Voces

domingo 3 jul 2022 | Actualizado a 19:42

El año que se va

/ 24 de diciembre de 2021 / 04:30

Ha llegado diciembre y la mayoría de la población ha desplazado a un segundo plano la pandemia. La ciudad está vestida de gala para la llegada de las fiestas de fin de año; las luces se entremezclan con el tránsito de ida y vuelta de los ciudadanos, que buscan distraerse, mirar, pasear, vivir. Esto porque el encierro y las restricciones fueron muy largos, por lo que ahora que llega la festividad de la alegría, merece que se la reciba con esmero.

Con toda razón, el Año Nuevo será —una vez más— una fiesta de esperanza, ya que nos llevará a soñar con un futuro mejor, de más oportunidades de trabajo que eleven la calidad de vida de la gente. Sobre este punto, vale la pena rememorar al filósofo Henri Lefebvre, quien afirmaba que la vida se compara con el correr del agua, ya que es capaz de transmitir confianza a nuestros cuerpos para que los movimientos sean fluidos y eleven y consoliden el estado de ánimo ante la llegada de un nuevo año.

Por otra parte, esta festividad representa el inicio de un nuevo tiempo en el que se debieran consolidar las transformaciones del siglo XXI, que si bien fueron muy duras, vinieron cargadas de nuevos desafíos que alentaron grandes reformas y novedosas visiones, con la sensibilidad siempre presente.

No podemos olvidar, sin embargo, la variante Ómicron, que se teme que llegue con fuerza al país. Pero, incluso así, hoy existe más valor para enfrentarla, debido a que la población aprendió mucho de las dos cepas anteriores, que sin duda fueron las más crueles de nuestra existencia.

Otro de los aspectos para destacar en este fin de año son las telecomunicaciones, el internet y los sistemas informatizados, los cuales lograron que el planeta alcance la interrelación, comunicación y entretenimiento más relevantes de los últimos años. Un hecho que elevó los indicadores sociales relacionados con la apropiación tecnológica y comunicacional.

Fue justamente el desarrollo de la informática y las distintas plataformas lo que durante todo este tiempo mantuvo a la población mundial en un estado de relativa calma, gracias al acceso, por ejemplo, a una inmensa cantidad de material musical. Una muestra de aquello fue la popularidad que adquirió la canción Resistiré (creada hace 33 años), cuya letra ayudó a fortalecer el alma y dar el aliento emocional ante el dolor que la gente vivía en el orbe.

Tampoco faltó la capacidad digital para exponer virtualmente bellas obras de arte, que elevaron el espíritu de las personas y mostraron la belleza creada durante los 20 siglos anteriores. De igual forma, fueron importantes aquellos otros materiales, como los audios y videos, que orientaron en los cuidados sanitarios.

Por su parte, el sistema comunicacional confirmó que el mundo es muy pequeño cuando su población requiere estar en contacto directo. De ese modo, el uso masivo de la informática y lo comunicacional, acompañados de los celulares, lograron que la población del planeta sobrellevara el impacto que causó el COVID-19.

Estamos seguros de que las personas están fortalecidas por la experiencia vivida y la sabiduría adquirida ante la adversidad. La fuerza de una sociedad como la nuestra la ha hecho capaz de enfrentar no solo los duros problemas sanitarios, sino también económicos. Es que gracias a sus múltiples habilidades creativas, la población logró sustentar a su familia y a la vez avanzar con seguridad hacia el futuro.

Felices fiestas, bolivianos y no bolivianos que radican en esta tierra, que bien merece tener un mañana mejor, sin olvidar que su fuerza radica en la unidad del país.

Patricia Vargas es arquitecta.

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El devenir del arte de la pintura

/ 24 de junio de 2022 / 03:04

Si damos una mirada al arte de la pintura, es imposible dejar de mencionar —por lo menos como introducción— a dos grandes épocas: la clásica y la moderna. Esto no con la intención de ver sus diferencias y contrastes de estilos, sino porque —de manera general— el arte desde su nacimiento fue capaz de describir el pensamiento de una sociedad. En este caso, de dos periodos que estuvieron marcados por el hecho de que uno era diametralmente opuesto al otro.

