Voces

lunes 27 sep 2021 | Actualizado a 21:40

Oposición de titulares

/ 5 de agosto de 2021 / 01:48

Hacer el esfuerzo por encontrar a la oposición política —parlamentaria, gobernadores y alcaldes— como actores en los escenarios que tienen la posibilidad de disputa al Gobierno y a los movimientos sociales del horizonte político del momento, se convirtió en una tarea imposible (por no escribir otro adjetivo que simpatice con mis lectores antagónicos). No es por un prejuicio negativo, por el contrario, es por la simple observación diaria que algunos medios de comunicación hacen de ellos.

En los últimos días se hizo público un informe pericial realizado por la Universidad de Salamanca para verificar la integridad de los sistemas informáticos y el procedimiento de acceso a éstos en el proceso electoral de 2019, encargado por la Fiscalía General del Estado.

Como sucedió en noviembre de 2019, medios de comunicación posicionaron una idea e imagen política, esa es la narrativa y el horizonte discursivo que se constituye en el fundamento, el justificativo de presencia pública de los actores políticos mediáticos que están de turno.

El Fiscal General, en conferencia de prensa, hizo conocer las conclusiones del estudio pericial, pero lejos de ver el fondo del informe, algunos medios privados de comunicación no demoraron en descalificar a las autoridades académicas que realizaron la investigación y a subestimar las conclusiones.

La estrategia mediática se basó en desacreditar al mensajero para invalidar el mensaje, por lo que el valor instrumental de la utilización en la comunicación tiene como finalidad formar una “idea-imagen” como sentido común.

Es sobre esta idea-imagen que las y los políticos emiten sus opiniones como si hubiesen logrado los más grandes descubrimientos sociales, cuando son solo logros “sensacionales” del momento.

Detrás de las cámaras, las y los opositores circunstanciales se preparan para encabezar y luego desfilar por la “pasarela mediática”. Cada una y uno a su turno explicará a su manera los titulares de prensa, creyendo fervorosamente que están realizando el acto político subliminal de la interpelación política al poder, empero, van más perdidos creando su acto performativo.

Desnudan inconscientemente su pobreza intelectual, su orfandad ideológica; apelan a lo que les sirve para no quedarse en el anonimato circunstancial; necesitan estar vigentes —como si se tratara de respirar—, porque de eso dependen para subsistir en su agonía pública.

Esta realidad no es una simple casualidad, es el resultado por la forma como se organizaron electoralmente los frentes políticos alrededor de las imágenes de candidatos, de frases, de colores, de siglas y de eslogan de campaña, pero no así de un horizonte como propuesta interpeladora a sus votantes.

Las autoridades electas se convirtieron en el corto tiempo en el sinsentido del espacio político donde se desenvuelven, porque no están expresando y representando lo que aparentaban en sus frases electorales, pues solo están reafirmando lo que fueron previamente al momento electoral: el vacío ideológico de la propuesta.

Este vacío lo llenan y llenarán constantemente algunos medios de comunicación ante la ausencia de una oposición con posibilidades ciertas de disputa democrática del poder, que en los hechos —estos medios— son los opositores materiales, tienen el norte definido contra el horizonte representado por lo nacional popular plurinacional.

Los políticos de las oposiciones no entienden aún su rol en la política, por ello deambulan permanentemente entre los titulares de prensa como si éstos fueran el escenario de la política; los medios de comunicación deberían ser el medio por donde se manifiestan las posiciones políticas y no constituirse en un fin que delinee el comportamiento discursivo e ideológico de los actores de la política.

Ser de oposición es entendido —por las derechas— como la capacidad de oponerse permanentemente al gobierno popular e indígena y no así como la facultad democrática de ser opción de gobierno. En la gestión liderada por el expresidente Morales se opusieron a la Asamblea Constituyente, a las nacionalizaciones, a la industrialización de los recursos naturales, a la redistribución de la riqueza; en la nueva gestión liderada por el presidente Arce su límite mayor es oponerse al logotipo del Gobierno y a la inauguración del edificio de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Ante esta limitada capacidad de oposición, el libreto escrito —la prensa— por los empresarios de la comunicación seguirá circulando diariamente como el manual para oponerse. Por ello afirmo que es difícil encontrar una oposición como institución política de la democracia.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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¿Oposición que agoniza?

/ 16 de septiembre de 2021 / 01:26

La última declaración de la senadora Barrientos en su condición de jefa de bancada de Comunidad Ciudadana sobre la aparente “coincidencia con el MAS, que con Creemos”, no fue respaldada por su propia organización, que posteriormente radicó en la renuncia a la jefatura; a esto se sumó la voz de sugestión de Camacho, para no perder brillo. En síntesis, esta fue la semana que caracterizó la agenda de la oposición.

En el funcionamiento de nuestra democracia representativa tenemos a las organizaciones políticas como los titulares —que si bien no solo son la disputa electoral— de la democracia como institución política, pues son el liderazgo y la administración de los gobiernos nacional, departamental, regional y municipal; las organizaciones, sean partidos, frentes o agrupaciones, deben ser la institucionalidad política en el sistema de gobierno.

Sin embargo, las organizaciones políticas con candidatos, sigla, color y eslogan se han constituido en un club de amigos electorales que viven, disfrutan y se realizan solo en el tiempo electoral; posteriormente, para subsistir públicamente su identidad política es ser nombrado oposición —concepto vacío—.

Es en este escenario el libreto improvisado que no está en función de un horizonte de país, por el contrario, solo se encuentra la posibilidad incierta del tiempo de ser un abanderado de las oposiciones.

La opinión política vertida por la senadora fue considerada desde CC como “una opinión personal que no involucra a la organización”, esto representa la orfandad política, es la característica que se ha ido repitiendo desde 2006 en todas las oposiciones: desautorizan una opinión política parlamentaria bajo el supuesto que no representa al partido, cuando en los hechos esta aparente organización es inexistente pues solo constituye una sigla —nostalgia electoral— y no una institución política.

Esto se convirtió un problema estructural de nuestra democracia representativa. Las organizaciones en la oposición tienen una aparente “institucionalidad” únicamente en la medida que lideren temporalmente un espacio subnacional, su justificativo discursivo no dejó de mirar alrededor de lo público-administrativo en lo coyuntural, ya que su subsistencia depende de la permanencia en ella. Sin este último objetivo en las próximas elecciones, agonizan.

Entre ellos citaremos al Movimiento Sin Miedo (MSM), reconvertido en Soberanía y Libertad (Sol.bo), que administró el gobierno municipal de La Paz por 21 años y en la elección de este año no logró obtener ni un solo concejal; en Santa Cruz, Rubén Costas lideró la gobernación desde 2006 hasta 2021 con su agrupación APB, que luego se transformó en Movimiento Demócrata Social, y en la última elección departamental Demócratas no pudo postular candidato propio a la gobernación y se limitó a una pírrica participación electoral municipal donde apenas obtuvo el cuarto lugar.

A nivel nacional, desde 2005 hasta esta última elección, la participación de los frentes electorales se constituyó en alianzas circunstanciales de siglas bajo el común denominador de ser oposición. Implícitamente formaron una costumbre política limitada en dos tiempos: primero, las fases pre y electoral que abanderan un eslogan coyuntural; segundo, poselectoral, como comportamiento mediático sin norte político circunscrito a los momentos de oportunidad política donde muchas de las y los actores limitan su opinión a los titulares de prensa, este hecho es una constatación de lo que percibimos diariamente.

Nuestra democracia representativa no tiene la institucionalidad partidaria para constituir un sistema político sólido. Hoy, éste gira bajo el paraguas monopartidario del MAS, es la única organización nacional que no cuenta con una estructura partidaria clásica; por el contrario, se construyó como la expresión política y electoral de una confederación de organizaciones de todo el país, que a diferencia de las oposiciones tiene un horizonte de país.

