Nuevamente la wiphala nos convoca para defender nuestra dignidad, nuestra soberanía, nuestra revolución democrática y cultural, como hace 529 años cuando nuestros abuelos alzaron la wiphala como símbolo de rebelión y sublevación ante la Corona española.

Durante el periodo de las culturas ancestrales, la wiphala fue el símbolo de unión y articulación de las naciones andinas, amazónicas y chaqueñas, respetando la diversidad cultural para que todos tengan todo lo necesario y a nadie le falte nada, esa es la cultura de la vida que nos heredaron nuestros ancestros.

Sin embargo, el 12 de octubre de 1492 invadieron nuestro hogar, invadieron el Abya Yala para saquear los recursos y riquezas naturales, para esclavizar, evangelizar y exterminar a gran parte de los pueblos indígenas originario, instaurando lo que hoy se conoce como América.

Por tanto, no fue el encuentro de dos culturas, no fue un proceso de prosperidad, paz y entendimiento, como afirman algunos historiadores conservadores o la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Durante la Colonia hubo una invasión, fue la satanización de nuestra identidad cultural, fue el mayor genocidio de la historia, que arrasó con 90 millones de hermanos indígenas.

Para los pueblos indígenas no cambió la historia. Más aún durante la República se profundizó el exterminio, el genocidio y el etnocidio, que es el desconocimiento de las identidades culturales. Una vez más, la wiphala emergió como un símbolo de rebelión, un símbolo ancestral de lucha por la defensa de la vida, los recursos naturales y la identidad cultural.

A 529 años de la resistencia, los pueblos indígenas originarios estamos cumpliendo con nuestra agenda de lucha: reconstituir nuestra identidad cultural, promover los procesos de cambio a través de las Asambleas Constituyentes, consolidar los Estados Plurinacionales, y defender los derechos de la Pachamama, la Vida.

En tiempos de cambio, la wiphala, nuestro símbolo sagrado ancestral, cobija a los pueblos indígenas, organizaciones sociales, sindicales, jóvenes y profesionales para seguir caminado en este nuevo amanecer, para pasar de la resistencia a la propuesta, porque unidos en la diversidad, los pueblos del sur proponemos un cambio estructural, migrar del Estado Colonial Republicano al Estado Plurinacional.

Migrar al Estado Plurinacional no significa retroceder, sino cambiar la estructura capitalista, antropocéntrica, depredadora, consumista, deshumanizadora y competitiva, para vivir en armonía y equilibrio con la Madre Tierra, promoviendo la complementariedad, la diversidad y la paridad, es decir retornar a nuestro paradigma comunitario de vida.

Es hora de regresar a casa, es hora de reencontrarnos con nuestras raíces milenarias, porque la fortaleza de nuestra revolución democrática y cultural se encuentra en nuestra identidad, en la sabiduría ancestral de Tupak Katari, Bartolina Sisa, Tupak Amaru, Micaela Bastidas, o los líderes históricos mapuches Caupolicán y Lautaro, o los jefes indios de Norteamérica, Oso Blanco y Toro Sentado.

No estamos solos, no somos huérfanos, en esta lucha nuestros abuelos nos acompañan.

Abya Yala despertó. A 529 años del periodo mas nefasto y oscuro de nuestra historia, desde el sur estamos proyectando y construyendo un nuevo horizonte de vida: América Plurinacional de los Pueblos para los Pueblos.

Nuestra identidad cultural es como un árbol de raíces profundas, por más que quieran romper las ramas o deshojarla, volverá a crecer, porque los pueblos como afirmaba mi Abuela Biviana Mamani Chacolla: “Wiñay markanakaja wiñayan wiñayaniwa, los pueblos ancestrales son eternos en la eternidad”.

Fernando Huanacuni Mamani es excanciller de Bolivia.