Voces

viernes 23 abr 2021 | Actualizado a 06:57

Confesionario más allá de la Católica

/ 6 de marzo de 2021 / 00:42

El poder de la voz colectiva ha destruido el silencio de muchas mujeres que durante años vivieron encerradas en éste. Distintas olas de denuncias en el mundo han logrado evidenciar a muchos violentos, por ejemplo, a través del #MeToo. Dicho movimiento, originado en Estados Unidos, ha logrado convocar a más de medio millón de usuarias en Twitter y otras redes sociales, entre ellas a muchas celebridades que han denunciado ser víctimas de acoso laboral y sexual.

Queda claro que las sociedades actuales siguen siendo disciplinantes con las mujeres que denuncian violencias. El costo social por denunciar ser víctima atraviesa todo tipo de núcleo, desde las familias hasta las redes sociales. Lamentablemente, el segundo circuito de violencia suele comenzar con la decisión de denunciar. Lo anterior es parte de lo que se conoce como el “pacto patriarcal”. Y en tanto la sociedad siga reproduciendo este esquema, se mantendrán las dificultades por las que atraviesan las mujeres para salir de la violencia.

En todo caso, el poder de la acción colectiva es liberador. Así lo demuestra el movimiento generado esta semana bajo el denominado “Confesionario UCB”. Gracias a esta página en la red social Facebook, muchas jóvenes, en su mayoría estudiantes de la Universidad Católica Boliviana, han logrado vencer al silencio y denunciar públicamente a decenas de agresores. Todo indica que los denunciados instalaron un modus operandi para violar a mujeres de manera sistemática, drogando a sus víctimas sin el consentimiento de ellas. Los testimonios son aterradores.

Polémica fue la respuesta de la casa de estudios ante estas denuncias. La U Católica emitió un comunicado en el que deslinda responsabilidades, no menciona que tomará parte en las investigaciones ni que pretende incluir en su currícula contenidos para evitar las violencias contra las mujeres. En términos coloquiales, se lavan las manos con una velocidad que llama mucho la atención. He aquí la reacción de una institución como ejemplo del disciplinamiento. Pero la crítica severa a la Universidad no se dejó esperar en redes sociales. Probablemente lo anterior haya sido el motor para que la casa de estudios reconsidere su posición, habiendo público un video en el que las autoridades de ésta cambian de ruta respecto a las denuncias.

Como si no fuera suficiente ser víctima de violencia sexual, opera también una especie de inquisición contra las denunciantes. Tristemente, no faltan las personas que optan por dudar, a priori, de las denunciantes. Se ha leído en redes sociales, pues, que se trata de mujeres despechadas, mentirosas, exageradas y otro tipo de adjetivos que pretenden relativizar y hasta negar las denuncias. Esas personas tendrán que preguntarse cómo podría una mujer inventar ser víctima, teniendo en cuenta el altísimo costo social que implica romper el silencio para denunciar.

Opera, por supuesto, el patriarcado con todos sus tentáculos para poner en duda las denuncias, aún encubierto de falsa solidaridad. El mejor ejemplo de esto fue el mensaje que dejó en sus redes sociales una cantante local, Verónica Pérez, quien mandó a las víctimas a que “se cultiven” para evitar ser violadas. Justamente por esa misma línea argumentativa pasan quienes pretenden liberar de culpa a los violadores. Justamente por esa misma línea argumentativa pasan quienes terminan diciendo cosas como “quién la manda a ir vestida de ese modo” o “ella se lo buscó”.

