Voces

viernes 7 may 2021 | Actualizado a 08:49

En el Sur y desde el sur

/ 2 de mayo de 2021 / 00:16

Este año vemos con mucho interés y agrado cómo algunos países del sur del gran continente de Abya Yala o América, como Bolivia, Ecuador y Perú, mediante sus poblaciones indígenas, campesinas, afros y sectores populares le han dado una dinámica particular en la lucha política nacional.

En el caso boliviano, el triunfo de Luis Arce y David Choquehuanca, a la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, por el MASIPSP con el 55% de la votación en las elecciones de octubre de 2020, le han dado una lección contundente de democracia en las urnas a las élites neoliberales y golpistas que intentaban prorrogar su mandato hasta más que se pueda. A pesar de este triunfo, aún vemos los resabios colonialistas, practicando la política de la sinrazón, en base al prejuicio racial, y que esperan otro momento para desestabilizar y generar inconformidad. La política de la derecha y sus variantes no es la democracia limpia, sino formas de dictadura y fascismo con las que se sienten realizadas para seguir dominando bajo el eje capitalista.

El movimiento social indígena en el Ecuador fue el gran protagonista del gran levantamiento en octubre de 2019, que hizo tambalear al neoliberalismo del presidente Lenín Moreno. A pesar de la derrota política en las elecciones de marzo de Pachakutik, brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), que estuvo a punto de librar la batalla electoral en la segunda vuelta por la presidencia del país.

El expresidente Rafael Correa y su partido no pudieron llevarse bien con la Conaie. Aquí hay un gran problema, irresuelto en nuestros países, ¿por qué las izquierdas no se llevan bien con los pueblos indígenas y afros? Hoy el movimiento indígena ecuatoriano está muy fraccionado, el quiebre entre la Conaie y Pachakutik es muy visible. Algunos estudiosos lo atribuyen a la derechización de Pachakutik en el sector del excandidato a la presidencia Yaku Pérez. ¿Cuál es la diferencia entre las izquierdas y la Conaie? Esta adscripción al conservadurismo les llevó a incentivar el voto nulo en las elecciones en la segunda vuelta, y al único que beneficiaron fue al multimillonario Guillermo Lasso, hoy presidente electo. ¿Hubo un acuerdo de Yaku Pérez y la fracción de la Conaie con las políticas neoliberales de Lasso?

Para el caso del Perú, el surgimiento del profesor quechua Pedro Castillo en la política nacional es el despertar de las poblaciones indígenas, campesinas y sectores populares, que se sienten plenamente identificados, frente a los políticos elitistas y tradicionales. La presencia de Keiko Fujimori, una mujer nacida en Perú, pero a la hora de la identificación cultural es una japonesa con fuerte ligazón norteamericana, representa lo que son las élites políticas y sectores sociales más conservadores de este país. Castillo se ha convertido en el símbolo de la lucha contra las formas de colonialismo contemporáneo y aún muy arraigados en el vecino país hermano.

¿Qué hay de común entre los países citados? Que sus poblaciones ancestrales, populares y profundamente anticoloniales ya no están dispuestas a seguir subordinadas nuevamente con las políticas neoliberales. Hoy han pasado de simples votantes a grandes protagonistas y dispuestos a cambiar los destinos políticos de su países.

El escenario es de gran expectativa, no sé si el gobierno del banquero Lasso en el Ecuador terminará su gestión, cuando tiene un Parlamento que no está bajo su control. Los indios han exhortado que están dispuestos a salir a las calles para combatir las políticas contrarias al pueblo, como la Alianza del Pacífico. Una autocrítica entre la izquierda y la Conaie les llevaría a iniciar otra etapa en las relaciones que tal vez a futuro les permita acceder al poder. Para el caso peruano, parece que Pedro Castillo ganará la presidencia en la segunda vuelta; pero si eso sucede no se descarta que quieran violentar la presidencia ganada democráticamente, posiblemente con una forma de golpe de Estado al estilo de los golpistas bolivianos de la extrema derecha.

