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sábado 27 feb 2021 | Actualizado a 08:35

La deuda externa y la pandemia

/ 18 de enero de 2021 / 01:50

El crecimiento de la deuda externa, tanto pública como privada, es un problema de envergadura, porque hay que dedicar cada vez más recursos para amortizarla, en perjuicio de los fondos que se necesitan para poner en marcha la actividad económica del país y enfrentar la pandemia del COVID-19. El déficit fiscal se encuentra por encima del 10%, lo cual es preocupante. No es lo mismo financiar un hospital o una carretera que puede tener una duración de 10 años, que un gasto corriente.

La deuda externa de Bolivia de mediano y largo plazos, al 10 de junio del 2020, suma $us 11.624,8 millones, de los cuales la deuda con los organismos multilaterales llega a un total de $us 7.857,8 millones, se incluye el préstamo que desembolsó el Fondo Monetario Internacional (FMI) por $us 327 millones, mientras que la deuda bilateral suma $us 1.468,6 millones, donde tenemos a China como el mayor acreedor con 1.030,4 millones.

El indicador de la relación entre el servicio de la deuda y el valor de las exportaciones, en el caso del país llega al 6,7%, cuando se tiene un límite referencial de 20% establecido en el Marco de Sostenibilidad de Deuda del BM-FMI.

La actual deuda interna del país tuvo un elevado incremento en la gestión pasada, debido principalmente a la emergencia del COVID-19. De acuerdo con informes del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, creció de Bs 44.277 millones a fines de 2019 a Bs 61.152,3 millones en septiembre de 2020.

Si bien los indicadores de la deuda externa muestran un amplio margen de endeudamiento, es recomendable que el Gobierno maneje adecuadamente esta actividad. No podemos olvidar que la indiscriminada captación de crédito externo por el gobierno de Banzer en los años 70 fue una de las causas de la crisis que derivó en la hiperinflación de los años 80 del siglo pasado.

En la década de los 80, la deuda externa fue renegociada con mucho criterio, la deuda bilateral fue condonada; la deuda del sector privado se la compró con un 90% de rebaja con un fondo de fideicomiso manejado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este fondo fue creado por donaciones de países amigos. Esta situación no se la volverá a tener por el desarrollo que tuvo el país.

De  acuerdo con el informe del Banco Central de Bolivia (BCB), al 10 de junio los créditos externos sumaban $us 11.624,8 millones, de los cuales se adeuda un total de $us 7.857,8 millones a los organismos multilaterales.

Los niveles de endeudamiento externos están subiendo en todo el mundo, porque se necesitan mayores cantidades de recursos para encarar la pandemia y sus efectos en la economía.

En el caso particular de Bolivia, la tendencia es la misma. De acuerdo con estimaciones, llegamos a fines de 2020 con una deuda externa que podría estar fluctuando entre los $us 13.000 millones y 14.000 millones.

Un buen porcentaje de estos nuevos endeudamientos se destinaron a atender las necesidades sanitarias debido al COVID-19 y llenar el vacío generado por medidas como el diferimiento del pago de impuestos o la reprogramación de deudas.

En una reunión con los presidentes de países miembros del Mercado Común del Sur (Mercosur), el presidente Luis Arce planteó la realización de una reunión de ministros del área económica de los Estados miembros a fin de construir ejes que nos posibiliten solicitar a países desarrollados y a organismos de financiamiento un conjunto de medidas de alivio a la deuda externa en favor de nuestros países.

El Presidente sugirió la creación de un fondo de crédito que permita a donantes y aportantes el acceso a créditos blandos y el incremento de la ayuda oficial al desarrollo de las fuentes de financiamiento externo para los países en desarrollo.

El nuevo endeudamiento externo debe ser muy cuidadoso. Contraer nuevos empréstitos viene aparejado de nuevas obligaciones. Ya señalamos líneas arriba las consecuencias de un endeudamiento sin control, que afectó la estabilidad política de gobiernos posteriores.

