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miércoles 8 dic 2021 | Actualizado a 12:12

Amazonía, proteger 80% para 2025

/ 27 de octubre de 2021 / 02:00

El punto de inflexión alertado por científicos reconocidos (Thomas Lovejoy y Carlos Nobre) es el momento donde la Amazonía, el pulmón que sostiene el balance del clima global y la reserva de agua dulce más grande del planeta, podría entrar a un punto de no retorno (20-25% de deforestación y degradación). Es decir, su función ecológica cambiará de tendencia: de bosque tropical a sabana desértica, devastando vida silvestre y liberando millones de toneladas de carbono a la atmósfera, convirtiéndose en una fuente de emisión.

En antesala a la cumbre climática COP26 (Glasgow, Escocia), David Attenborough advierte que «cada día que pasa y no hacemos algo es un día perdido». Los riesgos de un planeta más caliente son reales. Atravesamos «la década decisiva» para encaminar hacia un mundo más seguro ahora.

La Amazonía, un mega-sistema (bioma, cuencas y regiones administrativas) presente en nueve países está en el umbral del punto de no retorno (Raisg, 2021), el 22% de su territorio fue transformado por la deforestación y degradación (incendios y pérdida de carbono) y un 66% está bajo presión de megaproyectos (carreteras, petróleo, minería, centrales hidroeléctricas y agropecuaria).

La secuela es que la Amazonía sufre alteraciones climáticas. En Bolivia (San Ignacio de Velasco y Ascensión de Guarayos) la lluvia redujo un -17% a nivel anual y -64% en agosto y septiembre. Mientras tanto la temperatura media mensual registra ascensos de +2ºC provocando sequías más intensas y prolongadas, consecuentemente mayor recurrencia de incendios y pérdidas socioeconómicas de consideración.

Para evitar los peores impactos y frenar el calentamiento global es urgente la protección del 80% de la Amazonía. Esto es posible y necesario porque el 72% de su territorio contiene sitios con muy alta funcionalidad y representatividad ecológica o Áreas de Prioridad Clave (Raisg, 2021). Un 16% de la Amazonía requiere ser restaurada para garantizar la conectividad de ecosistemas claves. Los territorios indígenas y áreas protegidas juegan un papel central para lograr esta meta, porque se ha demostrado su efectividad en la conservación de ecosistemas. Más de 273 millones de hectáreas (32% de la Amazonía) definidas como Áreas de Prioridad Clave no tienen ningún nivel de protección y deben ser prioridades inmediatas para nuevas áreas protegidas y reservas cogestionadas.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), a través de la Moción 129, se ha sumado a este llamado, para evitar el punto de no retorno en la Amazonía protegiendo el 80% para 2025. En Glasgow (COP 26), la esperanza reside en que la Amazonía sea una prioridad de la política global. La Amazonía en pie brinda un portafolio de oportunidades socioeconómicas de largo plazo, es la mejor vía para frenar la crisis climática global; sus ecosistemas son clave para la seguridad alimentaria, seguridad hídrica y salud ecológica mundial. Proteger la Amazonía es proteger la vida del planeta.

Marlene Quintanilla es directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la FAN.

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Biodiversidad, socio indispensable

/ 26 de mayo de 2021 / 01:33

Somos biodiversidad; de las más de 8,7 millones de especies que habitan el planeta Tierra, la especie humana es tan solo una entre millones. Después de siglos de investigación, solo conocemos un 14%, por lo que un 86% de las especies todavía no han sido descubiertas.

El desconocimiento de especies es solo la punta del iceberg, mientras el ritmo de extinción siga en incremento, jamás precisaremos cuánta biodiversidad existe o existió, y menos su complejidad ecológica y verdadero valor. La depredación de los ecosistemas y su biodiversidad avanza más rápido que su descubrimiento científico.

