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miércoles 8 dic 2021 | Actualizado a 11:16

Los hombres y el plan de Biden

/ 27 de octubre de 2021 / 02:08

Pete Buttigieg se enfrentó a las críticas de algunos conservadores por tomarse un permiso de paternidad por sus gemelos recién nacidos, pero su decisión de hacerlo muestra una característica de la política familiar de Estados Unidos: puede parecer endeble comparada con la de muchos otros países, pero ha tendido a reconocer el cuidado de la familia como algo que hacen todos, no solo las madres.

El plan de gasto para la red de seguridad de los demócratas ampliaría y consolidaría esta idea. En conjunto, sus propuestas de política familiar definen el cuidado de personas como una necesidad universal, sin importar el género.

El permiso familiar con goce de sueldo podría solicitarse en una amplia variedad de circunstancias, entre ellas nacimientos, enfermedades y el cuidado de la familia extendida, los suegros, las parejas de hecho y las personas que son el “equivalente” de la familia. Los planes para el cuidado infantil y de los adultos mayores eliminan el supuesto de que hay un cuidador familiar por defecto: una madre o una hija.

Los estados también han adoptado un enfoque de neutralidad de género en lo relacionado con la política familiar, y eso diferencia a Estados Unidos de otros países ricos. Aunque Estados Unidos es un país atípico en cuanto a la falta de apoyo para las familias trabajadoras en general (la mayoría de los estadounidenses no tienen permisos con goce de sueldo ni ayudas económicas significativas para el cuidado infantil o de los ancianos), las políticas estadounidenses han sido mucho más propensas a incluir a los hombres desde el principio.

En gran parte de Europa y en el resto del mundo desarrollado, es más probable que estas políticas hayan sido diseñadas para las mujeres en un principio. En consecuencia, a veces han reforzado la inequidad de género, ya que han provocado que las mujeres ganen menos y queden excluidas de los puestos de poder, y dificultado la participación de los hombres en la vida de sus familias.

Otros países ricos tienen políticas mucho más generosas para los hombres: en promedio, los padres tienen dos meses de permiso con goce de sueldo. En Corea del Sur y Japón, tienen un año, y en Francia, siete meses. Sin embargo, para lograrlo, los países han modificado sus políticas para alentar a los hombres a tomar sus permisos, como sucede en Suecia, Noruega y Canadá con los “días para papás”, que son días de permiso remunerado que deben tomar ellos para que la familia no los pierda.

Paradójicamente, la razón por la que Estados Unidos se ha adelantado en adoptar un enfoque de neutralidad de género en las políticas familiares es que ha tardado mucho en ofrecerlas.

Una idea central de los planes de política familiar del presidente Joe Biden es que el cuidado de las personas es algo que hace todo el mundo. Los demócratas han enmarcado esta necesidad como una cuestión económica y no como un asunto de las mujeres.

Según los investigadores, desde el punto de vista político, es probable que este enfoque sea más difícil que centrarse solo en las madres, en parte porque desafía las ideas preconcebidas sobre los roles de género. No obstante, también opinan que, al incluir a más personas, se reconocen las necesidades de las familias modernas y tal vez se pueda reducir la probabilidad de que se castigue a las madres por brindar cuidados.

Los legisladores que impulsan estas leyes reflejan la idea de que los cuidados no son exclusivos de las mujeres. Muchos de los líderes de esta iniciativa son mujeres y madres. Sin embargo, el esfuerzo ha sido dirigido por Biden, quien habla de manera franca y frecuente sobre su experiencia como padre soltero.

No obstante, hacer que las políticas sean neutrales en cuanto al género no significa necesariamente que tanto los hombres como las mujeres las vayan a utilizar. En teoría, los programas actuales de la red de seguridad están abiertos a cualquiera de los padres y, a pesar de ello, son más las madres las que se inscriben. Aunque los programas estatales de permisos con goce de sueldo aumentan las solicitudes tanto de hombres como de mujeres, son ellas quienes se toman permisos más largos.

El diseño de las políticas marca la diferencia. Es más probable que las mujeres acepten trabajos remunerados si encuentran una guardería de buena calidad que cueste menos de lo que ganan. Es más probable que los hombres tomen un permiso familiar si es con goce de sueldo y ofrece protección laboral.

Claire Cain Miller es columnista de The New York Times.

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La desigualdad de género empieza en casa

La brecha de género en los quehaceres entre los niños y niñas se da en todo el mundo.

/ 8 de septiembre de 2018 / 05:17

Es un hecho que a las mujeres se les paga menos que a los hombres en el trabajo y que hacen más quehaceres en casa. Resulta que esos patrones comienzan incluso desde la niñez. Aunque existen señales de que esta brecha se está cerrando, diversos datos muestran que las niñas todavía pasan más tiempo en los quehaceres domésticos que los niños. Además, se les paga menos que a los niños por esas tareas y reciben menos dinero para sus gastos.

Por ejemplo, un análisis reciente descubrió que los chicos de entre 15 y 19 años invierten media hora al día en los quehaceres; las chicas, en cambio, pasan 45 minutos en esa actividad. Aunque ellas invierten mucho menos tiempo en los quehaceres que hace una década, el tiempo que ellos le dedican al trabajo doméstico no ha cambiado considerablemente. Los investigadores sostienen que una de las grandes razones por las que a las mujeres se les paga menos es porque sobre sus hombros recaen más responsabilidades del hogar y se retrasan en sus carreras en comparación con los hombres. Lograr la igualdad, argumentan, requerirá no solo de preparar a las niñas para el trabajo remunerado, sino también enseñarles a los niños a hacer trabajos no remunerados.

