Voces

viernes 3 dic 2021 | Actualizado a 00:32

De espacio público a espacio político

/ 26 de noviembre de 2021 / 00:51

Estos últimos días, por los problemas sociales que se presentaron, nos pusimos a reflexionar sobre cómo han evolucionado las expresiones sociales hasta convertirse en extremo violentas. Esto ha llevado a que aquellos lugares donde se realizan se transformen, hasta el punto que sorprende la fuerza negativa que exhalan, la cual se acentúa con los rostros de los manifestantes que irradian su tremendo malestar.

No se puede olvidar que el primer lugar que develó al espacio para una infinidad de actividades nació en Atenas, el sitio más fluctuante y mágico del ayer.

Allí germinó el espacio público a partir de actividades sencillas como la práctica de danzas religiosas hasta ritos, sin olvidar la instalación de stoas, pequeños negocios destinados a la venta de alimentos. De esa manera, ese primer espacio público se convirtió en el más concurrido de la vida representativa de una parte de la sociedad; un lugar vivencial que no fue sustituido por otro, debido al vigor que le otorgó a la ciudad, elevando la calidad de vida del personaje principal: el ciudadano griego.

Mucho más en la época medieval, cuando los espacios públicos eran instalados en plazas enteramente cubiertas, como la Villefranche. Una realidad que no evitó que, aun así, la vida ciudadana fuese por demás dinámica. Único ejemplo inspirador de la palabra democracia.

Así nacieron otros espacios como el foro romano —ubicado en el centro de la ciudad de Pompeya—, que funcionaron como vínculos entre los monumentos y las plazas, y que adoptaron otro significado urbano: el del recorrido, posiblemente para el intercambio de ideas.

Lo particular es que el espacio público desde sus inicios fue el lugar más popular y cercano a los mercados. Un sitio abierto que fue adquiriendo la fuerza y vitalidad del pueblo, lo que generó expresiones singulares, sin olvidar que el poder de su sentido público le enseñó al mundo la elucubración de temas sociales. Con ello, se fue consolidando como uno de los lugares más importantes para la concentración y el relacionamiento ciudadano. Su fortaleza creció durante su conversión como parte del ordenamiento de las urbes, por su ubicación estratégica.

Evolución y dualismo dentro de una visión cada vez más objetiva en cuanto al significado político, que se expresaba más en las concentraciones populares. Así nacieron los actos en los que se trataban los temas de interés común de la ciudadanía.

Lo interesante es que hoy esa cualidad sigue evolucionando, pero no solo eso: el espacio público se ha convertido en aquel lugar trascendental de las urbes, dejando en segundo plano a los sitios de descanso de la población, como es el caso del Montículo en La Paz.

En contraste, la plaza San Francisco ahora tiene una doble función: de recreo para la población y centro político, cuyo valor de sentido popular sigue en aumento. Doble rostro: el de recepción de la ciudadanía y el de efervescentes concentraciones y expresiones logradas a través de las travesías políticas.

A pesar de todo eso, en los dos últimos años surgió otro tipo de actividad política desarrollada en una especie de espacios flotantes estratégicos, donde grupos de personas aparecen, expresan sus ideales y reivindicaciones políticas, y luego desaparecen. Una planificación sumamente singular, ya que en rápidas acciones los grupos se trasladan a distintos barrios, donde expresan su apoyo a su líder o defenestran al opositor para luego desaparecer.

Está claro que hoy se puede hacer política por medio de diferentes tácticas y esta última —la flotante— ha sido capaz de sembrar en diversos lugares el nuevo sistema de sentido político, el cual demuestra que los ideales de un partido son capaces de despertar la creatividad de sus adeptos para dar el salto a la práctica de métodos contemporáneos.

Patricia Vargas es arquitecta.