Si los nuevos préstamos no ayudan a crear nuevas fuentes de trabajo y más actividades productivas, pueden convertirse en un lastre para las futuras generaciones.

Rolando Kempff Bacigalupo es economista, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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Las perspectivas de la economía gestión 2021

Los empresarios estamos dispuestos a trabajar e invertir, pero requerimos que el Gobierno inyecte liquidez.

/ 12 de diciembre de 2020 / 23:53

Se estima que el crecimiento de la economía de nuestro país para la gestión 2021 podría llegar hasta 4% debido al rebote de la economía, por haber decrecido el presente año 11%. También se tiene en el contexto internacional la vacuna contra el COVID-19, que coadyuvará que los países desarrollados vuelvan a la normalidad de su economía y se instrumente una mayor demanda por parte de los países industrializados de los commodities, ya sea de precios de gas, petróleo, minerales y soya que coadyuvarán a equilibrar la balanza comercial de nuestro país.

Otro de los efectos positivos de la inversión privada será el incremento de la oferta exportable, que se traducirá en un mayor ingreso de divisas.

La gestión 2020 ha sido muy difícil, con una caída del PIB de un  11%, lo que implica unos $us 4.400 millones en producción de bienes y servicios que se han dejado de producir.

Las últimas informaciones del INE son que el IGAE ha tenido una caída del 8% al 9% del PIB. El sector minero tuvo una contracción del 38% y  la construcción, un 42%, ello se evidencia en la reducción de 60% de los permisos de construcción, y todos los sectores han tenido una situación similar. Se tendrá un déficit fiscal de aproximadamente el 12% en la economía del país.

Las reservas internacionales netas (RIN) ascienden a $us 5.700 millones que son suficientes para mantener el tipo de cambio. Las nuevas inversiones externas, y obviamente la inversión privada nacional, coadyuvan a incrementar las reservas internacionales.

El economista Rolando Morales nos recuerda que generalmente cuando hablamos de reservas internacionales, en la mayoría de los casos solo nos referimos a las que tiene el Banco Central de Bolivia, olvidándonos de los dólares que están en el sistema bancario nacional, que llegan aproximadamente a $us 3.600 millones.

En 2020 el país tuvo una inversión extranjera negativa. Se espera que el siguiente año crezcan tanto la inversión privada nacional  como extranjera para lo cual se requiere seguridad jurídica, reglas claras de inversión e incentivo en el sistema tributario.

Los empresarios estamos dispuestos a trabajar e invertir, pero requerimos que el Gobierno inyecte la liquidez necesaria para reactivar la economía. Se estima que por lo menos $us 6.000 a 8.000 millones serán necesarios para incrementar la oferta y la demanda.

Los sectores público y privado deben llegar a un gran acuerdo para fortalecer la economía. Esta propuesta fue formulada por directivos de la Cámara Nacional de Comercio durante una reunión mantenida con el vicepresidente del Estado Plurinacional, David Choquehuanca.

La propuesta empresarial pretende dar los primeros pasos para llevar adelante un trabajo articulado para generar políticas públicas que fortalezcan la economía del país, a partir de los principios de solidaridad y confianza en el Estado boliviano. Esta sugerencia fue bien recibida por el Vicepresidente.

Un editorial de La Razón publicado hace pocos días señala con claridad que el sector privado es uno de los actores centrales del desarrollo nacional que ha tenido que enfrentar, como todos, un contexto muy difícil debido a la larga paralización de la actividad durante los conflictos y la pandemia. Hay urgencia por un diálogo honesto y constructivo con las nuevas autoridades de gobierno sobre las condiciones y apoyos que se requieren para su reactivación, pues nadie gana nada con un sector privado debilitado. Urge reflexionar seriamente sobre las difíciles situaciones financieras que muchas empresas están enfrentando en un año para el olvido. Todo esto refuerza la idea de que ahora más que nunca el país necesita del trabajo conjunto de los empresarios y el Gobierno, a través de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Planteamos al Gobierno generar la necesaria seguridad jurídica de largo plazo, un adecuado clima de inversiones haciendo un acuerdo multisectorial.