Por eso hoy, tras el destape de estas violaciones sistemáticas urge impulsar a que la sociedad reaccione en solidaridad con las denunciantes. Urge incentivar el acompañamiento y apoyar a las denunciantes, desde el Estado y desde la sociedad civil. Por una cuestión ética, debiera ser obligación de la Universidad coadyuvar en las investigaciones pero, además, educar en la no violencia y la despatriarcalización para no dejar en la impunidad a quienes creen tener el poder de perturbar la vida de las mujeres. Que sirva el contexto de estas denuncias para que el hoy candidato a la Alcaldía paceña Iván Arias, sea al igual que los violadores de la Católica, censurado por la sociedad. Poco o nada se podrá avanzar en la lucha contra las violencias hacia las mujeres si un acosador llegase a ser el burgomaestre de la ciudad más importante y progresista del país.

   Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter @Valeqinaya

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¿Lactancia materna y COVID-19?

/ 17 de abril de 2021 / 00:43

Apesar de los importantes avances, aún la ciencia no tiene todas las respuestas respecto al coronavirus. Pero está claro que la incertidumbre absoluta que generó el virus hoy está mínimamente relativizada. Diferentes elementos han contribuido a que esto vaya sucediendo paulatinamente, sobre todo el desarrollo de las vacunas. A pesar de los mitos de ciencia ficción que se han creado en torno a las vacunas, claramente en ellas no se almacena solo una fórmula científica, sino una dosis de esperanza. En medio de todo esto, uno de los grupos poblacionales con más preguntas y en una ignorada situación de vulnerabilidad es el de las mujeres lactantes.

Es una constatación científica que las mujeres embarazadas que reciben vacunas como la de la influenza o la tosferina transfieren los anticuerpos a los fetos a través de la placenta. De hecho, hoy en día la mayoría de los profesionales de la salud recomiendan la aplicación de estas vacunas a las gestantes. Así, bajo esta premisa y otras valoraciones importantes, países como Israel han incluido a las mujeres embarazadas en la lista de las personas prioritarias para recibir la vacuna contra el COVID-19.

Por otro lado, ya pueden mencionarse una serie de estudios científicos y rigurosos en torno a la presencia de anticuerpos en la leche materna. Países como España, Chile y Estados Unidos han avanzado significativamente en la materia, sobre todo desde instancias académicas. Así como está comprobado que el COVID-19 no se contagia a través de la leche materna, está también evidenciado que no existe razón alguna para suspender la lactancia en caso de que una madre haya adquirido el virus.

Unicef, de hecho, recomienda que las mujeres madres contagiadas sostengan la lactancia y el contacto piel con piel con sus bebés para incrementar el sistema inmunológico de éstos. Por supuesto lo anterior debe estar siempre acompañado de las medidas de bioseguridad. La OMS, por su parte, recomienda que las madres lactantes que forman parte de un grupo prioritario como los trabajadores en salud, sean vacunadas.

Desde una perspectiva diferente pero complementaria, colectivos y redes feministas que trabajan y estudian temas vinculados a la maternidad en países como México y Chile también han logrado poner en discusión la relación de la maternidad con la pandemia. Con mucha lógica se sostiene, por ejemplo, que las mujeres embarazadas y lactantes son un grupo poblacional altamente expuesto ya que requieren visitar un centro médico público o consultorio privado al menos una vez al mes para los controles rutinarios. Además, estos controles en países como Bolivia son obligatorios para concretar los beneficios sociales, tales como el bono Juana Azurduy.

Los nacimientos, por su parte, sean por parto natural o inducido son acontecimientos de exposición para el binomio madrehijo, sobre todo si éstos se realizan en recintos de salud que también atienden a pacientes COVID. De ahí que un estudio en México haya constatado el incremento de partos en casa con resultados exitosos para la salud del binomio en tiempos de pandemia.

Es importante insistir en que los estudios sobre la relación entre la gestación y la lactancia con la vacuna contra el COVID aún son muy escasos y la evidencia sigue siendo limitada. A priori pareciera que este grupo poblacional debiera ser prioritario para recibir la vacuna. Lo ideal sería que las mujeres en periodo de gestación y lactancia reciban al menos información estandarizada, actualizada y avalada por el Ministerio de Salud. La autora de esta columna ha buscado sin éxito alguna cartilla informativa a la que puedan acceder las mujeres en los centros de salud.

