Voces

Sunday 2 Oct 2022 | Actualizado a 01:32 AM

El libreto del drama y los ecos

/ 22 de julio de 2021 / 02:04

Hoy los ruidos mediáticos sustituyen las notas del pentagrama ideológico que deberían escribir los titulares que aspiran a ser actor político y no solo jugador electoral de las previas.

Asistimos a la temporalidad fáctica desde el fin del siglo pasado y la apertura de este nuevo siglo donde los medios privados de comunicación que tienen el monopolio de la palabra y la información agendan temas políticos en función de su interés.

Programan e imponen el libreto, el drama y tienen para divulgar a los cuatro vientos a un selecto elenco integrado por analistas, articulistas, parlamentarios sin brillo y dirigentes políticos que tienen imagen, dinero o una sigla electoral —sin militancia—. Todos ellos con la habilidad para hablar, tuitear, a veces para insultar, se van desenvolviendo en el teatro mediático y de las redes sociales, pues su público alimenta su ego, sus emociones, se sienten en el olimpo de la mitología de la vieja República confesional, colonial y liberal.

Los que inspiran el libreto son personas e instituciones externas a los medios, sin embargo, el drama y la trama se tejen en los medios; esta combinación de fuente, libreto y drama construida mediáticamente se constituye en la verdad irrefutable.

El fraude monumental desapareció en las portadas y titulares de prensa, ahora es solo una noticia más sin ningún tipo de relevancia, se ha limitado a ser una frase —y quizás, forzosamente— eslogan imprescindible en el discurso público y mediático de los políticos, pero más por costumbre que por relevancia y convicción.

El debate central que los medios han posicionado los últimos meses está concentrado en la sucesión constitucional versus golpe de Estado.

Es importante anotar este hecho que no es menor, es decir, abandonaron la retórica del fraude porque saben que no tiene ningún tipo de sustento técnico: es solo frase política y mediática, por lo tanto, no es sostenible en el tiempo, necesitan construir una narrativa que impugne la tesis irrebatible del golpe de Estado. Los ejes por donde circula esta narrativa que no es nueva, y que en los últimos meses pretenden darle mayor relevancia es: “La dimisión de Evo se decidió horas antes que militares y policías pidan su renuncia”, y lo segundo es que: “Jeanine asumió la presidencia frente al vacío de poder y que la Iglesia Católica, cívicos y políticos solo facilitaron en la UCB la sucesión constitucional”.

Veamos lo primero, utilizaron deliberadamente y sin éxito frases sueltas del relato que hizo Evo en el libro escrito durante el exilio, Volveremos y seremos millones, para justificar que la renuncia ya fue decidida incluso el 9 de noviembre (2019); como no tuvo repercusión esta historia inventada, decidieron poner en escena de primer orden la declaración ante la Fiscalía del general Terceros, excomandante de la Fuerza Aérea. La nota de prensa empieza presentándolo como el general que salvó la vida del Presidente y el Vicepresidente porque ordenó que los trasladen al aeropuerto de Chimoré en el avión presidencial y de allí puedan salir al exilio en un avión mexicano. Acto seguido, el relato del general nos describe el escenario entre las 12.00 y 16.00 del domingo 10 de noviembre de 2019: “El Gral. Kaliman les informó que el Presidente presentará su renuncia en tres horas, por lo que instruyó que se elabore un comunicado de las FFAA pidiendo la renuncia de la principal autoridad electa del país”. Esta afirmación y línea de tiempo descrita por el militar es vital y fue amplificada en varias notas periodísticas con la finalidad de posicionar la idea de que la renuncia no fue forzada; por el contrario, fue decidida con anterioridad y como consecuencia de ello Evo tuvo que huir del país. La idea central construida es renuncia voluntaria y huida versus la verdad histórica: Renuncia del Presidente por los niveles de violencia, de insubordinación de las FFAA y de la Policía, y salida al exilio con ayuda del gobierno de López Obrador.

