Voces

Tuesday 4 Oct 2022 | Actualizado a 15:08 PM

Informalidad y… ¿felicidad?

/ 3 de septiembre de 2021 / 02:03

Se escribe mucho sobre la informalidad y muy poco sobre la felicidad que es entre otras cosas el fin primordial que todo ser busca en su paso por este valle de lágrimas, como dirían algunos agoreros. Cuando se dice que en Bolivia el sector informal de la economía ya sobrepasa el 80%, cabe preguntar: ¿por qué además de la innata necesidad de sobrevivencia, la gente prefiere alejarse de los cánones y reglas de la economía formal para cumplir su cometido? Observe a la gente en un banco, en una oficina de impuestos o en una dependencia oficial, observe los rostros serios, las cejas fruncidas, la impaciencia en sus movimientos y compare con los rostros de la gente en una feria, en una kermés o en un mercado vecinal, vea los rostros alegres de los que compran y de los que venden, su comportamiento relajado, sus movimientos amigables, su felicidad. ¿Por qué la diferencia?

La economía y especialmente el comercio, nacieron informales, desde el trueque de especies y objetos de valor de los primeros grupos humanos, pasando por el tiempo de conquista de tierras de los imperios primigenios y hasta la colonización de éstos por las potencias militares emergentes en cada época, toda la economía se movía en base a valores relativos y a la supremacía del más fuerte. Pero había que financiar las aventuras de reyes y soberanos y de la burocracia de los gobiernos de turno después; la fuente de este financiamiento no podía ser otra que la generación de tributos y después de impuestos y así, se formó el entramado complejo que hoy denominamos “economía”. No es objeto de esta columna el entrar en mayores detalles sobre este asunto, solo puntualizar que con el paso del tiempo este entramado se complejiza cada vez más y las obligaciones crecen para la gente en relación inversa a los beneficios que obtiene por ejercer una actividad económica formal. Ese es, en mi opinión, el origen de lo que después se llamó informalidad: renegar del sistema y sus obligaciones para obtener mayor beneficio personal. Se la puede calificar como se desee pero está ahí gozando de buena salud y creciendo, de manera especial en los países en vías de desarrollo, eufemismo que engloba a países pobres, subdesarrollados y “bananeros”. Ese es el reto al que como país nos enfrentamos si no queremos terminar siendo un Estado informal.

Generalmente se asocia el sistema de desarrollo actual con las catastróficas consecuencias ambientales y sociales que vivimos, y se añora la simplicidad y el calor humano que acompañaron al Medioevo y al Renacimiento, como describe W. Bluske en su libro humorístico Subdesarrollo y Felicidad (Khana Cruz SRL. 1976), las costumbres y el buen pasar de la gente en mi tierra Tarija cuando era un pueblo feliz anclado en el tiempo, tierra de bucólicos paisajes, de donde salieron poetas, cantores, también políticos e ilustres profesionales de fama y prosapia que dieron renombre a esas tierras. Pero eso es harina de otro costal, la informalidad no hace pueblos felices aunque aquellos que la practiquen vivan algo parecido a esas mieles. Como país debemos reconocer que es el sistema el que tiene que cambiar y debemos hacerlo, la lucha brutal por acumular riqueza a cualquier costo está llevando a la humanidad al borde del abismo. Estas líneas un poco diferentes a los comentarios habituales de esta columna, solo buscan generar un tiempo de reflexión sobre lo que como nación nos espera si no cambiamos positivamente.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Tierras raras

