Voces

lunes 17 may 2021 | Actualizado a 16:01

De los ‘megas’ al colonialismo de datos

/ 19 de febrero de 2021 / 00:41

“Al fin tengo megas”, palabras tan comunes en tiempos de pandemia que traen consigo variados e insospechados significados e implicancias. En principio, la posesión de unos megas, por lo tanto la posibilidad de conexión por medio digital, se ha convertido en un indicador de desigualdad social; mientras unos ciudadanos pueden acceder y producir bienes culturales compartidos a escala global, otros son marginados, ampliando la “brecha participativa política” y limitando las condiciones de vida, expresiones de la pobreza del siglo XXI.

En la vida diaria, el acceso a la tecnología digital ha generado nuevos imaginarios que configuran el modo de vivir y pensar de muchas personas. Por ejemplo, en medio de todo esto se encuentran personas cuya razón de vida es convertirse en influencers, TikTokers o youtubers; directivos y profesionales del sector de educación que aseguran que la educación, al convertirse en virtual, se modernizará y será mejor automáticamente; personas que abiertamente prefieren que la comunicación virtual se realice mediante textos cortos y “mejor si tiene imágenes”, etc. Es más, si están conectados a Google, Facebook u otras aplicaciones se encuentran con sorpresas; por ejemplo, sin haberlo solicitado les llega una recopilación de las noticias o un conjunto de publicidad relacionadas a sus anteriores búsquedas; un resumen de las principales imágenes que colgaron en las secciones “Noticias” y “Tu historia”, así como un resumen de referencias de todos los lugares que visitaron en el mes precedente. ¿Alguien sabe qué noticias son de su preferencia, conoce qué buscan en lo comercial y se encarga de resumir lo que cuelgan en las redes sociales?, ¿usted solicitó o, al menos, autorizó “que le hagan este trabajo”? En palabras de común uso se diría, al parecer “alguien nos tiene chequeados y entra a nuestra vida sin permiso”.

Estos ejemplos son expresiones de la transición entre la tercera y cuarta revolución industrial que vivimos en el planeta. “… la tercera revolución se masificó cuando se desarrolló la informática en las industrias, la programación en el modo de producción y se incorporó la robótica al ensamblaje de mercancía. La cuarta revolución industrial implica la integración de la inteligencia artificial, informática, análisis de metadatos, reconocimiento biométrico, biología digital, conexión 5G y 6G, internet de las cosas y robótica de cuarta generación en los procesos industriales y la cotidianidad…” (Bonilla Luis, 2020) Entonces, nos referimos a un fenómeno que paulatinamente está ingresando a nuestra cotidianidad y que modifica radicalmente el reordenamiento de la sociabilidad, producción, consumo, democracia, trabajo, política, cultura y educación.

Aún más, en el último tiempo como producto de la pandemia del COVID-19, la irrupción de la cuarta revolución industrial se ha acelerado. Entre otros aspectos, se ha dado mayor apertura al teletrabajo, la telemedicina, el comercio electrónico (recuerden los ahora famosos delivery), las transacciones financieras digitales, educación virtual, etc. Pero no solo eso, sino que “Estamos entrando a una era colonial nueva, la era del colonialismo de datos” (Harari Yuval, 2021) que supone: “La captura y el procesamiento de datos sociales se efectúan a través de un proceso que llamamos relaciones de datos, lo que garantiza la conversión ‘natural’ de la vida diaria en un flujo de datos digitales. El resultado es nada menos que un nuevo orden social, basado en una vigilancia continua que ofrece oportunidades sin precedentes para la discriminación social y la influencia del comportamiento.” (Mejías Ulises y Couldry Nick, 2019)

Dejemos claro, alertar sobre estos temas no supone negar los avances y aportes de la tecnología, es hacernos conscientes de la situación, actuar éticamente y ser coherentes con la naturaleza propia de las y los seres humanos. La tecnología de la cuarta revolución industrial será bienvenida mientras se constituya en un bien público y sea parte de la soberanía de los Estados. En el campo específico de la educación será válido si contribuye a la asunción crítica y reflexiva de los nuevos tiempos históricos. Como dice Paulo Freire, “es la conciencia del mundo la que crea mi conciencia”, para complementar desde la opción ética: “el mundo se salva si todos, en términos políticos, peleamos para salvarlo.”

