Voces

miércoles 8 dic 2021 | Actualizado a 12:26

Tenemos que hablar

/ 25 de octubre de 2021 / 02:07

La filtración de un estudio de difusión interna financiado por Facebook, que muestra evidencias de los daños que produce la vida online en Instagram en adolescentes y jóvenes con relación a desórdenes alimenticios y tendencias suicidas es el más reciente escándalo que esa empresa tiene que enfrentar.

La persona que protagonizó la filtración de cientos de miles de documentos internos es la exempleada del área de integridad de Facebook, Frances Haugen. Ella ha mencionado que ha filtrado esta información porque vio que Facebook decidió por su beneficio y no por el bienestar de sus usuarias a pesar de tener conocimiento de este estudio. Algunas cosas mencionadas por este estudio es que 13,5% de las usuarias declaran que los pensamientos suicidas empeoran con el uso de Instagram y el 17% declara la misma tendencia con relación a desórdenes alimenticios.

Facebook ha respondido que hace mucho por sus usuarios adolescentes y jóvenes, pero no ha declarado nada específicamente de ese estudio. Necesita encontrar formas de recuperar credibilidad y no solo por los derechos humanos sino porque TikTok y Discord son competencias con tendencias muy altas y le están pisando los talones. Esta situación además empeora frente a otro golpe que recibió con el corte de los servicios de todas sus empresas por cinco horas el 4 de octubre, lo que despertó la incomodidad con elecciones tan centralizadas en una sola empresa acerca de las plataformas de comunicación digital que usamos.

Las empresas digitales, en este caso Facebook, tienen responsabilidad en estos temas; sin embargo, son ante todo preocupaciones sociales que apelan a nuestro rol ciudadano, no al rol de consumidores. En Bolivia, también tenemos que hablar acerca de estos efectos en las y los jóvenes, y las formas de enfrentarlos.

No podemos salir con una idea corta como la de alejar a los jóvenes de las redes sociales porque no va a funcionar, son generaciones que han crecido insertas en los mundos digitales, no los dejarán por imposición. Por otro lado, la alfabetización digital es un camino, pero hay decisiones más integrales que tomar. La pregunta central es ¿cómo hacemos para preservar los espacios digitales de manera que sean saludables y seguros para los más jóvenes, para todos?

Las empresas deben ser más transparentes en sus procesos de toma de decisiones y procedimientos, han tomado un rol que no les corresponde y deben retroceder, lo que probablemente signifique que obtengan menos ganancias. Ciertamente también, la sociedad civil tendrá que tomar roles más activos en el control de las empresas y para eso es necesario estudiar y aprender. Finalmente, la transparencia necesita gente que la entienda y la use.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. wordpress. com

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Los no conectados

/ 6 de diciembre de 2021 / 04:03

Cuando hay deslizamientos en La Paz o alguna otra desgracia que provoca que familias pierdan su vivienda y sus pertenencias, nos conmovemos y compartimos un sentimiento de injusticia, indignación y solidaridad. Esto se debe a que la vivienda, la electricidad o el saneamiento son servicios básicos que además están reconocidos por nuestra Constitución Política del Estado como tales. Significa que son servicios a los que todas las personas deberían acceder por un principio de dignidad humana.

El acceso a las telecomunicaciones, es decir a internet, tiene la misma calidad de servicio básico y está también reconocido por la Constitución Política del Estado, pero cuando no es abastecido integralmente no compartimos esa sensación de injusticia profunda por las personas que no tienen acceso a internet en el país.

El 63% de la población en Bolivia usa internet, según la última Encuesta de Hogares del INE, eso significa que el 37% de la población no tiene acceso a comunicación, educación, información, trabajo o libertad de expresión en internet, entre otros Derechos Humanos. Y esta situación no provoca generalmente gran indignación, hemos normalizado que un grupo de personas viva sin conexión a internet.

No estar conectado afecta a varias actividades y al ejercicio de derechos. Por ejemplo, las comunicaciones con personas queridas o por negocios se encarecen y se vuelven imposibles en ocasiones. Por otro lado, se tiene acceso solo a una menor cantidad de medios masivos de difusión informativa, lo que reduce la capacidad de participación democrática. Estas barreras se incrementaron y agravaron durante la pandemia, ya que la cuarentena obligó a digitalizar las actividades cotidianas más importantes para evitar que las personas salieran de sus casas, así que quienes no tenían conexión a internet no tuvieron la opción de trabajar o estudiar en línea; al menos durante los meses de cuarentena rígida no tuvieron más que parar sus actividades. También sucedió que sus voces fueron reducidas porque solo podían utilizar los teléfonos para expresarse, los canales presenciales se redujeron dramáticamente. Igualmente, se imposibilitaron las opciones de reunirse con objetivos de esparcimiento, políticos, culturales o de cualquier otra índole; tuvieron que permanecer en casa.

Para quienes no tienen conexión a internet, una parte de la vida les es negada, esto degrada su condición humana. Internet es un condicionante para el acceso al ejercicio de varios Derechos Humanos y a asegurar la dignidad humana. Es por esto que además de defender los Derechos Humanos que se ejercitan en físico, es imperioso defender y promover sus expresiones en línea.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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Educación y el litio

/ 22 de noviembre de 2021 / 01:16

Se ha cambiado de autoridad del Ministerio de Educación, desde la semana anterior la nueva cabeza de esa institución es Édgar Pary Chambi, quien ha sido director general de la Escuela de Formación de Maestros. Sin duda tiene enormes retos que enfrentar, ya que ahora está a cargo de un ministerio central para el desarrollo de Bolivia y que viene con retrasos importantes, entre los que el más notorio —aunque no necesariamente el más importante— en los últimos meses ha sido la política de educación virtual o educación a distancia, presionada en su implementación por la cuarentena contra el COVID-19. Esta implementación dejó al descubierto que políticas centrales como una computadora por alumno quedaron a medias y que existen falencias sobre todo de habilidades y conocimiento de uso tecnológico de parte de todos los actores de las comunidades educativas.

Sin embargo de esta urgencia, quiero referirme a una política menos evidente pero que está en la base del problema de esa política de educación virtual y otras políticas educativas, me refiero a la política pública de ciencia, tecnología e innovación, una que no da frutos inmediatos, sino en un mediano y largo plazos. Existe un viceministerio a cargo, aunque se ha visto poco del trabajo que realiza. En 2013 elaboró un Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación que está esperando por el presupuesto para ejecutarse mientras otras reparticiones de Estado, ante la ausencia de directrices, se dedican a actividades puntuales que no atacan los problemas centrales y, en cambio, premian innovadores o realizan eventos cortos de capacitación tecnológica.

Con la aceleración de la innovación y el uso tecnológico a nivel global, la educación y la investigación en tecnología son las herramientas principales para habilitarse como un jugador más o menos activo. Estoy hablando de educación que nos permita como país procesar grandes bases de datos, automatizar procesos con base en big data, cambiar a energías alternativas, por ejemplo.

Podemos ver esas dinámicas como muy lejanas de la realidad nacional, pero lo cierto es que Bolivia puede convertirse en un jugador central en estas dinámicas globales por sus reservas de litio, mineral necesario para cualquier batería de dispositivos tecnológicos, y no solo pensemos en celulares y computadoras, sino también en autos eléctricos, entre varios otros.

En algún momento cercano se tendrá que comenzar a gestionar la explotación de litio, para lo que se va a requerir recursos humanos alta y medianamente calificados en gestión tecnológica para hacer funcionar la explotación del mineral y también para promover negocios locales de servicios basados en esa explotación.

Además, por las susceptibilidades que despiertan y para dar mayor transparencia a estos negocios, también se requiere de una sociedad civil informada para ejercer un control social de esa actividad económica y dar certezas que generen desarrollo para el país.

Más allá de las peleas políticas, hay temas como este que deben ser atendidos por el Gobierno, por la oposición y la sociedad civil, de manera urgente. Ya es tiempo de que nos concentremos en los temas de fondo y que comencemos cuanto antes.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com.

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Tecnoptimismo

/ 8 de noviembre de 2021 / 02:23

Internet y las tecnologías asociadas a ese invento nacieron acompañadas de gran entusiasmo y la certeza de que el mundo iba a ser un mejor lugar con esas innovaciones en nuestras vidas, una mirada ingenua que no tomaba en cuenta los intereses corporativos y su capacidad de concentrar riqueza. En contraposición, unos pocos años después, surge una cultura tecnopesimista y ciberpunk que teme lo peor para la raza humana: que sea alienada por las máquinas bajo el poder absoluto de las grandes corporaciones globales, dinámica en la que los seres humanos son dolorosamente subalternos.

La primera postura, la tecnoptimista, está aún muy presente en el mundo tecnológico, es muy bien acogida por los departamentos de marketing de las grandes plataformas tecnológicas que usan esa narrativa tecnosolucionista hiperentusiasta para vender cualquier innovación tecnológica, un ejemplo reciente de esto es el lanzamiento de Meta como el nombre del holding de empresas integradas por Facebook, Instagram, Messenger y WhatsApp, entre otras, que se integrarán para crear un mundo paralelo con realidad virtual, como lo fue Second Life, la comunidad virtual en 3D que funcionó desde 2003 que permitía tener una vida paralela en la que se podía ganar dinero inclusive.

Por la forma en que se presenta Meta promete ser la solución de todos nuestros problemas mundanos, ya no tendremos que desplazarnos, todo estará a la mano, no necesitaremos viajar a China para caminar encima del muro, todas las tecnologías interoperarán y crearán una realidad paralela, la Matrix, digamos.

Para imaginarnos esta experiencia es bueno revisar lo que fue e hizo Second Life, lugar virtual sin leyes donde el capitalismo sin piedad gobernó, estaba lleno de prostitución, vidas miserables e inequidades tremendas, era ante todo un espacio distópico donde todos fingían ser alguien más e invertían en avatares para que se parezcan lo más posible a la autoimagen que cada quien se construía y que pocas veces se parecía a como realmente eran esas personas. Yo creo que Meta tendrá mucho de eso también.

Meta está lejos de ser el lugar donde todos y todas queremos estar pero suena cool ¿o no? Seguramente tendremos que estar de alguna manera en Meta y seguramente habrá posturas críticas que den opciones para no usar esos servicios, pero lo que deja evidente esta presentación es que en la mente de los innovadores tecnológicos esta narrativa tecnoptimista y tecnosolucionista funciona para conectarse con un público que busca soluciones a problemas terrenos y está dispuesto a creer y defender las posturas corporativas, y a mostrar con orgullo alguna relación con ellas, aunque solo sea su logo.

No estoy en contra de Meta sino en contra de las posturas acríticas de las tecnologías. La humanidad debe beneficiarse de las tecnologías y no simplemente ufanarse de tener el último celular o la última computadora. Hay un aspecto tremendamente humano en la tecnología y es que se basa en los derechos humanos, todos y todas tenemos derecho a tener acceso a las tecnologías sin discriminación y en igualdad de condiciones. Es utópico, igualitario y hacia allí hay que apuntar.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com.

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Brecha digital

/ 27 de septiembre de 2021 / 01:30

La pandemia hizo más evidentes las brechas digitales que están aún pendientes de resolver en Bolivia, Latinoamérica y en el mundo, en general.

Si bien casi el 63% de la población boliviana se conecta a Internet, todavía tenemos grandes retos: 1) Incluir al restante 37% que aún no se conecta a la red; 2) mejorar la calidad de las conexiones que ya existen, y 3) mejorar las capacidades de usuarios y usuarias para que se beneficien al máximo de esas tecnologías.

Explico con más detalle. 1) Acerca de incluir a quienes no se conectan aún, las brechas están asentadas principalmente por área geográfica y condición socioeconómica. La diferencia de conectividad entre el segmento urbano no pobre, y en el otro extremo el segmento rural pobre, es de casi 55%. Es decir que mientras en el primer segmento 80% usa Internet, en el segundo solo el 26%. Existen además brechas de género y generacionales que deben tomarse en cuenta a la hora de diseñar políticas de conectividad en el país. Es cierto que en la última década se ha incrementado la cantidad de tendido de fibra óptica, pero falta el paso de los municipios que, aunque tienen la red en sus puertas, todavía no se han conectado. Además, faltan aún muchas poblaciones a las que no llega la fibra. Se tiene que incentivar las inversiones.

2) Acerca de mejorar la calidad de las conexiones, el 92% de todas las conexiones en Bolivia son móviles. Si el objetivo es conectarnos para fines educativos y laborales, debemos entender que las conexiones móviles son limitadas para esos objetivos. Las conexiones que necesitamos incrementar son las ADSL y para esto, abaratar sus costos y principalmente poner más conexiones a disposición. Para nadie es desconocido que la oferta de conexión de fibra de Entel es barata y es una buena opción, pero no existe disponibilidad desde hace años. De la misma manera en pueblos y ciudades intermedias donde el servicio ni siquiera existe.

