Voces

miércoles 27 ene 2021 | Actualizado a 02:48

Política tributaria y redistribución de ingreso

/ 13 de enero de 2021 / 00:26

De acuerdo con la Revista de Economía y Estadística (de Aldo A. Arnaudo), una redistribución del ingreso, en términos fiscales, se traduce en la transferencia de dinero a quienes menos tienen y más necesitan, mediante la aplicación de políticas tributarias, transferencias, etc. En Bolivia, este tipo de medidas fue establecida desde 2005 hasta 2019, con la finalidad adicional de dinamizar al mercado interno, lo que se reflejó en una política salarial que incrementó gradualmente el salario mínimo nacional de Bs 440 a Bs 2.122 y dio como resultado la disminución de los índices de pobreza, permitiendo reducir la brecha de la desigualdad entre los bolivianos, de 0,60 a 0,42 (índice GINI) en el citado periodo.

Siguiendo la misma receta, a través de la Ley 1355, de 28 de diciembre de 2020, reglamentada por el Decreto Supremo 4435, de 30 de diciembre del mismo año, el Gobierno estableció en el sistema tributario políticas impositivas de redistribución al poner en vigencia el Régimen de Reintegro en Efectivo del Impuesto al Valor Agregado (Re-IVA), que tiene como objetivo devolver un 5% del valor de las facturas de compra obtenidas en el mercado interno; ello como un mecanismo de redistribución proporcional del IVA, en directo beneficio de las personas naturales con menores ingresos. En ese sentido, a tiempo de contribuir con la generación de mayor facturación por parte de los contribuyentes del IVA, dicha medida coadyuvará a mejorar los ingresos por tributos del Tesoro General de la Nación (TGN), que a su vez se traducirán en salud, educación, infraestructura, entre otros, para satisfacer las necesidades de la sociedad.

Es importante destacar la simplificación para acceder a este beneficio, mediante la habilitación en la plataforma virtual del Servicio de Impuestos Nacionales, a través una declaración jurada en la que se presume la buena fe de quien la declara.

Por su parte, considero coherente que se excluya a las facturas manuales, debido a que, por la viveza criolla, son susceptibles de ser falsificadas. Asimismo, parece razonable que no se consideren las facturas relacionadas a la compra de bienes y/o servicios subvencionados, debido a que estos contribuyentes ya obtuvieron un beneficio fiscal por parte del Estado.

Por último, es destacable la materialización de una propuesta electoral de manera inmediata y acorde a los principios fiscales de capacidad económica y proporcionalidad para reducir los índices de pobreza y generar mayor bienestar social para la población. Esperemos que el Gobierno de turno dé continuidad a estas medidas sociales para los más pobres y que la riqueza de nuestra Bolivia no se quede en unos cuantos bolsillos; merecemos contar con mejores condiciones de vida a partir de una redistribución equitativa de los ingresos del Estado.

Willy Quispe es auditor financiero.

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Reactivando la economía con la inversión pública

El PGE ajustado contempla $us 4.011 millones para inversión pública, un aumento del 17%con relación al PGE inicial.

/ 27 de enero de 2021 / 02:07

Dentro de la literatura económica convencional, el rol de la Inversión Pública (IP) sostiene la existencia de efectos directos sobre el incremento del stock de capital y la productividad de los factores de producción de las empresas. En el caso de Bolivia y en el marco del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP), la IP se define como todo uso de recursos públicos destinados a crear, ampliar, reponer, mejorar y/o recuperar capacidades productivas, económicas, sociales, ambientales y/o culturales para fortalecer la economía plural y el vivir bien. 

Haciendo memoria a los lectores, en periodos neoliberales de 1993 a 2005, las cifras en promedio de la IP registraban apenas $us 556 millones, descuidando la demanda interna y con medidas orientadas únicamente a favorecer a las grandes empresas privadas, paralizando la economía del país. La IP de ese entonces fue financiada en 53% con recursos externos y 47% con recursos internos. Además, la inversión de ese periodo era financiada mayormente con recursos externos (créditos y donaciones), condicionados a la aplicación de determinadas políticas.

