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miércoles 8 dic 2021 | Actualizado a 12:06

El costo real de cambiar teléfono

/ 22 de octubre de 2021 / 01:52

Hablemos de comprar un iPhone por $us 1.000. Tim Cook, director ejecutivo de Apple, comparó alguna vez este precio deslumbrante con comprar una taza de café al día durante un año. No es gran cosa, ¿verdad? Pero los asesores financieros lo ven de otra manera. Según algunos cálculos, hoy una inversión de $us 1.000 en una cuenta de jubilación se dispararía a alrededor de $us 17.000 en 30 años.

En otras palabras, entre $us 700 y 1.000, el rango de precios de los teléfonos inteligentes modernos, es un gasto considerable. Menos de la mitad de los adultos estadounidenses tienen suficientes ahorros reservados para cubrir tres meses de gastos de emergencia, según el Centro de Investigaciones Pew. Sin embargo, una de cada cinco personas encuestadas por el sitio web financiero WalletHub pensó que valía la pena endeudarse por un teléfono nuevo.

Con razón, las empresas de tecnología argumentan que los teléfonos inteligentes son las herramientas más poderosas para trabajar y jugar y, por lo tanto, valen cada centavo. Pero también hacen trucos con los números para minimizar los costos de un teléfono nuevo. Por ejemplo, Samsung ha dicho que el precio de su nuevo teléfono Galaxy es de $us 200, pero eso es solo si cambias un teléfono con un año de antigüedad por crédito para uno nuevo. El precio real es de $us 800.

Por lo tanto, vale la pena considerar los cambios de teléfono desde otra perspectiva para medir su impacto financiero. Esto puede ayudarnos a tomar decisiones bien pensadas y no actuar en automático.

La ironía de la analogía de Cook con el café no se le escapa a Suze Orman, la asesora financiera que alguna vez comparó los hábitos de café de las personas con “tirar un millón de dólares por el desagüe”. Afirma que la aparentemente pequeña cantidad de dinero que la gente gasta sin pensar en ciertos tipos de café y ahora en cambiar de teléfono podría ser un camino hacia la pobreza. “¿Necesitas un nuevo teléfono cada año?”, preguntó Orman, presentadora del pódcast Mujeres y dinero. “Por supuesto que no. Solo es una pérdida de dinero ridícula”.

Este año, Flipsy, una empresa que compra y vende teléfonos usados, publicó un análisis en el que argumenta que es inteligente comprar un nuevo iPhone cada año. En resumen, cambiar de teléfono anualmente durante tres años consecutivos cuesta $us 418 más, o cerca de $us 12 al mes, en comparación con cambiar de dispositivo cada tres años.

Visto de esta manera, puede parecer una ganga obtener un teléfono nuevo cada año en lugar de cada cierto número de años. Pero la historia es distinta si introducimos estos números en una calculadora financiera.

Si colocas $us 12 al mes en una cuenta de jubilación, como una Roth IRA, que tiene una tasa de rendimiento anual promedio del 10%, esa cantidad se convertiría en $us 25.161 en 30 años, según la calculadora de ahorros de Orman.

Entonces, ¿qué pasa con esas tazas de café? En promedio, pagamos $us 3 por una taza, por lo que $us 1.000 podrían comprar cerca de 333 tazas. Pero es obvio que hacer tu propio café es mucho más barato.

Introduje algunos números en una calculadora de café diseñada por Bone Fide Wealth, un servicio de planificación financiera. En Costco, una bolsa de granos de café de Peet’s Coffee cuesta $us 16 y podrías preparar alrededor de 41 tazas de café a un costo de 39 centavos cada una. Entonces, un iPhone de $us 1.000 vale alrededor de 2.500 tazas de café. Así ya cambian las cosas.

Doug Boneparth, presidente de Bone Fide Wealth, ofreció un argumento en contraposición. Para las personas que tienen mucho dinero en efectivo y son conscientes de los efectos de sus gastos, derrochar en teléfonos nuevos podría ser intrascendente para sus objetivos generales de ahorro en comparación con gastos más grandes como la vivienda y, si los teléfonos los hacen felices, adelante. Comentó que aparta dinero en efectivo todos los años para comprar un nuevo iPhone como una especie de pasatiempo.

Pero reconoció que su afición está empezando a tener rendimientos decrecientes porque los nuevos teléfonos que lanzan cada año no están mejorando mucho en el aspecto tecnológico. Sobre el último modelo de Apple, mencionó: “Con el iPhone 13 es la primera vez que pienso: ‘En realidad solo tiene una mejor cámara’”.

