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Friday 29 Mar 2024 | Actualizado a 11:24 AM

Los círculos de la zalamería

/ 6 de diciembre de 2020 / 07:06

Hace aproximadamente un año tratamos sobre el mismo tema, advirtiendo cómo los adulones del expresidente Evo Morales, al que encasquetaron una campana Ray-Ban para que viera lo que ellos querían que vea, le condujeron a la pesadilla que todos vivimos  hace un año. En la gestión del presidente Arce aparece esa misma táctica que nos puede conducir a un perverso círculo de la repetición. Para evitar la ingrata experiencia, debe mantener la costumbre de visitar los mercados populares para ponerse al tanto de la realidad; la campana que le colocaran —simulando una corona— no le permitirá ver.

Tarea imprescindible del Presidente es desarticular la quinta columna que inventó el Gral. Mola durante la Guerra Civil española, a través de grupos incrustados que le servían de informadores y saboteadores al interior mismo de sus adversarios. Las muestras que dio al prescindir de un ministro que apenas pone el pie en el ministerio tiende su red de corrupción, fue encomiado por la oposición, militantes y simpatizantes del oficialismo. Pero eso no es todo, aún anidan al interior varias autoridades que tienen observaciones por la Contraloría, con antecedentes de abuso de autoridad y malos manejos de los recursos públicos y, contra todo pronóstico, están dentro, para regocijo de los opositores que, al no tener un horizonte ideológico, intentarán medrar de los errores del oficialismo.

El abogado Mario Urdidinea hacía circular un ensayo sobre la nueva clase republicana que se engendró en Bolivia con la burocracia estatal, fundando círculos de influencia en los que la ideología y lealtad son ajenas a sus propósitos. En este texto, develaba las artimañas para ingresar al aparato estatal y asentarse como grupo, y favorecerse con los dineros del Estado; éstos subsisten cuando cambia el gobierno, ocultos en distintas esferas de poder y son los perros falderos que gestionan apoyos para lograr que otra vez —alguno de ellos— continúen en cargos importantes para acrecentar el negocio y ser favorecidos. Por supuesto que esta repelente caterva cuenta con personas de toda índole, no solo pelafustanes que buscan una pega, sino personas con formación académica que conocen los vericuetos burocráticos y sus atajos a partir de la corrupción.

Una de las primeras promesas del Gobierno fue remozar a todos los personeros del Estado y promocionar a nuevos servidores públicos; no fue así, actitud que generó un descontento y desazón en sus militantes y simpatizantes que fueron humillados y masacrados en Senkata, Sacaba, Huayllani y otras regiones de Bolivia. Lo consideran una deshonra a sus muertos, ya que muchos cargos recayeron en individuos que usufructuaron de manera abusiva del poder, acusaron de fraude descarado a su gobierno que se derrumbaba, cerraron el pico —asustados bajo su cama — y nunca lo defendieron.

Estos círculos, a su vez, ya se sirvieron de otros gobiernos, incluyendo los dictatoriales, acoplan intereses a través de proyectos, licitaciones, donaciones; maquillan deudas con el Estado y regresan para borrarlas, entre otras argucias.

Es necesario distinguir, en todo caso, a funcionarios de carrera a los que deben respetar sus derechos; también, en términos éticos, es necesario que exfuncionarios que fueron autoridades regresen a compartir su experiencia con los nuevos. Pero premiar a exfuncionarios despóticos, que tienen cuentas pendientes con la Contraloría, declarados personas no gratas, como un viceministro y varios directores recién posesionados, son injustificables errores que causan indignación y crearán resistencia. ¿La ciudadanía podrá confiar en autoridades que abusan de su circunstancial poder?

Es la hora de los chupamedias y oportunistas, esta clase camaleónica e híbrida que repta en los pasillos del poder, entre la política y la delincuencia, entre los consabidos cafecitos para montar su empresa política perversa y servirse de los recursos públicos. El prestigio que debería tener el ejercicio de la militancia política no existe. El nuevo Gobierno, con una legitimidad incuestionable, adolece del mismo mal y si el presidente Arce no se quita la campana Ray-Ban, estará cobijando al huevo de la serpiente en el interior de su gobierno, condenado a repetir la historia. Ha dado una señal importante y la ciudadanía espera que obre de la misma manera con estos círculos tramposos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Elogio del lápiz

/ 24 de marzo de 2024 / 01:38

Los seres humanos nos distinguimos de la fauna zoológica por nuestra capacidad —para unos innata y para otros adquirida— en nuestra necesidad de expresarnos hacia afuera desde adentro. Así, en la edad de las cavernas los primigenios humanos usaban los carbones con grasa animal para ritualizar la caza dibujando en sus cavernas, también con un afán estético de decorarlas con elementos de la naturaleza y de paso, memorizar y aprender a reconocer con quienes convivían. Fueron los primeros inicios de la ciencia y el arte.