Selvas tropicales como la Amazonía son laboratorios evolutivos de biodiversidad. La salud del planeta depende de este gran pulmón verde y del estado de su biodiversidad. Según la revista especializada Conservation Biology, actualmente la tasa de desaparición de especies es mucho mayor en mil veces más de lo que sería normal, a futuro podría incrementarse en 10.000 veces más.

Los insectos son fundamentales en la funcionalidad de los ecosistemas, hoy desaparecen por plaguicidas, contaminación y cambio de uso de suelo. Según la FAO, tres de cuatro cultivos destinados al consumo humano dependen de las abejas por la polinización. Si bien existen muchos polinizadores (mariposas, murciélagos, colibrís), ninguno es tan incansable como las abejas, una sola puede visitar hasta 7.000 flores al día; su desaparición sería una verdadera catástrofe para la biodiversidad y para nuestra alimentación. Más del 25% de las 20.000 especies nativas de abejas no han sido vistas desde 1990, esto podría indicar un declive o la extinción.

La Tierra atravesó cinco procesos de extinción, más del 90% de las especies pereció, pero la naturaleza siempre fue capaz de reorganizarse y reproducirse de forma distinta en sus ecosistemas. Después de cada gran crisis, la naturaleza se reorganizó. Estamos en la sexta extinción, el humano es capaz de corregir esto. En el pasado no hubo una especie tan dominante como nosotros. La pérdida de biodiversidad provoca la desorganización de los ecosistemas hasta provocar el colapso, entonces estaremos en un punto de no retorno.

Los vínculos entre biodiversidad y bienestar son muy estrechos. Debemos gestionar el territorio de la mano de la conservación de la biodiversidad. El divorcio entre ciencia y política ha frenado mirar a la biodiversidad como un cultivo económico. No se aprovecha la capacidad productiva natural de los ecosistemas en la planeación del desarrollo; la biodiversidad es interpretada como obstáculo.

La biodiversidad es el corazón de nuestro planeta. A medida que la mancha urbana crece, nuestra conexión con la naturaleza se hace critica. La protección per se no es suficiente, es necesario instrumentos que estimulen ir en esa dirección. Una economía basada en conservación de áreas silvestres es sinónimo de sostenibilidad. La biodiversidad ha definido nuestra cultura y medios de vida. Bolivia es una potencia en biodiversidad, nuestra resiliencia climática depende de su conservación. El desarrollo y la conservación requieren ser socios indispensables, de lo contrario estamos arriesgando nuestra seguridad alimentaria, seguridad hídrica, y futuro como humanidad.

Cuidar de la biodiversidad es una responsabilidad colectiva. Es un tesoro abundante pero muy frágil. Cultivamos, consumimos y nos inspiramos gracias a la biodiversidad, es nuestro mayor patrimonio natural. Somos biodiversidad y somos parte de la solución.

Marlene Quintanilla es directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la FAN.

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El efecto mariposa y el oro azul

/ 31 de marzo de 2021 / 02:08

La teoría del caos o efecto mariposa (Edward Lorenz, 1963) indica que una pequeña perturbación puede generar un efecto considerable a medio y corto plazo. En tiempos de cambio climático y una pandemia que no logramos vencer, se diría que vivimos consecuencias de nuestras acciones hacia el planeta y que inicia la era donde el agua es el recurso más preciado.

Los bosques en Bolivia abarcan más del 50% de nuestro territorio (51 millones de hectáreas), su gran diversidad brinda un sinfín de bondades y beneficios, desde el hábitat de miles de especies hasta la generación de alimentos, medicinas, aire limpio y agua. En 1979 Enéas Salati demostró que gran parte de las precipitaciones en la Amazonía provienen de la transpiración de sus bosques. La ciencia también ha demostrado que estos bosques envían cada día a la atmósfera 20 trillones de litros de agua que vuelven a los ríos a través de las lluvias, por lo que la interconexión de los bosques y el agua es inminente.

Entonces, si el pequeño aleteo de una mariposa con la energía cinética generada causa una leve perturbación en la atmósfera, podría cambiar el clima en magnitudes considerables como un huracán al otro lado del mundo (Edward Lorenz), ¿podríamos imaginar lo que causa la deforestación y los incendios? Cada año el país pierde más de 250.000 hectáreas de bosque y más de 4 millones de hectáreas están impactadas por el fuego, a esta escala los efectos son de magnitud para el planeta y mucho más para los que habitan estos espacios.

Las sequías son los síntomas ambientales más evidentes que afectan a todo el mundo. La mala noticia es que con el cambio climático las sequías son más severas y recurrentes, por lo que los incendios serán de alto impacto para los bosques, comprometiendo el balance hídrico del país. El agua es el recurso más deseado y ha sido el único recurso natural que no estaba monetizado hasta hace poco. A título de salvar a la humanidad, Wall Street (el centro financiero más grande del mundo) quiere revolucionar haciendo que el agua sea rentable, creando el mercado del agua similar al del petróleo.

En el mercado, el agua ya es un producto financiero como cualquier otro. En las últimas semanas, se cotiza entre $us 485 y 495 por megalitro (1 millón de litros). Es el inicio de la revolución financiera del agua, ya está en la mira de los tiburones financieros según el reportaje de Jérome Fritel (Deutsche Welle). ¿Qué pasará con quienes no puedan pagarla, si esta fiebre del oro azul es inminente?

A medida que el crecimiento poblacional incrementa en el planeta, (hoy 7.700 millones personas y 9.900 millones hasta 2050) mayor será la demanda del agua. Es por eso que el agua es considerada un negocio seguro. Atravesamos un modelo de supervivencia debido a la crisis de sequías. Actualmente, ganaderos en Australia invierten millones de dólares para garantizar el agua para su ganado, muchos al borde de la bancarrota. El agua es oro y se compra a un click desde sus celulares, el mercado define precios según reservas existentes y pronósticos de lluvias. Waterfind es la mayor empresa en la bolsa de valores de agua del mundo.

El desafío en Bolivia está en proteger nuestra fábrica de agua localizada en los bosques de nuestras áreas protegidas, de lo contrario, se vislumbra un mercado del agua donde el más pobre será el más afectado. La batalla por el agua ya ha comenzado, quién resultará victorioso: el planeta, la gente o los mercados (Fritel, 2021).

 Marlene Quintanilla es directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la FAN.

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Seguridad hídrica

/ 3 de febrero de 2021 / 00:51

Espectaculares en biodiversidad y altamente importantes para el aprovisionamiento de agua y alimentos, los Humedales de Importancia Internacional (celebrados cada 2 de febrero) en Bolivia abarcan 14,8 millones de hectáreas en 11 sitios Ramsar creados desde 1990, a partir de su adhesión a la convención Ramsar (un tratado intergubernamental de 1971 firmado en la ciudad iraní del mismo nombre) con el objetivo de establecer medidas de protección y conservación ante el preocupante deterioro y pérdida de humedales.

Muchos de estos sitios no solo representan la seguridad hídrica actual y futura, son también un eslabón clave de nuestra historia. Ancestralmente las “Culturas Hidráulicas de Moxos” (culturas precolombinas, 800 a.C. y 1200 d.C.) supieron sacar el mayor provecho a las inundaciones; sus obras hidráulicas en las llanuras desarrollaron una producción agrícola intensiva que permitió la supervivencia.

A escala mundial, Bolivia es el país con mayor extensión de sitios Ramsar y es responsable de salvaguardar las mayores reservas de agua dulce donde habitan más de 15 pueblos indígenas, interconectan ecosistemas terrestres y acuáticos en más de 16 áreas protegidas nacionales y subnacionales, posibilitando la funcionalidad ecosistémica fundamental para sostener medios de vida y para afrontar el cambio climático.

Sin embargo, más allá de su declaración no se han dado los pasos esenciales para impulsar una estrategia nacional para la conservación y uso sustentable de los humedales, tampoco se cuenta con planes de monitoreo. El 35% de la extensión de los sitios Ramsar coinciden con áreas protegidas, por lo que se asume que esta fracción estaría bajo planes de manejo y con gestión de protección. No obstante, en las últimas dos décadas existe un debilitamiento en la gestión de las áreas protegidas que batallan y afrontan grandes problemáticas con bajos recursos, escaso personal que arriesga su integridad física para frenar actividades ilegales y no son valorados ni dignificados por el valioso rol que desempeñan. Bolivia podría generar importantes ingresos impulsando el turismo local e internacional en estos espacios, además de otras iniciativas compatibles con la conservación.

El país requiere mayor atención en sus espacios protegidos, deben ser gestionados desde el conocimiento técnico y no político porque ahí se localiza nuestra fábrica de agua. La deforestación y los incendios avanzan disminuyendo nuestras posibilidades de un desarrollo sostenible que será difícil de alcanzar si no logramos la seguridad hídrica a través de estos espacios. Sin beber agua apenas se sobrevive de 3 a 5 días, sin este elemento se apaga la vida.

Estamos en la era del desbalance global, las sequías e inundaciones se intensifican; la lluvia puede ser nuestra aliada o amenaza. No logramos planificar bien los espacios que habitamos, ocupamos zonas de riegos y no tenemos certeza de cómo afrontar el cambio climático. Pese a la pandemia, no hemos comprendido el rol que juega la naturaleza en el equilibrio de la vida; con la zoonosis no se juega, tampoco con la degradación del medio ambiente. Cada espacio protegido, sea bosque o humedal, define nuestro presente y futuro, se trata de supervivencia humana.

    Marlene Quintanilla es directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la FAN.

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El futuro de la Amazonía

/ 9 de diciembre de 2020 / 00:10

En los años 70, un viaje por la Amazonía cambió la vida del antropólogo y ambientalista brasileño Beto Ricardo. Su convivencia con pueblos indígenas, la apreciación de valores humanos como el respeto a las minorías y el fortalecimiento de la diversidad socioambiental lo conmovieron en su lucha y activismo para salvar la Amazonía. Sus logros lo hicieron ganador del Premio Goldman 1992, su pasión y convicción ha articulado a instituciones y países para cartografiar lo que viene sucediendo. En Brasil, Bolivia y otros países amazónicos, si no está mapeado, no existe.

Así como Alexander von Humboldt (científico del siglo XIX) pensaba que la única forma de entender el mundo era verlo como un todo, Beto Ricardo comprende que la Amazonía debe ser entendida como una unidad, como un todo y para ello a través de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), una iniciativa de organizaciones de la sociedad civil de los países amazónicos trabaja para construir una visión integral de la Amazonía.

Nuestro pulmón verde y reserva de agua dulce más grande del planeta está cambiando. La Amazonía lamentablemente hoy se degrada. Los síntomas y consecuencias mapeados en RAISG evidencian que de 2000 a 2018 perdimos el 6% (513.016 km2) de los bosques más biodiversos. La función de purificar del aire (almacenamiento de carbono) se está reduciendo (un 48% por degradación). La minería ilegal se expande en 4.472 puntos de actividad ilícita afectando a pueblos indígenas y especies acuáticas del Amazonas.

En la Amazonía operan 350 hidroeléctricas y 483 están en planificación, muchas de ellas se localizan en grades ríos como el Xingú en Brasil (7800 m³/s de caudal), o el Madera en Bolivia, modificando la hidrología y el ciclo del agua. A esto se suma que más de 433 lotes de petróleo cubren el 9% de la Amazonía (797.824 km2). Como si fuera poco, cada año los incendios se expanden en una superficie similar a Uruguay (169.000 km2/año) impactando millones de hectáreas, calcinando nuestra biodiversidad y futuro.

