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miércoles 3 mar 2021 | Actualizado a 23:24

Opiniones irresponsables

/ 25 de enero de 2021 / 02:18

En los últimos días, se han difundido opiniones sobre la medida de reprogramación y refinanciamiento de créditos lanzada por el gobierno de Luis Arce Catacora, las cuales considero que más que clarificar el tema han contribuido a desinformar y generar dudas en la población, por lo cual, en mi calidad de economista, me veo en la necesidad de aclarar ciertos aspectos, particularmente el referido al periodo de gracia.

Empecemos con una diferenciación entre periodo de gracia y diferimiento. Se entiende por diferimiento al congelamiento de pago de obligaciones crediticias por un periodo de tiempo determinado, las cuales serán trasladadas al final del periodo de vida de un préstamo; sin embargo, es importante señalar que no solo se congela el pago de cuotas crediticias, sino también el vínculo de relación entre las entidades de intermediación financiera y los prestatarios. ¿Qué quiere decir ello? Que los prestatarios no podrán gozar de nuevos préstamos o necesidades de financiamiento. Esto se convierte en un contexto que no favorece ni al prestatario, ni a los bancos.

¿Y qué quiere decir un periodo de gracia? En términos sencillos concede el mismo alivio de deuda que un diferimiento, ya que no se paga la cuota de interés ni capital; sin embargo, cuenta con una ventaja adicional que distingue este periodo con el diferimiento: la continuidad de la relación financiera entre bancos y prestatarios, es decir, si el prestatario muestra una recuperación en su nivel de ingresos y/o desea invertir en un negocio, podrá apersonarse a su entidad de intermediación financiera para pagar sus cuotas o adquirir un nuevo préstamo sin ningún problema, situación que se le negaba en un contexto de diferimiento.

Es importante aclarar que para existir un periodo de gracia, necesariamente debe haber una reprogramación y/o refinanciamiento de créditos, por lo que el Gobierno implementó dicha medida para la reconstrucción y reactivación de la economía boliviana. Con respecto a los desacertados argumentos de riesgos en la solidez y la liquidez del sistema financiero se debe mencionar que ante el desconocimiento de medios de comunicación, la liquidez del sistema financiero se encuentra en uno de sus niveles más altos históricamente, la cual a mediados de enero del presente año alcanzó los $us 2.087 millones, que representa un crecimiento de 156,6% con respecto a enero de 2020.

Además, el acuerdo realizado entre el sector de autotransporte y el Gobierno señala que ante alguna necesidad de liquidez en el sistema financiero, el Banco de Desarrollo Productivo SAM podrá inyectar recursos para resguardar la estabilidad en la banca, un punto muy importante que refleja una correcta gestión integral de riesgos financieros a nivel macroeconómico En esa línea, hay opiniones que acusan al Gobierno de haber mostrado debilidad política al ceder ante las peticiones de algunos sectores movilizados, no obstante, dicha aseveración se aleja de la realidad, ya que como se explicó anteriormente existe una importante diferencia entre el periodo de gracia y el diferimiento, donde este último fue descartado por las externalidades negativas que podría generar. En ese marco, el Gobierno mantuvo una postura responsable y con alto nivel profesional, implementando una medida que se caracteriza por haber encontrado el equilibrio entre estabilidad financiera y alivio a los prestatarios.

Llama la atención el rol de desinformación que jugaron muchos “analistas”, cuando durante el gobierno transitorio mantuvieron un comportamiento pasivo ante la mala implementación de las medidas financieras y el abuso de algunos bancos grandes en el país. Por ejemplo, en ningún momento se mostró que el diferimiento mal implementado durante la transición puso en riesgo la inclusión financiera, pilar importante que se constituyó en el principal motor del desarrollo económico y financiero. Podría citar muchos ejemplos más, pero me limitaré a sugerir respetuosamente a los “analistas” a evitar la desinformación.

  Miguel Clares es economista financiero.

