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sábado 8 may 2021 | Actualizado a 13:09

La pandemia en el sistema educativo

/ 27 de noviembre de 2020 / 01:26

La pandemia es una disrupción de tal magnitud que alteró la vida de las personas, sociedad y madre tierra. En educación, visibilizó con mayor “crudeza” los problemas estructurales del sector, los agravó y dio origen a otras problemáticas.

La pandemia “ha dado lugar al cierre masivo de las actividades presenciales de instituciones educativas en más de 190 países con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar su impacto. Según UNESCO, a mediados de mayo de 2020, más de 1.200 millones de todos los niveles de enseñanza, en todo el mundo, habían dejado de tener clases presenciales en la escuela. De ellos, más de 160 millones eran estudiantes de América Latina y el Caribe…”  (CEPAL, UNESCO 2020). La solución fue “quédate en casa” y con ella “aprendizaje a distancia” en y fuera de línea. En Bolivia se denominó “educación virtual”, aunque también se anunció la “educación a distancia”.

La emergencia puso en aprietos a gobernantes y a toda la población. En medio de todo este panorama, se pusieron de moda aplicaciones y plataformas como WhatsApp, Classroom, Zoom, Meed, etc., a la par de las acciones de organismos internacionales y empresas de telecomunicaciones. Con el propósito de sostener la realización de actividades educativas a como dé lugar antes de la clausura del año escolar, las autoridades educativas dispusieron que maestros, estudiantes, madres y padres de familia, “corran a la ferretería” (en sentido figurado) para conseguir instrumentos que permitan la realización de “clases virtuales”, solución necesaria pero no suficiente. La cuestión va más allá de una transición casi mecánica de educación presencial a educación a distancia, pone, una vez más, en debate lo que entendemos por educación.

Para el desarrollo de la educación a distancia en línea, como punto de partida, corresponde asegurar: disponibilidad y buen funcionamiento de los dispositivos, teléfono celular, tableta y/o computadora; accesibilidad a la red de internet con suficiente capacidad, así como a las aplicaciones y plataformas; clara definición, el conocimiento y buen desarrollo de la metodología de uso de las TIC en educación; establecimiento de condiciones materiales similares para llevar a cabo actividades educativas virtuales y relaciones adecuadas entre los actores de los procesos educativos. En la práctica, ninguno de estos factores fue debidamente atendido para sustituir adecuadamente a la educación presencial. Es más, según el estudio citado, los supuestos “nativos digitales” —principalmente jóvenes y en algunos casos docentes — carecían de experiencia para el desarrollo de procesos educativos en línea; si bien hacen uso intensivo de las TIC, en la mayoría de los casos se restringe a “bajar información” genérica, comunicación entre estudiantes y de ellos con sus docentes, redactar documentos a título de hacer tareas o informes, o sea, no desarrollan actividades propiamente educativas.

No existen condiciones materiales y metodológicas, ni tampoco formación y experiencia suficientes para el desarrollo de la educación virtual. También es llamativo que, siendo un área de tantos avances, no se haya profundizado la educación a distancia fuera de línea como los impresos, la radio y televisión, los videos, etc. Además, no se elaboró un plan nacional para la implementación de la educación virtual.

Lo más importante, no se tomó en cuenta que la educación virtual supone cambios substanciales en los procesos educativos, como el manejo del tiempo y espacio, así como la comunicación y las relaciones. En el fondo, supone revisar la concepción y el sentido de la educación, así como la pedagogía, didáctica y metodología.

La educación es un hecho social y cultural; no es simplemente “enseñanza-aprendizaje”, es convivencia personal. Es un hecho profundamente humano y debería generar una opción ética de transformación. La educación no es “deseabilidad social”, es un derecho fundamental, por lo tanto es de calidad y pertinencia para todas y todos, a lo largo y ancho de la vida. No se trata solo de la transmisión ni acumulación de conocimientos, afecta a la formación integral de los seres humanos. Si es así, la educación por naturaleza es presencial y vivencial. Las otras modalidades de educación, principalmente la educación a distancia con el uso de TIC es complementaria. No se propone prescindir de la tecnología, se trata de ser coherente con la naturaleza de la educación.