El 33% de la Amazonía ya está bajo alta presión y un 33% con algún tipo de presión o amenaza. Los nueve países que comparten la Amazonía tienen entre el 52% y el 72% de su porción bajo presión. Bolivia está entre los países más presionados después de Brasil.

La deforestación acelera la pérdida de la Amazonía. La esperanza reside en mantener y proteger espacios clave como los territorios indígenas que cubren un 28% y las áreas protegidas, un 23%. Éstos se han convertido en los mejores aliados para conservar la Amazonía. Su consolidación y expansión para proteger la seguridad alimentaria, la seguridad hídrica y los múltiples beneficios ambientales requieren de acciones políticas concretas bajo una mirada integral de la Amazonía.

La visión de Beto Ricardo a través de RAISG busca acciones contundentes. Una economía socioambiental basada en la diversidad cultural y los paisajes forestales aún es posible, pero requiere de una visión estratégica y volúmenes de inversiones y modelos de gobernanza capaces de detener el modelo depredador de la Amazonía.

Marlene Quintanilla es directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la FAN.

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Inconsciencia

/ 30 de septiembre de 2020 / 02:52

El mundo en llamas es uno de tantos titulares que preponderó en las últimas semanas por la prensa nacional e internacional. Pues sí, nuestra Madre Tierra arde por nuestra negligencia; el cambio climático desde hace dos siglos indica que la temperatura del planeta entró en estado de fiebre y que con el pasar de los años se está haciendo más aguda, sin embargo, seguimos echando más leña al fuego.

Ante toda la evidencia científica, prepondera la inconsciencia. Los glaciares y hielo en las zonas polares cumplen la función de regular la temperatura global y mantener en equilibrio la acidez y alcalinidad de los mares, hoy están en el punto de no retorno. El hielo de la Antártida se derrite hasta seis veces más rápido que hace 40 años.

La humanidad alteró el 75% de la superficie terrestre, según informe del IPBES y la biodiversidad está en un punto crítico: el 84% de especies acuáticas disminuyeron. La Amazonía, el pulmón y reservorio de agua dulce presenta síntomas de pérdida de funcionalidad en sus ecosistemas. Un estudio de RAISG (Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada) indica que su capacidad de almacenamiento de carbono disminuyó no solo por deforestación, sino que casi la mitad es por degradación de los bosques; este dato debe alarmarnos, los bosques se degradan por los incendios y las sequías cada vez más extremas.

La intolerancia y el creernos especie superior que puede modificar la genética pasando parámetros de ética a título de combatir plagas, enfermedades y mejorar rendimiento en la producción, hoy nos cobran factura. La salud de los ecosistemas está en fase de deterioro, así lo demuestra el sitio Ramsar Laguna Concepción, un humedal clave para la producción está en agonía, miles de peces y fauna acuática perecieron porque la escasa lámina de agua está contaminada y sedimentada por la deforestación de casi todo su entorno.

Impotencia es lo que se siente ante casos de crueldad sucedidos con el tucán Tuki Tuki, la osa hormiguera Valentina, y cientos de animales que mueren en silencio y quedan invisibles porque no avanzamos en racionalidad. Mientras sociedades más avanzadas buscan revertir el daño, muchos apoyan el desarrollo enfocado en eliminar bosque para el agronegocio; es equivocado pensar que el bosque en pie es tierra floja.

Estamos al límite de tiempo, las acciones deben ser acertadas para salvar el planeta. En época electoral es crucial analizar y evaluar propuestas ambientales que vislumbren el cuidado de nuestra naturaleza como la base del desarrollo. Planeta sano, debe ser la premisa de la política ambiental. Cuanto más sigamos fracturando la naturaleza y no frenemos el comercio ilegal de vida silvestre, es probable que surja otra pandemia. Nos enfrentamos a una crisis ambiental sin precedentes. Es tiempo de actuar con racionalidad y consciencia ambiental.

Marlene Quintanilla es directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza.

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