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No somos los mismos

/ 12 de noviembre de 2021 / 02:11

Hasta hace más de un año estábamos seguros de que el pasado se había convertido en demasiado pequeño para seguir habitándolo, hasta el punto en que no faltaban quienes ensalzaban a las grandes metrópolis que destruían barrios enteros de la gente de bajos recursos para la edificación de grandes infraestructuras, ratificando con ello que el presente se había convertido en efímero para la situación que vivía el planeta en cuanto a su desarrollo, también tecnológico e informático de esos momentos. Una realidad que de alguna manera tenía mucho de cierto.

Grandes ciudades, vida exaltada, libre a tábula rasa y de pronto llegó el COVID-19, que no nos hizo retroceder en el tiempo, pero nos demostró que toda esa mirada de un futuro ya concebido y hasta planificado por las grandes potencias debía detenerse por casi dos años. Esto, sin olvidar que posiblemente este virus llegó para quedarse.

Una pandemia que, por otra parte, nos ha demostrado otra realidad: que aún somos muy vulnerables, tanto que son 5 millones los que ya fallecieron en el planeta.

El mundo no se para y seguirá adelante en la ciencia, tecnología, educación y otras áreas, pero lo cierto es que ya no somos los mismos de ayer, ya que la población del planeta es otra, más reflexiva. El mirar el dolor ajeno nos ha demostrado que no somos invencibles, sino seres humanos. Débiles frente a semejante pandemia y muy sensibles como para soportar con indiferencia la pérdida de semejante número de vidas. Lo lamentable es que el peligro no terminó pues ya estamos frente a la cuarta ola.

Una situación que ha transformado aquella mirada fría y soberbia sobre un mañana de imposiciones, por un planeta que nos ha recordado cómo puede reaccionar ante tal postura.

A pesar de ello, las transformaciones son parte de la esencia misma del camino al futuro, lo cual no solo exige nuevas visiones sino que éstas formen parte innata de su desarrollo. Esto reafirma que el ser humano nunca dejará de soñar con el mañana, ya que aquello forma parte de su devenir.

Por tanto, nada detendrá el que sigamos adelante. Estamos conscientes de que viviremos cambios y de que recuperaremos la fuerza para seguir viviendo en libertad.

Lo más sobresaliente es que gracias a esta dura situación la era de la información se ha consolidado y hoy su cobertura traspasa fronteras antes inimaginadas. Así, las limitaciones que antes tuvo la población para comunicarse, hoy fueron subsanadas a través de los medios tecnológicos. En otras palabras, la sociedad, en este tiempo de crisis, cubrió su necesidad de contacto humano a través de la comunicación virtual.

Sumado a todo ello, el COVID-19 nos ha llevado a plantearnos también la necesidad de transformación de las ciudades. Una realidad que exige que éstas hoy sean concebidas con un sentido más humano no solo de la urbe en sí, sino de sus espacios de esparcimiento y recreación.

Toda vez que no somos los mismos de hace dos años, es necesario entender que hoy “el espacio urbano y vivencial no solo refleja a la sociedad sino que la expresa”.

Ha quedado demostrado, pues, que quienes le dan “sentido y significado” al desarrollo del planeta son los seres humanos y, en esa medida, la responsabilidad de éstos en su conservación es todavía mayor. Si bien hoy no somos los mismos, tenemos la energía no solo para superar el momento que vivimos, sino comenzar a construir un futuro pleno de desarrollo y sin amenazas sanitarias.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Yuxtaposición de las memorias

/ 29 de octubre de 2021 / 01:46

Foucault nos heredó como conocimiento que las memorias son una especie de legado de las ciudades que demuestran que esa caja del hacer y rehacer son parte de la historia de las naciones.

Y son justamente los tiempos actuales los que parecieran denotar cómo las experiencias han influido en la vida humana en los dos últimos años. Dolor, sinsabor, estrés, temor, nostalgias, soledad, fueron las sensaciones que nos trajo la última pandemia, y con ello se vivió algo parecido a una borrasca que aún no está del todo superada.

El sábado, caminando por la ciudad, tuvimos una experiencia: una señora y su nietita se nos acercaron para hacernos una entrevista. Esta se refería al tema de la pandemia, como una tarea asignada en el colegio.

