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Saturday 10 Dec 2022 | Actualizado a 05:40 AM

Educación de, en y para la vida

/ 3 de septiembre de 2021 / 02:08

Boaventura de Sousa Santos, sociólogo portugués, afirma que la “pandemia ha creado tal incertidumbre que los gobiernos, ciudadanos, sociólogos y epidemiólogos no saben qué va a pasar…”, además que los efectos que produce el virus son “una marca muy fuerte en toda la sociabilidad de este siglo”. Señala además que “este tiempo es una gran oportunidad de pensar de otra manera: otro modelo civilizatorio, distinto del que viene desde el siglo XVII y que se profundizó en los últimos 40 años con el neoliberalismo (…) Hace mucho tiempo que este modelo está totalmente roto, desde un punto de vista social, ético y político. No tiene futuro. Es un cambio social, de conocimientos, político y cultural.”

Es más, los efectos del coronavirus profundizan las múltiples crisis surgidas en décadas pasadas y tienen impactos directos en la existencia de los seres vivientes. La pandemia ha puesto de manifiesto que la vida está en peligro y en un momento crucial que, de no tomarse medidas radicales en las formas de concebir la pervivencia y relaciones de y entre seres humanos, animales, plantas y toda forma de ser viviente, la humanidad hasta está en peligro de desaparecer. Esta mirada puede ser entendida como fatalista pero también como una oportunidad de forjar otro modelo civilizatorio con profundos y múltiples cambios a partir de la centralidad de toda expresión de vida. Ahora más que nunca, la vida tiene que ser el centro del quehacer cotidiano del conjunto de la población, de toda forma de desarrollo, de toda política pública y, por supuesto, de la praxis educativa. En este contexto, la educación tiene que ser de la vida, en la vida y para vivir.

Educación de la vida. La educación tiene que desarrollar la capacidad de leer la realidad con sentido ético. Esta lectura de la realidad, como dice Paolo Freire, educador popular brasileño, no se queda solo en los libros, es la lectura del mundo. Asumiendo que “el mundo de la vida es un mundo permanentemente inacabado, en movimiento” como parte de un proceso de liberación, la lectura del mundo precede a la lectura de las palabras. “Muchos siglos antes de saber leer y escribir los hombres y las mujeres han estado ‘inteligiendo’ el mundo, captándolo, comprendiéndolo, leyéndolo” donde la curiosidad es el motor de la construcción del conocimiento. Las y los humanos somos los únicos seres “que podemos asumir una opción ética (…) El mundo se salva si todos, en términos políticos, peleamos para salvarlo.”

Educación en la vida. No más teorización, menos simulacros o ensayos de laboratorio, la educación tiene que desarrollarse en la vida. Aprendamos de la Escuela Ayllu de Warisata donde la escuela y el aula no eran una entidad separada del taller o de la siembra; es más, vinculaba estas formas de trabajo en un determinado territorio, en la vida misma de la comunidad. El “aprender haciendo” tiene que ponerse en plena vigencia. La educación tiene que integrarse y realizarse en el centro de producción, en la siembra, donde se crea arte y cultura, en las organizaciones sociales y comunitarias. Lo productivo dejará de ser solo un momento de carácter metodológico o un aprendizaje cuya base solo es la racionalidad y se convertirá en un real proceso de creación material e intelectual; se aprenderá mientras se crea, mientras se produce, se convertirá en el generador de valores como la construcción del bien común, responsabilidad, solidaridad y reciprocidad, y contribuirá a la formación integral. Así lo educativo, en realidad los aprendizajes, también tendrá pertinencia y relevancia con lo cultural, social y político del contexto y la territorialidad.

Educación para la vida. La educación no es preparación para la vida, es la vida misma. De esta manera el dilema sigue vigente, ¿se educa para transformar la realidad o para adecuarse al estado de cosas? En un contexto donde se tiene que plantear otro modelo civilizatorio y la existencia de los seres vivientes está en peligro, no tiene sentido una educación que contemple, es más mantenga posiciones conservadoras de injusticia, desigualdad o discriminación. La educación tiene que ser para la formación integral de las personas y para contribuir a la transformación de la comunidad, país, región y el mundo, siendo la vida de las y los seres vivientes el centro de nuestras acciones y propuestas.

