Voces

miércoles 26 ene 2022 | Actualizado a 07:45

Es mi cuerpo, yo decido

/ 9 de enero de 2022 / 02:25

Llama profundamente la atención cómo los grupos moralistas, fascistas, derechosos y fundamentalistas católicos y cristianos antivacunas hoy se reúnen en santa alianza, mas no bajo la consigna de “quemen a las brujas”, sino “es mi cuerpo, es mi decisión”, manipulando a su antojo las consignas de lucha de las mujeres y de las feministas por el derecho a decidir si ser madres o no, a decidir abortar o no.

Este es de los últimos ejemplos de la falta de iniciativa política de la derecha, que ya nos mostró cómo son de copiones y abusivos con las canciones y las consignas a lo largo de sus campañas golpistas del 21F. Copiaron la canción de Piero con “para el pueblo lo que es del pueblo”; Piero también compuso una canción al proceso de cambio de Bolivia y nada que ver con los “pititas”. Copiaron a las y los compas jóvenes del proceso de cambio, que lanzaron la consigna “quién se cansa …. nadie se cansa. Quien se … etc…”. Lo del Evo y el huevo claramente es de los derechistas. Acostumbrados a hablar huev…as.

El derecho y la libertad, palabras que hoy se esgrimen desde los y las antivacunas, que están también —lamentablemente— dentro de las filas del proceso de cambio, especialmente las y los cristianos. Hace mucho tiempo que se discute sobre las vacunas. Las opiniones al respecto son de las más variadas, las que podemos entender —por los argumentos y evidencias— son las que denuncian el negocio de las vacunas, de hacer de ellas no un remedio sino un negocio.Que, por ejemplo, las investigaciones en salud podrían proporcionar una sola vacuna que trabaje efectivamente más ayudando a nuestros anticuerpos. Por otro lado, como parte de la vacunación y como política de salud pública, cambiar los hábitos de comida, sueño, estrés de tantas horas de trabajo, contaminación de la Madre Tierra, violencia a las mujeres. Y no solo concentrarse en vacunar y que laboratorios privados, como industrias capitalistas que producen ganancia y no producen salud, tengan el monopolio de las vacunas en complicidad con la OMS.

Eso lo entendemos, pero de ahí a decir que las vacunas no sirven no tiene suficientes argumentos ni propuestas, ni respuestas ante las innumerables muertes —evidentes— en estos dos años, por causa de lo que se denomina COVID-19. Sin demostraciones de la supuesta inutilidad de las vacunas, el argumento se transforma en maniobra política levantando la bandera del derecho y las libertades individuales.

Lo que preocupa es cómo está nuestro pueblo, como tierra loteada para que el chisme alarme y sin más ni más se lancen a afirmar lo que no tiene sustento, eso nos muestra la despolitización y ahí debemos trabajar. Pasó lo mismo con lo del supuesto hijo del Evo, lo mismo con el supuesto fraude electoral y, últimamente, con la ley de las ganancias ilícitas, la gran mentira de que te van a quitar tu casa, etcétera. Preocupante la falta de reflexión, donde falsos profetas llenan de basura las redes sociales.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Oro, incienso y mirra

/ 26 de diciembre de 2021 / 06:24

Se celebra en estos días lo que el mundo cristiano llama Navidad. Jesús nace de nuevo en los hogares cristianos y de acuerdo con las tradiciones y el bolsillo de cada familia, se armará el pesebre. Podemos encontrar desde los más sencillos hasta los más lujosos, aquellos que evidencian las formas en que el cristianismo fue cooptado por el sistema capitalista, los poderes políticos y culturales en el mundo.

Nos encontramos con familias que arman su pesebre como expresión de los pujantes capitalistas y depredadores negocios agropecuarios. (Empresas que hasta cuadruplicaron sus ganancias en esta pandemia de COVID-19). Los pesebres del agronegocio siempre tienen vacas gordas y pastores empobrecidos, pastores y pastoras con hijas e hijos con hambre, sin salud ni escuela gratuita, condiciones causadas por la explotación de su trabajo. Estos pastorcitos y pastorcitas que comparten sus pocas cosas y que cantarán con gran admiración al chiquitín recién nacido en el establo. Los refugiados en Belén son: la wawita recién nacida; la madre soltera llamada María, acompañada de un hombre que dicen, también, era tan buen tipo, que cuidará de quien no tenía su sangre como herencia. Podemos decir una pequeña comunidad comprometida con la vida.

