Voces

Wednesday 5 Oct 2022 | Actualizado a 02:28 AM

Que este año el Ekeko nos traiga salud

/ 17 de enero de 2022 / 02:10

La fiesta de la Alasita, o las Alasitas, como permanentemente exhorta el maestro Ernesto Cavour que se la identifique — porque es un término más dulce— está dentro del calendario festivo y cultural de la ciudad de La Paz como una tradición que con el pasar de los siglos se convirtió en una expresión intercultural, inclusiva e intergeneracional.

La Alasita nos retrotrae a un momento histórico de los paceños: el cerco de la ciudad de La Paz de 1781, cuando las tropas indígenas lideradas por Túpac Katari dejan asediadas y desprovistas de comida a cerca de 20.000 personas. “Un joven indígena enamorado se encarga de proveer los alimentos más básicos: charque, chuño, queso, a su enamorada, que vivía en la ciudad, que a su vez lo comparte con la familia donde trabaja, lo que les permite sobrevivir”. Sofocada la sublevación, este hecho histórico es develado y marca en el imaginario de los paceños esta fiesta como una ritualidad que facilita la reproducción de los alimentos y los deseos de prosperidad.

Es la fiesta del Ekeko, dios de la abundancia, en quien depositamos esperanzas al adquirir miniaturas que después se harán realidad; billetitos del banco de la fortuna, quintalitos de azúcar y harina, casitas y autitos, bienes simbólicos que se espera materializar a lo largo del año.

A mí nunca me falla, por eso le tengo ley y corro desde donde esté a comprar platita de Alasita, como casi todos los paceños y no paceños que salimos a comprar “sagradamente” cada 12 del mediodía del 24 de enero, nuestros sueños.

Muchos eligen estar lo más cerca de la Feria, que ha ido cambiando de lugar a lo largo del tiempo, desde la plaza Murillo, la de San Pedro, o la actual Terminal de Buses de la plaza Antofagasta; la avenida Montes, Tejada Sorzano, hasta llegar a donde se encuentra hoy, el Parque Urbano Central; sin embargo, otros no se hacen problema de acudir a la esquina de su barrio, a una plaza o iglesia para aprovechar en hacer bendecir su compra con la Virgencita de Nuestra Señora de La Paz, que justo celebra su fiesta ese mismo día.

Acorde con los nuevos tiempos, la población ya no se conforma con comprar unos billetitos y la casita de estuco, sino que espera adquirir el carro del año, hecho de latas de leche Nido y una casa tipo “cholet”; bienes materiales que por supuesto no caen del cielo, sino que demandan a la par la superación, constancia y responsabilidad en el trabajo de uno mismo. La famosa ley de la atracción. Por eso el Ekeko exige compromiso y sacrificio. No es nomás hacerle fumar al Ekeko.

La Alasita ha recibido el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad extendido por la Unesco, no solo por el personaje regordete cargado de productos, sino por “los recorridos rituales en la ciudad de La Paz durante la Alasita”, como fue presentada al mundo.

La enorme feria de la pequeñez se distribuye por sectores: está el de “masitas” con la diminuta y variada oferta de pastelería donde se compra en cartuchos de papel, una docena de pastelitos “borrachitos”, “coquitos” y “buñuelitos”.

En el sector de los billetitos se puede adquirir maletitas repletas de dinero del Banco de la Fortuna, además de diplomitas de profesional de casi todas las universidades existentes, periodiquitos, almanaquitos Argote, “partes” de matrimonio, gallos y gallinas, requeridos como amuletos para catapultar directo al matrimonio.

Los del Sector Decanos, los más antiguos de esta feria, muestran sus artículos “clásicos” que siguen teniendo gran demanda, como ropita para vestir a Barbie y a Ken, a los que se enfunda ropa de moda o complicados disfraces de tobas y ch’utas. También están juguetes tradicionales como la ch’oka y el trompo, la gorra estilo Daniel Boone; el cenicero de la negra, los soldaditos de plomo y el gracioso Quevedo (de la familia de los caganiers españoles) en su sin igual posición.

Quien no disfrutó de la oferta gastronómica de la feria, no sabe de lo que se pierde. Deliciosos falso conejos, “sajta de gallina soltera” como decía La Bolita; un rico y “quemante” api orureño —mezclado—, acompañado de un buñuelo o un pastel, que no es más que una empanada inmensa con un poquitín de queso; están los pacumutus cambas, y los confites potosinos, que demuestran que las Alasitas son punto de encuentro de todas las regiones de la patria.

