Voces

jueves 20 ene 2022 | Actualizado a 07:25

Quieren retornar al Estado nación con el federalismo

/ 28 de noviembre de 2021 / 00:52

Hace pocos días el gobernador del departamento de Santa cruz, Luis Fernando Camacho, lanzó la idea de que “avancemos” a un Estado Federal porque supuestamente se combatiría mejor “la hegemonía del gobierno del Movimiento Al Socialismo”. Detrás de este anuncio de continuidad de la guerra contra los indios, se comienza a tejer la intención de retornar al viejo Estado nación de orígenes europeos, coloniales, implantados en la época republicana. Hay que recordar que las élites políticas latinoamericanas, ante la incapacidad de crear un propio Estado con fuertes raíces indígenas, negras y populares, han hecho una burda imitación del Estado nación europeo, incluida su organización política administrativa.

¿Por qué el gobernador Camacho se afana en levantar la bandera del federalismo? Hay una ambición personal, ya no es extraña su vocación de dictadorcito, fascista, racista y de representar los intereses de una oligarquía empresarial conservadora. Específicamente, ahora quiere moverse políticamente a nivel nacional: 1) Por el fracaso del último “paro indefinido multisectorial”, que pretendió llevar adelante con el círculo de potentados cruceños y sus seguidores “pititas”, plataformas, comités cívicos, etc., con el mismo libreto del golpe de Estado de noviembre de 2019; 2) Ante la decepción estrepitosa, vuelven al libreto de sus abuelos, el federalismo, para ver si resulta algo.

Sin explicar lo que es el federalismo, usando algunas palabritas como el centralismo, pretenden generar un discurso anti Estado Plurinacional. No es ninguna novedad la propuesta del federalismo en nuestro país y más bien recordarles que fue la bandera de los viejos separatistas. ¿Por qué no fue posible implantar el federalismo en el país? A fines del siglo XIX hubo un fuerte debate y discusión sobre el federalismo y con resultados cruentos como la guerra federal de 1899, donde la élite paceña, y particularmente José Manuel Pando, tejió su discurso por la implantación del federalismo, pero al final se echó atrás y diluyó esa idea.

Otra experiencia y gran oportunidad fue la Asamblea Constituyente, entre 2006 y 2008, que se cristalizó en el referéndum de 2009. ¿Por qué no se planteó y se aprobó en este evento sin precedentes el federalismo? Muy simple, en el siglo XXI las ideas de reproducir el federalismo en los Estados nación han fracasado, la experiencia de España es una muestra clara.

Lo más grave, el intento de la federalización del Estado es la tentativa de retornar al modelo del Estado nación, aunque se diga que es el federalismo contra la centralización; pero está bajo cánones de unicidad en todo. Es decir, se intenta retornar a tener un solo idioma (re-castellanización), una sola cultura (boliviana), etc. En definitiva, se quiere retornar al monoculturalismo en todos sus aspectos.

Precisamente la creación del Estado Plurinacional, en términos formales desde 2009, tiene la base de las luchas de los pueblos ancestrales y populares de nuestro país. La tesis política de la CSUTCB de 1984 es donde se menciona por primera vez la creación de un Estado Plurinacional, que va a ser alimentada por otras marchas indígenas, como la de la CIDOB, que pidió Asamblea Constituyente a principios de la década de 2000.

Está claro que a los comités cívicos, sectores políticos y sociales colonialistas no les interesa tener una administración de Estado propio, originado en base a nuestras raíces históricas. Les interesa seguir imitando, aunque sea rústicamente, porque piensan que lo extranjero o ser colonizado es lo mejor.

Otra pregunta, ¿cuál es nuestra experiencia en 13 años de autonomías departamentales y regionales? En vez de seguir retrotrayendo se debería apostar en profundizar las autonomías de los departamentos y ampliar más las autonomías regionales.

