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jueves 21 ene 2021 | Actualizado a 01:48

La pandemia en el sistema educativo

/ 27 de noviembre de 2020 / 01:26

La pandemia es una disrupción de tal magnitud que alteró la vida de las personas, sociedad y madre tierra. En educación, visibilizó con mayor “crudeza” los problemas estructurales del sector, los agravó y dio origen a otras problemáticas.

La pandemia “ha dado lugar al cierre masivo de las actividades presenciales de instituciones educativas en más de 190 países con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar su impacto. Según UNESCO, a mediados de mayo de 2020, más de 1.200 millones de todos los niveles de enseñanza, en todo el mundo, habían dejado de tener clases presenciales en la escuela. De ellos, más de 160 millones eran estudiantes de América Latina y el Caribe…”  (CEPAL, UNESCO 2020). La solución fue “quédate en casa” y con ella “aprendizaje a distancia” en y fuera de línea. En Bolivia se denominó “educación virtual”, aunque también se anunció la “educación a distancia”.

La emergencia puso en aprietos a gobernantes y a toda la población. En medio de todo este panorama, se pusieron de moda aplicaciones y plataformas como WhatsApp, Classroom, Zoom, Meed, etc., a la par de las acciones de organismos internacionales y empresas de telecomunicaciones. Con el propósito de sostener la realización de actividades educativas a como dé lugar antes de la clausura del año escolar, las autoridades educativas dispusieron que maestros, estudiantes, madres y padres de familia, “corran a la ferretería” (en sentido figurado) para conseguir instrumentos que permitan la realización de “clases virtuales”, solución necesaria pero no suficiente. La cuestión va más allá de una transición casi mecánica de educación presencial a educación a distancia, pone, una vez más, en debate lo que entendemos por educación.

Para el desarrollo de la educación a distancia en línea, como punto de partida, corresponde asegurar: disponibilidad y buen funcionamiento de los dispositivos, teléfono celular, tableta y/o computadora; accesibilidad a la red de internet con suficiente capacidad, así como a las aplicaciones y plataformas; clara definición, el conocimiento y buen desarrollo de la metodología de uso de las TIC en educación; establecimiento de condiciones materiales similares para llevar a cabo actividades educativas virtuales y relaciones adecuadas entre los actores de los procesos educativos. En la práctica, ninguno de estos factores fue debidamente atendido para sustituir adecuadamente a la educación presencial. Es más, según el estudio citado, los supuestos “nativos digitales” —principalmente jóvenes y en algunos casos docentes — carecían de experiencia para el desarrollo de procesos educativos en línea; si bien hacen uso intensivo de las TIC, en la mayoría de los casos se restringe a “bajar información” genérica, comunicación entre estudiantes y de ellos con sus docentes, redactar documentos a título de hacer tareas o informes, o sea, no desarrollan actividades propiamente educativas.

No existen condiciones materiales y metodológicas, ni tampoco formación y experiencia suficientes para el desarrollo de la educación virtual. También es llamativo que, siendo un área de tantos avances, no se haya profundizado la educación a distancia fuera de línea como los impresos, la radio y televisión, los videos, etc. Además, no se elaboró un plan nacional para la implementación de la educación virtual.

Lo más importante, no se tomó en cuenta que la educación virtual supone cambios substanciales en los procesos educativos, como el manejo del tiempo y espacio, así como la comunicación y las relaciones. En el fondo, supone revisar la concepción y el sentido de la educación, así como la pedagogía, didáctica y metodología.

La educación es un hecho social y cultural; no es simplemente “enseñanza-aprendizaje”, es convivencia personal. Es un hecho profundamente humano y debería generar una opción ética de transformación. La educación no es “deseabilidad social”, es un derecho fundamental, por lo tanto es de calidad y pertinencia para todas y todos, a lo largo y ancho de la vida. No se trata solo de la transmisión ni acumulación de conocimientos, afecta a la formación integral de los seres humanos. Si es así, la educación por naturaleza es presencial y vivencial. Las otras modalidades de educación, principalmente la educación a distancia con el uso de TIC es complementaria. No se propone prescindir de la tecnología, se trata de ser coherente con la naturaleza de la educación.

