Voces

domingo 18 abr 2021 | Actualizado a 10:03

Más lecciones y mitos: las alcaldías

/ 30 de marzo de 2021 / 01:18

Debo confesar que una buena parte de la motivación de este artículo y el anterior fue la iconoclasia de la irreverente carcajada de mi amigo Carlos (Valverde) en televisión semanas atrás en una presentación de sondeos en bocas de urna y conteos rápidos. La búsqueda de corroborar el motivo de la sonoridad —ante afirmaciones de que el MAS-IPSP había pasado incólume la prueba subnacional—, me hizo retomar cifras y porcentajes de todas las alcaldías electas; dejaré gobernaciones hasta la segunda vuelta.

Como base tomaré los datos del padrón de que en el eje central vive el 73,2% de los electores habilitados para estas subnacionales (5.217.985) y en sus 10 ciudades principales reside el 54,0% (3.853.864), además de que, en las cuatro principales de ese eje, vive el 41,5% (2.957.523) de todo el electorado habilitado (7.131.075). Pasemos a analizar el comportamiento electoral de esas ciudades en 2015 y 2021.

En 2015, el MAS-IPSP ganó Sucre y Potosí y cooptó luego —por captación, asimilación o conveniencia— Cobija, Oruro, Santa Cruz de la Sierra y Trinidad; en total, obtuvo el 31,7% (862.760) de los votos válidos emitidos en esas 10 ciudades. Este año, el MAS-IPSP repitió en Sucre (venció por 301 votos) y ganó Oruro (pasó del 20,0% de válidos en 2015 al 29,5% este 2021; el otro municipio principal que subió su porcentaje de votación fue en Tarija: del 21,2% al 25,4% pero no ganó) y obtuvo 771.647 votos en las 10: el 24,4% de los votos válidos, el 7,3% menos; dicho de otra forma, en las 10 ciudades del eje el 75,6% (2.384.796) votó por candidatos de otras opciones.

Retomaré el dato proyectado del INE de población para 2018 (no encontré posterior): el 69,6% de los bolivianos vivíamos en centros urbanos y periurbanos y me apoyaré en que no podemos deformar los números —a pesar de intentos de “matemáticas garcialinerianas”. En las proyecciones del ente estadístico —mientras no haya el nuevo censo—, para 2030 seremos más de 13,2 millones y en la afirmación de Carlos Hugo Molina que en 2032 seremos algo más de 15 millones (datos expuestos en el II Congreso Internacional de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad San Francisco Xavier), lo que Molina proyecta que para ese año el 90% viviremos en las ciudades, una cifra nada alentadora para los que confían en los votos rurales como baza de victoria.

Según los cómputos oficiales del OEP para 2015 y 2021, el MAS-IPSP obtuvo en 2015 el 40,4% (1.847.537) de todos los votos válidos emitidos ese año para alcaldías (4.568.976), pero en 2021 el porcentaje fue el 33,3% (1.897.242) de los 5.692.477 sufragios válidos para alcaldías (diferencio votos para alcaldías de votos para gobernaciones por, aunque el número de habilitados es idéntico, el de votos válidos fue inferior en 1,9% para la elección de gobiernos departamentales en primera vuelta: 5.559.425). Si comparara porcentualmente con las elecciones nacionales de 2020, la diferencia sería mucho mayor: 33,3% versus 55,1% (21,8%).

El MAS-IPSP fue la única organización que presentó candidatos en todo el país —incluso ganó en el municipio Chaquí en Potosí, donde no tenía candidato habilitado, algo que será dolor de cabeza para el TED potosino— y ganó en 244 de los 336 municipios (72,6%), pero como solo obtuvo el 33,3% de los sufragios, es claro que su fuerza está en municipios con baja o nula población urbana. Gobernará muchos municipios con pocos bolivianos.

A puertas de una tercera ola de COVID-19 y constatado el diferente panorama de gobernabilidad que resulta de estas elecciones, la implementación masiva de vacunación deberá unir oficialismo y oposiciones —diversas pero con intereses comunes. Pudiera ser un punto inicial de entendimiento camino a un pacto fiscal que satisfaga las necesidades y el desarrollo de las regiones. O hundirnos.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Pandemia, crisis y populismo ‘remake’

/ 13 de abril de 2021 / 01:02

Sin necesidad de explicitar, cuando usted leyó “crisis” enseguida sabía que iba a tocar su bolsillo —y el de los suyos, claro está— en las elecciones cercanas en Bolivia —las de octubre—, Ecuador y Perú. 

