Voces

lunes 14 jun 2021 | Actualizado a 20:38

La danza del periodismo

/ 9 de mayo de 2021 / 00:44

Que no les engañe el título de esta columna. Cuando digo danza del periodismo no hablo de periodistas que salen de las redacciones al final de la tarde para unirse a los bloqueos en las calles o para apoyar desde sus cuentas personales consignas partidarias y vuelven al día siguiente a sus escritorios para escribir las noticias; menos de periodistas que abrigan sus frustraciones personales o sus dolores íntimos con un falso afán por ser crítico al poder de turno; todavía menos de estructuras periodísticas que danzan al ritmo de sus intereses propietarios torciendo titulares o encuestas según antojos del dueño; todavía menos de asociaciones de periodistas que felicitan solo a los periodistas para ellos “independientes” en el Día Internacional de la Libertad de Prensa.

Cuando digo “danza del periodismo” pienso primero en la vieja radio a pilas de mi abuelo protegida en su forro de cuero marrón. Pienso en la autoridad de ese locutor que le puso banda sonora a mi infancia, en las radionovelas con actuaciones en directo. Pienso en el aparatoso televisor que solo servía desde las seis de la tarde; ese que mostraba la realidad colorida en blanco y negro; ese que solo tenía un canal en el abanico de opciones. Pienso en el periódico gran formato, registro por excelencia de la información relevante, en las lecturas largas y casi obligatorias que se corregían en artesanales talleres hasta la madrugada. Y son impresionantes los giros hasta llegar a este tiempo vestido de pandemia.

Pese a los saltos tecnológicos en los tres soportes mediáticos, nada fue tan revolucionario como la llegada del universo digital. Qué baile. Difícil de comprender su omnipresencia en los años iniciales. Llegó para quedarse, para atravesarlo todo e inaugurar una dimensión que puso a la radio, televisión y prensa entre sus silenciosos dedos. Con esta revolución inédita, nuestros cotidianos se vieron obligados a pensarlo todo diferente. Hoy, contar con señal en el teléfono es tan urgente como tener agua o electricidad. Así las cosas, inevitable fue el sacudón rockero del esqueleto periodístico. Periódicos, canales de Tv y estaciones de radio a la piscina digital aprendiendo a concebir la vida en constante metamorfosis. Los pasos son agigantados: se entrevista desde el escritorio; se sabe de las fuentes por sus trinos en Twitter; las calles comparten espacios de lucha con las anónimas e impunes voces de las redes sociales; no hay historia sin imagen; no hay noticia sin video; no hay fiesta sin música. La policía digital llegó a contar las palabras e imponer el Padre Nuestro de lo corto, lo impactante, lo que jale audiencias y tráfico en los infinitos pasillos digitales. Son los hilos que hacen mover la publicidad, por lo tanto los ingresos de los medios, por lo tanto las clásicas formas de medir audiencias también deben seguir al mono mayor, el mono digital, el mono con navaja. El movimiento es tan continuo que no se ve con claridad la forma de los periodismos a los que la sociedad está dando vida. Los periodistas tienen más herramientas en sus manos pero más pistas simultáneas del espectáculo mediático en las que deben ensayar sus acrobacias. Si hasta aquí no sienten mareo, vamos por ciertos actores que van, como canta Fito Páez, al lado del camino: las empresas que viven de la promesa de la gestión comunicacional eficiente y una buena relación con los medios. Para los periodistas esto significa relacionarse pacientemente con los experiodistas o comunicadores que median entre las fuentes y los medios: visitas van, explicaciones de las crisis vienen, pedidos de notas van, contenidos enlatados por estos mediadores vienen, búsquedas de información periodística van, intentos de controlar la buena imagen del cliente vienen… Sin darnos cuenta hay un encargado de prensa en casa, una empresa de comunicación estratégica al frente, un relacionista público al lado, un consejero que sabe de medios a mano y un ratoncito que toca el tambor.