Wasitampiwa una añathuya jaqinakaxa jisk’achañ munistu. Kamachuxa, chuchaskakiwa, wali uñisistu. Patrun sarawiruwa kuntayañ muni. Arsusiñasawa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Vacuna obligatoria contra el COVID-19, sí pero no…

/ 9 de enero de 2022 / 03:03

Hay varias preguntas que uno se hace, ¿el Estado Plurinacional ha apostado tanto por el cuidado de sus ciudadanos en tiempos del COVID-19? Desde un punto de vista lógico es plausible esta acción. Sin embargo, hay un tema poco tratado a profundidad, en algunos casos hasta folklorizado, es la otra medicina, más conocida en nuestro medio como la medicina tradicional o ancestral. La Constitución, en su artículo 35, parágrafo II, dice: “El sistema de salud es único e incluye a la medicina tradicional de las naciones y pueblos indígena originario campesinos”, lo cual quiere decir que la medicina occidental y la medicina de los pueblos ancestrales son iguales, no pueden estar superpuestos. Sin embargo, el combate contra el COVID-19 nos ha permitido conocer y profundizar las diferencias en su tratamiento: el privilegio paulatino de las políticas de salud solo con lo occidental.

Lamentablemente, está la obligatoriedad implícita del Decreto 4641 que exige al ciudadano portar el carnet de vacunación. Varios funcionarios del gobierno de Luis Arce han tratado de explicar esta especie de filosofía del sofismo, es decir, no es pero sí es, paralelamente. Aunque se haya postergado su presentación, el momento en que pides el carnet de vacunación estás obligando al ciudadano a que se vacune con las dosis que aún no garantizan la inmunización; pero lo más grave, solo es permitido mediante la medicina occidental. No se han contemplado personas que se han tratado con la medicina tradicional y han superado o continúan cuidándose con esta otra medicina. ¿Cómo certificamos a las personas que se han tratado con la medicina tradicional? ¿Quién certifica esta práctica ancestral reconocida en nuestra Constitución? Tenemos un Viceministerio de Medicina Tradicional que no cumple con su función específica de promocionar la medicina de los pueblos ancestrales, a la par de la medicina occidental.

Pedir que el que no quiera vacunarse presente una prueba de PCR negativa, que tiene una validez de 48 horas, es como decir “si no te vacunas paga la prueba PCR”. ¿En beneficio de quién? Está claro, de la empresa privada de salud y sus laboratorios que aún hacen su agosto en tiempos del COVID-19. Tal vez lo más sensato era hacer una declaración jurada de buena fe de que una persona está bien, no importa por qué vía se haya tratado, pero que está bien de salud. ¡Quién sabe mejor que uno está bien es la propia persona! Hoy, lamentablemente, hay una especie de paranoia de sospecha, como decir “tal vez está infectado con el COVID” a cualquier enfermedad.

Es propicio para que los municipios del país implanten políticas de salud con la medicina ancestral. Como la siembra y el uso de la medicina tradicional, además de productos naturales que definitivamente son los que coadyuvan a una buena alimentación y, por lo tanto, a mejores defensas naturales.

Creo que es posible salvar este error garrafal mediante un sistema de declaración jurada de que está bien la persona y así se otorgue el carnet de salud. Pero si hay ciudadanos que mienten, tendrán que asumir sus errores y enfrentar la situación legal correspondiente, incluso con la no atención en centro de salud.

La deuda del Estado Plurinacional es cómo hacer paridad en salud, es decir, entre la medicina occidental y la ancestral, reconocidas plenamente, y no estén subordinadas una a la otra, lo cual supone que el Estado tenga políticas para fortalecer la medicina tradicional, organizadas y no con simples charlatanes o p’ajpakus que han ahondado en estos últimos años.

Jiwasanakasan qullanakasa janiw yaqatakiti, anqa qullawinakakiw wali ch’amanchataski ¿ janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Mirando a los pueblos profundos de Perú y Chile

/ 26 de diciembre de 2021 / 06:34

Casi terminamos el 2021 del calendario gregoriano occidental y la mitad del año desde los pueblos ancestrales y sobre todo desde la región andina. Es preciso mirar el pasado, sea reciente o de hace muchos años, porque ambas temporalidades siguen influyéndonos en la vida presente.