La segunda es la sucesión, para ello utilizan la memoria-informe de la CEB, que ha descrito una cronología centrada en 14 días, no obstante, lo central son tres: 10, 11 y 12 de noviembre. En estas tres jornadas nos relatan la reunión, quienes participaron —ante el aparente vacío de poder— decidieron que Jeanine sea presidenta y cómo implementaron sus acuerdos, todo con el objetivo y desde el punto de vista celestial de (¿) pacificar el país (?).

En el libreto elaborado la retórica es posicionar los escenarios de la renuncia voluntaria y sucesión, son los ruidos mediáticos que tararean sin un ritmo ideológico, inconsistente el selecto elenco de artistas temporales de la palabra mal repetida.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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El horizonte es irrenunciable

/ 29 de septiembre de 2022 / 01:02

La cohesión ideológica, política y orgánica que emergió de la movilización no se agotó en la demanda, sino que trascendió a la interpelación del viejo Estado Republicano Colonial (ERC), esa interpelación significó la construcción de un horizonte alternativo anticolonial y anticapitalista.

Nuestro proceso tiene sus orígenes en la descolonización ideológica y cultural del movimiento campesino originario como sujeto político, interpelación contrahegemónica al ERC, a sus sistemas de valores, creencias y lógicas de poder, de la resistencia y la rebelión a la revolución democrática organizada, articulada sindical, cultural, territorial y políticamente ha superado las reformas liberal-democráticas y se ha instalado el horizonte estatal plurinacional, que cuestiona la modernidad capitalista colonial, como bien expresa Enrique Dussel.

La descolonización no es una palabra o fórmula, es un proceso complejo, contradictorio, conflictivo, donde las subjetividades de los actores están condicionadas al medio que nos desenvolvemos. Los contravalores coloniales exacerbados por los códigos de las derechas se presentan como “sentido común”, que impregnan nuestra cotidianidad y subjetividad para obligarnos a razonar bajo la lógica del opresor colonial: por un lado están sus expositores instituidos durante siglos, y por otro, los colonizados —algunos— con rostro plurinacional para enarbolar las banderas del opresor como suyas, para presentarnos a lo nacional popular como retrógradas, bestias, es decir, hacen del racismo, la discriminación, lo subliminal por la forma de presentación y de los medios que disponen.

Ante su derrota, nuestros enemigos tienen una estrategia que no está diseñada para presentar un modelo de vida diferente a nuestros pueblos, sino para recuperar sus estatus de poder, de privilegio y de vida e impedir que nuestro horizonte civilizatorio del “vivir bien” avance.

En nuestra región la presencia de gobiernos de izquierda y progresistas que no son serviles a los intereses imperialistas, son destituidos por métodos parlamentarios- militares, e incluso judiciales, el lawfare, y a los que no se pueden derrocar como Cuba, Venezuela y Nicaragua, les imponen sanciones y bloqueos criminales.

La desestabilización, el derrocamiento y las fracturas de los bloques populares que lideran gobiernos es la estrategia constante del enemigo eterno de Nuestra América, por ello nuestros líderes que se templaron desde la lucha sindical y gubernamental están más allá de un tiempo electoral y su obligación inexcusable esté en ver el presente con una mirada más allá de la coyuntura; es el horizonte nuestro norte.

Por ello, escuchar que algunos reducen el hecho histórico fundacional a una frase: “Ya tuvieron su tiempo en estos 14 años”, es una mirada reaccionaria, y por otro, considerar que nuestro gobierno es de transición y administrador del Estado, es una posición política utilitaria a la derecha. El presente no se explica sin la Constituyente y la nacionalización y este horizonte no se vislumbra sin la actual gestión, es decir somos el bloque plurinacional, social, popular y estatal que trascendemos más allá de las opiniones de alfiles y peones que quieren usurpar el lugar que no les está asignado por las luchas anticoloniales.

Es el tiempo de rediseñar la arquitectura política decisional del proceso, hacer de la complementariedad la praxis sustantiva de la crítica, autocrítica, análisis y decisión de los actores que tienen el peso histórico de su obligación.