Como dice Freire: “La educación nunca es neutra”, los retos siguen y las decisiones son nuestras.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Pensando Iberoamérica

/ 9 de diciembre de 2022 / 01:10

El pasado 25 de noviembre, en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana, se realizó la XIV Asamblea General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). Siendo la OEI una entidad de carácter gubernamental para la cooperación que cuenta con 23 Estados miembros, en este evento participaron ministras, ministros, jefes de delegaciones y autoridades de América Latina, el Caribe, España y Portugal, directivos de la OEI e invitados especiales. Bolivia participó en su calidad de miembro pleno de la OEI.

El evento internacional, si bien tuvo carácter institucional, permitió evaluar la situación de Iberoamericana, por demás crítica a causa de la pandemia del COVID-19, y a pensar los programas y estrategias a implementar en la región a partir de estas constataciones, proyecciones que serán aprobadas en el próximo Consejo Directivo. Como se ha verificado en distintos estudios, “Junto con la salud y la economía, la educación ha sido una de las áreas sociales que más ha sufrido. Según la Unesco, 160 millones de niños y jóvenes iberoamericanos quedaron confinados en sus hogares: todos ellos sufrieron consecuencias sociales, psicológicas y educativas por ese aislamiento, pero más aún los 60 millones que no tuvieron conectividad alguna que les asegurara una mínima atención educativa virtual. Para los que tuvieron el privilegio de poder acceder a tutorías y plataformas digitales, la atención educativa no pasó de ser, en la mayoría de los casos, una educación remota de emergencia. Iberoamérica ha sido la región del mundo con más días de actividad lectiva presencial perdidos, lamentable récord que, junto con lo expuesto, pone en evidencia la catástrofe generacional que estamos sufriendo. Esto se añade a la precariedad que arrastrábamos en nuestros sistemas educativos, cuyos logros más importantes habían sido el cuantitativo de asegurar acceso y cobertura, y la inscripción de más de 30 millones de estudiantes en instituciones de educación superior; todo ello sin cumplir, en la mayoría de los casos, los requisitos mínimos de calidad, equidad e inclusión.” (Memoria 2019-2022, OEI) No obstante los esfuerzos de gobiernos, sociedad civil y organismos multilaterales demostraron capacidad de reacción y compromiso con la resolución de esta problemática.

Ante esa situación se planteó que la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible representa el mayor referente para estructurar la acción cooperadora de la OEI en Iberoamérica. Desde el Programa de Derechos Humanos, Democracia e Igualdad se propuso que se fortalezca la democracia, promueva la participación ciudadana y defiendan los derechos humanos y la equidad de género. Que las acciones prioritarias en el eje educación podrían ser: Primera infancia y educación infantil (Etapa vital), Inclusión educativa y atención a la diversidad, Transformación educativa digital (eje global de trabajo), Formación técnico profesional para contribuir a su consolidación como política pública que incentiva la productividad y empleabilidad, Fortalecimiento de la calidad de la educación para el desarrollo de la ciencia, entre otras estrategias. Además de la consolidación de la participación de la OEI en el Comité Global del ODS 4 de la Agenda 2030 en diálogo con las organizaciones representativas de la región.

En el eje de Cultura se propuso el impulso de la Cultura para el desarrollo sostenible y el Fomento de la cultura iberoamericana. Mientras que en el eje de Lenguas se planteó la Promoción de las lenguas portuguesa, española e indígenas, el desarrollo de la Educación intercultural y plurilingüe, y la Diversidad lingüística. También se ratificó el funcionamiento del Instituto Iberoamericano para la Educación y la Productividad para contribuir a mejorar la productividad de la región en diálogo con gremios, empresarios y gobiernos y del Instituto Iberoamericano para la Formación y Aprendizaje para la Cooperación en las áreas de educación, cultura, ciencia, bilingüismo y difusión de la lengua portuguesa.

Pensando en Iberoamérica, la OEI va camino a consolidarse en un bien público para la región realizando políticas públicas a favor de los más necesitados y necesitadas, haciendo que la cooperación realmente suceda por el bien de todos y todas. Esos son retos que también debemos construir desde las políticas públicas del Estado Plurinacional de Bolivia y desde nuestro rol de miembros de la OEI.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Censo: ¿igualdad o equidad?

Nos quedan grandes retos, es tiempo de discutirlos, analizarlos, estudiarlos y plantear propuestas.

/ 25 de noviembre de 2022 / 03:07

En estos días que se habla tanto con y sin sentido del Censo, se oye decir algo parecido a lo siguiente: “con el Censo se demostrará que somos más de lo que señalan las estadísticas y nos corresponderán mayores recursos”. Esta expresión parece ser lógica y hasta justa, pero en principio, apenas se conozcan los resultados, será el motivo de una de las siguientes batallas políticas. Precisamente, para evitar estas discusiones y toma de decisiones en medio de conflictos, este asunto debería ser motivo de exhaustivo análisis y de planteamientos coherentes a nuestra realidad.

La respuesta casi natural parece ser “a más población más recursos, a menos población menos recursos”. Pero, los hechos demuestran que no siempre la respuesta obvia es la mejor. Por supuesto que, por criterios de igualdad, esta respuesta parece ser la más conveniente, pero por criterios de equidad nos exige pensar en otros criterios y respuestas.

Vayamos por el criterio de equidad. ¿Las ciudades y especialmente los pueblos del área rural que muestran reducciones considerables en su población, a pesar de recibir una cantidad apreciable de recursos no supieron aprovechar esas ventajas? Seamos más concretos todavía, las poblaciones que son o fueron proveedores de alimentos o que por largo tiempo compartieron sus ingresos conseguidos con los recursos naturales explotados en su territorio y que ahora tienen una población menor con relación al anterior censo, ¿deben recibir menos ingresos del erario nacional? Las poblaciones, como las aledañas a la ciudad de El Alto, que ayudaron al crecimiento poblacional de esta ciudad a costa del abandono de su propia población, ¿deben recibir menos ingresos?

Es más, se arguye que el Censo permitirá la planificación del territorio boliviano, entonces antes de tomar únicamente el criterio relativo al número de población, tenemos que preguntarnos: ¿uno de nuestros objetivos es fomentar el crecimiento de poblaciones concentradas en millones y abandonar, casi sancionar la desaparición de otras poblaciones con reducido número de habitantes, pero ricas en cultura, situadas estratégicamente en el territorio desde el enfoque geopolítico o de una historia trascendental para el origen o destino del Estado Plurinacional? ¿Cuál será el modelo de desarrollo de nuestro Estado, proyectaremos un territorio concentrado en grandes ciudades a costa de perder nuestra cultura, nuestro derecho a alimentarnos de productos frescos y ecológicos, nuestro origen e identidad cultural, de negar otras concepciones de vida como el “vivir bien”?

Las preguntas podrían seguir. Así, el criterio de igualdad no parece ser el más justo para la repartición de recursos, al menos no es el único. Habrá que pensar en cuáles son nuestros objetivos estratégicos como país. Por ejemplo, queda claro que salud, educación y eliminación de la pobreza deben ser motivo de preocupación de los futuros años, conjuntamente a un desarrollo económico sostenible. Este puede ser un criterio que oriente la distribución de ingresos: “a cada quien se le debería entregar recursos en función de sus carencias y metas de compromiso de resolución de sus grandes problemas”.

Nos quedan grandes retos, es tiempo de discutirlos, analizarlos, estudiarlos y plantear propuestas bien fundamentadas y que respondan prioritariamente a criterios de equidad. El supuesto compromiso con el Estado Plurinacional, ¿solo es una máscara que encubre otras intenciones? El tiempo lo dirá…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Opinática

/ 11 de noviembre de 2022 / 01:05

Unos años atrás, mientras realizaba un trabajo con un pequeño grupo de investigadores, a solicitud de un medio de comunicación nos tocó prepararnos para un debate público sobre la situación y proyecciones de la educación. Todos los miembros del grupo, afanados, comenzamos a organizar nuestra participación en el desafiante debate, en medio de eso, una de las compañeras del grupo, casi como advertencia nos dijo “nada de opinática”. ¿Opinática?, nos preguntamos todos. Al final, la pregunta se dirigió a la compañera: “¿Qué quieres decir con opinática?” “Nuestra participación no debe ser de memoria como hacen algunos que emiten opinión con escasa información y conocimiento sobre el tema, como aquellos que creen que es de su dominio porque oyeron algunos comentarios en un informativo”, nos explicó.

A propósito del tema en cuestión, entre lo poco escrito, Elena Jiménez (2017) dice: “…cuando menciono la ‘opinática’ (me refiero) a ese arte que practicamos en las empresas de opinar sobre cualquier tema, sin ningún pudor, y sin ruborizarnos. Temas de los que, por supuesto quizá solo tenemos escasos conocimientos y poca información, y en los que no nos molestamos en profundizar ni analizar…” A su vez, José Manuel Hernando (2017) señala que “… por opinática entendemos un proceso de diagnosis basado en percepciones, sin haberlas contrastado por ningún tipo de método analítico o científico. Es decir, el famoso ‘pues yo opino que…’”

En tiempos que existen una serie de temas en debate y en ciertos espacios comunicacionales aparecen supuestos analistas, seguramente nos damos cuenta que muchos personajes solo hacen opinática. No se intenta evitar que se emita opinión, sino que prestemos mayor atención a aquellos temas que tienen tal trascendencia que si son tratados con superficialidad y escaso conocimiento pueden tergiversar la realidad e inclusive constituirse en detonantes de problemas sociales. En suma, se trata de respetar al conjunto de la población, de compartir información veraz y fundamentalmente que se proceda con alto sentido ético y responsable para que se contribuya al diálogo de posiciones divergentes, favoreciendo al desarrollo de una democracia participativa y comunitaria, así como a la convivencia.

Para que se dejen de tratar temas de trascendencia social solo desde la opinática es necesario que, fundamentalmente, analistas y quienes ocupan niveles directivos sean responsables con la población y se preocupen de recopilar, analizar y comparar información para sustentar su opinión en el marco de la ética y la responsabilidad. No es que se quite el derecho a la opinión, sino que se eleve la capacidad de análisis y pensamiento crítico de los distintos grupos poblacionales independientemente de su nivel académico.

También es necesario que los que facilitan medios de comunicación para difundir información eviten hacer aparecer a “analistas u opinadores” solo por intereses grupales o sectarios. El respeto a la población y la valoración de las preocupaciones y expectativas del conjunto de la sociedad exigen que dejemos de favorecer a quienes solo hacen opinática. La seriedad y ética de los medios desde la práctica, antes que desde un eslogan bien escrito, tienen un referente que expresa la validez del medio de comunicación.

Por su parte, la población también tendrá que aprender a distinguir quienes hacen opinática o quienes manejan la información con seriedad, sentido ético y debida fundamentación. Tendrá que generar procesos que tengan en cuentan quienes tergiversan y manejan la información de manera inadecuada, así como aquellos medios de comunicación que dan paso a quienes argumentan su opinión. Es de esperar que los grupos sociales hayan catalogado quienes informan debidamente y quienes tratan de confundir a la población.

En tiempos que los “memes” parecen tener mayor validez que el argumento bien fundamentado, que la opinión sin fundamento y análisis pretende sobreponerse a la opinión basada en la práctica y el conocimiento sustentado por un marco de referencia, en el que la rapidez de la información intenta sustituir a la información “bien pensada”, en el que las apariencias y el oportunismo buscan sobreponerse a la capacidad de análisis, se hace necesario que el manejo de información analizada y ética prevalezca para construir una sociedad participativa. En otras palabras, en bien de la sociedad dejemos de dar paso a la opinática, de todos nosotros depende.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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El valor y sentido del bono Juancito Pinto

/ 28 de octubre de 2022 / 01:52

Tal parece que el transcurso del tiempo, inclusive en el caso de políticas públicas de trascendencia como el caso del Bono Juancito Pinto (BJP) hace aparecer estas medidas como una rutina y se olvida su valor social-económico-comunitario y su sentido estratégico y equitativo. Para tener presente ese valor y sentido, habría que recordar que, pese a voces agoreras que anunciaron pronto fracaso, el BJP se entrega a estudiantes de unidades educativas desde 2006 hasta el presente, es decir, nada menos, desde hace 17 años.