La pandemia ha sido un desastre para la región —y lo seguirá siendo tiempo más. Los tres países han sufrido con intensidad los embates de la pandemia: Hasta el sábado pasado (todos datos de la Johns Hopkins University), Bolivia alcanzó una morbilidad x 100.000 habitantes de 2.420,4, letalidad (mortalidad respecto morbilidad) de 4,4% —la mayor letalidad fue de 6,2% entre el 28 de octubre y el 10 de diciembre y nunca hubo el 10% de algunos discursos fantasiosos— y 107,0% la mortalidad por 100.000 habitantes; Ecuador tenía 2.025,9, 5,0% y 101,5% respectivamente, mientras en Perú llegaban a 5.103,3, 3,3% y 170,1% (ésta la mayor de Sudamérica); comparando los tres países, solo Ecuador tiene menos morbilidad y mortalidad que Bolivia pero con más letalidad, lo que demuestra que en Bolivia, hasta ahora al menos, la pandemia ha sido moderadamente manejada. En vacunación hasta el sábado (Our World In Data), Bolivia estaba en 0,13 por 100 habitantes (2,9% de las dosis a administrar) y Perú 0,04 —Ecuador el día 6/5 reportaba 0,08, igual que Bolivia ese día—, lejos de los campeones sudamericanos: Uruguay (0,93) y Chile (0,90) —Paraguay estaba en el fondo, con menos de 0,01.

Toda esta parafernalia sobre la incidencia del COVID-19 es más penosa cuando estremece cruzarla con las caídas de las economías: Según la CEPAL, en 2020 Bolivia se contrajo 8,0%, Ecuador 9,0% y Perú 12,9% y para 2021 las recuperaciones pronosticadas serán de 5,1% (aún -2,9% respecto de 2019), Ecuador 1,0% (-8,0%) y Perú 9,0% (-3,9%), peor si se le suma la aceleración extraordinaria en el crecimiento de la deuda de cada país, por lo que el FMI considera que el crecimiento del PIB en Latinoamérica retornará a los niveles previos a la pandemia en 2023 —a muy diferentes velocidades— y el PIB per cápita lo hará en 2025. El regreso a niveles de 2019 para estos tres países estará entre fines de 2022 y 2024 (Banco Mundial).

Es el caldo de cultivo de la demagogia populista: el populismo del socialismo 21, remake ya no tan del Foro de São Paulo —sin Brasil de Lula— sino más del Grupo de Puebla —con México de AMLO— en comicios Bolivia (2020) y Perú y Ecuador (ahora) en plena crisis del COVID-19.

En octubre, Bolivia optó mayoritariamente (55,11%) por repetir una maquillada Historia de Éxito —la del pretendido “milagro económico” de 2014-2018, indulgencia totalmente ajena— y por un gobierno asaz moderado que superaría la confrontación de 2019 y las incertidumbres de 2020 —pandemia por medio—; ni una ni otra: la economía va en peor, priman la confrontación y las falaces narrativas. Por contrario, Ecuador fue a balotaje pugnando entre un remake de Correa que no encantó en primera a casi el 68% de votantes y una visión conservadora que, por tercera vez, parecía no aglutinar al electorado: A diferencia de Bolivia, Ecuador decidió frenar el correísmo y Guillermo Lasso gobernará, aunque con una Asamblea con mayoría relativa correísta.

Las elecciones en Perú se dan en el descrédito de la clase política —cuatro presidentes en tres años; cinco de los ocho presidentes tras el fujimorismo juzgados por corrupción, uno de ellos suicidado—, la segunda mayor contracción en la región y un mal manejo de la pandemia. Siendo el único de los tres países donde nunca gobernó el socialismo 21, un denunciado afín al ultramaoísta Sendero Luminoso —Pedro Castillo— puntea (16%) a medio escrutinio.

