Voces

lunes 27 sep 2021 | Actualizado a 21:04

Un temblor recorre…

/ 1 de agosto de 2021 / 01:25

En 1991, un año antes de la recordación de los 500 años de conmemoración del descubrimiento de Abya Ayla, concebido también como desagravio, encubrimiento, choque de culturas, invasión y otras calificaciones del hecho histórico, desde perspectivas múltiples, apareció la publicación Temblor en los Andes, con el subtítulo Profetas del resurgimiento indio en el Perú de Manuel Sarkisyanz, auspiciado por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia y el Museo de Etnografía y Folklore, dirigido entonces por Hugo Daniel Ruiz.

El profesor alemán escudriñó los movimientos indianistas e indigenistas que se gestaban después de la colonización, fruto de las condiciones que impusieron los conquistadores en territorio peruano y en Charcas, hoy Bolivia, a las naciones indígenas; sobre todo de las sierras andinas. La similitud de las consecuencias de la nueva estructura social y el nuevo orden simbólico impuesto con el poder político y religioso, generaron capas tectónicas de pensamiento que, cada cierto ciclo histórico, removían las capas externas de la realidad peruana para volver de nuevo a acomodarse y repetir el ciclo histórico eurocentrista. Hoy, las digresiones de ese texto parecen tener una respuesta sobre el nuevo horizonte político del Perú.

La sociedad acunada por el Virreinato del Perú, entidad territorial del imperio español creada por la Corona en 1542, con capital en la ciudad de Lima, entidad de poder que se mantuvo fiel a la Corona durante la Guerra de la Independencia hasta la caída del Callao en 1826, procreó las clases hegemónicas peruanas que se adscribieron al movimiento independentista y, otra vez en el poder, cambiaron la administración y realizaron algunas modificaciones a sus estructuras institucionales, constituyéndose en los directos herederos de la independencia peruana; tal como aconteció en 1825, en la construcción del débil Estado boliviano.

El indigenismo peruano fue visibilizado como un mito del pasado indio que no pasaba de un enunciado que reaparecía cada momento de inflexión crítica en el Estado, así en 1932, un diputado del recién creado Partido Socialista Peruano declaraba en la Asamblea Nacional: “…Y las tierras volverán a manos de los indígenas, tal y como fueron nuestras cuando fueron despojadas de la toma de Cajamarca en el año 1532”.

Mientras en Bolivia, con la revolución del 52, la redistribución de la tierra tuvo una desastrosa planificación capitalista, sustituyendo a las comunidades por el minifundio y la parcela individual, ignorando los sistemas productivos de la producción cíclica comunitaria de la aynuka para obtener excedentes. Sin embargo, esta medida aplacó la evolución del pensamiento político por un largo periodo histórico que evitó turbulencias sociales; en cambio, en el Perú, hallaron un terreno fértil.

La revolución militar peruana instaura la Reforma Agraria en 1969, que rompió el orden simbólico y político fosilizado desde la conquista española; ese mismo año se genera una ruptura en el Partido Comunista peruano y Abimael Guzmán crea, inspirándose en una frase del ideólogo de la izquierda Mariátegui, Sendero Luminoso, para diferenciarse de las otras agrupaciones. Mientras el general Velasco Alvarado anunciaba: “Todas las haciendas del Perú están siendo entregadas a los hijos de su tierra, como descendientes del pueblo Inca, que los españoles conquistaron. La revolución ha podido rehacerlas todas en legítima Reconquista”.

Una década después, en 1980, Sendero Luminoso, fortalecido como estructura político militar, exige profundizar medidas de reparto de tierras que habían sido, otra vez, entregadas a consorcios agroindustriales.

La violencia, durante un largo periodo, generaría la desinstitucionalización del Estado peruano, que enfrenta una fractura que deviene de su estructura neocolonial excluyente. Sarkisyanz sintetiza los proyectos políticos de las oligarquías peruano bolivianas de fines del siglo pasado: “Mientras en el Perú, ‘la peruanización’ implica aspiraciones de una indianización cultural e ideológica del país, también, en cierta medida, una deseuropeización. Por el contrario, alrededor de fines del siglo pasado, en el país vecino las aspiraciones de ‘bolivianizar Bolivia’ significaban la liquidación de su mayoría indígena”. La realidad boliviana y el avance político sepultaron ese proyecto genocida.