Jiwas jach’a markasana, ukhamaraki Perú, Ecuador markanakanxa wali unjtasiwinakawa utji. Pedro Castillo quechua jilatawa, wali irptaski apnaqañataki Markapa. Ecuador tuqinxa, phiñasiñanakawa utji. Ukhampachasa, jiwasanakax wali sarantayasktana.

 Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

Comparte y opina:

Rebrote del COVID-19 y políticas insuficientes

Quedarnos con la política colonial de apostar por una sola medicina, siempre nos llevará al fracaso.

/ 27 de diciembre de 2020 / 01:25

El mundo de la medicina occidental vive nuevamente horas de miedo y terror ante el fracaso de no poder enfrentar airosamente al COVID-19. Además, hoy se hace propaganda de la existencia de una nueva cepa aparecida en Inglaterra que sería muy contagiosa, aunque no muy letal. Hasta ahora no existe una vacuna exitosa, aunque hay muchas que dicen ser buenas, llámese de los rusos, los chinos, etc., pero que están en calidad de prueba o con efectos defectuosos.

Ratificamos nuestra hipótesis de que la medicina occidental capitalista de los hospitales y las clínicas ha fracasado frente al COVID- 19, porque no encuentran el antídoto o la vacuna para enfrentar efectivamente. ¿Qué pasó con los científicos de la medicina a un año de la proliferación del COVID-19 en el mundo? Perdieron la batalla en dar la respuesta inmediata a una pandemia más veloz que las mentes de los médicos científicos. Aunque hay algunos países que enfrentaron de una mejor manera al COVID-19, caso de Cuba, pero no sabemos más que ese dato, por falta de información y prejuicio.

La medicina colonialista ha generado mayor dependencia porque seguimos esperando que nos lleguen las vacunas salvadoras de Europa o Estados Unidos, pese a su defectuosidad. Nuestros médicos, a excepción de algunos, repiten lo que se dice en el Primer Mundo, incluso en las equivocaciones. Frente a esta estrepitosa derrota, algunos pseudocientíficos coparon los espacios serios. Por ejemplo, Mohamed Mostajo, el exasesor del gobierno de facto de Jeanine Áñez, hoy fugitivo en “gringolandia” de la Justicia boliviana, pero aún se autoalaba que fue “un buen asesor”. ¿De qué? ¿De formas de hacer mejor corrupción?

En medio, los lamentos de los galenos, sobre todo de la dirigencia que siempre repite “que no tienen nada y no hay cómo enfrentar al COVID-19”, porque supuestamente les falta la ropa adecuada, ítems para el personal, etc., etc.

Hace pocos días el presidente del Estado Plurinacional, Luis Arce, resaltó las bondades de la otra medicina, la tradicional o ancestral que permitió enfrentar al COVID-19; pero lamentablemente el Viceministerio de Medicina Tradicional no hace ninguna política en esta línea trazada. Sencillamente está opacada por el Ministerio de Salud, dependiente de la mentalidad occidental. En esta coyuntura, urge que la sociedad no solo reconozca la otra medicina paritaria y exitosa en la lucha contra el COVID-19, sino que reciba el apoyo e incentivo en las comunidades de los pueblos indígenas del país. Sin la intervención de la medicina ancestral hoy hubiésemos tenido miles de muertos. ¿Cómo hacemos política para la medicina ancestral? Esa es la tarea del viceministerio citado, que hoy está sumido en la inercia.

Es lamentable que las universidades, sobre todo las estatales y las carreras de medicina y salud no hayan propuesto líneas generales a la sociedad, al Estado y mucho menos se hayan sumergido en investigaciones de largo alcance sobre el COVID-19. Al primer contagio pareciera que huyeran de la misma, ¿acaso no son soldados que están en guerra contra el mal que causa al ser humano? La medicina es un espacio de guerra y el médico es un soldado de la vida, entonces ¿por qué no se enfrentan en esta etapa difícil con armas nuestras y ancestrales? Hoy ante el inminente rebrote, urge no solo dar respuestas inmediatas, sino tener claro que los hospitales no están hechos para toda la población del país y por lo tanto siempre será un fracaso dar solución en torno a estas entidades. Aquí urge hacer políticas de una mejor alimentación con productos naturales y el uso de la medicina ancestral, que serán elementos vitales para enfrentar mejor al COVID-19. Quedarnos solo con la política colonial de apostar por una sola medicina, siempre nos llevará al fracaso.