/ 30 de septiembre de 2022 / 02:30

Hay un selecto grupo de elementos que forman lo que la industria llama “metales críticos” o “metales tecnológicos” por su uso en tecnología actual. Allí entran, entre otros, columbio-tantalio (Coltán, en el uso industrial), grafito, wólfram, manganeso, magnesio, cobalto, teluro, también uranio y litio que por su aplicación en generación y almacenamiento de energía limpia se suman al grupo de energéticos fósiles clásicos. Algunos metales “menores” (en el léxico especializado) como indio, galio, germanio, cadmio y selenio pertenecen a este novísimo grupo que hace al desarrollo tecnológico actual, también se adjuntan los platinoides PGM (platino, paladio, rodio, níquel, cobalto e iridio); las tierras raras TR, compuestas por 14 elementos lantánidos y 14 actínidos, y los metales alcalinos litio, potasio, radio y estroncio. Dentro de las tierras raras resaltan por su uso, uranio, disprosio, neodimio, praseodimio, lantano e ytrio. Las tierras raras, por su estructura electrónica elemental no saturada, tienen propiedades especiales de radioactividad, luminiscencia, magnetismo y electricidad que permiten su aplicación en materiales radioactivos, fosforescentes, magnéticos y magneto-astrictivos, catalizadores e hidrógeno- acumuladores, requeridos en la industria energética, del vidrio, catalizadores, metalurgia, cerámica, magnetos, láser, superconductores, discos duros, CD, DVD, pantallas led y un enorme número de nuevas aplicaciones en modernos equipos electrónicos del hogar y también de uso militar.

Ahora bien, los PGM y las TR, al margen de oro, plata y metales base, han sido identificados en variadas asociaciones minerales, tanto en el occidente del país como en las tierras bajas donde se conocen los mayores hallazgos. Cerca de San Ignacio de Velasco y en el cerro Manomó (Santa Cruz) se identificó el fosfato “monazita” con las TR ytrio, cerio, lantano y torio; al sureste, en Rincón del Tigre, los PGM cromo y níquel; en las rocas granitoides del Escudo Coltán, y así podemos seguir (ver: Minería Boliviana, la gran incógnita, en Los dilemas de la minería, D. Garzón 2012, Ed. Fundación Pazos Kanki, pp. 73 y siguientes). Un duro y largo proyecto de exploración de la parte meridional del Escudo Precámbrico fue llevado a cabo entre 1976 y 1983 por el Servicio Geológico de Bolivia (Geobol) y el Instituto de Ciencias Geológicas (IGS), en representación de la Administración del Desarrollo de Ultramar (ODA) del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Mancomunidad Británica. Fue el primero y único intento serio de desarrollar esa unidad geológica y geomorfológica del país, que lenta pero sistemáticamente se desactivó por presiones derivadas de la aguda crisis política que vivió el país en ese tiempo.

Con estos antecedentes llama la atención el intento (consignado en algunas declaraciones oficiales) de conformar la Empresa de Metales Tecnológicos y Tierras Raras para enfrentar un reto de este tipo, especialmente en un área de las características del Escudo Precámbrico, dejando de lado a instituciones como Geobol (hoy Servicio Nacional de Geología y Técnico de Minas, Sergeomin), que tiene los antecedentes, la experiencia y la jurisdicción legal para estos trabajos. El crear una nueva empresa burocrática es aumentar la carga económica armando estructuras y grupos humanos nuevos en vez de usar las instituciones existentes, fortalecerlas y adecuarlas al reto actual. Sería más efectivo, menos oneroso y menos burocrático. Estamos hablando de 220.000 km2 solo en la parte más accesible del escudo donde se debe avanzar en proyectos de exploración ya identificados para llegar a etapas de prefactibilidad y factibilidad de los más importantes; momento en el que como debe ser, se podría justificar la creación de una unidad como la propuesta y pasar a etapas de Ingeniería y diseño final de proyectos mineros e industriales.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Litio: sueños, retos y resultados