¿Que no se sienten del todo mareados? Vamos a darle un vistazo a las otras piezas del rompepaciencias: los diseños “amigables” que amputan el metraje de una buena nota, los tips de los expertos para que el producto/mercancía periodística navegue bien en el mar digital, el recorte del papel por la crisis económica, el recorte de los títulos, el recorte presupuestario de las salas de redacción, el recorte de los horarios de cierre de edición, los pedidos de las empresas que no quieren publicidades explícitas sino contenidos publicitarios con careta informativa, influencers, Twitter, streamings, Facebook, likes, hashtags, Tom y Jerry, my name is Claudia…

 Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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El rey Arturo

/ 5 de junio de 2021 / 22:37

El anuncio de la detención del exministro Murillo en el vientre mismo de Estados Unidos fue la explosión de los verdaderos gases lacrimógenos, de esos que nos hacen llorar desde el pecho porque la pena no es el “cochabambino querendón” sino la interrogante sobre todo un sistema gubernamental que representó la esperanza para un pedazo grande de Bolivia.

Murillo, sus parientes, sus amigotes cochabambinos, los intermediarios, los sobornos, las alertas del sistema financiero norteamericano y una investigación de muchos meses que comienza a mostrar resultados en el gobierno de Arce ante las caras sorprendidas de ciudadanos, autoridades e investigadores bolivianos, perfora un año y pone en cuestión un sistema de creencias de la oposición al mundo masista como pone a prueba la solidez de un Estado al que le cayó este pez gordo sobre la cabeza.

Si el rey Arturo era detenido en Bolivia, iba a entonarse el canto de la persecución política, pero como el chef fue norteamericano, todos nos comimos esa verdad y a partir de ahí la ruta de este gas pimienta de la verdad, de las lágrimas, del lamento y del “yo no fui” tomó rumbos diferenciados.

Por un lado están los adversarios políticos, hoy sentados nuevamente en el poder y con la legitimidad del 55,1 por ciento de los votos, que salen airosos con la bandera de esta derrota para el gobierno transitorio de Áñez y con ella envuelven a todo el sistema gubernamental que usó los símbolos del movimiento “pitita” para gobernar y quieren cubrir con el manto de la corrupción desnudada (y el conocido abuso de poder del rey de las esposas) todo lo que se movió bajo la A de Áñez. Falta ver, sin embargo, hasta dónde llegan realmente los tentáculos de la fiesta de este representante del piquemacho que nos encerró en la cuarentena para cuidarnos de la pandemia (con la voz de madre de Jeanine) mientras él y los amigos robaban lo que entraba en sus bolsillos y lo que su astucia alcanzaba. Ya se puso la lupa en el gabinete: Lopéz es el primero de la fila y pondrá bajo examen a nuestro enorme vecino brasileño; Longaric ya dijo que lamenta la corrupción, que una no firma decretos para que se delinca, que el nombramiento de la hermana de Murillo como cónsul en Miami fue una instrucción (en su momento dijo que la cónsul sí estaba preparada para el cargo) y que conoció a Áñez el día de su posesión. Justiniano también deplora el hecho y revela hoy los abusos de poder del gobierno añista. A Ortiz le conocemos sus desacuerdos con Arturo cuando coincidían en los pasillos del poder. La titular de comunicación, Roxana Lizárraga, ya había contado cómo se refería Arturo a “unos cuantos muertos” en los momentos más dramáticos de su gobierno. Y así, las principales cabezas del momento hoy lamentan la corrupción y se declaran lejanos del rey cazador. Lo propio con el salón de retratos de los actores políticos, religiosos, mediáticos y extranjeros que apoyaron el ascenso de Áñez. Habrá que demostrar madurez y capacidad de los actuales poderes del Estado para evitar la cacería a ciegas sin abandonar la firmeza y rigurosidad en identificar las responsabilidades. Sobrevuela la mariposa de la duda.

Debajo de estos dos campos políticos, están los otros dos campos. El campo de todos aquellos que sintieron indignación con la última postulación de Evo Morales; los que sí creyeron en el fraude monumental y se sintieron nuevamente engañados y salieron genuinamente a defender el retorno de su democracia, así sea golpeando las puertas de los militares en sus versiones más radicales. Creyeron en un gobierno que garantice los derechos, en una propuesta más justa que la que puso sobre la mesa el MAS durante los catorce años. Muchísimos no recibieron nada a cambio para salir a las calles a arriesgarse para un futuro mejor, no ocuparon cargos públicos, no recibieron ni un peso porque su esperanza no tenía precio.