Fue en el siglo XVIII que los artistas le confirieron una relevancia notoria a la pintura clásica, convirtiéndola en una de las expresiones más bellas que ha creado la humanidad. Con ello, esas obras trascendieron en el tiempo por su carácter universal y el sentido relevante que manifestaban, lo que las transformó en supratemporales, vale decir que la perennidad que las acompañaba como obras de carácter sublime (religioso) las dotó de un significado irremplazable como arte bello. Íconos del arte universal que han traspasado los tiempos.

Sin embargo, la etapa moderna, que se inicia desafiando toda tradición y conservadurismo estético, se convirtió en el medio para exaltar la realidad en la que vivía la sociedad en el siglo XIX. Periodo en el que los artistas encontraron una forma de transgredir la visión estética, moral y política de la época, trastocando al arte en reflexivo y descubridor, lo que los llevó a entender realidades poco visibles pero que prometían grandes transformaciones en el siglo XX.

Dos épocas que contrastaron radicalmente entre sí, no solo por el sentido que conllevaba cada una, sino — en el caso del arte moderno— por su búsqueda de grandes transformaciones de la sociedad.

Posteriormente hubo otras propuestas, pero abordamos la pintura que condujo al nuevo tiempo del “arte conceptual” porque, en sentido estricto, dio fin a la estética procesual. Su relevancia radicó en que dejaría de ser el objeto de todo sentido tradicional y adoptaría el sistema “abierto” en sus distintas expresiones.

Fue a mediados del siglo XX que Umberto Eco arriesgó el concepto sobre el nacimiento de las obras en movimiento, como atributo de las obras abiertas. Éstas fueron estudiadas en una multiplicidad de significados, por lo que fueron momentos en que el valor del arte presentó manifestaciones artísticas que tuvieron también una diversidad de lecturas. Una apertura a un nuevo tiempo dentro de un sistema sin límites, el abierto.

Lo llamativo es que una obra abierta puede ser obstinadamente repetitiva, pero fue denominada abierta porque su situación sin límites la convierte en una obra con fronteras abierta a la creación conceptual. Tanto es así que en 1999 apareció una obra denominada “poética de la energía”, cuyo autor sorprendió al adoptar la sinergia para crear una pieza de arte cuyo origen fue el pensamiento, la lógica de la investigación artística. Él afirmaba que el arte es conocimiento que des-cubre y des-oculta elementos y relaciones, por tanto, su función estimula la reflexión.

Asimismo, ese artista aseguraba que las nuevas concepciones del arte debían estar cargadas de conceptos renovados, como toda obra abierta, la cual podía ser reiterativa, pero no desaparecer en las posibilidades de lo oculto (trasfondo de sentido).

Tampoco podemos dejar de referirnos al “arte en línea” que transita en internet. Una manifestación efímera pero de visibilización infinita.

Por todo lo anterior, resulta innegable que toda obra de arte tiene relación con la inmanencia del devenir y del ser mismo pensado desde el tiempo.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La defensa de la ciudad pensada

/ 10 de junio de 2022 / 01:49

Las ciudades hoy en día están en constante observación. Esto, porque si bien son una fuente sostenible de ideas, requieren una permanente evolución dentro de principios contemporáneos relacionados con el vivir en constante movimiento y velocidad. Tampoco cabe duda de que hoy se percibe la necesidad de llevarlas a un futuro más vivible, debido a que el presente se muestra con una carga de nuevas realidades que hacen complicada la vida del habitante. Tanto es así que hasta presidentes como el chileno en sus últimas declaraciones recordó a quienes dirigen la sede de gobierno de ese país, que se debiera “recuperar los espacios públicos existentes y abandonados, con actividades culturales, comunitarias y sociales que convoquen a todos y todas”. Una proclama indiscutible para recuperar y revitalizar el espacio público.

Kant señalaba que “el imaginar que su amigo Pedro era la imaginación reproductora” determinaba que el tiempo y el espacio debieran mostrar —conforme al concepto que conllevan— un acto productor. Una realidad que hace necesaria una mirada permanente a todo cambio de configuración de la ciudad, lo que no significa que se deban repetir ideas o imaginarios externos, sino que se cuide que las determinaciones espacio-temporales estén en correspondencia con las conceptuales. En otras palabras, la vida urbana poco vivible debiera llevar a reflexionar sobre cómo se podría enfrentar el desafío de su realidad presente.

