Voces

miércoles 20 oct 2021 | Actualizado a 13:20

Una historia cruceña que contar

/ 18 de septiembre de 2021 / 01:46

Entrada la década de 1950, el catastro correspondiente a Santa Cruz de la Sierra registraba no más de 50 propietarios. Buena parte de estos señores ostentaba títulos de propiedad emanados de la colonia. Mínimamente el 70% de la población vivía en condiciones de hacinamiento. Las tres anteriores afirmaciones fueron hechas por quien fuera uno de los más importantes autores del crecimiento y esparcimiento urbano de Santa Cruz de la Sierra: Luis Sandoval Morón.

Lucho, como le llamaban sus allegados, escribió desde su exilio en Buenos Aires en 1975 el libro Revolución y contrarrevolución en el Oriente Boliviano. 1952-1964. La obra, como él mismo define en su introducción, es su testimonio sobre los hechos históricos después de la insurrección del 9 de abril, desde la óptica de Santa Cruz. El libro ha sido reeditado en diferentes ocasiones, por ejemplo por la Universidad Gabriel René Moreno durante la rectoría de Reymi Ferreira, o por el extinto fondo editorial de la Cámara de Diputados en 2009. Con todo, hoy es una pieza de colección, no disponible en versión física para la venta, razón por la cual el prologador de las últimas ediciones, Homero Carvalho, se brindó a compartirlo con esta autora en formato digital.

“Considero necesario que se empiece a escribir la historia del pueblo y sus dirigentes. Nosotros, los revolucionarios, tenemos la tarea de romper el monopolio de la historia escrita por las clases dominantes y explotadoras que se difunde hasta hoy.” (1) Esa es la sentencia de Sandoval con la que justifica la importancia de su libro. Quizás en aquel entonces el autor no sabía que su aporte sería uno de los pocos registrados en la bibliografía nacional con esa especificidad: Santa Cruz durante el gobierno emanado de la insurrección popular del 9 de abril de 1952.

Dirigente prominente del MNR, fue una de las voces con mayor autoridad en el oriente boliviano durante el gobierno de su partido. Luis Sandoval Morón, invicto en la conducción del comando departamental rosado, es reconocido como uno de los caudillos más relevantes del siglo XX en Santa Cruz. Su habilidad dirigencial le permitió liderar la conformación de sindicatos campesinos, células obreras, comandos zonales de vecinos y milicias urbanas en defensa de la línea popular del Gobierno Nacional. Enfrentó fervientemente desde lo que él denominó la “Tendencia Popular Revolucionaria” de izquierda, a la “Tendencia derechista del MNR”. La primera parapetada en el comando departamental y la segunda, empoderada con altos puestos en la burocracia nacional.

Lo anterior es el marco referencial para entender y, por supuesto, homenajear, la importancia de lo alcanzado por la izquierda emenerrista cruceña. En efecto, Luis Sandoval Morón está en los anales de la historia cruceña no solo por su liderazgo político, sino que por efecto de éste, por la reforma urbana que logró movido por sus principios de justicia social. Así pues, para 1956, el Comando Departamental del MNR había impulsado, incluso al margen de las normas vigentes de aquel entonces, la creación de más de 30 nuevos barrios habitados por trabajadores, maestros y artesanos.

“La mayoría de la población pobre se hacinaba en los llamados ‘tambos’ que, en relación a la extensión de la ciudad, habían proliferado mucho (tambo Hondo, tambo Comercio, tambo Cosmini, tambo Muchirí, tambo Aroma, tambo Limpio, tambo Calama entre muchos otros). Estas viviendas eran constituidas por una serie de cuartos simplemente de paja y barro. Algún alero hacia adentro y un patio común. Allí vivían, en cada cuarto, cuantas personas pudiesen entrar, en lamentable hacinamiento, con las graves consecuencias que ello trae tanto en el aspecto sanitario, y de deformación de la personalidad humana. Los alquileres eran cobrados a criterio del propietario”.

Solo la reforma urbana en sí misma constituye una revolución. Los pobres y vilipendiados accedieron en aquel entonces a un pedazo de tierra urbana propio. Aquel loteamiento modificó la disposición de la ciudad y, de hecho, fundó la ampliación de lo que hasta entonces no era más que la subsistencia de una pequeña urbe organizada en damero colonial.

