Voces

Saturday 4 Feb 2023 | Actualizado a 21:29 PM

Hablar con propiedad mejora la comunicación

/ 1 de mayo de 2021 / 23:52

Jamás olvidaré una muy saludable charla ofrecida hace muchos años por Isaac Sandoval Rodríguez en el viejo Sindicato de Trabajadores de la Prensa de La Paz (todavía me cuesta llamarlo “Federación”), acerca de la utilización apropiada de conceptos, especialmente en el trabajo periodístico. El prominente abogado, catedrático e investigador del desarrollo histórico social boliviano, se refirió a semejanzas y diferencias entre términos como “Estado”, “nación”, “nacionalidad”, “patria”, “territorio”, “país” y otros afines a veces utilizados desaprensivamente como sinónimos. Nos remarcó también, según creo recordar, que no es lo mismo decir “casa superior de estudios” que “casa de estudios superiores”, o “sesión por tiempo y materia” que “sesión permanente por tiempo y materia”, o peor aún, “ciudad del pagador” en vez de “ciudad de (Sebastián) Pagador”. Por supuesto, Sandoval hizo mención además a la carga histórica que frecuentemente expresan los conceptos y los enconados debates que se producen en torno a ellos.

El tema viene a cuento estos días no precisamente de la irresuelta polémica entre “golpe de Estado” y “fraude” que tiene visos de nunca acabar. Haremos énfasis más bien en los conceptos que encierran “1 de mayo” y “genocidio” con sus correspondientes baños de actualidad. Vayamos por partes. El primer día del quinto mes del año, ayer en el calendario vigente, está dedicado al mundo del trabajo y tiene su raíz histórica en Chicago, cuando en 1886 se desató la lucha por la jornada laboral de 8 horas y culminó con el ahorcamiento de un grupo de dirigentes, los Mártires de Chicago, condenados injusta e ilegalmente. Fueron las organizaciones socialistas que años después propusieron y extendieron a casi todo el mundo la celebración de esta fecha como Día Internacional de los Trabajadores (y de las Trabajadoras, le añaden ahora los movimientos feministas). Se la considera como una jornada de lucha y de reafirmación de las propuestas políticas de igualdad social y fin de la explotación. Pese a la pandemia, esas voces han sido las predominantes en esta ocasión. Claro que también están los que desde siempre buscan limitar la fecha a un inocente “Día del Trabajo”. En su libro El poder minero, Juan Albarracín relata cómo el periódico El Diario elevó el grito al cielo porque los trabajadores paceños decidieron dar el “temerario paso” de conmemorar el 1 de mayo de 1907 y calificó de “criminal” la “igualdad soñada”.

Pasemos al otro tema. Hace pocos días el presidente Biden, por primera vez como política oficial de los Estados Unidos, admitió que Turquía había practicado un genocidio contra el pueblo armenio. Los hechos ocurrieron nada menos que hace ¡106 años! en momentos en que se desmoronaba el Imperio Otomano, pero mantienen una sorprendente actualidad, no otra cosa significa que el presidente turco Erdogan se haya enfurecido y le exige a Biden una urgente retractación, atenido a su rol de potencia intermedia en la región y su posición prominente en el seno de la OTAN, razones que hacen que otros países se abstengan de seguir los pasos de Estados Unidos. Apelamos a una “Guía para Estudiantes” del Museo Memoria y Tolerancia de México para recordar que el caso de Armenia es el más mencionado después del Holocausto, provocado contra el pueblo judío por la Alemania nazi. Pero están también los casos más o menos recientes de Camboya, Guatemala, Antigua Yugoslavia, Ruanda, Sudan, que ingresan a la definición de la “Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio” adoptada en 1948 y se reconocen como genocidio o están en vías de serlo por tribunales o comisiones de la verdad. Cuando hablamos de genocidio, entonces, no nos estamos refiriendo a cualquier acto de violencia criminal o masacres tan frecuentes en el mundo de hoy, sino a la aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos.

   Esito sería.

 Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Calle Harrington: memoria versus olvido

/ 22 de enero de 2023 / 02:45

El pasado 15 de enero se han cumplido 42 años de la masacre. Revisando cuatro periódicos de circulación nacional hallamos que dos de ellos (Los Tiempos y El Deber) omitieron completamente el tema en sus ediciones del anterior fin de semana. Página Siete incluyó un fragmento literario, Ocho nombres por miles, de su colaborador Carlos F. Toranzos. En tanto que en La Razón su directora, Claudia Benavente, le dedicó su nota de opinión 42 veces 15 de enero.

Cuatro años después de los hechos, con base en investigaciones minuciosas, declaraciones de la única sobreviviente, Gloria Ardaya, y deposiciones de algunos de los verdugos, los dirigentes del MIR Walter Delgadillo, Pedro Mariobo, José Pinelo y Juan del Granado, suscribieron un informe, con el título de Así masacraron a nuestros dirigentes, el 15 de enero de 1981. Partes salientes de dicho documento:

A las 17.30 se inicia el operativo

Los grupos del SES, Sección II, DOP y DIN llegan a la casa; el jeep del DOP desde la “Abdón Saavedra”, detrás está el jeep donde se encuentran Alarcón y Uriarte (los espías infiltrados en el MIR que trabajan para la represión) y detrás de este último una cuarta movilidad.

Los paramilitares bajan de los vehículos disparando. Los compañeros se encontraban reunidos en una habitación con ventanas a la calle… Pepe Reyes grita desde la ventana: “No disparen, estamos desarmados”. Los asesinos disparan, saltan la verja, rompen ventanas, rompen la puerta y penetran a la casa…

17.35. Pepe Reyes les sale al paso y reitera “estamos desarmados”, tiene las manos detrás de la espalda. Se escucha una ráfaga…Pepe cae asesinado. Todos los indicios así lo demuestran, nuestros datos lo confirman: Rosario Poggi y Helguero son los asesinos.

Gloria Ardaya se oculta debajo de la cama del cuarto donde se realizaba la reunión…

17.35 a 18.00. En esos minutos los asesinos arman la leyenda que pretende sostener que todos nuestros compañeros mueren en la casa. Eso es falso.

Se escuchó una ráfaga que hizo estremecer el piso del departamento. Pudo estar dirigida a los cuerpos de nuestros compañeros, mientras se encontraban parados en el pasillo, Sin embargo, los orificios que las balas dejaron en la pared están situados por encima de la cabeza del más alto de ellos.

Alarcón y Uriarte fueron los encargados de identificarlos uno por uno. Se escucharon ráfagas y disparos separados… Artemio fue asesinado en ese momento; su cuerpo fue arrastrado hasta el cuarto donde estaba oculta la compañera Gloria; ella vio desde su escondite su agonía y muerte.

En momentos de la tortura y asesinato de Ricardo, se encontraban presentes en la celda No.4 del sótano del Ministerio del Interior, Alarcón y Uriarte, además de Galo Trujillo y Lince Hinojosa, quien disparó contra él.

Lucho, cuando fue encontrado muerto por los familiares, tenía indicios de habérsele aplicado choques eléctricos en las encías, además de un sinfín de horrores practicados en su cuerpo…

Gloria desde su escondite vio a Arcil, tendido en el suelo. Pudo haber salido herido de la casa…

Gonzalo fue capturado por los paramilitares en la terraza. Se escucharon gritos, disparos, golpes y luego silencio…

Con Ramiro sucedió lo propio; pudieron haberlo matado en la casa o en otro lugar.

Jorge tenía un tiro en la frente, pero su cuerpo estaba destrozado por las torturas.

El enemigo montó un show. Disparó por varios minutos, ráfagas de ametralladora al aire; metió armas, dinamita y panfletos. Quiso que el pueblo boliviano creyera la historia del “enfrentamiento”…

Gloria fue encontrada después de que a los grupos operativos se le reunieron otros que no conocían el tenebroso plan de eliminación de los compañeros. Eso le salvó la vida…

Los caídos fueron:

Jorge Baldivieso, exdirigente universitario, diputado electo.

Gonzalo Barrón, ex dirigente universitario, arquitecto.

Artemio Camargo, dirigente minero de Siglo XX.

Ricardo Navarro, exdirigente universitario, ingeniero.

Arcil Menacho, exoficial de las Fuerzas Armadas.

José Reyes, exoficial de carabineros, abogado, diputado electo.