Actualmente, ciertas metrópolis —con una vida urbana acelerada y desenvuelta en hechos programados— viven en permanente transformación hasta proponer cambios radicales. Ahora, si bien se muestra la ejecución desbordante de grandes innovaciones, pareciera que éstas se deben programar con un norte que capte y organice su cumplimiento dentro de las distintas etapas que requiere toda evolución. Esto por la desaparición desmedida de áreas con tradiciones propias. La defensa de la vida de las ciudades pensadas actualmente ingresó en un momento singular, el cual se desarrolla al interior de una evolución acorde a estos tiempos. Un escenario irreversible que no debiera negar la importancia de que las urbes demandan cambios acordes y en paralelo a la atención del vivir humano. Un hecho que urge pensar que aquellas personas con una vida estresante necesitan lugares de esparcimiento, no solo para el disfrute de la naturaleza, sino para tener contacto con otros ciudadanos.

La necesidad de habilitar un mayor número de sectores verdes y de recreación para la población está llegando al punto en que ciertas ciudades europeas planean cerrar ciertas avenidas para transformarlas en espacios verdes y peatonales de importantes dimensiones, sin olvidar el lugar de juegos para los niños. Hermosos jardines al medio de la urbe que de seguro contarán con áreas destinadas a parqueos, los cuales probablemente estén construidos debajo de esos grandes espacios recreativos. Todo en busca de elevar la calidad de la vida urbana. Un contexto que demuestra cómo ciertos países aprovechan de sus potencialidades para proyectar a sus ciudades al futuro inmediato.

La defensa de la vida del habitante de toda ciudad invita a acercarse a las ideas de Kant sobre el imaginario. Él afirmaba que “la imaginación ya no es la facultad por la cual se producen solo imágenes, sino es la facultad por la cual se determina un espacio y un tiempo conforme a un concepto o ideal de vida”. Una ciudad pensada no debe responder solo al estudio de propuestas urbanas, sino que éstas deben estar inspiradas en las necesidades del personaje más importante de una ciudad, el habitante.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La otra ciudad, la oculta o invisible

/ 27 de mayo de 2022 / 01:35

La ciudad de La Paz muestra distintos rostros, el del día que denota la imagen de una urbe diversa en cuanto a su cotidianidad, donde sus habitantes son parte de una vida citadina singular. Una dinámica que expresa la conceptualización de una región conquistada y apropiada por un ciudadano que no solo le dota de sentido, sino que demuestra cómo la corporalidad no tiene otra forma de operar que practicar la ciudad.

Así, esa imagen muestra a La Paz como una urbe invadida por distintos valores, sin olvidar que todo desarrollo trae consigo nuevas situaciones, por lo que no deja de ser subordinada al movimiento. Subordinación del tiempo al movimiento local, que es la forma más pura del cambio.

Con ello aparece otro rostro que trata de ser invisible y que debiera preocupar a quienes dirigen esta urbe y se refiere al porcentaje de la población que ha bifurcado el valor del sentido de su existencia, adoptando otra dirección que es dependiente del habitar en la vida subterránea.

Claramente coexisten dos ciudades: la pujante y la oculta. La primera semeja una inmensa telaraña sobre la que se asienta la urbe visible. En tanto que la oculta nació de los sectores menos imaginados. Hoy, este es uno de los problemas más preocupantes de la sociedad y de quienes tienen la responsabilidad de hacer ciudad.

Una situación que sin duda es el resultado de la falta de ingresos, agudizada por la realidad que aún atraviesa el planeta después de más de dos años de ausencia de movimiento económico y que ha repercutido en que una parte de la población no cuente con respaldo financiero. Esto, agravado por la escasa oferta de empleo en casi todas las ciudades del orbe y que tiene como resultado que el porcentaje de desocupados en la actualidad sea mayor a lo imaginado en su momento.