*Es economista, presidente de la Cámara Nacional de Comercio, de Fundempresa y miembro de número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

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Los biocombustibles pueden ayudar a mejorar la economía

/ 20 de noviembre de 2020 / 00:30

El Gobierno nacional, presidido por Luis Arce Catacora, tendrá entre sus prioridades dos tareas fundamentales en el campo económico: reducir el déficit fiscal e inyectar liquidez entre los productores y consumidores.

Para llevar a cabo estas acciones necesitará de recursos económicos, que bien los podría obtener promoviendo el mayor consumo de biodiésel y bioetanol, que le permitirá reducir las importaciones de gasolina y diésel, y al mismo tiempo elevar la producción agropecuaria orientada a este objetivo.

Como dije en una nota de fines del año pasado, los biocombustibles constituyen una plataforma estratégica para la bioeconomía, no solo porque contribuyen a crear una matriz energética más limpia, sino por el posible efecto multiplicador de las bio-refinerías en otros sectores de la economía. Pues, ya a principios de la presente década Brasil, Argentina y Colombia eran los países latinoamericanos principales productores de bioetanol y biodiésel del mundo.

Un informe de la CEPAL, la FAO y el IICA sobre las perspectivas de la agricultura y el desarrollo rural en las Américas, destaca la bioeconomía como una forma innovadora de impulsar el desarrollo rural sostenible en América Latina y el Caribe.

Beatriz Muriel, directora del Inesad, señala que la primera medida del nuevo Gobierno debe ser la promoción de la calidad del gasto, y así reducir el déficit fiscal. La segunda debe ser la promoción del desarrollo en alianza con el sector privado, pues la pandemia solo agravó problemas que se arrastran de años.

El sector empresarial sugiere que la inyección de circulante en la economía nacional deberá ser de por lo menos unos $us 6.000 millones, equivalente al 15% del PIB, para poder reactivar la economía.

En una entrevista concedida a un diario mexicano, el presidente Luis Arce Catacora sostuvo que salir de la actual crisis económica por la que atraviesa el país tomará entre “uno y medio y dos y medio años” y aseguró que su Gobierno tiene un plan para revertir la situación y que espera aplicarlo a la brevedad posible.

El expresidente Evo Morales, el 8 de marzo de 2018, firmó con la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz un acuerdo de entendimiento para incrementar los cultivos de caña en 18.000 hectáreas (ha), que permitan la producción de 80 millones de litros de etanol, hasta alcanzar las 155.000 ha en 2025 para producir 380 millones de litros de etanol.

De esta forma esperaba incorporar etanol a la matriz energética, impulsando la seguridad energética por la paulatina reducción de las importaciones de combustible y la consecuente reducción de la subvención a este carburante.

Con el aumento de la producción de bioetanol, la comercialización de este combustible llegará a otras ciudades del país, inicialmente con una mezcla que contenga un 8% de etanol anhidro, de acuerdo con la normativa vigente, que podrá ser incrementada gradualmente hasta un 25%, de acuerdo con la Ley 1098, de aditivos de origen vegetal.

Como nos lo recuerda el analista Zaratti, la producción boliviana de gasolina en 2017 llegó en promedio a los 24.000 barriles al día (bbl/d), y la demanda del mercado interno fue de 32.000 bbl/d, por lo que el país tendría que importar hasta 380 millones de litros de gasolina hasta 2025, y enfatizó que el posicionamiento de etanol en el mercado energético boliviano surge en un momento de baja producción de gas por parte de YPFB.

El etanol derivado de la caña de azúcar es uno de los combustibles alternativos más conocidos, pero no es el único. Conocido también como bioetanol ya es producido en los países desarrollados como EEUU, donde lo hacen de maíz, y en Rusia y el norte de Europa de remolacha.