Es evidente que los 12 años de gobierno del MNR, posteriores a la insurrección popular del 9 de abril, marcaron el crecimiento de Santa Cruz. Como sostiene Sandoval Morón, por un lado el gobierno central de entonces potenció la agroindustria cruceña buscando constituir la llamada burguesía nacional, financiando su desarrollo con recursos fiscales. Y por el otro, como se ha leído en este texto, otorgando a los de abajo la posibilidad del techo propio.

(1) Sandoval, Luis. “Revolución y Contrarrevolución en el Oriente Boliviano. 1952-1964”. Fondo Editorial de los Diputados. La Paz. 2009. Página 31 (2) Idem. Página 101

Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya.

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El saldo de septiembre

/ 2 de octubre de 2021 / 01:52

No es una novedad decir que la construcción de las identidades es una cuestión relacional. Se es del sur en tanto hay otros que sean del norte, pues si en el norte no hubiera habitantes, no existiera la necesidad de identificarse como sureño. Muchos estudiosos desde hace ya varios años reflexionan y teorizan al respecto. No es novedad, pero es urgente recordarlo. Benedict Anderson en 1983, por ejemplo, plantea en su obra cumbre, Comunidades Imaginadas, que las naciones son justamente eso: comunidades imaginadas. Imaginadas en el sentido de que no son entes que existen desde tiempos inmemorables, sino que emergen de un mito fundacional a partir del cual se construye una “historia sagrada” atravesada por mitos idealizantes y localizada en un territorio específico.

La nación en tanto construcción moderna, dice Anderson, es una categoría excluyente en el sentido de que su existencia en el mismo territorio no es compatible con otras naciones, compuesta por los mismos individuos. La modernidad, trenzada a la nación, modificó la noción conocida hasta entonces de Estado, dando lugar al mentado Estado Nación. Puesto en cuestión hoy en día ese concepto, genera una serie de conflictos y no podría ser de otra manera, pues la historia ha comprobado que el Estado Nación es homogeneizante, es patriarcal y, en síntesis, es el palacio por excelencia del statu quo. En parte, el concepto jurídico Estado Plurinacional es la respuesta epistemológica de Bolivia y Ecuador —desde sus procesos constituyentes— ante esta problemática.

Sin embargo, en Bolivia el Estado Nación tampoco generó la calma y la paz social que hoy algunos falsamente dicen añorar para decorar discursos políticos de intolerancia. Ciertamente, el Estado Plurinacional tampoco generó aquello, pues en opinión propia el objetivo político de esta nueva construcción no es el acuerdo nacional hacia un destino común, sino que es la oportunidad de erigir algo distinto a lo existente, donde básicamente la regla sea no someter a lo plural en función de lo singular.

Revisando los discursos políticos cruceños del siglo XX, sobre todo de la segunda mitad, se evidencia que el inconformismo con el Estado Nación marcó su ideología. Lo anterior no presentó variación durante el emenerrismo, ni durante las dictaduras militares, ni durante la época de la democracia pactada y la megacoalición. Se han presentado una serie de argumentos, algunos pueriles y otros interesantes, para exacerbar el rechazo al centralismo que, por supuesto, también es un rechazo profundo al occidente y más propiamente a lo colla. Claramente, hay una continuidad y no una novedad.

Un liderazgo de tipo fascista es posible solo en un contexto de fascistización y para éste es bastante conveniente incentivar la intolerancia para con la diferencia. Aquello deja como resultado básicamente dos cosas. La primera, una satisfacción personal para el líder pues expresa libre y públicamente sus convicciones, mismas que en un contexto de “calma” no serían bien criticadas por la opinión pública. La segunda, una ganancia en su aceptación social, bajo la premisa —como ya se dijo— de la fascistización de la sociedad.

Ha terminado septiembre, el mes de la fiesta mayor cruceña, mes en el que, dicho sea de paso, se prestan de mejor manera las condiciones para exacerbar el rechazo a lo colla que es también el rechazo al Gobierno del MAS. El saldo de este septiembre cruceño está marcado por la intolerancia. El Gobernador de Santa Cruz le ha negado el derecho a hablar al Vicepresidente, aymara, calificado de acuerdo común como la persona más conciliadora del Gobierno. Las feministas que llegaron a manifestarse en la plaza principal de la ciudad fueron violentadas por personas que seguramente aplaudieron que pocos días atrás se haya chicoteado a gente en el mismo lugar. No es poco.

Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya

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‘¡Abajo Dios y su concubina la Patria!’