Ahora, el presidente peruano Castillo tiene entre sus manos una brasa que deberá manejar escrupulosamente para cerrar ancestrales cicatrices, tarea descomunal que deberá asumir y no repetir los errores del pasado, porque además estará asediado por sus adversarios que no permitirán que sus privilegios virreinales sean tocados.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Los chambones

/ 26 de septiembre de 2021 / 00:33

Los chambones, según el curioso Diccionario de Americanismos de Alfredo Neves (1973), son unos zapatos ramplones que usan en Puerto Rico. Por supuesto, nada más alejado de la definición que conocemos los bolivianos; para nosotros el chambón o chambona es un principiante que comete errores, confunde las cosas y puede provocar problemas, desastres o malos entendidos con una chambonada.

Todos, en algunos momentos de la vida, hemos sido chambones: al conducir por primera vez un automotor, conquistar un amor, escribir una carta para solicitar trabajo, subir al vuelo a un autobús, etc. Estas fallidas acciones provocan percances domésticos de alcances menores; sin embargo, cuando nos meten o nos metemos a la vida política pueden ocasionar múltiples heridas y desencuentros fatales e imprevisibles.

Las y los legisladores “nuevones”, como gusta llamar a los jóvenes legisladores mi compadre Teo, cometen chambonadas que son muy visibles y no corresponden a personas maduras que deben demostrar conocimiento de las competencias, obligaciones y, sobre todo, los límites que les marcan las normas y reglamentos legislativos; pero estas chambonadas no solo se restringen a este grupo, sino también a autoridades con amplia trayectoria política y profesional; aguzados por sus afanes de mantener su poder político o empresarial, incurren en variada estupidez.

Así, la joven senadora Andrea Barrientos, que podía entrar a la historia por mantener su autonomía de pensamiento y producir el primer encuentro para acercarse a la lejana reconciliación de una sociedad fracturada, recula inmediatamente explicando en lenguaje cantinflesco que “sacaron de contexto mi intervención”. Obviamente que fue el jefe de su partido que le jaló de sus mechas como a su muru imilla para decirle que estamos en guerra con el oficialismo y esperamos que fracasen en todo. Los legisladores del oficialismo tampoco abrieron su espacio autónomo para acercarse a esa señal, actitud que hubiera significado un quiebre importante en ambas fuerzas antagónicas que siguen atizando la discordia y promover un cambio de visión de los jóvenes legisladores. Asimismo, el dúo dinámico de los diputados Astorga y Reyes, a quienes los medios afines a la oposición convirtieron en estrellas mediáticas chambonas, se ocupan de fabricar bilis en contra de Evo Morales y darle consejos al presidente Arce, como si ellos hubieran ganado las elecciones con el 55%.

La grosería del gobernador de Santa Cruz que, con sus desplantes intenta mantener la simpatía de sus adherentes, ha puesto al descubierto las chambonadas en su gestión, es más, criticada por su exaliado Costas: una cosa es vociferar y otra hacer gestión. Sus legisladores se parecen mucho a él: locuaces, gritones e ineficientes. Y por el frente, el legislador oficialista Cuéllar que, cada que abre la boca, genera malestar en su partido por sus palabras irreflexivas. Estas legiones de nuevos chambones no se reencontrarán para propiciar el diálogo y curar las heridas que produjo la aventura de la señora Áñez y su órbita perversa; la beligerancia mutua pone en evidencia que ambos tienen parte de la culpa y es como si vivieran en un mundo ajeno a nuestra vida cotidiana.

La chambonada intergaláctica tiene como autor al Poder Judicial, institución que difirió más de una década una sentencia ejecutoriada y permitió que Manfred Reyes Villa sea habilitado por el Tribunal Supremo Electoral, gane las elecciones ediles y proclame su descubrimiento de golpe judicial. Ahora es un reo sentenciado y alcalde. Solo en Bolivia ocurren estos dislates que abren una leonera que dará aire al “pititismo” con una buena excusa; oportunidad para los políticos duchos que ejercitarán sus maniobras, interpretando las normas y leyes según convenga a la temperatura. Así, en algún momento, con mi compadre Teo pensamos que el dedo encontrado en la hamburguesa de una empresa cruceña, era un plan malévolo de Evo para engendrar una persecución gastronómica a la oposición, fue una chambonada.