En América Latina, fue Brasil el que empezó a producir hace casi 30 años. Luego siguieron países como Ecuador y República Dominicana. Ahora también está nuestro país.

El uso del etanol como combustible empezó casi paralelo a la invención del motor de combustión interna, pero el descubrimiento del petróleo y sus precios bajos desplazaron su uso.

Rolando Kempff Bacigalupo es economista, presidente de la Cámara Nacional de Comercio, y de Fundempresa: Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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Construcción, motor de la economía que está en crisis

/ 25 de septiembre de 2020 / 03:17

El sector de la construcción —considerado como uno de los motores de la economía— está en un periodo de decrecimiento económico. Según los datos del Índice Global de la Actividad Económica (IGAE) del INE, a abril, la actividad de la construcción bajó 48%, si se lo compara con el registro a abril de 2019.

La producción de las cinco empresas cementeras del país (Soboce, Coboce, Fancesa, Itacamba y Ecebol) bordean las 6 millones de toneladas al año. Si el Gobierno no aprueba proyectos de gran envergadura, como obras hidroeléctricas, aeroportuarias, caminos asfaltados y exportaciones, se tendrá un exceso de oferta, que puede traer problemas adicionales.

Los datos del INE muestran la existencia de una capacidad instalada suficiente para abastecer la demanda interna. Esto muestra la urgencia de ejecutar proyectos de infraestructura estratégicos pendientes que lograrán la exportación de cemento. La actividad de la construcción vive una desaceleración desde 2016, y en 2019 se tradujo en un crecimiento de solo 1,91%, inferior al aumento del PIB de la economía nacional de ese año, que fue del 2,22%. Ahora, esta reducción de su crecimiento se convirtió en recesión, con una caída en el PIB de 9%.

Todas las medidas de cuidado sanitario dispuestas por el Gobierno para reducir los efectos del COVID-19 en la población, como el confinamiento, paralizaron casi toda las actividades, entre ellas la construcción. El consumo de cemento acumulado en el primer cuatrimestre de este año (enero-abril) llegó a 787.586 toneladas métricas, frente a 1.197.487 toneladas métricas en los cuatro primeros meses de 2019. Otro indicador que tuvo una caída abrupta fue el de los permisos de construcción que otorgan los gobiernos municipales. Según el IGAE, los tres primeros meses de este año las alcaldías dieron permisos para construir 215.634 metros cuadrados, cuando en 2019 llegaron a 655.030 metros cuadrados, una reducción de algo más del 60%.

Con esta información en mano coincidimos con el Centro de Estudios Económicos y Desarrollo (CEED) de la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecocruz) y las Cámaras de Construcción de Bolivia, cuando afirman que el sector enfrenta una situación muy difícil, que demanda del Gobierno medidas adecuadas y oportunas, como cancelar todas las deudas que tienen las instituciones públicas por planillas de avance de obras impagas, y la puesta en marcha en el menor tiempo posible del “Programa Intensivo de Empleo” a cargo del Fondo Nacional de Inversión Productiva, Social, más otras medidas para reactivar el sector.

De acuerdo con el INE, entre enero y junio de este año la actividad económica tuvo una caída del 7,96%, comparada con similar periodo de 2019. Este descenso se debió al impacto negativo que sufrieron la minería, la construcción y el transporte, por la cuarentena.

La Cámara Boliviana de la Construcción (Caboco)  fue enfática al remarcar que la pandemia agravó la situación de las empresas constructoras que exigen al Gobierno, desde hace muchos meses, el pago de deudas por concepto de obras entregadas y en ejecución, cuyo monto es de aproximadamente Bs 2.500 millones.