Uka Covid19 ñanqha usuxa, wasitampiwa mirtañ muni. Wakisiwa jiwasanakan qullanakasampi tukkhañasa. Uka Hospital utanakak uñch’ukiskañan ukkhaxa janiwa jank’as qullaskañaniti.

 Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.  

Comparte y opina:

Santos Marka T’ula

/ 15 de noviembre de 2020 / 00:10

El 13 de noviembre se recordó 81 años de la muerte del líder aymara y quechua del movimiento indígena de los caciques apoderados Santos Marka T’ula, acaecida en la ciudad de La Paz en 1939. Desde 1914 hasta su muerte fue el representante más importante de los ayllus y comunidades de la región andina del país, que luchó contra todas las formas de usurpación de tierras de los potentados. Este movimiento desarrolló, sobre todo, la defensa legal de los ayllus y comunidades, cimentados en las pocas concesiones formulados en documentos coloniales y republicanos. Aunque en determinados momentos, ante la imposibilidad de ser oídos en sus justas demandas, se rebelaron masivamente frente a sus opresores.

Según testimonios que recogimos hace  varios años, los hijos de Marka T’ula estaban convencidos de que su padre fue eliminado físicamente por los médicos que le atendieron en el hospital, ya que solo tenía tos. Se preguntaban: “¿Cómo reclamar en esa época donde todo estaba contra nosotros y peor hacia los que lideraban pidiendo justicia?” En el Cementerio General de la ciudad de La Paz no hay datos sobre su fallecimiento.

Lo más impactante en su vida sucedió en 1918, cuando lo arrojaron al río Cajón en los Yungas, a lo que sobrevivió con la ayuda de los pueblos amazónicos. Sus enemigos fueron los latifundistas, que estaban asociados con curas, monjas, militares, policías, políticos y muchas autoridades del Estado. Santos Marka T’ula viajaba a pie por las comunidades andinas aymaras y quechuas, explicando a sus hermanos/as por qué se tenía que defender las tierras ancestrales. Uno de sus escribanos, Rosendo Zárate, recuerda que en este peregrinaje invocaba poéticamente: Pasakalli, pasarpayitatawa; q’anasillas, q’anarpayitatawa; jararankhu, jararpayitatawa. La traducción aproximada es: Gusanillo, me dejarás pasar; escarabajo, me desenredarás; lagarto, me desatarás.

Marka T’ula y otros caciques apoderados como Francisco Tangara, de Calacoto; Faustino Llanque, de Jesús de Machaca; Rufino Willka, de Achacachi; Santos Cornejo, de Achocalla; Francisco Mata, de Huarina y muchos otros, sufrían permanentes hostigamientos y en varios casos eran apresados por ser supuestos instigadores del orden público, cuando se les arrebataba la documentación obtenida de distintos archivos.

Marka T’ula apenas sabía firmar y ¿por qué quería acceder a la documentación colonial y republicana escrita? Él pedía a sus escribanos como Leandro Condori, Rosendo Zárate y otros que le leyeran la documentación obtenida, lo que les permitía defender mejor sus tierras comunales. Queda claro que no solo era la lectura textual en castellano, sino una traducción del castellano al aymara. Esta vía le permitió saber de memoria qué documentación tenía en sus manos. Su escribano Condori nos contó que él sabía casi de memoria lo que contenían los documentos que eran favorables a los pueblos indígenas y cuando eran arrebatados Don Santos lloraba por esa pérdida.