Acá, variando por departamento entre el 36 y el 64% escrutado, el MAS pierde en las cuatro gobernaciones y, hasta ahora, quedaría solo con las tres ya ganadas.

Esperemos resultados. Y consecuencias.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Hitos, mitos y lecciones subnacionales

/ 15 de marzo de 2021 / 23:55

El domingo pasado, con algunos datos de principales sitios de elección sin llegar al 100% pero bordeándolos, tuvimos los resultados oficiales del cómputo de las elecciones subnacionales, suficientes para analizar prolijamente.

Lo primero es la preeminencia territorial: en 2015, el MAS-IPSP ganó seis gobernaciones (Chuquisaca, Cochabamba, Oruro, Potosí, Beni y Pando) y dos alcaldías principales (Sucre y Potosí), a las que sumó las alianzas con los ganadores en Oruro (MCS-FA), Trinidad (MNR), Cobija (PUD) y —tácitamente— Santa Cruz de la Sierra (SPT): en total, seis de 10 Alcaldías principales, quedando en manos de la oposición las de La Paz, El Alto, Cochabamba y Tarija —ésta al menos al inicio.

El panorama es diferente en 2019: el MAS-IPSP repite ganando las gobernaciones de Cochabamba, Oruro y Potosí y va a segunda vuelta en los departamentos de Chuquisaca (está segundo), La Paz (se estancó en el 39,70%), Pando y Tarija (en ambos su ventaja es mínima: 2% y 0,12%, respectivamente); en los cuatro balotajes, contará en contra con el conjunto de los votos antiMAS-Evo, lo que vale decir: el resto de los electores. Para las 10 alcaldías principales, este año la única que gana es la Alcaldía de Oruro —esta vez sin necesitar de “adquirir” aliados— y en Sucre está a la espera de los resultados en la repetición de tres mesas en el municipio para definir el ganador (la diferencia entre los dos primeros es del 0,20%).

Si recordamos que el voto de los departamentos del Eje Central representa el 73,2% del electorado habilitado en el padrón y que la población de las 10 ciudades principales tiene el 41,5% de ese mismo padrón, el MAS-IPSP retiene solamente el gobierno departamental del 30,3% del electorado habilitado en el país y, ya con certeza, el gobierno municipal del 7,5% del electorado habilitado en las 10 ciudades capitales más El Alto. Los balotajes en Chuquisaca, La Paz, Pando y Tarija y las repeticiones de votación en Sucre pueden corroborar o no este resultado, pero harán dolor de cabeza para sus estrategas, además de hacer quedar peor a algunas “opinadoras”.

Si recordamos que dos candidatos que van a discutir gobernaciones al MAS en segunda vuelta y, al menos, dos de las alcaldes ganadoras fueron dirigentes, autoridades electas o aliados del MAS-IPSP, se puede entender que el “dedazo” fue verdaderamente símbolo que el poder monolítico caudillista dentro del partido que nos gobernó 14 años y nuevos meses va en caída libre.

Me quedan las lecciones y los mitos: Aunque se aduce que elecciones nacionales y subnacionales son percibidas diferentes para el electorado, esta del pasado 7 de marzo fue entendida por los electores como el contraste con la de 2020 en la medida de cuán válido —o no— había sido el mito del “milagro económico” que le dio victoria a Luis Arce (entendido él como “otro MAS” y capaz de abrir la cornucopia de la nueva bonanza, además del hartazgo con los políticos opositores al MAS —parte o no de la gestión de la transición); coincido con Carlos Toranzo en que en estas subnacionales muchas decisiones se apartaban de “la agenda  cotidiana, de realización de obras para los votantes”: en 2020, Arce obtuvo el 55,11% y en esta de 2021 —al menos para gobernaciones— le votó el 42,53% de habilitados. La segunda lección es que, una vez más, la dispersión onanista de candidaturas siempre perjudica a la oposición, y la tercera que esta elección terminó de enterrar a partidos que fueron importantes estos 15 años: Demócratas, UN, Sol.bo, SPT, UDA…

De los mitos: solo en pocos departamentos el voto rural es influyente —en 2018 solo el 30,6% de la población era rural— y el de país indígena lo desinfló el Censo 2012.