/ 4 de septiembre de 2021 / 02:10

Durante las primeras décadas del siglo XX circularon en Bolivia algunos textos anarquistas de autores como Bakunin, Proudhon, Tolstói y Kroptokin, cuyas ideas motivaron e inspiraron a muchos jóvenes de aquella época. Uno de ellos, casi nunca nombrado en la historia oficial, fue el anarquista cochabambino Cesáreo Capriles a quien se le atribuye el grandilocuente grito de protesta “¡Abajo Dios y su concubina la Patria!”. Este personaje, que cautivó a quienes llegaron a conocer y estudiar su vida, es rememorado por Pablo Stefanoni en su libro Los inconformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una Bolivia en crisis (1925-1939).

Nacido en una familia católica y poseedora de un importante capital cultural, Cesáreo llegó al mundo en 1883. Contó con una significativa biblioteca familiar, que le permitió desarrollar tanto el hábito de la lectura como el pensamiento crítico. No era un hombre parecido al promedio de los de su tiempo. A lo largo de su vida residió en diferentes latitudes; en su juventud, por ejemplo, vivió en 1907 en Uncía donde pretendió emprender un negocio de comunicaciones telefónicas y tras su fracaso permaneció ahí trabajando como vendedor en una pulpería. Huáscar Rodríguez García, autor de La Choledad antiestatal, el anarquismo en el movimiento obrero boliviano (1912- 1965) estudió algunas epístolas de aquel tiempo, firmadas por Capriles. Durante la segunda mitad de los años 20 se mudó a La Paz y posteriormente a Estados Unidos, donde trabajaría alrededor de un año en una mina de carbón.

Pero los datos anteriores que a priori presentan características no curiosas, toman relevancia con Arte y Trabajo, la revista que fundó en 1921 Cesáreo Capriles. La publicación, estudiada por historiadores afines a la historia de las ideas como Nivardo Rojas, fue uno de los espacios alternativos más importantes para la difusión de ideas críticas y revolucionarias para la generación de los inconformistas del bicentenario, a decir de Stefanoni. Impulsada por el anarquista Capriles, Arte y Trabajo no fue solo una revista de pensamiento anarquista, sino que reunió entre sus autores a un abanico de escritores que hoy forman parte de los anales de la Historia. Entre ellos se puede mencionar a José Antonio Arze, un ícono del marxismo boliviano, quien además fue parte del directorio de la revista y cercano amigo de Capriles; o la poetisa insigne de Bolivia, Adela Zamudio. La política partidaria, la cultura, el cine y el debate ideológico, entre otros temas, encontraron cabida en la publicación que se sostenía en parte por los espacios publicitarios que ésta contenía y en parte por el bolsillo de su impulsor.

Arte y Trabajo tomó posición contestaria y obrerista respecto a diversos acontecimientos y tensiones políticas de la época. Fue, sin lugar a duda, parte fundamental del proyecto de vida que Guillermo Lora atribuyó al anarquista, esto es “empujar hacia adelante el proceso social”. Tristemente, hoy en día no se tiene una colección completa de lo que fueran los 10 años de vida de aquella revista.

Así, con el giro político que significó para el círculo anarco-comunista cochabambino la presidencia de Hernando Siles y el consecuente “silismo” al que se enfilaron muchos de sus amigos cercanos, Capriles tomó distancia de Cochabamba, con rumbo a La Paz y después a Estados Unidos, como se mencionó antes. Posteriormente, fiel a sus principios, para la década de 1930, deviene en uno de los convencidos de que la Guerra del Chaco no era la única opción del país; es de suponer que Capriles fuera un crítico del nacionalismo exacerbado que planteaban el Gobierno, los militares y los defensores de la guerra. Su anticlericalismo fue una constante, tal el punto que, como relata Pablo Stefanoni recogiendo los recuerdos de don Nivardo Paz Arce, Cesáreo solía perturbar a las monjas en las calles con expresiones efusivas como “¡Viva el demonio!”.

El pegacuras, apodo que le fuera dado a Capriles por haberle propiciado unos golpes a un sacerdote franquista que se cruzó con él en un comercio, fue un personaje de alta creatividad, de alto compromiso social y, por supuesto, un hombre sin filtros impuestos por las convenciones sociales conservadoras. Escribir sobre Capriles, parafraseando a Stefanoni, es algo muy parecido a profanar una tumba, pues entrado en los 70 años de vida, como testimonio nietzscheano de su existencia, dice Rodríguez García, el anarquista decidió desaparecer del mapa. Lo último de él que supieron sus conocidos fue que recabó todas sus fotografías y la mayor cantidad posible de cartas que firmó; probablemente las desapareció antes de desaparecer él mismo. Pablo Stefanoni cierra el acápite de su libro referido a Arte y Trabajo y Cesáreo Capriles mencionando que todas las hipótesis plantean que el anarquista se adentró al Chapare para nunca volver a la vida y vanos fueron los intentos de sus amigos e incluso de la Escuela de Aviación para encontrarlo. Nunca sucedió y hasta hoy no se tiene ni una sola fotografía del pegacuras.

Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya

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La Semana Mundial de la Lactancia Materna

/ 7 de agosto de 2021 / 00:52

La OMS y la UNICEF establecieron en 1990 instalar cada primera semana de agosto la Semana Mundial de la Lactancia Materna con el objetivo de defender, crear conciencia y estimular acciones sobre temas relacionados con la alimentación a través del pecho. Hoy en día más de 120 países en el mundo celebran esta semana, entre los que se encuentra Bolivia. Esta campaña, básicamente, radica en el incremento de la producción y consumo masivo de los sucedáneos de la leche materna —vale decir, leche de fórmula—, en detrimento de la alimentación mediante amamantamiento natural.

La alimentación artificial para niñas y niños recién nacidos empezó su recorrido en el siglo XIX, pero registró un boom en la década de 1970. Esa explosión fue generada por una intensa y abusiva campaña publicitaria, ciertamente muy exitosa, que promovía el abandono de la lactancia. En Estados Unidos, por ejemplo, en dicha década llegaron a registrarse solo 15 puntos porcentuales de niñas y niños alimentados por leche materna. La idea de la desmejora del cuerpo de la madre con la lactancia, particularmente de los pechos, y la lactancia materna como causa de la desnutrición infantil fueron algunos de los más fuertes móviles publicitarios. Mucho de lo planteado aquel entonces quedó insertado en el sentido común de diversos actores vinculados al binomio madrehijo. De ahí que hasta hoy sea común escuchar de médicos, de enfermeras, incluso de otras madres, decretar que a la nueva mamá no le alcanza la cantidad de leche o, de otro lado, que no contiene los nutrientes suficientes para el bebé. La humanidad es la única especie mamífera que ha puesto en cuestión la alimentación natural de sus recién nacidos.

Ahora bien, ¿qué dice la ciencia de las características y propiedades del amamantamiento? Por un lado, se apuntan los beneficios para el lactante. La leche materna es el alimento perfecto, contiene al menos 300 componentes versus los 100 que puede contener la leche de fórmula. Además, al ser un alimento producido sincrónicamente con el desarrollo del recién nacido, se modifica de acuerdo con las necesidades del bebé. Hasta hoy no se ha producido ningún alimento para los recién nacidos que contenga inmunoglobinas para evitar enfermedades, enzimas para el desarrollo correcto del sistema digestivo, así como probióticos y hormonas. Es el hidratante perfecto por su alto contenido de agua y contiene, además, la porción de grasa ideal para cada bebé.

Pero el recién nacido no es el único beneficiario de la lactancia materna. Así, de otro lado, se apuntan múltiples beneficios para la madre lactante. Diversos estudios han demostrado que las probabilidades de prevenir tanto el cáncer de mama como el de ovario son mucho más altas en mujeres que amamantan. El Código Europeo contra el Cáncer, de hecho, ha concluido que las probabilidades de no padecer estas enfermedades aumentan en proporción al tiempo de lactancia. Para producir leche, el cuerpo de la mujer requiere oxitocina o la “hormona de la felicidad”, la cual entre otras cosas contribuye al alivio veloz de los dolores posparto. Además, la producción de leche ayuda a la metabolización de grasas y azúcares, incluidas las acumuladas durante el embarazo, con lo cual se previene de mejor manera el padecimiento de enfermedades como diabetes o hipertensión.

El acto de amamantar, sin embargo, no es solo un acto alimenticio. La teta es termorreguladora, ideal para dar calor en el frío y refrescar en el calor. La teta es seguridad, confianza, relax y consuelo para el bebé; en este marco, es el mejor esquema para el vínculo emocional madre-hijo. Por si fuera poco, no tiene costo y es 100% amigable con el medio ambiente.

Amamantar es uno de los actos naturales que más cuestionamientos enfrenta. En ese contexto, amamantar es un acto de valentía y un ejercicio de soberanía. Sin dudas existen las madres que deciden por voluntad no dar el pecho, lo cual es absolutamente respetable; pero también está evidenciado que la mayoría de las mujeres que abandona o no practica la lactancia llega a aquello por falta de apoyo. Lactar demanda apoyo, apoyo del entorno familiar, apoyo profesional tanto pediátrico como de expertas en lactancia, apoyo social y, por supuesto, se requieren normas actualizadas capaces de proteger a las mujeres lactantes en sus derechos y capaces de generar políticas públicas para promover el amamantamiento.

Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya.

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Keiko, la combinación entre Áñez y Mesa

/ 12 de junio de 2021 / 01:16

Se ha dicho reiteradas veces que el feminismo no es una guarida de proyectos conservadores, racistas o de derecha así éstos vengan de mujeres. Ciertamente, algunos malos intérpretes de la posmodernidad han intentado consolidar el feminismo como un sinónimo de la condición biológica “femenina”. Las comillas refieren a la variabilidad y relatividad de lo femenino, mismo concepto que varía entre épocas, lugares y relaciones de poder. El mantra feminista es, pues, una verdad: el género es una construcción social. Keiko Fujimori, la perdedora en la reciente segunda vuelta electoral en Perú, es la representación perfecta de cómo una mujer persigue un proyecto nacional en defensa del statu quo y, por tanto, del patriarcado.

Hay quienes sostienen que lo políticamente correcto para el siglo XXI es apostar por los liderazgos femeninos, lo cual es correcto en tanto ese liderazgo represente la instalación de un paradigma revolucionario para las sociedades. Es incorrecto, en cambio, si la apuesta no incluye una propuesta de desmoronamiento del sistema imperante, sistema explotador, injusto y en contra de la vida. La sola posibilidad de que Keiko Fujimori, heredera del fujimorato —que es la forma de política más sangrienta de la historia republicana peruana— acceda a la silla presidencial del vecino país era una amenaza para cualquier propuesta revolucionaria y feminista.

Lo anterior, como planteamiento teórico, se comprobó hace poco en Bolivia, durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez, una mujer con más de 10 años en la vereda conservadora de la política, exactamente igual que Keiko Fujimori. La segunda mujer en ejercer la presidencia en la historia del país —llegada tras un golpe de Estado— representó un pleno retroceso para los avances cualitativos que habían alcanzado las mujeres políticas en el territorio nacional. Pero, dejando de lado esto que no es poca cosa, no puede dejar de mencionarse que el gobierno de Áñez dejó en su haber decenas de muertes, de heridos, perseguidos y procesados injustamente. Basta mencionar aquello para anular cualquier reclamo de quienes a nombre de feminismo pretendan defender esa gestión de gobierno, solo porque los decretos los firmaba una mujer.

Los proyectos políticos no están determinados por el sexo biológico de las o los líderes. Que valga la redundancia. De hecho, es por demás interesante ver la similitud de la reacción de Keiko Fujimori y la de Carlos Mesa ante una elección perdida. Se vio arguyendo una un “sistemático” y otro un “monumental” fraude electoral, ambos persiguiendo el mismo objetivo: patear el tablero democrático y hacerse del poder a toda costa. Un hombre y una mujer contemporáneos, con tradiciones políticas similares, aunque no idénticas, demuestran de esta forma que comparten patrones de operación política y que ella, aún siendo mujer, está exactamente alineada con la política conservadora, misma que es en esencia patriarcal y, bajo la teoría feminista, machista.

Por otro lado, es importante mencionar que la opción partidaria feminista peruana ha militado la campaña del hoy presidente electo del Perú, Pedro Castillo. En efecto, Juntos por el Perú, liderado por la sureña Verónica Mendoza —reconocida política progresista y feminista— puso a disposición de Castillo a su bancada electa, a sus bases y a su estructura en general. De igual manera, plurales colectivos y organizaciones feministas decidieron enfrentar la campaña de Fujimori, aunque no compartieran con Castillo ciertos debates, por quien terminaron votando en busca de un futuro mejor para su país. La avanzada y la claridad feministas fueron autoras de la campaña “de Warmi a Warmi”, justamente en respuesta al “mujer a mujer” que el fujimorismo lanzó para sumar mujeres a su electorado.

“Te conocemos Keiko. Tu ‘mujer a mujer’ es otra artimaña para engañarnos a elegirte presidenta. Pero nosotras sabemos qué hicieron, como fujimoristas, tu padre, tu bancada y tú contra las mujeres: Sabemos de las esterilizaciones forzadas a miles de mujeres campesinas quechua-hablantes, que llamas ahora ‘planificación familiar’”.