Nacido en condiciones de mucha precariedad, este niño cuando tenga cerca de los 30 años será muy famoso por las circunstancias y condiciones de su muerte, será famoso por el drama de ser un crucificado por el imperio romano. Pero quiero seguir analizando el relato de las condiciones del nacimiento de Jesús de Nazaret. Belén es territorio palestino —entonces Jesús es un palestino—, desde su nacimiento será un símbolo ante el poder; me referí antes que los empobrecidos y empobrecidas pastoras lo van a recibir en un pesebre que era donde comían los animales, pero paralelamente está el relato de los tres Reyes Magos de Oriente. Es interesante cómo el relato cristiano presenta a estos magos y los regalos que le traen: oro, incienso y mirra, nada útil para un niño con frío, hambre, sin casa ni territorio. En los evangelios aprobados por los teólogos e inquisidores de las iglesias cristianas están —desde mi punto de vista— claramente expuestas las tramas del dominio patriarcal del poder ligado a la cooptación de la espiritualidad y fe de los pueblos: el oro, el incienso y la mirra. El cuento de la estrella y los magos de Oriente —o sea que no eran judíos— que vienen, por un lado, desde la Europa oriental, que era menos preciada desde el eurocentrismo occidental, con base en Roma, y, por otro lado, vienen del África, también territorio objeto de dominación por parte de los romanos. Todos elementos para enganchar el nacimiento de Jesús con los poderes de dominación imperial.

Será necesario en cada Navidad hacer reflexiones más profundas sobre cómo se cuenta la tradición y cómo se manipula la fe de los pueblos, sus esperanzas, porque recuerdo que ante el pesebre del niño Manuelito en nuestros hogares en Bolivia se canta y baila villancicos bolivianos esperando que el recién nacido nos traiga paz y tranquilidad.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Ningún cuerpo ninguneado

/ 12 de diciembre de 2021 / 03:09

Permanentemente como movimiento de mujeres en Bolivia, tenemos que luchar para que se posicione la importancia de la existencia de nuestros cuerpos de mujeres. Históricamente el patriarcado, como sistema de opresiones, se empeña en plantar el imaginario de que las mujeres somos una minoría, algo así como un sectorcito entre tantos sectores importantes, un tema entre tantos temas importantes por resolver, por el Estado, el Gobierno y organismos internacionales. Son constantes los ataques por los medios de comunicación, que expresan que las mujeres somos las pobres víctimas; entonces no solo somos una minoría, sino que también seriamos una minoría de pobrecitas que no se pueden defender a sí mismas, necesitan ser protegidas.

Ciertamente el sistema patriarcal ataca cotidianamente nuestros cuerpos, desde las instituciones, cuya función es la de discriminarnos: por ejemplo, por igual trabajo que nuestros compañeros hombres nos pagan menos por ser mujeres; en la escuela y universidades, por igual derecho al estudio y al conocimiento, a las mujeres nos discriminan en el acceso a la información y al estímulo escolar. En fin, un Estado patriarcal que nos ataca porque somos un peligro para el sistema de opresiones. Pero una cosa es entender nuestros cuerpos como objetos de ataque y hacer todo un trabajo político de entender el porqué de estos ataques, y otra es la de atribuir a nuestros cuerpos y existencia el lugar en sí, por esencia, de las “pobrecitas de la historia de la humanidad”. No, las mujeres somos cuerpos que tienen muchas fortalezas y vulnerabilidades como cualquier cuerpo humano.

“Las mujeres somos la mitad de cada pueblo”, es una consigna del Feminismo Comunitario de Abya Yala, movimiento filosófico, político y social que tiene su nacimiento en los territorios de la Bolivia del proceso de cambios revolucionarios a partir de 2006. Esta consigna nos ha permitido, como feministas comunitarias de Abya Yala, visibilizar —por un lado— la cantidad de mujeres en Bolivia, que por los datos estadísticos somos más del 50%, importante cifra para tomar en cuenta al momento de las elecciones políticas. Sin embargo, si bien es importante reconocer la cantidad de mujeres en el país, lo más importante es entender la importancia ética-política de nuestras existencias.

Al ser, como mujeres, cuerpos atacados específicamente por el sistema de opresiones, nos constituimos en un lugar de reflexión y producción de conocimientos útiles, para revolucionar las opresiones de la humanidad y de la madre y hermana naturaleza. Es por esta condición que se nos ataca, porque si nos organizamos, porque si entendemos las tareas histórico políticas de nuestros cuerpos, si dejamos de atacarnos y competir entre nosotras, otra será la historia. Si nos entendemos como parte del cuerpo comunitario, comunidad junto a nuestros hermanos hombres, las personas intersexuales y nuestra madre y hermana naturaleza, y si asumimos esas tareas históricas, vamos a poder dar fuerza a las energías de transformaciones profundas que el mundo y el planeta necesitan.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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Violencia diluida

/ 28 de noviembre de 2021 / 00:32

Las luchas de las mujeres en Bolivia tienen diferentes momentos que serán importantes de recordar, especialmente los de las últimas etapas; brevemente nombraremos las luchas por la democracia, de los años 70, con la instauración del imaginario de las libertades democráticas, como un espacio de confluencia de mujeres y hombres que luchaban contra la violencia de las dictaduras. Es una etapa que necesitamos recordar, primero por la presencia activa y contundente de las mujeres, que sostuvieron las luchas, los reclamos por los detenidos, desaparecidos y asesinados, pero a la vez la presencia de ellas en las movilizaciones. Las mujeres vivieron también en sus cuerpos las represiones, la violencia, que por tratarse de mujeres tenían características específicas de crueldad y humillación.