Tomando las palabras de Saskia Sassen, neerlandesa, socióloga, hay que “Recuperar lo que hemos destruido”. Es tiempo de re-pensar en un nuevo modelo de vida, en otro modelo civilizatorio que redefina qué sociedad, qué Estado, qué economía. En cuanto al sector precisamos reconstruir la educación, repensar los proyectos educativos. Requerimos fortalecer el desarrollo de la educación de la vida y en la vida, para Vivir Bien. Una educación pública con calidad y pertenencia, presencial y vivencial, en la que la educación a distancia en o sin línea sea complementaria.

Largo y urgente trecho por caminar…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Pospandemia: el retorno a la supuesta ‘normalidad’

/ 8 de enero de 2021 / 00:19

En medio de una pandemia que deja muerte y profundiza los problemas estructurales, el mundo tiene su mirada puesta en el retorno a la supuesta “normalidad”. Sin embargo, así como se encuentra el planeta estamos en periodos que si no comprendemos y actuamos en consecuencia, nuestra forma de vida se convertirá en sobrevivencia y nada más. El ansiado retorno a la “normalidad” requiere que los aprendizajes que nos dejó el COVID-19 y los problemas estructurales se conviertan en una agenda de cambios radicales. Como dice Saskia Sassen, socióloga neerlandesa, corresponde “Recuperar lo que hemos destruido”.

Primero, es necesario vivir en armonía con el mundo natural. En la “primera ola” del coronavirus, mientras los seres humanos estuvimos en cuarentena, el aire se hizo más limpio, hubo menos ruido, en las calles de las ciudades aparecieron varios animales que parecían gozar de la ausencia de los humanos. Luego comenzamos a volver a la “normalidad” y la contaminación no solo se reactivó, sino se acrecentó; ahora con profusión de restos de barbijos, plásticos, medicinas, etc., la biodiversidad nuevamente está en desequilibrio y a título de progreso se sigue depredando la Madre Tierra. La supuesta “normalidad” nuevamente nos hace olvidar que somos parte de un gran ecosistema y que debemos vivir en armonía con ella.

Segundo, tenemos que construir una sociedad sin desigualdades. A pesar de que muchos afirman que “la pandemia afecta a todos”, los hechos demuestran que no es así. Los pobres tienen un riesgo mucho mayor de infectarse con el coronavirus porque viven en condiciones de hacinamiento, no tienen servicios básicos y, en muchos casos, son los que trabajan, con o sin cuarentena, en ocupaciones de alto riesgo de contagio. Cuando enferman tampoco pueden tener la atención médica oportuna y adecuada. Es más, la recesión económica hace que los pobres, en gran parte, pierdan su fuente de trabajo o que sus condiciones laborales sean más precarias. La pandemia no solo evidencia la pobreza y la desigualdad social, sino que acrecienta las brechas sociales y la debilidad de las políticas sociales (salud, educación, etc.). Así, la “normalidad” no tiene condiciones de sostenibilidad.

Tercero, los seres humanos tenemos que ser más humildes y asumir que no dominamos todo. En los últimos siglos, hemos creído que dominamos la naturaleza y la tecnología, que “somos amos del universo”; sin embargo, la aparición de un virus prácticamente “arrincona” a todo el mundo. Pese a nuestros adelantos en la ciencia y la tecnología, en los más de los casos, solo atinamos a encerrarnos en nuestros hogares (“Quédate en casa”), a ocultarnos tras un barbijo y a la búsqueda desesperada de la vacuna. La pandemia causa estragos en la economía de los países, el rol de la administración estatal y el mercado, la convivencia social y vida socio-emocional de las familias. Los seres humanos mostramos lo mejor y peor de nuestro ser, aparecen con mayor fuerza la xenofobia, el racismo, la discriminación, la violencia contra las mujeres y los niños, el miedo, la incertidumbre, etc. La “normalidad” tendrá sentido si aprendemos a prepararnos ante futuros desastres, construimos una sociedad resiliente, entendemos nuestros límites y nos formamos en todas las dimensiones de nuestro ser.