¿Cómo acompañaron nuestras autoridades la promoción y puesta en valor de esta festividad este año? El Alcalde lamentablemente como acostumbra, ha desentonado. Primero ha pedido a las expositoras del sector masitas que hagan en honor a la fiesta de la miniatura, la torta más grande del mundo para el récord Guinness, cuando lo ideal tendría que haber sido pedir elaborar la tortita más pequeñita. Con la misma ironía, ha recomendado que para el 24 de enero compremos billetitos con anticipación, olvidando que los paceños esperamos con ansias las 12 en punto de ese día, ni un minuto más, ni uno menos, para hacer realidad nuestros sueños.

Empero la vida y nuestros excesos nos ha enviado una pandemia que nos obliga a reflexionar y preservar nuestra salud, por ello no hubo Alasitas el año pasado y hoy la tendremos con restricciones, por nuestra seguridad.

En algo estamos todos de acuerdo: pedirle al Ekeko que no importa que este año no nos conceda los bienes materiales y superficiales a lo que estamos acostumbrados, sino que este 24 de enero, a mediodía, nos dé vida y salud.

Javier Escalier Orihuela es concejal de la ciudad de La Paz.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

El Gran Poder: de fiesta barrial a patrimonio mundial

Originada en Chijini, la fiesta de la Santísima Trinidad ha crecido de tal forma que tiene reconocimiento mundial

/ 6 de junio de 2022 / 10:38

Estamos a punto de vivir un año más de la Festividad de la Santísima Trinidad, más conocida en nuestro medio como la fiesta en honor al Señor Jesús del Gran Poder, una veneración a la imagen del Cristo de los tres rostros que data del siglo XVIII.

La historia y tradición de esta fiesta nos lleva a inicios del siglo pasado, cuando la venerada imagen fue acogida, después  de un peregrinar por diferentes zonas de la ciudad de La Paz, en la calle Antonio Gallardo. El rito que se gestó en una pequeña capilla, fue creciendo hasta que la vecindad del barrio de Chijini adquiriera en 1928 un terreno donde posteriormente fue construida la Parroquia del Señor Jesús del Gran Poder en 1937.

Paralelamente, aparecían en la zona las primeras comparsas de sicuris, una de ellas, la de los canillitas, o vendedores de periódicos que se hacían llamar Cebollitas, quienes bailaban para la Virgen de la Estrella de Chuchulaya (Virgen de la Natividad); la Diablada Unión de Bordadores, la más antigua y vigente en Gran Poder, era fundada el 19 de mayo de 1927 y AMABA, la instancia que congregó a quienes confeccionaban trajes folklóricos en la calle Illampu como Asociación Mixta de Artistas Bordadores Autodidactas, se fundaba el año 1936.

En el ámbito vecinal el año 1923 se creó la junta de vecinos de la zona de Chijini, que se encargó inicialmente de organizar la Festividad junto a los Prestes de la Fiesta, formalmente desde la década de los años 30, en coordinación con la Iglesia y la Municipalidad de La Paz. Hasta ese entonces, los devotos y cada una de sus comparsas llegaban a los pies del Señor por cuenta propia, utilizando las calles de manera desordenada.

Hasta aquí un contexto de cómo se desenvolvían las actividades en aquellos años de inicio y construcción de esta festividad, la iglesia, la ciudadanía y la oficialidad.

Consta en un documento de la Prefectura paceña: “Correspondencia de 1937-1938”, encontrado, trascrito y comentado por Luisa Andrea Cazas, una estudiante de la Carrera de Historia, la descripción de un nutrido programa de la festividad que incluía la entrega de calles pavimentadas; concurso de “voladores”; carrera de resistencia “hasta El Alto de la ciudad”; distribución de golosinas a los huérfanos de la guerra; retretas y verbenas populares, culminando en un “Gran match de Foot Ball” entre los equipos de la famosa fábrica de zapatos García y la fábrica Yarur.


Con los años, las matracas han ido evolucionando y representando el sentir del fraterno

La religiosidad y devoción al Señor Jesús del Gran Poder hizo que la vecindad permitiera realizar varias remodelaciones y ampliaciones a la iglesia de la calle Antonio Gallardo entre 1940 y 1948; en ese ínterin incluso se erigió un nuevo templo para elevar la devoción al “Tatita”, pretendiendo “trasladar” la venerada imagen a la calle Max Paredes, hecho que derivó en una resistencia vecinal que partió la zona en dos: Alto y Bajo Chijini. El Tatita no se movió más.