Este déficit en la institucionalidad partidaria opositora, lejos de ser superada, tiende a agudizarse, y se muestra en las miradas de los líderes políticos de las siglas electorales que están concentradas en mantener imágenes individuales como referente personal y no así como opción política de gobierno. Es por eso que la certidumbre para las oposiciones es incierta, pues dependen de los errores del Gobierno, del actuar político y articulador de algunos medios privados de comunicación, de cívicos, de movilizaciones indígenas y regionales para cabalgarse sobre banderas que no son suyas, pero que les son necesarias para subsistir; es la agonía de quienes aparentan ser oposición.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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(De)tras la narrativa de la Unión Europea

/ 2 de septiembre de 2021 / 01:33

El informe sobre las elecciones de 2019 de la Misión de Expertos Electorales de la Unión Europea ha compuesto una narrativa bajo la misma línea que la OEA, construyendo una configuración descriptiva de la coyuntura política en tres momentos: primero, empiezan por el periodo preelectoral, con tres ejes: 1) la “controversia sobre la candidatura de Morales”, “que ignoró los resultados del 21F” y la “polémica decisión del TCP sobre la sentencia constitucional que habilitó la reelección indefinida” —todas descritas en el orden gramatical que ellos construyeron en los informes y conferencias de prensa—; 2) la “‘oposición’ no pudo unirse en torno al único candidato”; y 3) “el imaginario temor —previo— que se cometiera fraude”. Con los tres puntos desarrollados observamos cómo, en la visión de los “observadores electorales”, lo que se antepuso —sobre un informe técnico— es una construcción política deliberada.

Inicialmente impusieron como causa de la crisis de octubre-noviembre de 2019 la reelección, pues como controvertida narrativa consideraron que “Morales es reacio a renunciar al poder”, es decir, implícitamente calificaron —y construyeron en la opinión pública— al Presidente como dictador. El otro elemento político es su —¿supuesta?— preocupación hacia la falta de capacidad de la oposición para tener una sola candidatura para enfrentar el proceso electoral; cerrando el escenario crítico preelectoral consideraron que existía ya la sensación, en la opinión pública, sobre la organización del fraude; finalizando en legitimar las movilizaciones violentas poselectorales.

Segundo, poselectoral: La protesta y la violencia fueron el acento que impuso la UE a los actores del conflicto para calificar a los sectores movilizados y políticos con la siguiente premisa: “Tras la decisión de interrumpir el TREP el 20 de octubre (…) se desencadenaron las protestas en todos los departamentos (…) las oficinas electorales de Sucre, Potosí, Beni, Pando y Santa Cruz fueron incendiadas. El MAS movilizó a sus militantes en protestas que se tornaron en violentas”. En cambio, sobre el rol de los dos principales candidatos, Mesa y Evo, se mencionó lo siguiente: “El 21 de octubre el candidato Mesa hizo un llamamiento a todos los partidos de oposición y a la sociedad civil para realizar protestas pacíficas”, “los movimientos campesinos a instancias del Presidente, los partidarios del MAS comenzaron a bloquear las rutas de abastecimiento a las principales ciudades”. El mensaje connotativo en la narrativa de la UE fue precisa en razón de dicotomizar a dos actores en bueno y malo —bajo las categorías de Smith de amigo-enemigo—, los actos de vandalismo y destrucción de los TED fueron de “protesta” (¿)legítima(?) porque se supone que defendían su voto frente al fraude; en cambio, la movilización de los sectores sociales que también defendieron su voto legítimo, y por ende al gobierno, la nombraron como “violenta”, es decir, ellos —la UE— cambiaron el sentido común de los movilizados y sus acciones para el imaginario nacional, incluso impusieron a Mesa con una aureola de defensa “pacífica” del voto y, por el contrario, a Evo lo colocaron como el responsable del desabastecimiento de las ciudades por el bloqueo de sus militantes. Y más narrativa (…).

Tercero, consecuentes con la línea política, el informe de la UE cierra su descripción en la organización del gobierno: “El 12 de noviembre, la vicepresidenta segunda del Senado, Jeanine Áñez, de la alianza de oposición Unidad Demócrata (UD), prestó juramento como presidenta”. Esta conclusión se desmorona por el informe del GIEI-CIDH, pues los expertos concluyen que: “Sin el quórum requerido, en el recinto de la Asamblea Legislativa, Áñez se declaró presidenta interina (…) el Jefe de la Casa Militar le impuso la Banda Presidencial”. La UE dice que la constitucionalidad del gobierno: “…estuvo apoyada por una resolución del Tribunal Constitucional, que se basaba en la jurisprudencia en la materia para fundamentar que la sucesión presidencial no requería de ninguna ley o resolución del Congreso, ya que ésta se produce ipso facto a fin de garantizar la inmediatez y la continuidad”.

Los expertos europeos emitieron conclusiones desconociendo, deliberadamente, la CPE, porque es en la Asamblea Legislativa el único espacio donde pueden tomar juramento la y el Presidente y la y el Vicepresidente (artículo 161 de la CPE); el TCP, de acuerdo al procedimiento constitucional, se pronuncia a través de autos, sentencias y declaraciones constitucionales, y no emite “resoluciones”.

Para la UE no hubo represión policial ni muertos el 11 de noviembre, con la finalidad de imponer la narrativa de la sucesión constitucional al gobierno de facto.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Bendiciones celestiales republicanas

/ 19 de agosto de 2021 / 01:27

El clima del viejo Estado republicano, confesional y colonial fue la temperatura política que le permitió a la nobleza eclesial agrupada en la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) desenvolverse con la soltura y fortaleza para decidir sobre asuntos del poder.

Desde que el pueblo recuperó la democracia, del secuestro de las dictaduras militares, el rol de la CEB en momentos políticos precisos es fundamental y determinante para el poder político, pues asume —autonombrándose de manera celestial— el rol de liderar la “mediación” en función de la orientación ideológica de los gobiernos.

Entre 1982 y 1985 el país fue dirigido por el frente de izquierda UDP a la cabeza de Siles Zuazo, el gobierno fue acorralado por la derecha que controlaba el Parlamento y la movilización sindical. En noviembre de 1984, la CEB convocó a un “Diálogo Nacional” a los partidos políticos, empresarios y sindicatos; como resultado del encuentro político se resolvió acortar el mandato del Presidente a tres años y la convocatoria a elecciones adelantadas. Se allanó el camino para el triunfo electoral del exdictador Banzer; sin embargo, fue designado presidente Paz Estenssoro, del MNR (1985-1989). A 23 días de asumir el cargo, dictó el DS 21060, inaugurando el periodo neoliberal en el país.

En las elecciones de 1989 se produjo un triple empate: el trípode partidario del sistema político, la CEB convocó a una reunión a los tres partidos para que resuelvan la titularidad del gobierno, por lo que se formó la coalición entre MIR y ADN; a esto salió electo presidente Paz Zamora (1989-1993), siendo el tercero, ya que obtuvo el 21% de los votos.

En febrero de 1991, con el auspicio de la CEB se firmó un acuerdo en la sede de la Nunciatura Apostólica con los partidos políticos para impulsar reformas principalmente en materia electoral.

En la crisis de septiembre-octubre de 2000, la CEB, coordinando con la Defensoría del Pueblo y la APDHB, convocó a una mesa de diálogo en las oficinas de Cáritas —dependiente de la Iglesia— a autoridades del gobierno de Banzer-Tuto Quiroga (1997- 2002) y las organizaciones campesinas movilizadas, para impulsar un acuerdo que ponga fin a las movilizaciones.

En junio de 2001, la CEB promovió el “Acta de Entendimiento” entre oficialismo y oposición, cuyos ejes sobresalientes fueron la elección de las nuevas Cortes Electorales Departamentales y una serie de reformas políticas y económicas.

Durante la crisis estructural del Estado y del neoliberalismo —previa a las movilizaciones sociales de octubre de 2003 durante el gobierno de Sánchez de Lozada-Mesa (2002-2005)—, la CEB impulsó un pacto político y social que concluyó en el documento “Reencuentro Nacional” que recomendó reformas constitucionales, pero que no fue suscrito por el MAS y el MIP.

En el referéndum anti e inconstitucional sobre la autonomía desarrollado el 4 mayo de 2008 en Santa Cruz, que fue convocado por la Prefectura y el Comité Cívico, el cardenal Julio Terrazas celebró una misa en la catedral cruceña convocando a participar en la consulta, donde posteriormente se lo observó emitiendo su voto.

En noviembre de 2019, el arzobispo —y actual— presidente de la CEB, mediante una carta pública le pidió al expresidente Evo Morales que renuncie al cargo por organizar el “fraude”. La CEB, el 10 de noviembre, convocó a la representación diplomática de la UE, España, Brasil, al Comité Cívico pro Santa Cruz y a las representaciones políticas de oposición para garantizar la organización del gobierno de facto.

La CEB fue y es parte del círculo de poder republicano. Su accionar político durante gobiernos de izquierda es para impulsar rupturas y despejar los caminos para que organizaciones políticas de derecha tomen el control del gobierno.

Cuando el sistema político tuvo la constitución de la hegemonía multipartidaria de organizaciones de centro y de derecha, la CEB tuvo un accionar diametralmente diferente; la participación “mediadora” se circunscribe a viabilizar acuerdos políticos que impulsaron reformas institucionales y constitucionales, es decir, darle legitimidad a las decisiones que tomaron el poder.

No obstante, cuando el valor de la autoridad gubernamental estuvo en duda, la CEB intervino para restituir la autoridad política del poder impulsando acuerdos con las organizaciones movilizadas.

La imagen de la nobleza eclesial es el arma “moral” —como un significante vacío, diría Lacan— para la intervención en los momentos precisos de crisis. Los escenarios posteriores a la mediación son los andamiajes reconstruidos en función de la orientación política compartida entre sectores conservadores y los arzobispos de la CEB, allí radica el sentido político de la “mediación”.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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El libreto del drama y los ecos

/ 22 de julio de 2021 / 02:04

Hoy los ruidos mediáticos sustituyen las notas del pentagrama ideológico que deberían escribir los titulares que aspiran a ser actor político y no solo jugador electoral de las previas.

Asistimos a la temporalidad fáctica desde el fin del siglo pasado y la apertura de este nuevo siglo donde los medios privados de comunicación que tienen el monopolio de la palabra y la información agendan temas políticos en función de su interés.

Programan e imponen el libreto, el drama y tienen para divulgar a los cuatro vientos a un selecto elenco integrado por analistas, articulistas, parlamentarios sin brillo y dirigentes políticos que tienen imagen, dinero o una sigla electoral —sin militancia—. Todos ellos con la habilidad para hablar, tuitear, a veces para insultar, se van desenvolviendo en el teatro mediático y de las redes sociales, pues su público alimenta su ego, sus emociones, se sienten en el olimpo de la mitología de la vieja República confesional, colonial y liberal.

Los que inspiran el libreto son personas e instituciones externas a los medios, sin embargo, el drama y la trama se tejen en los medios; esta combinación de fuente, libreto y drama construida mediáticamente se constituye en la verdad irrefutable.

El fraude monumental desapareció en las portadas y titulares de prensa, ahora es solo una noticia más sin ningún tipo de relevancia, se ha limitado a ser una frase —y quizás, forzosamente— eslogan imprescindible en el discurso público y mediático de los políticos, pero más por costumbre que por relevancia y convicción.

