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domingo 19 sep 2021 | Actualizado a 01:12

Economía y educación técnica en pandemia

/ 11 de junio de 2021 / 01:50

“América Latina y el Caribe experimentan una crisis sin precedentes en sus mercados de trabajo como consecuencia de la pandemia por COVID- 19. La drástica contracción del empleo, de las horas trabajadas y de los ingresos da cuenta de los significativos efectos de la reducción del nivel de actividad económica sobre la dinámica laboral. El panorama resulta aún más preocupante al considerar que dichos impactos han sido desiguales y que el sendero de recuperación, que lentamente se está vislumbrando en la región, podría ir acompañado de una amplificación de brechas laborales y de ingresos entre los diferentes grupos de población”, comienza afirmando la Nota técnica: Panorama laboral en tiempos de la COVID-19 de la OIT, de septiembre de 2020. Esta constatación, en los indicadores de la gestión 2020, también se presenta en la economía y mercado laboral de Bolivia con relación a la variación negativa del PIB, incrementos en la tasa de desocupación y deterioro de la calidad del empleo, con mayor intensidad en los sectores más vulnerables, y refuerzan el aparente dilema “salud o economía/producción”, tema de debate en la actualidad.

Esta crisis no solo ha afectado a la economía sino también tiene impactos en la educación, para ser específicos en la educación técnica. Al igual que casi todos los sistemas educativos del mundo ha interrumpido las clases presenciales, aunque existen centros de formación que, con grandes dudas y temores, intentan poner en práctica la modalidad semipresencial. Así como se han modificado las prioridades de producción y consumo se han modificado las demandas y condiciones de formación técnica, por ejemplo pregúntese cuántas personas en lugar de adquirir ropa tienen que destinar sus recursos a la compra de medicamentos u otros servicios médicos. Del mismo modo que hay contracciones en el empleo y trabajo, surge la necesidad de plantearse formaciones técnicas alternativas para “reinventarse” en otras actividades laborales. También surgen interrogantes y retos específicos a los procesos de educación técnica, por ejemplo, los estudiantes se preguntan ¿dónde hago mis prácticas si los centros de formación están cerrados?; los maestros reinventan sus formas de enseñanza ante la necesidad de ingresar a la modalidad de educación virtual; estudiantes y maestros sufren por sus dificultades en el acceso, uso y disponibilidad de aplicaciones, plataformas y equipos digitales. Si a la problemática surgida como producto de la pandemia le añadimos las preocupaciones del tiempo pre COVID-19, los retos y también las oportunidades para recrear la educación técnica son grandes y de extrema importancia por su estrecha influencia en la economía, producción, trabajo y calidad de vida.

En términos de la problemática general e integral de larga data, queda por consolidar, más en la práctica que en el enunciado teórico, la transición de la educación técnica, muchas veces reducida a la formación de capacidades manuales, a la educación tecnológica y productiva, a unir práctica con teoría, a una educación profundamente vinculada con la producción, trabajo y territorio; como establecen las bases de la Ley de la Educación 070 “Avelino Siñani- Elizardo Pérez”, la educación tiene que constituirse en “productiva y territorial, orientada a la producción intelectual y material, al trabajo creador y a la relación armónica de los sistemas de vida y las comunidades humanas en la Madre Tierra…” Es tiempo de validar saberes, conocimientos y experiencias de las y los productores, constituir centros de formación que educan y producen en relación con las unidades y comunidades productivas establecidas en el territorio y/o la región.

En tiempos de COVID-19 también es necesario y urgente la realización de diagnósticos y estudios de mercado para reactualizar la oferta educativa y los programas de formación incorporando nuevas áreas curriculares como las vinculadas a lo socio-emocional, establecer convenios y acuerdos con centros de producción para facilitar la realización de prácticas aplicadas a la realidad, desarrollar procesos formativos sobre las concepciones pedagógicas que incorporan la educación virtual, así como fortalecer la dotación de equipos y medios para la educación en línea. Los retos y las oportunidades en tiempos de disrupción impulsan a recrearse y superar todo lo que estamos realizando. La creación es parte substancial de la educación productiva y tecnológica.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Leyendo a Paulo Freire desde Bolivia