La etapa de los años 90, con la instauración del neoliberalismo y los y las neoliberales como beneficiarios de toda esa acumulación de luchas por las libertades democráticas; los neoliberales incorporan a “sus mujeres” en los partidos y como dueñas de ONG —algunas llamadas feministas y otras activistas de la equidad de género—. Son estas mujeres neoliberales, muchas de ellas exizquierdistas que ya no creían en la posibilidad de cambiar o revolucionar el sistema capitalista y que funcionalmente se unieron a éste, buscando reformas cosméticas y finalmente recicladoras del sistema.

La Ley 1674, de la violencia doméstica, fue producto de esa vergonzosa negociación, que diluía la principal razón de nuestras luchas: denunciar que había una violencia específica hacia las mujeres por ser mujeres y que era ejercida por los hombres contra las mujeres propiciada y con el apoyo del sistema de dominio patriarcal, expresados en el Estado nación.

Hoy, la Ley 348, luchada por los movimientos y organizaciones sociales dentro del proceso de cambios y el Estado Plurinacional, es una revolución conceptual y práctica que visibiliza esta violencia específica ejercida hacia las mujeres por parte de los hombres. Ubica las responsabilidades del Estado Plurinacional para reparar esa histórica violencia a través de la propuesta de la despatriarcalización y la descolonización, como procesos pilares de la construcción del suma qamaña (vivir bien).

El sistema patriarcal y los y las machistas se van a defender, y ya por parte de los operadores de justicia está la resistencia a estudiar y comprender el cambio de paradigma. La insistencia de diluir la Ley 348 en la concepción y aplicación de la vetusta Ley 1674, donde la violencia era “igual” venga de donde venga. Hoy los y las neoliberales, misóginas y lesbofóbicas, junto al sistema de “justicia”, salen en santa alianza para diluir las luchas, las conquistas y claridades teóricas y prácticas.

Que las mujeres podemos ser violentas, sí. ¿Quién dice que no? Pero el ámbito de la Ley 348 como norma y las marchas y reflexiones del 25 de noviembre son, para cada año, continuar luchando para denunciar que hay una violencia específica contra las mujeres por ser mujeres y que son los hombres, nuestros hermanos y compañeros, que la ejecutan. Después podemos estar discutiendo las misoginias, lesbofobias, doble moral y racismos. Discursos de odio, de hombres y mujeres de la nueva inquisición.

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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El color del racismo

/ 14 de noviembre de 2021 / 00:33

Un buen tema para reflexionar sobre actitudes, posiciones y experiencias. ¿De qué color es el racismo? Sin dudar, afirmo que multicolor y multisigno. El racismo es una forma de pensar y actuar que desprecia a otro y otra ser humana porque la denomina “india”. Nuestras reflexiones dentro del proceso de cambios revolucionarios nos llevaban, en primera instancia, a señalar el racismo de quienes —supuestamente— serían “blancos”; hoy, después de experiencias cotidianas e históricas como las de la ciudad de Sucre en mayo de 2008, nos muestran que no es así de simple, es un problema mucho más profundo. En 2008 vimos con indignación que los indios jóvenes de la Universidad de San Francisco Xavier, además de no tener espejo, negaban a patadas y puñetes que eran indios. Vociferaban y a viva voz —insultos y humillaciones— se oían como mantra delincuencial. Repetían angustiados “indios masistas”, para autonegarse, para jurar y dar fe que no son indios. Espectáculo despreciable de quienes se desesperan en servir a los pocos blanquitos que les controlan desde distintos centros de poder empresarial, político y cultural.

El racismo es multicolor, claro que sí, es evidencia de cuerpos y espíritus acomplejados por ser colonizados, han internalizado al k’ara chapetón e ignorante que invadió nuestros territorios indígenas originarios. En Potosí, en Santa Cruz, en Oruro, en Sucre se mezcla el empobrecido indio machito joven y acomplejado con la india joven, feminazi, inspirada en el feminismo neoliberal de sus patronas, que en grupo wayquean, atacan a hombres y mujeres de todas las edades, desde wawas hasta gente mayor.