Confesamos, queridos lectores, que la política boliviana está plagada de chambones, algunos causan risa, pero todos aburren.

¿Cómo hemos llegado a este escenario pobre de ideas y creatividad para resolver nuestros problemas? La mezquindad y pequeñez moral son evidentes cuando cada gallo canta en su corral al otro gallo que hace lo mismo.

Convenimos con Teo que Bolivia es un país muy bello y estos chambones la agravian.

 Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Alistar la cruz

/ 12 de septiembre de 2021 / 00:38

Una de las historias más dramatizadas en la literatura y el cine es la crucifixión de Jesús, el hebreo insurrecto que se plantó frente al injusto Imperio Romano. Su martirio se despliega en un espacio de 14 estaciones donde acontecieron encuentros que relatan el angustioso periplo de un rebelde condenado a muerte por una justicia manipulada y unilateral. Fue ajusticiado, es decir que el reo fue ejecutado con la pena de muerte.

La idea de justicia es el concepto más complejo del lenguaje moral porque con ella nos referimos siempre a nuestra relación con los demás, sean personas, grupos o el orden social jerarquizado por el Estado. Ulpiano ya lo dijo: “Dar a cada uno lo suyo”.

Existen centenares de digresiones que develan la complejidad de esta relación entre un concepto aplicado a la vida cotidiana que millones de personas sufren todos los días por la dificultad de encontrar a esa dama escurridiza. Golpes de Estado, transiciones, fraudes, crímenes, robos, asaltos, violaciones, estafas, entre otras formas de delitos, forman una cadena interminable de manifestaciones delincuenciales que ponen al ser humano en su real dimensión: un animal al que le faltan siglos para ser humano ético. Religiones que ofrecen un Edén perfecto fuera de este mundo, ideologías que buscan la perfección para este mundo también lo hacen y todos sabemos que eso no existe y nuestras limitaciones nos conducen a luchar por algo mejor, pero imperfecto, como los seres humanos; primates que hemos usado la razón y las manos para construir un mundo desigual y caótico, impulsados por la codicia sin límites.

No solo es el Estado boliviano que se erosiona por las múltiples muestras de ineficiencia y dolo del Poder Judicial, son muy pocos Estados que logran una estabilidad jurídica, fruto sin duda de la institucionalización sólida del gobierno y la educación homogénea de su población; de tal manera que todos saben sus derechos, deberes y obligaciones, factor que impide que se conformen mafias de extorsionadores coludidos con la Policía y las Fuerzas Armadas, como el poder real para determinar el uso de la fuerza bruta contra su propia población a través de un decreto, como ocurrió en 2019. Estamos hablando de los grandes intereses corporativos y oligárquicos que, cuando ven en peligro sus privilegios, usan el dinero que compra todo, desde constituciones políticas, conciencias, candelabros y cañones.

Es un desatino embutir en la misma bolsa a todos los jueces, abogados, policías, militares y oscuros curas, no todos conforman estos grupos que administran “su” justicia y establecen sus propias interpretaciones. Hay profesionales de gran valía que pueden ser parte de una gran revolución moral y educativa.

Si los habitantes de Bolivia no tienen acceso igualitario a la educación, siempre serán víctimas fáciles de los intereses de los grupos hegemónicos que usan la justicia para sus propios fines de grupo o particulares. Eso pasa por generar otros contenidos deontológicos de las instituciones castrenses y policiales y dilatar este programa hasta la educación primaria y media. Cambiar de jueces o de procedimientos no resolverá nada en una sociedad enferma, fracturada y envilecida por la burocracia que regula la justicia desde la colonia y requiere de “operadores” que conocen los túneles secretos de la corrupción.