Se estima que el sector de la construcción genera en el país aproximadamente un millón y medio de fuentes de trabajo, entre empleos directos e indirectos. El rubro de las empresas constructoras sostiene el 8% del empleo total en Bolivia y cada año absorbe el 25% de los puestos nuevos que se crean y tienen repercusión directa sobre una cadena de actividades económicas como la provisión de materiales industriales, los diseños de obra, el transporte y los servicios, remarcó Ronald Nostas, presidente de los empresarios de Bolivia. En marzo, durante el primer Foro Boliviano de la Construcción, las autoridades del Gobierno se comprometieron a atender de forma prioritaria los principales problemas del sector, como el pago de planillas de proyectos concluidos y en ejecución, liberación de garantías de proyectos concluidos.

El 2019, el consumo de cemento en Santa Cruz llegó a 1.059.160 toneladas; el segundo mayor consumidor de este año fue Cochabamba con 993.097 toneladas y La Paz ocupó el tercer lugar con 877.385 toneladas. Los tres suman 2.929.6542 toneladas, que representan el 74,03% del total nacional. La afirmación de que la construcción está en crisis se refuerza con los indicadores expuestos y son preocupantes por la caída del PIB de entre 8% y 9%.

Rolando Kempff Bacigalupo es economista, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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Normas claras para activar el sector productivo

/ 31 de agosto de 2020 / 02:39

Si queremos que el sector privado coadyuve de manera activa en la solución de los problemas nacionales —como lo dijimos en reiteradas oportunidades —, necesitamos que el país tenga normas claras y definidas, para coadyuvar al sector privado.

Se estima que las pérdidas del sector comercial, en lo que va del año, ascienden a unos $us 1.500 millones, fruto tanto de la recesión económica como de las cuarentenas rígidas y flexibles, y bloqueos por la crisis política que han paralizado el país.

Solo en la cuarentena rígida de marzo el sector ha perdido $us 400 millones. Los 15 días del bloqueo que vivió el país han significado por lo menos $us 70 millones de pérdidas para el sector empresarial del comercio, transporte y turismo.

En este escenario, hace pocos días la Cámara Nacional de Comercio presentó al Gobierno el proyecto de Ley Nacional de Pausa Regulatoria e Impulso a la Inversión, que servirá como instrumento para encarar satisfactoriamente estos problemas.

Esta organización empresarial recuerda que «Bolivia enfrenta una tormenta perfecta que afecta la dinámica empresarial del país debido a la triple crisis provocada por la emergencia sanitaria, una economía que sufre la recesión más fuerte de los últimos 100 años con una caída del 7% del PIB, y la inestabilidad política. Los efectos de esta triple crisis constituyen seguramente el mayor reto de la historia de Bolivia y por lo tanto las respuestas y acciones deben estar a la altura de este desafío».

La ley que plantea esta organización empresarial permitiría instaurar un marco regulatorio flexible en los ámbitos tributario, financiero, laboral y otros inherentes a la actividad económica formal. También está pendiente renovar el contrato para la administración de Fundempresa, planteado por las organizaciones empresariales como la CNC, la CNI, la CEPB y federaciones departamentales.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en su más reciente informe sobre comercio internacional e integración, señala que hasta mayo el volumen del comercio mundial acumuló una caída de -17%, y el valor del comercio de América Latina y el Caribe se redujo en casi un cuarto en 2020 (-23%).

El actual Gobierno —en el poco tiempo que le queda en la administración del país— y el que salga elegido de los próximos comicios, debe aplicar políticas para la generación de «empleos dignos» y reactivar la economía.

También se tiene pendiente la renovación de la concesión del registro de comercio (Fundempresa), como tema prioritario por los empresarios.

Para llevar adelante estas tareas, el sector privado ofrece a sus profesionales para aportar en la «proyección del futuro». Las autoridades nacionales deben conformar, con carácter de urgencia, un Comité Interinstitucional de Coordinación y Articulación Público-Privado para la Reactivación de la Economía y el Empleo de Bolivia.

En este panorama preocupante, surgen caminos que permiten incentivar el comercio en este periodo de cuarentenas. Estamos hablando del “e-commerce”, una opción de comercio con soporte electrónico, poco aprovechado en los últimos años.

Ahora, el e-commerce es la opción que facilita comparar precios, comprar y vender a cualquier hora, permitiendo no solo ahorrar sino también evitar el contacto físico.