Quise escribir también de las aprehensiones —razias— recientes como expresión de debilidad en el Poder, pero será la próxima.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Mitomanía y desesperación electoral

/ 2 de marzo de 2021 / 07:33

He dedicado mis últimas columnas (Encuestas hoy aún sin ‘encuestitis’, 02/02/2021, y De encuestas y elecciones subnacionales, 16/02] para la pedagogía de entender las encuestas, lo que en cada período electoral reitero y que motivó varios de mis libros (Cómo ganar elecciones, Plural 2019; Manual para ganar elecciones, Palibrio 2013; De encuestas y elecciones en Bolivia 2009, KAS 2010; Encuestas, medios y elecciones, KAS 2003, y Manual para campañas electorales, UCB 2002]. Pareciera que, más que “no entenderlas” el quid es “no querer entenderlas”, lo que hace pensar en pobres entendederas o graves despechos —sobre todo de políticos que parecen los “aprendices de brujo” de Goethe y Dukas y no de Nilsson.

Sin entrar en números, solo un estudio autorizado y verificado por el Tribunal Supremo Electoral (Ciesmori, 24/01) tuvo un alcance cuasi nacional con las intenciones de voto para las candidaturas habilitadas en las nueve gobernaciones y en las alcaldías de las ciudades capitales del eje central y El Alto; otras tres siguientes (Ciesmori 11/02 y 25/02 y Focaliza 21/02) se centraron en las tres gobernaciones del eje central y en las alcaldías de sus ciudades capitales más El Alto, priorizando el criterio de que en los tres departamentos está el 73,2% de los electores habilitados (5.217.985 de los 7.131.075 habilitados en todo el país) y, a su vez, en las ciudades investigadas está el 41,5% de todos el padrón nacional habilitado (2.957.523, encabezados por Santa Cruz de la Sierra con el 15,2% y El Alto con el 9,9%). Los dos estudios de intenciones de voto de Captura Consulting (05/02 y 25/02) se centraron en el departamento de Santa Cruz y su ciudad capital; lamentablemente, hasta hoy, a dos días inclusive de iniciar el silencio electoral, no hay otras investigaciones autorizadas por el TSE o los TED que hayan sido difundidas, como puede encontrarse en el blog www.encuestaseleccionesbolivia.bo.

La falta de otras investigaciones autorizadas se entiende por la dificultad de financiarlas, tanto tras dos procesos nacionales seguidos (2019 y 2020) y la reducción de financiamientos por la pandemia, lo que ha provocado que estemos en nebulosas respecto a los probables comportamientos electorales en seis de los departamentos del país, con casi el 27% de los electores habilitados.

Me referiré ahora a otra faceta de la “desinformación”: Un interesante artículo de Iván Bustillos (La incomodidad de las encuestas, 24/02] insiste claramente en lo que señalé al inicio de esta columna: la incredulidad (sobre todo en los políticos si no les favorecen, apostillo yo) sobre las encuestas”, cuestionamiento y suspicacia que en este período parte de declaraciones del expresidente Morales acusando “a las encuestadoras de ‘instalar en 2020 la idea de una inevitable segunda vuelta’ (sic) entre Luis Arce y Carlos Mesa”, incurriendo en el común error de obviar los llamados “votos residuales” que aparecen en las intenciones de voto totales —prorrateados y proyectados todos estos “residuales” a votos válidos, aunque funcionan con casi nula moderación cuando los residuales son altos, como sucedió al proyectar las 34,0% intenciones totales para un candidato a gobernador de Cochabamba con el 42,4% de residuales para dar un poco creíble 59,0% de intenciones “válidas”.

La lectura de requisitos y salvaguardas que la Ley N° 026/2010 “Del Régimen Electoral” define en su Sección VI “Estudios de Opinión en Material Electoral” evitaría a políticos angustiados incurrir en festinadas recomendaciones de “auditorías” y propuestas de algún “proyecto de ley que busca regular la labor de las encuestadoras, para que no generen ‘desinformación’” (Bustillos) porque lo único que hacen —amén del ridículo por desconocimiento— es cuestionar al ya vapuleado Órgano Electoral.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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De encuestas y elecciones subnacionales

/ 16 de febrero de 2021 / 10:07

Mi anterior columna la cerraba diciendo que “ni llegamos todavía a la ‘encuestitis’ y falta conocer si la pandemia aplaza los comicios” (Encuestas hoy aún sin ‘encuestitis’, 02/02/2021): No llegó la “encuestitis” ni se aplazaron las elecciones; veamos los porqués.