Cuarto, el tema más desafiante y crucial, tenemos que construir otros modelos de desarrollo, retomar concepciones de vida más armónicas en nuestra relación ser humano, comunidad, Madre Tierra y cosmos. Seguir insistiendo en modelos de desarrollo y progreso que benefician a unos pocos y desconocen el valor de la vida explotando a la naturaleza y la fuerza laboral, dando a la tecnología el carácter de rector sobre nuestras vidas y cotidianidad, convirtiendo a la reproducción del saber y conocimiento en un “capital humano” que vale más por su carácter lucrativo que humano, no tiene perspectivas. En estas condiciones, el retorno a la “normalidad” tampoco tiene buen futuro, ya no solo por cuestiones políticas e ideológicas, sino sobre todo por la supervivencia de los seres vivos. En Bolivia y muchas partes del mundo tenemos la concepción de vida del Vivir Bien que habría que constituirla, en los hechos, en política de Estado.

¿Seguiremos tratando de volver a la “normalidad” manteniendo el “estado de cosas” de siempre? Es tiempo de repensar en cambios estructurales, de otra manera no tenemos perspectivas halagüeñas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¿Inclusión?, ¿inclusión educativa?

La inclusión parte de la concepción de ser humano. En principio, asume la diversidad de las personas.

/ 25 de diciembre de 2020 / 02:23

Para bien de la sociedad comienza a abrirse puertas para la inclusión en todos los ámbitos y de manera específica en el sector educativo. Sin embargo, cuando la inclusión no se comprende menos se asume en su real significado y trascendencia puede convertirse en exclusión o simplemente en integración.

La inclusión parte de la concepción de ser humano. En principio, la inclusión asume la diversidad de las personas. Basta mirar a nuestros semejantes para darnos cuenta que no hay un ser humano que es igual a otro, somos diversos. Diversidad que tiene que reconocer desigualdades en el ejercicio de derechos pero de ninguna manera puede ser motivo para establecer una supuesta “normalidad” al que todos tienen que aspirar “para igualarse”. Esa concepción nos lleva a un dilema, ¿actuamos considerando al ser humano por sus limitaciones o por sus capacidades y potencialidades? En general, con la mejor intención, muchos actúan a partir de las limitaciones. “Pobrecito, malito está, hay que ayudarle…” es una expresión muy común en estos casos. Pero, ¿cómo se podrían, por ejemplo, desarrollar procesos educativos si se concibe al ser humano a partir solo de sus limitaciones y no se visibilizan sus potencialidades? La inclusión, más la inclusión en educación, parte de la diversidad, capacidad y potencialidad de todos los seres humanos, así se convierte en un derecho y no solo en una actitud de buena voluntad.

Otro aspecto a considerar podría explicarse a partir de las respuestas a las siguientes preguntas: ¿quién incluye a quién?, ¿las personas que se consideran “normales” y que en buena actitud incorporan en sus actividades a la persona que supuestamente no es “normal”? Tomemos como referencia lo que ocurre en algunas instituciones educativas. Directivos y docentes, que quede claro con la mejor intención, “incluyen” a una persona con discapacidad a la unidad educativa y afirman “ya somos inclusivos”. Mirando con detalle, admitieron la inscripción, por ejemplo, de una persona ciega, y pasa clases conjuntamente todos los estudiantes de su curso. Si es así, ¿basta inscribir y dejar que pase las clases la persona ciega? A partir de ese importante avance hay que tomar muchas más acciones para desarrollar a plenitud la educación inclusiva, entre otros, equiparar condiciones materiales (infraestructura, mobiliario, materiales educativos, etc.), además de generar igualdad de oportunidades (ajustes en los proyectos educativos, programas de estudio, metodología, evaluación, formas de comunicación, capacitación a directivos, docentes y familias, etc.) Es decir, corresponde adecuar la institución educativa a la nueva situación de diversidad. Entonces, la educación inclusiva supone cambios participativos en la educación (gestión, currículo, formación, rol y desempeño de maestros/as, y contexto) a fin de asegurar la calidad y pertinencia de los aprendizajes, no solo de las y los estudiantes con discapacidad (o de otras personas en situación de vulnerabilidad), sino de todos los estudiantes. Así la institución educativa se convierte en un centro que desarrolla aprendizajes a partir de la diversidad y para beneficio de esa diversidad en igualdad de oportunidades y con equiparación de condiciones, Nadie, como persona, puede decir “yo incluyo al otro”, eso parece expresar “yo, que me considero normal y te acojo porque eres anormal”. Cuando nos referimos a inclusión, nosotros, absolutamente todas las personas, valoramos la diversidad, reconocemos los derechos de todos y adecuamos nuestros espacios de acción a la diversidad.

