Voces

miércoles 6 jul 2022 | Actualizado a 13:00

Hablando de fantasmas…

/ 21 de octubre de 2021 / 01:31

Hace mucho que no presto atención a los mensajes de WhatsApp que vienen impregnados de ignorancia, facilismo y sobre todo cargados de mentiras hasta la saciedad, pero este fin de semana me fijé en un video que revisaba una amiga sentada a mi lado. Reconocí la voz con acento circense del dictador chileno Augusto Pinochet, la grabación no tiene la fecha, en resumen habla de los engaños de los comunistas a los ciudadanos. El video tiene una inscripción debajo de la imagen de Pinochet y dice “Dio el golpe de estado (sic) en 1973 derrotando al presidente comunista Salvador Allende. Desde ese momento fue odiado por los comunistas”.

El video continúa con la imagen de un supuesto ciudadano chileno absolutamente obsceno en sus expresiones, que protesta contra quienes en ese momento están realizando una marcha, por unos instantes uno piensa que textualmente va a reventar de ira. Luego aparece un joven asegurando que ya no existe la República de Chile a partir de la Constituyente y así siguen una serie de “buenos ciudadanos” que se arrepienten por haber votado “apruebo” para cambiar la Constitución del tiempo de Pinochet. La única imagen de una indígena les sirve para reafirmar que el comunismo asola cuando se les escucha decir que ahora se pueden cambiar el himno o la bandera, porque están en un proceso de refundación del país.

Quienes en el video lloran, aseguran tener rabia, vergüenza por los cambios en su Constitución, no tienen ninguna vergüenza, ninguna rabia por los cientos de miles de testimonios de torturas salvajes, fusilamientos a plena luz del día que se vivieron en varios países latinoamericanos con el Plan Cóndor. En este octubre vuelven a salir viejos fantasmas como el comunismo y el terror de quienes lo ven merodeando ante el menor asomo de mejoramiento social para los sectores excluidos. No les entra en la cabeza que mientras la mayoría de la población no mejore sus estándares de vida, nuestros países permanecerán en la pobreza y terminarán jalando para abajo a quienes gozan de bienestar.

Con parecido desparpajo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha afirmado que “el indigenismo es el nuevo comunismo”, es decir el nuevo terror que hay que destruir antes que acabe con todo lo demás. La señora Díaz Ayuso se olvida de la destrucción de los pueblos indígenas en toda América ocasionada durante la colonia en nombre de la cruz y la espada.

Los indígenas en toda América no son el fantasma del comunismo, ni el terror, ni los invasores, ni mucho menos los avasalladores de tierras y culturas ancestrales, sino todo lo contrario. Es tiempo de comprender que deben ser respetados y que sin su participación plena somos sociedades incompletas y sin culturas propias, sentados frente a un eurocentrismo, cuyas reglas, por anticipado nos declaran perdedores.

Lucía Sauma es periodista.

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Vacaciones, tiempo de disfrute

/ 30 de junio de 2022 / 00:55

El lunes 4 de julio, casi 3 millones de estudiantes de primaria y secundaria saldrán de vacaciones invernales en Bolivia. ¿Qué harán? ¿A qué se dedicarán? ¿Cuántas horas estarán pegados a sus celulares, tablets o a sus computadoras? Aprovecharán para dormir hasta más tarde, estarán en sus casas quizás callados, quietos, encerrados. ¿Ese silencio, esa rutina, ese dejarse estar es el que queremos para los niños y adolescentes? Si algún adulto contesta que eso sería lo ideal, es porque olvidó cómo era él mismo cuando tenía 6, 10 o 18 años.

Las vacaciones son un tiempo para aprender, sobre todo de la vida, de su importancia, de cómo ser mejor ser humano, más creativo, más útil para sí mismo y por ende para los demás. Este periodo fuera de las aulas debe ser fuente de revelaciones para descubrir verdaderos talentos en el deporte: fútbol, ráquet, natación, atletismo. Vocaciones artísticas en el arte: pintura, danza, teatro, escribir historias, cuentos. O el desarrollo de liderazgos: organizar actividades en la casa, la cuadra, el barrio, conformar grupos con actividades específicas.

Es verdad que en el caso sobre todo de los niños pequeños, se debe contar con la voluntad, la participación y parte del tiempo de los padres o los adultos que están a cargo de los menores para supervisar estas actividades, se requiere el traslado de los pequeños, llevarlos, recogerlos, pero eso sucede también cuando están en la escuela o el colegio, así que las personas mayores también deben estar dispuestas a continuar con sus tareas de cuidado durante las vacaciones.

Las autoridades han determinado que están prohibidas las tareas, los profesores no pueden mandar a hacer deberes durante las vacaciones. Eso está bien, porque los estudiantes deben tener tiempo para otras actividades. Los municipios por ejemplo, deberían abrir los museos para que niños y adolescentes los visiten. Los encargados de turismo tienen la oportunidad de ofertar viajes cortos y económicos. Este es un buen tiempo también para promocionar visitas urbanas por sitios con interés histórico, paseos que también pueden ser programados por los adultos sin esperar la iniciativa de autoridades.

El tiempo es veloz y más vale que le tomemos la delantera, los hijos crecen muy rápido, dicen adiós justo cuando queremos disfrutarlos, influir amorosamente en sus vidas, pero ya no podemos. Las vacaciones de invierno tienen su encanto, es un tiempo para transmitir nuestras tradiciones en la comida, cada región ofrece su propia bebida caliente para combatir el frío, su propia sopa, su propio pan. Tienen sus propios cuentos, sus personajes. Siempre hay un adulto mayor dispuesto a contar, a invitar para que las vacaciones, estas vacaciones de invierno sean inolvidables.

Lucía Sauma es periodista.

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Reproducir pobres

/ 16 de junio de 2022 / 03:02

Venden de todo, dulces, chicles, barbijos, aerosoles de alcohol, pañuelos desechables, gelatinas, agua en bolsitas, cuidan autos, limpian parabrisas, se estiran y piden monedas, los niños y las niñas nuevamente están en las calles trabajando. El virus también nos ha dejado como secuela el trabajo infantil, la OIT y Unicef, en junio de 2021, estimaron que en Bolivia, debido a la pandemia, entre 31.000 y 92.000 niños, niñas y adolescentes (NNA) entrarían al mercado laboral. Sus padres quedaron desempleados, toda la familia buscó la manera de sobrevivir, la ocupación más inmediata: ser vendedor ambulante de lo que sea.

El trabajo infantil es un problema que aún no ha sido solucionado en el país. Costó mucho esfuerzo convencer que los conductores de minibuses no contraten a los niños voceadores, porque era un trabajo riesgoso por los accidentes a los que estaban expuestos, realizaban esa labor hasta altas horas de la noche, la mayoría no asistía a la escuela, frecuentemente eran maltratados por conductores y usuarios, engañados en el pago de sus remuneraciones y en las jornadas labores sin restricción. También se superó el trabajo infantil en las ladrilleras, principalmente en las más visibles ubicadas en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, no sabemos con exactitud qué sucede en otros lugares. Otro sector que avanzó con gran esfuerzo en la erradicación del trabajo infantil es el de la minería, aunque no de la misma manera en las cooperativas, donde el trabajo es familiar.

Los niños y niñas trabajadores no figuran en las estadísticas porque la normativa solo reconoce el trabajo a partir de los 14 años, pero ellos existen y están expuestos a todo tipo de peligros, sobrexplotación y abandono por parte del Estado. A pesar de tener fijado el Programa de Prevención y Protección Social para niños y niñas menores de 14 años de edad en actividad laboral, éste no se implementó. Es una tarea pendiente que debe realizarla una comisión conjunta entre los ministerios de Trabajo, de Justicia y de Planificación.

También debemos recordar que están pendientes las acciones a seguir para proteger a los huérfanos del feminicidio, quienes, según estudios realizados por entidades privadas, se convierten en población vulnerable; en todos los casos al menos uno de ellos termina en situación de calle, las niñas son sometidas a abuso sexual y pasan a ser madres solteras, repitiendo un círculo interminable de victimización y pobreza.

Mientras no solucionemos los problemas de indefensión y abandono de la población infantil y adolescente del país, no podemos hablar de erradicación de la pobreza en Bolivia. El trabajo infantil es una fábrica que reproduce población pobre, a la que se le niegan sus derechos humanos más elementales.

Lucía Sauma es periodista.

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Querido maestro

/ 2 de junio de 2022 / 01:20

Hace unos días leí la carta que un niño de siete años le escribió a su profesora de primer grado, con letras grandes y a todo color, donde conmovedoramente le asegura “no te voy a olvidar”; la carta fue escrita hace 39 años, el niño cumplió la promesa. Hace unos días se enteró que la señorita Aida, su maestra, había muerto. Enseñaba con ternura, para cada letra tenía un cuento, qué hermosa se veía cuando les pedía que siguieran con ella la lectura, qué orgulloso se sentía cuando le pegaba una estrella en la tarea. Ella sabía consolar a cuanto niño o niña llegaba a su clase con rastros de llanto. Nunca supo si era casada, si tenía hijos o no, ella era como un hada, como una heroína que con su sola presencia todo solucionaría. La señorita Aida hacía las clases muy divertidas inventando juegos para que disfrutaran de lo aprendido. Tocaba rendirle un íntimo homenaje y decirle sin palabras: ¿Ves que no te olvidé?

Imagino que maestras y maestros saben lo importantes que son o que pueden llegar a ser en la vida de sus alumnos, sobre todo cuando decididamente se preparan para mostrarles el mundo, cuando asumen su papel con absoluta convicción. Así debió ser el maestro de un joven que en la puerta del Teatro Municipal de La Paz, abrazó a su querido profesor de secundaria y le dijo que él le había cambiado la vida, que su horizonte había crecido gracias a él, ahora eran dos adultos que se abrazaban con afecto y juntos entrarían a seguir aprendiendo en una buena obra de teatro.

Los maestros deben estar seguros de lo importantes que son para los niños y adolescentes. Deberían asumir su rol con absoluta responsabilidad, preparándose más allá del texto a seguir, leyendo, cultivando el gusto por el conocimiento. Piense usted maestra, maestro que en frente tiene futuros médicos, astronautas, poetas, hombres y mujeres que pueden ser honrados o no, según usted intervenga. Los profesores que están atentos a los cambios en sus alumnos han sido quienes han evitado que muchos de ellos sigan siendo víctimas de violencia, o de extorsiones, son quienes descubren las verdaderas vocaciones de sus alumnos. Joan Manuel Serrat, en una canción le decía a su profesora Conchita: “Si alguna vez piensa en mí, maestra, que de sus ojillos azules nazca siempre aquella paz que me hacía un poco más dulce la escuela”.

Simón Bolívar, que nunca dejó de reconocer lo importante que fue en su vida su maestro Simón Rodriguez, en una carta le asegura que: “Usted ha visto mis pensamientos escritos, mi alma pintada en el papel, y Usted no habrá dejado de decirse: todo esto es mío, yo sembré esta planta, yo la regué, yo la enderecé tierna, ahora robusta, fuerte y fructífera, he aquí sus frutos, ellos son míos, yo voy a saborearlos en el jardín que planté”.

Lucía Sauma es periodista.

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El reencuentro

/ 19 de mayo de 2022 / 01:46

Los cafés se han vuelto a llenar con gente que tras prolongados abrazos se pone al día en largas y amenas charlas procurando ahuyentar el fantasma de la covideana separación. A pesar del barbijo, los amigos se reconocen en las puertas de los teatros, de conciertos al aire libre, ferias gastronómicas, exposiciones, reaperturas o inauguraciones, es decir de los mil y un emprendimientos surgidos ante la urgencia de la reactivación económica. En el aire se nota la necesidad de contacto humano, de la actividad libre, de la conversación frente a frente. El confinamiento, el temor al contagio, las secuelas de la enfermedad en los sobrevivientes, el dolor de la pérdida de seres queridos, las oleadas de miedo vividas en el encierro tienen consecuencias en la salud mental de las personas.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) da cuenta de una pandemia de salud mental en el continente debido al aumento de casos de depresión y ansiedad por el COVID- 19. A pesar del creciente entusiasmo de las personas, que reflejamos al inicio de esta columna, aún hay quienes se resisten a salir, temen las reuniones familiares y de amigos, no se dan la mano, han perdido espontaneidad. En estas actitudes hay un daño afectivo que debe curarse, que debe ser tratado. Es necesario recobrar las buenas prácticas de dar y recibir cariño, comprensión, calor humano, estamos hechos para ese tipo de convivencia y no para el aislamiento al que hemos sido sometidos.

En julio de 2020, la OPS ya habló de los efectos negativos que se podrían generar luego que se logre superar la pandemia del COVID- 19, ha llegado el momento de encarar esa situación. En ese entonces se habló de la necesidad de implementar servicios y programas de salud mental en nuestra región, para evitar un aumento desmedido de trastornos psicosociales. Los gobiernos municipales deben tomar en cuenta políticas de esparcimiento al aire libre, de planes familiares para armonizar la convivencia social. Sencillas prácticas como caminatas para un mejor conocimiento de las atracciones y la historia que tiene cada ciudad, conciertos al aire libre, campeonatos de juegos de mesas en plazas, ferias gastronómicas, en fin, rearmar el tejido social que nos termine de liberar del miedo, incluso manteniendo medidas de bioseguridad.

Los niños y adolescentes han sido sometidos a situaciones de temor que no pueden ignorarse, muchos tuvieron que reducir su actividad y movimiento a estar dentro de una sola habitación, con largas jornadas tediosas y solitarias. Los seres humanos no podemos vivir aislados, encerrados, sin la convivencia diaria con otros seres humanos. Tan importante es cuidarnos del COVID-19 como la protección de nuestra salud mental.

Lucía Sauma es periodista.

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Las desaparecidas

/ 5 de mayo de 2022 / 01:10

Su vida se detuvo a los 36 años cuando su hija de 15 años desapareció. No volvió a escuchar su voz, no volvió a verla desde octubre de 2015; a partir de ese día la busca todos los días, dejó fotocopias con su foto y su número de teléfono pegados en todos los postes, las pasarelas, las paradas de buses en las puertas de los colegios. Viajó donde le dijeron que había alguna pista, ella insistió con los policías para que hicieran seguimiento de las llamadas de otras niñas desaparecidas que curiosamente figuraban en el teléfono de su hija. Su esposo aún va a los prostíbulos y bares con la esperanza de encontrar viva a su niña que ahora ya debe tener 22 años. Como Carmen (nombre supuesto), hay cientos de familias paralizadas porque sus hijas salieron del hogar rumbo al colegio, a un encuentro con amigas, a comprar algo que necesitaban, pero las horas precedieron a los días, las semanas, los meses y los años, sin que ellas volvieran.

Ni los padres ni sus hijos parecen estar suficientemente advertidos de la existencia de tratantes de personas. Verdaderas bandas delincuenciales con redes internacionales que lucran con la venta y la prostitución de mujeres en todo el mundo. Ahora se sirven de las redes sociales, las que gobiernan la vida de los jóvenes sin límite y con su absoluta sumisión. A pesar de la divulgación que se hace de la forma en la que los tratantes de personas captan a sus víctimas a través del Facebook, Instagram o WhatsApp, todos los días alguien es atrapado en sus telarañas.

No hay cifras oficiales sobre desapariciones, pero existe la Asociación de Apoyo a Familiares Víctimas de Trata y Tráfico de Personas y Delitos Conexos (Asafavittp) que reúne a madres que buscan a sus hijas, muchas de ellas desde hace años y tienen la esperanza de encontrarlas con vida. Esta agrupación ha conseguido encontrar a nueve jóvenes que fueron víctimas de trata y tráfico de personas, siguieron las pistas personalmente hasta encontrar a las adolescentes y niñas.

Los relatos de sus hallazgos llevan a pensar que no se resuelven más casos porque se los abandona ante la falta de dinero, o quedan a medias por el frecuente cambio de los investigadores, o por no seguir las pistas y equivocar el camino, o finalmente porque cuando llegaron las autoridades al lugar correcto los delincuentes habían huido con la víctima al haber sido previamente advertidos.

¿Por qué si se sabe que el cambio constante de investigador perjudica la solución de los casos se continúa con esta práctica? ¿Por qué se dilata el seguimiento de las pistas que se encuentran en los celulares? ¿Por qué con tanta frecuencia desaparecen los expedientes en la Fiscalía? Son preguntas que deben responder la Fiscalía, la Policía y las autoridades del Gobierno encargadas de la seguridad de los ciudadanos.

Lucía Sauma es periodista.

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