/ 17 de septiembre de 2021 / 01:33

El 2021 trae consigo una crisis civilizatoria de múltiples efectos incrementados por la pandemia, que para muchos es una sindemia, el virus se debe analizar y enfrentar desde la salud y todos los ámbitos del quehacer humano. Sin embargo, en medio de la incertidumbre, en palabras de Paulo Freire, siempre hay esperanza crítica para seguir construyendo historia, el inédito viable. Al final de cuentas, somos seres inacabados y éticos. Esa esperanza, desde las culturas del Abya Yala, está en nuestros orígenes y pasado para entender el futuro, nos hace entender el significado de los 100 años de nacimiento de Paulo Freire, “figura paradigmática de los 70, sus prácticas y su pensamiento fueron un refugio placentero y desafiante para miles de latinoamericanos, no solo en el ámbito de la educación, sino también en el de las luchas sociales y políticas…” (Roberto Iglesias) que construyó sus experiencias y propuestas en Brasil, su país de nacimiento, y en el exilio vivido en Bolivia, Chile y Europa. Así como la trascendencia de los 90 años de la creación de la Escuela Ayllu de Warisata, una de las experiencias educativas más significativas de Bolivia y América Latina, por transmitir los principios de libertad, solidaridad, reciprocidad, revalorización de la identidad cultural y producción comunal en armonía con la Madre Tierra. La Escuela Ayllu fue fundada en 1931 y destruida físicamente por las fuerzas conservadoras en 1940, falsa ilusión de los represores, en sus ideales y principios, hoy sigue viva en el Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo que se ejecuta según la Ley de la Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”, principales creadores de la experiencia.

Ese el sentido del presente artículo, leer la historia y contexto de la pedagogía liberadora de América Latina desde dos experiencias de profunda trascendencia para nuestra realidad: Las luchas, vivencias y pensamiento de la Escuela Ayllu de Warisata- Bolivia y la educación popular, con base en los postulados de Freire, asumiendo que la realidad, junto a la educación, “se rehace constantemente en la praxis y que para ser tiene que estar siendo”.

Entre la lectura crítica de la realidad y la construcción de experiencias “educativas” con intencionalidad política. La Escuela Ayllu de Warisata nació en una época de “humillación y explotación inhumana” (Simeón Villca). “Los que se atrevieron a fundar escuelas fueron torturados y encarcelados. Los hacendados eran los principales enemigos de la educación india… La fundación de la Escuela de Warisata fue parte de la lucha por la recuperación de tierras…” (Raúl Zibechi). Por su parte, Freire comienza a estructurar sus análisis, propuestas y una campaña de alfabetización en el nordeste brasileño, una de las regiones más pobres de América Latina, cortadas abruptamente por un golpe militar (1964) y el exilio que termina expresándose en el libro La pedagogía del Oprimido (1970) dedicado “A los desharrapados del mundo y a quienes descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan” (Paulo Freire). Ambas experiencias no se quedan en la palabra, leen el mundo y constatan discriminación, marginación y opresión, en el que la educación es parte de la lucha por la liberación y transformación social con los movimientos populares, en el caso de Warisata, desde la propia Ulaka, Parlamento Amauta, que discute y toma decisiones sobre la organización, trabajo comunitario y reivindicaciones sociales-políticas.

La lectura crítica, desde la praxis, contribuye a generar un proyecto educativo holístico, liberador, transformador e inclusivo. La Escuela Ayllu une práctica con teoría, hace evidente el “aprender haciendo”; el aula se une al taller y sembrío; genera la formación integral; desarrolla la complementariedad entre pisos ecológicos y núcleos- escuelas seccionales; la educación es más que escolaridad; y la producción, intra e interculturalidad es parte de la vida de los procesos educativos. Desde Freire se desarrolla la pedagogía dialógica, concienciación, praxis y metodología dialéctica que parte de la práctica, se hace teoría y retorna a la práctica para transformarla, además que es profundamente humana.