A partir de 2006, el Gobierno del Estado Plurinacional (GEP) incrementó la IP cuantiosamente de $us 629 millones en 2005 a $us 4.011 millones en 2021, que representa un aumento del 538%, lo cual se constituye en un eje importante de dinamización de la economía boliviana, cuyo financiamiento se debe mayoritariamente a los recursos económicos internos. En el periodo de 2006 a octubre de 2019, la composición de la inversión del Estado en promedio fue financiada en un 74% con recursos internos y tan solo un 26% con recursos externos, resultado que se debe a la aplicación del MESCP.

Lamentablemente, desde noviembre de 2019 a octubre de 2020, durante la administración transitoria de Jeanine Áñez muchas obras en diferentes regiones del país fueron paralizadas y se dejó de pagar a las empresas contratistas, lo cual afectó al sector y tuvo efecto multiplicador negativo en la economía boliviana, donde el objetivo del gobierno de facto era quebrar y privatizar las empresas estatales, bloqueando el desarrollo económico boliviano al intentar reponer el viejo modelo neoliberal que privilegió a grandes empresas privadas sobre el público.

En este contexto, y considerando que la IP se ha constituido en el principal instrumento de política económica y ha generado importantes cambios en la economía nacional, el gobierno del presidente Luis Arce ha procedido a realizar ajustes al Presupuesto General del Estado (PGE) de la gestión 2021.

El PGE inicial, elaborado por el gobierno de transición, proyectaba una menor tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto, reducía la IP, se perfilaba mayor inflación y acentuaba la incertidumbre con la ejecución de políticas neoliberales orientadas a favorecer a ciertos grupos de poder en desmedro del pueblo, y planteaba una IP por $us 3.442 millones.

El PGE ajustado contempla $us 4.011 millones para IP, lo que representa un aumento del 17% con relación al PGE inicial. El mencionado importe se compone de 61% con recursos internos y 39% con recursos externos; consiguientemente, del total de la IP programada el 36,2% se destinará a proyectos de infraestructura, el 34,9% será para el sector productivo, el 24,9% se destinará al sector social y 4% se asignará a proyectos multisectoriales. Dicho PGE impulsará la industrialización de los recursos naturales, como la urea en la planta de Bulo Bulo, el potasio en Uyuni con el proyecto estatal del litio, los residuos sólidos en el ámbito nacional, la exportación de electricidad, la fábrica de cemento, la salmuera del salar de Coipasa de Oruro, así como hospitales de tercer nivel, escuelas, complejos hidroeléctricos, el corredor de exportación bimodal Ichilo-Mamoré, construcción y mantenimiento de carreteras de la Red Vial Fundamental, entre otros.

Finalmente, con la reactivación de la IP se está retomando el camino al desarrollo sostenible y prosperidad del pueblo, administrando de forma responsable los recursos del Estado y con la aplicación del MESCP se dinamizará el crecimiento económico a través de la industrialización, obras de desarrollo productivo, infraestructura y proyectos sociales, con generación de empleo y reducción de la pobreza, garantizando a los bolivianos que ¡Vamos a salir adelante!

    Fernando Chuquimia es especialista financiero.

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La sirena y el hombre muerto

El blanco y negro de ‘Sirena’ viene a retratar un lago Titicaca diferente, sombrío, telúrico.

Ricardo Bajo, periodista

Por Ricardo Bajo

/ 27 de enero de 2021 / 02:00

Vine al Lago porque me dijeron que acá vería al hombre muerto. Así podía arrancar Sirena de Carlos Piñeiro Pinelo —actualmente en cartelera— pero no lo hace. La primera toma podía ser una sirena en una fachada de una iglesia de la región lacustre del Titicaca pero no lo es. Ninguna imagen es neutra o simple, la “sirena” de Piñeiro susurra tanto como calla bajo las aguas. Las primeras secuencias de su ópera prima son un bote con cuatro hombres que llegan a una orilla en busca de un cadáver. Quieren al hombre muerto —el ingeniero Morgan Cabrera— que el Lago ha entregado a la comunidad como augurio tras ahogarse. Ni los unos ni los otros van a quedarse con el cuerpo.

Los “cuatro del Lago” son “el Inge Peralta” (un circunspecto Daniel Aguirre); su colega Kunurana que fuma y fuma (un culposo Kike Gorena) y los dos actores naturales que se roban el show: el oficial Rilber Silva, “bueno para nada” y cruel retrato de la Policía Boliviana (un genial Bryan Ramírez) y Saturnino Poma (Benjamín Pari) —el balsero/guía en el laberinto.

La sirena no está esculpida ni tejida, no está en ningún retablo ni kero, ni siquiera es una pintura o una platería (como bien descubrió doña Teresa Gisbert). Está fuera de campo, como está todo lo esencial, como lo está la mirada. Es memoria viva y reprimida, es Quesintuu o Umantuu. Está seduciendo al hombre muerto para desatarlo de pies y manos. Dice Barnes que “en todas las expresiones artísticas suelen darse dos cosas al mismo tiempo: el deseo de hacer algo nuevo y una conversación ininterrumpida con el pasado”. Piñeiro reconstruye un relato sobre el ayer en un esfuerzo por entroncarse con lo nuestro, en un acto de resistencia.

Sirena es una película de sonido (verdadero protagonista en un gran trabajo de Sergio Medina y Kiro Russo), de gestos y de silencios, esos silencios que inventó el cine sonoro (maestro Bresson dixit). Es un western al revés: los blancos asoman la cabeza en lo alto de la colina para observar qué traman los indios y sus lenguas de fuego. Es una cueca de Simeón Roncal. Es una colección de planos, mimados como si fueran cuadros en un montaje de lujo de Amanda Santiago: los cenitales rodados con drones estáticos sobre las piedras grises y las aguas son de una belleza extraña nunca antes vista en el cine boliviano. El dron no es colocado para engrandecer el ego del cineasta o para adular con efectismos pa(sa)jeros sino para exhibir la pequeñez absurda de los personajes frente al mito, frente al lago.

Sirena es una road movie, un camino de regreso, un viaje de búsqueda, un sendero de hallazgos y extravíos, un pasadizo y un embrujo. Es un thriller clásico con guion de Juan Pablo Piñeiro (también productor junto a su hermano menor) y Diego Loayza: ¿cómo cayó al agua el hombre muerto? Es un tratado de antropología sobre el choque de civilizaciones: ¿”de qué se ríen”? Es un cuento uru-chipaya/aymara sobre una deidad femenina acuática y fecunda.

El blanco y negro de Sirena—con una gran fotografía de Marcelo Villegas— viene a retratar un lago Titicaca diferente, sombrío, telúrico. Y trae consigo esa complementariedad de opuestos, conflictivos pero recíprocos: blanco/ negro; indios y blancos; imaginario/real; muerte –no como hecho trágico- y vida. Los hombres son vulgares y brutos; y las mujeres, sinónimos de poder y misterio.

Sirena es un texto visual, es un juego de perspectivas soñado para fabricar extrañas atmósferas que demandan un espectador alejado de un rol pasivo y sumiso. Es una película de esperanza tras el desembarco/golpe: en la mejor escena del filme —plagado de primeros planos y angulares— el Inge—después de rechazar la papa helada del balsero— se sienta junto a él y disfruta el mejor plato que ha comido en mucho tiempo para terminar compartiendo bicicleta con el “otro”.

Sostiene Jarmusch (las semejanzas entre Sirena y Dead Man no son casualidad) que “un director que solo sabe de cine es un pésimo director”. Este no es el caso. Después de cuatro “cortos” a cada cual más prometedor, Piñeiro nace a la dirección de largometrajes como la más esperanzadora luz del cine boliviano de los últimos años. El desarrollo de la personalidad de un cineasta es una larga paciencia, como la que tiene Sirena, la película del año.

     Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo 

   

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Educación de Alasita

/ 27 de enero de 2021 / 01:52

Sabemos que la educación nos puede salvar de la desigualdad en la que vivimos. Sabemos que la educación es un derecho humano. Sabemos que quien se educa puede pensar en un futuro mejor. ¿Realmente creemos en estas afirmaciones? ¿O quizás son solo enunciados, frases hechas que repetimos y escuchamos en los discursos de campaña? Parecería que esto último es más cierto que cualquiera de las declaraciones sobre educación que constantemente leemos en informes de Naciones Unidas, o cualquier otro organismo internacional.

