Voces

miércoles 21 abr 2021 | Actualizado a 20:18

Nadie se cansa

/ 7 de marzo de 2021 / 00:07

Es una vorágine de sucesos, compromisos, sentimientos, reflexiones las que nos hacen dar vuelta los cuerpos y la cabeza. Elecciones, golpe; elecciones, recuperación del proceso; otra vez elecciones. Estamos en eso y la lucha y el compromiso revolucionario continuarán así.

Este es otro tiempo, es un tiempo de contradicciones aceleradas en comparación a lo que Bolivia vivió anteriormente, esa característica está marcando posibilidades mayores para la realización de cambios estructurales en las relaciones de poder. Por otro lado, también es posible que el propio sistema produzca cambios acelerados, que le permitan reciclar su trama de las opresiones.

Cuáles son los elementos que podemos decir que están a nuestro favor como proceso de cambio. Podemos afirmar que hay una desmitificación de los grupos de poder político intelectual que se enfrascan en discusiones exquisitas y que no se embarran en el sudor de la defensa del proceso en todos y cada uno de los territorios y cuerpos. La autoafirmación de la organización territorial y la contundencia del accionar desde el territorio nos marcan la recuperación del accionar político de los pueblos originarios con todas sus contradicciones. Sin embargo, este accionar territorial no profundiza aún el concepto de territorio, como el espacio y el tiempo para el “vivir bien”, y fácilmente se cae en prácticas políticas de la típica la propiedad feudal y la propiedad privada burguesa.

Otra de las fortalezas es la organización de las mujeres y, claro, para nuestros hermanos hombres son cosas sin importancia. Siempre está en el imaginario la idea que las mujeres son manejables. Recordemos que, a raíz de modificaciones a la Ley 348 propuestas por el Ministro de Justicia, entramos en un diálogo como sociedad sobre la pertinencia de estos cambios. Pero no tuvo ni el espacio, ni el tiempo, ni la importancia de darle el carácter fundamental y fundante a esta discusión. La violencia hacia las mujeres es el padre fundador de este sistema, capitalista neoliberal, colonial y depredador, y los revolucionarios ni se enteran. Por eso es importante la organización de las mujeres y la construcción de la “Alianza” de organizaciones sociales de mujeres a la cabeza de las hermanas Bartolinas, es una fortaleza para romper con manipulaciones de nuestros hermanos y compañeros y romper con el control de las ONG golpistas. Las mujeres somos la mitad de la fuerza y creatividad revolucionaria, pero solo sacaremos esa fuerza en nuestras comunidades, barrios y organizaciones mixtas cuando los hermanos hombres dejen de querer controlarnos y manejarnos y, sobre todo, cuando nosotras mismas valoremos nuestra palabra y la palabra y vida de nuestras hermanas y compañeras.

Es una lucha larga. En estas elecciones, en unos territorios ganaremos, en otros ganará la derecha, pero la responsabilidad de resolver los problemas en cada territorio es nuestra, de nuestras organizaciones. Sean autoridades de derecha o de izquierda, deben recibir de nuestra parte control social, propuestas de política pública y exigencia contundente de garantizar los derechos conquistados y defender la vida de nuestras comunidades. ¡Aquí nadie descansa, ni se cansa!

     Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

El Instrumento

/ 17 de abril de 2021 / 23:41

Para refundar y recuperar nuestro territorio de Bolivia, hemos apoyado la construcción del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP), que junto a la sigla del MAS nos convoca —en elecciones— a las urnas. El proceso de cambios revolucionarios va mucho más allá tanto en alcance como en profundidad, el proceso es el thaki, el camino de los sueños del Vivir Bien, el suma qamaña.

Hasta hoy no hay otro instrumento que reúna y convoque a las organizaciones vivas en Bolivia, y es instrumento porque en medio de muchas contradicciones, errores y traiciones, se han construido propuestas, reflexiones y una serie de posicionamientos teórico políticos que nos permiten mirar con dignidad, desde nuestra ancestralidad y memoria histórica —mirar decía—, a todos los pueblos del mundo.

No es cuestión de cambiar de sigla, color de camiseta o de candidato, aunque en elecciones dentro de la democracia burguesa es importante el candidato; para el proceso de cambios revolucionarios es importante cómo se elige a los candidatos y candidatas, cual el proceso que permite recoger el thaki, pues éste se construye desde la memoria organizativa y administrativa de nuestros pueblos originarios. Es el camino hecho desde las pequeñas responsabilidades de la comunidad, la evaluación comunitaria de ese camino, el muyo y rote en las funciones son algunos elementos. No quiero romantizar, no voy a decir que no hay machismo en la práctica de la norma heterosexual expresada en el chacha-warmi, donde las mujeres van de yapa, de “ayucas” de sus maridos, ellas no van con mandato; cierto también que hay excepciones, por eso muy pocas mujeres están decidiendo políticamente.

