Voces

sábado 24 jul 2021 | Actualizado a 13:46

Entre mujeres

/ 13 de junio de 2021 / 01:41

Las energías de las luchas de las mujeres en lo que hoy llamamos Bolivia, han nutrido con muchas experiencias y reivindicaciones que favorecen a todos y todas que habitamos estos territorios. Cuestionar la representación parlamentaria dentro de la democracia burguesa, es una muestra de ello.

El feminismo tiene la cuna de la Revolución Francesa y proviene del planteamiento de luchas por los derechos individuales de las mujeres, principalmente basados en los derechos que las mujeres burguesas consideraban como sus demandas, ante los hombres burgueses en Europa.

Es necesario, sin embargo, analizar el concepto globalizador de “las mujeres” porque es uno destinado a confundirnos y manipularnos a partir de que vivimos en nuestros cuerpos el machismo, como un instrumento de control de nuestras vidas; es un concepto que pretende decir que las mujeres entre mujeres seríamos iguales, y no lo somos.

Quiero compartir el análisis de la actuación de las mujeres en el poder. Desde los movimientos sociales —en el proceso de cambios en Bolivia— iniciamos discusiones profundas sobre la forma cómo se llevaba adelante la participación política de las mujeres; si bien estábamos presentes, a veces era una simple decoración.

El proceso de cambios se inicia en 2003; sin embargo, desde 1985 en nuestros territorios el sistema dominante, a partir de los financiamientos de la cooperación internacional, privatizó el accionar político organizativo de las mujeres, supeditándolas a la intermediación de las ONG.

Tanto en Bolivia como en Perú, como ejemplo de este accionar, las ONG hablaban con los Estados y gobiernos neoliberales a nombre de las organizaciones de mujeres, este control no permitía la organización autónoma, el pensamiento propio, las demandas y metodologías propias de las mujeres. Controlaron su iniciativa y creatividad, pero lo peor fue que en la negociación e intermediación de las demandas de las mujeres, las ONG y las feministas neoliberales de los partidos consiguieron limosnas ridículas, como el 35% de cuotas para las mujeres, más ridículo aún cuando esa cuota de poder en el gobierno de las representantes de las mujeres estaba en las manos y los cuerpos de las mujeres familiares y amigas de los hombres neoliberales.

Las mujeres de la derecha como Jeanine Áñez y Keiko Fujimori son hoy una excelente representación de lo que son y en lo que están estas mujeres como clase social.

Están llenas de amargura y odio, racistas, ávidas de la sangre y la humillación del pueblo.

Las mujeres no somos lo mismo y los procesos de cambios revolucionarios en los que se inscriben en Bolivia y Perú van a garantizar los derechos de todas las mujeres, incluidas las derechistas, pero construyendo un país sin discriminaciones y opresiones de ningún tipo.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Brujas y monstruos

/ 11 de julio de 2021 / 00:53

En los actuales momentos políticos en los que se están moviendo muchas cosas en nuestro país, por decir, se mueven decisiones en el Gobierno, en las organizaciones sociales, en el MAS, en nuestros cuerpos, en nuestras mentes y en nuestros corazones, tenemos que lograr que estos movimientos que hacen a esta nueva etapa del proceso de cambios construyan a pesar de la pandemia y a pesar de los fachos “pititas” que siguen y siguen vociferando y complotando, ciertamente no se cansan de arruinar Bolivia.

En estos momentos será necesario reflexionar y desenmascarar uno por uno los pensamientos y comportamientos que nos están haciendo mucho daño. Uno de ellos es el purismo moralista, que se expresa en la creación de monstruos.Es una antigua artimaña inventada para perseguir a rivales políticos o enemigos con pensamientos revolucionarios; esas conductas manipuladoras están presentes a lo largo de la historia, pero en la etapa donde más se desenmascararon en su origen oscurantista y cruel fue en la Edad Media, con la inquisición que enarbolaba la pureza cristiana, y decían que tenían a dios como aliado. Se mató a muchos hombres, pero con el asesinato de miles de mujeres sabias y autónomas, estigmatizadas como brujas, quedó demostrado el carácter político de la misoginia; la representación de la imagen de ellas es monstruosa, y está destinada a crear aislamiento, desconfianza, repulsión y violencia

Esos purismos moralistas que fueron y son impulsados desde pensamientos conservadores destinados a hacer de nuestro proceso de cambios uno estigmatizado y criminalizado.Un proceso político que traía y trae profundos cuestionamientos a cómo se manejó el poder a lo largo de la historia, ya que lo convirtieron desde discursos de odio en un proceso llevado adelante por “indios e indias monstruosas”.Estos monstruos son quienes, por ningún motivo, deberían —ni deben— ser legitimados en el Gobierno, a pesar de vencer en las elecciones democráticamente realizadas.Es un recurso desesperado de las y los racistas no solo nacionales, también internacionales, apostados por ejemplo en la OEA. Está claro que fue golpe, que no hubo fraude. Pero como se asesinó, torturó, encarceló y persiguió a monstruosos indios e indias, pues siguen en su retórica mentirosa sobre el golpe y lo que compete ahora es que los y las golpistas respondan por sus crímenes.