Los caminos se encuentran e invitan a pasar de la resistencia a la re-existencia, a recrear experiencias para fortalecer la educación liberadora y el pensamiento latinoamericano. Compromiso para seguir en la lucha. Homenaje al centenario de Paulo Freire.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Educación de, en y para la vida

/ 3 de septiembre de 2021 / 02:08

Boaventura de Sousa Santos, sociólogo portugués, afirma que la “pandemia ha creado tal incertidumbre que los gobiernos, ciudadanos, sociólogos y epidemiólogos no saben qué va a pasar…”, además que los efectos que produce el virus son “una marca muy fuerte en toda la sociabilidad de este siglo”. Señala además que “este tiempo es una gran oportunidad de pensar de otra manera: otro modelo civilizatorio, distinto del que viene desde el siglo XVII y que se profundizó en los últimos 40 años con el neoliberalismo (…) Hace mucho tiempo que este modelo está totalmente roto, desde un punto de vista social, ético y político. No tiene futuro. Es un cambio social, de conocimientos, político y cultural.”

Es más, los efectos del coronavirus profundizan las múltiples crisis surgidas en décadas pasadas y tienen impactos directos en la existencia de los seres vivientes. La pandemia ha puesto de manifiesto que la vida está en peligro y en un momento crucial que, de no tomarse medidas radicales en las formas de concebir la pervivencia y relaciones de y entre seres humanos, animales, plantas y toda forma de ser viviente, la humanidad hasta está en peligro de desaparecer. Esta mirada puede ser entendida como fatalista pero también como una oportunidad de forjar otro modelo civilizatorio con profundos y múltiples cambios a partir de la centralidad de toda expresión de vida. Ahora más que nunca, la vida tiene que ser el centro del quehacer cotidiano del conjunto de la población, de toda forma de desarrollo, de toda política pública y, por supuesto, de la praxis educativa. En este contexto, la educación tiene que ser de la vida, en la vida y para vivir.

Educación de la vida. La educación tiene que desarrollar la capacidad de leer la realidad con sentido ético. Esta lectura de la realidad, como dice Paolo Freire, educador popular brasileño, no se queda solo en los libros, es la lectura del mundo. Asumiendo que “el mundo de la vida es un mundo permanentemente inacabado, en movimiento” como parte de un proceso de liberación, la lectura del mundo precede a la lectura de las palabras. “Muchos siglos antes de saber leer y escribir los hombres y las mujeres han estado ‘inteligiendo’ el mundo, captándolo, comprendiéndolo, leyéndolo” donde la curiosidad es el motor de la construcción del conocimiento. Las y los humanos somos los únicos seres “que podemos asumir una opción ética (…) El mundo se salva si todos, en términos políticos, peleamos para salvarlo.”

Educación en la vida. No más teorización, menos simulacros o ensayos de laboratorio, la educación tiene que desarrollarse en la vida. Aprendamos de la Escuela Ayllu de Warisata donde la escuela y el aula no eran una entidad separada del taller o de la siembra; es más, vinculaba estas formas de trabajo en un determinado territorio, en la vida misma de la comunidad. El “aprender haciendo” tiene que ponerse en plena vigencia. La educación tiene que integrarse y realizarse en el centro de producción, en la siembra, donde se crea arte y cultura, en las organizaciones sociales y comunitarias. Lo productivo dejará de ser solo un momento de carácter metodológico o un aprendizaje cuya base solo es la racionalidad y se convertirá en un real proceso de creación material e intelectual; se aprenderá mientras se crea, mientras se produce, se convertirá en el generador de valores como la construcción del bien común, responsabilidad, solidaridad y reciprocidad, y contribuirá a la formación integral. Así lo educativo, en realidad los aprendizajes, también tendrá pertinencia y relevancia con lo cultural, social y político del contexto y la territorialidad.

Educación para la vida. La educación no es preparación para la vida, es la vida misma. De esta manera el dilema sigue vigente, ¿se educa para transformar la realidad o para adecuarse al estado de cosas? En un contexto donde se tiene que plantear otro modelo civilizatorio y la existencia de los seres vivientes está en peligro, no tiene sentido una educación que contemple, es más mantenga posiciones conservadoras de injusticia, desigualdad o discriminación. La educación tiene que ser para la formación integral de las personas y para contribuir a la transformación de la comunidad, país, región y el mundo, siendo la vida de las y los seres vivientes el centro de nuestras acciones y propuestas.