Ojalá las instancias nacionales, departamentales y municipales con competencias en salud faciliten lo antes posible el acceso a la información pertinente. Es menester recordar que la génesis para la protección social del binomio madre-hijo está vinculada con la proyección de un futuro más sano para las próximas generaciones. Todavía no se ha desarrollado una vacuna para personas menores de 16 años, pero sí se ha comprobado que la leche materna de una madre vacunada o contagiada transmite anticuerpos al lactante. Ahí precisamente reside la enorme y esperanzadora oportunidad de inmunizar a una nueva generación. Así, se apunta uno más de los maravillosos beneficios reconocidos científicamente de la lactancia materna, la que debiera ser alentada y apoyada por el conjunto de la sociedad.

  Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter @ValeQinaya.

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¿Y los permisos de paternidad?

/ 20 de marzo de 2021 / 01:00

Se ha celebrado otro Día del Padre en Bolivia, ocasión en la que muchas personas homenajean a sus progenitores, otras aprovechan para reconocer el rol de las “madres solteras” y no faltan quienes pasan el día como jornada de denuncia por los padres irresponsables.

A propósito, la crianza de los hijos es una responsabilidad de hombres y mujeres en tanto padres y madres, pero idealmente esta responsabilidad debería ser mucho más amplia. Las sociedades y los Estados debieran generar las condiciones adecuadas y propicias para el desarrollo de crianzas exitosas. De hecho, fue el modo de producción capitalista el que enjauló la crianza, aisló a las niñas y niños y recargó en las espaldas de mujeres madres la denominada doble jornada. En síntesis, la paternidad distante e irresponsable no es producto del ordenamiento natural de la especie.

Sin embargo, el impulso feminista contemporáneo ha planteado una serie de elementos para resolver este desorden histórico. Uno de éstos es el avance en los permisos de paternidad. En un mundo en el que es prácticamente obligatorio que la normativa otorgue permisos laborales a las mujeres cuando devienen en madres, siguen siendo aguas desconocidas los permisos paternales. Algunos países, especialmente europeos, justo por el impulso feminista han avanzado en la materia.

Por un lado están los países, como Bulgaria, que han conseguido normar permisos parentales compartidos para madres y padres. Esto es que tienen establecido un tiempo de permiso determinado, mismo que puede ser repartido entre ambos progenitores de acuerdo a la voluntad de éstos. Ya en la práctica, lamentablemente, la generalidad de los casos muestra que los padres no toman dicho tiempo de permiso, lo que deriva en un retiro de las mujeres madres del mundo laboral, entre otras cosas.

Otros países, como Islandia, poseen permisos de paternidad igualados e intransferibles. La evidencia ha demostrado que bajo este modelo los resultados son muy positivos. Padre y madre, idealmente, comparten responsabilidades de la crianza de los hijos en su llegada al mundo. Y particularmente se resalta la creación del vínculo padre/hijo a través de las experiencias de los cuidados durante los primeros días, lo cual se traduce en familias por fuera de los estereotipos machistas, al menos parcialmente.

Bolivia pertenece al conjunto de países en los cuales el permiso de paternidad es insuficiente. Son solo tres días de permiso de los que dispone un hombre devenido en padre. Esto equivale a madres que se acoplan a la vida de la maternidad solas y sin apoyo de sus compañeros de vida. Tristemente esta limitación laboral dificulta bastante el vínculo de los padres con sus hijos y reproduce el modelo capitalista en el cual la crianza es una tarea netamente femenina.

Finalmente, y en honor a la verdad, la autora de esta columna intentó sin éxito reformar la normativa en esta materia durante la anterior gestión legislativa. La respuesta negativa esgrimió sus argumentos en función de supuestos económicos, es decir que pesó más el supuesto “rédito” para la economía que brindaban los hombres/ padres que la necesidad de reformular el esquema de crianza machista que impera en el país.