/ 2 de septiembre de 2022 / 02:36

Hace más de 30 años que en Bolivia hablamos mucho y hacemos poco sobre el mágico metal blanco que despertó una psicosis imparable por lo que representa para la transición energética que queremos realizar para declinar el deterioro del clima planetario. En 1988 se invitó a la Lithium Corporation of America (Lithco), en 1989 teníamos un borrador de contrato y en 1990 ya había una fuerte reacción de la brigada parlamentaria y de las instituciones cívicas potosinas que argumentaban la ilegalidad del contrato; en 1991 se llamó a convocatoria internacional, ganó FMCLithium Division, que debía negociar un contrato con el CIRESU (Complejo Industrial de Recursos Evaporíticos del Salar de Uyuni), dependiente del Ministerio de Minería y de la Comibol. El contrato se abortó y fue calificado de leonino (detalles en esta columna, marzo-mayo de 2020). Desde entonces un calvario de idas y venidas dio por resultado el actual proyecto: cansino en su desarrollo, con elevado nivel de inversión estatal, pocos resultados y más de 30 años perdidos. No hay una estrategia para concretarlo y las alternativas de continuar son tan pocas que no cabe ningún retroceso sin arrastrar consecuencias políticas y sociales muy serias.

El tamaño de los recursos del salar que suponemos preponderante no es real, hay reservas de litio en muchas partes del mundo, su calidad sí cuenta y nuestras sales no son las mejores, solo el Salar de Pastos Grandes tiene contenidos de litio mayores a 1.000 ppm (partes por millón). La tecnología define los costos finales de extracción, nuestra planta piloto de carbonato tiene tecnología de los años 70 y una recuperación muy baja (18%) frente a tecnologías actuales con recuperaciones mayores a 90%. Usar las salmueras residuales de esta planta para alimentar la de hidróxido de litio (YLB-ACI Systems), que se supone tendrá recuperaciones mayores y costos más bajos, abre una posibilidad que habría que estudiar en relación con la prohibición constitucional y de la ley sectorial, de asociaciones con empresas de capital privado en etapas de química básica.

Hay dos cuestiones adicionales a resolver: ¿A quién vamos a vender? y ¿qué vamos a vender? El proyecto con ACI Systems preveía vender productos finales en el mercado alemán y el plan de YLB, producir materiales catódicos, baterías y sales de potasio, magnesio, boro y precursores (YLB, presentación del proyecto en el Club de Minería). El mercado de baterías de litio en Europa para 2025 tendrá una capacidad de más de 300 GWh (gigavatio hora) con un hub de 12 megafactorías, de las cuales Alemania tendrá 24 GWh en 2023 y 8 GWh posteriormente con los planes de SVOLT, Terra y BMZ; en ese mercado competiremos si todo sale bien con nuestra planta de 8 GWh. ¿Se podrá?

Los precios actuales del carbonato de litio (LCE) de entre $us 50.000 y 70.000 por tonelada (t) han despertado muchas expectativas, el Comité Cívico Potosinista y sus filiales regionales tienen elaborados proyectos de ley que resumen sus aspiraciones. Sin entrar en los detalles, se debe tener en cuenta que: 1) Estamos en una coyuntura favorable de mercado que la estamos desperdiciando, Chile y Argentina están buscando asociaciones con las grandes productoras: SQM, Albemarle, Ganfeng y Tianqui, que controlan más del 70% del mercado del litio; nosotros al desestimar el JV YLB – ACI Systems, quedamos a merced de las posibilidades de la empresa estatal. 2) BMW, Toyota, General Motors y Tesla miran a Argentina por su apertura al capital privado, con lo que este país de producir 37.500 t pasaría a 200.000 t de LCE/año. 3) La última convocatoria de YLB definirá un pilotaje alternativo de extracción directa del litio (EDL). Esto prolonga la incertidumbre sobre la rentabilidad del proyecto mayor, lo que nos coloca en desventaja.

En ese contexto las modificaciones de leyes y otras reglas de juego deberán considerar los parámetros técnicos que vayan a surgir, lo contrario será reiterar fracasos derivados de excesivas expectativas que no se cumplen, proyectos que fracasan y porcentajes de impuestos y regalías en papel. No olvidemos que cualquier porcentaje aplicado a una producción inexistente es cero.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Fiestas patrias