La humanidad, antes de concebir el lenguaje, ya hacía incisiones en los muros, los primeros petroglifos, una forma rudimentaria de la escritura ideográfica para alertar o informar geográficamente si el lugar era seguro y podían instalarse para su alimentación con los frutos del sitio y la caza.

Durante miles de años, los inquietos inventores buscaron una manera de plasmar ideas, proyectos, dibujos y sus sueños con la creación de un instrumento que fuera fácil de llevar y de ser corregido para enmendar y pulir una idea.

Alberto Durero (1471-1528), afanado por obtener resultados para sus proyectos, concibió una varilla de aleación de plomo y estaño, pero requería de un soporte especial y su aplicación necesitaba tiempo y extrema habilidad, por lo que fue desechada por su costo y sus exigencias técnicas. Así pues, siguió buscándose un medio de dibujo y escritura más inmediato y versátil, y que pudiera corregirse.

El material idóneo, el grafito, se descubrió en Bavaria en 1400, pero no sabían de su potencial, como siempre ocurre cuando se descubre algo. Recién en 1504 se encontró un yacimiento de grafito puro en Burrowdale, Cumberland, Inglaterra. Pensaban que era plomo y como se utilizaba para marcar piedras, lo nombraron “lápiz de plomo”, originándose un error hasta que se comprobó que era un mineral distinto, y a partir de 1789 se le llamo grafito.

El primer lápiz grafito se inventó en 1662, los primeros sistemas de envoltura consistieron en rodearlo de una cuerda que se iba desenrollando a medida que se gastaba la punta del lápiz, además del portaminas latón, similares a los de hoy. En Inglaterra, Faber estableció su fábrica en 1761, empleando una mezcla de dos partes de grafito con una de azufre. En el siglo XVIII, Napoleón, irritado porque por que importar los ingredientes, pidió a Conté que desarrollara un sustitutivo. El resultado fue una mezcla de arcilla, grafito, agua y pasta endurecida en hornos y después introducida en surcos hechos de madera. Este fue el antecesor del lápiz moderno, al que se le añadió un cabezal de goma para enmendar errores, corregir y sellar el resultado final.

Sus hermanos, los lápices de colores, se fabrican con mezcla de caolín, ceras y variedad de tintes. Actualmente existe una enorme variedad de este maravilloso instrumento en calidades de dureza, además de sus múltiples usos en arte, contaduría, arquitectura pese al AutoCAD, ingeniería, etc. Hasta hoy la tecnología no ha podido anularlo y excluirlo. Se aprende a escribir y leer acompañado del lápiz, innumerables bocetos de los principales inventos fueron hechos con lápiz, las primeras constituciones y leyes, para luego pasarlas con tinta indeleble para su registro final, obras clásicas de la literatura fueron escritas y corregidas gracias al lápiz.

La enorme esterilidad de nuestros legisladores y políticos buscan los pretextos más triviales y banales para aprovechar cualquier acción gubernamental para desacreditarlo, que el Gobierno alimenta con su gestión lerda y vacilante. Es el caso del Censo en que, ahora a falta de argumentos sólidos, ya adelantan un supuesto fracaso por culpa del lápiz. Sin embargo, las disputas regionales solo ratifican lo que sabemos la mayoría de los habitantes: el Estado boliviano no está consolidado como tal y existe una desconfianza mutua entre los caciques de las regiones que se atrincheran para supuestamente defender “sus territorios”, como si no pertenecieran a un mismo Estado. Sacan a relucir su candorosa interpretación de un Censo de Población y Vivienda con un lenguaje belicoso contra sus vecinos, con el único propósito de apuntalar su efímero poder y mantener sus privilegios. El lápiz, maldecido por la crápula política, puede originar mayores disputas. He ahí su poder.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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Lectura de comprensión

/ 10 de marzo de 2024 / 00:41

Obligado por un embate inesperado a nuestra salud, abandonamos la columna periodística. Enterado mi compadre Teo, apareció en mi casa, intrigado por séptima vez que salía casi moribundo de una clínica. Él está informado que en mi seguro casi me eliminan dos veces, así es que mi desconfianza me llevó a recurrir a la medicina privada que es, como todos sabemos, cara. Sin embargo, me resolvieron el problema por el momento y me pauperizaron por un buen tiempo.