Pero el racismo es también multisigno, están los de izquierda que se fueron del gobierno y los que desde afuera se creen los puros —los trotskos y anarcos—; es una amplia gama racista de ecologistas y ambientalistas, ONG, cristianos, derechistas, feministas, neonazis, logieros, masones, Opus Dei y una larga fila de racistas, que tanto están en la oposición como también dentro del Gobierno. El racismo es una práctica y una forma de pensar, que no se las ha trabajado dentro del proceso de cambios. Desde el Viceministerio de Descolonización no se trabajó en una política pública de combate al racismo. Desde Descolonización se hizo formación política, en base al pensamiento del hermano Fausto Reynaga —que no está mal—, pero eso no es una política pública de descolonización y lucha contra el racismo.

Para terminar, digo que el racismo es el mandil blanco de los médicos, indios médicos como el Larrea, que se creen Donald Trump, absurdos seres. Toda una generación de médicos mercantilistas, que no han hecho ningún aporte a la ciencia de la salud, ningún invento, investigación o propuesta. ¡Ninguna! Never indilaif, además de mediocres se creen dueños y dueñas de la vida del pueblo. Lo peor es que fue en mi generación que luchamos por la autonomía universitaria, pero era para una autonomía de los grupos de poder y servicio al pueblo. Ahora las universidades públicas son autónomas del pueblo y los cambios históricos, para servir a los empresarios y fascistas. ¡Se pasan, che!

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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La soledad de las mujeres

/ 31 de octubre de 2021 / 00:47

Indignante que otra vez los cuerpos de las niñas sean manoseados por una sociedad de doble discurso, doble moral, hipócrita, que tiene un profundo odio a las mujeres. La dictadura de Áñez ha dejado una nefasta herencia, ya no hay vergüenza ni conflicto en matar mujeres, en golpear y discriminar a las mujeres. Ya no es grave violar, abusar y embarazar niñas. La dictadora Áñez se posicionó como “la fem fatal”, el modelo de la mujer servil a los intereses patriarcales y machistas de los grupos de poder. Cristiana de doble discurso, asesina con una mano y hace la señal de la cruz con la otra mano.

Teníamos 14 años de luchar contra el machismo de nuestros hermanos y compañeros del proceso de cambios. Catorce años de convocar a las mujeres del proceso de cambios a reflexionar sobre nuestros machismos y conformar una “Alianza de Mujeres”. Hemos trabajado desde muchos frentes para posicionar políticas públicas como la despatriarcalización —por lo menos nominalmente— y el gobierno del hermano Evo, a pesar de las figuras misóginas en su entorno, se esforzó por cumplir con las presiones que venían de los movimientos y organizaciones sociales de las mujeres.

Hoy, dentro del proceso de cambios, dentro del MAS, dentro de los movimientos sociales, dentro del propio Gobierno, la religión no es un asunto privado como debe ser en un Estado Laico. Los y las cristianas abren el día en los WhatsApp con “buen día de Dios” y cuando uno protesta, te señalan como resentida social.

“Vamos a salir adelante”. ¿Pero cómo, de qué manera? Cómo salir adelante, cuando nuestra hermana la Flora —ejecutiva de las Bartolinas— está feliz de ser la única mujer en el Pacto de Unidad. No quiere competencia de otras mujeres, por lo cual desmoviliza la “Alianza de Mujeres”, que era un pacto de unión de las organizaciones de mujeres a nivel nacional para, organizadas, presionar al Gobierno y a las organizaciones sociales, especialmente de los hombres, para consolidar el camino de la despatriarcalización y la descolonización. Era un amplio y valioso espacio de fortalecimiento del proceso de cambios revolucionarios. Pero no solo las Bartolinas, la clase media de izquierda también, los de Columna Sur de Santa Cruz están más preocupados del chisme, inquisidor y censurador, que de construir alianzas políticas, salir a las calles y parar el fascismo del Camacho. La mezquindad, el doble discurso, la doble moral no acompañan la construcción de justicia para las niñas y las mujeres. Así no vamos a salir adelante, no vamos a profundizar los cambios revolucionarios.

Hoy, tanto el hermano presidente Luis Arce como el hermano vicepresidente David Choquehuanca no se inmutan ante la minoría de mujeres ministras, viceministras y autoridades del Gobierno; la falta de asignación de recursos sigue siendo una práctica machista y discriminadora; si se tiene que negociar, se negocia derechos de indios y mujeres; si se tiene que cortar presupuestos, se corta el dinero para las mujeres. Estas prácticas muestran el hecho de que se dejó atrás la tendencia de practicar el par político warmi-chacha. ¿Vamos a salir adelante?

Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.

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