José Luis Suárez, sociólogo.

Ramiro Velasco, economista.

El asunto da para mucho más. Hay que volver, pues.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Andrés Ibáñez, campeón de la igualdad

/ 8 de enero de 2023 / 01:06

Según algunos biógrafos habría nacido en Santa Cruz de la Sierra, el 30 de noviembre de 1844. Sin embargo, no se tiene aún certeza absoluta, basada en documentos, sobre la fecha y el lugar exactos. Pese a ello, Andrés Ibáñez es considerado como uno de los más importantes próceres que el departamento de Santa Cruz ha brindado a la historia de Bolivia en la segunda mitad del siglo XIX. Se le conoce, admira y respeta especialmente en la capital oriental, no tanto así en el resto de las regiones y departamentos del país. En el centenario de su nacimiento, 1944, mediante una ley se le puso su nombre a la anteriormente llamada provincia Cercado, en cuyo territorio está asentado el núcleo de la ciudad capital, Santa Cruz de la Sierra. Se ha erigido en su memoria en la intersección de varias avenidas importantes un monumento de cuerpo entero de Ibáñez con un rifle al hombro, pieza trabajada por el escultor David Paz Ramos, gestionada por el Comité pro Santa Cruz e inaugurada oficialmente en febrero de 1986.

Como ocurre con frecuencia en muchos casos, sobre la vida y obra de figuras destacadas o sobre acontecimientos sobresalientes, se construyen distintas y a veces contradictorias narrativas. Unas veces inventándole merecimientos, exagerando cualidades o virtudes o haciendo todo lo contrario, apocando personajes y sucesos en los que éstos intervienen. En relación a Ibáñez no podía ser de otra manera, se aprecia su rol histórico según el color del cristal con que se le mira.

Lo que está fuera de duda es que el notable cruceño abrazó con pasión y firmeza la causa de la igualdad social, al parecer impactado por los debates europeos de la época entre socialistas utópicos, anarquistas y otros (no hay evidencia documental de que las ideas de Marx y Engels ya hubiesen llegado por estos lares). Ibáñez condenó las injusticias de toda laya y, cuando le fue posible como autoridad local impuesta por las masas insurrectas, distribuyó las tierras ociosas entre los campesinos, liberó a los pobres de las deudas usureras e impulsó mejoras en la salud y educación de las mayorías. Con tales políticas era normal que Ibáñez y sus seguidores igualitarios se ganaran la animadversión de los potentados locales de la época, quienes no solamente auspiciaron y contribuyeron a la intervención punitiva del poder central — gobierno de Hilarión Daza— sino que aplaudieron y festejaron el aplastamiento sangriento del movimiento igualitario que como es bien cierto, levantó la bandera federal, como una estrategia para no quedar aislados del conjunto del país, contrario al rol secante de la administración central. Andrés Ibáñez junto a siete miembros del grupo dirigente fueron capturados en San Diego, localidad cercana a la frontera con Brasil el 1 de mayo de 1877. Juzgados sumariamente, se los fusiló en el lugar ese mismo día.

Gabriel René Moreno, considerado el “príncipe de las letras bolivianas” y esencial compilador y salvador de la documentación escrita de y sobre Bolivia, calificó el movimiento igualitario como “ideas demagógicas y de odio provenientes del mestizaje insolente que sembraron el pánico durante la sedición del mestizo Ibáñez en 1876”.

Guillermo Lora, en su abundante producción sobre el movimiento obrero y su historia, califica a Ibáñez “como uno de los más importantes de la historia social del siglo XIX y constituye, indiscutiblemente, el antecedente directo del socialismo boliviano”.

Ley autonómica: en los procesos de cambio iniciados en 2006, al parecer pretendiendo enfatizar el matiz autonómico de Ibáñez, se bautizó la Ley 031 de 19 de julio de 2010 como Ley Marco de Autonomías y Descentralización “Andrés Ibáñez”.