Como no podía ser de otra manera, para elevarme mi ajayu, comenzó por rebautizar a los parlamentarios que promovieron el box, la lucha libre, practicados por las cholitas wrestling en el Polifuncional alteño, aparte de las improvisadas chasqueaduras y patadas.

Ejemplo que fue replicado, incorporando la nueva técnica de las sillas voladoras en un congreso campesino en Oruro.

Todos sabemos que el lenguaje es la expresión del pensamiento por medio de palabras. El pensamiento se produce bajo dos formas, las ideas y los juicios; los legisladores demostraron que no tienen ninguno de estos requisitos para entenderse. Esa puede ser una prueba palpable de cómo la competencia de la lectura no solo afecta a las nuevas generaciones, sino que las pasadas las tienen arraigadas en su comportamiento, dando un atroz ejemplo a la práctica democrática que privilegia el diálogo. Así, Teo dice que la legisladora Gloria ahora es “Tyson” Callisaya, que el señorito Ormachea es “Mister Tabla siqi”, y otro luchador es el “Provocador” Roca que huye, entre otras la “Boquita Pintada” Náyar que nunca emite una idea y lucha con su boca, estilo k’atera o la “Llorona” Campero que ahora incuba un juicio contra su contendora. A tal deterioro obsceno han llegado que urdieron un debate intenso y casi metafísico por el pollo frito que habían recibido algunos boxeadores en desmedro de otros. Esos son “nuestros” representantes que hemos elegido.

En los primeros años de la escuela, los profesores se afanan para enseñarnos a leer a través de ilustraciones y signos para entender y fijar, con textos cortos y fáciles, las primeras frases. Es un proceso crucial porque nos prepara para comprender y reflexionar sobre el universo cultural que ha creado la humanidad. En los raros debates que vemos en la Asamblea, la mayoría está presa de sus celulares, no atienden y escuchan de refilón, esperando fin de mes para cobrar su jugoso sueldo por estar vigilando su celular de sentados.

Por eso no es de extrañar que el compromiso escrito que suscribieron el oficialismo con las oposiciones no fue leído y entendido correctamente y para facilitarles el trabajo, recibieron instrucciones para oponerse sin aquilatar los resultados: trifulcas y vergonzosas escenas capitaneadas por las vanguardias femeninas como grupo de choque.

¿Entenderían lo que estaban firmando? O es como ocurre con la ley de jubilación que todos los países tienen, grupos de dirigentes que, seguramente en el colegio y la universidad, eran pésimos estudiantes a la hora del Control de Lectura y entendieron otra cosa. Ahora las oposiciones usan el Censo de Población y Vivienda como instrumento para generar, esta vez, polarizaciones regionales. El ancestral desorden de la república que, en más de siglo y medio, no pudo resolver los límites jurisdiccionales de los departamentos y ciudades, y menos el Gobierno actual, eso devela la fragilidad de un Estado secuestrado por caudillos de republiquetas. Justamente ahora, manipulan y tergiversan el Censo para fines políticos, tal pareciera que el control de lectura no sirve de nada para los legisladores que interpretan a su antojo los textos con fines espurios, cuando éste es útil para evaluar los aspectos y de comportamiento en función del capítulo que se usa para su análisis. Sirve, a su vez, para probar el conocimiento de su campo de acción. Éste se considera un paso más allá de la comprensión que pueda a alcanzar el lector de un texto, suscitando dudas, crítica, adaptación, pero llegando a generar una habilidad de cara a los textos relativamente complejos para una posterior reflexión y análisis.