Orman advirtió que para la mayoría de las personas que no tienen tanto dinero en el banco, en particular las que están endeudadas, los efectos de un cambio de teléfono podrían aumentar. Un teléfono de $us 1.000 cargado a una tarjeta de crédito podría convertirse en uno de $us 3.000 con intereses en el momento en que se pague, señaló. Más deuda también podría afectar tu puntaje crediticio, lo que te dificultaría la compra o el alquiler de una casa.

“Si crees que vale la pena endeudarte por un teléfono, entonces, Dios mío, te has tendido una trampa para estar siempre endeudado”, indicó. “La verdad es que, salvo por un gasto médico, no hay nada por lo que valga la pena endeudarse”.

Brian X. Chen es columnista de The New York Times.

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La batalla por la privacidad digital

/ 20 de septiembre de 2021 / 01:17

En abril, Apple introdujo una ventana emergente en los iPhone en donde les pide permiso a los usuarios para que distintas aplicaciones puedan rastrearlos. Hace poco tiempo, Google describió sus planes para desactivar una tecnología de monitoreo en su navegador web, Chrome. Y, el mes pasado, Facebook anunció que cientos de sus ingenieros estaban trabajando en un nuevo método para mostrar anuncios sin depender de la información personal de los usuarios.

Las novedades tal vez parecen cambios técnicos, pero están relacionadas con algo más grande: una batalla en escalada por el futuro de internet. Además, anuncian un cambio profundo en la manera en que la información personal se puede usar en línea, con consecuencias radicales para los mecanismos con los que los negocios ganan dinero de manera digital.

En el centro de este enfrentamiento se encuentra la parte vital de internet: la publicidad. Hace más de 20 años, internet trastornó la industria de la publicidad. Aniquiló a los periódicos y las revistas que habían dependido de la venta de anuncios clasificados e impresos, y amenazó con destronar a la publicidad televisiva como el principal medio para que los comerciantes llegaran a las grandes audiencias.

En cambio, las marcas salpicaron todos los sitios web con sus anuncios, con sus promociones a menudo adaptadas a los intereses específicos de la gente. Esos anuncios digitales impulsaron el crecimiento de Facebook, Google y Twitter, plataformas que ofrecieron sus servicios de búsqueda y redes sociales sin costo. Pero, a cambio de eso, las tecnologías como las cookies rastrearon a la gente de un sitio a otro y su información personal se usó con el propósito de conducirla a publicidad relevante.

Ahora ese sistema, que creció para convertirse en una industria de anuncios digitales con un valor de $us 350.000 millones, se está desmantelando. Motivadas por las preocupaciones de la privacidad en línea, Apple y Google han comenzado a renovar las reglas relacionadas con la recolección de datos en línea. Si la información personal ya no es la moneda que la gente da a cambio del contenido y los servicios en línea, algo más debe reemplazarla. Los editores de medios, los fabricantes de aplicaciones y las tiendas de comercio electrónico están explorando diferentes caminos para sobrevivir a un internet consciente de la privacidad, en algunos casos revirtiendo sus modelos de negocio. Muchos están escogiendo que la gente pague por lo que obtiene en línea, imponiendo cuotas de suscripción y otros cargos en vez de usar sus datos personales.

Las consecuencias podrían perjudicar a las marcas que dependían de los anuncios dirigidos a que la gente compre sus productos. En un inicio, también podría afectar a los gigantes tecnológicos como Facebook, pero no por mucho tiempo. En cambio, es probable que los negocios que ya no puedan monitorear a las personas, pero sigan necesitando promocionarse, tengan que gastar más dinero con las principales plataformas tecnológicas, las cuales tienen en su poder la mayoría de los datos de los consumidores.

Los negocios que no estén al día con los cambios corren el riesgo de ser aplastados. Cada vez es más frecuente que los editores de medios e incluso las aplicaciones que muestran el clima cobren cuotas de suscripción, del mismo modo que Netflix cobra una tarifa mensual por emitir video en continuo. Algunos sitios de comercio electrónico están considerando subir los precios de sus productos para mantener sus ingresos.

Apple se rehusó a ofrecer comentarios, pero sus ejecutivos han declarado que los anunciantes se adaptarán. Google mencionó que estaba trabajando en una estrategia que protegerá los datos de las personas, pero también permitirá que los anunciantes sigan dirigidos a los usuarios con publicidad.

En este momento, Facebook está desarrollando mecanismos para llegar a la gente con anuncios por medio de información recopilada en sus dispositivos, sin permitir que la información personal sea compartida con terceros. Si la gente que le da clic a los anuncios para un desodorante también compra zapatos deportivos, Facebook puede compartir ese patrón con los anunciantes para que ellos le puedan mostrar anuncios de zapatos deportivos a ese grupo. Eso sería menos intrusivo que compartir con los anunciantes información personal como direcciones de correo electrónico.

Brian X. Chen es columnista de The New York Times.

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