Se ha incrementado considerablemente la bibliografía sobre Ibáñez y su movimiento igualitario, incluso se ha hecho una película. Pero no caben réplicas ni comparaciones antojadizas en los críticos momentos actuales. Esito sería.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Andrés Ibáñez, en el laberinto de los topónimos

/ 25 de diciembre de 2022 / 00:10

Santa Cruz de la Sierra, Cotoca, La Guardia, El Torno y Ayacucho (más conocido como Porongo) conforman las cinco “secciones” (ahora municipios) de la provincia Andrés Ibáñez en el departamento de Santa Cruz, nombre de una destacada figura sobre la cual volveremos más adelante.

Warnes (provincia y municipio a la vez) lleva el nombre de Ignacio Warnes, líder de una de las “republiquetas” que socavaron el poder colonial principalmente mediante la lucha guerrillera o “guerra irregular”, y murió combatiendo en la batalla de El Pari en 1816.

En las cercanías está la provincia Obispo Santiestevan, con sus tres municipios; dos pequeños en población pero más extensos en territorio, Mineros y General Saavedra, y un tercero, Montero, una de las más grandes ciudades intermedias de Bolivia. A Santiestevan se le conoce el mérito de haber impulsado la construcción de la catedral de Santa Cruz. Marceliano Montero, en cambio, fue un militar patriota con un impresionante récord de participación en mil batallas: estuvo con Warnes en El Pari, tomó parte en las batallas que liberaron a Chile, Chacabuco y Maipú, al mando de José de San Martín; estuvo en Junín y Ayacucho con Bolívar y Sucre y también en Ingavi con Ballivián.

Entre los nueve departamentos del territorio boliviano, solo uno lleva el nombre de un prócer, Pando por el general José Manuel Pando (además de una provincia en el departamento de La Paz), y entre las ciudades capitales, también una sola, Sucre, por el mariscal de Ayacucho.

Existen muchos sitios, especialmente municipios o provincias, que llevan nombres de próceres locales, sean personajes destacados en acciones bélicas y en otros, por el simple hecho de haber ocupado altos cargos en la estructura del Estado, como son los casos de Tomás Barrón y Pantaleón Dalence en Oruro, y Rafael Bustillo y Enrique Baldivieso en Potosí. Muchos de estos espacios conservan sus nombres originarios, en especial en el área aymara: Achumani, Kantutani, Parotani, Pairumani, etc. Otros resultan combinaciones variadas, por ejemplo la provincia Murillo en el departamento de La Paz, conformada por los municipios de La Paz (ciudad), Mecapaca, Palca, Achocalla, Laja y El Alto. Por cierto, los nombres de los jefes guerrilleros y personajes destacados de la independencia ocupan lugares prominentes en provincias y municipios. Ahí están, entre otros, Padilla, Azurduy, Camargo, Zudáñez, Muñecas, Méndez, Esteban Arze. Por supuesto hay varios nombres de presidentes, como Velasco, Saavedra, Linares, Ballivián, Campero, Aniceto Arce, Hernando Siles, Villarroel… y ni qué se diga numerosos nombres de origen religioso, como Trinidad, San Ramón, San Miguel, San José, Santa Ana, San Lucas, San Benito, Santa Rosa, San Carlos, San Javier y otros.

Hay una continuidad histórica: Tiawanaku, Kollasuyo, Nueva Toledo, Charcas, Bolivia. El lugar es el mismo, lo que cambian son los nombres, los topónimos que se van forjando a veces en largos periodos de tiempo, gracias a transformaciones profundas que ocurren en su seno y según también las cambiantes miradas de cada época. Extendiendo el análisis a sitios más reducidos como barrios, comunidades, plazas, calles, avenidas, lagos, ríos, montañas y otros accidentes geográficos, nos encontramos con un laberinto de miles de nombres. En tal sentido, la toponimia viene a ser una disciplina que investiga el origen, significado y tratamiento de los nombres geográficos, pero dejemos ese asunto a los especialistas. Solo queríamos destacar el notable peso simbólico que Andrés Ibáñez puede asumir en los próximos debates.

Un par de interrogantes para cerrar: ¿el personaje es un precursor del federalismo como afirman unos, o de la igualdad social como sostienen otros? ¿Son incompatibles las dos propuestas? Me siento obligado a volver sobre el tema, pero eso será el próximo año ¡hasta entonces pues y… Felices Fiestas!

