ¿Cuál será el modelo de desarrollo de nuestro Estado, proyectaremos un territorio concentrado en grandes ciudades a costa de perder nuestra cultura, nuestro derecho a alimentarnos de productos frescos y ecológicos, nuestro origen e identidad cultural, de negar otras concepciones de vida como el “vivir bien”?

Las preguntas podrían seguir. Así, el criterio de igualdad no parece ser el más justo para la repartición de recursos, al menos no es el único. Habrá que pensar en cuáles son nuestros objetivos estratégicos como país. Por ejemplo, queda claro que salud, educación y eliminación de la pobreza deben ser motivo de preocupación de los futuros años, conjuntamente a un desarrollo económico sostenible. Este puede ser un criterio que oriente la distribución de ingresos: “a cada quien se le debería entregar recursos en función de sus carencias y metas de compromiso de resolución de sus grandes problemas”.

Nos quedan grandes retos, es tiempo de discutirlos, analizarlos, estudiarlos y plantear propuestas bien fundamentadas y que respondan prioritariamente a criterios de equidad. El supuesto compromiso con el Estado Plurinacional, ¿solo es una máscara que encubre otras intenciones? El tiempo lo dirá…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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