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miércoles 28 jul 2021 | Actualizado a 12:54

Las universidades del siglo XXI

/ 25 de junio de 2021 / 01:24

En el marco de la conferencia inaugural de la III Conferencia Regional de Educación Superior realizada en Argentina, en 2018, con la participación de representantes de los países de América Latina y el Caribe, Boaventura de Sousa Santos, reconocido por su pensamiento crítico en el área de ciencias sociales, manifestaba que “La universidad tiene que saber refundarse en otras formas a través de la innovación y el experimentalismo.” En los tiempos actuales de la pandemia que trastocó el diario vivir de la humanidad en todas sus expresiones, la consigna queda latente. Las universidades, al igual que todos los centros de educación superior, luego de “leer el mundo”, como dice Paulo Freire, tienen que saber refundarse.

En principio, las universidades tienen que repensar su rol que se ha concentrado en formar nuevos profesionales en la mayor cantidad posible, como principal indicador de sus logros. No es que se abandone este rol sino que se hagan evidentes sus capacidades de generación de ciencia y tecnología, de pensamiento y metodologías. Los procesos formativos acompañados de investigación, otra función fundamental de las universidades, deben producir respuestas a la problemática que se presenta en el contexto.

Otro aspecto a analizar en la perspectiva de refundar las universidades está relacionado con la generación y aplicación de conocimientos. En el siglo XXI no es suficiente acumular conocimientos, aun cuando éstos sean cada vez más de mayor complejidad. El conocimiento no es un fin en sí mismo, no se trata de saber por saber, sino fundamentalmente de volver a la práctica desde donde se construyó el conocimiento para transformarlo. Retomando además lo señalado en el anterior párrafo, ¿de qué sirve saber que cierto “modelo de economía” no contribuye a mejorar la calidad de vida del conjunto de la población, principalmente de la población con altos niveles de exclusión, si no contribuye a construir en corrientes alternativas de transformación? En esta línea cabe preguntarse, ¿de qué sirve tener centros de educación superior si éstos no generan, en la teoría y práctica, formas de desarrollo alternativas? Las universidades tienen la oportunidad de proponer pensamientos y acciones que transformen las formas de producción —material e inteligencia— de consumo y lo que es prioritario, de vida.

Para la refundación de las universidades es prioritario el sentido crítico de cómo se analizan y generan conocimientos. Repetir teorías, modelos de análisis o corrientes de pensamiento e inclusive hacer gala de manejar cierta nomenclatura o terminología solo para darse aires de “moderno y sabido”, es ajeno a la naturaleza de los centros de educación superior. El conocimiento debe confrontarse con la práctica social, entendida como las acciones y pensamientos que realizamos como individuos, grupos sociales, clases sociales, naciones, etc., para crear, modificar y transformar constantemente la realidad a partir de un posicionamiento ante la realidad. Los conocimientos y la práctica social para ser liberadores necesariamente deben buscar la transformación de toda forma de opresión. En estos tiempos, por ejemplo, no es suficiente conocer la concepción de cambio climático, sino generar concepciones alternativas que priorizan la existencia de todos los seres vivientes de manera estructural y desde nuestras cosmovisiones, como el Vivir Bien.

Supone además dejar de pensar que el único conocimiento válido es el llamado “científico” o “universal”. Las universidades tienen que dialogar con los conocimientos de los movimientos populares y/o sociales, los pueblos indígenas y originarios, afrodescendientes, poblaciones urbana, marginales, etc., para revertir toda forma de colonialismo que clasifica y jerarquiza los conocimientos, antes que los hace complementarios. Este cambio trae consigo una ruptura de las epistemologías y de los procesos de investigación tradicionales; como dice Boaventura de Sousa, “tenemos que pasar de ‘conocer sobre’ a ‘conocer con’,… tenemos que luchar contra las metodologías extractivistas” del que considera y quiere mostrar que sabe más.

También se requiere repensar la función social de las universidades en relación a la sociedad y las comunidades, de reponer alianzas entre el movimiento universitario, principalmente estudiantil, con el movimiento social, entre ellos, de trabajadores, pueblos indígenas y originarios.