El debate central que los medios han posicionado los últimos meses está concentrado en la sucesión constitucional versus golpe de Estado.

Es importante anotar este hecho que no es menor, es decir, abandonaron la retórica del fraude porque saben que no tiene ningún tipo de sustento técnico: es solo frase política y mediática, por lo tanto, no es sostenible en el tiempo, necesitan construir una narrativa que impugne la tesis irrebatible del golpe de Estado. Los ejes por donde circula esta narrativa que no es nueva, y que en los últimos meses pretenden darle mayor relevancia es: “La dimisión de Evo se decidió horas antes que militares y policías pidan su renuncia”, y lo segundo es que: “Jeanine asumió la presidencia frente al vacío de poder y que la Iglesia Católica, cívicos y políticos solo facilitaron en la UCB la sucesión constitucional”.

Veamos lo primero, utilizaron deliberadamente y sin éxito frases sueltas del relato que hizo Evo en el libro escrito durante el exilio, Volveremos y seremos millones, para justificar que la renuncia ya fue decidida incluso el 9 de noviembre (2019); como no tuvo repercusión esta historia inventada, decidieron poner en escena de primer orden la declaración ante la Fiscalía del general Terceros, excomandante de la Fuerza Aérea. La nota de prensa empieza presentándolo como el general que salvó la vida del Presidente y el Vicepresidente porque ordenó que los trasladen al aeropuerto de Chimoré en el avión presidencial y de allí puedan salir al exilio en un avión mexicano. Acto seguido, el relato del general nos describe el escenario entre las 12.00 y 16.00 del domingo 10 de noviembre de 2019: “El Gral. Kaliman les informó que el Presidente presentará su renuncia en tres horas, por lo que instruyó que se elabore un comunicado de las FFAA pidiendo la renuncia de la principal autoridad electa del país”. Esta afirmación y línea de tiempo descrita por el militar es vital y fue amplificada en varias notas periodísticas con la finalidad de posicionar la idea de que la renuncia no fue forzada; por el contrario, fue decidida con anterioridad y como consecuencia de ello Evo tuvo que huir del país. La idea central construida es renuncia voluntaria y huida versus la verdad histórica: Renuncia del Presidente por los niveles de violencia, de insubordinación de las FFAA y de la Policía, y salida al exilio con ayuda del gobierno de López Obrador.

La segunda es la sucesión, para ello utilizan la memoria-informe de la CEB, que ha descrito una cronología centrada en 14 días, no obstante, lo central son tres: 10, 11 y 12 de noviembre. En estas tres jornadas nos relatan la reunión, quienes participaron —ante el aparente vacío de poder— decidieron que Jeanine sea presidenta y cómo implementaron sus acuerdos, todo con el objetivo y desde el punto de vista celestial de (¿) pacificar el país (?).

En el libreto elaborado la retórica es posicionar los escenarios de la renuncia voluntaria y sucesión, son los ruidos mediáticos que tararean sin un ritmo ideológico, inconsistente el selecto elenco de artistas temporales de la palabra mal repetida.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Radiografía necesaria

/ 8 de julio de 2021 / 00:19

Las diferentes corrientes ideológicas dentro la derecha desde la Revolución del 52 siempre alternaron y cogobernaron en democracia y en dictadura, fueron permanentemente oficialistas, aquella práctica les dio un sentido de propiedad sobre el Estado y la sociedad boliviana.

Definían sus tiempos en el gobierno porque provenían de una matriz: el nacionalismo y luego el neoliberalismo eran sus grandes paraguas que les cobijaba y tuvieron la venia imperial.

Su presencia era interminable en el poder, el trípode partidario (MNR, ADN, MIR) que les permitía en la democracia contemporánea distribuirse el poder, sus beneficios y tenían sus debilidades temporales. Para superar ese déficit electoral recurrieron a organizaciones políticas temporales que nacieron al calor electoral como Condepa, UCS, MBL, NFR; les fueron útiles, pero además se sintieron importantes porque también usufructuaban el poder a su medida.