Es un hecho que los permisos de paternidad ampliados no resuelven el problema de fondo, pero también es menester de los Estados diseñar políticas públicas que garanticen crianzas no machistas. Lo anterior producirá un efecto directo e indiscutible en el combate a las violencias hacia las mujeres, a corto, mediano y largo plazo. El mundo necesita más padres comprometidos con la crianza responsable y amorosa.

Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @valeqinaya

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¿Encuestas como actos proselitistas?

/ 20 de febrero de 2021 / 02:56

Una de las funciones prácticas de las encuestas en tiempos electorales es la de marcar una pauta para generar tendencia y así influir en el electorado. Lo decente, por decirlo de alguna manera, es que las encuestadoras se muevan en cifras no irrisorias y que bailan con su margen de error. Lo contrario a lo decente es que las encuestas se conviertan en actos proselitistas, alejados absolutamente de la realidad.

Hasta hace poco tiempo las encuestas ante comicios estaban exentas de cualquier tipo de regulación, no solo en Bolivia, sino que en el mundo entero. Sin embargo, podría decirse que su poder gravitacional en el voto es indiscutible hoy y lo fue ayer. De ahí que las encuestas se hayan convertido en una de las mercancías más valiosas en tiempos de campañas electorales. Como toda mercancía que está dispuesta en el mercado, las encuestas usualmente están a la venta. En Bolivia, la joven regulación impuesta en esta materia parece no haber frenado la oferta y la demanda en esta venta.

A lo anterior se suma un elemento no menor que tiene que ver con los intereses que persiguen los propietarios de las encuestadoras hegemónicas y, por qué no decirlo, con su adscripción de clase. Así, se configura el curso de una acción política: de la noticia falsa a la encuesta falsa con el fin de fortalecer a una candidatura en desmedro de otra. Generalmente, luego del fracaso evidente de una encuesta, los voceros de las empresas arguyen su falta de cientificidad al margen de error, una excusa ya bastante inútil en la actualidad boliviana.

Revisar las encuestas hacia las elecciones nacionales del pasado año es por demás ejemplificador, pues los números que presentaron ante la opinión pública estuvieron muy alejados de los resultados electorales oficiales. A finales de septiembre Ciesmori vaticinaba una segunda vuelta entre el Movimiento Al Socialismo y Comunidad Ciudadana. Los números estaban puestos así: 30% para Luis Arce y 25% para Carlos Mesa. Como si fuera poco, la virtual segunda vuelta, según la encuestadora, daba el triunfo a la fórmula naranja. El gremio de la demoscopia en Bolivia se vio seriamente afectado en su credibilidad luego de que la fórmula azul alcanzara el gobierno con más de 55% de los votos, aventajando a la segunda fuerza con más de 27 puntos porcentuales, en primera vuelta.

La sanción a las encuestadoras proselitistas no existe. Estos grupos empresariales siguen operando políticamente sin que la autoridad electoral pueda hacer algo al respecto. La norma es clara, el Órgano Electoral es la autoridad encargada de supervisar la elaboración y la publicación de encuestas y, en ese sentido, la pregunta es ¿cuántos comicios más se necesitan para que la autoridad cambie sus mecanismos para, de esa manera, pueda cumplir con su responsabilidad institucional? Habrá quienes digan que con marcar los parámetros para las encuestas el Órgano Electoral ya cumplió, sin embargo, una de las funciones principales de dicha entidad es garantizar la transparencia de las campañas.

No es una locura decir que las encuestadoras son brazos operativos de ciertas campañas. Queda claro que hoy por hoy, el partido hegemónico en Bolivia, de corte izquierdista y progresista tiene a las encuestadoras en contra. Una prueba más de aquello es la última encuesta presentada por Ciesmori hacia las elecciones subnacionales. Lo más probable es que dicha empresa hoy esté militando en el mismo espacio político que en las elecciones generales de 2020, pues ni siquiera las candidaturas masistas con evidente ventaja sobre el resto aparecen triunfantes en los números presentados.

