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jueves 22 abr 2021 | Actualizado a 16:08

Caminando con orgullo y soberanía

/ 2 de abril de 2021 / 03:07

Nuestro Himno Nacional en su primera estrofa señala “Bolivianos el hado propicio coronó nuestros votos y anhelo; es ya libre, ya libre este suelo, ya cesó su servil condición”. Estas líneas deberían ser una constante en la vida de todos los bolivianos, sin olvidar por lo que pasamos desde la colonia, la república y la época neoliberal, donde la mayoría de la población se vio sojuzgada no solo por un orden interno, sino también externo.

No obstante, existen ciertos grupos de poderes políticos y económicos para quienes estas estrofas no les interpelan en lo absoluto en sus conciencias. A ellos les dictan más el afán de la ganancia, por lo cual no dudaron en entregar las riquezas económicas a intereses foráneos. Para alcanzar tales fines se sirvieron de los gobiernos de turno, con todo su aparato burocrático, fijando medidas económicas totalmente contrarias a los intereses nacionales.

En el ámbito económico, en un pasado reciente, las políticas económicas —que no se ajustaban a nuestro contexto y realidad— se definían desde el hemisferio norte, en organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por azares de la vida, por poco y se repite esa historia en 2020, cuando el gobierno de facto contrajo un crédito ilegal e ilegítimo, poniendo bajo servilismo nuestra economía ante el FMI y con la firma de un Programa Fiscal- Financiero, donde primó la reducción del déficit fiscal en desmedro de la inversión pública.

Esa situación cambió con la asunción de un gobierno legítimamente electo en octubre de 2020, con la suficiente autoridad y autonomía sobre los temas económicos. Tanto así que en los días precedentes se volvió a firmar de forma soberana un nuevo Programa Fiscal-Financiero para la gestión 2021, donde se establecen ciertas metas macroeconómicas a alcanzar. Es importante resaltar que el país recuperará la senda del crecimiento económico, ya que pasaremos de una caída de 11,1% del PIB, al segundo trimestre de 2020, a un incremento de la actividad económica del 4,4% para la presente gestión.

Para ello se recurrirá al principal motor del crecimiento económico que tiene nuestra economía: la inversión pública, la que bordeará los $us 4.011 millones. Cabe aclarar que el gobierno de facto no entendió la importancia de este componente y su efecto dinamizador en nuestra economía, por lo que la desdeñó desde un principio.

Asimismo, es importante mencionar que desde la asunción del presidente Luis Arce Catacora se han ido implementando medidas enfocadas en la reconstrucción de la economía nacional, entre las que destacan: el pago del Bono Contra el Hambre, el incremento de las rentas de jubilación, la promulgación de la Ley del Impuesto a las Grandes Fortunas, el establecimiento de fidecomisos para la sustitución de las importaciones, la creación de un Fondo de Garantía para el Desarrollo de la Industria Nacional (Fogadin), entre otras, cuyos resultados en el corto plazo están dando indicios de una recuperación de la economía.

Así, con la firma del Programa Fiscal-Financiero 2021, Bolivia vuelve a caminar con orgullo y soberanía, porque “es ya libre, ya libre este suelo, ya cesó su servil condición”.

 Charls Ticona Rojas es economista.

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¡Que coman pasteles!

Más impacto tendría el reintegro del IVA, por el cual se espera una recaudación de $us 115 millones, unas 7,7 veces más que el IGF.

/ 15 de enero de 2021 / 00:55

Cuenta una anécdota que días previos a la Revolución Francesa la reina María Antonieta consultaba a sus sirvientes por qué el pueblo francés se encontraba convulsionado, a lo que le contestaron que “piden pan para comer”, pero debido a la escasez de harina, no podían comprar dicho alimento y estaban muriendo de hambre. La “respuesta” que la reina dio a tal calamidad fue “¡que coman pasteles!”.

Más allá si es verdad lo dicho por su majestad o no, la frase atribuye un estado de ánimo compartido por las personas que comprendían la nobleza y la jerarquía religiosa de la época: la frivolidad e insensibilidad ante el sufrimiento de los pobres por parte de las poblaciones más acomodadas y ricas. En nuestros días, parece que dicho estado de ánimo/actitud persiste, solo que ahora se la trata de justificar bajo un discurso economicista.

El Impuesto a las Grandes Fortunas (IGF) ha saltado a la palestra y como era de esperar surgieron algunos “detractores”. La retórica que utilizan es que producto de este impuesto se desincentivará la inversión privada, que se está castigando el emprendedurismo y que estos recursos serán empleados para engrosar el aparato estatal, atribuyendo en última instancia un “odio” al sector privado.

Lo cierto es que se trata de un impuesto que en el mejor de los casos recaudará unos $us 15 millones, afectando a 150 familias adineradas. Más impacto tendría el reintegro del IVA, por el cual se espera una recaudación de $us 115 millones, unas 7,7 veces más que el IGF.

En conjunto, dichas medidas tienen por espíritu la solidaridad. Lo que buscan ambos impuestos es una mayor progresividad tributaria tanto de aquellos que ganan más como aquellos que ganan menos: a unos cobrándoles algo más, con la certeza de que ese “algo más” no afectará su modo de vida, y a los que ganan menos, devolviéndoles recursos para que puedan destinarlos a otras necesidades apremiantes. Pero entender esto resulta difícil.

Efectivamente, si a las élites más adineradas se les preguntase sobre la desigualdad en la población boliviana, ellas estarían casi de acuerdo que es un flagelo que hay que eliminar, pero cómo hacerlo, ahí está la dificultad.  Más de uno recurriría a la frase preelaborada de dotarles las oportunidades antes que darles alguna asistencia monetaria (enseñarles a pescar antes que darles el pez). Otros simplemente callarían y harían mutis por el lado derecho ante tal cuestionamiento.

Ahora bien, cuando las élites económicas piden apoyo al Estado vía la reducción de impuestos, devaluación de la moneda, apertura irrestricta al comercio internacional, asistencia financiera, leyes laborales flexibles, lo hacen en nombre de la productividad, en cambio, apoyar a los pobres es algo improductivo (esto no lo dicen de forma expresa, pero lo piensan en privado). Lo cierto es que ambos necesitan el apoyo necesario y no una actitud monárquica, se necesita la solidaridad, más necesaria en tiempos de una pandemia mundial.  

*Es economista

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La fábula del Helecho y el Bambú

/ 19 de diciembre de 2020 / 01:54

Cuenta una fábula, de autor anónimo, que un carpintero, quien afligido por dificultades en su vida económica, decide recurrir ante un sabio para que este le ayude a través de algún consejo. Este sabio, le invita pasar a su hogar y le relata la historia del helecho y del bambú que estaban en medio de su jardín. Le dice que ambas plantas fueron sembradas el mismo día, pero que al poco tiempo los helechos cobraron fuerza y crecieron más rápidamente, mientras no se veía ni rastros del bambú. Tuvieron que pasar cinco años para que la planta de bambú comenzara a crecer más fuerte y más alta que los helechos.

Así, el sabio le dijo al carpintero que las personas prefieren ser como los helechos antes que como los bambúes, que quieren alcanzar el éxito lo antes posible y no ser pacientes, mientras se fortalecen y echan buenas raíces. De esta fábula podemos aprender algunas lecciones, para entender nuestra economía nacional.

En los días previos ha salido una serie de expertos/gurús económicos que aseguran que la crisis económica se gestó en el anterior gobierno del MAS, que la economía boliviana viene desacelerándose desde 2014 y que el gobierno de transición de Áñez hizo un cuarto intermedio a la crisis y que a la postre ésta continuará deteriorándose. Sin embargo, es necesario aclarar a estos expertos algunos aspectos relevantes de los últimos años.

Evidentemente desde 2014 comenzaron a registrarse en las cuentas fiscales déficits globales, ese año se llegó a -3,4%; en 2019 alcanzó a -7,2% y este año se espera cerrar con un -12,3% del PIB. Sin embargo, se olvidan que en esos años se tuvo superávits corrientes: en 2014 fue de 15,7%, en 2017 registró un 7,5% e incluso en 2019, a pesar del cambio de gobierno desde noviembre de ese año y la consiguiente pésima administración de las finanzas públicas, esto alcanzó el 3,9% del PIB, lo que demuestra un manejo prudente de las finanzas públicas, desmintiendo así el falso discurso del despilfarro económico.

La explicación de los déficits globales registrados desde 2014 tiene una fundamentada en el dinamismo de la Demanda Agregada: en el consumo interno y en los niveles de inversión pública previstos en el Plan de Desarrollo Económico y Social 2016–2020. Fue la gestión 2020 (bajo la presidenta Áñez) que no se enmarcó en lo planificado y ante el intento por reducir el déficit fiscal se paralizaron los proyectos de inversión pública, afectando al aparato productivo de nuestro país en más de $us 2.000 millones, que sumados al mal manejo de la pandemia del coronavirus mermó los ingresos de las familias bolivianas, aumentando el desempleo (8,7% a octubre), y con la subida de los niveles de pobreza.

Es esto de lo que se olvidan los “expertos” que quieren ver la economía como los helechos y no esperan a que las raíces se fortalezcan como los bambúes. Por eso se impacientan y desean una continuidad de la crisis, porque no comprenden que las inversiones darán los frutos a su debido momento. Más bien, el actual Gobierno tiene claro el rumbo que debe afrontar la economía, con una inversión pública programada de $us 4.011 millones para la gestión 2021, con el correspondiente efecto multiplicador, el cual llegará a la postre, nuevamente, al bolsillo de las personas más necesitadas.

Charls Ticona Rojas es economista.

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La deuda y los talentos

No es el monto de lo adeudado lo que preocupa per se, sino del destino que se haga del mismo.

/ 8 de marzo de 2019 / 03:31

Existe en la Biblia la parábola de “los talentos”, la cual cuenta que cierto día un señor entrega a tres siervos suyos, según sus capacidades, una cantidad de dinero/talento para que lo administren. Al primero le da cinco talentos, al segundo dos y al tercero uno. Los dos primeros duplican lo entregado por su señor, por lo que obtienen la gracia y recompensa de éste; en cambio el tercero, por temor, lo esconde bajo tierra el dinero, devolviéndole la misma cantidad, por lo que su señor se molesta e inflige sanción sobre él.

Esta parábola nos sirve para abordar el tema de la deuda externa del país, la cual, en las semanas que precedieron fue la comidilla de ciertos medios escritos y algunos analistas, quienes pretenden generar tonos alarmistas al respecto. Se puede atribuir esta reacción alarmista debido a que nos encontramos en un año electoral y, por tanto, las opiniones y artículos periodísticos son de muy corta visión y excesivamente coyunturales, sin el mayor esfuerzo de análisis.

Pero, ¿por qué el tema de la deuda externa les resulta interesante en estos momentos? Porque la vieja argucia de la inflación perdió su efectividad, ya que en estos últimos años ésta se encuentra en niveles bajos y controlada. Entonces, solo les queda recurrir a su otro hermano putativo, como es la deuda externa, con el cual pretenden traer preocupación a la población, a manera de zombi; pero al igual que estos, su debilidad se halla en la cabeza.

Hay que recordar que durante el periodo neoliberal 1985-2005, el crecimiento económico en promedio alcanzó el 3%; en cambio, en los últimos 13 años el crecimiento económico alcanzó en promedio el 4,9%. En ambos períodos se tuvo un manejo distinto de la deuda externa. Por ejemplo, en 1987, la deuda externa llegó al 99% del PIB; en 1994, representaba el 75% del PIB; y en 2005 fue del 52% del PIB, donde la totalidad de lo deuda era para cubrir el gasto corriente. Durante esos años jamás la economía se posicionó entre los primeros lugares de crecimiento de la región, hecho que sí ocurrió durante 6 años (5 continuos y uno discontinuo) con un ratio deuda/PIB mucho menor: en 2014 llegó al 15%; en 2016 al 18,5% y en 2018 bordeará el 24%. En la actualidad, estos créditos son destinados a la inversión.