En 1985 nos vendieron un modelo que era un proyecto importado e impuesto a todo el continente, le dieron el color y el eslogan partidario que necesitaban para presentarse como los abanderados de una época. Sus voceros principales que le daban el rostro intelectual, académico y mediático eran los Mesa, Toranzo, Lazarte, Grebe, Bonadona, Arias, etc. Nos hablaban de la modernidad, de la globalización y la incorporación de Bolivia al mundo.

Su modelo y los actores del poder empezaron a naufragar, cada uno y una empezó a agarrarse de la rama que le permita estar a flote, unos y unas se volvieron analistas, asesores, los demás decidieron fundar en cada elección frentes electorales, otros atrincherarse en gobernaciones y municipios para proclamar (desde allí) la buena nueva.

Sustituyeron la ideología con el eslogan mediático, llegaron a sus crisis obsoletos y empezaron a envejecer, sin embargo en cada elección se enmarcaron de renovación, se volvieron oposición no solo porque se oponían al nuevo horizonte de vida que representaba lo nacional popular plurinacional, sino porque el voto democrático de todo el pueblo los volvió en reliquia del viejo Estado republicano, liberal, colonial.

En 2019 creían reinventarse en la estrategia política del fraude, se sintieron realizados en el golpe de Estado, tocaban la gloria con cada acto de violencia banal porque tenían la bendición de las iglesias evangélicas, de la nobleza eclesial, la protección de la Policía, la Fuerza Aérea sobrevolaba los cielos de los pueblos rebeldes, el Ejército sacó sus tanques a desfilar, amedrentaban, disparaban, regaban terror, pero fue la gloria que el golpe les dio.

Volvieron a recuperar el poder por la vía de la violencia que el pueblo les negó por decisión democrática desde inicios del siglo.

Todos y todas eran oficialistas, volvieron a su redil del siglo pasado, cada uno a su modo se sentía el abanderado del triunfo y el heredero del poder, pero la titularidad del Estado no se hereda, se gana en cada voto, porque cada voto representa sentimiento, pasión, esperanza, ilusión y sueños. Ese es el valor de la democracia, porque el pueblo habla en el momento que estampa su sello en cada papeleta electoral.

Tuvieron su tiempo que lo dilapidaron en corrupción, masacraron, encarcelaron, torturaron, detuvieron al pueblo que solo enarbolaba su wiphala. A través de la violencia nos confiscaron la democracia.

A los que usurparon y usufructuaron del poder el tiempo se les agotó, el pueblo con olor a tierra, a pollera, diverso, pluri, se movilizó en agosto (cuando se fundó la Patria) para exigir su derecho de decidir-elegir e impuso la fecha de vencimiento del gobierno de facto. En este mes era para octubre, el octubre del asesinato del Che en 1967, de la nacionalización de los hidrocarburos liderado por Marcelo Quiroga en 1969, la recuperación de la democracia de 1982, de la derrota y huida de Sánchez de Lozada en 2003, de la aprobación de la Ley de convocatoria a referéndum para aprobar la CPE elaborada en la Asamblea Constituyente en 2008; es el mes de nuestra historia, el 18 de octubre era el tiempo que el pueblo habló con el corazón y recuperó el gobierno.

Hoy las diferentes derechas son solo retórica nostálgica, su eslogan del fraude se agotó, su mayor logro de ser oposición es oponerse al logotipo del Gobierno e ir a Estados Unidos para reunirse con la OEA y Almagro para recibir consejos; sus dos principales figuras políticas: Mesa deambula entre la autovictimización y el silencio cómplice, Camacho se agotó en su violencia discursiva, ahora es solo un administrador sin brillo de la gobernación.

Ese es su límite político en democracia, forzarán nuevos escenarios de violencia, pues es su única forma de existir públicamente.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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