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Rompiendo los eufemismos del FMI

/ 3 de marzo de 2021 / 03:45

Hace días varios opinadores económicos salieron en medios de comunicación al estilo de “cuenta cuentos”, aseverando que el Gobierno cometió un error al devolver el crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) pactado durante el gobierno transitorio de Jeanine Áñez, entre ellos Alberto Bonadona, quien asegura que el préstamo no se trataba de un crédito en sí y que se trata de una medida política y no económica.

Empecemos con la primera opinión errónea por parte de los “cuenta cuentos”, el préstamo realizado por el FMI en abril de 2020 por $us 327 millones se trataba de un crédito, ya que éste generaba pago de capital e intereses; es importante señalar que acá y en China, por no decir en cualquier parte del mundo, cualquier pago que contemple intereses y comisiones tiene la definición de crédito. Y no así como pregonan los opinadores económicos.

Por otra parte, llama la atención el pánico que tratan de transmitir estos políticos disfrazados de “analistas” al mencionar que se cometió un error en la devolución de dicho crédito; denominemos esta acción como “doble moral” ya que el año pasado varios de estos opinadores mencionaban que el crédito debería ser devuelto o fue un error contraer deuda con el FMI, y ahora en un intento de búsqueda de fama de cinco minutos aseveran que la medida fue errónea.

Es necesario señalar nuevamente que el crédito del FMI gestionado por las exautoridades autoproclamadas se encontraba en la ilegalidad al no cumplir con la Constitución Política del Estado (CPE) y poner en riesgo la libertad y soberanía económica del país; si leemos la CPE en sus artículos 158 y 322, nos damos cuenta de que cualquier préstamo/crédito que el país solicite debe ser aprobado para su desembolso y ejecución por la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), acción que no se dio durante el gobierno transitorio, aceptando el desembolso sin el visto bueno de la ALP durante abril de 2020, y además incurriendo ya en costos financieros al pagar la comisión por desembolso impuesta por el FMI de $us 1,6 millones.

Si realmente dicha operación no se trataba de un crédito y Bolivia no se estaba endeudando con el FMI, ¿por qué se empezó a cobrar comisión e intereses?, ¿por qué la expresidenta autoproclamada en reiteradas ocasiones pedía a la ALP que apruebe el desembolso de dicho crédito? Son preguntas cuyas respuestas dejan en “jaque” a los opinadores económicos y exautoridades de transición.

Y por si fuera poco, en un intento de engaño a la población boliviana, las exautoridades de facto en el Banco Central de Bolivia ocultaron la operación de deuda con el FMI del registro de estado mensual de deuda externa que publicaba la Gerencia de Operaciones Internacionales de la entidad en cuestión, engaño que salió en los medios de comunicación el 12 de agosto de 2020 y acción por la cual no se hicieron responsables ni dieron explicación alguna; queda claro entonces que las exautoridades autoproclamadas buscaron los medios para encubrir la ilegalidad de la deuda contraída con el FMI.

Por último, el exministro José Luis Parada y el expresidente del Banco Central de Bolivia Guillermo Aponte en ningún momento tuvieron la intención de explicar a la población boliviana el condicionamiento del crédito del FMI, el cual claramente se encontraba escrito en el acuerdo de deuda entre Parada, Aponte y el FMI, donde se mencionaba que “Bolivia considerará un cambio gradual hacia mayor flexibilidad del tipo de cambio en el mediano plazo”. ¿Esto qué quiere decir?, que Bolivia iba a presentar cierto “entreguismo” en materia fiscal, monetaria y financiera hacia el FMI, perdiendo así la libertad económica y aceptando las viejas recetas del FMI que años atrás trajeron desigualdad y crisis económica al país.

Para que los opinadores económicos logren entender la gravedad del asunto y lo acertado de la devolución del crédito del FMI, les pondré un ejemplo de novela donde una madre interesada obliga a su hija a casarse con un hombre solo por su dinero, donde la hija se encuentra obligada a aceptar todas las condiciones del hombre solo por su dinero; el lector sabe quiénes son los personajes.

   Miguel Clares es economista.

 

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