Casualidad no es que los analistas políticos que en octubre pasado deseaban la segunda vuelta para la presidencia hoy remarquen y celebren las tendencias falsas recientemente presentadas. El gremio de la demoscopia tendrá que, urgentemente, recuperar credibilidad y eso pasa, de forma obligatoria, por presentar números que se parezcan a los que se presenten la noche de la jornada electoral.

   Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya

  

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Medios feminicidas

/ 6 de febrero de 2021 / 02:19

Es pan de cada día que la televisión local despierte a la teleaudiencia con producciones nacionales que antes que cualquier otra cosa, aparentan ser una subasta de cuerpos femeninos. Y lamentablemente también es pan de cada día que esos mismos medios cuenten cual crónica roja que ocurrió “otro crimen pasional”. Claro está que a la mayoría aún les cuesta mucho usar la palabra “feminicidio”. De buena fe puede decirse que lo anterior se debe al desconocimiento del tipo penal, sin embargo, la buena fe parece ser demasiado dadivosa en este caso.

Los medios de comunicación son poderes fácticos, con capacidad performativa en la sociedad en general. No es ninguna novedad que los medios instalen versiones hegemónicas sobre diferentes temas, incluso cuando éstas están muy lejos de la realidad. Por ejemplo, si un medio de comunicación masiva no repara en cosificar a las mujeres, entonces la sociedad que lo consume reproducirá dicho comportamiento. El problema es aún más agudo y deplorable cuando dicha cosificación bordea la pedofilia, sexualizando la imagen de una colegiala. El lunes pasado, primer día del año escolar, ha sido para un canal de televisión la oportunidad de demostrar que no tiene ningún tipo de compromiso con la lucha contra las violencias hacia las mujeres.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu dijo que el habitus es la sociedad inscrita en el cuerpo, en el individuo biológico. El concepto refiere a un conjunto de disposiciones interiorizadas que forman percepciones, sentimientos y acciones en las personas. Se construye a partir de la cultura de grupo, la interacción de los individuos y las instituciones sociales. El habitus se reproduce y evoluciona en función del refuerzo a las disposiciones interiorizadas.

La pregunta es ¿cuánto puede avanzar una sociedad en lo que respecta a la erradicación de las violencias hacia las mujeres si sus medios de comunicación hegemónicos reproducen disposiciones sexistas y, por tanto, violentas? Poco, es una probable respuesta. El freno que significa la línea “noticiosa” para el avance progresista seguirá reforzando el habitus machista y patriarcal en tanto y en cuanto su accionar siga sin modificarse y, de hecho, campee impunemente.

El debate de la impunidad en el mensaje de los medios es, sin embargo, espinoso. En Bolivia, casi nadie ha salido limpio luego de sugerir el combate a la impunidad de la que, a nombre de la libertad de expresión, gozan los medios. A pesar de que la normativa vigente tipifica y castiga la denominada “violencia mediática”, no se conoce hasta ahora ningún tipo de sanción a los múltiples patriarcas de los medios de comunicación. Una vez más se presenta la ya vieja tensión entre la nueva normativa y la añeja Ley de Imprenta. Una vez más se presenta la necesidad de repensar las responsabilidades que debieran tener los medios en la sociedad, más allá de la retórica.

La polémica en redes sociales respecto al vergonzoso mensaje enviado el lunes pasado por el canal de televisión hasta ahora se ha quedado solo ahí, en las redes sociales. A pesar de que diversos líderes de opinión han manifestado su rechazo al mencionado performance e incluso hubo quienes sugirieron acciones específicas al respecto, no se ha mandado ninguna señal desde el poder que indique a la sociedad que así no se debe comunicar.