Sin embargo, la fe en el Señor Jesús del Gran Poder se fortaleció y la festividad continuó expandiéndose vertiginosamente, hasta que en 1961 se desarrolló la primera Entrada folklórica consensuada entre todas las comparsas, que tuvo al día siguiente una diana y saludo de los bailarines desde las primeras horas de la mañana al Señor, en traje de calle, para posteriormente asistir con los vestuarios correspondientes a la solemne procesión con una multitudinaria presencia ciudadana.

Como todo proceso de evolución de este tipo de manifestaciones sociales, llegó un momento en que los danzarines se independizaron de la organización vecinal, en ese entonces bajo la presidencia de un querido y ejemplar vecino, don Wálter Mendoza, —presidente del famoso equipo de fútbol White Star—, quien en un momento se negó a permitir el ingreso de más conjuntos folklóricos en la entrada de ese año, lo que derivó en un malestar generalizado y la posterior autonomía de los conjuntos folklóricos.

Tras una cortés notificación al presidente de la junta de vecinos, y una decisión tomada la noche anterior, a la mañana siguiente, el 12 de mayo de 1974, en presencia de 27 conjuntos, en el emblemático salón Lluvia de Oro de la calle Max Paredes, se procedió a la posesión del flamante directorio de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder, encabezada por don Lucio Chuquimia, presidente, de los X del Gran Poder.

En el Tambo Quirquincho se repasan las vivencias de la Morenada Eloy Salmón

Al año siguiente, la fastuosa entrada en honor al Señor Jesús del Gran Poder tuvo un alentador inicio, puesto que contó con la histórica presencia del presidente de Bolivia Gral. Hugo Banzer Suárez y sus ministros de Estado, que quedaron absortos con la rica variedad de danzas presentadas durante toda la jornada, beso de la china morena Barbarella a Banzer incluido.

Ese año marcó un hito: fue la primera vez que esta manifestación zonal ingresó al centro paceño, según cuenta el último dirigente vivo de ese directorio, don Carlos Suárez. Un detalle no divulgado hasta ahora es que los organizadores de la entrada del Gran Poder obtuvieron el permiso para ingresar al centro paceño solo por ese año, por tratarse del “Sesquicentenario” de la creación de nuestro país, —150 años—; aunque las autoridades no contaron con que la jurisprudencia hace mucho y que el permiso otorgado por el entonces alcalde municipal Mario Mercado fue entendido por los folkloristas como un “para siempre”.

La Festividad del Gran Poder desde entonces ha sorteado innumerables historias a lo largo de todos estos años, como el haber sido testigo del nacimiento en su seno de una de las expresiones folklóricas más populares en el mundo, como es la danza de los caporales, así como haber visto el auge de la morenada, también a nivel mundial; ha sostenido un conflicto institucional que derivó el año 1984 en dos entradas llevadas a cabo el mismo día y con el mismo recorrido, aspecto que necesitó de la intervención de la Iglesia para volver a unificarla; en 1990 lloró el asesinato del párroco de la Iglesia, Miguel Silva, que derivó en la postergación de la Entrada y el cambio de su recorrido ese año; a la muerte del expresidente Víctor Paz Estenssoro, Gran Poder se resistió a una suspensión por duelo decidida inconsultamente horas antes por el entonces alcalde Juan del Granado, demostrando el poder social que ostenta la fiesta y que en la actualidad se preciará de haber sobrevivido una pandemia extendida por el mundo que la inmovilizó por dos años.

En poco menos de un siglo, la ciudadanía paceña ha sido testigo de la declaración como Santuario a la Iglesia del Gran Poder, el ostentar los títulos de Patrimonio Cultural de la ciudad de La Paz, de su departamento y de Bolivia, hasta merecer el máximo reconocimiento cultural a nivel mundial en 2019 por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura) con su inscripción en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Una comparsa tradicional, La Gran Tradicional Fraternidad Morenada Comercial Eloy Salmón de los Señores Maquineros, que cumple 53 años de vida y se constituye en referente histórico de esta fiesta, instaló una exposición que estará abierta hasta fines de junio, y que propone una singular colección fotográfica que retrata en imágenes y recuerdos la historia de una fiesta de barrio que ha trascendido fronteras.

FOTOS: ÁLVARO VALERO, CARLOS SUÁREZ (PRIMER DIRECTORIO ASOC. CONJ. FOLK. GRAN PODER) Y JAVIER ESCALIER

Comparte y opina: