Voces

sábado 21 may 2022 | Actualizado a 04:18

El libreto del drama y los ecos

/ 22 de julio de 2021 / 02:04

Hoy los ruidos mediáticos sustituyen las notas del pentagrama ideológico que deberían escribir los titulares que aspiran a ser actor político y no solo jugador electoral de las previas.

Asistimos a la temporalidad fáctica desde el fin del siglo pasado y la apertura de este nuevo siglo donde los medios privados de comunicación que tienen el monopolio de la palabra y la información agendan temas políticos en función de su interés.

Programan e imponen el libreto, el drama y tienen para divulgar a los cuatro vientos a un selecto elenco integrado por analistas, articulistas, parlamentarios sin brillo y dirigentes políticos que tienen imagen, dinero o una sigla electoral —sin militancia—. Todos ellos con la habilidad para hablar, tuitear, a veces para insultar, se van desenvolviendo en el teatro mediático y de las redes sociales, pues su público alimenta su ego, sus emociones, se sienten en el olimpo de la mitología de la vieja República confesional, colonial y liberal.

Los que inspiran el libreto son personas e instituciones externas a los medios, sin embargo, el drama y la trama se tejen en los medios; esta combinación de fuente, libreto y drama construida mediáticamente se constituye en la verdad irrefutable.

El fraude monumental desapareció en las portadas y titulares de prensa, ahora es solo una noticia más sin ningún tipo de relevancia, se ha limitado a ser una frase —y quizás, forzosamente— eslogan imprescindible en el discurso público y mediático de los políticos, pero más por costumbre que por relevancia y convicción.

El debate central que los medios han posicionado los últimos meses está concentrado en la sucesión constitucional versus golpe de Estado.

Es importante anotar este hecho que no es menor, es decir, abandonaron la retórica del fraude porque saben que no tiene ningún tipo de sustento técnico: es solo frase política y mediática, por lo tanto, no es sostenible en el tiempo, necesitan construir una narrativa que impugne la tesis irrebatible del golpe de Estado. Los ejes por donde circula esta narrativa que no es nueva, y que en los últimos meses pretenden darle mayor relevancia es: “La dimisión de Evo se decidió horas antes que militares y policías pidan su renuncia”, y lo segundo es que: “Jeanine asumió la presidencia frente al vacío de poder y que la Iglesia Católica, cívicos y políticos solo facilitaron en la UCB la sucesión constitucional”.

Veamos lo primero, utilizaron deliberadamente y sin éxito frases sueltas del relato que hizo Evo en el libro escrito durante el exilio, Volveremos y seremos millones, para justificar que la renuncia ya fue decidida incluso el 9 de noviembre (2019); como no tuvo repercusión esta historia inventada, decidieron poner en escena de primer orden la declaración ante la Fiscalía del general Terceros, excomandante de la Fuerza Aérea. La nota de prensa empieza presentándolo como el general que salvó la vida del Presidente y el Vicepresidente porque ordenó que los trasladen al aeropuerto de Chimoré en el avión presidencial y de allí puedan salir al exilio en un avión mexicano. Acto seguido, el relato del general nos describe el escenario entre las 12.00 y 16.00 del domingo 10 de noviembre de 2019: “El Gral. Kaliman les informó que el Presidente presentará su renuncia en tres horas, por lo que instruyó que se elabore un comunicado de las FFAA pidiendo la renuncia de la principal autoridad electa del país”. Esta afirmación y línea de tiempo descrita por el militar es vital y fue amplificada en varias notas periodísticas con la finalidad de posicionar la idea de que la renuncia no fue forzada; por el contrario, fue decidida con anterioridad y como consecuencia de ello Evo tuvo que huir del país. La idea central construida es renuncia voluntaria y huida versus la verdad histórica: Renuncia del Presidente por los niveles de violencia, de insubordinación de las FFAA y de la Policía, y salida al exilio con ayuda del gobierno de López Obrador.

La segunda es la sucesión, para ello utilizan la memoria-informe de la CEB, que ha descrito una cronología centrada en 14 días, no obstante, lo central son tres: 10, 11 y 12 de noviembre. En estas tres jornadas nos relatan la reunión, quienes participaron —ante el aparente vacío de poder— decidieron que Jeanine sea presidenta y cómo implementaron sus acuerdos, todo con el objetivo y desde el punto de vista celestial de (¿) pacificar el país (?).

En el libreto elaborado la retórica es posicionar los escenarios de la renuncia voluntaria y sucesión, son los ruidos mediáticos que tararean sin un ritmo ideológico, inconsistente el selecto elenco de artistas temporales de la palabra mal repetida.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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La moral señorial de la clase a medias

/ 12 de mayo de 2022 / 01:38

La comodidad no solo se limita a tener acceso a todos los servicios, tampoco a disponer de los recursos económicos suficientes, sino principalmente a sentirse superior y su tranquilidad señorial no tiene que ser perturbada por sectores subalternos plebeyos.

Su sensibilidad está combinada entre la tradición religiosa, las costumbres, su individualismo y el uso y abuso de su condición de sentirse superior.

Hoy se reclaman mestizos con inclinación a los gustos americanos o europeos, aunque les encanta embriagarse en las entradas del Gran Poder; eso es cultura para ellos y se sienten realizados.

Mientras estaban satisfechos con el neoliberalismo, aunque no bien pagados, estaban cómodos, se llamaban a sí mismos los inclusivos, porque tenían la generosidad de ya no marginar tanto a los plebeyos, incluso tenían un vicepresidente indígena que evolucionó tanto que pensaba y hacía lo mismo que su amo que tenía acento gringo, a veces se sentaba en el palacio republicano de la plaza Murillo.

No pelean por derechos, sino por impedir restricción a sus privilegios; tienen la posibilidad de decir lo que ellos creen que es la “verdad absoluta”, porque son propietarios, socios y amigos de los medios de comunicación; si osamos criticar sus opiniones estamos atentando al sagrado principio democrático de la “libertad de expresión”; empiezan a izar y hacen flamear la bandera de la democracia, una bandera por la que nunca pelearon, porque estaban cómodos y bien tratados por la dictadura y el neoliberalismo. Pero ahora que lo nacional popular tiene la capacidad de ser en sí mismo el sujeto soberano y democrático que decide tener a líderes indígenas anticoloniales como expresidente y vicepresidente, las clases a medias señoriales se bajan de su comodidad, salen a las calles perfumadas y maquilladas a gritar que están luchando por la democracia, que son ciudadanos que están luchando por la libertad, la libertad de golpear, insultar, agredir a los indígenas, de quemar los tribunales electorales, de saquear, quemar y destruir sedes sindicales de los campesinos, de dirigentes políticos y autoridades de gobierno, en nombre de la democracia y la libertad.

Cuando vieron entrar a Camacho y Pumari al palacio republicano sentían que la reencarnación del mesías con la Biblia volvió, envueltos en la bandera tricolor que hacen flamear las clases a medias solo cuando juega y gana la selección de fútbol; ahora el libro sagrado y la cruz que desembarcaron en nuestro continente hace 530 años estaban volviendo al lugar del que nunca debieron salir, por culpa del indígena ateo que hizo expulsar ese libro que bendecía a los poderosos y daba los santos óleos al pueblo.

A eso se debe que llamen a los subalternos plebeyos hordas alcoholizadas, delincuentes, fanáticos pachamamistas; a esos se los tiene que reprimir y educar; lo primero que tienen que aprender es inclinar la cabeza, “respetar y obedecer” a la Presidenta, al obispo, al dueño de la Tv, la radio e incluso al ministro.

La popularidad más elevada de Jeanine estuvo concentrada entre diciembre de 2019 y enero de 2020, a días de producirse las masacres de Sacaba y Senkata. Las clases a medias señoriales y urbanas veían con ojos positivos a la Presidenta que impuso mano dura para reinstalar el orden, paz y trabajo, la misma trilogía de la dictadura de Banzer.

El orgullo de sentirse superior fue tomar el poder por la vía violenta e inconstitucional, imponer la fuerza militar y policial contra la muchedumbre plebeya que enarbolaba la wiphala, detener a quien se atrevía a llamar los hechos por su nombre: “dictadura”, esa fue la plataforma para que Jeanine sea proclamada en enero candidata a Presidenta.

Pero el golpe y el gobierno no fueron proyectos, eran reacciones neofascistas que tenían que construir imagen electoral siendo gobierno; sin embargo, el esqueleto y cuerpo del gobierno de facto fue catastrófico, la silueta electoral era la corrupción.

Ahí las clases a medias la abandonaron, no soportaban que una mujer mate las ilusiones señoriales, raciales, eclesiales y oligárquicas con la corrupción, su máxima axiológica es lo ético, porque la vida de los plebeyos indígenas vale para las clases a medias menos que un comercial, si alguien muere es solo efecto colateral porque el valor supremo es la democracia, la libertad y Dios.

La moral de la clase a medias no se sonroja nunca, cambian de discurso con más facilidad que las estaciones del año; no es que adolecen de memoria, sino que les sobra el cinismo. Por eso encontraremos en cada político, analista, comentarista que se siente racialmente mestizo, que niega su pasado, quiere enterrar la realidad plurinacional porque la clase a medias señorial con su moral colonizada piensa que está a la altura americana o europea.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Conspiración planificada

/ 28 de abril de 2022 / 01:43

La Memoria de los hechos del proceso de pacificación de Bolivia (octubre 2019-enero 2020) que presentó la Conferencia Episcopal Boliviana CEB, revela con precisión la forma, el lugar y los actores que participaron en la conspiración, este informe tiene sintonía con las declaraciones de Jeanine Áñez en el juicio oral por el caso Golpe de Estado II.

La Memoria de la CEB informa que la reunión se desarrolló el 10 de noviembre en la universidad privada UCB, participaron por: “CEB Mons. Aurelio Pesoa, Mons. Eugenio Scarpellini, Mons. Giovani Arana, P. José Fuentes Cano y Juan Carlos Núñez de la ONG Caritas; por el cuerpo diplomático: el embajador de Brasil, Octavio Henrique Cortes; el embajador de la Unión Europea, León de la Torre; el embajador de España, Emilio Pérez de Ágreda, y el exembajador de España Carmelo Angulo; por los comités cívicos estuvo presente Jerjes Justiniano, por el Conade, Waldo Albarracín y, por parte de Comunidad Ciudadana, Ricardo Paz” (sic).

El artículo 7 de la CPE define que “la soberanía reside en el pueblo, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan por delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible”, este principio se materializa en el sistema de gobierno republicano, en la democracia representativa “por medio de la elección de representantes por voto universal, secreto y directo” (artículo 11-II); es decir que la representación es un hecho de legitimidad que nace del soberano a través de la manifestación democrática y no es la reunión de un club de amigos con injerencia extranjera.

La CEB precisa la decisión que tomaron en la designación de presidenta y la comunicación para que asuma el cargo: “Después se analizó la posibilidad de que la presidente de la Cámara de Senadores asumiera la presidencia del Estado mientras se llamaba a nuevas elecciones y en el cargo se encontraba la senadora Jeanine Áñez… Desde la sala de reunión, ante las dudas de todos y a petición de los presentes, Ricardo Paz tomó contacto con la senadora Jeanine Áñez, vía telefónica y con micrófono abierto, y le preguntó acerca de su disponibilidad para asumir la presidencia del Estado. Ella respondió: Si es para servir al país, aquí estoy” (sic).

De facto, al igual que en el siglo pasado: los militares en un cuartel definían qué general será presidente, ahora un grupo de sacerdotes, civiles y extranjeros definieron la titularidad política del poder.

En el juicio oral, Áñez expresa: “En ese momento ya había instituciones que buscaban pacificar al país y se realizaron reuniones, como la de la Universidad Católica. En ese momento no salió mi nombre, sino el de la segunda vicepresidencia. Me dijeron —respetando la sucesión constitucional— si asumiría el poder. Respondí que si tengo el apoyo, por qué no me voy a imponer y la asumí como tal”.

Pero cuál debería ser la base que sustente la “constitucionalidad” del gobierno, la CEB confiesa en la Memoria: “Considerando la Declaración Constitucional DC 003/2001 según la cual la sucesión constitucional se produce ipso facto para evitar el vacío de poder en el Estado, se planteó sugerir a la Asamblea Legislativa dispusiese la sucesión constitucional de Jeanine Áñez para asumir la presidencia” (sic). Esta DC tenía que validar a la presidenta, para ello el grupo de la UCB articuló con miembros del Tribunal Constitucional para que a minutos de la autoproclamación e ingreso al Palacio Quemado con la Biblia, el TCP publique el comunicado sobre que era “aplicable la DC003/2001 para la sucesión ipso facto de Áñez.

La conspiración no es un acto espontáneo, sino la planificación política para apropiarse del poder. Lo que sucedió entre el 10 y 12 de noviembre, descrito por la CEB y la expresidenta de facto, es la culminación de una serie de actos secuenciales elaborados en laboratorios externos, ejecutados sistemáticamente para construir, en la subjetividad principalmente urbana, el ideal falso de una narrativa como verdad, es la sinrazón para validar los múltiples actos de violencia política, racial, social con la bendición celestial.

Lo trágico de la comedia del club de amigos que conspiraron es que se reclaman defensores de la República, desconociendo los principios del republicanismo liberal que emergió con la revolución francesa plasmada en nuestra CPE. En su aparente racionalidad política, a la conspiración para apropiarse del poder la denominan “ante el vacío de poder para superar la crisis”, es decir que tienen la capacidad con la complicidad mediática de inventar y forzar una realidad inexistente para posicionarla como la “verdad” y negar compulsivamente la violación de la CPE y de nuestra soberanía con la injerencia de diplomáticos extranjeros. A la conspiración planificada se le denominó “sucesión constitucional”.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Del orgullo a la vergüenza

/ 14 de abril de 2022 / 01:27

Del orgullo a la vergüenza, es el tránsito cínico de las derechas en nuestro país. El tiempo político de los golpes militares exacerbaba los sentimientos nacionalistas y anticomunistas como ícono de su identidad temporal en el poder estatal, porque no solo administraban el gobierno sino que controlaban el poder estatal asentado en la trilogía: militar- represiva, empresarial y política.

Las figuras y beneficiarios del poder manifestaban públicamente el orgullo de ser asesinos, represivos, autoritarios, antidemocráticos, porque era lo que el “pueblo necesitaba” según su ideal dictatorial.

Los dictadores fueron derrotados por una histórica huelga de hambre que recuperó la democracia, liderada por cuatro mujeres mineras. Los orgullosos de la dictadura sintieron vergüenza de su pasado y se convirtieron en abanderados de la democracia.

El sistema político empezó a funcionar sobre la base de partidos políticos, disputaban la alternancia del poder político no como decisión soberana del pueblo, sino como delegación parlamentaria, es decir eran minorías electorales, empezaron a acuñar la frase “pactos” como principio de la democracia.

Los pactos como sinónimo de distribución y beneficio del poder: cuántos parlamentarios tienes, cuánto poder dispones, el pueblo era solo usuario electoral, porque no elegía a sus gobernantes, solo acudía democráticamente para validar a la minoría electoral de turno que administre el poder.

A través de la privatización y la capitalización vendieron el patrimonio del pueblo, era el orgullo de la modernidad; Bolivia entró a la era de la globalización, los políticos de moda pregonaban a los cuatro vientos el orgullo de estar acordes a los vientos de la modernidad globalizadora. El gonismo, ícono de ese tiempo.

El pueblo se rebeló, fue asesinado en Amayapampa, en El Alto, en el Trópico, su lucha permitió la recuperación de la Patria a través de la expulsión del gonismo, el triunfo democrático de lo nacional popular y la nacionalización. Los actores del teatro neoliberal se apresuraron a cambiar de libreto, desahuciaron a su ícono de la modernidad y de la represión, Goni y el Zorro Sánchez Berzaín eran malas palabras, el orgullo de ayer era su vergüenza del presente.

Dejaron de verse en el espejo para no sentir vergüenza propia, empezaron a escribir su nueva narrativa renovada, botaron al tacho del olvido sus siglas partidarias que les dio vida pública, porque eran lastre que enlodaban sus banderas electorales. Exigen sin ruborizarse extradición de los genocidas, cuestionan la lentitud del gobierno popular sin mencionar al imperio que los protege.

Inventaron la narrativa del fraude, impulsaron el voto útil a favor de Mesa, proclamaron eufóricos una segunda vuelta, se sentían orgullosos de su momento épico envuelto en violencia racial y política. Mesa era el líder, pero lo desecharon al tercer día e impulsaron la anulación de las elecciones y el golpe de Estado; en las nuevas elecciones lo dejaron en la orfandad, ya no era el líder que unía su orgullo sino era el candidato del Twitter, se volvió la vergüenza.

El día del golpe, las nuevas élites se sentían orgullosas de levantar la Biblia, quemar la wiphala, hacían fila para sacarse una selfi con Jeanine, competían en cuentas sociales para felicitar a la nueva “valiente y constitucional Presidenta”, exigían la aprehensión de las exautoridades políticas, dirigentes sociales y del Instrumento, callaban desde el púlpito celestial sobre las masacres; Camacho y Pumari, los macho alfa del momento, exhibían con arrogancia su identidad pitita. Hasta escribieron un libro, La revolución de las pititas, todas y todos coincidían que era políticamente correcto, el orgullo de ser el vencedor del indio.

Entre aplausos y vítores juró el nuevo gabinete, se estrenó firmando el decreto supremo que ordenó la represión y les dio impunidad a militares por las masacres, asesinatos, detenciones ilegales, torturas, pero apenas hubo el cambio de luna se descubrió el abuso de los bienes estatales, corrupción, negligencia, catastrófica gestión pública; los oficialistas de noviembre se volvieron en los detractores del gobierno de facto, incluso se apresuraban a repetir que nunca fueron parte de éste, querían enterrar su vergüenza.

El tiempo de sentir orgullo o vergüenza es solo temporalidades finitas de las derechas, han normalizado en su cotidianidad pública esta forma de manifestación política, porque no representan horizonte de pueblo, sino posibilidad de poder fáctico sin importar el método, sea democracia o dictadura; para cada momento inventan su narrativa como razón del tiempo en el poder.

Su orgullo y vergüenza es el mismo rostro con diferente semblante.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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El eje de la política

/ 31 de marzo de 2022 / 02:18

Por qué el MAS, las organizaciones sociales y sus principales dirigentes son titulares de prensa, artículos de opinión, entrevistas, etc. No es una simple casualidad o por falta de noticias políticas, la dinámica política de las últimas dos décadas gira en torno a lo nacional popular, el sujeto de la política como dirigente, horizonte, estabilidad y certidumbre democrática es lo plebeyo, la organización sindical y la izquierda.

Las organizaciones indígena originarias campesinas del Pacto de Unidad en la lucha contra el Estado liberal, republicano, colonial y patriarcal se constituyeron en sujeto contrahegemónico, es decir representaban un nuevo horizonte estatal, que no pasaba por ser una candidatura electoral más, sino por constituirse en sentido común plurinacional democrático y acceder al gobierno por decisión soberana del pueblo.

La forma de organización, elección de candidaturas, de propuesta, del liderazgo y del triunfo, modificó el funcionamiento de la democracia y de sus actores, ello implicó dialécticamente que los referentes del viejo sistema fueran superados, enterrados y olvidados por un presente vertiginoso, hoy son el recuerdo lejano del pasado inmediato.

