Voces

viernes 7 may 2021 | Actualizado a 09:02

La máquina del tiempo

/ 19 de abril de 2021 / 01:48

La profesora Tamar Herzog, en las primeras páginas de su Breve historia del Derecho Europeo, nos cuenta sobre el asombro que una estudiante le expresó cuando en un museo vio una copia de la Carta Magna de 1215. Para la estudiante, estar delante de la carta de las libertades, que en su entender configuró el mundo moderno fue una experiencia muy importante que le confirmó su decisión de estudiar Derecho. Sin embargo, Herzog se pregunta ¿cómo explicar a esta estudiante que ese documento feudal no tuvo la importancia que ella creía? Es decir, ¿cómo poder lograr emprender un viaje en el tiempo para que la estudiante pueda apreciar que ese documento era solo una estrategia de los poderosos para proteger su jurisdicción y propiedades frente a una monarquía en expansión? Muchas veces lo que hoy significa un evento o un documento histórico dista de lo que en verdad pudo haber significado en su época. Muchos pueden ver una conquista en lo que fue solo una estrategia para conservar privilegios y ventajas.

En las primeras páginas de la obra La máquina del tiempo de H. G. Wells, el protagonista, el anónimo viajero en el tiempo, reúne en su casa a varios amigos para mostrarles un aparato que es capaz de transportar a sus ocupantes a otras épocas, una máquina que es capaz de llevar a sus pasajeros en un viaje por el tiempo. Mientras relata a sus invitados las características de la máquina, el más joven de los escuchas medita en voz alta que se podría aprender el griego directamente de los propios labios de Platón, incluso del mismo Homero, a lo que el anónimo viajero responde que, si eso sucediere, el joven amigo reprobaría la clase de gramática de ingreso a la universidad, pues los sabios alemanes ¡han mejorado mucho el griego! Tanto que hoy ni se parece al griego.

Una máquina del tiempo, como la de Wells nos pondría delante de la preocupación que nos relata la profesora Tamar Herzog. Posiblemente nuestra imagen del pasado esté tan distorsionada por el presente, que no se parezca en nada a lo que suponemos y creemos que pasó. Arthur Danto denomina a este fenómeno «asimetría cognitiva», que podemos resumirla de la siguiente manera: accedemos al conocimiento de eventos sucedidos después y a veces mucho después de que hayan sucedido, resignificando su importancia. En este sentido, si bien es muy importante conocer la historia para comprender el presente, no deja de ser igual de importante conocer el presente para saber desde dónde se narra la historia. Todo historiador partiría de una aporía: no puede tener experiencia del pasado, entonces solo significa e interpreta una versión posible del pasado, la más cercana al presente. Como decía Eric Hobsbawm: Ahora sé que la historia puede ocasionar o detener una guerra, depende de cómo contarla.

 Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

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¿La Historia, cuenta el pasado?

/ 3 de mayo de 2021 / 00:55

Arthur Danto, en su primer libro Analytical Phylosophy of History introduce la tesis de la “asimetría cognitiva”, que podemos resumirla de la siguiente manera: accedemos al conocimiento de eventos sucedidos después y a veces mucho después de que hayan sucedido. Si nos situamos en la Navidad de 1642 en Woolethorpe (Lincolnshire, Inglaterra) no podemos decir: hoy está naciendo Isaac Newton, el autor de los Principia. Aunque hoy podemos decir que es cierto —o creemos que es cierto, pues no estamos en 1642 y tenemos que creer en la buena fe del historiador y su historiografía—, no podemos decir lo mismo el 25 de diciembre de 1642, porque ese bebé recién nacido —bajo el supuesto que, cuando lo decimos, efectivamente haya nacido— aún no se llama Isaac y lógicamente no ha escrito aún los Principia. Danto reflexiona que la posibilidad de alcanzar descripciones verdaderas y significativas del pasado solo se consigue después del evento, es decir, no podemos saber cuáles serán, para los historiadores del futuro, los eventos relevantes de nuestro presente, no podemos saber qué eventos reescribirán para concatenarlos con otros que están por suceder. Entonces, nuestro presente, que en un futuro será pasado, puede diferir de sí mismo, puede ser incluso disuelto a través de una reactualización del mismo.