Este contexto tiene como consecuencia el crecimiento desmedido de la ciudad invisible, cuyos lugares ocultos hoy no solo forman parte de la periferie, sino también del centro urbano. Allí, la noche encierra realidades preocupantes, no por la transformación que vive la ciudad, sino porque la vida oculta se mueve entre las tinieblas, olvidando toda productividad.

En definitiva, los lugares invisibles fomentan una vida plena de alcohol y deterioro del ser humano. Esos rincones oscuros parecieran no necesitar siquiera de espacios de tránsito en su interior para sus asiduos visitantes. Una verdad indiscutible que demuestra que el valor del espacio ha muerto en lo cualitativo.

Asimismo, aunque la ciudad oculta se encuentra también en lugares importantes de la urbe, no es percibida ya que esos recintos desaparecen entre las tinieblas. Allí, los consumidores han olvidado su condición de seres humanos, ya que perdieron toda motivación hacia la vida, que en otro tiempo de seguro estaba llena de cualidades. Reiteramos: en esos lugares ocultos el espacio ya no cuenta como valor, ni siquiera para la circulación de los usuarios, ya que lo que prevalece es lo mínimo.

Evidentemente, abordar este tema obligó a mencionar una serie de aspectos que ilustran esta situación, además de utilizar imágenes al servicio de un realismo bastante preocupante para la sociedad. Sin embargo, el dualismo de lo real positivo frente a lo oscuro y preocupante debería ser analizado desde lo causal de sus realidades.

Deleuze afirmaba que eso implica una subordinación del tiempo al cambio, al movimiento, al curso del mundo. Tiempo circular, cíclico.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Lo bello en la ciudad

/ 13 de mayo de 2022 / 02:14

Escribir sobre lo bello es por demás desafiante ya que su carácter abstracto lleva a preguntarnos por qué algunas cosas nos resultan bellas y otras no. Kant fue uno de los filósofos que señaló que lo bello significa sentir una especie de complacencia al apreciar algún hecho u objeto que produce un placer, el cual puede ser universalmente definido como tal. Un pensamiento que lleva a comprender que lo bello tiene en sus distintas acepciones las bases de todas las reflexiones estéticas.

Sin embargo, su relación conflictiva con la realidad siempre logra eclipsar a la angustia que produce una ciudad (Baudelaire). Sensación transmitida por la presencia de multitudes que, al apropiarse de las urbes, le dotan de un significado especial que permite visualizar en aquellos escenarios un bello espectáculo de rituales en los que se inscriben sus expresiones culturales. Esto, en el corazón de la multitud, en medio del flujo y reflujo del movimiento corporal. Características esenciales del espacio de la calle, donde puede ocurrir todo.

Así, la ciudad representa una obra excepcional que con solo ser observada nos transmite asombro gracias a las diferentes expresiones de los cuerpos en movimiento que transitan por doquier y convierten al espacio público en un recinto de distintas manifestaciones de la vida urbana.

Por eso, cuando se observa la cotidianeidad de la urbe, ésta transmite al espectador los hechos que allí suceden y muestra el sentido que conlleva cualquier espectáculo citadino. Nos referimos a esa especie de teatro urbano que es construido como imagen de la existencia diaria y que le da un significado importante a esta ciudad.

Mucho más, todo aquello es inspirado en una urbe que transmite libertad, movimiento y crea distintas escenografías, como las fiestas que tienen lugar en la zona del Gran Poder, donde esta celebración es la expresión viva de la cultura paceña. Semejante festividad se desarrolla con el paso cadencioso de los bailarines por las calles, las cuales se convierten en vertientes que reciben a los cuerpos y sus diversas coreografías. Allí, el entorno urbano es aprovechado para que las imágenes lo transformen en un lugar escenográfico, donde la estética y la belleza son enaltecidas por la música que las acompaña.

Tampoco se puede dejar de mencionar que lo bello de esas expresiones culturales adquiere una vigorosa función cognoscitiva en la sociedad. Es que este tipo de manifestaciones reproducen verazmente lo cultural, que es una categoría que implica el reflejo y la valoración de ciertos fenómenos que son capaces de proporcionar al habitante un sentimiento de placer estético.