/ 5 de agosto de 2022 / 02:08

A197 años de la independencia de nuestra patria y al margen de saludar este nuevo aniversario, deseo puntualizar el estado actual de la industria minera, hoy generadora principal de divisas y de empleo para los sectores menos favorecidos de nuestro país. El Bicentenario nos encontrará con la misma cara ya arcaica de una minería artesanal e informal predominante, de una sola mina de clase mundial (San Cristóbal) que ya se acaba en su concepción primaria y esforzándose para generar un proyecto nuevo (proyecto óxidos) que prolongue más allá de lo planeado la vida de esta mina, con algunas operaciones medianas que siguen el mismo camino de declinación productiva (San Vicente, San Bartolomé, Don Mario), otras minas pequeñas para los estándares internacionales como son aquellas de las mineras Sinchy Wayra e Illapa (ex Comsur y operadoras de la suiza Glencore), luchando por subsistir acudiendo a un nuevo operador, Santa Cruz Silver Mining y una cadena interminable de sueños de desarrollar un potencial innegablemente grande que duerme el sueño de los justos por centurias y de entrar en la industrialización de los productos mineros (hierro, plata, zinc, litio, potasio, etc.). Hay, como anoté varias veces en esta columna, un juego perverso de intereses que han impedido a través de la historia el desarrollo sostenible y que han generado un movimiento pendular a posiciones liberales o nacionalistas a su turno, cuyo resultado es estancamiento, burocracia, en algunos casos corrupción y juego de intereses corporativos. Así las cosas, no hay nada que festejar en este aniversario porque, cuando la visión de desarrollo se limita al miope horizonte de intereses corporativos o personales, los resultados son siempre negativos.

Hay un marcado desfase entre las tendencias actuales de la minería en el mundo, preocupada en el upstream, y el suministro de metales para garantizar la energía verde del futuro (v.g. plati-noides, tierras raras, cobre, grafeno, etc.) y los planes ya añejos de la minería nacional que se quiere actualizar en el país. La Comibol se dedica al estaño, zinc, plomo y plata, soñamos con reabrir minas de antaño como Mesa de Plata en los Lípez y dejamos para la minería informal de pequeña escala, yacimientos aluviales de oro del noreste del país, cuyo valor exportable ya superó todos los récords (más de $us 2.500 millones en la gestión pasada). Todo en aras de la reactivación económica, a cualquier precio y de la mano de lo que se llama democracia participativa. La vorágine de avasallamientos en ríos y tierras mineralizadas aumenta cada día bajo la mirada poco proactiva, para decir lo menos, de las autoridades llamadas por ley y el desorden cada vez es más visible para la población en general. Hay un hermetismo poco usual sobre los problemas de Vinto y sus deudas, Karachipampa y Mutún, y sus idas y venidas, el proyecto de litio y su avance, etc. Todo se limita a escuetas rendiciones de cuentas y a comparaciones estadísticas con un periodo pretérito de transición de gobierno y de pandemia, que obviamente no tiene un valor específico valorable.

Como apuntaba en una de mis columnas y parafraseando a Octavio Paz: “…en nuestra región la democracia no necesita echar alas, lo que necesita es echar raíces. Antes de vender tiquetes al paraíso, preocupémonos primero por consolidar nuestras endebles instituciones.” Ya va siendo tiempo de acuñar un pragmatismo más tecnocrático que político que nos permita salir de esta situación, corregir errores, proyectar lo valorable y abrir un horizonte de esperanza para una industria que en la coyuntura actual ha vuelto a ser de primer orden. ¡Felicidades Bolivia!

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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La Paz en su efeméride