Tomando las palabras de Saskia Sassen, neerlandesa, socióloga, hay que “Recuperar lo que hemos destruido”. Es tiempo de re-pensar en un nuevo modelo de vida, en otro modelo civilizatorio que redefina qué sociedad, qué Estado, qué economía. En cuanto al sector precisamos reconstruir la educación, repensar los proyectos educativos. Requerimos fortalecer el desarrollo de la educación de la vida y en la vida, para Vivir Bien. Una educación pública con calidad y pertenencia, presencial y vivencial, en la que la educación a distancia en o sin línea sea complementaria.

Largo y urgente trecho por caminar…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Vivir Bien: otro mundo es posible

/ 30 de abril de 2021 / 02:23

Estamos en tiempos de desastres naturales, crisis de múltiples factores y ahora de pandemias que marcan un quiebre civilizatorio y ponen a la humanidad en un dilema ético entre una manera de concebir el desarrollo y la vida. Es necesario construir otros paradigmas y referentes epistemológicos que transformen de raíz los modelos de civilización. Una respuesta es el Vivir Bien, entendida como “diálogo con y desde nuestras culturas, es una concepción de vida, es una cultura de vida” (Plan Nacional de Desarrollo de Bolivia Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien – PND, 2006).

El Vivir Bien es un cuestionamiento a las pautas civilizatorias occidentales concebidas desde el colonialismo y capitalismo, así como en los modelos de desarrollo de la llamada “civilización del progreso” que se sustentan en un incremento constante de producción y circulación de bienes, el carácter consumidor del ser humano por sobre otras dimensiones de su existencia, la naturaleza como proveedora permanente de bienes, en constante explotación y el mercado como regulador de la economía. Sin embargo, en los hechos, no aparecen los resultados prometidos y el supuesto progreso pone en peligro la existencia de la Madre Tierra y la humanidad. Esa situación motiva que en Rio +20 se afirme “El modelo de desarrollo mundial actual es insostenible”.

El Vivir Bien es una concepción biocéntrica porque preserva la existencia de todos los “seres vivos”, téngase en cuenta que en el planeta no solo las personas son seres vivos. Es una propuesta que parte de nuestras culturas, se crea y recrea a medida que pasan los tiempos como expresión de la dinámica permanente de nuestras culturas para beneficio de la sociedad global.

Vivir Bien, en Bolivia, es parte substancial del pacto social expresado en la Constitución Política del Estado del 7 de febrero de 2009 que, a tiempo de reconocer la diversidad de las cosmovisiones de sus pueblos y naciones, afirma: “El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa; suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble)” (artículo 8, parágrafo I).

Desde lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo puesto en práctica desde 2006, luego de establecer los aspectos comunes planteados por las distintas culturas que son parte del territorio boliviano, Vivir Bien “es el acceso y disfrute de los bienes materiales y de la realización afectiva, subjetiva, intelectual y espiritual, en armonía con la naturaleza y en comunidad con los seres humanos.”

Este concepto se sustenta, primero, en la complementariedad entre el acceso a los bienes materiales en lo necesario (tangible) y la realización afectiva, subjetiva, intelectual y espiritual (no tangible). Segundo, supone el equilibrio y la armonía con la Madre Tierra, y establece que somos parte de un todo en la relación: ser humano, comunidad, naturaleza y cosmos; es una visión holística cuya base es la vida, por eso nos referimos a una concepción biocéntrica que es mucho más que desarrollo sostenible y desarrollo humano. Tercero, el Vivir Bien expresa el encuentro entre pueblos y comunidades, respeta la diversidad e identidad cultural. Significa “Vivir Bien entre nosotros”, es una convivencia comunitaria con “interculturalidad y sin asimetrías de poder, “no se puede Vivir Bien si los demás viven mal”. Se trata de vivir como parte de la comunidad, “Vivir Bien contigo y conmigo” (PND, 2006), es construir la convivencia en comunidad, donde todos los integrantes se preocupan por todos.

Vivir Bien no es Vivir Mejor. Mientras las naciones y pueblos indígena originarios proponen para el mundo el Vivir Bien, el capitalismo sostiene el Vivir Mejor. “Las diferencias son claras: el vivir mejor significa vivir a costa del otro, explotando al otro, saqueando los recursos naturales, violando a la Madre Tierra, privatizando los servicios básicos; en cambio el Vivir Bien es vivir en solidaridad, en igualdad, en armonía, en complementariedad, en reciprocidad…” (PND, 2006)

En tiempos de pandemia que trastocan la existencia de los seres humanos, así como la interrelación de la humanidad con la Madre Tierra, cabe plantearse propuestas que transformen de raíz los modelos civilizatorios. En ese contexto, Vivir Bien es una opción ética para hacer posible otro mundo, depende de nosotros.

  Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Vacunas, ¿la vida o el negocio?

/ 16 de abril de 2021 / 01:56

Venki Ramakrishnan, premio Nobel de Química 2009, al referirse a los efectos del coronavirus, dice: “Este pequeño virus puede causar que la gente se comporte de la mejor y de la peor manera”. Esta afirmación, tan cierta para estos tiempos, con la “guerra de las vacunas”, lamentablemente se está convirtiendo en el peor comportamiento de determinados Estados, entidades financieras y grandes empresas farmacéuticas y del mundo de la biotecnología.

En los momentos más difíciles de la pandemia nos prometimos más solidaridad y equidad, manifestamos que la vida de la humanidad nos preocupaba, pero hoy, cuando todavía está presente el COVID-19, muchos compromisos parecen quedar solo en promesas. Nos alegramos porque en un año se desarrollaron varias vacunas pero inmediatamente, en medio de nuestras esperanzas, aparecen grandes preocupaciones como la producción insuficiente, acaparamiento, lucro y fundamentalmente porque las vacunas se convierten en mercancía del mundo capitalista, dejando de lado su principal objetivo: “salvar vidas”.

Distintas informaciones publicadas recientemente, aunque con cierto grado de confidencialidad, señalan que en 2021 se fabricarían cerca de 3.000 millones de dosis, lo que apenas alcanzará a poco más de un tercio de la población mundial; si se considera que se requiere vacunar al 70% de la población global, única manera de derrotar la pandemia, la producción es insuficiente, además que está concentrada en pocas empresas y países cuando existe capacidad instalada en varios Estados de la mayoría de los continentes.

El acaparamiento de vacunas por parte de los países ricos también es evidente y trae consigo otras consecuencias. Existen países que dispondrán de vacunas en una cantidad mayor a la requerida, en algunos casos hasta seis veces más de lo que necesitan para enfrentar la crisis sanitaria. Hasta el presente, se calcula que los 10 países más ricos han aplicado el 76% de todas las vacunas producidas a nivel mundial, mientras que los habitantes de 130 países no recibieron dosis alguna. ¿Qué explica todo esto? Mucho antes de la conclusión del periodo de pruebas, los países de mayores ingresos compraron grandes cantidades de vacunas por medio de contratos secretos. La demanda de antígenos ha crecido y el mercado tiende a encarecer el precio de las vacunas.

Se ha generado otra forma de exclusión y desigualdad entre países ricos y pobres y lo que es peor, así no se erradicará la pandemia en todo el mundo. Que no exista vacuna para todo el planeta es similar a apagar el incendio de solo un piso cuando todo el edificio está en llamas. Aparece una sutil diferenciación entre los países vacunados y no vacunados, lo que se ha convertido en el “apartheid de las vacunas”. Por otro lado, el control del mercado de las vacunas comienza a acentuar las diferencias o cercanías ideológicas y políticas entre los Estados y un estilo de diplomacia con fines geopolíticos en el que se intercambian favores políticos, restricciones sanitarias, ventajas comerciales y fundamentalmente acentúan las asimetrías.

Ante esta difícil situación se ha generado un movimiento mundial que está luchando para que las vacunas lleguen a todo el mundo. Así, con el propósito de garantizar un acceso justo y equitativo a las vacunas para al menos el 20% de la población de todos los países del mundo, la OMS y la Alianza GAVI para las Vacunas y la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI) decidieron impulsar un acuerdo global denominado COVAX, situación que cada vez más parece que no se consumará por el incumplimiento de compromisos de los países de mayores ingresos. Por su parte, la India y Sudáfrica, 100 países y otras 370 organizaciones internacionales, así como la campaña global “Por una vacuna del pueblo”, solicitaron levantar las patentes, compartir libre y abiertamente el conocimiento tecnológico, no permitir la especulación durante la pandemia y anteponer la vida de las personas a los monopolios empresariales.

No hay respuestas favorables y la pandemia nos sigue afectando. Los caminos que tomamos para controlar el virus se están esfumando. Tenemos que contribuir a cambiar esta historia y hacer que las vacunas se conviertan en un bien público, accesible de manera equitativa para toda la humanidad. ¡Es tiempo de defender la vida!, ¡Vacunas para todo el mundo!, ¡Liberalización de las patentes de las vacunas!

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¿Privatización de la educación en pandemia?

/ 2 de abril de 2021 / 03:25

“Los desastres naturales, las guerras, las crisis económicas y ahora las pandemias —y sus consecuencias— se caracterizan por el ‘capitalismo del desastre’,… durante el ‘shock’ que supone lidiar con la crisis, el sector privado suele dar un paso al frente con ‘soluciones’ de mercado calculadas y gratuitas para resolver ‘problemas’ públicos aparentemente irresolubles… estas soluciones a menudo explotan y exacerban las desigualdades existentes y se sustentan en los intereses del sector privado: obtener beneficios y maximizar el valor para los accionistas”, comienza señalando el informe de la investigación La comercialización y la privatización en y de la educación en el contexto de la COVID-19, realizada en 2020 por encargo de la Internacional de la Educación, Federación internacional de sindicatos de docentes y trabajadoras/es de la educación, con el objetivo de “catalogar las poderosas redes de agentes y coaliciones comerciales de las tecnologías de la educación que se están uniendo para determinar cómo deben responder los sistemas educativos a la pandemia de COVID-19.”

Pero, ¿cuál la importancia de la investigación? El COVID-19 afectó a los sistemas educativos del mundo y puso de moda a la educación virtual, las tecnologías de la educación y la intervención de las organizaciones transnacionales de la industria de estos rubros se han convertido en componente fundamental de las políticas educativas.

Coincidentemente, en Bolivia, gestión 2020, los responsables del Ministerio de Educación anunciaron que la educación virtual “modernizará la educación” y que los acuerdos con empresas transnacionales como Google y Microsoft ayudarán a mejorar la educación. En ese contexto, sin dejar de reconocer las virtudes de la tecnología ni los posibles aportes de las empresas, por un acto de soberanía y pertinencia es necesario conocer y evaluar “la otra cara” de la educación virtual, principalmente, del rol asumido por la industria de las tecnologías de la educación, esa precisamente la importancia de la investigación cuyos resultados, en resumen, son los siguientes:

1) La industria mundial de la educación, privadas y comerciales, a menudo ha marcado la agenda educativa, ofertado soluciones técnicas a los gobiernos y abogado por reformas a largo plazo que supondrían la integración de empresas tecnológicas privadas en los sistemas educativos públicos tanto durante el COVID-19 como a posteriori. 2) Se han generado alianzas público-privadas que permiten a los proveedores comerciales de tecnologías de la educación un mayor protagonismo de sus productos, así como animar a escuelas, docentes, padres y madres a usarlos. Así se incrementa la importancia del sector privado en la regulación y prestación de servicios educativos. 3) La filantropía, como la de la Fundación Gates, está reinventando la educación al amparo de la pandemia y cobrando autoridad en estas gestiones. Dedica fondos multimillonarios a diversos programas de tecnologías de la educación para consolidar la intervención a largo plazo del sector privado y la tecnología comercial en la educación pública. 4) Se está creando un mercado para las tecnologías de la educación, el COVID-19 se constituye en un catalizador para capitalizar el repentino auge del uso de las tecnologías en la educación. 5) Las grandes corporaciones tecnológicas multinacionales, como Google, Microsoft y Amazon, ante el crecimiento de la demanda de sus productos y servicios han integrado a estudiantes, docentes y escuelas en sus plataformas educativas en línea y sus sistemas en la nube, aumentando las posibilidades de que las instituciones educativas públicas dependan a largo plazo de la infraestructura tecnológica privada. 6) Las empresas han incrementado su capacidad para proporcionar una educación personalizada cuando no hay docentes; además, han usado tecnologías de vigilancia del alumnado para controlar la asistencia virtual a clase, evaluar el bienestar y aprendizaje socio-emocional.