Fue ese el momento en que retrocedimos a un periodo que busca ser el más olvidado, especialmente por el padecimiento que trajo para toda la humanidad.

Así pues, establecimos un diálogo y reflexionamos sobre el dolor que significó para la generación de niños y adolescentes la pérdida de los adultos mayores en sus familias a causa del virus; además de los nuevos hábitos de los que tuvo que apoderarse la juventud a partir de 2020, cuando se comenzó a vivir una realidad que no se olvidará fácilmente.

La mirada lánguida de la bella dama mostraba lo sabio del vivir, pero también el sufrimiento que nos ha heredado el COVID-19, así como la desorientación y la necesidad incalculable de contar con otro tipo de alicientes para seguir adelante.

Aquel encuentro también nos llevó a reflexionar sobre las miles de personas que atravesaron, y aún lo hacen, situaciones adversas que las marcaron. A pesar de ello, lo más lamentable es que la posibilidad de perder más vidas aún no ha cesado.

Evidentemente, la existencia humana ha dado un giro desde 2020 y hoy cada persona condensa una serie de temores que posiblemente no sean superados hasta dentro de algún tiempo. Lo interesante es cómo la sociedad anhela nuevas esperanzas, nuevas realidades. Y es en esa medida que se hace necesario que las ciudades sean concebidas con algo más de sensibilidad para que la reflexión se multiplique. En otras palabras, que estén pensadas también para aquellos sobrevivientes del dolor y, consiguientemente, las formas, el color y los espacios produzcan por lo menos curiosidad y remitan a sensaciones positivas que alienten nuevos haceres en el ciudadano de hoy.

Sobra decir que el planeta ha quedado tan impactado que muchos han quedado desorientados sobre el camino a seguir. Esto sin duda porque este tiempo nos ha demostrado una clara ruptura entre el ayer cercano y el nuevo hoy, lo que quizá era necesario para iniciar una nueva era.

Tampoco se debe olvidar el crecimiento de lo positivo: un mejor relacionamiento entre las personas a través de la comunicación virtual, sin dejar de lado aquella invisible necesidad de desarrollar nuevamente la sensibilidad que nos recuerda que somos seres humanos y que tenemos que seguir construyendo un mundo mejor. Un planeta, como afirma Levi Strauss, en el que toda desigualdad trate de ser nivelada, a fin de recordar estos tiempos como una simple caricatura del dolor.

Aprovechemos este momento para dar el gran salto al futuro y elevar las cualidades que conlleva la vida, siempre con el objetivo de formar parte del nuevo desarrollo del ser humano.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Infraestructura educativa, ¿cambio o renovación?

/ 15 de octubre de 2021 / 01:03

Es evidente que la educación requiere de una permanente actualización y revisión de los sistemas educativos vigentes y en consecuencia con nuevos métodos de enseñanza, sin olvidar a la infraestructura educativa. Mucho más hoy en día ha dejado de ser planificada en interrelación a las nuevas actividades educativas para luego convertir a las edificaciones no solo en poco atractivas por su deterioro lamentable, sino por las pocas cualidades para su uso dentro de actividades pedagógicas. Asimismo, ni siquiera son pensadas por el ruido que puedan causar, que perjudica a cualquier otro tipo de prácticas de educación dirigida.

De esa manera debieran estar actualizadas con el tiempo, acordes a la práctica educativa que las requiere y las necesidades de conocimiento, las cuales debieran postular transformaciones y evolución. Así, la forma adoptada como infraestructura educativa hoy debiera ser referida, en ciertos casos, hasta fuera de cierta planificación educativa tradicional.

En cuanto a la infraestructura educativa pareciera necesario comprender que no solo se trata de proyectar volúmenes agradables individualmente, sino que estén vacíos de contenido educativo, que motiven nuevas experiencias apoyadas por un equipamiento didáctico que hoy exige la educación contemporánea, por tanto, conlleven significados acordes a los nuevos tiempos.