Lo cierto es que si la educación es un derecho, en Bolivia no está al alcance de todos, más aún desde que la pandemia del COVID- 19 se ufana de su poder por cuanta calle, casa, pasillo o escuela se le apetezca. La clausura del año escolar en 2020 significó justamente una negación de ese derecho que va más allá de pasar de curso por decreto.

¿Qué implica el derecho a la educación? Acceder a la enseñanza de “manera universal, productiva, gratuita, integral e intercultural, sin discriminación”, como señala la Ley Avelino Siñani. Pero más allá de la letra muerta, quiere decir que el derecho a la educación tiene que ver con gozar adquiriendo conocimientos, el camino para llegar a ser personas pensantes, la vía para aprender determinadas destrezas que en definitiva conduzcan a quien accede a la educación, a beneficiarse con la mejora de su vida en forma permanente, de sentirse útil, de acceder a oportunidades para trascender como un ser productivo en favor de su entorno y de los demás seres humanos.

La realidad es que el derecho a la educación se ha visto confundido en el engaño de pasar de curso aunque no se hayan adquirido los conocimientos suficientes. En entregar trabajos a los que se dedica el tiempo que lleva hacer un click en copiar y pegar desde cualquier sitio donde exista internet. Se debe declarar una guerra al conformismo tan arraigado, tan apreciado (aunque esto nunca sea reconocido públicamente) como parte del paquete en la oferta de mentiras que se compra a diario en nuestra sociedad, acostumbrada a coleccionar leyes y normas para archivarlas mientras se encuentra la mejor manera de quebrantarlas.

A nuestra sociedad le falta franqueza para afrontar todos los problemas que se presentan. No se toma al toro por las astas, se da vueltas, se miente sobre las verdaderas intenciones, se toma acciones o se recurre a la violencia y el enfrentamiento llevados, generalmente, por quienes tienen la intención de sacar partido del conflicto. Visto de este modo, la educación no es ningún derecho. Es un juego de engaño al que nos prestamos esperando que el azar resuelva la partida. El 24 de enero fue el Día Internacional de la Educación, triste coincidencia con la educación de Alasita que nos ha tocado.

       Lucía Sauma es periodista.

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Se agrandó el Alcoyano

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 25 de enero de 2021 / 15:53

El fútbol es una metáfora permanente de la vida. Le provee frases para siempre. “La novia le sacó tarjeta roja” (lo dejó), “abrir el juego” (participar a otros), “tirar la pelota afuera” (deslindar responsabilidades), “por amor a la camiseta” (algo que se hace gratis)… Hay decenas. En Argentina, cuando alguien progresa, estrena auto nuevo o simplemente se da más importancia de la debida, es usual decirle “se agrandó Chacarita”. Alude al viejo y querible club funebrero, ahora en la “B” Nacional. Como suele acontecer, la frase fue un acierto periodístico y entró de lleno en el vocabulario popular, millones la utilizaron o la escuchan diariamente. ¿Su génesis…?

En 1948, por la cuarta fecha del campeonato argentino se enfrentaban Chacarita Juniors y Boca. Había sido un flojo comienzo del equipo tricolor, en tanto Boca venía de golear 7 a 2 a Gimnasia y era amplio favorito. Sin embargo, en una tarde inspirada, el local ganaba bien 2 a 0 y la euforia inundaba corazones humildes, pero… Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte, decía Martín Fierro. Descontó Boca con gol del Atómico Boyé y en el segundo tiempo la angustia sobrevoló las almas chacaritenses. Se lesionó su arquero Segundo Díaz y debió ser retirado del campo; Chaca con diez, porque en esos tiempos no había cambios. El puntero izquierdo Busico pasó a ocupar el arco. Minutos después, ¡penal para Boca…! (un clásico). Protestó el delantero De Luca y el juez inglés Gregory lo expulsó. ¡Chaca con nueve, Boca a tiro de empate y aún faltaba media hora…! Malos presagios. Ejecutó Boyé y la pelota dio en un palo, pero Gregory entendió que Busico se había adelantado y ordenó rematar nuevamente. La hinchada funebrera bramaba, ¡Injusticia…! Justamente por los favoritismos hacia los clubes grandes, y a Boca en especial, la AFA contrató un plantel completo de árbitros ingleses. Pero no había caso, todo parecía seguir igual. Total: volvió a patear Boyé y la bola de nuevo dio en el mismo palo.