Desde el plano político, hay algunos hechos que son muy importantes en este tiempo, como el triunfo del profesor quechua Pedro Castillo en la política peruana, que es el despertar de las poblaciones indígenas, campesinas y sectores populares que se sienten plenamente identificados, frente a los políticos elitistas y tradicionales.

Castillo se ha convertido en el símbolo de la lucha contra las formas de colonialismo contemporáneo y aún muy arraigados en el vecino país hermano. Sin embargo, es acechado permanentemente por las miradas racistas y las mentalidades colonialistas, que intentan a toda costa hacer fracasar su gobierno, buscando mil artimañas jurídicas, incluida declarar vacante la presidencia. A diferencia de otros momentos históricos, están ausentes en nuestro país pronunciamientos y movilizaciones de solidaridad con Castillo y el pueblo profundo peruano. Es preciso retomar la diplomacia de los pueblos para esa tarea. El rol de la Cancillería de nuestro país es muy importante en este surco de solidaridad.

Otro hecho muy importante es lo que sucedió en Chile. El 4 de julio, una mujer mapuche, Elisa Loncon, fue elegida como presidenta de la Convención Constituyente, que tiene la misión de redactar una nueva Constitución Política del Estado, que está en curso. A esto se suma el flamante triunfo electoral, en segunda vuelta, de Gabriel Boric, contra el ultraderechista pro-pinochetista José Antonio Kast, que abre la vía para un cambio estructural sociopolítico. Aquí los grandes protagonistas son los/as jóvenes, ahora representados por Boric, quien tiene la enorme responsabilidad de conducir al país vecino por ese nuevo rumbo, posiblemente expresado en otro Estado plurinacional del sur.

Tanto en Perú como en Chile se teje una nueva izquierda, creo que con la capacidad de entender la lucha y un mejor relacionamiento con los pueblos ancestrales, sean indígenas, campesinos y sectores populares. El accionar de la izquierda chilena es muy interesante, por su diálogo franco y solidario con los pueblos ancestrales minoritarios, como los mapuches y los aymaras. Medio siglo del pinochetismo como política de Estado y sociedad ha tenido y aún tendrá enormes resistencias de la derecha fascistoide para el cambio profundo. La nueva generación que palpó la privatización de la educación y la mayor exclusión de los sectores sociales, incluida la clase media, permitieron el despertar y el triunfo de Boric, un joven proveniente de una de las regiones distantes de Santiago. Hoy, la política de transformación de nuestros países la están haciendo personas que no son oriundas de los núcleos y ciudades hegemónicas como Lima y Santiago.

Pero el caso peruano es más complejo, porque es una sociedad que se construyó bajo la idea de que más que indios son campesinos y por eso hoy es muy lento el proceso de politización identitaria de los campesinos andinos, a excepción de zonas fronterizas con Bolivia, como es el caso de Puno.

Está el peligro de que en nombre de la democracia, la libertad y otras imposturas la derecha conservadora termine minando demandas de largo alcance. Además de prejuicios, como decir “no puede gobernar un indio como Castillo” o un “jovencito sin experiencia” como Boric. La situación de ser indio y ser de clase social baja aún son factores que dinamizan la política peruana y chilena. Pero apostar por la profundización de la democracia, acompañada de una fuerte convicción del pueblo movilizado, brindará la garantía y el respaldo a los gobiernos progresistas. Es importante tejer espacios de seguimiento y adhesión desde Bolivia.

Ma tuqitxa kusisiñawa, ukhamaraki llakisiñjamarakiwa. Anqa tuqina, Pirwa markana ukhamaraki Chilinxa, pa jilatanakawa, suma amuyunpi sarantasipki. Ch’amanchañasawa uka suma sartawiruxa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Sociedad capitalista de mil artimañas y corrupción…