Como dice Freire: “La educación nunca es neutra”, los retos siguen y las decisiones son nuestras.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Repensar los modelos de desarrollo

/ 20 de agosto de 2021 / 01:41

La crisis sanitaria desatada por el COVID- 19 en el mundo, marzo 2020, no solo tiene efectos en la salud y pervivencia de la humanidad y la contracción de la economía, sino que evidencia problemas estructurales que hacen al conjunto de la sociedad, Estado y economía. En ese contexto, según lo manifestado por Alicia Bárcena y Mario Cimoli, secretarios ejecutivos de la CEPAL, en el artículo Asimetrías estructurales y crisis sanitaria de diciembre 2020, la “crisis pandémica ha tenido mayor incidencia sanitaria y socioeconómica en América Latina y el Caribe que en las demás regiones del mundo…”

América Latina y el Caribe (ALC) es una de las regiones con mayor número de casos positivos y fallecimientos por COVID-19. Lo más lamentable es la relación entre fallecidos y contagiados que supera a todas las otras regiones del mundo, con 3,2%. En cuanto a la economía, como efecto de la pandemia, en la gestión 2020, ALC tuvo una contracción de su Producto Interno Bruto (PIB) en 7,7%, una de las mayores en relación a las otras regiones, debido fundamentalmente al colapso del comercio mundial, la caída de los precios internacionales de los productos que exporta y el deterioro que ha sufrido la demanda interna que a su vez tiene repercusiones en el incremento de los niveles de desocupación y el cierre de unidades productivas; así como en el crecimiento de los niveles de la pobreza, pobreza extrema y desigualdad. Esta caída del PIB no solo es producto de efectos de la pandemia sino fundamentalmente de factores estructurales de larga data. Por ejemplo, entre 2014 y 2019, en promedio, la región creció apenas a 0,4% anual, expresión de un largo periodo recesivo. “Ese periodo estuvo caracterizado, en primer lugar, por la persistencia de los choques recesivos que experimentó la economía mundial como efecto de la crisis financiera mundial de 2008-2009 y de la crisis de la zona del euro de 2011, la elevada volatilidad financiera mundial, el fin del ciclo de auge de los productos básicos y sucesos geopolíticos y económicos recientes, como las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos.” Debido a este largo periodo recesivo en la economía de ALC agravado por la pandemia y, fundamentalmente, por la persistencia de crisis estructurales, cuyos rasgos principales son: 1) crisis social, reflejada en los altos niveles de desigualdad; 2) crisis económica, persistencia de asimetrías productivas y tecnológicas con relación a los países avanzados; y 3) crisis ambiental, pérdida de biodiversidad, bosques y aguas, además de superación de los límites planetarios en el uso de los recursos naturales y la biosfera; Bárcena y Cimoli plantean “la urgencia de avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo en América Latina y el Caribe ante la crisis sanitaria actual”.

Por los efectos de la pandemia y los problemas estructurales que trae consigo de tiempo atrás el mundo y de manera específica América Latina y el Caribe, una vez más se cuestionan los modelos de desarrollo que prometen progreso indefinido con recursos naturales finitos; así el desarrollo es prácticamente insostenible. En la práctica, la desigualdad y la pobreza siguen presentes. Si la población en su vida diaria no encuentra mayor equidad e inclusión, si no se modifica la economía y producción y no se redistribuyen excedentes, si se afecta al equilibrio del medio natural, ¿qué sentido tienen los modelos de desarrollo aplicados por largas décadas en la región y el mundo?

Es tiempo de revisar y generar nuevas concepciones de modelos de desarrollo. No es suficiente pensar únicamente en reactivación económica, hay que hacer cambios estructurales. Dado el contexto actual de crisis civilizatoria, esta nueva concepción, imprescindiblemente, debe partir de la preservación de la existencia de todos las y los seres vivientes, el equilibrio y armonía con el medio natural, la propiedad de nuestros recursos naturales, la aplicación de mutua influencia entre las políticas económicas y sociales. Profundizar el rol del Estado como promotor y protagonista del desarrollo, y de distribuidor de excedentes en condiciones de equidad social. Mantener el papel preponderante de la economía interna, así como la sustitución de importaciones. Ampliar el desarrollo de complejos territoriales productivos y de sectores productivos estratégicos, la economía comunitaria y social-cooperativa, y la consideración y validación de la economía del cuidado.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Bolivia hacia el bicentenario