La crítica y autocrítica dentro del Pacto de Unidad estuvo siempre… oíganlo bien… siempre hemos estado acompañando nuestro proceso, no es de ahora. Desde el principio, desde la Asamblea Constituyente, con voces críticas estuvimos aportando públicamente y en reuniones específicas. Cierto que la mayoría de las veces han hecho como si no hubieran escuchado, pero en medio de esa disputa de sueños hemos construido y seguiremos construyendo. Entonces, cuando los intelectuales racistas de izquierda, las feministas racistas, los y las ecologistas odia indios, cuando todos los fachos “pititas” se hacen a los descubridores de la pólvora, cuando dicen que señalan los “errores” del MAS, dan risa, no hacen más que evidenciar su origen contrarrevolucionario, amargados de angustias y complejos existenciales ante indios e indios que saben autogobernarse, planificar y crear.

Qué es lo que tenemos ahora, tenemos hermanos y hermanas muy valiosos para el proceso que se han desesperado, enojado y decepcionado, hermanos y hermanas que se han ido con personajes que pueden ofrecerles pegas o pueden escucharles en sus críticas, pero todos estos personajes criados dentro del MAS no son un instrumento de los pueblos, son proyectos personales que se inician y se ahogarán en su propio lodo, pues serán manejados por los fachos racistas nacionales e internacionales.

Nosotras estamos y seguiremos con el Instrumento de los Pueblos, seguiremos construyendo, planificando y creando desde las mujeres que somos la mitad revolucionaria de Bolivia y los compañeros y compañeras del MAS tendrán que lavarse los oídos y escuchar. ¡ Jallalla proceso de cambios!

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Resucitando

/ 4 de abril de 2021 / 00:11

En este tiempo marcado por una tradición religiosa, que dependiendo como se la recupere, nos puede convocar también a reflexiones y análisis que no tendrán que ver con la categoría de tiempo de “santas y santos”. Más bien tendrá que ver con estigmas como herejes, brujas, idólatras y demás seres criminalizados por la dominación y opresión cristiana. Es verdad que siempre existieron dentro de la propia cristiandad eclesiástica posiciones que pretendieron recuperar un pensamiento y una práctica de compromiso con los más humildes, aquellos de los que los evangelios nos refieren.

Es Domingo de Resurrección, cuenta la creencia cristiana que después de predicar Jesús vive una serie de hechos que van a ser fundamentales para la construcción del pensamiento cristiano. Jesús después de sufrir la traición, o el mal cálculo político, es prisionero del poder imperialista de Roma, que además de torturarlo, lo exhibe como escarmiento para el pueblo judío, en una crucifixión pública.

Quiero pensar en el proceso de nuestros pueblos y organizaciones sociales en Bolivia y cómo hemos caminado construyendo una propuesta del suma qhamaña, el “vivir bien” que, como inspiración de dos palabras, nos permitió y permite dar espacio a la creación de propuestas, planes, programas de política pública, pero también de cotidianidad de la vida en las familias, organizaciones y barrios. Sin duda, un tiempo donde aquellas y aquellos que fueron destinados por el poder a ser simples espectadores, repetidores y consumidores de modelos de vida ajena. Un tiempo para la creatividad y para permitirnos entender el propósito de nuestras vidas y cuerpos en este mundo.

Sí, 14 años donde nos permitimos soñar y esperanzarnos, sin miedo de nuestros sueños y nuestras esperanzas; vimos milagros cotidianos, agua en nuestra casa, gas domiciliario, desayuno gratis. Los peces y los panes los multiplicamos y el poder imperial y los traidores del propio pueblo, envidiosos y competitivos, se morían de rabia, como otrora los sacerdotes judíos Anás y Caifás, que traicionaron y entregaron a Jesús.

Nuestro pueblo siempre resucita porque tiene raíces fuertes y profundas y no necesariamente para resucitar tienes que morir, también nos podemos confundir, nos podemos desanimar, nos podemos pelear, alejar o enojar con la construcción de nuestros sueños de ese vivir bien, entre humanidad y de humanidad junto a la madre y hermana naturaleza. Es ahí que resucitar implica responsabilizarnos de nuestros actos, autocriticarnos, reflexionar, recuperar y reencaminar. Somos mujeres y hombres de los pueblos originarios. No somos angelitos, ni estamos vacunadas y vacunados ante el colonialismo, ni el deseo de poder, o las prácticas opresoras y violentas. No somos puros y puras, estamos embarrados y embarradas de contradicciones, pero lo que nos permite rehacernos es la comunidad y la energía de la ancestralidad.