Desde el 2006 en adelante se logró incrementar la inversión estatal en más de 10 veces respecto a la inversión del 2005, llegando a ser la más alta de América del Sur en porcentaje del PIB (12,5%). Ahora bien, del total de la inversión pública, cerca del 30% se encuentra financiada por crédito externo y el restante 70% es financiado con recursos propios.

Asimismo, se debe recordar que debido a los resultados económicos obtenidos, el país no necesita del beneplácito de los organismos internacionales para acceder a créditos. El Fondo Monetario  Internacional y el Banco Mundial por mucho tiempo fueron nuestros mayores acreedores, pero sus préstamos estaban condicionados. En la actualidad nuestra fortaleza económica nos permite acceder a recursos de diferentes fuentes de financiamiento.

Al igual que la parábola de los talentos, no es el monto de lo adeudado, lo que representa una preocupación per se, sino del destino que se haga del mismo. Muy bien, estos recursos nos pueden servir para duplicar nuestros ingresos a futuro, cosa que desde el 2006 se viene realizando con el proceso de industrialización, o bien la podemos esconder bajo la tierra, sin mayor ganancia o pérdida, y al parecer a esto es a lo que apuntan ciertos analistas y medios de comunicación.

* Economista.

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La deuda y los talentos

No es el monto de lo adeudado lo que preocupa per se, sino del destino que se haga del mismo.

/ 8 de marzo de 2019 / 03:31

Existe en la Biblia la parábola de “los talentos”, la cual cuenta que cierto día un señor entrega a tres siervos suyos, según sus capacidades, una cantidad de dinero/talento para que lo administren. Al primero le da cinco talentos, al segundo dos y al tercero uno. Los dos primeros duplican lo entregado por su señor, por lo que obtienen la gracia y recompensa de éste; en cambio el tercero, por temor, lo esconde bajo tierra el dinero, devolviéndole la misma cantidad, por lo que su señor se molesta e inflige sanción sobre él.

Esta parábola nos sirve para abordar el tema de la deuda externa del país, la cual, en las semanas que precedieron fue la comidilla de ciertos medios escritos y algunos analistas, quienes pretenden generar tonos alarmistas al respecto. Se puede atribuir esta reacción alarmista debido a que nos encontramos en un año electoral y, por tanto, las opiniones y artículos periodísticos son de muy corta visión y excesivamente coyunturales, sin el mayor esfuerzo de análisis.

Pero, ¿por qué el tema de la deuda externa les resulta interesante en estos momentos? Porque la vieja argucia de la inflación perdió su efectividad, ya que en estos últimos años ésta se encuentra en niveles bajos y controlada. Entonces, solo les queda recurrir a su otro hermano putativo, como es la deuda externa, con el cual pretenden traer preocupación a la población, a manera de zombi; pero al igual que estos, su debilidad se halla en la cabeza.

Hay que recordar que durante el periodo neoliberal 1985-2005, el crecimiento económico en promedio alcanzó el 3%; en cambio, en los últimos 13 años el crecimiento económico alcanzó en promedio el 4,9%. En ambos períodos se tuvo un manejo distinto de la deuda externa. Por ejemplo, en 1987, la deuda externa llegó al 99% del PIB; en 1994, representaba el 75% del PIB; y en 2005 fue del 52% del PIB, donde la totalidad de lo deuda era para cubrir el gasto corriente. Durante esos años jamás la economía se posicionó entre los primeros lugares de crecimiento de la región, hecho que sí ocurrió durante 6 años (5 continuos y uno discontinuo) con un ratio deuda/PIB mucho menor: en 2014 llegó al 15%; en 2016 al 18,5% y en 2018 bordeará el 24%. En la actualidad, estos créditos son destinados a la inversión.

Desde el 2006 en adelante se logró incrementar la inversión estatal en más de 10 veces respecto a la inversión del 2005, llegando a ser la más alta de América del Sur en porcentaje del PIB (12,5%). Ahora bien, del total de la inversión pública, cerca del 30% se encuentra financiada por crédito externo y el restante 70% es financiado con recursos propios.

Asimismo, se debe recordar que debido a los resultados económicos obtenidos, el país no necesita del beneplácito de los organismos internacionales para acceder a créditos. El Fondo Monetario  Internacional y el Banco Mundial por mucho tiempo fueron nuestros mayores acreedores, pero sus préstamos estaban condicionados. En la actualidad nuestra fortaleza económica nos permite acceder a recursos de diferentes fuentes de financiamiento.