/ 6 de agosto de 2021 / 00:20

Bolivia, 6 de agosto de 2021, 196 aniversario de la fundación de la república, a cuatro años del bicentenario. Tiempo de homenajes, discursos, ofrendas florales, desfiles, vivas a los “héroes”, y muchos “actos cívicos” más. Sin dejar de valorar esos hechos, desde la lectura del “camino recorrido”, los logros conseguidos y las dificultades confrontadas, corresponde pensar qué será de nuestra patria hacia la Bolivia del bicentenario, año 2025. Sin ser exhaustivos, ni considerar que “es la última palabra”, en tono de desafío y de invitación al debate, he aquí algunas propuestas:

1) No se puede abandonar el proceso de transformación de Bolivia. Es necesario continuar con la erradicación del origen colonial y patriarcal de la exclusión y desigualdad, eliminando toda forma de desarrollismo sustentado en la explotación de las y los trabajadores, en la depredación de los recursos naturales y el beneficio para unos pocos. En tiempos de crisis civilizatoria, corresponde re-pensar en modelos civilizatorios alternativos, por lo tanto de sistemas de sociedad, Estado y economía, cuyo principio fundamental debe ser la preservación de toda forma de vida existente en nuestro planeta. La concepción del Vivir Bien, ahora y en los siguientes años debe ser fundamental para regir la construcción de la Bolivia del bicentenario.

2) La pobreza, no puede seguir siendo entendida solo como carencia de bienes materiales, en esencia es un irrespeto a la dignidad de las y los seres humanos por medio de distintas formas de exclusión, discriminación y explotación; por lo tanto, se requiere continuar con la generación de políticas y ejecución de estrategias intersectoriales que favorezcan la erradicación de toda expresión de pobreza mediante el ejercicio pleno de los derechos de las personas, familias y comunidades en la participación en asuntos públicos, en el ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales, en la promoción de relaciones pacíficas y constructivas entre pueblos y personas, y el acceso y buen uso de la información digital, en el marco del desarrollo de un nuevo patrón equitativo de distribución del ingreso, riqueza y oportunidades.

3) Es necesario dar continuidad a la transformación, integración y diversificación de la matriz productiva cuyas bases son la propiedad y la industrialización de los recursos naturales por parte del Estado, la ocupación del territorio mediante complejos productivos regionales que vinculen de manera complementaria las políticas sociales, económicas y culturales, el fortalecimiento del mercado interno y la demanda agregada, el incremento del valor agregado a las exportaciones y el equilibrio entre la economía comunitaria, estatal, privada y social-cooperativa; en el que el Estado es protagonista del desarrollo de los sectores estratégicos (hidrocarburos, minería, energía, entre otros) y promotor de los sectores intensivos en la generación de ingresos y trabajo (agropecuaria, transformación industrial, manufacturera y artesanal, turismo, vivienda, entre otros), todo ello con el propósito de generar excedentes, acumulación interna y distribución equitativa de la riqueza al conjunto de la población.

4) Profundizar el desarrollo del Estado plurinacional. A partir de la valoración de la sociedad plurinacional y comunitaria es necesario dar continuidad a la construcción del Estado sustentado en la complementariedad, convivencia con equidad, coexistencia de las diferentes prácticas económicas, políticas y jurídicas de las naciones y pueblos que son parte de nuestra patria, base de la consolidación de la democracia participativa.

5) Motivados aún más por los efectos de la pandemia, en los siguientes años debemos seguir en el camino de consolidar a la educación y salud como un derecho fundamental, bien público y servicio de calidad con plena pertinencia cultural y relevancia social. Junto a ello corresponde trabajar en la democratización del acceso y uso de la tecnología, así como fundamentalmente en el desarrollo de la soberanía tecnológica.