Un tercer aspecto a repensar. Imaginemos a una unidad educativa que trabaja en bien de la educación inclusiva pero las familias, el entorno social y el país consideran la sociedad desde una visión monocultural y homogénea, desde la imposición de unos sobre otros grupos sociales. Si es así, por supuesto las acciones en bien de la inclusión y la educación inclusiva serán un buen testimonio pero no podrán alcanzar el impacto esperado. La inclusión y con ella, la educación inclusiva, tienen un mayor efecto en una sociedad, economía, cultura y Estado que reconoce la diversidad y actúa en consecuencia para desarrollar la equidad e igualdad social.

Inclusión social y educativa exige reconocernos y asumir acciones desde una posición ética sobre nuestra naturaleza de seres vivos, la diversidad de la humanidad y la constitución de un país y un mundo pluricultural.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Agenda educativa 2021

/ 11 de diciembre de 2020 / 04:40

La irrupción de la pandemia en el planeta evidenció y profundizó la pobreza y desigualdad social, y demostró la fragilidad del ser humano a pesar del supuesto desarrollo de la ciencia. En el sector educativo paralizó las clases presenciales de todos los estudiantes del mundo y mostró la precariedad de la educación virtual. En Bolivia, los estudiantes de todas las edades, áreas y niveles de formación fueron perjudicados por la clausura del año escolar y una gestión caracterizada por improvisaciones. El año escolar fue una gestión prácticamente perdida, los estudiantes podrán decir “pasé de curso”, pero explicarán poco sobre sus aprendizajes.

Así, aun con una segunda oleada de la pandemia, la gestión educativa 2021 tiene que garantizar la resolución de las deficiencias de la gestión 2020 y asegurar la realización de procesos educativos con calidad, pertinencia y equidad en el marco del Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo, teniendo presente que cuidar la salud de los estudiantes es una prioridad, mediante —según las circunstancias— las modalidades de educación: Presencial, A distancia (en y fuera de línea) y Semipresencial, o sus combinaciones. Sin embargo, pasar de clases presenciales a otras modalidades o combinarlas no es una cuestión mecánica, requiere de cambios de trascendencia en la pedagogía y metodología, así como en la formación y rol de maestros, estudiantes y familias. Estos cambios deberían definirse mediante una Agenda Educativa 2021 definida en consenso, para posteriormente constituirse en Políticas Públicas aprobadas a través de normas y lineamientos metodológicos que por su complejidad e importancia tienen que ejecutarse inmediatamente.

Por la emergencia sanitaria, más que cualquier otro periodo, todo lo dicho requiere de la corresponsabilidad del conjunto de la sociedad y de las distintas instancias de la administración del Estado. En ese entendido, he aquí una síntesis de propuestas para construir la Agenda Educativa.

Primero, elaborar un plan de trabajo correspondiente a la gestión 2021. Segundo, garantizar la accesibilidad a internet, dispositivos (celular, tableta y/o computadora) mediante diagnóstico, plan estratégico y financiero. Tercero, revisar y priorizar objetivos y contenidos de la actual currícula, además de otros vinculados con aspectos emocionales y psicosociales que surgen como efecto de la pandemia. Cuarto, crear condiciones para que los maestros desarrollen procesos educativos pertinentes y de calidad. Entre otros, creación de condiciones materiales, dotación de guías metodológicas sobre la pedagogía y metodología de las modalidades a distancia (en y fuera de línea) y semipresencial, así como acerca de las funciones de los maestros según modalidades. Realizar procesos de formación complementarios prácticos sobre los temas señalados y manejo de plataformas y aplicaciones por especialidad, nivel o área.

Quinto, para las principales áreas curriculares recopilar, sistematizar, producir y distribuir textos de consulta para la totalidad de los estudiantes. Este material, sea la modalidad que corresponda asegurará una base para el desarrollo de aprendizajes. Sexto, elaborar y aprobar la Resolución Ministerial 001/2021 que defina las Normas Generales para la Gestión Institucional, Académica y Administrativa determinando las acciones y modalidades a desarrollar según la situación del contexto nacional. El proceso de inscripción debe ser un diagnóstico que establezca las condiciones de los estudiantes y sus familias para el desarrollo de las distintas modalidades de la educación. Séptimo, elaborar materiales y productos de educación a distancia fuera de línea como cartillas, guías metodológicas, programas radiales y televisivos.

Octavo, orientar a las familias de los estudiantes mediante medios masivos de comunicación, redes sociales y cartillas. Noveno, crear proyectos específicos para la atención de la población en situación de alta vulnerabilidad. Décimo, crear un sistema de comunicación virtual con los actores del sistema educativo para la constante retroalimentación de normas y metodologías.

Según lo previsto por la Constitución Política del Estado y la Ley de Educación 070, estas acciones deben dar un tratamiento equitativo a los Subsistemas de Educación: Regular, Alternativa y Especial, y Superior, en “armonía y coordinación”. Esta es una síntesis de lo que queda por hacer. Hay mucho por explicar y aportar, en ese camino transitamos…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Agenda educativa 2021

Los estudiantes podrán decir ‘pasé de curso’, pero explicarán poco sobre sus aprendizajes.

/ 11 de diciembre de 2020 / 03:36

La irrupción de la pandemia en el planeta evidenció y profundizó la pobreza y desigualdad social, y demostró la fragilidad del ser humano a pesar del supuesto desarrollo de la ciencia. En el sector educativo paralizó las clases presenciales de todos los estudiantes del mundo y mostró la precariedad de la educación virtual. En Bolivia, los estudiantes de todas las edades, áreas y niveles de formación fueron perjudicados por la clausura del año escolar y una gestión caracterizada por improvisaciones. El año escolar fue una gestión prácticamente perdida, los estudiantes podrán decir “pasé de curso”, pero explicarán poco sobre sus aprendizajes.

Así, aun con una segunda oleada de la pandemia, la gestión educativa 2021 tiene que garantizar la resolución de las deficiencias de la gestión 2020 y asegurar la realización de procesos educativos con calidad, pertinencia y equidad en el marco del Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo, teniendo presente que cuidar la salud de los estudiantes es una prioridad, mediante —según las circunstancias— las modalidades de educación: Presencial, A distancia (en y fuera de línea) y Semipresencial, o sus combinaciones. Sin embargo, pasar de clases presenciales a otras modalidades o combinarlas no es una cuestión mecánica, requiere de cambios de trascendencia en la pedagogía y metodología, así como en la formación y rol de maestros, estudiantes y familias. Estos cambios deberían definirse mediante una Agenda Educativa 2021 definida en consenso, para posteriormente constituirse en Políticas Públicas aprobadas a través de normas y lineamientos metodológicos que por su complejidad e importancia tienen que ejecutarse inmediatamente.

Por la emergencia sanitaria, más que cualquier otro periodo, todo lo dicho requiere de la corresponsabilidad del conjunto de la sociedad y de las distintas instancias de la administración del Estado. En ese entendido, he aquí una síntesis de propuestas para construir la Agenda Educativa.

Primero, elaborar un plan de trabajo correspondiente a la gestión 2021. Segundo, garantizar la accesibilidad a internet, dispositivos (celular, tableta y/o computadora) mediante diagnóstico, plan estratégico y financiero.

Tercero, revisar y priorizar objetivos y contenidos de la actual currícula, además de otros vinculados con aspectos emocionales y psicosociales que surgen como efecto de la pandemia. Cuarto, crear condiciones para que los maestros desarrollen procesos educativos pertinentes y de calidad. Entre otros, creación de condiciones materiales, dotación de guías metodológicas sobre la pedagogía y metodología de las modalidades a distancia (en y fuera de línea) y semipresencial, así como acerca de las funciones de los maestros según modalidades. Realizar procesos de formación complementarios prácticos sobre los temas señalados y manejo de plataformas y aplicaciones por especialidad, nivel o área.

Quinto, para las principales áreas curriculares recopilar, sistematizar, producir y distribuir textos de consulta para la totalidad de los estudiantes.

Este material, sea la modalidad que corresponda asegurará una base para el desarrollo de aprendizajes. Sexto, elaborar y aprobar la Resolución Ministerial 001/2021 que defina las Normas Generales para la Gestión Institucional, Académica y Administrativa determinando las acciones y modalidades a desarrollar según la situación del contexto nacional. El proceso de inscripción debe ser un diagnóstico que establezca las condiciones de los estudiantes y sus familias para el desarrollo de las distintas modalidades de la educación. Séptimo, elaborar materiales y productos de educación a distancia fuera de línea como cartillas, guías metodológicas, programas radiales y televisivos.