En 1920, el movimiento indígena desconfiado de que las prefecturas y los tribunales les arrebaten, deciden depositar algunos de sus expedientes en el Archivo General de la Nación de Sucre, hoy llamado Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ANB). El certificado que obtienen dice: “Archivo General de la Nación. CERTIFICA: que el indígena originario Santos Marka Tola ha depositado en esta oficina nacional cinco expedientes relativos a todas las diligencias que ha seguido los originarios… Los referidos expedientes se hallan archivados en esta oficina…”.  A raíz de este dato, durante varios años buscamos acceder a esta colección porque estaba perdida. Hace poco tiempo fueron localizados los cinco legajos por el personal del ANB. ¿Qué es lo que contienen esos cinco legajos depositados hace 100 años por Marka T’ula en el ANB? Hay que estudiar detenidamente esos documentos para saber más sobre este movimiento de defensores de los ayllus y las comunidades.

Tuvimos la experiencia de organizar el archivo privado de Marka T’ula, que resguardaba celosamente su hijo Gregorio. Después de su fallecimiento se hizo cargo alguno de sus hijos. Sería interesante que la nueva autoridad del ANB inicie una especie de salvataje de esos archivos para que siga existiendo la memoria de la lucha de los caciques apoderados.

¡Honor y gloria a este insigne defensor del ayllu y la comunidad andina, junto con otros líderes como Feliciano Condori, Dionicio Paxipati, Celedonio Luna, Feliciano Marasa, y muchos otros! Santus Marka T’ula, jach’a awkin sarnaqäwipaxa musparañjamawa, ukhamaraki jan armañatakiwa. Waynanak, tawaqunakawa yatiqapxañapa uka suma unjtasiwita. ¡¡¡Jallalla Santus Marka T’ula!!!

Sería interesante que el ANB inicie una especie de salvataje de los archivos de este defensor del ayllu y la comunidad andina.

Esteban Ticona Alejo

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Se les cayeron los calzones

Los campesinos, los indios, los obreros, las cholas, los mestizos sensatos y sectores populares urbanos ganaron con el 55,10%.

/ 1 de noviembre de 2020 / 01:31

Todos contra los indios, los campesinos, los obreros, las cholas…” fue la consigna electoral del odio profundo de los políticos q’aras, karayanas, mistis y también de algunos ch’uxñas o traidores indios a las poblaciones ancestrales y populares de la Bolivia profunda en la campaña electoral del pasado 18 de octubre. Se repitió hasta la repugnancia que el MAS-IPSP ha gobernado 14 años… y solo faltaba decir “¿cómo hemos tolerado tantos años que un indio (Evo Morales) sea presidente de ‘mi Bolivia’?” Es decir, un país solo de ellos. Pero fingidamente se manifestaban como los grandes defensores de la democracia, de la libertad y hasta de la tolerancia, vaya cinismo de estas castas sociales del país.

La rancia política conservadora, apoyada por varios medios de comunicación, armaron una gran ficción apantallada y comentada por los analistas despistados, pensando que estaban expresando el sentir de los ciudadanos e incluso representando lo que se deliberaba en la sociedad. Los periodistas y sus allegados lloraban porque no hubo ¡el gran debate presidencial!, como se efectúa en otros países, que fue la intención más burda y colonial de imitar.

Mientras las élites de las áreas urbanas pensaban que en las áreas rurales no pasaba nada, o a decir de aquel funesto pseudoperiodista español Alejandro Entrambasaguas, que los indios no usaban celulares, la realidad era lo contrario. Había mucho debate y reflexión en las comunidades rurales sobre lo que había sucedido en los últimos 11 meses y por quien votarían. Todo se realizó por WhatsApp, las redes sociales y en los idiomas ancestrales.