Construimos con lo que tenemos, y eso es fundamental entenderlo, no hay angelitos ni angelitas en el proceso de cambios, somos humanas y humanos, por supuesto con muchos errores y quien comete errores no es un monstruo. A lo largo de los 14 años del proceso de cambios nosotras desde el Feminismo Comunitario de AbyaYala fuimos constructoras críticas y apuntamos a la formación política, para tener recambio y profundización del proceso, pero no se quiso escuchar y no solo por parte del Gobierno, también en las organizaciones sociales, tan acostumbradas al clientelismo de las ONG y partidos de derecha que deslumbraban y deslumbran a las y los dirigentes, con hoteles, viajes y comidas de lujo.

Ni ángeles ni demonios, somos gente, necesitamos trabajar ese purismo moralista y medieval, dentro de las organizaciones sociales. Necesitamos dentro de la formación política tratar la ética revolucionaria, en principio aprender a reconocer los errores y repararlos. Por otro lado, no por miedo o por cálculo político, dejar de señalar errores y ayudar a solucionarlos. Creo que tomar conciencia de que construimos con lo que tenemos es descolonizarnos del purismo y la doble moral burguesa.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Entre broncas

/ 26 de junio de 2021 / 23:22

Una de las características del proceso de cambios revolucionarios en Bolivia es que convive la multiversidad de expresiones y concepciones respecto a cómo construir el “vivir bien” en nuestro territorio. Estas multiversiones de cómo caminar el suma qamaña tendrán, en diferentes momentos, acuerdos, diálogos, encuentros, disputas y broncas. Todos elementos que no deberían significar una pugna por el poder, como ejercicio de imposición de una “verdad”, porque eso sería mentir y traicionar a quienes construimos esperanzas.

En la presencia de las escuelas políticas “evistas” y “choquehuanquistas” se está levantando un binarismo maniqueo muy peligroso, que pretende atrincherarnos para destruirnos mutuamente y eso no lo vamos a permitir como feministas comunitarias de Abya Yala, organización que nos representa.

Por un lado, están las críticas a la rosca alrededor del hermano Evo, se le acusa de estar rodeado de k’aras. Decimos nosotras: pues con blancones clasemedieros también vamos a construir Bolivia y con todos los terribles errores políticos que tuvieron, como proponer capitalismo andino o convertirnos en clasemedieros/ as mestizos —solo por haber mejorado nuestra calidad de vida— o por tener como interlocutores privilegiados a los empresarios en vez de las organizaciones sociales. En fin, el pragmatismo ideológico y el funcionalismo en la administración del Estado Plurinacional fueron algunos graves errores, sin embargo y a pesar de ellos hemos caminado con nuestro proceso de cambios, en medio de poderes internacionales y un planeta globalizado por el capitalismo y la hegemonía patriarcal colonial y burguesa eurocéntrica.

El hermano David está acompañado por hermanos indígenas originarios, pero a la vez hoy está rodeándose de una rosca de pachamamistas, de ONG feministas golpistas y racistas, intelectuales oportunistas, ambientalistas anti Evo, que en común vociferan el discurso contra Evo. En la explicación del hermano David está que “hay que oír a los contrarios”. Sí hay que oírlos, pero no promoverlos y difundirlos. Hay que tomar posición frente a ellos y ellas. Y el odio al hermano Evo no es el lugar para hacer aliados.

¿Qué tienen en común nuestros hermanos Evo y David? Pues el hecho que es una pelea de machos, donde las mujeres de las organizaciones sociales —que no se llunkean— no cuentan. La alianza de mujeres de las organizaciones sociales está después de las ONG feministas golpistas y racistas, después de intelectuales, clase media blanca y después de todos los hombres que están en sus entornos. ¿Cuál equilibrio chacha-warmi? Ninguno.

Entendemos las broncas, no somos angelitos ni angelitas que no sienten rabias por conductas contrarias a la ética, pero no es sano hoy alimentar un caudillismo binario, ni odios. Necesitamos escuelas para la formación política de manera de descolonizar y despatriarcalizar la administración del Estado y la vida cotidiana. El feminicidio de hermanas mujeres a manos de hombres indígenas y de la clase trabajadora no es de su preocupación, no les escuchamos pronunciarse y actuar, uno como vicepresidente, y otro como líder del MAS, organización política que reúne a la mayoría electoral en Bolivia.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Entre conservadores

/ 30 de mayo de 2021 / 00:03

El proceso de cambios revolucionarios en Bolivia enfrenta un momento vital, donde fuerzas y energías conservadoras atacan —desde dentro y desde fuera— todo el tejido de las alianzas y pactos constructivos hilados desde las organizaciones sociales, que son las redes vivas que sostienen este proceso.

El pueblo boliviano ha realizado y ensayado — a través del Movimiento Al Socialismo (MAS)— una nueva estrategia de los pueblos que luchan y se enfrentan a las manipulaciones del sistema dominante, que usa la institucionalidad de la democracia para legitimar la cooptación del gobierno y el manejo del poder del Estado, en beneficio de la hegemonía cultural y la acumulación capitalista.

Usar la democracia burguesa, a través de una sigla partidaria, tener en el hermano Evo un símbolo de nuestros pueblos originarios, ganar las elecciones y tomar el gobierno para las organizaciones sociales vivas, fue una jugada genial. Fue el logro de una nueva metodología de coordinación, que enlazaba las reivindicaciones corporativas más sentidas con el objetivo político de construir el “vivir bien” desde el poder popular. Esta metodología, ciertamente, no fue inspirada en el centralismo democrático del leninismo, más bien tomaba el ajayu de las formas ancestrales de los pueblos originarios, que por cientos de años se mantuvieron vigentes en sus autogobiernos.

Esta forma tuvo diferentes momentos, lo que habla de que evidentemente el proceso de cambios estaba en marcha. Después de aquel primer momento, grupos de influencia dentro del MAS se conformaron. Poco a poco estos grupos muestran distintas posiciones políticas, pero que coexisten, se nutren y son funcionales a la administración del gobierno.

El siguiente momento está marcado por la crítica a la participación de las organizaciones sociales, tildándola de desorganizada, anarquista, arbitraria, donde cada quien hace lo que quiere. A raíz de eso se aplica una presión constante para conformar —dicen— un partido en serio. Hace pocos días en una entrevista, un “pitita” dijo que el MAS es el único partido en Bolivia y que muy probable se convierta en lo que es el PRI de México que gobernó 30 años. Esa es la esperanza de la derecha boliviana, que el MAS se pudra.

¿Cómo lograr que se supere esa tendencia de convertir al MAS en un partido y siga construyendo la orgánica revolucionaria de los pueblos? Recordar que derrotamos al golpe no con la lógica partidaria. Fueron todos los esfuerzos unidos, principalmente las organizaciones y movimientos sociales movilizados, que derrotaron el golpe. El conservadurismo partidario es la vieja lógica del poder que burocratiza los sueños y las revoluciones. Como pueblos originarios heredamos los conocimientos de la organización, en nuestros ayllus y comunidades. La formación política y orgánica fuerte al interior de nuestras organizaciones consideramos que es la clave para saber a dónde vamos a trabajar y combatir los apetitos personales, la corrupción, el machismo, el racismo, el desclasamiento, el arribismo y muchas otra conductas y sentimientos que nos alejan de construir el “vivir bien” de la humanidad y de la madre y hermana naturaleza,

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Viejas mañas

/ 15 de mayo de 2021 / 23:20

La derecha europea se ha desgañitado al lanzar discursos condenatorios contra la búsqueda de justicia del pueblo boliviano. Les parece “dudosos” los procesos porque los jueces y fiscales son dudosos, pues señoras y señores, son los mismos jueces y fiscales que encarcelaron injustamente a hermanas y hermanos del proceso de cambios, solo por ser masistas, y Uds. boca callada en ese momento. Claro que son dudosos estos jueces y fiscales, hace mucho tiempo que estamos en ese problema, no es de ahora y la Unión Europea y esa derecha fascista lo saben. Lo sabían y no dijeron nada, es más, apenas la golpista puso a andar su régimen de facto, la Unión Europea le inyectó recursos y fueron los embajadores, presurosos a sacarse la foto para que sepa el mundo que la dictadura era lavada internacionalmente, con la cara y las manos de los embajadores europeos. ¡qué vergüenza!

¿De dónde viene esta sinvergüenzura de los y las europeas? Pues de su complejo de superioridad, basado en la ignorancia que les acompaña por cinco siglos, desde la invasión colonial a nuestros territorios de Abya Yala en 1492. Olvidan que pudieron imponer su dominio gracias a las divisiones y problemas internos que como pueblos teníamos, fueron traidoras y traidores de los territorios los que les sirvieron a los invasores colonialistas; cierto, son muy hábiles manipuladores —los europeos—, saben aprovechar las broncas internas de nuestros pueblos.