A partir de allí, como impulsado por la rabia, crecido por la furia, Chacarita con nueve hombres se le fue encima a Boca y le marcó tres goles más. Final, 5 a 1 y hazaña nunca igualada. A la mañana siguiente, el diario Noticias Gráficas le dedicó ese título histórico: “SE AGRANDÓ CHACARITA”. El nombre del periodista se perdió en la bruma del anonimato.

El sopapo a Boca le confirió fama de equipo bravo, peligroso en su cancha de San Martín, pero volvió a su rutina proletaria de descensos, ascensos, deudas, venta de jugadores a los poderosos, vida de cuadro chico. Hasta que en 1969 la gloria le dijo que sí. Décadas soñando con esa dama coqueta y esquiva; pero sucedió: ella le dio un beso en la boca. Con un grupo de muchachos surgidos de inferiores llegó por única vez a definir un campeonato, nada menos que un cuadrangular frente a Boca, Racing y River. Parecía imposible, pero en semifinal venció a Racing 1 a 0 y en la final arrasó a River 4 a 1 con una actuación sinfónica, plena de belleza y contundencia. El Gráfico le dio la tapa a su estrella, Ángel Marcos, y en páginas interiores encabezó el comentario con una frase inolvidable: “AL FÚTBOL SE JUEGA ASÍ”.

¡Chacarita Juniors en el cielo del fútbol! Parecía increíble hasta pronunciarlo. El país entero se alegró. Estos festejos de pobre son contagiosos, uno los celebra como propios. El estadio de Racing (allí se jugó) reventaba: 64.441 boletos se vendieron. Que entre colados y otras hierbas serían 70.000. La tribuna baja, toda de Chaca, se caía de la emoción. Angel Marcos, el Tanque Neumann, los once héroes funebreros, brazos en alto, fueron a dedicarle el triunfo a aquellos eternos peregrinos de la fe tricolor. Entonces brotó desde el cemento como un trueno, un rugido que era mezcla de llanto, de orgullo y de alegría… Era una vida esperando ese instante sublime.

En 1971, en mérito a su gran juego, fue invitado a participar del prestigioso Trofeo Joan Gamper, del FC Barcelona. Una satisfacción y una responsabilidad, le tocaba enfrentar nada menos que al Bayern Munich. Chacarita había transferido a su gran crack Ángel Marcos a Francia con una condición: que primero jugara el Gamper y luego viajara a Nantes. No era cuestión de pasar vergüenza. Accedieron los franceses y Chaca logró un triunfo sensacional: venció 2-0 al Bayern con Sepp Maier, Paul Breitner, Gerd Müller y Franz Beckenbauer en cancha. Marcos anotó el primer gol. Otra vez los diarios titularon con aquello de “Se agrandó…”. Cada tanto matiza su modestia con alguna proeza. 

En España, de quien lucha y persevera en un objetivo, es común comentar “tiene más moral que el Alcoyano”, pequeño equipo valenciano que ha hecho de la persistencia un estandarte. Dice su himno: “La moral del Alcoyano es famosa en toda España / por experto y veterano siempre hará buena campaña”. Entre 1945 y 1951 supo estar cuatro temporadas en Primera, ahora es uno de los 102 cuadritos de Segunda B que se masacran en canchas peladas para subir a Segunda. Pero el miércoles dio un golpe sobre la mesa de los que hacen historia, y reactualizó como nunca el dicho que lo perenniza: se le paró tieso al Real Madrid, le ganó 2 a 1 y lo eliminó de la Copa del Rey, bella competición que agrupa a todas las capas sociales del fútbol español. Ahí son todos iguales a los ojos de Dios. Estos clubes diminutos viven con ansiedad el sorteo de la Copa a principios de temporada, esperando les toque el Madrid o el Barça. Si se les da, hacen fiesta, no importa si terminan goleados, los verá el país. Y puede que hasta el mundo hable de ellos, oscuros concursantes de un fútbol casero, de partidos casi barriales, donde se escuchan los gritos de los protagonistas: “Corre, hostia… pásala, tío… a por ellos”.