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Alicia Terán: una vida dedicada a enseñar

/ 11 de diciembre de 2022 / 01:40

Un día como hoy, 11 de diciembre, hace de esto 102 años, nació en Oruro Alicia Terán Quintanilla, una maestra alfabetizadora de vocación y gran impulsora de la recuperación de los idiomas originarios, particularmente, el quechua.

En efecto, todavía adolescente, a veces burlando la rígida vigilancia paterna y a la luz de una vela, alfabetizaba a pobladores quechua-aymaras de la región de Kaywasi. Lo hacía, claro está, en castellano, pues eran tiempos en los que la escritura en las lenguas originarias había avanzado muy poco.

Ella solía relatar una experiencia que vivió de cerca y posiblemente la marcó de por vida. Un docente intolerante pide a niño quechua repetir en voz alta la frase:

— Este vellón tiene polillas.

Y la invariable respuesta era:

— Isti billún tini pulillas.

Después de varios intentos infructuosos el improvisado preceptor estalla en una expresión de ignorancia y racismo, muy típica de la época:

— ¡Este indio bruto nunca aprenderá a hablar en castellano!

Tal vez por causa de vivencias de este tipo, Alicia Terán abrazó desde muy joven tanto las banderas de la alfabetización como las de la recuperación de los idiomas nativos. Los dos carriles por los que transcurrió su trabajo creador de más de 60 años

Antes de haber cumplido 24, publicó su primer libro, Nuevo método de lectura para las escuelas rurales de Bolivia (1944), autorizado como texto oficial de puño y letra del presidente Gualberto Villarroel. El tiraje de 12.000 ejemplares, en gran parte adquirido por el Ministerio de Educación y las Escuelas de Cristo de Potosí, dio lugar a una casi inmediata segunda edición por parte de editorial Gisbert.

Radicada ya en La Paz, Alicia Terán se volcó al trabajo de alfabetización, especialmente con jóvenes aymaras, empleadas “domésticas” y obreros de la construcción, sosteniendo a veces duras batallas con empleadoras y empleadores que se negaban a dar el permiso correspondiente a su personal. Este trabajo la vinculó con el movimiento de los inquilinos al que se unió estrechamente en las campañas contra el desalojo forzado de familias, labores que contaban con respaldo de la entonces poderosa COB y su líder máximo Juan Lechín.

En paralelo, inició sus trabajos de enseñanza del quechua, primero en escuelas de enfermería y luego en el Departamento de Lingüística de la UMSA al que ingresó previo examen de competencia y concurso de méritos, pero sin ningún cartón académico, dada su condición esencialmente autodidacta.

Una vez jubilada del magisterio y en compañía de su amado esposo Israel Dick (cuyo apellido siguió usando hasta el final de sus días, no obstante haber enviudado), Alicia Terán de Dick se estableció en Cochabamba, donde volcó sus energías hacia el desarrollo del quechua. Con un grupo selecto de personalidades, agrupadas en el Qollasuyuj Siminkuna (Lenguas del Kollasuyo) en el que destacaba Ángel Herbas Sandóval, impulsó una serie de actividades que llaman la atención por su seriedad, regularidad y sentido creativo. Foros, talleres y seminarios, boletines impresos, programas radiales semanales, asistencia a eventos internacionales en Cuzco, Arequipa y Lima, con ponencias escritas en quechua.

Tales iniciativas derivaron en la exitosa fundación de la Academia Regional de la Lengua Quechua Cochabamba, en 1986, entidad que se mantiene enhiesta bajo el comando de los quichuistas y/o quechuólogos de las nuevas generaciones.

La huella de Alicia Terán está también en los varios libros que dejó impresos: Nuestro mar, texto escolar; Tarpuy, el quechua al alcance de todos; Muju, quechua básico; Ayrampu, poesía; Ankalli, recopilación de ensayos, narraciones, poesía y traducciones y, por último, Pensamiento-memoria-recuerdo, libro producido a edad avanzada y cuando había perdido casi totalmente la vista.

Recibió en vida el nombramiento honorífico de “Qoya” en un evento realizado en el Cuzco en 1997. Por su parte, el II Congreso Mundial de la Lengua Quechua efectuado en Cochabamba en 2002, llevó su nombre: “Alicia Terán de Dick”.

Homenajes bien merecidos, ¿verdad?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Santa Cruz: ¿hay detrás una conspiración?