 “La mayoría de los niños y las niñas aprende esas habilidades cuando desde pequeños se les inculca la participación en las tareas domésticas”, comentó Sandra Hofferth, socióloga de la Universidad de Maryland, coautora de una investigación reciente y que ha dedicado gran parte de su carrera estudiando cómo pasan su tiempo los niños. “Los progresistas creían que estaban capacitando a sus hijos para que se involucren mucho más en el hogar. Sin embargo, no vemos ninguna evidencia de que la brecha en los quehaceres domésticos haya disminuido”, asegura.

Su investigación se basó en los diarios de la Encuesta del Uso del Tiempo en Estados Unidos de 2003 a 2014 entre 6358 estudiantes de secundaria de 15 a 19 años. Las tareas domésticas incluían cocinar, limpiar, cuidar de las mascotas, hacerse cargo del mantenimiento del jardín, la casa y el automóvil.

Se encontraron diferencias basadas en la educación de los padres. Los hijos de padres con estudios universitarios en general dedican menos tiempo a las tareas domésticas, pero la diferencia casi siempre radica entre las niñas. Las hijas de padres con estudios universitarios pasan un 25% menos tiempo haciendo quehaceres que las hijas de padres que solo estudiaron hasta la secundaria. A pesar de ello, invierten 11 minutos más en esas tareas que los hijos. Los padres con estudios parecen haber cambiado sus expectativas en el caso de sus hijas, pero no de sus hijos, explica Hofferth.

Además, a los niños también se les da más dinero que a las niñas por hacer quehaceres, según un análisis reciente de 10.000 familias que usan BusyKid, una aplicación de tareas domésticas. Los niños que usan la aplicación ganaron el doble que las niñas por hacer tareas domésticas: un promedio de 13,80 dólares a la semana, en comparación con las niñas, cuyo pago fue de 6,71 dólares.

Los niños son más propensos a que se les pague por hacerse cargo de su propia higiene personal como lavarse los dientes o bañarse, según un estudio de la aplicación BusyKid. A las niñas suele pagárseles por limpiar con mayor frecuencia. La brecha de género en los quehaceres de los niños se da en todo el mundo. Una investigación reciente entre niños de 12 años en 16 países de todo el espectro económico, que no incluyó a Estados Unidos, descubrió que en todos los países las niñas pasaron más tiempo en las tareas del hogar que los niños.

Los quehaceres de los hombres y las mujeres tienden a dividirse entre lo que se hace al aire libre y en interiores. Las mujeres hacen la mayoría del trabajo dentro de casa (como cocinar, limpiar y lavar la ropa), mientras que los hombres se dedican más al trabajo en el exterior, como cortar el césped o sacar la basura. Investigaciones anteriores han descubierto que la misma división ocurre con las tareas de los niños. “Los quehaceres en realidad son una práctica para la vida adulta, así que el problema es que solo se perpetúan de una generación a otra”, asevera Christia Spears Brown, profesora de psicología en la Universidad de Kentucky que estudia la niñez y el género.

Pero hay signos de que la brecha de género en las tareas domésticas está comenzando a disminuir, al igual que sucede entre los adultos. En un área en particular (cuidar de otros miembros de la familia, como hermanos o parientes mayores) los niños hacen tanto como las niñas. Los investigadores dicen que esto podría influir en las futuras generaciones, ya que los niños que crecen en familias donde cuidan a otros miembros estarían preparados para ser padres más involucrados con sus hijos.

Los niños y las niñas pasan casi la misma cantidad de tiempo cuidando de miembros de la familia todos los días, según el análisis de Hofferth. Se trata de una brecha que ha disminuido a lo largo de poco más de una década, cuando los niños pasaban casi la mitad del tiempo que las niñas como cuidadores. Los niños están dedicándose más a esta actividad en todo el mundo. En el estudio internacional hubo muy poca diferencia de género en la cantidad de tiempo que los niños pasaron cuidando a otros miembros de la familia, y en un país, Noruega, los niños pasaron más tiempo haciéndolo que las niñas.

En otro estudio de tareas domésticas, con un conjunto más pequeño de datos, hubo pruebas de que la brecha de género en los quehaceres también estaba disminuyendo. Los chicos de 13 a 18 años pasaron poco menos de media hora haciendo quehaceres, mientras que en el caso de las chicas el tiempo fue de poco más de media hora. El cambio se dio entre los varones, que aumentaron el tiempo que dedican a las tareas del hogar un 29% entre 2002 y 2014, mientras que las chicas disminuyeron ese tiempo un 27%, según el Estudio de Pánel de la Dinámica de Ingresos de la Universidad de Michigan, que ha dado seguimiento a un conjunto de familias desde 1968.

Esto refleja el cambio entre los adultos. Los hombres casados ahora invierten 1,1 horas al día haciendo labores del hogar, según descubrió el pánel de Michigan, un pequeño aumento respecto a los 55 minutos que invertían en 1983. El tiempo que pasan las mujeres casadas en estas actividades ha disminuido, pero todavía es el doble que el de los hombres: 2,2 horas al día, menos que las 3,8 horas que invertían antes. Eso demuestra que la crianza de los niños moldea los roles que asumen en la adultez.

Otro estudio encontró que los hijos de madres que trabajan fuera de casa pasan más tiempo haciendo tareas domésticas y cuidando de los niños en la edad adulta. Otra investigación descubrió que la división parental del trabajo, en especial los padres que hacen tareas domésticas, predijo las actitudes de los adultos jóvenes al momento de dividir el trabajo doméstico.

Para las mujeres que son autosuficientes económicamente, los hombres que no comparten la carga de trabajo en el hogar podrían resultar menos atractivos como pareja, según Hofferth, no obstante aclara que sus casas podrían ser más desordenadas: “Las parejas jóvenes probablemente subcontratan el trabajo doméstico o viven con más caos y desorden que sus padres”.

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