La noche del 18 de octubre, el Órgano Electoral Plurinacional y los medios de comunicación la convirtieron en una larga espera, ¿con la intención de ahogar la fiesta del ganador? Los presentadores de los canales de televisión y sus charlatanes analistas esperaban resultados en “boca de urna” que nunca llegaban y ya no tenían con qué improvisar y solo repetían frasecitas como “En segundos los resultados en boca de urna”, “En instantes, resultados en…”, hasta que decían “Bolivia aguarda los resultados de la votación”, en fin. Al parecer nunca estudiaron algunas técnicas de espontaneidad para momentos de emergencia, ¡qué papelón de las/os vedettes de la pantalla chica!

Ya sabemos el resultado general. Nuevamente los indios, los campesinos, los obreros, las cholas, los mestizos sensatos y sectores populares urbanos del país, representados en el MAS-IPSP, ganaron con el 55,10%, lejos de Comunidad Ciudadana, que obtuvo la segunda ubicación con el 28%. Y ¿ahorasti? Hoy pocos políticos y sus aliados se resignan por el fracaso y aceptan la derrota. Los más radicales y antiindios pretenden generar inestabilidad buscando adhesiones. Esta línea fascista y oligárquica quiere salvar al país arrodillándose y orando. Agarrados de la Biblia frente a un Comando Militar en Santa Cruz y en Sucre, piden que el Ejército y los policías tomen el poder mediante otro golpe de Estado. Justifican que ese acto ridículo sería “constitucional”. ¿En alguna parte de la CPE plurinacional se habla de golpe de Estado constitucional? Hay que recordarles que Luis García Meza y el grupo de militares narcotraficantes, en el golpe de 1980, también decían que van a salvar Bolivia, e incluso que comerían solo chuño si no tenían ayuda extranjera.

Hoy el pueblo profundo que fue humillado con la quema de su wiphala por algunos policías ignorantes, ahogado en sangre en Senkata (El Alto) y Sacaba (Cochabamba) por los militares, que fueron estigmatizados como hordas, salvajes, bestias humanas y varios de sus líderes fueron encarcelados, reclaman justicia.

La muerte reciente del trabajador minero de Colquiri y secretario ejecutivo de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, Orlando Gutiérrez, fue a consecuencia del atentado criminal que sufrió por los necropititas. Estos paramilitares se camuflan bajo la libertad democrática aunque su accionar es de puro garrote. Toca al Ministerio Público investigar de oficio y castigar a los culpables.

Será imprescindible que las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana (representadas en personas específicas) sean enjuiciadas porque públicamente pidieron al presidente Morales, en noviembre de 2019, que renuncie a su cargo y eso es sedición y golpe de Estado.

Q’ara, misti, chitaku, ch’uxña jaqinakaxa, wasitampiwa kutkatañ munistu. ¿Kamachañanisa? Unjtasiñasawa, amuykipasiñasawa, mä pitataw uka ipi jaqinakarux tukkhañasa.

*Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo

Comparte y opina:

Incendios sin ayuda gubernamental ni repercusión

/ 17 de octubre de 2020 / 22:19

Hace varios meses que hay muchos incendios en los departamentos de Santa Cruz, Tarija, Chuquisaca, Beni, La Paz, Cochabamba y Potosí.

Se calcula que hasta ahora se han consumado por el fuego cerca de 2 millones de hectáreas de bosques. Lo más raro es que hay muy poca información concreta. Algún medio de comunicación nos muestra algunas imágenes de gente escapando de sus casas, que están a punto de incendiarse. No sé si es por la crisis que el COVID-19 causó a los medios de prensa, hoy no aparecen enviados especiales al lugar de los hechos, como sucedió en los incendios del año pasado.

Ni qué decir de los ambientalistas, los ecologistas.

Creo que sus acciones se han reducido a lo mínimo, que casi no se escuchan sus reclamos y menos sus orientaciones. Oímos algunas voces de los biólogos, pero sin mucha convicción en qué hacer, aunque su alerta y miedo a que se destruya la biodiversidad, sobre todo de los parques nacionales, es alarmante.

¿Qué pasó con el entusiasmo de los jóvenes? El año pasado mucha juventud urbana de las ciudades ejes del país se manifestaban como ecologistas y se trasladaron para ayudar a sofocar los incendios en la Chiquitanía.