Al frente está el campo de los ciudadanos que desaprobaron los gases asfixiantes de la narrativa del fraude desde el largo preludio de la elección y de la sucesión constitucional que hoy está tan cuestionada y tan centrada en esa sala de la Universidad Católica. Todos los que sufrieron un año que no consideraron democrático y que dejó tantos muertos, heridos y encarcelados hoy multiplican sus preguntas tapadas entonces con sirenas de militares y policías. Para esas madres que perdieron para siempre a sus hijos en Senkata, Sacaba o en la zona Sur de La Paz, el ver al rey Arturo uniformado de naranja y detrás de un barbijo no basta. No basta.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Todo sobre un hilo

/ 23 de mayo de 2021 / 00:39

Estos últimos días, LA RAZÓN y Extra nos llevaron por la feria 16 de Julio en la ciudad indomable, El Alto. En medio del notable ingenio y la demostrada vena comercial de la zona, se abre la calle de la venta ilegal de mascotas que le quita la luz a este motor económico. En primer lugar porque no son mascotas sino un punto de tráfico de todo tipo de animales: pájaros de colores en mini jaulas chuecas, conejitos recién nacidos soportando suéteres de colores bajo punzante sol de mediodía, gatos hacinados de todo tamaño y pelaje, perros de raza y no tanto en cajas de a peso. Tristes, expuestos a la indolencia de los comerciantes que hacen de las suyas porque no hay un solo guardia que se dé una vuelta para hacer cumplir la ley. El abandono a su suerte y a su soledad no riman con la soledad de la exalcaldesa Soledad Chapetón que no logró o no operó para poner un punto final a esta calle del martirio animal que lastimosamente es un espejo de nuestra crueldad con seres inocentes que después de este campo de concentración les queda la incertidumbre del futuro en manos de compradores entusiastas el primer día y quién sabe el segundo. Así, este lunar de nuestro espacio público queda como una herida abierta y una interrogante que la actual alcaldesa de El Alto, Eva sin Evo, Eva sin Santos, Eva sin grandes recursos económicos, nos demostrará si le interesa o no. El Alto estrena autoridad y está en veremos. Lo está también La Paz y su flamante alcalde Arias, con sus asesores independientes y sus no pocos recursos discursivos ante las cámaras y micrófonos dejando en el desván a Revilla, sus soles, sus veinte años de gestión municipal y sus inocultables deudas. Del ceño fruncido al altisonante camino del exministro de la pandemia. En veremos, Collalandia.

Mirando el resto del mosaico departamental y municipal se forma el signo de la transición, de la incertidumbre y de la oportunidad tanto de ser mejores como la posibilidad de extrañar al viejo conocido.

Así, el paraguas que des/cubre Bolivia desde la crisis poselectoral es el de la deuda pendiente, de la intolerancia, del odio. Cuentas por saldar: de los pititas colgados a Jeanine y su gigante biblia con los masistas “ignorantes y terroristas”, de los masistas sin Evo con los masistas evistas garcialineristas, de los pititas perdedores sin Jeanine con los masistas “autoritarios” e indígenas, de los pititas que gobernaron y candidatearon con los pititas que candidatearon y no gobernaron ni con la transición ni sin la transición. A momentos parece una suerte de eclipse político del que saldremos sin sol.bo, sin luna.bo, sin las mismas fuerzas políticas que pelearon el poder hasta el año del fraude monumental, del golpe de Estado, de Camacho y su papá, de los masistas en pelea de gallos, de sotanas en reuniones políticas, de organismos internacionales en plena cocina después de una cena que olía a quemado. El final del eclipse no es mañana.