El viejo sistema multipartidario de derechas normalizó en su cotidianidad la forma elitaria, señorial, colonial de subordinación política al norte imperial, fue su receta institucionalizada en el tiempo, fueron hegemonía en dictadura y en democracia.

Los liderazgos en tiempos neoliberales emergieron a partir de círculos políticos y económicos de poder. La democracia como sistema político fue diseñado para reproducir el poder de minorías electorales sin legitimidad popular, la fuente de su fortaleza era detentar el control estatal.

La crisis estatal de inicios de siglo que sepultó al sistema político, fue interpretada como el momento oportuno para reinventarse con otras siglas electorales, pero bajo los mismos liderazgos políticos: Tuto, Cárdenas, Mesa, vicepresidentes elegidos por el Parlamento que se consideran, a partir de su nostalgia colonial republicana, presidenciables en el Estado plurinacional, al igual que los aliados eternos del poder como Doria Medina y Reyes Villa, pero lo que cosecharon electoralmente fueron derrotas democráticas que les ubicaron al borde de la extinción.

Aparentemente el offsider que les dio oxígeno venía de la derecha más retrógrada del establishment de la cruceñidad, arropados en el racismo y la religiosidad para desestabilizar al gobierno constitucional y liderar el golpe de Estado, para retomar el poder al viejo estilo de las dictaduras militares y de la democracia neoliberal de pactos.

El golpe cumplió parcialmente su objetivo, derrocaron al gobierno, pero contrariamente a lo deseado por la élite golpista en el poder, el efecto político y moral fue diferente; lo nacional popular se volvió a reconstituir en la resistencia a la dictadura en sujeto político, que derrotó la dictadura, recuperó la democracia y el gobierno; del otro lado, los titulares del golpe y del gobierno de facto fueron sepultados por decisión soberana del pueblo. Revilla-Sol.bo, Costas-Demócratas desaparecieron del mapa político, Mesa se redujo a tener un club de amigos parlamentarios, Tuto no pudo sostener su sigla para llegar a las elecciones, solo Camacho y Arias lograron respaldos locales, pero con pésimas gestiones públicas.

Los nombres y siglas de las oposiciones no son el referente político que puede incidir en la política, lo que implica que el eje y la mirada gire en torno al MAS, las organizaciones y sus líderes.

El ordenador de la política es y será el MAS y las organizaciones sociales, ello implica que también son portadores de conflictos, propios de un movimiento que al ser el único eje nacional, departamental y municipal de la institucionalidad democrática, también representa la disputa, el conflicto, incluso la posibilidad de ruptura.

La maximización política, mediática, discursiva como significante negativo contra el MAS es la línea constante del comportamiento público de las oposiciones. Mesa, Camacho y Arias son los ejemplos más dramáticos de la dependencia al MAS, porque no interpelan al votante con su propuesta programática, sino a votar contra el MAS y Evo.

La segunda vuelta para la elección de gobernadores de La Paz y Chuquisaca refleja el fracaso y la frustración de las derechas urbanas. En la primera vuelta sus candidatos fueron derrotados y excluidos del escenario político, en la segunda vuelta la disputa fue entre dos candidatos campesinos, las derechas acudieron a votar convocando a no votar por el MAS, esta consigna expresa su fracaso.

La política como disputa por el poder, conflicto, girará alrededor de lo nacional popular, la expresión política nacional es el MAS.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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El MAS en el tiempo político

/ 17 de marzo de 2022 / 01:32

El Instrumento Político (IP) fue la propuesta- respuesta desde las federaciones de campesinos a la crisis de la izquierda partidaria y obrerista a finales de los años 80, no solo como una organización política más, sino al constituirse en el instrumento de la organización sindical.