Las visiones aisladas no son razones colectivas, es la forma de ver un hecho individualmente, en sí mismo legítimo, pero si esa razón intenta imponerse como verdad excluye el sentido de lo colectivo, el desafío está en darle sentido e institucionalidad al momento y tiempo donde las visiones constituyan los horizontes como razones colectivas del proceso.

Esta necesaria e ineludible complementariedad institucionalizada no emergerá de los buenos deseos, sino de la decisión obligatoria de los líderes: Evo, Lucho, David, del MAS, del Pacto de Unidad al que tiene que involucrarse la COB para autoimponerse la responsabilidad insoslayable de la dirección.

El capitalismo colonialista que dirigió nuestras vidas durante siglos apuesta en esta coyuntura no a construir un liderazgo de derecha, sino a fragmentar, dividir irremediablemente al bloque que lidera este proceso, en nuestra ruptura está su fuerza.

Nuestros liderazgos tuvieron la capacidad de vencer democráticamente a la derecha en varios momentos adversos, de resistir al golpe y vencerlo, de recuperar la democracia y el gobierno, de estabilizar el país y devolverle la esperanza al pueblo, ahora tienen que autoasignarse su responsabilidad con el proceso, porque el presente puede constituirse en pasado si no lo preservamos como horizonte.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Chile

/ 15 de septiembre de 2022 / 00:46

El fracaso en el plebiscito para la aprobación del proyecto de Constitución elaborado por la Convención Constitucional, nos obliga ineludiblemente a reflexiones críticas y autocríticas muy importantes, no para la autoflagelación típica de cierta “intelectualidad” mesiánica sin horizonte, sino para re-conocer en los escenarios políticos, mediáticos y subjetividades que nos desenvolvemos en la disputa de nuevas racionalidades de poder.

Los procesos políticos que se constituyen en procesos constituyentes son tiempos fácticos y finitos que pueden marcar la conclusión de una época y la inauguración de un nuevo horizonte, pero esta afirmación no es una fórmula mecánica, sino que está condicionada al rol de los actores que son la expresión material, política y subjetiva.

En 1980, la dictadura y el estado de no derecho convocó a plebiscito para aprobar la Constitución del dictador Pinochet, se aprobó con el 65%, venció el estado de terror. En 1988, el dictador Pinochet quiso autoconvertirse en presidente “constitucional” y convocó a un plebiscito donde compitió solo y salió segundo, le consultó al pueblo si su mandato se extendía por 10 años —hasta 1997—, la respuesta fue clara, el 56% dijo No. Venció el deseo democrático y sentimiento antidictadura, pero también se constató que el pinochetismo era una realidad más allá del poder, una parte —casi la mitad— de la sociedad votante asumía como suya la racionalidad dictatorial, es decir era derechista.

Las generaciones que resistieron a la dictadura vencieron en las calles y en las urnas al ícono de la dictadura, pero las estructuras del poder que construyó empezaron a manejar los hilos del poder. El primer presidente electo Patricio Aylwin, de la Democracia Cristiana, declaró que “entre una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, elegiría la segunda”. El pinochetismo se mantenía en el poder por la vía democrática con su propia Constitución, desde esa elección hasta la última de Sebastián Piñera, los presidentes, incluida Michelle Bachelet, eran parte de la lógica “democrática” del establishment del poder que construyó y constituyó el pinochetismo.

La élite tiene concepción y condición de poder, ahí radica el sentido hegemónico del pinochetismo, reconvertido en “demócratas” y disperso en las organizaciones políticas que alternaban en el gobierno.

Durante el primer gobierno del presidente multimillonario de derecha Piñera, el movimiento popular liderado y concentrado principalmente en los estudiantes, de los que resaltan Camila Vallejos, del Partido Comunista, y Gabriel Boric, tuvo la capacidad de interpelar al poder político y no se limitó a sus legítimas demandas sino que trascendió más allá, a la Constitución Política del Estado, es decir a la estructura misma que emergió de la dictadura.