/ 8 de julio de 2022 / 02:26

El departamento de La Paz alberga, en sus pisos ecológicos cordilleranos y de tierras bajas llamadas Yungas, una rica tradición desde tiempos de los imperios primigenios, que habla de un gran potencial en oro, plata, cobre, metales base y algunos de uso industrial como son los platinoides y tierras raras, necesarios en los alocados tiempos de transición energética que pretende bajar el nivel de contaminación del medio ambiente. Esto obliga a transgredir cánones tecnológicos y de mercado para poder hacer frente a una demanda cada vez mayor de estos metales y de una minería altamente eficiente y amigable con el entorno. Recuerdo las descripciones del padre Alonso Barba allá por 1770 de las ocurrencias minerales de estas tierras, particularmente del oro en pepitas y en finos gránulos en los ríos y arroyos de Pacajes, Larecaja, Tipuani, también en el río Choqueyapu que forma el valle de la ciudad de La Paz, llamada Chuquiago o Chuquiabo, que en lengua nativa de estas tierras quiere decir Chacra o heredad de oro (detalles en Barba, Álvaro Alonso, 1770, El Arte de los metales, en que se enseña el verdadero beneficio de los de oro y plata por azogue, el modo de fundirlos todos y cómo se han de refinar y apartar unos de otros; Madrid en la oficina de la viuda de Manuel Fernández. Año de 1770, pp. 49 y siguientes). La Paz siempre estuvo ligada al oro, se puede decir que el lugar de su fundación obedeció, entre otras cosas, al hallazgo de una pepa de oro en el río Choqueyapu. Además, en la cuenca alta del río Amazonas y en el departamento drenan los ríos Madre de Dios y Beni y sus afluentes Tipuani, Tuichi, Challana, Mapiri, etc., de donde procede la mayor cantidad de oro aluvional cuyo valor exportable ya supera los $us 2.500 millones, según datos oficiales y cuya reserva se estima en más de 30 millones de onzas (Matthews, P.F.P. 1988, Alluvial Gold Potential in Bolivia; Informe reservado para el Ministerio de Minería e Hidrocarburos de Bolivia. La Paz, Bolivia, 1988).

La Paz tiene, pues, no solo tradición sino potencial de minería aurífera y también de otros metales; volvamos a las apreciaciones del padre Barba hablando de minerales de plata: “Criase la plata algunas veces blanca y pura en las minas, atravesada como hilos en las piedras que llaman metal machacado… En Choquepiña, labor de los Incas, dos leguas de Berenguela, de la Provincia Pacajes…”, describe los hilos de “plata cornea” (Cerargirita, AgCl), explotada aún antes del descubrimiento del Cerro Rico de Potosí; hoy siglos después Choquepiña es parte del área de influencia de un proyecto de exploración de New Pacific Precious Metals (NYSE: NEWP, TSX: NUAG), que tiene resultados interesantes a la fecha. Hablando de cobre, los objetos ceremoniales de la cultura tiwanacota asentada en el entorno del mítico lago Titicaca fueron hechos de cobre extraído de minas situadas en la Serranía de Chilla al sur de las ruinas de Tiwanaku; ya en tiempos republicanos la explotación de este metal se extendió a vetas de cobre en sedimentos rojos ubicados en la periferia del altiplano paceño. Y podríamos seguir con el estaño, zinc, plomo, etc.

Lo importante es puntualizar que pese a la tradición y el potencial, La Paz no se consideró nunca una región minera; el espíritu metropolitano de sus habitantes, ocupados en los vaivenes de la política nacional, desdeñó el desarrollo de una burguesía minera como en otros departamentos y dejó la iniciativa a pocas empresas de capitales nacionales y/o extranjeros, y a mineros artesanales y cooperativas sobre todo auríferas. La fiebre del oro que vivimos hoy, que más que fiebre es una tempestad de operaciones informales, algunas ilegales, está desarrollando una bomba de tiempo en los ecosistemas aledaños y en la sociedad en general. He tratado el tema muchas veces en esta columna; en el mes de la efeméride paceña solo queda desear sabiduría para los paceños y para todos los bolivianos, para encontrar el golpe de timón que cambie esta situación, como el mejor homenaje a La Paz.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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Exploración minera, ¿un ’boom’ en ciernes?

/ 10 de junio de 2022 / 01:55

El tema de hoy se manejó con más corazón que cerebro desde que en los años 60 comenzó con ayuda de instituciones internacionales la tarea de levantar la carta geológica nacional y el potencial minero del país, trabajo cuyo actor principal fue el Servicio Geológico de Bolivia (Geobol), con el soporte de instituciones del ramo (Comibol, YPFB, universidades y otras); el intento tuvo éxitos, sobresaltos, interrupciones y reinicios en respuesta a los cambios políticos y a los intereses conexos. No es mi intención entrar en el detalle de este tema (el lector interesado puede consultar mi libro De oro, plata y estaño. Ensayos sobre la minería nacional, Plural Editores 2014 y 2017, La Paz-Bolivia), sino mostrar cómo en más de medio siglo de tantas idas y venidas, no hemos podido consolidar un portafolio de largo alcance para el desarrollo de la industria minera del país.