Rolando Kempff Bacigalupo es economista, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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La CNC está firme en sus principios de digitalización

/ 14 de agosto de 2020 / 02:02

La empresa que sobreviva esta crisis será aquella que enarbole la innovación y tenga un enfoque sostenible de los negocios. De esta forma estará preparada para enfrentar la competencia e impulsar su crecimiento.

Se busca que las empresas tengan mayor productividad y mejor competitividad sectorial, el desafío es impulsar la Economía 4.0, de transformación digital de las organizaciones empresariales privadas.

La Cámara Nacional de Comercio (CNC) de Bolivia participó de este importante lanzamiento, el “Plan de digitalización de las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyME’s) para el comercio exterior de Bolivia”. Se trabajó conjuntamente con el Ministerio de Relaciones Exteriores y su Viceministerio de Comercio Exterior e Integración. Este importante programa desarrollado por la Organización de los Estados Americanos (OEA), y Kolau, socio estratégico de Google, permitirá la creación de páginas web y el servicio de georreferenciación y promoción en línea de bienes y servicios que brindarán una  plataforma en Google para las micro, pequeñas y medianas empresas bolivianas de manera gratuita.

Desarrollar la cultura digital en Bolivia es vital para generar mejores condiciones de vida y reactivar la economía. Para esta reactivación económica es necesario fortalecer a las micro, pequeñas y medianas empresas, ya que en Bolivia el mayor número de compañías registradas son unipersonales —micro y pequeños emprendimientos— que representan un 80% del total de las empresas formales del país. Tenemos un déficit en la oferta de bienes y servicios digitales.

Es importante en este tiempo ver que los nuevos escenarios de hacer comercio en el país y el mundo nos dicen que la digitalización de las empresas ya no es una opción, sino una necesidad, es por esto que hoy comienza el Plan de Digitalización para un mínimo de 10.000 MiPyME’s por año, por tiempo indefinido y de manera gratuita, lo cual les permitirá difundir y comercializar sus productos tanto en Bolivia como en mercados internacionales; así seguiremos fortaleciendo el comercio exterior y generando mayores fuentes de empleo, para seguir aportando al crecimiento económico de nuestro país.

A pesar de las vicisitudes por las que atraviesa el sector empresarial, hemos visto que los empresarios y emprendedores están dispuestos y tienen el potencial para reinventarse. Es por eso que la Cámara Nacional de Comercio estará para coadyuvar y asesorar a las MiPyME’s en su proceso de transformación digital.

En Fundempresa —la mejor muestra de articulación público-privada—, que maneja el registro de comercio en Bolivia, tenemos más de 320.000 empresas registradas y trabajaremos en el marco de este programa para digitalizarlas, haciéndolas más productivas y competitivas en el mercado nacional e internacional.

La integración comercial de Bolivia, con  cadenas de valor efectivas y eficientes, que nos permita crear industrias y servicios fuertes, competitivos y capaces de atraer clientes desde el exterior, con empresas formales altamente innovadoras y conectadas con los principales mercados del mundo, como la Comunidad Económica Europea, con 800 millones de consumidores, la Comunidad Andina y el Mercosur.

Planteamos al país la necesidad de desarrollar una Nueva Política Comercial de Integración y Desarrollo, con la creación del Consejo Económico y Social, en el que el sector privado y público puedan encontrar un espacio institucional de discusión y desarrollo de políticas públicas en pro del emprendimiento y la inversión.

Poner en vitrinas mundiales nuestra cultura permite también abrir mercados para nuestras industrias de alimentos, textiles, maderas y cueros, entre otras. La lista es interminable, pero la idea esencial es que la vinculación productiva es más necesaria que nunca. Por eso se recomendó a la Cancillería la creación de la Agencia de Promoción de Exportaciones, Turismo e Inversiones en las delegaciones de Bolivia en el exterior.

Rolando Kempff Bacigalupo es economista, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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