No había sido tan inocente ni simple la expresión “tengo megas”… algo tenemos que hacer.

  Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Campaña ‘Bolivia Lee’

/ 14 de mayo de 2021 / 02:21

Lastimosamente no todas las personas podrán leer este artículo. En unos casos, porque nunca tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir (analfabetismo absoluto) y, en otros, porque luego de aprender a leer y escribir dejó de practicar estas capacidades en situaciones habituales (analfabetismo funcional o por desuso). Pero no se trata solo de leer este artículo sino, como menciona la Unesco, la adquisición y el perfeccionamiento de las capacidades de lectoescritura a lo largo de toda la vida son parte intrínseca del derecho a la educación. La alfabetización contribuye a empoderar a los pueblos, participar plenamente en la sociedad, mejorar la calidad de los medios de subsistencia y es determinante para generar mayor participación de las personas en el mundo del trabajo y producción, reducir la pobreza y desigualdad social, sentar las bases para la continuidad de estudios, así como para ampliar las oportunidades de desarrollo personal durante la vida.

Comprendiendo esa situación, desde 2006, el Estado boliviano emprendió un sostenido proceso de formación en lectura, escritura y aritmética básica para personas mayores de 15 años mediante el Programa Nacional de Alfabetización “Yo, sí puedo”. Posteriormente, en la gestión 2009, con el propósito de ofrecer oportunidades de formación a las personas alfabetizadas hasta el sexto de primaria dio inicio al Programa Nacional de Post-alfabetización “Yo, sí puedo seguir”. Los logros en relación a las tasas de alfabetización son contundentes, del 13,28% (año 2001) se redujo al 2,26% (2019), ratificándose Bolivia como un Estado libre de analfabetismo, mientras la Post-alfabetización, entre 2010 y 2019 graduó al nivel de sexto de primaria a casi 163.000 personas.

Pese a estos logros, siempre quedó latente la preocupación sobre las personas alfabetizadas que por haber dejado de leer y escribir nuevamente se conviertan en analfabetos, esta vez “por desuso”. Se es analfabeto por desuso por distintos motivos, pero fundamentalmente porque no tiene un “contexto alfabetizador”, porque en su vida cotidiana no puede acceder a libros, revistas, periódicos, etc., o porque nadie o nada le motiva a utilizar sus capacidades de lectoescritura. La lección es clara y contundente, no leen ni escriben quienes, aun siendo personas alfabetizadas, no tienen motivación para cumplir con este propósito; no es suficiente alfabetizar, hay que generar y mantener de manera permanente el hábito de la lectura.

La lección además de aprendida, junto a la alfabetización y post-alfabetización, fue motivo de creación de la estrategia denominada “Movilización social y cultural” y con ella de la campaña “Bolivia Lee”. En ocho campañas “Bolivia Lee”, en el periodo 2012-2019, se recolectaron 1.100.558 libros donados por la población y con éstos se pusieron en funcionamiento 3.878 bibliotecas comunitarias, entre ellas 42 bibliotecas municipales. Las jornadas de recolección de libros se convirtieron en procesos de movilización social y la expresión de otra forma de solidaridad: la donación de libros. Las bibliotecas comunitarias democratizaron el acceso a medios que motivan el hábito a la lectura y promovieron actividades culturales en los barrios, sindicatos, clubes de madres, iglesias, cárceles, etc. Además se contribuyó a que el sistema educativo desarrolle procesos de capacitación a maestros sobre lectoescritura, maratones de lectura y la realización del Día Plurinacional de la Lectura. En el sistema educativo comenzó a cumplirse el lema “Bolivia Lee”.

Hace unas semanas se anunció el inicio de la campaña “Bolivia Lee” en su novena versión, ¡en hora buena! Es tiempo de aportar con la donación de libros, ¡qué mejor expresión de solidaridad!; de rebelarse a la sociedad del desecho, reutilizar el libro leído; cuidar nuestros bosques, no olvide, a más textos impresos más árboles sacrificados. También es tiempo de asumir nuevos retos, entre ellos, incentivar el hábito de la lectura placentera y autónoma en el conjunto de la sociedad como forma de garantizar la educación a lo largo de la vida. Leer libros y otras fuentes y soportes de la lectura, incluyendo los medios virtuales. “La lectura es justamente bisagra y punto de encuentro entre la educación y la cultura” (Rosa Ma. Torres). Leer no solo la palabra sino el mundo. “La comprensión del texto a ser alcanzada por su lectura crítica implica la percepción de relaciones entre el texto y el contexto” (Paulo Freire).