Y nada de sacar las narices para respirar aire puro por la ventana porque el aire peruano, como se sabe bien en Lima, sigue bajo un cielo encapotado, gris, incierto desde hace quinientas mil noches de ingobernabilidad, corrupción y desconfianza. Danzan la marinera peruana (cuando no la morenada boliviana) las ganas de millones de peruanos de salir del desmadre y de los bipolares consejos de Varguitas Llosa.

Nada de asegurar el arco iris en Ecuador después de tan sorpresiva y frágil segunda vuelta. Los movimientos indígenas no le abrieron el cielo a los correístas como no le dieron ninguna llave a Lasso que después del banquete de la celebración, comenzará la dieta de la crisis y de las oposiciones indígenas con tostadas correístas. No hay jugo de naranja.

¿Vamos a Pelotillehue a despedir al Chile de Condorito con su parche en el pantalón y a su Yayita acosada por el Saco de Plomo y a la pesada de doña Tremebunda que tanto creyó en las promesas de Pinochet? Vamos despacio, hay muchas manos, una derecha con el ojo en tinta, una izquierda sin entrenamiento y un estadio de nuevas caras que representan las calles repletas del “ya no más” que desde hoy tendrán que poner a prueba el “después de la calle” para alejarse de la dictadura de Pinocho.

¿Colombia? ¿Cómo así? ¿No vemos que no se acaba el destape callejero del malestar, de la pobreza, de la desigualdad? El hastío de la violencia, del palo de los policías ha empujado a desafiar la mano dura de las fuerzas del orden, ha achicado por decreto los fantasmas de la guerrilla, de los terrorismos, del narcotráfico porque las calles decidieron gritar “¡Ya no más!”. Por lo pronto se pasea la muerte, se desnuda la desigualdad y se acerca una feroz carrera política sobre el camino del luto.

Lejos del vecindario, las voces palestinas abren la jaula del terror y de la muerte y nos dicen que la crueldad viene de nosotros, como en esa calle de la feria 16 de Julio. Que todo está sobre un hilo. Un hilo que en las manos de la gente bien intencionada puede convertirse en el manto que nos abrigue en estos tiempos. Sujeto mi hilo y comienzo a tejer desde mi diminuto presente.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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La A de Arminda

/ 24 de abril de 2021 / 22:53

Arminda ingresó a la agenda mediática por el pasillo de la burla. Muchas voces que desde las redes difundían imágenes de la nueva Directora Ejecutiva de la Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares a la Navegación Aérea (AASANA) denunciaban escandalizadas un doble pecado: ser mujer y ser de pollera. A esta primera crítica se sumaban comentarios envenenados de desprecio que “ponían al descubierto” el obscuro pasado de la flamante autoridad: ser ayudante de almacén, ser secretaria… No faltó el titular de un medio que se quiere independiente: “De ayudante de almacén a Directora Ejecutiva de AASANA”. Como el bullying fue tan sonado en estas redes para pescar víctimas del odio, el programa streaming Piedra, papel y tinta la invitó para conocer más sobre tan incómoda nueva autoridad, ya que las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres miraban para otro lado. Despistes de manual.