¿Estarán enterados estos individuos que su poder no es ilimitado y su menosprecio a la inteligencia popular les costará el olvido y el desprecio de sus electores? Están menoscabando la credibilidad de la democracia, irresponsablemente.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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El fracaso de los políticos

/ 17 de diciembre de 2023 / 03:03

Una persistente lluvia que se filtraba a mi taller me obligó a pedir ayuda a mi compadre multipropósito Teo. Personaje éste que evolucionó de zapatero quebrado —durante la pandemia— a librero y voraz lector, sin perder sus habilidades como albañil, plomero y otras competencias que ejercería si fueran requeridas. Es rutinaria la aparición de estas personas que emigraron del área rural a una ciudad hostil y racista que las obligó a desplegar su creatividad e inteligencia para sobrevivir y, en muchos casos, remontar la pobreza con un alto costo humano al desarraigarse de su cultura comunitaria y alejarse de su ethos que las vinculaba umbilicalmente con la tierra. Este importante grupo humano también, pese a todo, cree en la democracia.

La solución que encontró para mi percance fue sencilla y eficaz. Sin mayor trámite resolvió el problema con una bolsa de nailon y una piedra. Después de la breve intervención ingenieril nos instalamos para hacer digresiones, ejercicio que disfrutamos mucho. Decidimos, hace mucho tiempo, en no creer nada y en cambio, pensar. Así surgió el tema de la política boliviana, sus actores, su entorno y su visceral inutilidad a la hora de servir, supuestamente, a la razón de Estado a la que se deben.

En 1531, Maquiavelo escribió un texto sobre el origen de éste: “En un principio del mundo, siendo los pobladores contados, vivieron dispersos como animales. Después, al multiplicarse las generaciones, buscaron entre ellos al más robusto y esforzado, le hicieron jefe y le obedecieron. De ahí provino el conocimiento de lo bueno y lo honesto y su distinción de lo malo y lo depravado (…) y se manifestaron los primeros conceptos de la justicia. Después, en caso de elegir, no buscaron al más robusto sino al más prudente y justo”.

Se supone que, cuando hay elecciones democráticas, elegimos no solo a los más prudentes, sino también a los honestos, creativos e instruidos para resolver problemas estatales. La creación de la República está a punto de cumplir 200 años de fracasos, frustraciones y siempre, en estado de guerra interna porque fue un engendro que excluyó a las mayorías.

El Estado, solo visible en actos simbólicos cívicos donde las Fuerzas Armadas exhiben sus deslumbrantes uniformes ante una población inocente que supone que vivimos en un Estado fuerte y sólido; sin embargo, nuestras fronteras son permeables y los delincuentes y contrabandistas entran y salen pavoneándose. Poco podemos decir de la Policía Nacional, con una minúscula cantidad de integrantes que mantienen su honestidad en medio del flagelo de la corrupción que ha carcomido su credibilidad.

Los políticos que medran en el parlamento, la mayoría, son la parte del infame combo; listos para llevar sus ofrendas florales a cuanto aniversario acuden para visibilizarse, pero incapaces de ponerse de acuerdo. Corroídos por su codicia y rencores personales; su aparición en los medios se torna desagradable cuando farfullan incoherencias teñidas de odio y revanchismo. Oposiciones y oficialismo han logrado desprestigiar la democracia, demostrando una total falta de respeto a la sociedad que los eligió y que, lamentablemente, no puede destituirlos con un revocatorio. Los encargados de hacer cumplir la Constitución se encargan de violarla y luego claman en el desierto indilgando la culpa a sus adversarios y viceversa. Se rasgan sus vestiduras, pero no sus bolsillos. Como siempre, sus promesas las archivaron como un reflejo de lo que acontece en elecciones universitarias en las que un candidato ofreció una pasarela como un acto demagógico, lo mismo acontece en juntas vecinales, sindicatos, clubes, etc. Un batallón de demagogos y farsantes está corroyendo la democracia, aparentemente por codicia personal en connubio con intereses de logias y corporaciones que desean un cambio de rumbo drástico, relegando a las fuerzas populares que, por primera en la historia, lograron la inclusión social que parecía lejana e imposible.