Por otra parte, si hasta hace algún tiempo la funcionalidad fue la imposición en el diseño de edificios escolares, hoy en día la modulación mal concebida y sin diferenciación del significado del tipo de enseñanza dentro del aula, pareciera hasta ser lamentable y mucho más si se refiere solo al juego de formas, colores hasta mal concebidos. Parece necesario comenzar a pensar evidentemente este aspecto, pero esencialmente el referido a espacios que la psicología estudiantil exige.

Así, el acercamiento al cambio hoy niega absolutamente aquel cúmulo de aulas que no han sido capaces de ser planificadas previo a su uso.

Empero aquello nos recuerda que la educación tiene la cualidad de tener una secuencia en la sectorización diferenciada y lo mejor, los grupos requieren de los lugares especiales para cada función educativa. En el caso que no es así, podría convertirse hasta en una especie de laberinto de aulas sin planificación alguna.

Pero no debemos dejar de nombrar la necesidad de escenificación que requiere algún volumen, el cual logre dotar de un nuevo sentido que motive a la educación de un significado libre de expresión.

De esa manera pareciera que cierto sistema sin planeamiento de las aulas y menos su falta de planificación en el conjunto espacial exterior, si bien se han puesto de moda, empero la mayoría de las propuestas en ciertos colegios de economía alta han adoptado por estética ese tipo de ejemplos.

Parece necesario el implementar una nueva visión no solo del pensamiento sobre el contenido que conlleva la educación, también del cómo extender el conocimiento.

Ahora bien, hoy ya sabemos que las tendencias de las escuelas y colegios del futuro pasan por la tecnología y con ello surge la educación híbrida. Sin embargo, debemos entender que requerimos que en Bolivia las instalaciones estarán concebidas por redes digitales, como dijimos en cualquier artículo anterior. Recién con ello se prevé que ingresaremos a los nuevos tiempos de la educación en este país. Un sistema híbrido entre lo tradicional y lo tecnológico.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Ética y creatividad

/ 1 de octubre de 2021 / 01:26

Sócrates fue el más grande maestro de la retórica y el lenguaje. Uno de los puntos “fuertes” que enmarcó sus reflexiones fue la creatividad, la cual lo llevó a ser denominado el “maestro de la invención” de las ideas. Algo por demás singular, pues le posibilitó conducir al mundo al nuevo camino, el de la humanidad. Esto no solo en lo referido a la reflexión, como es de suponer, sino a la creatividad necesaria en la vida del ser humano. Un verdadero pensador creativo.

Como se sabe, la creatividad es la invención natural extraída de la mente y la habilidad de saber transformar ciertas situaciones, elementos y otros en nuevos hechos o realidades.

De esa manera, de la actitud imaginativa de Sócrates derivaron diferentes corrientes filosóficas. Entre lo más importante de su legado estuvo su afirmación: “Una vida sin búsqueda no merece vivirse”. Una consideración que demostró cuán importante es el desarrollo del conocimiento, siempre que esté pensado dentro de una argumentación racional.

En esa lógica, la ética, a nuestro entender, no solo se convierte en uno de nuestros valores humanos, sino también en el sentido de nuestra vida.

No faltaron otros pensadores contemporáneos como Heidegger, quien aseguró que el hombre de hoy no solo requiere ser competitivo, sino esencialmente creativo. Una visión que es vital en estos tiempos, ya que motiva a la competitividad, es decir, luchar por el triunfo y que éste además se encuentre acompañado por una conducta ética.

Lo más importante de aquello es que ese actuar debiera ser asimilado como parte ineludible de la integridad de las personas.

El interior del ser humano es la realidad más importante para el trabajo de la ética y, aunque no se crea, lo más difícil de moldear.

La ética es una parte de la filosofía, quizá la más determinante del hacer profesional, sin embargo, no siempre se logra que el ser humano se apropie de ella.