El reto está planteado, toca discutir alternativas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Plan nacional de desarrollo para Vivir Bien

/ 23 de julio de 2021 / 01:37

Hace más de 15 años (10-06-2006), Evo Morales y Álvaro García, presidente y vicepresidente constitucionales de Bolivia, recibían la propuesta del Plan Nacional de Desarrollo (PND) “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien” de manos del equipo del Ministerio de Planificación del Desarrollo encabezado por su máxima autoridad, Carlos Villegas. Este plan de grandes realizaciones marcó los lineamientos estratégicos de nuestra patria en el periodo 2006- 2011 y en la actualidad orienta acciones estatales y privadas vinculadas a desarrollo, además dejó muchos aprendizajes que a la luz de la realidad presente tienen que ser leídos y comprendidos.

Aprendizaje 1: Los planes de desarrollo deben formularse participativamente y tienen que partir de los programas de gobierno presentados por los partidos en los procesos eleccionarios. El PND tiene sus orígenes en un “ampliado” realizado en 2005 con las organizaciones sociales y comunitarias, donde Evo Morales solicitó la presentación de propuestas. La respuesta fue expresión de la alta capacidad propositiva de las organizaciones, cientos de hojas y archivadores materializaron la voluntad y compromiso de importantes sectores del pueblo. Gracias a un trabajo ampliamente participativo el resultado fue en principio un “decálogo” y luego el programa de gobierno del MAS elaborado para participar de las elecciones generales de diciembre de 2005. Luego, en febrero de 2006, una vez que asumió la presidencia, Morales encargó al ministro de Planificación la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo a partir del programa de gobierno. Fueron casi cuatro meses de intenso debate, talleres y generación de políticas y estrategias nacionales para concebir el desarrollo de Bolivia. Hoy, 2021, a gobiernos municipales, departamentales y nacional relativamente recién constituidos habría que preguntarles, ¿elaborarán planes de desarrollo del ámbito territorial de su competencia con base en sus programas de gobierno electorales?, ¿cuándo se serán debatidos?

Aprendizaje 2: Un plan de desarrollo supone generar una concepción de desarrollo pertinente a la realidad del país. El PND es un ejemplo de este postulado, es una abierta interpelación a modelos civilizatorios y de desarrollo vigentes bajo supuesto “progreso” indefinido y una búsqueda de alternativas a las múltiples crisis imperantes en nuestra sociedad. Desde el PND se contribuye a: transformar el país; desmontar el modelo de desarrollo concebido desde el colonialismo y neoliberalismo; desarrollar un nuevo paradigma de desarrollo sustentado en la concepción del Vivir Bien; contribuir a la construcción de un nuevo Estado plurinacional, promotor y protagonista del desarrollo, social comunitario, que redistribuye equitativamente la riqueza, ingresos y oportunidades; desarrollar la convivencia equilibrada y la complementariedad con equidad de la economía estatal, economía comunitaria, economía mixta y economía privada; y promover el desarrollo integral a través de la construcción de un nuevo patrón de desarrollo diversificado e integrado y la erradicación de la pobreza, desigualdad social y exclusión. Gobiernos subnacionales y nacional, ¿qué concepción de desarrollo propondrán en sus nuevos planes de desarrollo?, ¿los elaborarán?

Aprendizaje 3. Un plan de desarrollo es una propuesta de país, departamento o municipio, según corresponda. El PND concibió la Bolivia digna, soberana, productiva y democrática. Digna porque al erradicar o reducir la pobreza y desigualdad devolvía la dignidad de los excluidos. Productiva, orientada a la transformación y diversificación de la matriz productiva, generando excedentes, ingresos y empleo con la finalidad de cambiar el patrón primario exportador excluyente. Democrática, construcción de una sociedad y Estado plurinacional y socio-comunitario, donde el pueblo ejerce el poder social y comunitario y es corresponsable de las decisiones sobre su propio desarrollo y del país. Soberana, constitución del Estado en un actor internacional, soberano, auto-determinado, con identidad propia. ¿Cuál será la concepción de departamento o municipio de los gobiernos subnacionales y de país para el Gobierno nacional?, ¿será un conjunto de tecnicismos o de veras una concepción de municipio, departamento o país?