Octavo, orientar a las familias de los estudiantes mediante medios masivos de comunicación, redes sociales y cartillas. Noveno, crear proyectos específicos para la atención de la población en situación de alta vulnerabilidad. Décimo, crear un sistema de comunicación virtual con los actores del sistema educativo para la constante retroalimentación de normas y metodologías. Según lo previsto por la Constitución Política del Estado y la Ley de Educación 070, estas acciones deben dar un tratamiento equitativo a los Subsistemas de Educación: Regular, Alternativa y Especial, y Superior, en “armonía y coordinación”. Esta es una síntesis de lo que queda por hacer. Hay mucho por explicar y aportar, en ese camino transitamos…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. fue ministro de planificación del desarrollo y viceministro de educación alternativa y especial.

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Por una educación inclusiva en Bolivia

La educación inclusiva se ha extendido y ha comenzado a generar resultados de alto valor educativo y social.

/ 15 de abril de 2019 / 02:02

La educación inclusiva es parte de la revolución educativa presente en el Plan Sectorial, y desarrolla la estrategia de “equidad y oportunidad” para hacer realidad una educación para la diversidad, principalmente de las poblaciones vulnerables que en gestiones anteriores fueron ignoradas en su derecho a la educación. Así, en Bolivia, la educación inclusiva se ha extendido y ha comenzado a generar resultados de alto valor educativo y social, principalmente en el ejercicio del derecho a la educación de personas con discapacidad. Veamos algunos indicadores que respaldan esta afirmación.

Según informe de la reforma educativa desarrollada en el país como parte del modelo neoliberal entre 1994 y 2005, en 2002 (última gestión que la reforma educativa reporta información estadística) en el sistema educativo había 4.252 personas con discapacidad matriculadas, mientras que en la gestión 2018, es decir en el periodo de la revolución educativa, la matricula se incrementó a 22.251 personas. De esta cifra, más de 500 estudiantes reciben educación en su casa, pues manifiestan una discapacidad grave o muy grave. Se trata de personas que en periodos anteriores no podían asistir a las escuelas por su situación de salud, pero que ahora sí reciben una educación gracias a la implementación, desde 2016, del programa “Educación Sociocomunitaria en Casa”.

Un rápido ejercicio aritmético demuestra que de 2002 a 2018 la cantidad de estudiantes con discapacidad que fueron o son parte del sistema educativo se multiplicó por más de cinco veces. Conforme a la Ley de Educación 070 Avelino Siñani-Elizardo Pérez, hoy la educación inclusiva constituye una de las bases y principios de la educación boliviana, generando una estructura y gestión educativa e institucional favorable para su desarrollo.

Es más, el Decreto Supremo 29894, del 7 de febrero de 2009, crea por primera vez en Bolivia y de forma pionera en América Latina una repartición estatal para desarrollar acciones en favor de la educación inclusiva de personas con discapacidad: el Viceministerio de Educación Alternativa y Especial.

En los hechos, de un trabajo asistencial y disperso principalmente en el área educativa-curricular, desde 2013 por primera vez en la educación boliviana se comienzan a aplicar los “lineamientos metodológicos y curriculares para la educación inclusiva en el ámbito de la educación especial”, con currículos específicos y guías metodológicas.

Desde hace cuatro años, el sistema educativo cuenta con al menos un 80% de maestras y maestros especialistas en educación especial. Por otro lado, el salario se incrementó, al pasar de 72 horas de trabajo por mes a 108 horas. La cantidad de maestros y otro personal también registró importantes avances. Mientras en 2002 el ámbito de educación especial contaba con 678 maestros y administrativos, en la actualidad cuenta con 1.732 maestros y administrativos; es decir, más de 2,5 veces.

En la actualidad, existen más de 160 Centros de Educación Especial, mientras que en 2002 solo funcionaban 102 instituciones especializadas en la atención educativa de personas con discapacidad; es decir, se han incrementado en más del 56%. Aún más, la mayoría de los centros de recién creación se han ubicado en las áreas rurales, algo que no ocurría en gestiones anteriores. Los resultados son significativos, y al menos invitan a conocerlos y analizarlos para emitir criterios sobre la situación de la educación inclusiva en el país. Invitadas e invitados están…

* Educador, viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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