¿Se acabó el activismo o la militancia de defender la madre naturaleza? ¿Qué sucede con las universidades, incluidas las privadas, que no se han manifestado a semejante problema? Los que se disfrazaban de ambientalistas, llámense “pititas” y grupos de choque racistas, nos muestran hoy su verdadero rostro de que no les importa que se incendien nuestros bosques y que solo utilizan de vez en cuando el problema para publicitarse como tropas políticas del neoliberalismo.

Las autoridades del Gobierno transitorio brillan por su ausencia y creo también por su ineficacia de cómo afrontar la situación tan extrema.

Pareciera que se han aislado del problema y están solo pensando en quiénes habrían ocasionado los incendios y no en cómo sofocarlos.

En el Gobierno central ya nadie habla del respeto a la naturaleza, aunque es política del Estado Plurinacional, y mucho menos de salvar a la Madre Tierra. Se oye de vez en cuando refunfuñar a algún ministro contra algún opositor político de que habría sido el causante del daño y siempre amenazando que serán enjuiciados.

Es tan mezquina la forma de encarar el incendio que las imágenes nos dicen todo, como algún helicóptero llevando un poco de agua frente a la extensión del incendio, que es como llevar un vasito de agua al fuego. ¿Cuesta tanto pensar para traer nuevamente un avión Supertanker como sucedió el año pasado? Se oye alguna declaración gubernamental de que algún país amigo nos ayudará, pero no hay ningún socorro.

Hasta ahora no existe ninguna política concreta para apagar los incendios que se irradian. Qué puede interesar el incendio a un gobierno de empresarios que les gusta tener campos despejados para sembrar productos antiecológicos, como la soya o algún producto transgénico, en fin.

Aunque destaco los reclamos de algunos alcaldes de los gobiernos municipales afectados, oír clamando que no tienen ayuda ni de la gobernación ni del Gobierno central, que no cuentan con recursos para afrontar y menos para contratar aviones para combatir el incendio.

Estas son las tareas del Gobierno nacional serio y responsable, que no tenemos hoy en día.

La convicción de unos niños llevando agua en unas botellitas y declarando que “ayudaron porque quieren hacerlo” es el fiel testimonio de lo que sucede en nuestro país. Esos niños expuestos al fuego, según su alcance físico y su convicción ayudan a apagarlo, lo que no hace el Gobierno con todo su aparato burocrático, incluido Defensa Civil y las Fuerzas Armadas.

Wali ch’umi uraqinakawa q’al phichhantasiski, ninawa q’al tukkhaski. Gobiernunkirinakaxa janiwa yanapapkiti. Phichantasiskpanaya, ukham amtapxi uka q’ara, misti jaqinakaxa.

 ¿Qué pasó con el entusiasmo de los jóvenes? El año pasado mucha juventud urbana se manifestaba como ecologista

Esteban Ticona es Aymara Boliviano, Sociólogo y Antropólogo

Temas Relacionados

Comparte y opina:

El odio, el miedo, el racismo a los indios/as

/ 4 de octubre de 2020 / 09:53

En estos días preelectorales existen actitudes de grupos racistas de anularla personería jurídica del Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP), porque supuestamente habría infringido alguna cláusula de la ley electoral de comunicar encuestas en un tiempo no permitido. Sin entrar en la verborrea jurídica, este reencauzamiento de la política colonial procura prohibir anulando jurídicamente los derechos políticos más elementales de los pueblos indígenas y campesinos del país.

Para entender mejor estos fenómenos jurídicos racistas de larga data, recurrimos al pasado, como experiencias concretas y que hoy con sus nuevos matices se continúan practicando.