Queda mucho por consolidar y re-crear, pero las experiencias como la historia no se olvidan, se esperan las respuestas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Inédito viable: construir esperanza

/ 9 de julio de 2021 / 02:00

Ni duda cabe, un tema que se ha hecho parte de nuestra cotidianidad es la crisis sanitaria del COVID-19. Hemos creído que dominamos la ciencia, la tecnología y hasta la propia naturaleza en una especie de “arrogancia de los seres humanos” (Ramakrishnan, 2020), sin embargo, un virus está causando miedo, muerte, caos económico, incertidumbre, etc. La pandemia, además, está sirviendo para hacer más visibles y agravar los grandes problemas que ya teníamos.

La crisis sanitaria también ha producido grandes efectos en la educación. Distintos estudios realizados en América Latina señalan que entre los principales efectos están: 1) La interrupción de las clases presenciales y a momentos de los procesos educativos. Sostener la continuidad de actividades educativas se convirtió en un esfuerzo sin precedentes y con importantes dificultades, siendo los aprendizajes los más afectados. 2) Los estudiantes del sistema educativo público dejaron de recibir apoyos complementarios como los llamados “almuerzos o desayuno escolar”, como efecto de esta situación, principalmente, educandos de familias pobres son los que sufren las consecuencias. 3) Las familias tuvieron que asumir las responsabilidades relacionadas a los procesos educativos, situación que puso en entredicho sus capacidades para enseñar o por lo menos de acompañar a los hijos por sus niveles de escolaridad o responsabilidades laborales. 4) Se hacen más evidentes las desigualdades sociales-económicas ocasionadas por la llamada “brecha digital”, entre unos estudiantes y familias que pueden acceder a la internet, dispositivos, plataformas y aplicaciones digitales y otros que no pueden hacer uso de estos medios. 5) Se ha incrementado el abandono escolar, principalmente en barrios pobres o zonas alejadas. 6) Principalmente las mujeres, sufren las consecuencias de la violencia doméstica y se presentan casos de embarazos prematuros que acrecientan las tasas de abandono escolar.

Ante esa problemática, tan dura por cierto, ¿qué queda? Para muchas personas, este periodo marcado por la pandemia les resulta sombrío y desalentador, desde una visión bastante pesimista, hasta se llega a suponer que “no hay más camino para andar”. La mirada desde otra perspectiva, aunque parezca insólito, puede tener respuestas desde la educación popular.

Paulo Freire, educador popular de gran relevancia en la región latinoamericana, en 1992 escribió uno de sus últimos libros: Pedagogía de la Esperanza, en esta publicación señala que se requiere esperanza y sueños para transformar la realidad. Se requiere esperanza, aunque “ella sola no gana la lucha, pero sin ella la lucha flaquea y titubea. Necesitamos la esperanza crítica… que necesita de la práctica para volverse historia concreta…”, escribe Freire. Para ello se requiere del inédito viable, de lo que no fue hecho y parece imposible con posibilidades de realizarse si partimos de nuestra esperanza y la ponemos en acción. Para que esperanza e inédito viable se consuman se precisa de la utopía “que denuncie el presente (cada vez más complejo), y prevea el futuro desde el ahora, apuntalando una política, estética y ética radical y cualitativamente distintas a las imperantes.” (Ineditviable)

Esperanza, inédito viable y utopía, ante la situación en la que nos encontramos, requiere que la humanidad construya otro modelo de vida. “Un paradigma civilizatorio en el que la vulnerabilidad y el cuidado mutuo sean algunos de sus ejes fundamentales.” (Rogero, 2021). Paradigma civilizatorio que a su vez requiere de un nuevo paradigma educativo que preserve la vida y armonía de todos los seres vivientes. La educación para construir esperanza, para hacer posible el inédito viable en contexto de pandemia, tiene que contribuir a: 1) Hacernos comprender que somos seres humildes y vulnerables; 2) Construir una sociedad resiliente ante la vulnerabilidad; 3) Conocer hasta dónde podemos llegar en nuestras aspiraciones y actuaciones desde la ética y la convivencia humana; 4) Construir un “nosotros” incluyente de toda condición humana desde el diálogo. “Se trata de ir construyendo una sociedad y una educación cuidadora de las vidas vulnerables de todos, dando prioridad a los considerados más débiles: los nadie, los sobrantes, los desechables, los descartables, como los desperdicios de la sociedad neoliberal.” (Rogero, 2021) Construyamos inéditos viables, esperanza y utopías.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Economía y educación técnica en pandemia