Como lo señala el DS 28899 de 26 de octubre de 2006, el bono Juancito Pinto es un subsidio de incentivo a la matriculación, permanencia y culminación del año escolar de estudiantes de unidades educativas públicas de todo el territorio nacional, en el marco de la Política de Protección Social y Desarrollo Integral Comunitario del Plan Nacional de Desarrollo “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática Para Vivir Bien 2006-2012”. En 2006, el programa benefició a 1.084.967 estudiantes de 1º a 5º de primaria y de centros de educación especial, con una inversión de cerca de Bs 220 millones, mientras que en la presente gestión se prevé entregar a 2.316.385 estudiantes de educación primaria, secundaria y especial con una inversión de casi Bs 470 millones para efectivizar el pago de Bs 200 a cada beneficiario. De estas cantidades fácilmente se puede deducir que, comparado con sus inicios, en la actualidad el BJP ha duplicado y más el número de beneficiarios, por tanto, en igual proporción aumentaron los recursos invertidos.

También cabe considerar otros logros y efectos positivos del BJP, señalados en distintos estudios etnográficos y cualitativos, investigaciones y análisis estadísticos realizados en distintas gestiones. Por ejemplo, el análisis de los indicadores educativos indica que “La tasa de deserción escolar en Bolivia bajó del 6,4% en 2006 al 1,6% a la fecha…” (Ministerio de Economía, 2022) “Una revisión panorámica de la información estadística de los indicadores educativos —tras la implementación del BJP— muestra una mejora en la tasa de matriculación en el sistema público del ciclo primario, tanto a nivel de género, así como considerando el ámbito rural y urbano. La tasa de abandono en general también tuvo una marcada tendencia decreciente. La tasa de promoción también paulatinamente tendió a mejorar. Asimismo, la transferencia monetaria condicionada está negativamente asociada con la tasa de reprobación y con la tasa de abandono. Al cuantificar la magnitud de la incidencia del bono Juancito Pinto se constata: a) el impacto positivo y muy significativo en la tasa de matriculación, el mismo que estaría en el orden en promedio de 1%; b) igualmente el BJP impactó de forma positiva y significativa en la permanencia escolar, en promedio en 1%; c) asimismo el BJP mejoró sustancialmente la tasa de promoción, en torno al 3,7%. En resumen, el bono Juancito Pinto cumple con los objetivos previstos en el DS 28899.” (H. Aguilar, 2014) Es más, otro estudio sostiene: “Los resultados sugieren que el BJP ha tenido un impacto positivo en la reducción de la inasistencia escolar en el ciclo primario, ha colaborado en la reducción de los niveles de indigencia además de haber mejorado la distribución del ingreso, sobre todo en el sector rural del país.” (E. Yáñez, 2012) Un resumen de estos logros puede resumirse en la contribución del BJP al ejercicio del derecho a la educación.

Otros efectos del BJP se pueden encontrar en variables económicas. En principio, los recursos entregados a estudiantes en 2006 principalmente tuvieron su origen en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, de los recursos provenientes de la nacionalización de los hidrocarburos (DS 28899-2006), mientras que en la actualidad 26 empresas estratégicas estatales aportan con recursos financieros. Un claro desmentido a supuesta ineficiencia o quiebra de empresas estatales estratégicas y una opción por políticas sociales equitativas. Pero además debemos considerar que al “inyectar” en un tiempo de solo un mes Bs 470 millones a través de las familias, claro que se incentiva la demanda interna, se dinamiza la economía y se incentiva la producción.

El bono Juancito Pinto, a 17 años de su vigencia, sigue constituyéndose en una medida estratégica que aporta a la reducción de la inequidad y desigualdad, y tiene que ser comprendido en su real valor y sentido.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¿Interculturalidades?

