Cuando encendemos el televisor para ver las noticias del día, hojeamos el periódico para informarnos o revisamos nuestras redes sociales, siempre estarán ahí. Son esos titulares y narraciones que no quisiéramos ver pero que lamentablemente nuestra realidad nos lo impide. Las noticias de feminicidios, infanticidios, violencia de género y contra la niñez no dejan de estar presentes en nuestro contexto.

En Bolivia, solo en el primer trimestre de 2021 se registraron cinco infanticidios y 282 casos de violación a niñas, niños y adolescentes —más del doble de casos presentados el pasado año—. Esta es la realidad que atraviesan muchas niñas, además de ser madres antes de los 18 años —varias veces producto de violaciones— o afrontar las uniones forzadas tempranas, hecho que limita sus posibilidades de estudios, salud integral, libertad e igualdad de condiciones.

Hasta el pasado 5 de abril se reportaron 32 feminicidios, esto quiere decir que 32 mujeres fueron asesinadas en Bolivia solo por su género. ¿Ese es el futuro que estamos construyendo para las niñas? ¿Una vida en la que ellas teman por ser acosadas en las calles, no sean escuchadas cuando denuncien hechos de violencia o tengan miedo de decir lo que piensan porque podrían ser insultadas?

Hoy, en el Día de la Niña y Niño en Bolivia quiero recordar el motivo por el cual se declaró esta conmemoración: visibilizar la situación de los menores de edad en el país, identificar sus necesidades y cuidados específicos requeridos para alcanzar su derecho a la igualdad y equidad de género. La primera declaración fue en 1955, por Decreto Supremo, y tres días después de la redacción de la Declaración de los Principios Universales del Niño realizada por las Naciones Unidas; y en la segunda, en 2013, se instituyó la fecha —mediante la Ley 357— como el Día de la Niña y del Niño en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Los hitos históricos nos permiten identificar que estamos persiguiendo el derecho de la igualdad para las niñas en Bolivia hace más de 60 años. Sin embargo, los datos que refleja la realidad nos dicen que debemos invertir más esfuerzos por lograr este propósito. Además, será necesario reflexionar cuál es la ruta que seguiremos para eliminar la violencia, o por lo menos impedir que sea normalizada. Un elemento central es la participación activa de todos los sectores involucrados, uno de los principales: las niñas. Debemos escucharlas, saber qué piensan, qué sienten y qué proponen.

Por ejemplo, en un estudio global de Plan International se identificó que 83% de las niñas afirmó sentirse preocupada por la violencia sexual y un 73% por la violencia de género. Esta es tan solo una muestra que representa la conciencia que tienen las chicas sobre la realidad que atraviesan día a día y debería ser una alerta para las instituciones, autoridades, organizaciones y sociedad civil para considerar la problemática y, sobre todo, el valioso espacio de dialogar y escucha activa con las niñas.

Esperamos que los 12 de abril no se conviertan en un día para recordar tragedias de niñas víctimas de violencia grupal, agresiones físicas y psicológicas o maltratos. Sigamos trabajando para que este día sea el que nos permita sentir la paz de abrir el periódico, encender la televisión y ver las redes sin un solo titular que nos recuerde que la violencia contra las niñas, niños, adolescentes y mujeres aún existe. Todo esto, como resultado de haber escuchado sus voces, buscado soluciones de raíz e implementado una estructura que combata cualquier tipo de violencia.

 Emma Donlan es directora País de Plan International Bolivia.