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Vivir Bien: otro mundo es posible

/ 30 de abril de 2021 / 02:23

Estamos en tiempos de desastres naturales, crisis de múltiples factores y ahora de pandemias que marcan un quiebre civilizatorio y ponen a la humanidad en un dilema ético entre una manera de concebir el desarrollo y la vida. Es necesario construir otros paradigmas y referentes epistemológicos que transformen de raíz los modelos de civilización. Una respuesta es el Vivir Bien, entendida como “diálogo con y desde nuestras culturas, es una concepción de vida, es una cultura de vida” (Plan Nacional de Desarrollo de Bolivia Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien – PND, 2006).

El Vivir Bien es un cuestionamiento a las pautas civilizatorias occidentales concebidas desde el colonialismo y capitalismo, así como en los modelos de desarrollo de la llamada “civilización del progreso” que se sustentan en un incremento constante de producción y circulación de bienes, el carácter consumidor del ser humano por sobre otras dimensiones de su existencia, la naturaleza como proveedora permanente de bienes, en constante explotación y el mercado como regulador de la economía. Sin embargo, en los hechos, no aparecen los resultados prometidos y el supuesto progreso pone en peligro la existencia de la Madre Tierra y la humanidad. Esa situación motiva que en Rio +20 se afirme “El modelo de desarrollo mundial actual es insostenible”.

El Vivir Bien es una concepción biocéntrica porque preserva la existencia de todos los “seres vivos”, téngase en cuenta que en el planeta no solo las personas son seres vivos. Es una propuesta que parte de nuestras culturas, se crea y recrea a medida que pasan los tiempos como expresión de la dinámica permanente de nuestras culturas para beneficio de la sociedad global.

Vivir Bien, en Bolivia, es parte substancial del pacto social expresado en la Constitución Política del Estado del 7 de febrero de 2009 que, a tiempo de reconocer la diversidad de las cosmovisiones de sus pueblos y naciones, afirma: “El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa; suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble)” (artículo 8, parágrafo I).

Desde lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo puesto en práctica desde 2006, luego de establecer los aspectos comunes planteados por las distintas culturas que son parte del territorio boliviano, Vivir Bien “es el acceso y disfrute de los bienes materiales y de la realización afectiva, subjetiva, intelectual y espiritual, en armonía con la naturaleza y en comunidad con los seres humanos.”

Este concepto se sustenta, primero, en la complementariedad entre el acceso a los bienes materiales en lo necesario (tangible) y la realización afectiva, subjetiva, intelectual y espiritual (no tangible). Segundo, supone el equilibrio y la armonía con la Madre Tierra, y establece que somos parte de un todo en la relación: ser humano, comunidad, naturaleza y cosmos; es una visión holística cuya base es la vida, por eso nos referimos a una concepción biocéntrica que es mucho más que desarrollo sostenible y desarrollo humano. Tercero, el Vivir Bien expresa el encuentro entre pueblos y comunidades, respeta la diversidad e identidad cultural. Significa “Vivir Bien entre nosotros”, es una convivencia comunitaria con “interculturalidad y sin asimetrías de poder, “no se puede Vivir Bien si los demás viven mal”. Se trata de vivir como parte de la comunidad, “Vivir Bien contigo y conmigo” (PND, 2006), es construir la convivencia en comunidad, donde todos los integrantes se preocupan por todos.

Vivir Bien no es Vivir Mejor. Mientras las naciones y pueblos indígena originarios proponen para el mundo el Vivir Bien, el capitalismo sostiene el Vivir Mejor. “Las diferencias son claras: el vivir mejor significa vivir a costa del otro, explotando al otro, saqueando los recursos naturales, violando a la Madre Tierra, privatizando los servicios básicos; en cambio el Vivir Bien es vivir en solidaridad, en igualdad, en armonía, en complementariedad, en reciprocidad…” (PND, 2006)

En tiempos de pandemia que trastocan la existencia de los seres humanos, así como la interrelación de la humanidad con la Madre Tierra, cabe plantearse propuestas que transformen de raíz los modelos civilizatorios. En ese contexto, Vivir Bien es una opción ética para hacer posible otro mundo, depende de nosotros.

  Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Vacunas, ¿la vida o el negocio?

/ 16 de abril de 2021 / 01:56

Venki Ramakrishnan, premio Nobel de Química 2009, al referirse a los efectos del coronavirus, dice: “Este pequeño virus puede causar que la gente se comporte de la mejor y de la peor manera”. Esta afirmación, tan cierta para estos tiempos, con la “guerra de las vacunas”, lamentablemente se está convirtiendo en el peor comportamiento de determinados Estados, entidades financieras y grandes empresas farmacéuticas y del mundo de la biotecnología.

En los momentos más difíciles de la pandemia nos prometimos más solidaridad y equidad, manifestamos que la vida de la humanidad nos preocupaba, pero hoy, cuando todavía está presente el COVID-19, muchos compromisos parecen quedar solo en promesas. Nos alegramos porque en un año se desarrollaron varias vacunas pero inmediatamente, en medio de nuestras esperanzas, aparecen grandes preocupaciones como la producción insuficiente, acaparamiento, lucro y fundamentalmente porque las vacunas se convierten en mercancía del mundo capitalista, dejando de lado su principal objetivo: “salvar vidas”.

Distintas informaciones publicadas recientemente, aunque con cierto grado de confidencialidad, señalan que en 2021 se fabricarían cerca de 3.000 millones de dosis, lo que apenas alcanzará a poco más de un tercio de la población mundial; si se considera que se requiere vacunar al 70% de la población global, única manera de derrotar la pandemia, la producción es insuficiente, además que está concentrada en pocas empresas y países cuando existe capacidad instalada en varios Estados de la mayoría de los continentes.

El acaparamiento de vacunas por parte de los países ricos también es evidente y trae consigo otras consecuencias. Existen países que dispondrán de vacunas en una cantidad mayor a la requerida, en algunos casos hasta seis veces más de lo que necesitan para enfrentar la crisis sanitaria. Hasta el presente, se calcula que los 10 países más ricos han aplicado el 76% de todas las vacunas producidas a nivel mundial, mientras que los habitantes de 130 países no recibieron dosis alguna. ¿Qué explica todo esto? Mucho antes de la conclusión del periodo de pruebas, los países de mayores ingresos compraron grandes cantidades de vacunas por medio de contratos secretos. La demanda de antígenos ha crecido y el mercado tiende a encarecer el precio de las vacunas.

Se ha generado otra forma de exclusión y desigualdad entre países ricos y pobres y lo que es peor, así no se erradicará la pandemia en todo el mundo. Que no exista vacuna para todo el planeta es similar a apagar el incendio de solo un piso cuando todo el edificio está en llamas. Aparece una sutil diferenciación entre los países vacunados y no vacunados, lo que se ha convertido en el “apartheid de las vacunas”. Por otro lado, el control del mercado de las vacunas comienza a acentuar las diferencias o cercanías ideológicas y políticas entre los Estados y un estilo de diplomacia con fines geopolíticos en el que se intercambian favores políticos, restricciones sanitarias, ventajas comerciales y fundamentalmente acentúan las asimetrías.

Ante esta difícil situación se ha generado un movimiento mundial que está luchando para que las vacunas lleguen a todo el mundo. Así, con el propósito de garantizar un acceso justo y equitativo a las vacunas para al menos el 20% de la población de todos los países del mundo, la OMS y la Alianza GAVI para las Vacunas y la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI) decidieron impulsar un acuerdo global denominado COVAX, situación que cada vez más parece que no se consumará por el incumplimiento de compromisos de los países de mayores ingresos. Por su parte, la India y Sudáfrica, 100 países y otras 370 organizaciones internacionales, así como la campaña global “Por una vacuna del pueblo”, solicitaron levantar las patentes, compartir libre y abiertamente el conocimiento tecnológico, no permitir la especulación durante la pandemia y anteponer la vida de las personas a los monopolios empresariales.