/ 11 de junio de 2021 / 01:50

“América Latina y el Caribe experimentan una crisis sin precedentes en sus mercados de trabajo como consecuencia de la pandemia por COVID- 19. La drástica contracción del empleo, de las horas trabajadas y de los ingresos da cuenta de los significativos efectos de la reducción del nivel de actividad económica sobre la dinámica laboral. El panorama resulta aún más preocupante al considerar que dichos impactos han sido desiguales y que el sendero de recuperación, que lentamente se está vislumbrando en la región, podría ir acompañado de una amplificación de brechas laborales y de ingresos entre los diferentes grupos de población”, comienza afirmando la Nota técnica: Panorama laboral en tiempos de la COVID-19 de la OIT, de septiembre de 2020. Esta constatación, en los indicadores de la gestión 2020, también se presenta en la economía y mercado laboral de Bolivia con relación a la variación negativa del PIB, incrementos en la tasa de desocupación y deterioro de la calidad del empleo, con mayor intensidad en los sectores más vulnerables, y refuerzan el aparente dilema “salud o economía/producción”, tema de debate en la actualidad.

Esta crisis no solo ha afectado a la economía sino también tiene impactos en la educación, para ser específicos en la educación técnica. Al igual que casi todos los sistemas educativos del mundo ha interrumpido las clases presenciales, aunque existen centros de formación que, con grandes dudas y temores, intentan poner en práctica la modalidad semipresencial. Así como se han modificado las prioridades de producción y consumo se han modificado las demandas y condiciones de formación técnica, por ejemplo pregúntese cuántas personas en lugar de adquirir ropa tienen que destinar sus recursos a la compra de medicamentos u otros servicios médicos. Del mismo modo que hay contracciones en el empleo y trabajo, surge la necesidad de plantearse formaciones técnicas alternativas para “reinventarse” en otras actividades laborales. También surgen interrogantes y retos específicos a los procesos de educación técnica, por ejemplo, los estudiantes se preguntan ¿dónde hago mis prácticas si los centros de formación están cerrados?; los maestros reinventan sus formas de enseñanza ante la necesidad de ingresar a la modalidad de educación virtual; estudiantes y maestros sufren por sus dificultades en el acceso, uso y disponibilidad de aplicaciones, plataformas y equipos digitales. Si a la problemática surgida como producto de la pandemia le añadimos las preocupaciones del tiempo pre COVID-19, los retos y también las oportunidades para recrear la educación técnica son grandes y de extrema importancia por su estrecha influencia en la economía, producción, trabajo y calidad de vida.

En términos de la problemática general e integral de larga data, queda por consolidar, más en la práctica que en el enunciado teórico, la transición de la educación técnica, muchas veces reducida a la formación de capacidades manuales, a la educación tecnológica y productiva, a unir práctica con teoría, a una educación profundamente vinculada con la producción, trabajo y territorio; como establecen las bases de la Ley de la Educación 070 “Avelino Siñani- Elizardo Pérez”, la educación tiene que constituirse en “productiva y territorial, orientada a la producción intelectual y material, al trabajo creador y a la relación armónica de los sistemas de vida y las comunidades humanas en la Madre Tierra…” Es tiempo de validar saberes, conocimientos y experiencias de las y los productores, constituir centros de formación que educan y producen en relación con las unidades y comunidades productivas establecidas en el territorio y/o la región.

En tiempos de COVID-19 también es necesario y urgente la realización de diagnósticos y estudios de mercado para reactualizar la oferta educativa y los programas de formación incorporando nuevas áreas curriculares como las vinculadas a lo socio-emocional, establecer convenios y acuerdos con centros de producción para facilitar la realización de prácticas aplicadas a la realidad, desarrollar procesos formativos sobre las concepciones pedagógicas que incorporan la educación virtual, así como fortalecer la dotación de equipos y medios para la educación en línea. Los retos y las oportunidades en tiempos de disrupción impulsan a recrearse y superar todo lo que estamos realizando. La creación es parte substancial de la educación productiva y tecnológica.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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CONFINTEA VII: tiempos de propuestas