La fábula del zorro y el león que Wilfredo Pareto (1848-1923) usaba para patentizar la conversión que genera el poder de los leones que surgen de la masa para sustituir a los zorros de la élite gobernante y terminan devorados por sus antecesores. Tenemos ya un vecino león que promete un próximo edén; sin embargo, ya tiene cola de zorro y prepara su cena con los que detestaba.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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La danza cura el tedio

/ 3 de diciembre de 2023 / 00:24

El deporte plurinacional de los bolivianos es la danza. Si preguntamos a los habitantes de todo el territorio, un importante porcentaje reconocerá que participó alguna vez en alguna danza, tal vez en su época de la escuela o el jardín de niños (a la fuerza), en el colegio (bailar como robot y no danzar, estimulado por el pito del profesor de Educación Física)) o, luego de ese periplo, danzar como un ritual para un santo o una virgen en las entradas folklóricas que llenan el calendario con más fiestas que días tiene el año. Muchos, ya de adultos, lo hacen por mostrarse en su fraternidad (han acumulado bienes y capital), también es una manera de expandir sus redes sociales y personales para concertar negocios, matrimonios, compra y venta de bienes; vale decir que es una especie de bolsa de valores abierta por la danza y bendecida por los santos, tatas, vírgenes a los que hacen bajar del cielo a compartir con sus cofrades. El tiempo de la fiesta, como el arte, es un espacio de vivencia existencial, es el tiempo congelado, te olvidas de todos los problemas prosaicos de la vida: la danza te comunica contigo mismo y establece un vínculo con tu comunidad espiritual, a diferencia del baile que es un acto lúdico simple para divertirse.

Un conocimiento básico para ser legislador —pensamos a la hora de votar por ellos— es que deberían conocer la intimidad de su pueblo, de entenderlo, servirlo y amarlo. Eso pretenden los educadores, cuando en cada acto de clausura se emocionan y les brota un nacionalismo barato cuando enuncian su “amor a la patria” al ver las danzas de las diferentes regiones, de pronto su espíritu edil se evapora y brota el sentimiento de Estado.

Los legisladores, en su mayoría, hombres y mujeres, demostraron su bajo nivel instructivo en conocimientos de la geografía de sus regiones, sus potenciales productivos, niveles de pobreza, índice de analfabetismo y el promedio de vida. Los que tuvimos la esperanza de contar con legisladores que promuevan soluciones de desarrollo integral para sus regiones, fuimos estafados: gritan, insultan, agreden físicamente a sus oponentes y dan un espectáculo deplorable y deprimente. El circo romano en que han convertido la Asamblea aburre e irrita. Siempre se alude al lenguaje de las kh’ateras de los mercados para significar que son groserías y carecen de educación moral, sin embargo, las vendedoras tienen creatividad a la hora de enfrentarse; no podemos decir lo mismo de los legisladores, pues siempre acuden a su rancio repertorio desatado por sus obsesiones maníacas. Seguro que la mayoría no está enterada —reacios como son a la lectura— que conocer la intimidad histórica de un pueblo también se aprende a través de sus danzas.

Los colegios privados y estatales organizan festivales de danzas folklóricas, organizadas por los profesores de Educación Física que privilegian las capacidades cinéticas y psicomotrices, como parte de sus competencias pedagógicas para las que fueron formados, dejando de lado el origen de cada danza, su calendario agrario, la simbología de los pasos y la vestimenta, la etapa de su aparición histórica, su probable evolución y desarrollo estético, hasta convertirse en el cuerpo más extendido de las culturas bolivianas con expresiones colectivas en todo el territorio. Los políticos aprovechan estos escenarios, los usan como vitrina para mostrarse y potabilizarse ante las clases populares y medias que aman estas muestras de fe sincrética y cohesión social que los partidos políticos son incapaces de lograr.

Calculan que en la sede de gobierno existen más de 300 instituciones privadas de danza, sin contar las estatales y municipales. Estos grupos que forman danzarines sostienen un aparato pedagógico valioso que no es aprovechado, como parte de la formación del habitante con una visión de Estado plurinacional.

Recientemente fuimos a ver una puesta del grupo Bafopaz (Ballet Folklórico de La Paz), que, a través de las danzas ajustadas por un guión histórico, permitió apreciar el poderoso acervo cultural que atesoramos y no lo aprovechamos apropiadamente para formar a las nuevas generaciones, que requieren referentes que cohesionen todas las regiones de este proyecto de Estado republicano que agoniza. Nos curó del tedio que nos provocan los protervos políticos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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Candidatos de boutique

/ 19 de noviembre de 2023 / 00:49

La cultura occidental nos modeló durante cinco siglos y querer sacudirse de esa influencia en 20 años es una ligereza que nos puede conducir a encarar los conflictos como Europa: con sangre.