/ 12 de diciembre de 2021 / 03:27

El concepto de sociedad siempre ocultó comportamientos específicos de los habitantes, pues esa generalidad ha servido para socapar y enaltecer mil procedimientos. La sociedad boliviana no está lejos de esas conductas, como un conglomerado de muchos grupos sociales, étnicos y hasta de castas racistas. La sociedad internacional capitalista ha incentivado, para estos tiempos, el cómo actuar en la sociedad-espectáculo, hoy contribuido masivamente por los distintos medios de comunicación, incluidas las redes sociales. La sociedad del show y la farándula ha formado ya varias generaciones bajo cánones contrarios a los valores humanos mínimos y universales. El ser exitoso es uno de los sueños de estos tiempos y para tal cometido hay personas que pueden hasta transgredir valores humanos sin escrúpulo. El éxito tiene que ver mucho con el dinero y los bienes materiales. ¿Existe alguna relación de las prácticas de corrupción con estos valores capitalistas? Varios estudios afirman que sí. Lamentablemente, no tenemos investigaciones sobre los corruptos bolivianos/as, para saber por qué se pervirtieron, basados en qué valores, etc.

En los últimos días nos enteramos de hechos delincuenciales que involucran a la anterior administración de la Alcaldía de Santa Cruz. Mediante una denuncia de la expareja de un anterior ejecutivo que trabajó durante las gestiones de los alcaldes Percy Fernández y Angélica Sosa, se habrían creado 800 “ítems fantasma”, lo que arrojaría un millonario daño económico a la institución y al Estado boliviano. Hay que precisar el término de “ítems fantasma” que es inadecuado, pues en una repartición administrativa del Estado, en cualquiera de sus niveles, existen personas específicas que trabajan, incluidos los consultores y, por lo tanto, no hay anónimos y menos fantasmas.

Recordar que el exalcalde Fernández, por su avanzada edad, prácticamente delegó sus funciones a la señora Sosa. Por las leyes bolivianas, no es posible negar que un señor de 90 años o más siga ejerciendo un cargo público, porque lo contrario sería discriminación. Sin embargo, no existe una práctica de conciencia, una autoconciencia de las actividades que se puede hacer o no ya con ciertas edades. Las actitudes de Fernández y Sosa fueron muy deshonestas. La señora Sosa, creo que encubrió no solo los actos de corrupción como los que comienzan a investigarse, incluso otros hechos, como cuando el alcalde Percy se daba el lujo de insultar, faltando el respeto a muchos sectores de la sociedad. A ambas exautoridades les toca asumir toda la responsabilidad de los casos.

Hay una serie de preguntas que el ciudadano común se hace. Se dice que el millonario dinero desfalcado habría cubierto las movilizaciones de los 21 días de los “pititas”, que se cristalizó en el golpe de Estado en noviembre de 2019. Hasta hace poco se apuntaba que los empresarios, como el gobernador Luis Fernando Camacho, incluso gente del Comité pro de Santa Cruz, como Rómulo Calvo y otros, habrían erogado sus dineros para pagar a los militares y a la Policía involucrados en el golpe de Estado. Pero esa versión se cae, pues al parecer el dinero defraudado de las arcas del Estado habría sido el sostén del golpe y muchos otros actos dolosos. Si se confirma esta hipótesis, se visibilizaría el perfil del empresariado que solo vive de exaccionar al Estado, incluso de manera cuasi delictual. Esta actitud explicaría la mentalidad colonialpatronal de los capitalistas llamados empresarios, hoy camuflados en organizaciones como las plataformas, comités cívicos, Conade y allegados, que quieran retornar al Estado nación con demandas como el federalismo.

Así fue como manejaron el viejo Estado nación boliviano, los Sánchez de Lozada, los Doria Medina y sus similares, como si fuesen sus empresas de las que no solo usufructuaban, sino robaban de manera organizado y descarada. ¿Será que la Justicia boliviana llegue a escalecer y sancionar a los culpables?

Añathuya lunthatanakaxa wali irnaqapxatayna, qullqi apsupxatayna wali marakana. Jiwasanakan qullqisampiwa, jilat Iwuruxa t’unantapxatayna.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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El THOA cumplió 38 años

/ 14 de noviembre de 2021 / 00:48

El Taller de Historia Oral Andina (THOA), fundado el 13 de noviembre de 1983, cumplió 38 años de vida. Es una institución conformada por profesionales aymaras, quechuas, aunque no exclusivamente. Sus orígenes se remontan en las aulas de la carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en la ciudad de La Paz, los primeros años de la década de los años 80.