/ 28 de mayo de 2021 / 01:53

En la gestión 2022, en Marruecos, África, a convocatoria de la UNESCO y sus organismos especializados se realizará la séptima Conferencia Internacional de Educación de Adultos (CONFINTEA VII). Participarán más de 1.000 participantes entre representantes de organismos gubernamentales, cooperación internacional, organizaciones sociales, instituciones y organizaciones del área y sociedad civil, universidades, entre otros. En este evento se evaluarán y aprobarán políticas para asegurar el derecho de la Educación de Personas Jóvenes y Adultas (EPJA), teniendo en cuenta el aprendizaje a lo largo y ancho de toda la vida y los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas- Agenda 2030, que se expresarán en un nuevo marco de acción para la EPJA en lugar del Marco de Acción de Belém, aprobado en la CONFINTEA VI de 2009.

Aunque no es valorada suficientemente por los Estados y organizaciones de la sociedad, la EPJA tiene una enorme importancia para la sociedad global, se refiere a la mayoría de la población mundial (alrededor del 70%) y sus efectos, a diferencia de la educación formal o regular, son inmediatos y de gran trascendencia; como lo señala el propio marco de acción de la CONFINTEA VI, la EPJA “produce beneficios sociales al crear sociedades más democráticas, pacíficas, integradoras, productivas, saludables y sostenibles” (UNESCO, 2009). En otras palabras, la EPJA con calidad y pertinencia, trasciende los logros de carácter educativo, y es determinante para fortalecer la dignidad de las personas, sus familias y comunidad; la participación en asuntos públicos y la construcción de la democracia participativa; el ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales; la promoción de relaciones pacíficas y constructivas entre pueblos y personas; y el acceso y buen uso de la información digital (CEAAL, 2021). En ese sentido, la evaluación de las políticas y la preparación de nuevas políticas para que se hagan parte de la declaración y marco de acción de la CONFINTEA VII tienen enorme relevancia, más si se trata de estos tiempos marcados por la pandemia y evidente crisis civilizatoria.

Construir una CONFINTEA participativa, crítica y propositiva, como lo señala el pronunciamiento del Consejo de Educación Popular de América Latina (CEAAL) es tarea fundamental, para ello es necesario revisar y recuperar nuestras prácticas, así como convertir este proceso en un movimiento social y pedagógico. LA EPJA por su naturaleza, también en el debate internacional, tiene que ser producto de la construcción de los sujetos históricos que la componen.

Es tiempo de construir propuestas alternativas a la crisis civilizatoria del mundo actual y a la educación tradicional y racionalista, desde la perspectiva y experiencia boliviana, tenemos que formular propuestas para una Educación en y de la Vida, para Vivir Bien, y exigir que los Estados reconozcan la educación durante toda la vida, así como la educación para la diversidad de la educación: Educación a lo largo y ancho de la vida para todas y todos. La EPJA debe ser entendida como parte de la democratización de la sociedad en nuestros países, cuya base es la justicia social y el reconocimiento de los derechos, por tanto la dignidad, de las personas y los pueblos. La EPJA, conjuntamente las pedagogías críticas, tiene que consolidar su rol transformador e inclusivo desde el diálogo cultural, la educación para la democracia participativa, la relación educación-producción- trabajo, y el cuidado de la casa común: la madre tierra. La EPJA tiene que ser un factor fundamental de la transformación de los sistemas educativos nacionales asegurando el desarrollo de procesos formativos en todos los niveles y áreas según las necesidades y expectativas de la diversidad de los grupos sociales, culturales, etarios y productivos; dando plena validez, reconocimiento y respaldo a las experiencias de educación de personas jóvenes y adultas que desarrollan distintas organizaciones sociales y comunitarias, organizaciones no gubernamentales y estatales; garantizando el pleno funcionamiento de la EPJA a través de políticas públicas, institucionalidad, estructura organizativa y recursos pertinentes, y según la identidad y naturaleza de esta área educativa.