No hay respuestas favorables y la pandemia nos sigue afectando. Los caminos que tomamos para controlar el virus se están esfumando. Tenemos que contribuir a cambiar esta historia y hacer que las vacunas se conviertan en un bien público, accesible de manera equitativa para toda la humanidad. ¡Es tiempo de defender la vida!, ¡Vacunas para todo el mundo!, ¡Liberalización de las patentes de las vacunas!

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¿Privatización de la educación en pandemia?

/ 2 de abril de 2021 / 03:25

“Los desastres naturales, las guerras, las crisis económicas y ahora las pandemias —y sus consecuencias— se caracterizan por el ‘capitalismo del desastre’,… durante el ‘shock’ que supone lidiar con la crisis, el sector privado suele dar un paso al frente con ‘soluciones’ de mercado calculadas y gratuitas para resolver ‘problemas’ públicos aparentemente irresolubles… estas soluciones a menudo explotan y exacerban las desigualdades existentes y se sustentan en los intereses del sector privado: obtener beneficios y maximizar el valor para los accionistas”, comienza señalando el informe de la investigación La comercialización y la privatización en y de la educación en el contexto de la COVID-19, realizada en 2020 por encargo de la Internacional de la Educación, Federación internacional de sindicatos de docentes y trabajadoras/es de la educación, con el objetivo de “catalogar las poderosas redes de agentes y coaliciones comerciales de las tecnologías de la educación que se están uniendo para determinar cómo deben responder los sistemas educativos a la pandemia de COVID-19.”

Pero, ¿cuál la importancia de la investigación? El COVID-19 afectó a los sistemas educativos del mundo y puso de moda a la educación virtual, las tecnologías de la educación y la intervención de las organizaciones transnacionales de la industria de estos rubros se han convertido en componente fundamental de las políticas educativas.

Coincidentemente, en Bolivia, gestión 2020, los responsables del Ministerio de Educación anunciaron que la educación virtual “modernizará la educación” y que los acuerdos con empresas transnacionales como Google y Microsoft ayudarán a mejorar la educación. En ese contexto, sin dejar de reconocer las virtudes de la tecnología ni los posibles aportes de las empresas, por un acto de soberanía y pertinencia es necesario conocer y evaluar “la otra cara” de la educación virtual, principalmente, del rol asumido por la industria de las tecnologías de la educación, esa precisamente la importancia de la investigación cuyos resultados, en resumen, son los siguientes:

1) La industria mundial de la educación, privadas y comerciales, a menudo ha marcado la agenda educativa, ofertado soluciones técnicas a los gobiernos y abogado por reformas a largo plazo que supondrían la integración de empresas tecnológicas privadas en los sistemas educativos públicos tanto durante el COVID-19 como a posteriori. 2) Se han generado alianzas público-privadas que permiten a los proveedores comerciales de tecnologías de la educación un mayor protagonismo de sus productos, así como animar a escuelas, docentes, padres y madres a usarlos. Así se incrementa la importancia del sector privado en la regulación y prestación de servicios educativos. 3) La filantropía, como la de la Fundación Gates, está reinventando la educación al amparo de la pandemia y cobrando autoridad en estas gestiones. Dedica fondos multimillonarios a diversos programas de tecnologías de la educación para consolidar la intervención a largo plazo del sector privado y la tecnología comercial en la educación pública. 4) Se está creando un mercado para las tecnologías de la educación, el COVID-19 se constituye en un catalizador para capitalizar el repentino auge del uso de las tecnologías en la educación. 5) Las grandes corporaciones tecnológicas multinacionales, como Google, Microsoft y Amazon, ante el crecimiento de la demanda de sus productos y servicios han integrado a estudiantes, docentes y escuelas en sus plataformas educativas en línea y sus sistemas en la nube, aumentando las posibilidades de que las instituciones educativas públicas dependan a largo plazo de la infraestructura tecnológica privada. 6) Las empresas han incrementado su capacidad para proporcionar una educación personalizada cuando no hay docentes; además, han usado tecnologías de vigilancia del alumnado para controlar la asistencia virtual a clase, evaluar el bienestar y aprendizaje socio-emocional.