Bienvenido el aporte de la tecnología educativa y de las empresas de este rubro, sin embargo, debe quedar establecido que la definición de políticas educativas es atribución del Estado, que debe haber transferencias de tecnología y que lo identificado en la investigación es un llamado a entender riesgos de privatización de la educación y pérdida de soberanía. Aprendamos a mirar el trasfondo de estas acciones, las alertas están planteadas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Educación para la diversidad

/ 19 de marzo de 2021 / 07:21

A fuerza de repetir y crear costumbre, en el imaginario de gran parte de la población ha quedado instalado el supuesto “educación es lo mismo que escuela”; para ser precisos, se asume de manera equivocada que educación es sinónimo de escolarización. La escuela, la institucionalidad de la escolarización, es aquel centro donde se imparte enseñanza en distintos niveles: preescolar, primario, secundario y superior/ universitario; en ella interactúan el currículo pre-establecido, docentes, estudiantes, infraestructura, mobiliario, reglamentos, planes, etc. La educación es mucho más que escuela, basta decir que se desarrolla en el mundo del llamado Sistema Educativo y mucho más fuera de él — comunidad, barrio, medios de comunicación social, centros productivos, redes sociales, etc.—, en la vida misma.

Con esta perspectiva, la normativa vigente en Bolivia reconoce la necesidad de mirar más allá de la educación formal, regular o escolarizada. La propia Constitución Política del Estado asume esa situación; en el artículo 90, parágrafo III, determina: “El Estado, a través del sistema educativo, promoverá la creación y organización de programas educativos a distancia y populares no escolarizados, con el objetivo de elevar el nivel cultural y desarrollar la conciencia plurinacional del pueblo.” Por esa misma razón, la Ley de la Educación Nro. 70 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”, en el artículo 3, inciso 11, referente a las bases de la educación establece: “Es educación de la vida y en la vida, para Vivir Bien”, mientras que ambas normas determinan como mandato constitucional que: “El Estado y la sociedad tienen tuición plena sobre el sistema educativo, que comprende la educación regular, la alternativa y especial, y la educación superior de formación profesional. El sistema educativo desarrolla sus procesos sobre la base de criterios de armonía y coordinación.”

Así, en la práctica, principalmente en la última década, por sus políticas públicas, propósitos y cobertura de acción, el Ministerio de Educación deja de ser el Ministerio de la Escuela; se crea una estructura organizativa que a nivel nacional comprende tres viceministerios, uno de ellos, el de Educación Alternativa y Especial y a nivel departamental tres subdirecciones; y, lo que es más significativo, se abren o fortalecen oportunidades educativas pertinentes para la diversidad de la población: Educación para personas con discapacidad; Educación para estudiantes con talento extraordinario y dificultades en el aprendizaje; Educación en casa para niñas, niños y jóvenes que por su discapacidad grave o muy grave no pueden asistir a las instituciones educativas; Educación para personas en contexto de encierro; Educación para jóvenes que prestan su servicio militar; Educación para trabajadoras asalariadas del hogar; Educación para niñas/os que se encuentran internados en hospitales; Educación para poblaciones en zonas de ribera, fronteras y en situación de cautiverio; Educación para productoras/es, trabajadoras/es, organizaciones sociales, comunitarias y productivas; Educación Alternativa para poblaciones migrantes; Certificación de competencias para personas que desarrollan capacidades en la práctica; Alfabetización y posalfabetización; Educación para personas jóvenes y adultas, etc., son fiel testimonio de las políticas sociales-educativas de carácter democrático, inclusivo y plural.

Distintos grupos sociales que, en épocas pasadas, fueron marginados, poco atendidos o ignorados en su necesidad de contar con una educación que asegure la continuidad de sus estudios y la solución concreta de sus expectativas de formación encuentran importantes oportunidades educativas. La educación para la diversidad es la reivindicación de la dignidad de estas poblaciones y es un acto de equidad y justicia social, es reconocer y garantizar el derecho a la educación a lo largo y ancho de la vida, es decir, en cualquier periodo de edad y de respuesta a la diversidad, con un principio fundamental: pertinencia social y cultural.

La práctica también nos muestra una constante lucha entre el olvido, el menoscabo y la valoración de estas formas de educación. En tiempos de pandemia en los cuales se trabaja para que niñas/os y jóvenes tengan procesos educativos en las mejores condiciones, también es de justicia social y un derecho fortalecer la educación para la diversidad. Es de esperar que la educación no se reduzca a solo al concepto tradicional de escuela.

  Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Alfabetización, postalfabetización, ¿son valoradas?

/ 5 de marzo de 2021 / 02:17

En Bolivia, en general, la alfabetización tuvo tres fases claramente diferenciadas. La primera en la Colonia y parte de la República, en el intento de privilegiar el poder de élites, marcada por la negación del derecho a la educación de una gran mayoría de la población, principalmente pueblos indígena originario campesinos, mujeres y de bajos ingresos. En la segunda, se pusieron en práctica una serie de programas destinados a resolver el analfabetismo, la mayoría carentes de sostenibilidad y carácter asistencial, buenas intenciones sin resultados de consideración. Esos antecedentes explican que, en pleno siglo XX, gestión 2001, existían más de 1.300.000 personas mayores de 15 años analfabetas, con una tasa de analfabetismo del 13,28% (CPV, 2001), la gran mayoría mujeres y poblaciones de alta vulnerabilidad.

La tercera fase se inició en marzo de 2006, hace 15 años, con la ejecución del Plan Nacional de Alfabetización “Yo, sí puedo”, política pública que hace historia en la educación para bienestar de la población en el marco del Vivir Bien. En el periodo 2006-2019 se alfabetizó a más de 1.043.000 personas mayores de 15 años, más del 70% mujeres, reduciendo la tasa de analfabetismo a 2,26%. Bolivia es un Estado libre de analfabetismo, alcanzó la tasa más baja de su historia, está entre los tres países con mayores logros y cumplió con creces acuerdos internacionales. Paralelamente, desde 2009, se inició el Programa Nacional de Post-alfabetización “Yo, sí puedo seguir” y promovió la lectura en el conjunto del sistema educativo. En la actualidad, existen muchas personas que concluyeron la educación primaria y secundaria de personas jóvenes y adultas para luego formarse en el nivel de educación superior hasta egresar como profesionales. Los logros de la alfabetización y postalfabetización, si bien tienen directa relación con la lectura y escritura, también contribuyeron a que la población antes ignorada restituya sus derechos en la sociedad y educación. Pero, como producto de la mirada que reduce el concepto de educación a escolarización, pese su impacto social, muchas veces estos logros son ignorados o menospreciados.

Siendo un acumulado histórico del conjunto de las áreas del sistema educativo, la alfabetización y postalfabetización contribuyen al incremento de los años de escolaridad (promedio de años de estudio de la población igual o mayor de 19 años). Una mayor escolaridad es determinante para fortalecer las capacidades de desarrollo del país y el ejercicio de derechos, además fortalece los logros del sector educativo. En Bolivia el promedio de años de escolaridad de 7,4 (año 2001) se incrementó a 9,8 (2018). En promedio, a 2018, las y los bolivianos mayores de 19 años permanecen en el sistema educativo prácticamente 10 años.

La alfabetización y postalfabetización también contribuyen a la dignidad de las personas y la equidad social. La dignidad de la persona que deja de ser analfabeta se valoriza en su relación con sus hijos que son parte de la escolarización y del resto de su entorno social. Téngase en cuenta que la mayoría de las personas analfabetas eran mujeres, así también es una contribución a la equidad. Esta situación también puede verificarse con variables de carácter nacional, por ejemplo, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado y medido por Naciones Unidas. En Bolivia, entre 1990 y 2019, el valor del IDH se incrementó de 0,551 a 0,718, crecimiento del 30%. Si consideramos que el IDH, entre otras variables, se incrementó por el crecimiento de los años de escolaridad y que parte de estas variables comprenden a las tasas de alfabetización y postalfabetización, nuevamente se puede verificar que el aporte va más allá de la lectura y escritura, contribuye a mejorar la calidad de la población marginada en otros tiempos.

Tenemos que dejar actitudes que ignoran logros para reconocer avances. Por supuesto, además de dar continuidad a sus acciones, más en tiempos de pandemia, también debemos seguir en permanente mejora de sus concepciones y prácticas, como la alfabetización y posalfabetización en idioma materno, vinculadas a la producción, desarrollo tecnológico y a una sociedad que se forma integralmente, así como fortalecer su pertenencia al sistema educativo. Claro, bajo el supuesto que construimos una sociedad con dignidad, inclusión y equidad. Reto para la sociedad e instancias gubernamentales.

    Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

 

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