Tenemos que pasar de la retórica de los eventos internacionales a la acción social, exigiendo el cumplimiento de las declaraciones, marcos de acción y otros tratados nacionales e internacionales.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Campaña ‘Bolivia Lee’

/ 14 de mayo de 2021 / 02:21

Lastimosamente no todas las personas podrán leer este artículo. En unos casos, porque nunca tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir (analfabetismo absoluto) y, en otros, porque luego de aprender a leer y escribir dejó de practicar estas capacidades en situaciones habituales (analfabetismo funcional o por desuso). Pero no se trata solo de leer este artículo sino, como menciona la Unesco, la adquisición y el perfeccionamiento de las capacidades de lectoescritura a lo largo de toda la vida son parte intrínseca del derecho a la educación. La alfabetización contribuye a empoderar a los pueblos, participar plenamente en la sociedad, mejorar la calidad de los medios de subsistencia y es determinante para generar mayor participación de las personas en el mundo del trabajo y producción, reducir la pobreza y desigualdad social, sentar las bases para la continuidad de estudios, así como para ampliar las oportunidades de desarrollo personal durante la vida.

Comprendiendo esa situación, desde 2006, el Estado boliviano emprendió un sostenido proceso de formación en lectura, escritura y aritmética básica para personas mayores de 15 años mediante el Programa Nacional de Alfabetización “Yo, sí puedo”. Posteriormente, en la gestión 2009, con el propósito de ofrecer oportunidades de formación a las personas alfabetizadas hasta el sexto de primaria dio inicio al Programa Nacional de Post-alfabetización “Yo, sí puedo seguir”. Los logros en relación a las tasas de alfabetización son contundentes, del 13,28% (año 2001) se redujo al 2,26% (2019), ratificándose Bolivia como un Estado libre de analfabetismo, mientras la Post-alfabetización, entre 2010 y 2019 graduó al nivel de sexto de primaria a casi 163.000 personas.

Pese a estos logros, siempre quedó latente la preocupación sobre las personas alfabetizadas que por haber dejado de leer y escribir nuevamente se conviertan en analfabetos, esta vez “por desuso”. Se es analfabeto por desuso por distintos motivos, pero fundamentalmente porque no tiene un “contexto alfabetizador”, porque en su vida cotidiana no puede acceder a libros, revistas, periódicos, etc., o porque nadie o nada le motiva a utilizar sus capacidades de lectoescritura. La lección es clara y contundente, no leen ni escriben quienes, aun siendo personas alfabetizadas, no tienen motivación para cumplir con este propósito; no es suficiente alfabetizar, hay que generar y mantener de manera permanente el hábito de la lectura.

La lección además de aprendida, junto a la alfabetización y post-alfabetización, fue motivo de creación de la estrategia denominada “Movilización social y cultural” y con ella de la campaña “Bolivia Lee”. En ocho campañas “Bolivia Lee”, en el periodo 2012-2019, se recolectaron 1.100.558 libros donados por la población y con éstos se pusieron en funcionamiento 3.878 bibliotecas comunitarias, entre ellas 42 bibliotecas municipales. Las jornadas de recolección de libros se convirtieron en procesos de movilización social y la expresión de otra forma de solidaridad: la donación de libros. Las bibliotecas comunitarias democratizaron el acceso a medios que motivan el hábito a la lectura y promovieron actividades culturales en los barrios, sindicatos, clubes de madres, iglesias, cárceles, etc. Además se contribuyó a que el sistema educativo desarrolle procesos de capacitación a maestros sobre lectoescritura, maratones de lectura y la realización del Día Plurinacional de la Lectura. En el sistema educativo comenzó a cumplirse el lema “Bolivia Lee”.

Hace unas semanas se anunció el inicio de la campaña “Bolivia Lee” en su novena versión, ¡en hora buena! Es tiempo de aportar con la donación de libros, ¡qué mejor expresión de solidaridad!; de rebelarse a la sociedad del desecho, reutilizar el libro leído; cuidar nuestros bosques, no olvide, a más textos impresos más árboles sacrificados. También es tiempo de asumir nuevos retos, entre ellos, incentivar el hábito de la lectura placentera y autónoma en el conjunto de la sociedad como forma de garantizar la educación a lo largo de la vida. Leer libros y otras fuentes y soportes de la lectura, incluyendo los medios virtuales. “La lectura es justamente bisagra y punto de encuentro entre la educación y la cultura” (Rosa Ma. Torres). Leer no solo la palabra sino el mundo. “La comprensión del texto a ser alcanzada por su lectura crítica implica la percepción de relaciones entre el texto y el contexto” (Paulo Freire).

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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