/ 27 de noviembre de 2022 / 03:31

Hace 20 años, dos historiadoras publicaron la investigación conjunta subtitulada: Una mirada histórica al problema de las conspiraciones en Bolivia (Tras las huellas del poder, Cuaderno de Futuro Nº 14, PNUD-Plural, La Paz, 2002).

Las autoras, Ximena Medinaceli y María Luisa Soux, sostienen que resultaba difícil admitir entonces que exista asentada en el país una “cultura de la conspiración” dado que no había normas transmitidas y socializadas que unan a un conjunto de personas. Sin embargo, dicen ellas, da para pensar el rol activo y frecuente que tuvieron las conspiraciones, tanto en los cambios políticos operados como en los climas de inestabilidad creados por los grupos opositores artificialmente, o a partir de hechos reales, a lo largo de los siglos XIX y XX. Hubo de todo: conspiraciones para cambiar equipos en el poder; para aprobar nuevas constituciones; para proteger o afianzar intereses familiares o de grupo; con o sin hilos digitados desde el exterior; con o sin trasfondos ideológicos y también conspiraciones inventadas para justificar la represión (como el Plan Zafra Roja, bajo la dictadura de Banzer).

Qué interesante sería que las dos destacadas historiadoras retomasen el tema, para abrir el debate extendiéndolo a las dos últimas décadas, periodo en el cual se dieron acontecimientos memorables, como los cercos campesinos aymaras, las “guerras” del agua y del gas, la estrepitosa caída del último gobierno neoliberal, la llegada de Evo Morales al gobierno a través de elecciones, su derrocamiento en 2019, el cambio de élites en el poder, la nueva Constitución, los avances y retrocesos en la construcción de una nueva institucionalidad democrática, así como otros aspectos.

¿Qué tanto tuvieron que ver en estos sucesos las estrategias conspirativas de unos y otros?

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, el eje central del país se trasladó de la señorial ciudad de Sucre, sede de la oligarquía de la plata, a la pujante y comercial La Paz, vinculada al negocio del estaño. Nadie puede negar que ahora el traslado del eje del poder es hacia Santa Cruz, en lo económico y demográfico y será cada vez más gravitante en lo político.

Los únicos que parecen ciegos o cuando menos peligrosamente miopes ante esta realidad son los actuales dirigentes “cívicos” cruceños. En vez de construir un liderazgo incluyente que abarque al conjunto del país y sus diferentes regiones, se refugian en un regionalismo provinciano de tintes separatistas y racistas heredado de siglos pasados, se identifican con las nuevas expresiones de la ultraderecha internacional (estilo Trump o Bolsonaro), desempolvan viejas campañas anticomunistas de la Guerra Fría, usan descaradamente los sentimientos religiosos de la gente, siembran el miedo mediante acciones terroristas, fabrican y difunden noticias falsas valiéndose de las nuevas tecnologías. Y, lo más grave, desataron en la ciudad de Santa Cruz un paro indefinido de más de un mes con cambiantes pretextos y con un brutal impacto todavía difícil de apreciar. En ese trajín fueron descubriendo poco a poco las cartas que llevaban bajo la manga, el Censo era lo de menos, el objetivo que buscaban y seguirán buscando es debilitar al Gobierno y si no pueden derrocarlo, crear las condiciones para discutir las relaciones de Santa Cruz con el Estado, lo que supone que no se sienten formando parte de él. Es dable preguntarse si los sectores empresariales productivos, aquellos que abastecen el mercado interno e incluso exportan diversidad de productos, secundan esas aventureras e irresponsables posiciones, toda vez que sus intereses podrían colisionar con las situaciones que seguirá creando el dúo Camacho- Calvo. Que nadie se llame a engaño, el conflicto va a continuar porque forma parte de una vasta conspiración con extensas y complejas ramificaciones. Se va a requerir no solamente mucha habilidad y tino, sino también mucha firmeza en defensa del sistema democrático, amenazado por el fascismo y, en resguardo de la integridad territorial, acosada por el separatismo golpista. La clave del éxito será la capacidad del bloque democrático para aislar a esta dirigencia, apartándola de la gran base social que ahora es aún capaz de arrastrar.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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