Por tanto, es una cualidad fundamental de la conducta humana, pues es parte del sentir que acompaña el “hacer creativo”.

Está claro que la vida del ser humano no es fácil, lo que le puede llevar a cometer errores que podrían enmarcarse en la falta de ética. Pero, incluso así, ésta vive en su interior y es una parte vital de la formación de su conducta.

Es fundamental comprender además que la ética no está reñida con el tiempo y menos con la cualificación de valores. Tampoco puede ser algo impuesto en la persona porque, a fin de cuentas, forma parte de su ser.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Concierto barroco

/ 17 de septiembre de 2021 / 01:26

No existe mayor acierto que aquella definición conceptual sobre el barroquismo: “El mundo es un teatro”. Metáfora que forma parte del sentido de la época barroca y que indica que fueron momentos que denotaban las inmensas contradicciones de las sociedades.

Una realidad que Alejo Carpentier supo explotar en su obra Concierto barroco, dentro de una historia capaz de acercarnos a las culturas propias de las naciones latinoamericanas. En este caso, Coyoacán (México), lugar donde Montezuma (denominado así por el escritor), sentado en un trono de estilo mixto entre pontificio y michoacano, demuestra cómo el escritor buscó revelar que nuestras sociedades viven en el mismo espacio y tiempo, situaciones de distintas temporalidades.

Concierto barroco se enmarca en una ópera de Antonio Vivaldi que fue estrenada en Venecia en 1733. Y es justamente aquello que se percibe en el relato que adopta Carpentier en su escrito, en el que Montezuma, poetizado por Giusti y puesto en ópera por Vivaldi, salta después de casi dos siglos en una especulación sobre el tiempo.

De ese modo, la vertiginosa adaptación de ese ritmo musical —denominado endiablado por la crítica— alcanza su cometido de hacer vivir el pasado y el presente; por tanto, la presencia musical demuestra que tiene un tono rítmico y hasta melódico, lo que obviamente le da un significado singular.

Lo interesante de la creatividad del autor es que con ese detalle logra no solo revelar el sentido del libro, sino remarcar el valor de la música para hablar de Latinoamérica utilizando un estilo intencionalmente representativo de la época barroca. Esto apoyado por todo un entorno de relatos inspirados y representativos que consiguen transmitir la visión de ese tiempo.

De ahí que lo importante para algunos estudiosos de la obra Concierto barroco fue traducir su interés por descifrar la realidad latinoamericana y comprender su unidad cultural, para llegar, según ciertos críticos, a la auténtica conciencia latinoamericana.

Un sistema integral que utiliza Carpentier, cuyo propósito —a nuestro parecer— está dirigido intencionalmente a diseñar una visión sobre América Latina para el lector. Y para ese fin es que aclara que se trata de un elogio a la música barroca, para hablar de nuestros países.

Sin embargo, el hecho de mostrar una obra de dos dimensiones en dos mundos (en este caso del barroco), logra ilustrar al lector sobre la importancia que debiera dar a la lectura de las bellas obras del ayer, las cuales fueron poetizadas por literatos como Carpentier, que en medio de su tarea como escritor selecto hizo posible una obra que conlleva un trasfondo del gran valor: armar una trama a través de algo tan sensible como es la música y algo tan fuerte como es la identidad.

Para él, en síntesis, Latinoamérica es un territorio geográfico-espiritual constituido por diversas formas de simbiosis culturales, donde es justamente esa identidad singular la que permite que en una sola y gran región convivan tantas culturas, que la convierten en única. En este caso, se fundamenta en lo social latinoamericano y lo musical como gestor de la identidad.

Finalmente, es preciso señalar que el fenómeno musical latinoamericano posee características formales expresivas y claramente diferentes de la música europea que responden a un registro universal. Asimismo, sus temporalidades son distintas, pero “los componentes musicales se relacionan con la aprehensión del tiempo y la libertad estética”, como afirma Carpentier en Concierto barroco.

Patricia Vargas es arquitecta.

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