Bolivia tiene múltiples retos, mucho más para las y los hijos de la patria. Para adelante tenemos cuatro años para consolidar la reconfiguración de la República de Bolivia hacia la Bolivia Plurinacional. No es suficiente el homenaje circunstancial por la patria, es necesario concertar acciones para consolidar las transformaciones conseguidas hasta el presente.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Plan nacional de desarrollo para Vivir Bien

/ 23 de julio de 2021 / 01:37

Hace más de 15 años (10-06-2006), Evo Morales y Álvaro García, presidente y vicepresidente constitucionales de Bolivia, recibían la propuesta del Plan Nacional de Desarrollo (PND) “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien” de manos del equipo del Ministerio de Planificación del Desarrollo encabezado por su máxima autoridad, Carlos Villegas. Este plan de grandes realizaciones marcó los lineamientos estratégicos de nuestra patria en el periodo 2006- 2011 y en la actualidad orienta acciones estatales y privadas vinculadas a desarrollo, además dejó muchos aprendizajes que a la luz de la realidad presente tienen que ser leídos y comprendidos.

Aprendizaje 1: Los planes de desarrollo deben formularse participativamente y tienen que partir de los programas de gobierno presentados por los partidos en los procesos eleccionarios. El PND tiene sus orígenes en un “ampliado” realizado en 2005 con las organizaciones sociales y comunitarias, donde Evo Morales solicitó la presentación de propuestas. La respuesta fue expresión de la alta capacidad propositiva de las organizaciones, cientos de hojas y archivadores materializaron la voluntad y compromiso de importantes sectores del pueblo. Gracias a un trabajo ampliamente participativo el resultado fue en principio un “decálogo” y luego el programa de gobierno del MAS elaborado para participar de las elecciones generales de diciembre de 2005. Luego, en febrero de 2006, una vez que asumió la presidencia, Morales encargó al ministro de Planificación la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo a partir del programa de gobierno. Fueron casi cuatro meses de intenso debate, talleres y generación de políticas y estrategias nacionales para concebir el desarrollo de Bolivia. Hoy, 2021, a gobiernos municipales, departamentales y nacional relativamente recién constituidos habría que preguntarles, ¿elaborarán planes de desarrollo del ámbito territorial de su competencia con base en sus programas de gobierno electorales?, ¿cuándo se serán debatidos?

Aprendizaje 2: Un plan de desarrollo supone generar una concepción de desarrollo pertinente a la realidad del país. El PND es un ejemplo de este postulado, es una abierta interpelación a modelos civilizatorios y de desarrollo vigentes bajo supuesto “progreso” indefinido y una búsqueda de alternativas a las múltiples crisis imperantes en nuestra sociedad. Desde el PND se contribuye a: transformar el país; desmontar el modelo de desarrollo concebido desde el colonialismo y neoliberalismo; desarrollar un nuevo paradigma de desarrollo sustentado en la concepción del Vivir Bien; contribuir a la construcción de un nuevo Estado plurinacional, promotor y protagonista del desarrollo, social comunitario, que redistribuye equitativamente la riqueza, ingresos y oportunidades; desarrollar la convivencia equilibrada y la complementariedad con equidad de la economía estatal, economía comunitaria, economía mixta y economía privada; y promover el desarrollo integral a través de la construcción de un nuevo patrón de desarrollo diversificado e integrado y la erradicación de la pobreza, desigualdad social y exclusión. Gobiernos subnacionales y nacional, ¿qué concepción de desarrollo propondrán en sus nuevos planes de desarrollo?, ¿los elaborarán?

Aprendizaje 3. Un plan de desarrollo es una propuesta de país, departamento o municipio, según corresponda. El PND concibió la Bolivia digna, soberana, productiva y democrática. Digna porque al erradicar o reducir la pobreza y desigualdad devolvía la dignidad de los excluidos. Productiva, orientada a la transformación y diversificación de la matriz productiva, generando excedentes, ingresos y empleo con la finalidad de cambiar el patrón primario exportador excluyente. Democrática, construcción de una sociedad y Estado plurinacional y socio-comunitario, donde el pueblo ejerce el poder social y comunitario y es corresponsable de las decisiones sobre su propio desarrollo y del país. Soberana, constitución del Estado en un actor internacional, soberano, auto-determinado, con identidad propia. ¿Cuál será la concepción de departamento o municipio de los gobiernos subnacionales y de país para el Gobierno nacional?, ¿será un conjunto de tecnicismos o de veras una concepción de municipio, departamento o país?

Queda mucho por consolidar y re-crear, pero las experiencias como la historia no se olvidan, se esperan las respuestas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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