/ 14 de octubre de 2022 / 01:56

Fidel Tubino, Catherine Walsh y otros destacados investigadores de temas como cultura, colonialismo y otras de carácter societal, advierten que referirse e inclusive desarrollar acciones en el campo de la interculturalidad no siempre es inclusivo ni liberador, tampoco es garantía para solucionar la problemática que trae consigo. Señalan que existen un interculturalismo funcional y otro interculturalismo crítico claramente diferenciados en sus conceptos, enfoques, formas de llevar a la práctica y efectos. A propósito de ello, Tubino afirma: “Las diferencias entre el interculturalismo funcional y el interculturalismo crítico son sustantivas. El primero busca promover el diálogo intercultural sin tocar las causas de la injusticia cultural, mientras el segundo trata de suprimirlas… La asimetría social y la discriminación cultural hacen inviable el diálogo intercultural auténtico. No se la relaciona con asuntos socioeconómicos, de derechos o de ciudadanía”.

Para referirse a interculturalidad no basta definirse como pluriculturales y reconocer la diversidad cultural, menos que se considere un asunto únicamente vinculado a las lenguas, folklore y vestimenta. En términos teóricos, muchas veces, interculturalidad se reduce a “diálogo de diversos”, así se considera que solamente son necesarios mecanismos y arreglos políticos que posibiliten el entendimiento mutuo entre culturas y la gestión de esta diversidad; este concepto es claramente funcional, favorece a culturas que tienen predominio, niega que la diversidad expresa a su vez desigualdad y, fundamentalmente, desconoce la cosmovisión y concepción de vida que tienen los pueblos y/o naciones. Algo de eso ocurrió en el periodo neoliberal, cuando en julio de 1994 se promulgó la Ley 1565 de Reforma Educativa y que en su capítulo de bases y fines definió que la educación “es intercultural y bilingüe, porque asume la heterogeneidad socio cultural del país en un ambiente de respeto entre todos los bolivianos, hombres y mujeres”. A propósito de ello, al evaluar la aplicación de “esa interculturalidad y bilingüismo”, testimonios de pueblos indígenas señalaban: “a los aymaras nomás nos han enseñado aymara y a los de la ciudad nada”, “a título de textos bilingües solo han traducido los libros a nuestro idioma, de nuestra cosmovisión y cultura nada han respetado”, “cuando se refieren a interculturalidad solo se preocupan de la vestimenta y algunos bailes…”

Al haberse convertido interculturalidad en un término cada vez más común y hasta familiar, muchos “estudiosos” de la temática olvidan que su comprensión e interpretación varían desde los referentes que se tiene sobre la sociedad e historia. Es más, en muchas ocasiones, generalmente por razones políticas, estas múltiples comprensiones de interculturalidad fueron ignoradas de manera intencionada.

Desde una lectura crítica e indignada de la realidad, interculturalidad supone una disputa de cuál es la cosmovisión y cómo se concibe la vida y la relación ser humano- comunidad-madre tierra-cosmos entre un patrón civilizatorio occidental, capitalista, patriarcal y colonial en crisis y posiciones alternativas y antisistema, como es el caso del Vivir Bien, Buen Vivir y Vivir Sabroso. Asumiendo que en lo cultural somos diversos a la vez que desiguales, sin intraculturalidad no existe interculturalidad crítica, es necesario valorar nuestras culturas en sus concepciones, formas de vida, prácticas, saberes y conocimientos.

En esas circunstancias, intraculturalidad e interculturalidad, desde una mirada decolonial, también deben ser entendidas como un proyecto político, social, epistémico y ético de transformación estructural y sociohistórica que se inscriben en una lucha contra los poderes dominantes, en la valoración de lo nuestro y las relaciones equitativas entre lo propio y lo diferente.

En cuanto a la intraculturalidad e interculturalidad en el campo de la educación, entre otros aspectos, exige la creación de educaciones propias a nuestro contexto e historia para desde ahí desarrollar un proceso de diálogo con lo que se construye en el mundo; una formación integral que rebase la educación racionalista y cognitivista; el diseño y desarrollo de una educación para la vida que preserva todo ser vivo; la educación a lo largo y ancho de la vida; la complementariedad entre saber “científico e universal” con el “local, popular y comunitario” y la revalorización del territorio.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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