Bienvenido el aporte de la tecnología educativa y de las empresas de este rubro, sin embargo, debe quedar establecido que la definición de políticas educativas es atribución del Estado, que debe haber transferencias de tecnología y que lo identificado en la investigación es un llamado a entender riesgos de privatización de la educación y pérdida de soberanía. Aprendamos a mirar el trasfondo de estas acciones, las alertas están planteadas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Educación para la diversidad

/ 19 de marzo de 2021 / 07:21

A fuerza de repetir y crear costumbre, en el imaginario de gran parte de la población ha quedado instalado el supuesto “educación es lo mismo que escuela”; para ser precisos, se asume de manera equivocada que educación es sinónimo de escolarización. La escuela, la institucionalidad de la escolarización, es aquel centro donde se imparte enseñanza en distintos niveles: preescolar, primario, secundario y superior/ universitario; en ella interactúan el currículo pre-establecido, docentes, estudiantes, infraestructura, mobiliario, reglamentos, planes, etc. La educación es mucho más que escuela, basta decir que se desarrolla en el mundo del llamado Sistema Educativo y mucho más fuera de él — comunidad, barrio, medios de comunicación social, centros productivos, redes sociales, etc.—, en la vida misma.

Con esta perspectiva, la normativa vigente en Bolivia reconoce la necesidad de mirar más allá de la educación formal, regular o escolarizada. La propia Constitución Política del Estado asume esa situación; en el artículo 90, parágrafo III, determina: “El Estado, a través del sistema educativo, promoverá la creación y organización de programas educativos a distancia y populares no escolarizados, con el objetivo de elevar el nivel cultural y desarrollar la conciencia plurinacional del pueblo.” Por esa misma razón, la Ley de la Educación Nro. 70 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”, en el artículo 3, inciso 11, referente a las bases de la educación establece: “Es educación de la vida y en la vida, para Vivir Bien”, mientras que ambas normas determinan como mandato constitucional que: “El Estado y la sociedad tienen tuición plena sobre el sistema educativo, que comprende la educación regular, la alternativa y especial, y la educación superior de formación profesional. El sistema educativo desarrolla sus procesos sobre la base de criterios de armonía y coordinación.”

Así, en la práctica, principalmente en la última década, por sus políticas públicas, propósitos y cobertura de acción, el Ministerio de Educación deja de ser el Ministerio de la Escuela; se crea una estructura organizativa que a nivel nacional comprende tres viceministerios, uno de ellos, el de Educación Alternativa y Especial y a nivel departamental tres subdirecciones; y, lo que es más significativo, se abren o fortalecen oportunidades educativas pertinentes para la diversidad de la población: Educación para personas con discapacidad; Educación para estudiantes con talento extraordinario y dificultades en el aprendizaje; Educación en casa para niñas, niños y jóvenes que por su discapacidad grave o muy grave no pueden asistir a las instituciones educativas; Educación para personas en contexto de encierro; Educación para jóvenes que prestan su servicio militar; Educación para trabajadoras asalariadas del hogar; Educación para niñas/os que se encuentran internados en hospitales; Educación para poblaciones en zonas de ribera, fronteras y en situación de cautiverio; Educación para productoras/es, trabajadoras/es, organizaciones sociales, comunitarias y productivas; Educación Alternativa para poblaciones migrantes; Certificación de competencias para personas que desarrollan capacidades en la práctica; Alfabetización y posalfabetización; Educación para personas jóvenes y adultas, etc., son fiel testimonio de las políticas sociales-educativas de carácter democrático, inclusivo y plural.

Distintos grupos sociales que, en épocas pasadas, fueron marginados, poco atendidos o ignorados en su necesidad de contar con una educación que asegure la continuidad de sus estudios y la solución concreta de sus expectativas de formación encuentran importantes oportunidades educativas. La educación para la diversidad es la reivindicación de la dignidad de estas poblaciones y es un acto de equidad y justicia social, es reconocer y garantizar el derecho a la educación a lo largo y ancho de la vida, es decir, en cualquier periodo de edad y de respuesta a la diversidad, con un principio fundamental: pertinencia social y cultural.

La práctica también nos muestra una constante lucha entre el olvido, el menoscabo y la valoración de estas formas de educación. En tiempos de pandemia en los cuales se trabaja para que niñas/os y jóvenes tengan procesos educativos en las mejores condiciones, también es de justicia social y un derecho fortalecer la educación para la diversidad. Es de esperar que la educación no se reduzca a solo al concepto tradicional de escuela.

  Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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