El movimiento tuvo la capacidad de constituirse en movimiento constituyente, tres hechos marcan el hito histórico: el plebiscito de octubre de 2020 cuando el pueblo se pronunció por cambiar la Constitución con el 78%, la elección de los constituyentes en mayo de 2021 y la presidencia de la Convención recayó en la indígena mapuche Elisa Loncon; el pueblo le arrebató al establishment la facultad de decidir. Pero el triunfo de tiempos y escenarios no implica que sea la derrota del poder.

El ideal como sentido común contrahegemónico del movimiento anti Constitución pinochetista no logró en el tiempo constituir el ideal común del tipo de Estado que aspira como horizonte, el movimiento constituyente perdió el liderazgo.

La Convención no pudo continuar siendo movimiento, se redujo a ser el escenario de debate de los 155 constituyentes; los ejes de la nueva Constitución altamente importantes y transformadores no lograron ser las identidades comunes del movimiento. Este déficit o separación entre Convención y pueblo fue aprovechado y sustituido por las estructuras de poder simbólicas, mediáticas, políticas, para construir la imagen negativa del proyecto de Constitución partiendo de códigos conservadores, propios de las derechas criollas.

El triunfo de la izquierda y el ascenso de Boric al gobierno parecían el cierre del ciclo pinochetista, pero el viraje hacia el centro en la conformación del gobierno, la represión a los mapuches con las mismas características de su antecesor, la ausencia de liderazgo del movimiento, del presidente y de la Convención, implicó la orfandad en la fase final resolutiva.

Las victorias populares, para ser tales, no pueden quedar inconclusas, más si los avances fueron concesiones del poder, ahí la fase de la resolución está condicionada a la ofensiva fáctica del poder. Los que invalidaron la nueva Constitución no son los actores que se enfrentaron al establishment, sino el poder que nunca cedió el poder, solo la administración del gobierno.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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En agosto volvió a florecer

/ 1 de septiembre de 2022 / 02:08

Agosto de 2020 es el tiempo fáctico en el que se derrota al gobierno de facto y a toda infraestructura política mediática, religiosa, militar y policial que usaba, gozaba, disfrutaba y abusaba del Estado.

Los movimientos sociales se constituyen como tales en tiempos de crisis, en enfrentamiento contra el Estado y por representar un ideal contrahegemónico al poder; agosto es el mes al que se arriba como resistencia movilizada, como ofensiva electoral y política a la dictadura.

La resistencia al golpe es el rechazo al gobierno de facto, el enfrentamiento no parte por solo resistir sino por reconstituir en la movilización al movimiento social como sujeto político de lo nacional popular. La respuesta orgánica y política al estado de sitio de facto, a las masacres, detenciones, persecuciones fue conformar, en ampliado nacional, la jefatura de campaña al frente de Evo; la estructura electoral, orgánica y territorializada encabezada por la COB y el Pacto de Unidad, luego la postulación unitaria del binomio Lucho-David; la estrategia no pasaba por resistir, sino por vencer recuperando la democracia y el gobierno.

La fuerza del gobierno de facto fue la utilización de la violencia militar, policial, simbólica, mediática y religiosa, su momento cumbre no es la toma del Palacio Quemado con la Biblia, sino las masacres de Sacaba y Senkata, eso le dio la autoridad que necesitaba la ultraderecha en el poder, por ello las encuestas de enero de 2020 le daban a Jeanine posibilidades de desplazar a Mesa del segundo lugar y disputar la segunda vuelta electoral al MAS.

La fecha electoral estaba cerrada para el 3 de mayo, pero la pandemia fue la oportunidad que necesitaba la candidatura del gobierno de facto. El Tribunal Supremo Electoral, cuyo presidente era el delegado presidencial de Áñez, decidió postergar las elecciones hasta el 6 de septiembre. El gobierno, al viejo estilo de las dictaduras del siglo pasado, decidió imponer la militarización so pretexto de preservar la vida; esta oportunidad se desvaneció por la pésima gestión de gobierno, los altos actos de corrupción, el abuso de la infraestructura estatal. Ese oficialismo que se formó con el auspicio de la Iglesia Católica, se fragmentó.