En este caso, lo bello denota el carácter histórico social que posee, pero también explica cómo la sociedad desarrolla de manera libre sus dotes y capacidades creadoras. Fue Kant quien precisamente definió la estética como la filosofía de la belleza, aunque también reconoció que “lo bello es difícil”. Una realidad que puede ser superada cuando las manifestaciones culturales de una sociedad fluyen de forma natural, convirtiéndose en expresivas gracias a su esencia.

Baudelaire, en cambio, fue uno de los escritores que llenó su mirada con la vida de la ciudad. De ahí que fue un gran admirador de las multitudes y de lo incógnito, así como de las cualidades de la cotidianeidad urbana acompañadas de la genialidad de su significado. En nuestro caso, el valor cultural innato que tiene la ciudad de La Paz.

Es bella la obra en que a tenor del ideal de vanguardia, se reproduce verazmente en la realidad.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La ciudad y la arquitectura en la era informacional

/ 29 de abril de 2022 / 01:09

En los últimos años del siglo anterior quedaron en statu quo las propuestas por las que transitarían las ciudades en el nuevo siglo, ya que los principios vigentes hasta ese entonces terminaron obsoletos. Y fue precisamente a inicios del siglo XXI que estudiosos de lo urbano afirmaron la necesidad de “repensar la ciudad”.

Fueron momentos en los que nacieron reflexiones sobre el futuro y su necesidad de encaminar a la ciudad a una transformación acorde a la era informacional, pues el espacio de los flujos, de los lugares y la producción de significado urbano exigían nuevos conceptos para su desarrollo. Una realidad por demás complicada para ciertas ciudades, las cuales hasta hoy “no siempre reflejan a su sociedad, sin embargo la expresan”.

Mucho más, las grandes metrópolis muestran hoy cómo las constelaciones urbanas que las conforman son territorios funcionalmente integrados, pero socialmente diferenciados. Eso significa que cuentan con una estructura proyectada sobre la base de distintos centros urbanos, los cuales son cualificados acorde a la cultura de su población. Así, esas inmensas capitales encarnan a la ciudad de la era informacional, aquella que sabe complementar cada vez más lo local con lo global.

Un ejemplo de aquello está en la ciudad de Nueva York: el China Town, uno de los barrios más antiguos y auténticos de Manhattan, que si bien muestra la fuerza de la cultura china, su planificación está acorde al desarrollo de ese país. Resultado de todo ello, lo que se observa es un área híbrida, producto del entrecruzamiento de los lugares y de los flujos.

En cuanto a la arquitectura, desde siempre ésta se vinculó a su tiempo. Y es en esa línea que a partir del siglo XXI se manifestó la necesidad de crear nuevos conceptos que sean extraídos de tareas vivas, como es el caso del procesamiento de lo informacional, que se convirtió en un elemento central de la proyección al futuro de cualquier actividad humana.

De ese modo, la sociedad informacional irradia diferentes conceptos que son la base para el nacimiento de una arquitectura con criterios más abiertos y que busque la transformación, por ejemplo, de la vivienda.

Este hecho posiblemente exija el salto de una modernidad absorbente, que duró más de un siglo, a una transformación cuyo sentido busque abiertamente el sustento entre la nueva conceptualización y la reestructuración de la vivienda, exigido por la vida en red.

Así, la casa en la era informacional representaría una dualidad: el espacio de intimidad y el lugar de encuentro, apoyado este último por lo virtual. Una evolución del lugar privado y de relacionamiento de una familia que se daría como consecuencia de la modificación de determinados hábitos sociales. Con esto, su interior podría partir aceptando nuevos tópicos que colaboren no solo en crear mayor flexibilidad en la función de la vivienda, sino que denoten que están en plena evolución. Todo eso sin que se pierda el entorno doméstico y menos la intimidad del hogar.

Empero, no se debiera omitir la estética formal, pues ésta reafirma la existencia de un interés singular en incorporar aspectos renovados pero sutiles que formen parte de su expresión formal, sin olvidar a otros tantos, los desconcertantes.

Evidentemente, lo complejo del momento exige mucha creatividad para convertir lo urbano y la arquitectura en fuentes de riqueza imaginativa. Esta última, aun “dentro de una visión tecnológica, debiera contribuir con cánones de innovación estética”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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