Lo señalado nos lleva a un escepticismo verificacionista, es decir a la imposibilidad de saber si un enunciado sobre un hecho pasado sea verdadero o falso, debido a que por principio no podemos tener experiencia del pasado sino solo del presente, es decir que los enunciados del pasado no tienen significado, no son verificables en el pasado sino solo en el presente. Accedemos al pasado a través del presente, y allí el historiador tiene una ventaja, pues posee el conocimiento de eventos posteriores al suceso que desea narrar y, en consecuencia, puede seleccionar ciertas líneas temporales y desestimar otras de acuerdo a los intereses de su presente.

De acuerdo con Arthur Danto, toda organización del pasado en estructuras narrativas temporales, sean diacrónicas o sincrónicas, no se reduce al establecimiento de una conexión sino de una significación. El historiador busca significar algo, esto es, busca respuestas a intereses cognitivos significativos para el presente de una comunidad de la cual el historiador es parte. Pero acaso ¿no es esta la función principal de la ideología? Es decir, ¿no es parte de la ideología reinscribir un acontecimiento histórico en la lógica del orden existente? Si la respuesta es afirmativa, y yo creo que sí lo es, las narraciones de la Historia nos presentan también la pérdida del tiempo originario, es decir la pérdida del pasado a condición de su interpretación en el presente y su función, como relato en el futuro.

 Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

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Teoría de juegos

/ 5 de abril de 2021 / 02:09

El núcleo de la teoría de juegos es fácil de entender: primero es una teoría de las decisiones racionales a través de la simulación de un juego; segundo, considera que los participantes del juego son todos individuos racionales y solo les interesa ganar; y tercero, que el comportamiento de los jugadores se encuentra guiado exclusivamente por su egoísmo y cálculo racional. Se considera a John Von Neumann, John Nash y William Poundstone sus más conocidos expositores y divulgadores.

Veamos el ejemplo de la repartición del pastel para comprender esta teoría llevada a la práctica.

Imagine el cumpleaños de dos niños caprichosos. Imagine también a un padre aterrado a momento de cortar un pequeño pastel en dos partes. Por mucho cuidado que el padre tenga en cortar el pastel uno de los niños (o incluso ambos) pensará que se le ha dado el pedazo más pequeño, incluso pese a que el padre hubiera realizado el corte con todo el cálculo posible. La solución a este problema, desde la teoría de juegos, es la siguiente: que uno de los niños corte el pastel en dos y que el otro elija el pedazo que quiera. El primero en elegir no podrá quejarse de que se partió mal el pastel porque él fue quien lo hizo. El segundo niño no podrá reclamar que le dieron la porción más pequeña pues él ha sido el que ha elegido el pedazo de pastel con el que quiere quedarse.

Examinemos el ejemplo aplicando la teoría de juegos. El primer niño tiene muchas opciones posibles, puede dividir el pastel en dos trozos desiguales (con varias posibilidades de desigualdad) o dividirlo de la manera más equitativa. El segundo niño tiene dos estrategias posibles, puede elegir uno u otro trozo, puede elegir el mayor o el menor. Si pensamos que ambos están guiados solo por su egoísmo personal, el primero deberá de garantizar que al cortar el pastel él no salga perjudicado, y el segundo deberá elegir de manera que tampoco él resulte con el trozo más pequeño de pastel.

La tarea más complicada la tiene el niño que corta el pastel, en tanto el otro niño, el que escoge el pastel, tiene la última decisión. En este sentido la teoría de juegos nos pide concentrar nuestra atención en la acción que realizará el niño que cortará el pastel, él sabe que, si corta desigual el pastel, él se llevará la parte más pequeña, en tanto si corta con justicia sabe que se llevará casi la mitad del pastel. Esta operación en busca de llevarse la mejor parte del pastel se denomina regla maxi-min, que quiere decir maximizar lo mínimo. En este caso maximizar el mínimo que le dejará al que escoge.

Italo Calvino explicaba la regla maxi-min con una frase pronunciada por uno de los personajes de una de sus novelas: Sabes ya que a lo más que puedo aspirar es a evitar lo peor. Sabio consejo para todas las crisis que se vienen.

 Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

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La demanda marítima en la CIJ

Una lectura del diferendo entre Bolivia y Chile: ‘Obligación de negociar acceso al océano Pacífico’

/ 24 de marzo de 2021 / 15:39

DIBUJO LIBRE

Se han cumplido casi dos años y medio de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) respecto del diferendo entre Bolivia y Chile caratulado con el título “Obligación de negociar acceso al océano Pacífico”. Con esta distancia y a vísperas del 23 de marzo, fecha en la que tradicionalmente se recuerda la Guerra del Pacífico y el comienzo del enclaustramiento de Bolivia, proponemos una lectura de este acontecimiento histórico. El 24 de abril de 2013 Bolivia presentó a la CIJ una demanda contra Chile sobre la obligación de este último (el Estado chileno) de negociar de buena fe y de manera efectiva con Bolivia con el fin de llegar a un acuerdo que otorgue a Bolivia un acceso plenamente soberano al océano Pacífico. El 18 de junio de 2013 la CIJ señaló los plazos de presentación de los documentos denominados “Memoria” y “Contra Memoria”, es decir la presentación de las pruebas de la demanda y de la respuesta a las mismas. El 15 de julio de 2014, dentro del plazo fijado por el parágrafo 1 del Artículo 79 del Reglamento de la CIJ, Chile presentó una excepción preliminar a la competencia de la Corte sobre la base de que Bolivia pretendía revisar el Tratado de 1904, que no era competencia de la CIJ (dado que

la CIJ solo tiene competencia a lo sucedido posterior a su establecimiento, es decir después de 1945), lo cual abrió un pequeño proceso para determinar si la CIJ tenía o no jurisdicción para conocer la demanda boliviana. En este pequeño proceso, Bolivia afirmó que su intención no era revisar el Tratado de 1904 El 24 de septiembre de 2015 la Corte emitió su fallo sobre “Excepciones Preliminares”, mediante el cual rechazó la excepción preliminar presentada por Chile y concluyó que tenía jurisdicción para conocer la demanda presentada a la Corte por Bolivia.  Asimismo, la Corte fijó un nuevo plazo para la presentación de la “Contra Memoria” de Chile. Chile presentó su “Contra Memoria” y Bolivia solicitó (y acordó con Chile) el desarrollo de una nueva fase escrita en la que se presentó una “Réplica boliviana” y una “Dúplica chilena”, es decir una complementación a la Memoria, y una respuesta de Chile respecto a esa complementación. Se cumplió con la presentación de estos escritos en 2017 y con ello finalizó la etapa escrita del proceso, habilitándose la etapa oral que se expresó en audiencias públicas, transmitidas por televisión desde La Haya-Holanda, sede de la CIJ. Posteriormente, la CIJ fijó que las audiencias orales para atender el tema de fondo de la demanda de Bolivia en marzo de 2018. Y después de seis meses la CIJ llamó a audiencia para dar la lectura de su sentencia de 1 de octubre de 2018. La sentencia de la CIJ se estructuró en cuatro partes: I. Antecedentes históricos y de hecho, en la que la CIJ partió revisando el establecimiento de fronteras entre Bolivia y Chile en el Tratado de 1866, una breve narración de la Guerra del Pacífico, el Pacto de Tregua de 1844, el Tratado de Paz de 1904 y la seguidilla de acontecimientos desde 1920 hasta 2006, que denotan los intercambios entre ambos Estados para que Bolivia pueda alcanzar un acceso al océano Pacífico. II. Consideraciones Preliminares, en la que la CIJ define el significado y alcance de la noción “obligación de negociar”, el significado de “acceso soberano”, lo cual la lleva al tema de si la existencia de una obligación de negociar es o no una obligación jurídica en el ámbito del Derecho Internacional. III. Los supuestos fundamentos jurídicos de la obligación de negociar un acceso soberano de Bolivia al océano Pacífico, en la que la CIJ revisa cada una de las aseveraciones de Bolivia, sus pruebas y va descartando una a una la pretensión de Bolivia. IV. Conclusiones generales y cláusula operativa, tal vez la parte más importante de la sentencia de la CIJ, la misma que consta de dos numerales: 175 y 176, que por su importancia transcribimos a continuación:

175. A la luz de los antecedentes históricos y de hecho anteriormente indicados la Corte observa que Bolivia y Chile tienen una larga historia de diálogo, intercambios y negociaciones orientadas a identificar una solución apropiada a la situación de mediterraneidad de Bolivia posterior a la Guerra del Pacífico y al Tratado de Paz de 1904. La Corte es, sin embargo, incapaz de concluir, en base al material presentado ante ella, que Chile tiene “la obligación de negociar con Bolivia para alcanzar un acuerdo que otorgue a Bolivia un acceso plenamente soberano al océano Pacífico”. Por consiguiente, la Corte no puede aceptar las otras peticiones finales presentadas por Bolivia, las que están basadas en la existencia de tal obligación.

176. No obstante, la conclusión de la Corte no debiese ser entendida como un impedimento a las Partes de continuar su diálogo e intercambios, en un espíritu de buena vecindad, para abordar los asuntos relativos a la situación mediterránea de Bolivia, solución que ambos han reconocido es una materia de interés mutuo. Con voluntad por parte de las Partes, negociaciones significativas pueden ser emprendidas.

Mucho se ha dicho sobre el numeral 175 de la sentencia, en la que claramente la CIJ desestima la demanda presentada por Bolivia, aunque reconoce la existencia de antecedentes históricos y de hecho de la pérdida de la cualidad marítima de Bolivia en el siglo XIX y de las negociaciones que existieron durante todo el siglo XX y parte del XXI respecto a una salida al mar. Pero poco se ha dicho del numeral 176 de la sentencia, que invoca a que Chile y Bolivia deban continuar su diálogo e intercambios respecto a un problema que es la situación mediterránea de Bolivia, es decir la CIJ no cierra esta posibilidad, solo que remite la solución de esta controversia ya no a materia judicial, sino a materia diplomática, la misma que debe ser parte de la agenda de política exterior boliviana. El espíritu de buena vecindad es la base de esta continuidad de los diálogos e intercambios que la CIJ alienta a que se continúen entre Bolivia y Chile. 

Como señalaron los abogados de la causa marítima boliviana en una entrevista, “el derecho no siempre está en pos de la justicia. Hay otros fines que persigue, como la seguridad jurídica, que a veces es una bomba de relojería sobre la justicia”. Si bien la CIJ se ha negado a reconocer la dimensión jurídica de la controversia, la dimensión diplomática está reconocida y a la vez sugerida como una herramienta para que negociaciones significa

(*) Farit Rojas T. es abogado, profesor de Teoría General del Derecho (UMSA)

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Caballo de Troya

/ 22 de marzo de 2021 / 01:42

Virgilio, el poeta romano, escribía en la Eneida (libro II, 49) “timeo danaos, et dano ferentes” que se traduce como “temo a los griegos aunque traigan regalos”. Los griegos eran llamados danaos. ¿Cuál es el regalo griego más conocido en la literatura que conocía Virgilio? Pues no es otro que el caballo de Troya, mencionado en la Odisea de Homero y recuperada en la Eneida de Virgilio.

El caballo de Troya era un regalo, un don tan peligroso, que se convierte en una máquina de guerra excepcional, pues como se sabe popularmente dentro del caballo, dentro del regalo, al interior del don, se escondían los guerreros griegos, los danaos más despiadados, dispuestos a desatar la carnicería y la muerte una vez que el regalo sea aceptado por los troyanos. El regalo, el don, que parece gratuito en realidad no lo es. Virgilio pone en boca del sacerdorte Laocoonte la advertencia: “Creeís que los danaos pueden hacer regalos sin trampas”.

Además de Laocoonte se encuentra Casandra, que en la mitología griega también advirtió a los troyanos sobre el peligro que se escondía en el regalo griego del caballo de Troya. Casandra fue sacerdotisa de Apolo con quien realizó un contrato, por un lado Casandra accedía a una relación carnal con Apolo a cambio de que éste le dé el don de la profecía, otro don o regalo peligroso. Después del acto sexual, Casandra rechazó a Apolo y éste maldijo a Casandra escupiendo en su boca, entonces sentenció que Casandra tendrá el don de la adivinación pero nadie le creería. Así cuando Casandra anunció la caída de Troya por lo que se escondía en el regalo griego, ningún troyano le creyó. Así nació el síndrome de Casandra, el don de los que pueden ver el futuro pero no pueden hacer nada para evitarlo.