Al inicio de la tercera semana de julio, el TSE decidió postergar por tercera vez las elecciones hasta octubre, pero la propuesta de la derecha y la ultra no estaba en que se posterguen los comicios, sino en cancelarlos indefinidamente para replantear su estrategia de poder, para impedir que lo nacional popular y la izquierda vuelvan al gobierno.

El Alto, el territorio; los alteños, pueblo rebelde, la COB y el Pacto que tienen presencia en toda nuestra Bolivia son la ciudadanía en movimiento, el 28 de julio en un cabildo —en El Alto—, la multitud ya no es el sujeto que resiste a la dictadura o tiene consigna electoral, tiene su horizonte construido y definido: recuperar la democracia y expulsar al gobierno de facto y la derecha mediante las urnas. La memoria de las masas obreras y campesinas que en noviembre de 1979 derrotaron al golpe fascista de Natusch Busch vuelve como presente ahora en agosto, declaran bloqueo de caminos desde el 3 de agosto. La forma orgánica de lo nacional popular sienta soberanía territorial, el gobierno y toda su estructura descalifica, criminaliza política y racialmente el movimiento, los plebeyos tienen el objetivo de definir la fecha democrática de ruptura con la dictadura para que concurra el soberano y pueda decidir su presente como horizonte democrático.

La fecha de las elecciones definida mediante ley, que es impuesta por la movilización popular, sancionada por la bancada parlamentaria del MAS, le arrebata al TSE, al gobierno y la estructura de poder la facultad de decidir sobre el pueblo, es el momento de reapropiación de la democracia como el medio político de solución de la crisis y la titularidad política del poder, es decir la restitución al soberano de la facultad de decidir.

Noviembre de 1979, agosto de 2020 tienen como sujeto histórico lo nacional popular, es la autodeterminación del movimiento como autoconciencia, sintetizan el horizonte del tiempo e imponen a las fracciones reaccionarias a validarse, subordinándose a la decisión democrática.

En agosto se derrota a la derecha y se recupera la democracia, en octubre es la expulsión del gobierno de facto y la restitución en el gobierno de la decisión soberana del pueblo, es la temporalidad que marca indefinidamente nuestra certidumbre como país y pueblo.

Los movimientos sociales descalificados, perseguidos, reprimidos, masacrados, insultados por los poderes fácticos coloniales, raciales, mediáticos, eclesiales, empresariales, con su sacrificio desplegado en la movilización son la única fuente que tiene nuestra historia en conquistas de derechos como valores supremos de ejercicio pleno para toda la sociedad.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Camacho, la decadencia

/ 18 de agosto de 2022 / 01:47

Los liderazgos sintetizan sentimientos, concepciones, horizontes como construcción histórica, es el tiempo en el que se arriba y simultáneamente también es la temporalidad del horizonte.

Hoy, arbitrariamente se impone cualquier imagen política mediática como liderazgo, para forzar discursivamente que tenemos varios líderes, estrategia que cubre la ausencia estructural para sustituir con simbolismos. Es el mecanismo que tiene en medios privados de comunicación el instrumento más eficaz para imponer una fantasía como realidad fáctica.

En este casi primer cuarto de siglo, Santa Cruz asiste incrédula al devenir sin norte, al que le está conduciendo el establishment cruceño.

El inicio de siglo se caracterizó por la manifestación pública de la crisis terminal del sistema político, del neoliberalismo, del modelo estatal republicano, colonial y centralista.

Rubén Costas, presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz (2003-2005), encabezó el salvataje departamental demandando e imponiendo la elección de prefectos por el voto democrático, el fin no era democratizar la elección de la primera autoridad política, sino quitarle esa facultad al próximo Presidente de la República, que en esa coyuntura ya se vislumbraba que sería un indígena de izquierda. Costas representaba el deseo de ruptura con el centralismo dentro el mismo Estado republicano- neoliberal para controlar el departamento e imponer la autonomía.

