La pluralidad, la participación ciudadana y la democracia son valores instaurados con la Constitución Política del Estado y estarán en ejercicio para los comicios subnacionales. El resultado es la presencia de personajes de diversos ámbitos en la carrera electoral para la Alcaldía de La Paz. Por ejemplo, hay un periodista de larga trayectoria que para las elecciones nacionales de octubre alertó sobre la invasión de milicias extranjeras, no pasó de ser fake new. También encontramos a un reconocido cantante de cumbia que destacó con su canción Solo quisiera volver… (me atrevo a decir que hizo lectura cantando).

Por otro lado está en carrera un médico que como dirigente del sector cree tener experiencia para ser burgomaestre. Ahora, existe el temor de una crisis existencial en un aspirante, así veo, ya que en otro ejemplo podemos citar al exasambleísta nacional que en redes sociales figura con un plato de comida para algunos sectores sociales, en un intento de reacción filantrópica.

Tampoco podemos dejar de lado las pretensiones del exconsultor en participación popular que en su reciente época de ministro ganó adeptos de la ciudadanía. Sin embargo, desde que estuvo en campaña adoptó una figura de “astro rey” sobre gestión, oportunidades y crecimiento económico, más con un discurso político que técnico.

Aparte, tenemos a un candidato que en su “propuesta incluyente” ignora el lenguaje correcto para referirse a las personas con discapacidad, y también está otro de una alianza que, más allá de su trayectoria académica, antes de inscribirse para los comicios ya hablaba de recular en caso de que no tenga apoyo. En contraposición hay otros contendores con alguna experiencia en gestión pública, pero con otro tipo de inconvenientes. Es así que vemos a dos candidatos que pese al vasto conocimiento en planificación de proyectos cargan con las consecuencias de conflictos por la sigla que postulan: uno está cuestionado por la legalidad de su postulación y el segundo afronta un golpe de timón tras la ruptura de un intento de alianza.

Pero más allá de la empatía por los oficios de los aspirantes o el color político, los ciudadanos tenemos una seria misión al momento de elegir a autoridades. Lo mencionado no se da por discursos de recriminación respecto a 14 años anteriores o 20. La reflexión pasa por saber: ¿Cuáles podrán ser los planteamientos que ofrecen los candidatos para generar valor público?

En las intenciones de “querer ser el candidato” debe destacar la explicación lógica, técnica y jurídica para la transformación de la ciudad. Otra interrogante es: ¿Por qué se lanzan a la arena política?, o ¿cuál será la tipología de gestión pública que propondrán a la ciudadanía?

La duda es saber si conocen el modelo por resultados entendido desde el management, como sugerencia, o si seguiremos bajo un modelo de gestión por resultados. Ahora, al ser candidatos ya suponemos que pueden identificar a cuál de estos paradigmas engranan sus propuestas.

Estamos seguros de que el ciudadano entenderá que los apasionamientos no diseñan e implementan políticas públicas. La responsabilidad colectiva debe ser exigir respuestas técnicas y no políticas. Los candidatos, al margen de la consigna egocéntrica de “yo nací para el cargo”, deben poner énfasis en sus propuestas técnicas. Por tanto, no se trata de querer ser autoridad por la fama o adeptos en redes sociales. Debemos informarnos sobre aspectos técnicos propuestos que deben primar sobre temas políticos, de ello depende la visión de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos en el próximo quinquenio.

C. Melody Jiménez es abogada constitucionalista.