El “buen vivir” o suma kamaña no es nuevo, la civilización china ya argumentó sobre el rol del ser humano sobre la Tierra y su mejor forma del estar. Así, Confucio (551 a.n.e. – ¿?) consideró que el Estado debería ser paternalista bajo ciertas condiciones morales. La China se debatía entre la corrupción e inestabilidad, condiciones que impulsaron los debates para salir de ese círculo perverso durante el periodo de las primaveras y otoños (siglo VIII a.n.e.), etapa de armonía y prosperidad que permitió a la China el florecimiento de la filosofía, el arte y la literatura. La historia nos enseña que solo en esas condiciones es posible el florecimiento de un Estado y su cultura.

Para Confucio era imprescindible que los seres humanos deberían ser junzi o seres superiores con las virtudes de la fidelidad y la sinceridad, como un buen ejemplo para el resto: si el deseo de un líder es el bien, la gente será buena. Un reflejo de la relación entre un padre amante y un hijo obediente, relación que impera hasta ahora en el gigante asiático y permeó a todas las culturas orientales y sus ritualidades para preservar esta interfamiliaridad como modelo moral.

“Lo que sabes, sabes; y lo que no sabes, no sabes. Esa es la verdadera sabiduría”, apostrofaba Confucio a la hora de viabilizar el ingreso de los individuos a la administración del Estado.

Desde una perspectiva parecida, el filósofo Mo Di (c. 470-391 a.n.e.), consideraba que las cualidades y la cualificación para desempeñar altos cargos eran necesarios: el estudio y la aptitud y no el origen familiar, de esa manera se evitaba el nepotismo y el cuoteo entre amigos; ya prefiguraba la creación de grupos políticos entre círculos sociales de amigos.

Platón (427 a.n.e.) también promovía la vida buena generada como misión de los gobernantes, insistiendo en la capacidad intelectual y el conocimiento de la ética y la moral; aseguraba que solo los filósofos poseen esa capacidad y ese conocimiento, por lo tanto solo éstos deberían obtener el poder político, de otra manera las polis o ciudades jamás resolverían sus problemas.

Aristóteles corroboraba que los conocimientos se adquirían por observación y no por razonamientos intelectuales, la ciencia política debía basarse en datos empíricos, organizados y clasificados de la misma forma que el mundo natural. Planteó dos preguntas para dirimir discusiones al viento: ¿Quién gobierna? y ¿en nombre de quién gobierna? Para éste existen seis formas de gobierno: los gobiernos unipersonales, plasmados en las monarquías y las tiranías; los gobiernos de una minoría selecta como la aristocracia y la oligarquía; y el gobierno de la mayoría, generada por un orden civil democrático.

Durante estos periodos surgieron muchas teorías, en la india Chanakia (c. 350- c. 275 a.n.e.) ratifica que es imprescindible tener conocimiento y cualidades personales para gobernar y promueve consejeros para evitar acciones erróneas. Durante este largo proceso se elucubraron muchas posiciones y la religión se encaramó para apalancar a los grupos de poder y ofrecer una buena vida en este mundo y en el más allá: todas fracasaron, la perfección no existe. Así, el realismo político advirtió de la codicia y el afán del oro de los humanos, lo que perfora el moralismo político a la hora de asaltar el poder. Maquiavelo se convirtió en la antorcha del nuevo orden que perdura hasta ahora. El nacimiento de las ideologías dinamitó ambas tesis, pero sin abandonar sus postulados básicos; así Marx esculpió su postulado sobre la filosofía política que solo interpreta el mundo y el objetivo es cambiarlo en busca de un buen vivir.

Ahora, la élite republicana boliviana, que reprodujo la colonialidad para no perder sus privilegios, calibra la pugna interna del oficialismo como la ocasión propicia para retomar el poder, inspirados en Milei y Trump. Para ello organiza reuniones sociales en hoteles, con el propósito de sacar de la manga un outsider de boutique que compita en la arena política con el maltrecho oficialismo. Aislados de la calle, del mercado y de las clases populares, no ven un horizonte real. Varios asomarán sus rostros sonrientes.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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