Resucitamos con todo lo que somos, dándonos oportunidades para garantizar la vida, entendiendo que la vida es un regalo y que permanentemente es amenazada por un sistema que está dispuesto a matarnos para que el orden explotador se mantenga. Por eso es imprescindible resucitar, revivir, replantear, recuperar y reconducir los sueños revolucionarios de mujeres y hombres de nuestros pueblos que queremos acabar con todo tipo de opresiones.

Julieta Paredes es feminista comunitaria

Comparte y opina:

No era Evo, es odio racista

/ 20 de marzo de 2021 / 23:41

No me resulta extraño la reaparición de movilizaciones fascistas, pues nunca fue la defensa de la democracia, ni de los derechos ciudadanos lo que les movía. Nada que ver, fue y es odio, complejos históricos de gente colonizada los que mueven a estas —hoy disminuidas— hordas fascistas. Perdieron las elecciones nacionales y en sus pocos reductos donde ganaron las subnacionales, van a parapetarse como acosadores y violentos matones de barrio, cuyo accionar es sórdido pues van a waykear en grupo a todo el o la que no esté de acuerdo con ellos y ellas.

Al no tener argumentos se autoconvencen con sus medias verdades, que manipuladas van a producir mentiras como la del supuesto fraude, que es desmentido por la realidad de las elecciones 2020; aunque frente a sus narices están los resultados que volvieron a dar —y con yapa— la misma votación del supuesto fraude, igual repiten por imitación la misma frase. Es que la y el sujeto colonizado no vive su vida, su existencia está marcada por los complejos de no ser el “blanquito colonizador”, por eso los collas que en Santa Cruz apoyan el fascismo compiten con los k’aras en quién golpea a más masistas. No es discusión política, es violencia y terrorismo fascista, y la institucionalidad debe actuar, para eso está.

Es necesario, como organizaciones sociales —recordemos que hablo desde el Feminismo comunitario de Abya Yala—, es necesario decía, reflexionar sobre las responsabilidades en el sostenimiento del fascismo en Bolivia. En el proceso de cambio conviven muchas formas de comprender el propio proceso de cambio, lo cual está bien, lo que está mal es que todos se creen dueños de la verdad. Son tendencias políticas lideradas por compañeros, las mujeres se mueven alrededor de ellos y por mucho que se han dado avances importantes para las mujeres, éstos se despolitizan porque no hay autonomía y las ONG son las que siguen marcando los discursos. Hay que fortalecer la Alianza de organizaciones sociales.

Desde el Gobierno se ha privilegiado el diálogo con los empresarios dueños del capital antes que con los y las trabajadores, especialmente en Santa Cruz. Manejando la lógica que haciéndoles concesiones se les va a convencer. Y… no, capitalismo fascista vota a la derecha y sostiene grupos de paramilitares.

El machismo racista de nuestros compañeros de la izquierda del proceso funciona con la idea de que los indios no logran comprender la lucha de clases y la organización política de clase, y a las mujeres se las calma diciendo “¡viva la despatriarcalización!”, y ni siquiera se molestan en conocer de qué se trata. Es la memoria de organización política y social de los pueblos originarios lo que sostiene el proceso de cambio.

El machismo y aburguesamiento de nuestros hermanos y hermanas de las organizaciones sociales, que educan a sus hijos e hijas para ser “doctores”, “señoritas” y no para seguir siendo pueblo originario o pueblo trabajador que estudia y es orgulloso de sus raíces e identidad

Son algunos elementos de reflexión para entender cómo el fascismo cínicamente continúa ocupando las calles. ¡Vamos hermanas y hermanos construyendo el proceso de cambio!

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

No se concilia

/ 20 de febrero de 2021 / 23:29

Con la violencia a las mujeres no se concilia, menos mal que eso por lo menos queda claro por el momento. Como organizaciones de mujeres debemos estar atentas, porque los intentos de retroceder son permanentes. La Ley 348 “Para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia” es resultado de una lucha en contra de las ONG de mujeres, que desde el neoliberalismo impusieron la negación de los cuerpos para solamente concentrarse en la “perspectiva de género”, que es una de las relaciones que nuestros cuerpos de mujeres tienen.

Lo interesante de desenmascarar la antigua Ley 1674 de las ONG es que al ser una norma de violencia doméstica basada en la relación de género, quedaba en manos de fiscales y jueces determinar quién era masculino violento, en una relación entre hombres y mujeres. Resultado de la aplicación de la Ley 1674, mujeres eran condenadas por jueces que consideraban que eran mujeres masculinas y violentas o mujeres que no cumplían con su rol femenino, y por eso los hombres se sentían ofendidos.

La Ley 348 evidencia el carácter histórico y estructural de la violencia ejercitada contra las mujeres por parte del sistema de dominio patriarcal, que necesita estructuralmente de este modelo de violencia que funciona como argamasa, como pegamento y como base para sostener este sistema de dominio. El carácter histórico y estructural de la violencia hacia los cuerpos de las mujeres tuvo en los Estados republicanos un propiciador y cómplice, con leyes que obligaban a las mujeres a someterse a esta violencia, por ejemplo el “crimen pasional”.