Al igual que la parábola de los talentos, no es el monto de lo adeudado, lo que representa una preocupación per se, sino del destino que se haga del mismo. Muy bien, estos recursos nos pueden servir para duplicar nuestros ingresos a futuro, cosa que desde el 2006 se viene realizando con el proceso de industrialización, o bien la podemos esconder bajo la tierra, sin mayor ganancia o pérdida, y al parecer a esto es a lo que apuntan ciertos analistas y medios de comunicación.

* Economista.

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La enseñanza como fuente de liberación

/ 18 de mayo de 2018 / 04:07

La enseñanza de la economía, como disciplina académica, no escapa al ejercicio de la violencia pedagógicaPor qué me impones lo que sabes si quiero aprender lo desconocido y ser fuente en mi propio descubrimiento? (…) Deja que lo nuevo sea lo nuevo y que el tránsito sea la negación del presente; deja que lo conocido sea mi liberación, no mi esclavitud”. La frase anterior corresponde a la Plegaria del Estudiante, que el biólogo chileno Humberto Maturana escribió a su hijo, allá por 1972.

Con esta plegaria, Maturana cuestiona al sistema educativo en general a partir de la figura del maestro o profesor. Los cuales, cuando imparten clases, ejercen dos formas de acción pedagógica, que son muy difíciles de percibir, pero que se refuerzan la una con la otra. La primera tiene que ver con lo que se enseña, lo que en muchos casos imposibilita el desarrollo intelectual de los estudiantes, ya que en demasiadas ocasiones se los prepara para repetir y reproducir teorías y no a cuestionar su alcance. La segunda, producto de lo aprendido, legitima el accionar de las personas, contribuyendo a la reproducción de comportamientos y formas de pensar dentro de una comunidad o la academia.  

Así, la enseñanza de la economía, como disciplina académica, no escapa al ejercicio de la violencia pedagógica. Y tanto la teoría como la política económica que se instruyen fungen las más de las veces como una camisa de fuerza, limitándonos la comprensión y la acción a los libros de enseñanza. Un claro ejemplo de ello es el periodo neoliberal, donde se aceptaron las recomendaciones de política económica que los organismos internacionales y expertos (profesores de las más prestigiosas universidades) tenían para nuestros países, sin realizar una reflexión crítica sobre tales estrategias. Fuimos los mejores alumnos.  

Ahora bien, llevar adelante el proceso opuesto no significa el descarte, de un día para otro, de todas las teorías; implica más bien llevar adelante, a partir de lo aprendido, la exploración de otras alternativas que los textos de enseñanza no contemplan, por estar inspiradas para otros contextos y especificidades socio-históricas diferentes. Así, lo conocido se convierte en fuente de liberación y no el látigo de la esclavitud.

Tal como reconoce el profesor Dani Rodrik, “existe simplemente demasiada diversidad en el mundo como para forzar a todas las naciones a cumplir reglas comunes, incluso si esas reglas de algún modo fueran fruto de procesos democráticos”. Comprender esas diversidades debería motivar tanto a docentes como estudiantes, y no el repetir viejos dogmas: que si los déficit fiscales y comerciales son elevados hay que restringir el gasto y mantener una política cambiara flexible para ser más competitivos; que la sostenibilidad de la deuda pública respecto al PIB debe estar bajo ciertos márgenes, cuando las economías desarrolladas tienen coeficientes superiores al 100% (FMI, Finanzas & Desarrollo, marzo de 2018). O que el Banco Central debe ser autónomo, por tanto, no puede emplear las reservas internacionales para financiar a las empresas públicas; o que la productividad de nuestros factores, en especial del trabajo, es muy baja.

Para terminar, existe otro extracto de la Plegaria del Estudiante que sintetiza muy bien lo expuesto anteriormente, en tanto sirve de palabra de aliento a los estudiantes, y pretende despertar a los profesores: “No me instruyas, vive junto a mí, tu fracaso es que yo sea idéntico a ti”.  

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