Luego de los aluviones de encuestas de intenciones de voto para los comicios de 2019 y 2020 —las validadas por el OEP, que de las no registradas hubo muchas más—, para las subnacionales son muy pocas: hasta ahora, dos de Ciesmori —la primera nacional para gobernaciones y del eje para alcaldías, la segunda para el eje en gobernaciones y municipios— y una de Captura para Santa Cruz, departamento y municipio. Lamentablemente, no se han publicado investigaciones de TuVotoCuenta, MercadosyMuestras o IPSOS, las más difundidas en 2020; la fuerte contracción económica y los gastos de ambos años anteriores han reducido el financiamiento de TuVotoCuenta y los ingresos de los medios que contrataban al resto.

Me quedaré en Ciesmori, fe de unos y odio de otros y aprovecharé el estudio de Captura para contrastar. En el caso de las gobernaciones, queda claro que, a pesar de la “alegre” profusión de candidatos —patético reflejo de la falta de posible unidad electoral en todos los últimos comicios en Bolivia, onanismo de pobres liderazgos—, en todos los casos se ha desmarcado un reducido pelotón de dos o tres candidatos con mucha diferencia del resto: en la primera de Ciesmori del 24 de enero, en el Beni lo llenaban el outsider José Alejandro Unzueta, seguido de la expresidenta Jeanine Áñez y, detrás, el exgobernador masista Álex Ferrier; en Chuquisaca punteaba Damián Condori (desvinculado del MAS desde 2014), seguido por Juan Carlos León (MAS-IPSP); en Cochabamba, punteaba solo Humberto Sánchez (MAS-IPSP), mejorando su distancia en la segunda del 11 de febrero; en La Paz, el 24/01 estaba en primer lugar el fallecido Felipe Quispe, posición que el 11/02 no conservó su hijo y sucesor, sustituido en intenciones por Franklin Flores (MAS), el anterior segundo; en Oruro, el primer lugar el 24/01 fue Johnny Franklin Vedia (MAS) disputando el segundo lugar Josefina Pinaya, Ever Moya y Édgar Sánchez; en Pando discutían Miguel Becerra (MAS) y German Richter (ex MAS); en Potosí punteaba Johnny Mamani (MAS) seguido a alguna distancia por Marco Pumari; en Santa Cruz, en ambas ediciones puntea Luis Fernando Camacho seguido —en bajada— por Mario Cronenbold (MAS); y en Tarija punteaba el 24/01 el exalcalde Oscar Montes, seguido por el actual  gobernador Adrián Oliva y, mucho más lejos, por Álvaro Ruiz (MAS-IPSP). Aunque pudieran moverse los lugares hasta el 7 de marzo, las posibilidades de ganar en primera vuelta son solo probables para Camacho (Santa Cruz) y Sánchez (Cochabamba).

En la disputa de los municipios de las ciudades principales del eje —hasta ahora no he visto encuestas autorizadas en el resto de capitales de departamento—, resalta las amplísimas intenciones que recibe la expresidenta masista del Senado Eva Copa —víctima del “dedazo” de Evo—, algo que en Cochabamba sucede —aunque con un menor porcentaje— con el exalcalde y exgobernador —hasta hace poco exiliado— Manfred Reyes Villa. En La Paz, Iván Arias —exministro de la transición—se desmarcó del decreciente César Dockweiler (MAS-IPSP), mientras que en Santa Cruz de la Sierra se mueven las intenciones y la disputa se centra entre el exalcalde Johnny Fernandez y el outsider Gary Añez. Sin balotajes para las alcaldías, Copa y Reyes Villa tienen aseguradas sus victorias, mientras Arias y Dockweiler como Áñez y Fernández deben desmarcarse hasta un consolidado primer lugar —con muchas posibilidades Arias y con probabilidades Áñez.