Branko Marinkovic representó la crítica interna a la élite cruceña que vivía, disfrutaba y se enriquecía con republicanismo centralista, el norte era la ruptura con ese tipo de Estado, la autonomía era el medio que utilizaba para construir un movimiento antigobierno y anti Asamblea Constituyente; el federalismo era la posibilidad constitucional, el separatismo, la opción de poder. El factor que determinaba esta posibilidad era el liderato que representaba, la subordinación de toda la institucionalidad cruceña política, empresarial, mediática, eclesial… la adscripción subordinada de otros tres departamentos — Pando, Beni y Tarija— y de los políticos nacionales de derecha.

Costas fue absorbido por el tiempo político constituyente y Branko fue derrotado porque su objetivo no era el horizonte compartido al interior del departamento, y rechazado nacionalmente; los dos presidentes cívicos representaron el fracaso del establishment cruceño, se consideraban a sí mismos líderes y portadores de un nuevo paradigma nacional.

Camacho emergió del anonimato político para vengar a sus antecesores utilizando el método de Banzer, que conspiró desde Santa Cruz, subordinó a líderes como Paz Estenssoro del MNR, Gutiérrez de la FSB y utilizó a las FFAA para encabezar el golpe de Estado de 1971; Camacho, en esa lógica golpista, logró absorber y subordinar a Mesa, Tuto, Doria Medina, Albarracín, utilizó las FFAA, la Policía, iglesias, medios de comunicación para validar el golpe. La diferencia es que Banzer representaba un proyecto de poder, Camacho solo el método de la violencia.

Jeanine en el gobierno, incorporó a lo selecto de las alas en disputa de la cruceñidad, Ortiz y Parada por Demócratas, y a Justiniano en representación de Camacho para tener el apoyo sólido de la derecha, y al empresario exportador Rojo; con ello se aseguraba, aparentemente, tener a Santa Cruz como su polo de sustento regional, luego incorporó a Branko, en la fase de la decadencia como salvataje.

Camacho creyó ser el poder que no se logró con el golpe y la respuesta a la pésima gestión del gobierno de facto, primero con su postulación a la Presidencia, y el resultado democrático constató dramáticamente lo contrario; segundo, replanteó su estrategia e impuso ser el único candidato del establishment.

Los Demócratas y Comunidad Ciudadana de Mesa se subsumieron a Camacho y decidieron no postular a la gobernación; Angélica Sosa, la heredera de Percy como candidata a alcaldesa, hizo campaña en favor de Camacho, lo que expresa que el expresidente cívico no ganó las elecciones, sino que heredó la gobernación como retribución a liderar el golpe.

El nuevo gobernador hizo el ensayo de una propuesta federalista, logró un titular, luego impidió que se ice la wiphala, otro titular, su boda fue el acontecimiento, su pésima gestión pública es la constante; para no ahogarse necesita un salvavidas, el Censo y el enfrentamiento con Jhonny Fernández es la excusa para retomar junto a Calvo los paros y la violencia, como el método más efectivo de aparentar liderazgo.

Camacho es el fracaso del establishment y del paradigma de la cruceñidad. Forzaron la ficción de liderazgo por márquetin publicitario o por los robots de las redes sociales. Lo que aspira la derecha de él es que termine su gestión por lo menos con una mediana gestión pública, es decir Camacho representa y expresa la decadencia.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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La nacionalización como horizonte

/ 4 de agosto de 2022 / 02:46

La identidad, como tiempo constitutivo del presente, fue la nacionalización y la Asamblea Constituyente. Su construcción se desarrolló por la periferia de lo político, de lo académico, de los intelectuales clasemedieros, es decir no se consideraba agenda política para el establishment neoliberal colonial, incluso para ciertos sectores progresistas.

El valor histórico es la constitución en la subjetivad de lo nacional popular como sentido común histórico como horizonte, ya no se percibía como demanda hacia el gobierno, superaron ese límite, sino como interpelación al tipo de Estado colonial republicano y al modelo de gobierno neoliberal. La interpelación hecha como sujeto político implica la constatación de que es el tiempo no de reformas o de ampliación de derechos, sino de transformaciones, pero en primera persona, es decir ya no se delega la titularidad de la transformación, sino se ejerce esa condición de liderazgo.

El sujeto constituido tiene identidad como construcción social, cultural e histórica, es el sentido fundacional del tiempo que vivimos. Lo que aparentemente era una consiga electoral en 2002, “somos pueblo, somos MAS” y “votar por nosotros mismos”, era la autoconciencia como posibilidad de triunfo democrático, ejercicio de poder político y liderato en la transformación estructural.

Las derechas coloniales, autoconsideradas criollas y mestizas social e ideológicamente, fueron derrotadas antes del momento electoral. Ese momento —las elecciones— fue solo la constatación fáctica de la democracia representativa, julio de 2002 fue el anuncio del pututo originario, Evo y El Mallku sientan soberanía electoral sobre sus territorios; diciembre de 2005 no es el triunfo electoral, es la inauguración estatal del nuevo tiempo político, donde lo nacional popular con un liderazgo sindical, cocalero, campesino, antiimperialista y anticolonial asume el reto no como utopía, sino como realidad de este tiempo; Evo, lo indígena, sintetizan ese tiempo indefinido en la historia.

Para bloquear el sentido del tiempo, las derechas señoriales, raciales y capitalistas atrincheradas regionalmente en el oriente, asumen la cruceñidad como identidad superior frente al “otro”. El “otro” es el cruceño de nacimiento pero de ascendencia colla o valluna y los otros ocho departamentos; pero el “otro” no es el migrante extranjero, ese es el privilegiado para ser propietario de millones de hectáreas, de empresas, universidades, medios de comunicación y también propietario- dirigente exclusivo de las empresas regionales de agua, de energía, de telefonía, propietarios de la CAO, Cainco, Fexpocruz, con esa plataforma son los únicos líderes habilitados para dirigir el Comité Cívico; este bloque que era el beneficiario y aliado del centralismo estatal en dictadura y democracia, quiso bloquear la Asamblea Constituyente imponiendo el sentido colonial y racial de la autonomía sobre el país, fue derrotado en las urnas y en el ideario nacional.

Su venganza histórica la sentimos en 2019. Su violencia política, social, racial, bajo la aureola religiosa y con el auspicio de la Unión Europea, la OEA y gringolandia llegaron al poder vía el golpe, no como horizonte, sino como ambición, sanción contra lo nacional popular. Estas élites nunca fueron mayoría democrática, se consideraban mayoría como suma de minorías electorales y políticas, pero cuando se le dio al pueblo la facultad ya no solo de votar sino de elegir a su principal autoridad política nacional, ahí las derechas constataron que eran minoría electoral, por eso que la violencia es su forma más efectiva de comunicación política.

Uno de los grandes derrotados y sancionados moral e intelectualmente es Carlos Mesa, autoconsiderado a sí mismo como la voz y la imagen del gonismo en la década de los años 90, como la fuerza urbana en 2002 y la única opción de las derechas en 2019, que no solo que nunca ganó una elección, sino que fue vicepresidente con apenas el 22% y presidente de la República porque decidió ocultarse —como siempre— en octubre de 2003. Hoy sale a los medios con el ímpetu de su voz a sancionar, descalificar la nacionalización y al expresidente indígena.

Usa el adjetivo descalificativo aparentemente como categoría para referirse a la nacionalización y a Evo, lo que se constata es que en Mesa, al igual que en las derechas clasemedieras, lo que aflora es su frustración generacional, porque saben que su único límite posible es hacer lo que mejor saben hacer; en Mesa la demagogia discursiva, en Camacho y en los desertores, resentidos y traidores, incentivar la violencia racial y social.

La respuesta desde lo nacional popular es la gestión pública positiva, el campeonato futbolero internacional en el Trópico, la unidad de los líderes y del bloque popular y seguir construyendo el horizonte.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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