3) La implementación a tropezones de la educación en línea en establecimientos de educación pública y privada fue una muestra de la necesidad imperiosa por mejorar las capacidades de profesores, profesoras, estudiantes, padres y madres de familia. De la misma manera, los intentos de uso de banca en línea para pagos de bonos y otros beneficios no fueron tan exitosos. La mayoría de instituciones públicas no pudieron migrar a servicios en línea, todos estos casos por la falta de conocimientos de uso de la tecnología, entre otros factores.

Antes de la pandemia, la agenda global de políticas públicas de Internet ponía escaso énfasis en la brecha digital por diversos motivos, entre los cuales está que los países desarrollados no consideran que sea una tarea pendiente tan urgente. Pero esto no es tan cierto. Con sorpresa leí un artículo de El País de España acerca de los retos de Alemania para mejorar su conectividad, Alemania —dice la nota—, un país que se comunica aún por fax, que es la principal forma de contacto entre instituciones públicas. La penetración de fibra óptica apenas llega a un 16% de los hogares y empresas, mientras que en España supera el 80%.

El cierre de brechas digitales es una tarea para el mundo entero y para Bolivia en especial.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana.word-press.com.

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Internet, acelerador de procesos

/ 13 de septiembre de 2021 / 01:40

La tecnología —Internet en especial— es un acelerador de procesos y al acelerarlos algunas veces cambian su naturaleza. Por ejemplo, si antes de Internet nos comunicábamos por carta, teléfono fijo, telegramas y télex, lo que nos permitía recibir entre cinco y seis mensajes diarios, con el avance de la tecnología ahora podemos fácilmente recibir 50, 200 o 500 a través de WhatsApp, correo electrónico y redes sociales, entre otros. Si bien continúa siendo el mismo fenómeno: enviar y recibir mensajes para reducir la entropía de significados, cuando el ritmo se acelera, el proceso en sí mismo termina cambiando su naturaleza para convertirse en una fuente de estrés y confusión.

Lo mismo sucede con la autenticación de identidad, es decir, la acción de demostrar la identidad ante un sistema o institución para recibir un servicio sea público o privado, digamos un bono o una apertura de cuenta bancaria. Antes del desarrollo informático de las últimas dos décadas, se realizaba esta autenticación en papel, era lenta e ineficiente, muchas veces las personas no tenían un documento de identidad o tenían varias identidades. Ahora, a pesar de las excesivas fotocopias de carnet de identidad que nos piden para hacer cualquier trámite, hay computadoras por detrás, se van construyendo bases de datos informáticas con los datos personales y al acelerarse está búsqueda incesante de datos se eleva el perfil de vigilancia y control estatal, y se pone en riesgo las libertades humanas: la privacidad, el derecho a reunión y protesta pacífica, entre otros.

Por esto, cuando se dice que cualquier fenómeno asociado a Internet “existió desde hace mucho, no es nuevo”, no solo se dice una obviedad, sino que se expresa un deseo de minimización y negación del impacto de la aceleración de los procesos y el cambio de su naturaleza debido a la tecnología.

Y esto es peligroso porque construye una burbuja donde se siente que los cambios son manejables y entendibles, y no se requiere cambiar nada porque no existen nuevos problemas.

La verdad es que, al cambiar la naturaleza de los problemas, varios ya no son manejables. La inteligencia artificial, el machine learning y los algoritmos que gobiernan las plataformas tecnológicas permiten a las máquinas crear nuevos procesos independientemente de los humanos, hasta el punto que existen inteligencias artificiales y algoritmos que funcionan de formas que ni sus creadores pueden explicar ya.

Se requieren varios tipos de medidas para darle forma a las nuevas tecnologías de manera que sirvan al ser humano y no dañen a la naturaleza: están las regulatorias, lideradas por los gobiernos idealmente en conjunción con otros actores del sistema; también las tecnológicas, principalmente promovidas por las mismas plataformas tecnológicas, aunque algunas empresas ya han comenzado a trabajar en soluciones regulatorias privadas también. Y están las iniciativas de monitoreo, transparencia y alfabetización digital, principalmente promovidas por la sociedad civil.

Un entendimiento de la complejidad de los problemas ayudará a que estas soluciones propuestas sean más acertadas y ayuden a construir mundos mejores.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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