Arminda Choque llegó a la montaña donde anidan nuestros equipos periodísticos y respondió a las preguntas sobre su experiencia laboral en AASANA y sobre parte de su vida personal. El primer dato que saltó a la vista fue su humildad y una timidez indisimulable. La cuestionada Directora decidió presentarse toda de café: blusa de tejido de hilo manga corta, pollera corta a lo cochala, no llevaba maquillaje pero daban luz a su rostro unos pendientes plateados coquetos con una piedra violeta y sus largas trenzas negras le caían disciplinadas sobre la espalda. Comenzamos la transmisión. A una de las primera preguntas respondió sin tapujos: “Yo soy del MAS. (…) Eso es democracia. (…) Si uno cree en algo luchará por ese pensamiento”. Nos enteramos enseguida que Choque ingresa a AASANA ya con un título bajo el brazo: secretaria técnico medio. Con esa herramienta le dan trabajo como ayudante en almacén (que no es cargar cajas como la acusaron en redes sino administrar información en sistemas); tiempo después asciende a secretaria de navegación (ámbito que requiere un notable manejo técnico). Paralelamente a esta etapa, la cochabambina inicia sus estudios en derecho en la Universidad Mayor de San Simón. La fórmula es muy simple: se trabaja de día y se estudia de noche. Hija de madre soltera, esta chola del trópico tiene que pagar sus estudios y sus gastos con su salario; hoy madre del pequeño Antonio, le toca defender su fuente de trabajo y su nombre del bullicio de las redes sociales que pegaron el grito al cielo cuando supieron de la designación. Pasan los minutos y van disminuyendo los nervios de la entrevistada ante nuestras cámaras; cuenta que postuló a un cargo de responsabilidad en Recursos Humanos en la misma AASANA aclarando orgullosa que previamente hizo un diplomado en el área, en la Universidad Privada de Bolivia, entre otros cursos. Dice que le fue bien en esta tarea. Añade que es bastante tiempo después que la invitan a asumir la función de Directora Ejecutiva de la institución y que el mayor reto hoy es enfrentar la crisis económica heredada de la pandemia. Mientras le hacía esta pregunta pensé que el tiempo y su gestión dirán si tendrá buenos, regulares, malos o pésimos resultados, pero que es injusto, discriminador, mezquino y odiador sentenciar su desempeño porque es mujer de pollera o porque fue ayudante de almacén hace doce años. Arminda también lo cree: “Pensé que ya habíamos superado el juzgar por cómo viste una persona”. “No soy la única abogada de pollera”. Pero de repente sí es la única abogada de Carrasco, rincón perdido del trópico cochabambino. Allí comenzó su educación, en un “núcleo” (sistema de educación para los lugares alejados, con un solo profesor), donde ya soñaba con ser profesional. Vaya atrevimiento para una niña del campo hija de una agricultora entregada a frutas como copuazú, naranja y papaya. La niña soñó y pudo finalmente ir a estudiar a una escuela de pueblo que tenía tablas en lugar de pupitres, todo un lujo (aunque los docentes se perdían una semana cuando iban a la ciudad a cobrar sus sueldos o se perdían más tiempo si se declaraba un paro y así la educación de Arminda se paralizaba durante meses). “Contra todo eso estoy acá”, dice sonriendo.

Quedan tres minutos de entrevista y coincidimos con la directora Choque en que vestir pollera, hablar quechua (aunque ella hable castellano y algo de inglés) es exponerse a la discriminación y a los insultos que en ese mismo instante dejaban en el chat público varias personas que miraban la entrevista y la llamaban incapaz e ignorante. Para terminar de provocar, la invité a despedirse en quechua; fue cuando Arminda se empoderó visiblemente ante las cámaras y les dijo a sus pares que no se dejen discriminar. Los intelectuales de mala ortografía, las citadinas dolidas de ver a una mujer de pollera en la cabeza de AASANA y los valientes que insultan desde sus teléfonos no comprendieron el mensaje. Basta que hayan comprendido otras cholas quechuahablantes y quechuasintientes que en ese momento la veían desafiar a la Bolivia de 2021 desde la cima de sus ganas de seguir. ¡Jallalla las mujeres de pollera!

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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De tigres pititas y tigres masistas

/ 10 de abril de 2021 / 22:35

Preludio: el 8 de abril, a las 8h45 se va Berta, la madre de la exdiputada masista en la línea de sucesión constitucional (antes que Áñez) a la presidencia, Susana Rivero. A las dos horas se va el hermano de Berta Guzmán, padre del ministro de Áñez, hoy preso, Rodrigo Guzmán. En dos horas Bolivia se sintetiza ante nuestros ojos.

El mismo 8 de abril. Un Achumani soleado cae sobre el estadio del Club The Strongest y las montañas paceñas parecen querer abrazar a los muchos invitados que llegaron a la celebración del 113 aniversario de Los más fuertes.