La fundación se da en pleno auge del neoliberalismo durante el gobierno de Sánchez de Lozada (1995), en Santa Cruz, en el primer congreso del IP convocado por la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos, la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, con el visto bueno de la COB. Fue la revolución política dentro del sistema político, porque no partían de premisas elitarias y partidarias, sino orgánicas, deliberativas y altamente participativas.

Articulación, combinación de la organización y la lucha sindical con lo electoral, lo que constituyó en un engranaje político que le posibilitó tener presencia territorial en todo el país. La elección municipal de 1995, y nacional de 1997, con la sigla de Izquierda Unida, es la primera demostración del valor político de la organización sindical en el escenario electoral. La elección municipal de 1999 con la sigla MAS es la ampliación territorial a lo nacional y la emergencia urbana. La elección nacional de 2002, con la candidatura de Evo y la de Felipe Quispe, El Mallku, con el MIP, son la expresión de lo nacional popular como alternativa a todo el sistema político de derecha, sintetizan y representan la rebeldía popular campesina enarbolando la bandera de la Asamblea Constituyente como identidad unitaria y crítica al Estado republicano liberal colonial.

Este es el primer tiempo donde el instrumento supera la barrera electoral simple de resultados, empieza a ser el referente político como alternativa posible de gobierno.

El gobierno de Goni-Mesa es hijo putativo del embajador norteamericano Rocha, que logra juntar al MNR y al MIR de Paz Zamora, luego a la NFR de Reyes Villa para forzar una coalición partidaria de minorías electorales en crisis, es ese tiempo donde la crisis estatal se manifiesta dramáticamente con represión, masacre, renuncia a la presidencia y huida a los Estados Unidos del ícono del neoliberalismo. Desde lo nacional popular el MAS, el Pacto de Unidad y el binomio Evo-Álvaro representan la respuesta a la crisis de Estado y del sistema político con un eje programático histórico: Constituyente y nacionalización.

Nacionalización, triunfo en el referéndum revocatorio-ratificatorio, derrota al golpe cívico prefectural, movilización de la Conalcam- COB y aprobación de la nueva CPE por el soberano, cierran el tiempo de este segundo momento con hegemonía, liderazgo estatal y horizonte plurinacional.

En las elecciones nacionales de 2009 y municipales de 2010, con el triunfo del MAS superior a los dos tercios, contrariamente el IP se convierte regresivamente solo en un instrumento electoral, es el tiempo que debimos transformar al IP en el instrumento que sea parte de la construcción del Estado Plurinacional y del sistema político nacional, departamental y municipal con estructura político-orgánica.

Los triunfos electorales de 2014 y 2015 nublaron nuestro déficit de estructura política, con ese déficit enfrentamos el referéndum del 21F y las elecciones de 2019. Los resultados fueron descensos electorales que golpearon nuestra moral. Es el tercer momento donde el MAS es solo sigla electoral.

La resistencia al golpe de Estado se expresó en la capacidad de las organizaciones del Pacto de Unidad, de la COB y de Evo de presentar un solo binomio; es el tiempo que el MAS vuelve a ser el IP para enfrentar la dictadura, recuperar la democracia y el gobierno. Volvimos a nuestros orígenes, donde lo nacional popular es la fuente de nuestra legitimidad y movilización.

Pero, el IP volvió a retroceder en las elecciones subnacionales, no por el resultado electoral sino por la forma de disputa para acceder a las candidaturas.

Hoy no enfrentamos fracturas internas, sino asistimos a la ausencia de estructura política y escasez de militancia política e ideológica; estos dos factores demuestran la necesidad e importancia de impulsar nuestra propia revolución interna.

Los tiempos son cortos, están subordinados al calendario electoral. El liderazgo histórico de Evo es fundamental para este reto democrático y revolucionario, el presente como perspectiva del IP está determinado por la articulación efectiva, incluso conflictiva, con el Gobierno y las organizaciones sociales, para dotarnos de estructura política con militancia ideológica con influencia y presencia en lo urbano.

La política no tiene recetas ni fórmulas, sino está marcada por las decisiones y acciones tácticas de los líderes en función del horizonte estratégico.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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