Nosotros sufrimos el robo de un automotor hace seis meses; hasta ahora, por ejemplo, la Diprove (Dirección Prevención e Investigación de Robo de Vehículos) departamental es incapaz de emitir un documento que acredite la denuncia, nombraron una investigadora nueva porque el objeto del robo no es de lujo y no amerita mayor interés, todo el tiempo solicitan dinero “para el papel y las fotocopias”, se retiran a las 15.30 de su tenebrosa oficina y los cientos de víctimas de robo no saben a quién acudir. En la Fiscalía son incapaces de redactar correctamente la denuncia y debemos pagar abogados para que asistan a exigir el documento. No todo concluye ahí, para no pagar impuestos sobre un automotor robado, debes ir a acreditar la denuncia al municipio con documentos y si pasan su vigencia, debes ir a otra vez a la Diprove. ¿Se imaginan un golpe de Estado, estafa u otros delitos? Alisten su cruz, porque debemos enfrentarnos a instituciones envilecidas y no morir en el intento.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Plato de fondo

/ 29 de agosto de 2021 / 00:48

Este mes, agosto, es reputado por los olvidos y descuidos. Los matrimonios son suspendidos para septiembre y si el año es impar, con mayor razón, consiguientemente, hay que estar atentos para evitar contratiempos. Una manera de evitar eso es honrar a la Pachamama por los alimentos y la vida que nos da, es el momento en que ella se abre, tiene hambre y del mundo de abajo, de la manka pacha, surge el chacha supay y la warmi supay, divinidad andrógina que regula las semillas, las riquezas minerales y a los animales que viven en las oquedades, y desata las energías no usadas.

Aunque la honramos con una generosa mesa en la casa de un amigo, nos olvidamos apagar la cocina y quemamos la comida, alguien dejó en mi morral el alcohol antivirus mal tapado y estropeó los exámenes de dos estudiantes.

En el área rural de las sierras andinas, debemos honrar los productos agrícolas y recordar que debemos vivir con la Pachamama y no de ella. Esta sabiduría milenaria ahora ha vuelto a recorrer el mundo por las catástrofes climáticas que ocasionan la desaforada explotación de los recursos naturales finitos. Por ahora es un paradigma marginal y la consideran pre-moderna.

Las luchas de las grandes corporaciones capitalistas por acaparar territorios donde existen hidrocarburos, minerales o son aptas para el cultivo, áreas boscosas que todavía generan maderas preciosas, son el pasto de la codicia y no hay poder capaz de frenarlo. La asimetría de las sociedades es cada vez más acentuada y los problemas sociales seguirán bullendo al interior, invisibles para los gobiernos que siempre reaccionan tarde y mal cuando se rompe el orden habitual al que estaban acostumbrados.

La industria de la alimentación basura se está globalizando a tal nivel, que la generación de obesos será parte identitaria de la nueva sociedad, a pesar de los intentos de varias organizaciones internacionales de salud que intentan frenar el consumo de grasa y azúcares refinados que ofrecen de manera tentadora en la televisión, en redes y en vitrinas. La técnica para atraer aguerridos consumidores ahora se estudia en las principales universidades del mundo, desde tácticas psicológicas con el color, generar ilusiones de que estas in y no out, o hacerte creer que eres influencer porque lo haces. Un sinfín de triquiñuelas en forma de mensajes que van horadando la capacidad crítica y estimulan la voracidad.

Así, existe el proyecto Food Trend Troters que pretende informar al consumidor a través de las redes sociales sobre hábitos de consumo, nuevos productos partiendo de la observación directa de especialistas. Este proyecto (La vuelta al mundo de los alimentos) es un proyecto global promovido por el centro tecnológico Azti-Tecnalia y el de investigación Mondragón Innovation & Knowledge (MIK), ha obtenido apoyos de varias instituciones y promoverá que viajeros/observadores visiten diversos países con el propósito de examinar en cada localidad las tendencias en el consumo de alimentos, las nuevas tecnologías en las cocinas, sobre todo, los nuevos productos y sus sistemas de conservación. Según el proyecto, esta información que vayan recopilando la divulgarán en tiempo real a través de algunas de las redes sociales, ahora tan populares en todo el mundo. La primera experiencia del proyecto comenzó en 2010, es decir hace 11 años, y los destinos elegidos fueron Japón y Estados Unidos.