Hoy vivimos un “frenesí” alocado en busca de oro y plata, vedettes del mercado de commodities y de nuestra producción, pese a que Bolivia era potencial de primera línea en ambos metales desde los imperios primigenios y la conquista y explotación colonial, respectivamente. La Corporación Minera de Bolivia (Comibol), por ejemplo, llegó a controlar en los años 80 más de 600.000 hectáreas (ha) para explorar la cuenca aurífera de los ríos Madre de Dios, Beni, Madera y sus afluentes, pero por algún extraño designio y el cambio de política económica de ese tiempo, se abrió el área a privados y con el pasar del tiempo se revirtió a dominio del Estado las concesiones de la minera estatal —¡Qué tal!—, y así llegamos a la situación actual, un aberrante crecimiento de la minería informal, cooperativa y artesanal que ya produce un valor exportable superior a los $us 2.500 millones, sin control técnico, laboral ni de cuidado ambiental. Con estas idas y venidas no se puede tener un proyecto de exploración sostenible ni sustentable. Habíamos vivido un boom de exploraciones en los años 90 que significó el descubrimiento de nuevas minas, algunas de clase mundial, que cambiaron la capacidad productiva del país en los primeros años del nuevo siglo, San Cristóbal, San Bartolomé, San Vicente, Don Mario, Khory Chaca y otras, se sumaron a Khory Khollo, la única mina de oro a cielo abierto que tenía el país en los años 80.

La consolidación del Estado Plurinacional en 2006 supuso un vacío de actividad exploratoria hasta la definición de la nueva legislación en 2014, cuando se dieron algunos atisbos de reactivación por empresas con intereses en el país y de algunos grupos asiáticos, especialmente chinos (1). La declinación del súper ciclo de commodities en 2012 y algunas estatizaciones (v.g. Mallku Khota en 2012, Amayapampa en 2013), tuvieron un efecto negativo y los proyectos se tamizaron en aquellos de mayor soporte económico y en inversiones especulativas que migraron al sector minero aurífero informal. Pese a todo, hubo actividad exploratoria de muy bajo perfil en el contexto empresarial: el proyecto óxidos de Minera San Cristóbal con una inversión de $us 300 millones; un proyecto similar de Minera Paititi en el área del precámbrico para ampliar la vida útil de su mina Don Mario; New Pacific Metals Corp., con su subsidiaria en Bolivia Minera Alcira S.A., operando tres áreas en el altiplano y cordillera occidental: Silver Sand, Silver Strike y Carangas en los departamentos de Potosí, La Paz y Oruro, con resultados más que interesantes; Minera Manquiri en proyectos de metales base y residuos minerales en superficie (Asiento, Tatasi-Portugalete) y en áreas nuevas (Cachi Laguna); el grupo Glencore que transfirió sus activos a Santa Cruz Silver Mining; Andean Precious Metals, que controla el proyecto aurífero San Pablo en el cinturón de oro orogénico del departamento de Potosí; Mantaro Precious Metals con su proyecto Golden Hill, en el cinturón precámbrico de esquistos verdes al sur de la mina de oro Puquio Norte, explotada hasta los años 90, etc. Todo muestra reactivación de la exploración, apalancada por las condiciones del mercado de commodities y los descubrimientos en curso, que soportan la idea de un nuevo boom exploratorio en ciernes.

(1) D. Agramont y Bonifaz G. 2018, ‘El desembarco chino en América Latina y su manifestación en Bolivia’. Plural Editores, La Paz, Bolivia. Friedrich Ebert Stiftung (FES), La Paz Bolivia.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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