El balotaje peruano significa hoy un importante avance progresista para la región. Asimismo, la derrota de Fujimori significa una bocanada de oxígeno para la irradiación feminista en la política partidaria. Queda claro que cada vez que una mujer declarada y deliberadamente machista se hace del poder, los derechos conquistados entran en amenaza, tal y como sucedería en el caso de un hombre. Pero queda también claro que cada vez que una o un político conservador adquiere fuerza electoral, la unidad del campo popular mejora significativamente sus condiciones.

Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya

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La maternidad es un camino de incertidumbres

/ 29 de mayo de 2021 / 01:57

Hace pocos meses la editorial El Cuervo imprimió la edición boliviana de uno de los libros más disruptivos respecto a la maternidad: Mamá Desobediente de la española Ester Vivas. En este ensayo, la autora revisa una serie de fuentes históricas con las que constata, por ejemplo, que el parto en tanto reproducción de la vida e instancia de poder, ha sido asaltada por el poder de los hombres. Vestigios incluso ya prehistóricos evidencian que la ciencia del nacimiento estuvo bajo el comando de las mujeres, tanto de las mujeres gestantes como de las sabias parteras que trabajaban conjuntamente para dar lugar a la llegada de una nueva persona.

Pero con la cacería de brujas que inicia el siglo XV y se extiende hasta el XVII, las comadronas empiezan a ser perseguidas y acusadas de brujería, llegando a ser muchas de ellas, quemadas vivas. Justamente en este periodo es cuando el nacimiento se mercantiliza y la ciencia médica relega definitivamente a las mujeres especialistas en el tema, quitándoles su campo de acción o dejándoles roles secundarios de asistencia al médico varón. Este quiebre, finalmente, desnaturaliza el nacimiento y la crianza de la primera infancia, dejándola organizada bajo patrones antinaturales, dictados por el médico.

La modernidad y la instalación del modo de producción capitalista constituyen el tiempo en el que la maternidad deja de ocupar el lugar protagónico que otrora tenía en las sociedades. Pero no solo eso, sino que ser madre se convierte en uno de los caminos más pedregosos para recorrer. Las jornadas laborales, la problemática de la propiedad de la tierra y el rigor civil que empieza a determinar la interacción social son sencillamente incompatibles con las necesidades naturales que demanda la maternidad, sobre todo en los primeros años de vida de las niñas y los niños. Lamentablemente, esta incompatibilidad hoy está perfeccionada.

En efecto, las sociedades actuales, patriarcales y capitalistas son incompatibles con el desarrollo de la maternidad. A lo anterior se adhiere perfectamente la instalación de fechas conmemorativas como el muy celebrado “día de la madre”, mismo que en Bolivia tiene como origen un importante levantamiento de mujeres, sin que esto diluya el carácter comercial y de marketing que hoy impera en la celebración. En resumen, es válido menospreciar el trabajo de las madres todo el año si es que en el día conmemorativo se entregan regalos o tarjetas.

El acto de maternar que naturalmente es un acto social y que demanda comunidad hoy es prisionero del individualismo y de la falta de empatía. Por un lado, la legislación nacional aún es insuficiente a la hora de proteger a las madres. Por ejemplo, la escasa seguridad social o las dificultades para acceder a un empleo que atraviesan las madres campean, sobre todo en el ámbito privado. Por otro lado, el imaginario colectivo, determinado por las condiciones capitalistas, organiza los hogares de manera tal que todo el trabajo doméstico recae, generalmente, en las madres.

Cuando una mujer, que ya vive conflictuada por su género, se convierte en madre, se convierte también en una persona que atraviesa muchas más dificultades. Y por si fuera poco, el ser madre está planteado como el destino obligatorio de las mujeres después de cierta edad; eludir este destino aún hoy es un acto que muchos perciben como antinatural. En suma, la sociedad exige que las mujeres devengan en madres pero es absolutamente perversa y dañina con las mujeres cuando esto sucede.

Dice Vivas, en su libro, que “la maternidad no es sino un camino lleno de incertidumbres”. En ese camino, por lo general, se pierden sueños, planes e historias, por efecto de las estructuras patriarcales que con mucha rebeldía y fuerza hoy cada vez más mujeres están decididas a romper o, mínimamente, combatir. Ciertamente el mundo será un lugar mucho más justo y feliz si es que las mujeres madres llegan a conciliar sus proyectos de vida, los propios y los que están propiciando para sus hijas e hijos.

Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya

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