Este aparato judicial es herencia colonial, desde entonces siempre fue así, por eso en el proceso de cambios la Justicia tuvo un cambio fundamental. Para el pueblo lo que es del pueblo, es decir que podamos votar por los mejores magistrados y magistradas, eso indudablemente es lo mejor que hicimos sobre la representación social de la responsabilidad de la Justicia. Pero desde el Ministerio de Justicia no se acompañó ese proceso, que anunciaba un cambio cultural y educativo en las conductas respecto del derecho del otro y de la otra. No se puso en acción políticas comunicacionales, educativas y culturales para crear conciencia sobre la Justicia. No se hizo un proceso educativo y epistemológico para jueces y fiscales —las escuelas de jueces repiten los mismos errores que las universidades—, mucho menos se hicieron procesos de descolonización y despatriarcalización del aparato judicial y de las concepciones de lo que es justo con relación a las otras personas y a la madre y hermana naturaleza.

Facilonamente se habla —peor—, se ordena la reforma judicial; claro, cuando les conviene. Apuntan con el dedo a quitarle al pueblo el derecho a decidir y ahí se esconde el racismo. ¿Qué sabe el pueblo sobre justicia? No, no vamos a dejar que se nos quiten derechos, tampoco vamos a dejar sin justicia a todos y todas quienes fueron víctimas del golpe de Estado. Los juicios a los y las golpistas deben seguir, ser públicos (online) y transparentes. Mientras tanto hay que hacer cambios necesarios dentro de la Justicia, cambios que apunten hacia un proceso revolucionario del derecho, con la descolonización, la despatriarcalización y el desaburguesamiento del aparato judicial y la justicia en Bolivia.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Trabajadora y trabajador

/ 1 de mayo de 2021 / 23:33

El 1 de mayo la clase obrera internacional nuevamente, y como todos los años, sale a las calles a marchar, para volver a dejar establecido que las luchas proletarias continúan. Una de las trampas machistas de los análisis políticos, de nuestros compas, es hablar en un supuesto masculino incluyente, “el proletariado”, que invisibiliza la memoria de lucha de las mujeres.

El 1 de mayo recuerda que en 1886 se produce una huelga en Haymarket, en Chicago (Estados Unidos). Por las ocho horas laborales mucha gente es apresada y cinco compañeros son ejecutados, acusados —sin pruebas contundentes— de poner una bomba que mató policías. Es el momento en que la clase trabajadora propone la división del día de 24 horas en tres partes: 8 horas para el trabajo, 8 horas para el sueño, 8 horas para la casa. Son luchas que hasta hoy nos convocan al análisis y la reflexión.

Por eso quiero traer a la memoria de las luchas de la clase obrera a nosotras, las mujeres, a quienes no nos regalaron nada como trabajadoras, las mujeres luchamos cada una de nuestras conquistas, las condiciones laborales, las horas de trabajo semanal, el salario, entre otras.

El 8 de marzo de 1857, es decir, 29 años antes del 1 de mayo de 1886, las mujeres llamadas garment workers, que eran trabajadoras textiles de Nueva York, organizaron una huelga que pedía salarios justos y condiciones más humanas para el trabajo, y fueron brutalmente reprimidas y detenidas; dos años más tarde organizarían su sindicato. El 8 de marzo de 1908, 15.000 mujeres tomaron nuevamente las calles de Nueva York para luchar por el sustento económico de la vida y por la calidad de vida, esto se simbolizó en la consigna “Pan y rosas”. La tragedia del incendio del 25 de marzo de 1911, cuando murieron 123 mujeres jóvenes y niñas, y 23 hombres, logró la reducción a 54 horas semanales de trabajo y seguridad contra incendios en las fábricas (recordar que hoy son 48 horas semanales, teóricamente).

El aporte histórico que el marxismo hizo y hace a la humanidad con el análisis de las relaciones capitalistas de producción es, sin duda, un instrumento en las luchas de los pueblos, pero será necesario que los hombres de la clase obrera, los intelectuales de la clase obrera, puedan dar un salto cualitativo, aquel que forma parte del método dialéctico del materialismo histórico, que tanto pregonan, y así puedan finalmente entender que las mujeres somos la mitad del pueblo trabajador, la mitad de los procesos revolucionarios de la humanidad, la mitad de los problemas que día a día enfrentamos como pueblo trabajador, pero también somos la mitad de las propuestas de soluciones. Es imprescindible erradicar el machismo.

Paradójicamente, mientras el 1 de mayo es un día de lucha, el 8 de marzo es la celebración del “día de la mujer” y se nos regala chocolates, rosas y peluches… ¡uff! Cómo se destroza la memoria de las luchas de las mujeres y esto con complicidad de la clase proletaria. ¡¡Jallalla proceso de cambios revolucionarios!!!

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

Comparte y opina:

Últimas Noticias