Con la Ley 348, una norma del proceso de cambio del pueblo boliviano, donde las mujeres somos la mitad, hemos dejado claro que el Estado Plurinacional no puede seguir siendo cómplice o ponerse de neutral. El Estado Plurinacional debe constituirse en parte de la denuncia y demanda contra los hombres violentos y criminales. Entonces, la Ley 348 es una norma especial, que por los millones de mujeres asesinadas y mutiladas en el mundo y en Bolivia, por parte de hombres, incluso de sus familias, presupone la violencia de los hombres mientras la sociedad y la cultura no cambien, por eso una ley “Para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia”.

Entonces no la destruyan y vengan a hablar que esta ley también es para juzgar a mujeres o para proteger a hombres feminizados (trans femeninas). Por favor, para juzgar a mujeres violentas está el Código Penal y no una ley especial donde el Estado se constituye en parte apoyando a la víctima, presuponiendo el delito del hombre, y se admite la denuncia de las mujeres incluso de forma oral. Es una ley histórica, pero está recibiendo ataques, abusos y despolitizaciones.

Para proteger a nuestras hermanas y compañeras trans está la Ley 045, contra toda forma de discriminación. Para juzgar a mujeres violentas está el Código de Procedimiento Penal. Abusar de la Ley 348 es contrarrevolucionario, misógino, lesbofóbico, machista y patriarcal, justo son las luchas que también enfrentamos las mujeres,

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Mujer es mujer

/ 6 de febrero de 2021 / 23:46

Indudablemente el feminismo en Bolivia tiene un histórico que está ligado a Mujeres Creando en la etapa de 1991 a 2000 y la comunidad Mujeres Creando Comunidad, a partir de 2001, histórico que yo reivindico como un feminismo que desde la lucha contra relaciones de poder develó las formas como las mujeres funcionales al sistema, incluso desde el feminismo, fueron hábiles articuladoras del neoliberalismo que destrozó nuestro país y las vidas de bolivianas y bolivianos especialmente en los años 90. Ha de ser el Feminismo Comunitario de Abya Yala el que recoja la memoria de Mujeres Creando Comunidad y realice un rompimiento epistémico y político con un feminismo que además de colonialista y burgués neoliberal, contribuye a confundir las luchas de las mujeres de los pueblos que se rebelan. Ciertamente el fascismo racista, las ONG, los y las “pititas” en su lectura colonialista, solo ven el lado blancoide y hoy oenegero de la Virgen de los Deseos (local de la ONG Mujeres Creando), pues porque les sirve para calmar su angustia de abusiva gente mediocre.

Una de las estrategias neoliberales fue y es la de confundir los conceptos políticos e históricos, para que en esa confusión nuestras existencias pierdan el horizonte y la claridad de nuestras luchas. En los años 90 hubo un gran colapso económico, las empresas e industrias se cerraron y el despido de miles de trabajadores y trabajadoras significó un brutal periodo de desesperanza. Fue en ese momento cuando se lanzaron los conceptos de “trabajadores por cuenta propia” para los vendedores de limones y chicles en las calles y de “pequeños empresarios” para quienes eran artesanos y trabajaban en su casa con su familia. De lo que se trataba era de no hablar de despidos, sindicato, transnacionales y neoliberalismo. Destrozar el concepto de clase obrera y la organización para su liberación. El trabajo de despolitización vino también para las mujeres y las posibilidades de organizarnos. Fueron las ONG las que primero se adueñaron y suplantaron la representación de organizaciones y movimientos de mujeres, lo pudieron hacer gracias al dinero que la cooperación internacional daba a estas oenegés para que trabajen con las mujeres de distintos sectores. Pero a la rebeldía revolucionaria no se la puede controlar y en el histórico Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe de 1996 en Chile, denunciamos contundentemente los planes del sistema de dominación.

A partir de ese momento la estrategia fue la de diluir la identidad política del concepto Mujer a nivel mundial y el ataque vino y viene hasta la actualidad con conceptos creados para ese efecto: trans femenino o mujer trans. Las hermanas trans, travestis, transformistas, todas ellas siempre tuvieron en las feministas a aliadas y compañeras, y seguimos siendo compañeras de todas ellas, pero de ahí a decir que el género, que es una relación de poder, reemplace al cuerpo, no pues. Mujer es un concepto histórico y político ligado a la base material y biológica del cuerpo. Como feministas comunitarias de Abya Yala, nosotras hablamos de tres cuerpos: Mujeres, Hombres e Intersexuales. Las luchas las hacemos como pueblos organizados, no solo como sectores de intereses parciales.    

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Últimas Noticias