El gran negocio que se avecina en el mundo es la alimentación y el agua. Una no puede ser sin la otra, ambas dependientes de la Madre Tierra cuyo destino poco parece importarles a las corporaciones transnacionales, cuyo afán de coaptar territorios para el lucro sin límites está generando tendencias ideológicas impensables; como la vuelta a las tendencias conservadoras, desde el fascismo al fundamentalismo islámico de los talibanes que volvieron al poder en Afganistán; sumados estos y otros factores políticoculturales, el pánico mundial por la pandemia que tuvo respuestas contradictorias de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

¿Cuál es el plato de fondo que las élites económicas del mundo están preparando para los países en vías de desarrollo? Estados como el nuestro, con una extensión importante y con una población pequeña, son un factor de codicia por los recursos naturales que cobijan.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Revuelto de palabras con ají

/ 15 de agosto de 2021 / 00:52

Las necesidades que plantea el sobrevivir con los efectos y defectos de la pandemia, aguza el sentido vital de las clases populares que usan su ingenio para evitar colapsar mentalmente y así, evitar una visita al neuropsicólogo. Esta posibilidad está vetada por la usura de la medicina privada y la precariedad de la salud pública. Algo así me explicaba mi compadre Teo con el que me veo sin peligro en la feria 16 de Julio, ambos aukilis estamos vacunados con las dosis de la Sputnik. Relata que en las iglesias evangélicas que pululan en la ciudad de El Alto, como nuevos emprendimientos, el uso de la Palabra ha tenido un éxito inusitado, hasta él, fervoroso devoto del Tata Gran Poder y del Tata Santiago-Tata Illapa se vio tentado de erigir su carpa y proclamar que la vacuna Sputnik nos volvería comunistas, murciélagos o zombies. Me sonríe, socarronamente, como contrabandista tibetano y me provoca:

—Los políticos de la derecha usan la palabra comunista para asustar a la gente, todos sabemos que no existe todavía un solo país comunista en el mundo. No han llegado a esa fase de desarrollo posterior al socialismo. Los partidos comunistas ofrecen un paraíso de igualdad y justicia en la tierra, perfectible porque será construido por seres humanos. Igualmente, curas y pastores ofrecen un edén perfecto en el cielo, construido por alguien que no es ser humano, una especie de extraterrestre llamado Dios. Ambas cosas no han sucedido—, proclama Teo, alzando las manos para remarcar que ambos extremos solo son palabras que se usan a conveniencia. Me devuelve el libro de edición trucha La Misa Negra de Jhon Gray. Esa es su conclusión.

—Por eso, los neonazis alzan la Biblia, que ni siquiera la han leído, para asustar a la gente y proclamarse dueños de la Palabra. Y la gente cree porque tiene miedo del infierno que nunca han visto, nadie ha vuelto del edén porque no existe; pero es un gran negocio que han montado, no solo la Iglesia Católica que ha perdido el monopolio, sino los islamistas, los judíos, además de otras versiones de paraísos para todo gusto. Es un negocio lucrativo, el mejor—. Teo se levanta del asiento de la vendedora de ají de fideo y prosigue:

También las palabras Democracia y Libertad las usan los poderosos, pero para ellos significa: —Sirven para cuidar mis privilegios; pero si nosotros, aquí en mi villa, decimos esas palabras, nos dicen sediciosos, comunistas, terroristas, salvajes. ¿Acaso no ocurrió eso con Pedro Castillo, el profe rural al que la oligarquía limeña intentó, por todos los medios, evitar que tomara la Presidencia?

Corroboro sus palabras, se vuelve a sentar porque hemos recibido la yapa, generosa porción que debemos engullir antes que se enfríe. El sol de invierno a 4.000 metros quema, no calienta, dicen, pero siento que mi compadre está caliente. No come, su hambre de diálogo es superior, nos estamos viendo de mucho tiempo, ha leído mucho, ha cambiado hasta su aspecto y de trabajo, ahora vende libros viejos. Usa una especie de casco de tela que le cubre hasta las orejas y el cuello, está más grueso y elocuente.

—Lo mismo ocurre con la palabra Pueblo, todos los políticos usan ese concepto, como si les perteneciera. Aquí tengo mis definiciones de pueblo del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: 1) Población de menor categoría que la ciudad. 2) Conjunto de personas de un lugar, región o país. 3) Conjunto de personas que tienen un origen étnico común. 4) Gente común y humilde de una población. Las dos últimas nos definen, la mayoría somos víctimas de las masacres, salimos en televisión como cadáveres, nos ofrecen todo, nos explotan y nos maldicen: ¡Indios salvajes! ¡De qué pueblo hablan! Usan la palabra según les conviene y no nos representan—, concluye.