Debe llegar, más temprano que tarde, el tiempo en el que sintonizar la televisión nacional en busca de información, no signifique el consumo de basura. Debe llegar, igualmente, el tiempo en el que se repiense la normativa que rige a los medios de comunicación. El mundo está cambiando, el país también. En Bolivia, el Estado ha avanzado montones en la discusión sobre la erradicación de las violencias, corresponde, por tanto, que también los medios de comunicación den una señal de avance progresista. El objetivo debe ser no tener más mujeres que sean víctimas de violencia y que ésta no sea naturalizada.

   Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter @ValeQinaya   

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Felipe vive y vuelve… carajo

/ 23 de enero de 2021 / 01:40

Que no haya duda, estas líneas son un homenaje. No debiera ser necesario aclararlo, luego del deceso de un hombre que murió como vivió, siempre leal a sus convicciones. Atravesar los vertiginosos acontecimientos del siglo XX y haberse mantenido incólume es un logro que muy pocos personajes han alcanzado. No hubo ONG, cartera pública, partido político o cualquier otro epicentro de poder que mueva un milímetro de sus convicciones e ideales. El martes ha partido uno de los personajes más icónicos de la historia boliviana del siglo XX, Felipe Quispe, el Mallku.

Mucho se ha escrito sobre él en estos días y felizmente más han sido los homenajes que las detracciones. Está trillado decir que no hay muerto malo, a pesar de ciertos mensajes de pésame que brillan por su hipocresía; hipocresía porque en vida nunca reconocieron su lucha, sus logros y su firmeza; por el contrario, no dudaron en juzgarlo y algunos hasta lo miraban con asco. Vale apuntar que la mayoría de sus detractores están muy lejos de entender los planteamientos y las implicancias de su filosofía de vida: el katarismo.

En efecto, don Felipe, uno de los intelectuales aymaras más importantes de este tiempo, puede ser considerado de los representantes más fieles del katarismo. Este calificativo puede ser asignado a Quispe, en tanto dirigente político y en tanto investigador social e intelectual. El Mallku, por ejemplo, con su libro Tupaj Katari vive y vuelve… carajo ha legado una de las investigaciones más sesudas sobre el pensamiento político de Tupaj Katari y el levantamiento aymara que lideró éste en 1781, basado en datos históricos duros para luego sistematizar una propuesta política comunal de organización de la sociedad de forma alternativa al orden colonial.

El libro anteriormente referido es la primera obra editada y publicada del puño de Felipe Quispe. Fue en 1990 que la editorial Ofensiva Roja imprimió y vendió exitosamente la obra. No es un dato menor que El Mallku haya producido su primer libro durante su encarcelamiento en Chonchocoro, el penal de máxima seguridad de la sede de gobierno.

Justamente la importancia de Tupaj Katari vive y vuelve… carajo probablemente radica en el contexto en el cual fue escrito. Para muchos, el hito más intenso de la vida y trayectoria de Felipe Quispe está vinculado a su pertenencia al Ejército Guerrillero Tupaj Katari (EGTK), que le costó la cárcel por más de cinco años, sin sentencia. Precisamente las reflexiones que presenta Quispe en su libro respecto del disciplinamiento que pretende el Estado Republicano contra quienes cuestionen el orden establecido, encuentra directa relación con el destino de las y los militantes del EGTK.

Felipe Quispe tendrá que ser una fuente casi obligatoria para entender el siglo XX en Bolivia. Su condición de dirigente campesino, de guerrillero, de intelectual y de líder político es incuestionable. Leer a El Mallku es pararse frente a un gigante que danza entre la historia, la crónica y la filosofía; y que siempre llega a la urgente necesidad de cambiar el mundo, hacia otro comunitario, evidentemente más justo. Por eso y por muchas otras razones, entre ellas su accionar de brújula para el movimiento popular en Bolivia durante la dictadura de 2020, don Felipe merece todos los honores y la gloria. El Mallku, hoy vuela más alto y su legado de alto vuelo queda en los anales de la historia y en el proyecto político de liberación de los pueblos.

    Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya    

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