Lo sabremos el 7 de marzo, confiando en una real desescalada de la pandemia con más pruebas —ahora muy reducidas— y las anunciadas vacunas.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Encuestas hoy aún sin ‘encuestitis’

/ 2 de febrero de 2021 / 02:12

Los últimos comicios nacionales dejaron en muchos la impresión de que “las encuestadoras mentían”, algo que siempre arguyen como justificación los que están en derrota en los pronósticos y que para esas de octubre pasado lo inició Jorge Quiroga, luego retirado ante sus nulas posibilidades, y repetido por el candidato Luis Fernando Camacho para posicionar en Santa Cruz la idea de que ganaría la Presidencia. Ya en estas elecciones, el candidato del MAS-IPSP en El Alto (a quien la encuesta le dio casi 58% menos de intenciones que a la primera ubicada: Eva Copa) acusó a la encuestadora que era “racista y cometió un pecado ante Dios”, olvidando que la encuesta que le daba por perdedor dio por ganadora a una mujer también de origen indígena y excorreligionaria suya.

¿Se equivocaron las encuestas en 2020? No en realidad, si pensamos que una encuesta —me refiero a profesionales— es solo un fotografía en un determinado momento hecha confiando en la veracidad de las respuestas —ocultas en los muchos residuales que aparecía— y que esa jornada “para muchos, incluido el Sr. Michel que, al filo de medianoche, mencionaba un 45% obtenido por el MAS”(¿Cuál MAS ganó y por qué?, La Razón, 27/10/2020), lo cual confirmó que errar en pronósticos era muy posible. Además, los artículos 126 al 137 de la Ley 026/2010 del Régimen Electoral le facultan al Órgano Electoral Plurinacional los mecanismos para controlar la fiabilidad técnica de los procesos, incluyendo su revisión antes de difundirla (art. 137).

Regresando a estas subnacionales del 2021, recién el pasado domingo 24 el OEP publicó la lista de los definitivamente habilitados (aunque hubo algunos que lo fueron expost) y ese mismo día se difundió la primera encuesta de amplitud nacional de la empresa CIESMORI. Ya antes habían sido divulgadas algunas falsas e intencionadas de carácter local no autorizadas por el OEP ni registrados sus oferentes (son 13 nacionales y 11 solo departamentales) y que el portal Bolivia Verifica se encargó de desmentir algunas.

No voy a entrar en el análisis detallado de esa encuesta (que lamento no divulgara resultados para las alcaldías de Oruro, Potosí, Sucre, Tarija ni Trinidad), pero —a pesar de que es la primera divulgada y falta aún tiempo para cambios de correlación— sí nos da varios resultados interesantes.

El primero es la contracción —con visos de desaparición del escenario nacional— de organizaciones como Demócratas, Sol.bo y Unidad Nacional. Unidad Nacional perdería la única ciudad principal —El Alto— donde gobernó y Sol.bo cerraría su ciclo iniciado en 1999 en La Paz con el Movimiento Sin Miedo, su antecesor; a ambas, sus posiciones en 2019 y 2020, la falta de figuras de recambio posible y —sobre todo para Sol.bo— su desgaste de gestión le han cobrado factura. Para Demócratas, su desempeño en 2019 y, aun más, 2020 —su relación con el gobierno transicional—, además del retiro de su líder le fueron fatales, sobre todo para sus dirigentes intermedios; el descarte de la Gobernación de Santa Cruz y el desempeño en el resto de las candidaturas subnacionales le deja pocas opciones de espacios de poder.

El segundo es la emergencia de nuevos liderazgos: el de José Alejandro Unzueta en el Beni, Eva Copa en El Alto, Luis Fernando Camacho en Santa Cruz e incluso Marco Pumari en Potosí y la reaparición del fallecido Felipe Quispe en La Paz marcan las subnacionales.

Tercero es que desaparecen nombres de estas últimas décadas: Percy Fernández y Rubén Costas, Luis Revilla y Samuel Doria Medina entre los más significativos, mientras Evo Morales reduce cada vez más su anterior liderazgo omnipotente y eso arrastra a la práctica fracción del MAS.

Falta tiempo aún ni llegamos todavía a la “encuestitis” y falta conocer si la pandemia aplaza los comicios. Esperemos.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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