A fines del siglo XIX, el movimiento indígena de los Apoderados general estuvo acciones muy importantes en defensa del ayllu ancestral contra las haciendas. Feliciano Espinoza fue un aymara de los ayllus urbanos de San Pedro de la ciudad de La Paz y el principal antecesor de Pablo Zárate Willka. Espinoza fue temido por sus acciones de defensa de las tierras comunales en los estrados judiciales. Por esta forma de protección fue enjuiciado por los políticos y gamonales de la época, porque supuestamente sublevaba a los indios. Así se acabó con el liderazgo de Espinoza, pues no se sabe qué paso con él, lo más probable es que haya sido eliminado físicamente.

En el siglo XX, después de 1920,se comenzó a publicitar que “todos tenemos derechos” e incluso se propició políticas indígenas desde el Estado y la Iglesia Católica como la alfabetización. Santos Marka T’ula, aymara y Apoderado general de los ayllus y comunidades la región andina, en su lucha contra las haciendas exponía documentos, incluso coloniales, en las tribunas judiciales, sobre que eran los verdaderos propietarios de sus tierras. Por esta forma de defensa fue muchas veces encarcelado, acosado y amenazado por usar una habilidad legal. Estas acciones lo convirtieron en muy peligroso para los hacendados y políticos de la época, que no tuvieron contemplación al ordenar que lo arrojen al río Cajón de los Yungas de La Paz.

En la década de 1930, el miedo y el odio a los indios no solo estaba en la sociedad, sino también entre los militares. Eduardo Nina Quispe, aquel educador autodidacta que fundó escuelas en las comunidades aymaras y quechuas y, a la par, enseñaba a leer y escribir a los niños de los indios urbanos en su casa de la ciudad de La Paz, fue acusado de ser comunista, subversor de la indiada e incluso de atentar contra la seguridad del Estado, porque su centro educativo llevaba el nombre de Kollasuyo. Fue enjuiciado y encarcelado por la logia militar Legión Cívica, especializada en la masacre de indios en plena Guerra del Chaco (1932-1935).

En la década de 1980, Jenaro Flores Santos, fundador de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y el movimiento katarista indianista, fue baleado, quedando paralítico por defender la democracia desde la Central Obrera Boliviana (COB), contra la dictadura militar narcotraficante de los García Meza y Arce Gómez. Un aymara estuvo a la cabeza de la COB, no solo para defender a sus hermanos, sino a los obreros y sectores populares del país. Esta acción jamás fue reconocida, ni como testigo cuando se enjuició a García Meza y sus secuaces.

En la “guerra del gas” de 2003, hubo mucho miedo a los indios urbanos de El Alto, que bajen hasta la ciudad, sobre todo que desciendan hasta la zona Sur, porque supuestamente podían saquear, robar bienes y hasta violar mujeres de la “clase alta”, porque aparentemente eran unos bárbaros y hasta delincuentes comunes.

En octubre y noviembre de 2019, es decir, en el golpe de Estado, la población indígena urbana de El Alto fue nuevamente temida porque imaginariamente eran las hordas feroces. En este suceso los colonialistas racistas se llamaron “pititas”, plataformas, comités cívicos, resistencias, Conade, etc., que se disfrazaron de demócratas y libertarios para justificar sus acciones racializadas.

En este brochazo histórico mostramos cómo se mantienen algunas líneas eje del sistema colonial que reproduce la violencia, el odio, el miedo, el desprecio y el racismo contra los indios/as. Queda claro que el sistema se recicla socialmente y también matiza sus estrategias en cada momento histórico; pero en el fondo continúa el odio al indio/a, aunque sea urbano. Si se consolidara la torpeza de anularla personería jurídica del MAS-IPSP se consumaría la forma más colonial de prohibir al indio que haga política, separando el ejercicio de los derechos políticos más elementales del ser humano. ¿Cuál sería la respuesta de los afectados? Sería un pachakuti total y con mucho dolor de por medio, y ojalá no lleguemos a esta situación extrema.

Wasitampiwa q’ara, misti jaqinakaxa taqjatañ munapxistu, jisk’achaskakistuwa. Amuyasiñani, mayachasiñani. Mä wawakixa nayraqatarux sarantaskakiñaniwa.

*Es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

Comparte y opina:

Últimas Noticias