Se dio: el mundo habló del Alcoyano, tumbó al Madrid. ¡Y cómo…! Perdía 1-0, empató cerca del final y forzó el alargue, quedó con diez por expulsión y con uno menos le asestó el segundo. El del nocáut. Hazaña de cuadro chico, hermosa pintura de la pasión. La prensa madridista, esa industria sin feriados, no tuvo cómo esconderlo, lo calificó de “ridículo histórico” y los títulos de tapa fueron calcados: “Bochorno”. Un mazazo inesperado al Madrid y, sobre todo, a la cuestionada figura monacal de Zinedine Zidane, quien sigue hamacándose en el trapecio, pero ya sin red abajo. En la cancha estaba Eden Hazard, cuyo pase costó 160 millones de euros, con lo cual el Alcoyano se solventaría 62 años seguidos en Segunda B. No es broma, su presupuesto total es de 2,6 M€ anuales. Hazard fue una sombra. La luz que iluminó el campo resultó el arquero José Juan, de 41 años, cuyo valor de mercado es de 50.000 euros.

¿La fórmula del Alcoyano…? Ingenio, trabajo y actitud, tres valores que no están relacionados con el presupuesto.

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Queremos la Copa

Ricardo Bajo, periodista

Por Ricardo Bajo

/ 25 de enero de 2021 / 15:46

Un equipo de 700.000 dólares de presupuesto elimina a un club de 600 millones. El modesto e histórico Alcoyano –de la provincia de Alicante, donde residen muchos bolivianos y bolivianas- dejó afuera al Real Madrid. La Copa es el torneo donde el romanticismo todavía da pelea, donde David puede lanzar un contragolpe y derrotar a Goliat. En un fútbol moderno predecible donde siempre ganan los mismos –a golpe de talonario y favores arbitrales-, el sistema de copa a un solo partido permite al hincha contemplar milagros, emocionarse hasta el último minuto y saber que la vida te puede dar gratas sorpresas. Los clubes de renombre en Europa sabotearon el viejo formato de la Copa –parida en Inglaterra en 1871 a partido único y en la cancha de menor categoría- e impusieron hasta hace poco el doble partido para sabotear las sorpresas.

La Copa es tan linda que todos los hinchas del mundo fuimos la semana pasada un poco del Alcoyano. También nos pusimos la camiseta de Boca Unidos cuando sacó hace unos días a Rosario Central de la Copa Argentina. O del inglés Wrexham –colista de la octava división- cuando eliminó al mítico Arsenal en los años noventa. La identificación con el equipo de fútbol más humilde es un fenómeno universal: ¿quién no desea la caída del poderoso, la victoria del humilde? Por un momento y gracias a la pelota, el mundo es un lugar maravilloso del revés donde el equipo chico humilla al grande.

La implementación de este sistema en el fútbol boliviano ha tenido varios intentos abortados por los de siempre. Cuando éstos por fin entiendan que la Copa hace más grande al fútbol y trae más plata para el necesitado balompié modesto, tendremos este torneo entre nosotros. Y ganaremos todos. La Copa es el instrumento ideal para que el hincha –que ha dejado de ir a la cancha por aburrimiento- vuelva. 

¿Te imaginas un Unión Maestranza –histórico del fútbol paceño- versus Oriente Petrolero? ¿Un Quebracho vs Blooming? ¿Un Junín vs The Strongest en un “Patria” vestido de gualdinegro? ¿Un Primero de Mayo de Trinidad versus Wilstermann en el “Yoyo Zambrano”? ¿Te imaginas un Sol Radiante de Llallagua disfrazado de “giant killer” eliminando a Bolívar?  El fútbol boliviano necesita de las grandes hazañas del torneo del K.O, implora por partidos épicos, goles inolvidables y derrotas increíbles. No sean miserables, señores dirigentes, queremos la Copa.

(25/01/2021)

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