En ambos casos, tanto en el ejemplo del caballo de Troya, como en el don de Casandra, el regalo revela una naturaleza particular. El regalo, mientras más inocente se presente, es más compleja su configuración de máquina de guerra, pensemos en lo inútil de un caballo hecho de madera, justamente el hecho de su falta de utilidad nos lleva al carácter simbólico de su configuración.

El filósofo francés Derrida decía: “Tengo una lengua y no es la mía”. Es decir que tenemos una lengua pero no es la nuestra. En nuestro caso el castellano es nuestra lengua, ejercemos nuestra libertad en el ejercicio de la palabra, pero esta palabra no es nuestra, nos fue dada, nos fue regalada, y a la vez, es esta condición de regalo, de danaos griego, lo que nos ata, nos relaciona, nos condiciona. No es posible expulsar a los poetas como pretendía Platón, pues la poesía está en nuestra lengua y nos habita. Solo podemos decir lo que la lengua nos permite, un regalo hermoso pero a la vez que nos funda en una ilusoria universalidad, la de nuestra cultura.

 Farit Rojas t. es abogado y filósofo.

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Globalización

/ 8 de marzo de 2021 / 04:08

Para Boaventura de Sousa Santos no hay una sola globalización, lo que hay son cuatro globalizaciones en curso. La primera la denomina “localismo globalizado” y consiste en el proceso por el cual un fenómeno local determinado es globalizado con éxito. Por ejemplo, el idioma inglés, una lengua de una parte de la población del planeta convertida en lengua franca. La segunda globalización la denomina “globalismo localizado” y trata del impacto específico de prácticas transnacionales en condiciones locales. Lógicamente esta globalización desestructura y reestructura las prácticas locales. Por ejemplo, la implementación de una norma modelo en Derecho, como las normas mundiales de arbitraje y conciliación, que obligan a todas las legislaciones a uniformarse.

Estas dos primeras formas de globalización son expresiones claras del capitalismo transnacional. Sin embargo, hay otras formas de globalización que no pueden ser caracterizadas ni como localismos globalizados ni como globalismos localizados. Boaventura de Sousa Santos las denomina como “cosmopolitismo”. Las actividades del cosmopolitismo tratan sobre todo de diálogos, movimientos y organizaciones de la población, es decir globalizaciones desde abajo, desde la gente. Por ejemplo, las organizaciones internacionales de trabajadores, las famosas internacionales que desde la época de Marx la izquierda intenta dar forma. Finalmente, tenemos un tipo de globalización que no puede ser descrita adecuadamente ni como un localismo globalizado ni tampoco como un globalismo localizado, pero tampoco como cosmopolitismo. Se trata de la aparición de asuntos que, por su naturaleza, son tan globales como el globo mismo y que se denominan “la herencia común de la humanidad”. Se trata de globalizaciones que cuentan con hiper-objetos, es decir objetos que solo tienen sentido para la humanidad en su conjunto, hoy en día el ejemplo más claro puede ser la pandemia de COVID- 19 que debe llevarnos a evaluar si temas como la medicina, las vacunas y los medicamentos deberían seguir en los márgenes de la iniciativa privada o se debería tratar el tema como de emergencia global, levantando los derechos de las patentes y empezar una ruta crítica respecto a los efectos nefastos del capitalismo.

Las globalizaciones llamadas “cosmopolitismo” y “la herencia común de la humanidad” se presentan como globalizaciones de resistencia a los efectos negativos del capitalismo global. Las demandas que se agrupan alrededor del “cosmopolitismo” y de “la herencia común de la humanidad” muestran que aquello que llamamos globalización puede ser en realidad un conjunto de espacios de luchas transfronterizas. Entonces no hay un solo tipo o forma de globalización, en realidad lo que hay son globalizaciones desde arriba y globalizaciones desde abajo.

    Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

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