Este año se sopla la vela con dos vientos diferentes: el primero es la alegría del reencuentro. La pandemia que nos tiene arrinconados por el miedo de la frontera entre la vida y la muerte también ha rediseñado nuestra normalidad: confinamiento, barbijos cubresonrisas, distanciamiento, lluvia de alcohol, el temor de la cercanía de ese otro u otra. Sin embargo, cuando los tigres incondicionales llegan a su campo deportivo y se encuentran con sus pares, nada detiene el abrazo abarbijado; estos barbijos no saben ocultar las lágrimas que humedecen las miradas del reencuentro. Así se encontró mi papá, stronguista desde sus dos años por decisión de mis abuelos, con el gran jugador que se salvó de morir en el accidente aéreo de Viloco (dejándonos vacíos de nuestro equipo y haciéndonos así resilientes a lo peor). Néstor Benavente se abraza con Rolando Vargas, El Perro, mientras la banda de la Policía nos hace vibrar con la melodía de Collita. Este momento no tiene precio.

El segundo viento es el que se niega a llevarse las cenizas del quiebre institucional y peor aún, el quiebre social que también nos ha arrinconado en el miedo, el odio y el racismo desde la crisis poselectoral de 2019. Los policías no están agitando sus armas sobre los techos de sus regimientos, las cambiaron por sus instrumentos musicales y hoy están tocando las cuerdas de nuestros corazones paceños. Llega el presidente Luis Arce y está sentado al lado de las principales autoridades del Club y del alcalde Luis Revilla. Los dos resultaron ser poderosos stronguistas. Minutos después, cuando Arce recibe la distinción, una señora muy elegante de la fila de atrás le dice a su amiga de gafas de sol: “Para qué lo invitan a él”. Cuando, acto seguido, Revilla recibe la misma distinción, la misma voz comenta airosa: “A él sí”. A él, no; a él sí. ¿Pensarán lo mismo pero a la inversa las autoridades de sombrero, ponchos y chicotes en el pecho que miran todo de parados pero juntos, rodeando a la única mujer de pollera que los acompaña? ¿Por qué estos representantes indígenas no se sientan al lado de los invitados citadinos menos morenos? Me paro y les pregunto de dónde vienen y si son atigrados. “De Río Abajo” y “claro” son las dos respuestas. Ellos sí intentan acercarse al Presidente cuando sale a todo vapor perseguido por los lentes mediáticos. No logran saludarlo. Se quedan en su cancha a saborear una brocheta de carne.

Pese a las fronteras invisibles e injustas en medio de ese terreno de fútbol cumpleañero que finalmente nos reúne a moros y cristianos en la panza de mi tierno Tigre unificador, nadie grita “Bolivia dijo no”, nadie grita “Ahora sí, guerra civil”, nadie grita “Evo de nuevo, huevo carajo”. El tricampeón del fútbol boliviano ha logrado juntar a un presidente masista, a un alcalde solboísta, a un ministro masista, a un exviceministro añista, a señoras pititas, a indígenas de Río Abajo, a jugadores de todas las edades, a periodistas de todos los colores, a atigrados de todos los rincones. Pero no hay reconciliación, mi Tigre lo sabe porque no se miente. La muerte espera justicia, las heridas siguen abiertas, los temores se cruzan en la otredad, el racismo se pasea. Mi Tigre lo sabe y sabiéndolo nos abraza a todos entre sus amorosas patas tibias, nos pega a su cuerpo que conoce de heridas, que mordió derrotas, pero sobre todo que logra pararse cuando todo parece perdido y cortado con la muerte de los hermanos. Sobre su pelaje oro y negro nadie se atreve a decir “guerra civil”, nadie se atreve a decir “Evo de nuevo, huevo carajo”. La reconciliación no está cerca pero esa cancha de fútbol me hace gritar “¡Viiiivaaaaa el Strongest” mientras mi corazón me susurra “Viva Bolivia, carajo”.

 Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Poderosas y zorras

/ 28 de marzo de 2021 / 01:01

El Embajador de Francia tuvo el lindo gesto de enviarme el libro Femmes puissantes (Mujeres poderosas) de la periodista y feminista confesa Léa Salamé. A los pocos días, uno de mis mejores amigos me regaló Zorras, de otra periodista y escritora especializada en sexualidad, Noemí Casquet, quien también publicó Mala mujer. ¿Cuál leo primero? En eso llega a las oficinas del diario Nuevo mapa de actores en Bolivia, una última publicación de la fundación alemana Friedrich Ebert coordinada por Jan Souverain y José Luis Exeni. Ante la sed de comprender lo sucedido en el país desde las elecciones anuladas de 2019 decidí que las poderosas y las zorras tendrían que esperar. Como periodista, me fui corriendo al capítulo firmado por Susana Bejarano y Fernando Molina, La transformación restauradora del campo mediático: el alineamiento de los medios de comunicación con el bloque de poder postevista en noviembre de 2019. El título ya presenta el desenlace de un fenómeno que trae pocas sorpresas. El texto describe el campo mediático antes de la ruptura de 2019, identifica el nuevo bloque de poder nacido de la convulsión, analiza la reacción de los agentes mediáticos y marca los efectos de la tormenta política en el campo periodístico. El centro del estudio son los impresos bolivianos.

Como parte de LA RAZÓN, me intereso, subrayo y comparto aquí lo que toca a los impresos. En el estudio se hace referencia a que justo en los días posteriores a la asunción de Jeanine Áñez, el sindicato de LARAZÓN resiste la línea editorial de su medio y exige el despido de la directora Claudia Benavente. No es todo. “Los periodistas de este medio se expresaron públicamente en contra de su colega, el caricaturista Alejandro Salazar, lo que determinó que éste renunciara a su puesto”. Lo anterior es parte de los elementos que llevan a Bejarano y Molina a deducir que el cambio de la situación política nacional generó “el silenciamiento de los periodistas más relacionados con el régimen caído y la emergencia de la verdadera lealtad de clase de los demás”. Los autores siguen: “Los huelguistas de LA RAZÓN creyeron que este periódico cambiaría prontamente de dueños, toda vez que el empresario Carlos Gill estaba siendo investigado por sus relaciones con el gobierno de Morales”. Después de esta metamorfosis y mientras varios medios “cambiaron su línea editorial en 180 grados (…), LA RAZÓN mantuvo su perfil previo, por lo que su crisis interna se tornó crónica”.

Paralelamente, el periódico paceño Página Siete, señala el artículo, “a despecho de su escasa lectoría” empezó a desempeñar un papel clave en ese momento: auspiciaba encuestas electorales en las que el MAS siempre aparecía con una intención de voto menor a la que le daban otras empresas, “buscaba inducir a sus lectores a considerar los resultados finales del Tribunal Electoral como falsos, lo fueran o no”. El diario no estaba solo, detalla el estudio: la mayoría de ellos no dudó del fraude electoral, pero “Página Siete fue el medio que más extremó esta tendencia”. Con el gobierno de Áñez, sigue el análisis, Página Siete apoyó fervientemente al nuevo régimen e hicieron, con la mayoría de sus columnistas, una sistemática campaña para que no se asocie al nuevo gobierno con un golpe de Estado, llegando a despedir a la columnista María Galindo, una voz enfrentada contra el nuevo oficialismo. Mitificaron la revolución de los “pititas” con todo un libro. El apoyo mediático llegó a justificar la represión ejecutada por el gobierno. Sobre la caída del muro de la planta de Senkata en El Alto, “todos los medios, excepto LA RAZÓN, dijeron que el mismo fue volado con dinamita”. Ninguno se preguntó por qué la supuesta explosión no causó un hueco en la pared. El atentado dinamitero repetido en los medios permitió después hablar de terrorismo. “El único medio nacional que entrevistó a los protagonistas en los días inmediatamente posteriores a los hechos e incorporó su versión a los reportes que hizo fue LA RAZÓN” y más tarde “la inmensa mayoría de los grandes medios bolivianos, con la sola excepción de LA RAZÓN, no dio realce a las declaraciones de los afectados por las masacres a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”.

La cereza de otro pastel: Ninguna asociación periodística protestó porque las cadenas Telesur y Russia Today fueran suspendidas de todos los servicios de cable del país.

Moraleja de este pastel: Más vale estar solo que mal acompañado.

Postdata: Ahora sí toca leer Zorras y Mujeres poderosas. El orden es lo de menos, la satisfacción es lo de más.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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