No es la primera institución de profesionales indígenas, pero sí es la principal comunidad académica que cuestionó formas de conocimiento occidental y apostó por la re-valorización de otras formas de discernimiento, basada en las memorias y oralidades ancestrales. Esta propuesta no pudo ser comprendida en un espacio de la UMSA, donde prevalecía —y aún continúa— la excesiva occidentalización del conocimiento cientificista y el rechazo sutil a otras formas de comprensión y cientificidad. Razón fundamental para desprenderse del espacio académico tradicional y conservador, para abrazar y/o re-tornar a los ayllus y comunidades ancestrales andinas.

En sus 38 años el THOA atravesó por varias situaciones, desde crisis internas y ataques externos. Pero lo más importante, supo mantenerse de no convertirse en una Organización No Gubernamental (ONG) y no ser sucursal de financiadores de todo lastre. Varios investigadores han escrito la historia del THOA y ojalá en algún momento se puedan publicar para mejor conocimiento de los interesados.

¿Cuáles son los aportes fundamentales del THOA? Sin lugar a dudas, son los más descolonizadores e innovadores en la metodología de la investigación en ciencias sociales y humanas, haciendo de la oralidad uno de los espacios para la comprensión de la dinámica societal. Sus investigaciones bilingües aymara-castellano y quechua-castellano, acompañados de trabajos de campo, no como la búsqueda del otro sino el del re-encuentro, le han permitido una dinámica particular a sus investigaciones publicadas.

La primera publicación, El indio Santos Marka T’ula, cacique principal de los ayllus de Qallapa y apoderado general de las comunidades originarias de la República, de 1984, es también la historia de la fundación del THOA, en un folleto de 50 páginas, que recoge la historia de vida de Santos Marka T’ula, aquel comunario de Ch’uxña-Ilata de la provincia G. Villarroel en el departamento de La Paz. Gran parte de su vida la dedicó a luchar contra las haciendas, apostando por la restitución y el respeto a las comunidades ancestrales del país. Marka T’ula fue encarcelado en muchas ocasiones con autoridades como Faustino Llanque, Rufino Willka y muchas otras, por reclamar los derechos más elementales de los habitantes ancestrales del país. Murió el 13 de noviembre de 1939 en un hospital de la ciudad de La Paz, de manera misteriosa, y nunca fue esclarecido su caso. La familia de Marka T’ula está convencida de que fue asesinado por los médicos que lo atendieron.

La fecha de la desaparición física dio vida al THOA, para seguir en esa misma senda, pero con otros métodos de lucha. Hoy el THOA no solo está conformado por la primera y segunda generación, sino ya por la tercera, donde jóvenes entusiastas apuestan por continuar el thakhi iniciado hace 38 años, con temáticas como la alimentación ancestral, la espiritualidad y el derecho al agua, entre otras. En esta nueva generación están personas del Perú y Japón, entre otro/as. Además, el THOA se ha internacionalizado en su aporte y hoy es muy bien acogido no solo por académicos/as extranjeros, sino también por movimientos indígenas, el caso ecuatoriano es un ejemplo concreto.

Hace pocas horas celebramos con invitados nacionales e internacionales. Los participantes de México, Chile, Ecuador, Perú y Estados Unidos propusieron que el THOA sea el kurmi o el arcoíris que origine otros THOA en el gran Abya Yala y ojalá se pueda avanzar en ese horizonte. No estamos lejos de esta idea amplia, cuando Santos Marka T’ula buscó documentos coloniales en archivos de Argentina y Perú y comprendió que nosotros no solo estamos situados en Bolivia, sino en el continente. Rendimos nuestro homenaje a los que nos dejaron en este camino, como Roberto Santos, Ramón Conde, Ruth Flores y Demetrio Marca.

THOA sutinixa ma jach’a sarnaqawi. Jach’a thakhiwa, achachilanakasan, awichanakasan amtapampi ch’amanchatawa. ¡Jallalla THOA!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Recordar a los que se fueron a la eternidad

/ 31 de octubre de 2021 / 01:09

En el tiempo del COVID-19 muchos seres queridos nos dejaron. Varios con la pandemia, otros no y en distintos períodos. Pareciera que estamos en el jiwaña pacha o el tiempo de la muerte. ¿Cuántos más se irán o cuántos sobreviviremos? Hoy también es el tiempo de la búsqueda. Hay personas entrañables que no sabemos cómo están, a pesar de la comunicación rápida vía redes sociales. Tanta información y uno se topa con muchos homónimas/ os que en vez de ayudarnos con la ubicación rápida se convierten en trabas. Estas son las profundas contradicciones de la sociedad red y de la información.

Todo este dolor, sea por la enfermedad y/o por las ausencias de las personas adoradas, nos lleva a varias preguntas, sobre nosotros y sobre nuestras acciones. Pero no dejamos de preguntarnos “por qué se fue, hubiese vivido más tiempo”. Hoy más que nunca transitamos entre la vida y la muerte. Uno quiere vivir un poco más para estar con la familia, con los hermanos/as, con los amigos… En horas previas para recibir el ajayu de nuestros seres queridos en nuestras casas, se piensa nuevamente en qué es la vida y qué es la muerte. Sabemos que en las colectividades occidentales le tienen pavor a la muerte, en cambio en las sociedades andinas, la muerte es parte de la vida y tenemos que aprender a convivir con ella.

En esta ocasión quiero nombrar a algunas personas entrañables que se fueron y que aún cuesta creer que hayan partido al wiñaymarka o al pueblo de la eternidad. A Juana Vásquez, la primera mujer aymara y lingüista, que partió sola. A Cristina Quisbert, otra lingüista investigadora que se fue al lado de Roberto. A Juan de Dios Yapita, el gran artífice para la concreción de la gramática aymara. A Roberto Santos, Roberto Choque, Germán Choque (Kara Chukiwanka) y Felipe Quispe El Mallku, historiadores de distintas generaciones que nos brindaron información profunda y reflexión sobre nuestros pueblos aymara y quechua. A Ramón Conde y Ruth Flores, sociólogos críticos y cofundadores del Taller de Historia Oral Andina (THOA), que nos dejaron lucha y valor en la reivindicación sobre nuestros pueblos ancestrales. Cómo no recordar a Donato Ayma, aquel radialista que hacía que el aymara y el quechua suenen como poemas desde su locución. A Inocencio Cáceres, otro comunicador, que teatralizando desde los medios nos conectó con el pasado de las luchas de nuestros pueblos. A Demetrio Marca, el músico, cantor y creador en aymara, que junto con su charango soñó por un porvenir mejor. A Félix Layme, otro lingüista que promocionó el idioma aymara masivamente. A Daniel Sirpa, con quien empezamos nuestro activismo y militancia anticolonial.

A Siku Mamani, quien desde la senda de la música ancestral nos dejó huellas imborrables. Acabo de enterarme, pues lo busqué y lo busqué, que otro jilata, Julián Ticona, con quien planeábamos hacer un encuentro de los Ticona, bajo el nombre de Jawilla Laqatu, se fue…

Finalmente, nombro a dos destacados hermanos kichuas del Ecuador. A Luis de la Torre, que desde la lingüística andina batalló por la educación intercultural y bilingüe. Lucho fue más que amigo, un hermano que nos brindó apoyo y cobijo en su tierra. A Antonio Males, aquel recopilador de la oralidad de los pueblos de la sierra, que en una dedicatoria de su libro me expresó: “Para el hermano y compañero…, con mi afectuoso saludo, con la esperanza y la fe en que un día tendrá plena vigencia la tradición histórica de nuestros pueblos de los Andes. Esta historia de los hombres sencillos y grandeza de Imbabura, ñuca shunquhuan…”.

Kunapachatixa amtastan, munat jilat kullakanaktxa llakisiñjamawa. Wiñay markaparuwa sarawayxaxpi. Lurawinakapa, amtawinakapaxa k’ajaskakiwa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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