Trato de que no se exalte y le abrazo, sabe que estoy de su lado. Los comensales empiezan a discutir también. Es hora de marcharse, tenemos saque de luto o saque de back, como rebautizan popularmente al rito de despedida del finado al cabo de un año. Será una fiesta. Hemos dejado pendientes las palabras: amor, provinciano, panhispanismo y Derechos Reales. Tarea para el próximo revuelto de ají de fideo con palabras.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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La ciudad maradilla

/ 17 de julio de 2021 / 23:34

Toda relación del habitar con tu espacio que te eligió genera pasiones. Amo a la ciudad que recibió a mi padre que era de otra región del Estado y a mis abuelos que fueron también emigrantes, a esta hoyada generosa. De niño, mis profesores me enseñaron a amar a Bolivia y a poner en tercer plano a mi ciudad y luego, en la madurez, a detestarla por sus recovecos con que la horadó la burocracia hasta volverla hostil y caótica.

De niño huía al parque Riosinho, cuando escuchaba los planes de mi madre: “Hay que llevarlo al peluquero, ¡parece un salvaje!”. Corría semidesnudo mientras dos policías me perseguían ante mi frenética resistencia a las tijeras del peluquero que —muchos años más tarde— mató a su esposa con un revólver que le empeñaron y que alguna vez fue mío.

El Jardín de Infantes La Paz de mi barrio ya no existe, ahora es un edificio con amplios ventanales de vidrio y fue el lugar desde donde mi profesora, en la libreta de rendimiento, escribió unas frases que las reproduje en mi libro artesanal Chuquiagu Blues y dicen: Es peleador y desobediente. Habla malas palabras. Muy hábil para el dibujo. Llega atrasado. Julieta Benavides Delegada.

Los seres humanos no cambiamos mucho, de infantes ya tenemos un pequeño adelanto de lo que seremos mañana.

Aquí vi a los indígenas que llegaban con los pies descalzos cargando papa, oca, choclos y fue por primera vez que me encontré con la hoja de coca. Un ki’piri descansaba en la puerta de la enorme casa donde vivíamos, estaba agotado y apenas hablaba castellano, le ofrecí mi marraqueta con mantequilla y él me dio a cambio un puñado de coca y una amplia sonrisa verde.

Desde entonces me volví muy preguntón y, en un Anata Carnaval, cuando llegaban nuestros parientes invitados a las feroces jaranas que organizaba mi abuelo, le pregunté a mi abuela Olga, quechua jovera, por qué los niños no podíamos entrar al comedor grande donde estaban los adultos comiendo en chi’llami con las manos, riendo a carcajadas y hablando en quechua y aymara. Exigí ser parte del festín y hablar como ellos. Me sacó de la sala y me hizo sentar en la patilla de la terraza de la casa desde donde se veía el Illimani, la ladera oeste, Pura Pura, Vino Tinto y otros barrios que escalaban furiosamente las laderas del noreste. Me miró dulcemente con sus ojos claros y me mostró sus manos, despedazadas por el trabajo. Me acarició la nuca y dijo: “Si hablas así, te dirán indio y no te dejarán crecer. ¿Entiendes?”.

Eso quedó resonando hasta mi adolescencia, cuando viajábamos por los pueblos cercanos a la ciudad, a los poblados yungueños, a engullirnos paltas y naranjas en franca competencia con los ku’chis. Había tal abundancia que caían de los árboles para un convite sin dueños, gozábamos de la belleza de la vida en las fiestas patronales, en las que todos eran invitados y se vivía de otra manera. Era territorio indígena, con su manera de sentir el contacto con la tierra hembra, con los cuatro puntos cardinales señalados por los músicos que ingresaban por las cuatro esquinas de la plaza, tocando y danzando para la Pachamama y la Virgen de la Candelaria, para que los curas no se dieran cuenta que ambas tenían el mismo significado. Al volver a la ciudad sabíamos distinguir que una parte era Chukiyawu marka, la ciudad india y chola, y otra La Paz, la ciudad occidentalizada, en permanente ebullición. Escoger tu lugar eutópico es una decisión crucial cuando luchas por tus ideales, cuesta caro: cárcel, exilio, amenazas y el deseo de eliminarte. En sus calles regadas de sangre, también hay un poco de la mía, aunque nosotros pudimos ver sus maravillas secretas, muchos se quedaron sin ver un pedazo de sus sueños, por eso te odio y te amo, ciudad maradilla*.

*Matrimonio de maravilla y pesadilla.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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