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domingo 22 may 2022 | Actualizado a 19:45

El año de la pesca y la acuicultura

/ 22 de enero de 2022 / 03:10

La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó 2022 como el Año Internacional de la Pesca y la Acuicultura Artesanales (AIPAA), IYAFA 2022 en inglés, un necesario reconocimiento a la contribución de este rubro a la seguridad alimentaria y la nutrición, la erradicación de la pobreza y el uso sostenible de los recursos naturales.

El AIPAA es, también, una oportunidad de visibilizar la naturaleza tan variada de la pesca y la acuicultura de pequeña escala y a los diversos actores que participan en ellas, así como a la importante contribución que ambas actividades hacen a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Se calcula que en Bolivia se produce al año (datos de 2014) aproximadamente 8.300 toneladas, con 83 por ciento de la pesca de captura. El 40 por ciento proviene de la Amazonia; un 30 por ciento es proveído por el chaco, principalmente Villamontes; el lago Titicaca proporciona otro 30 por ciento; mientras que los ríos de los valles cubren el restante 10 por ciento.

Estas cifras son en su mayoría un retrato de la pesca artesanal y de la acuicultura de pequeña escala, que en Bolivia tiene rostro indígena y una gran participación de mujeres y jóvenes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha asumido el desafío de promover el AIPAA para aumentar la conciencia sobre esta realidad y, principalmente, para propiciar la adopción de medidas que contribuyan a mejorar las condiciones en la que los pescadores trabajan.

Esto implica promover el diálogo y la colaboración entre los pescadores artesanales a pequeña escala, los acuicultores, los trabajadores del sector pesquero, el gobierno y otros socios clave a lo largo de la cadena de valor, así como seguir reforzando su capacidad para mejorar la sostenibilidad de la pesca y la acuicultura, y mejorar su desarrollo social y su bienestar.

El sistema mundial de alimentos se enfrenta a numerosos desafíos complejos, por ejemplo, el hambre, la malnutrición y las enfermedades relacionadas con la alimentación; la cada vez mayor población mundial que necesita alimentos en cantidades suficientes y saludables; la necesidad de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos; el agotamiento de los recursos naturales y los efectos del cambio climático, así como las repercusiones de la actual pandemia por coronavirus.

La pesca y la acuicultura proporcionan alimentos fundamentales, esenciales e indispensables en dietas saludables, que son parte de nuestro patrimonio cultural y tradición culinaria. Los pescadores y piscicultores en pequeña escala y artesanales producen gran parte de estos alimentos y por ello el Año Internacional representa una oportunidad para destacar la importancia que tienen para nuestros sistemas alimentarios, medios de vida, cultura y medio ambiente.

En ese sentido, es de gran importancia lograr que el Año Internacional sea el escenario en el que se logre la adopción de medidas concretas para el logro de los ODS, mucho más cuando cursamos el último decenio de acción para la consecución de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Este es, por tanto, un llamado a trabajar juntos para que los pescadores, piscicultores y trabajadores del sector pesquero en pequeña escala y artesanales reciban el reconocimiento y sean empoderados para seguir contribuyendo al bienestar de los seres humanos, a los sistemas alimentarios y a la mitigación de la pobreza a través del uso responsable y sostenible de los recursos de la pesca y la acuicultura.

Rodrigo Roubach es representante de la FAO en Bolivia.

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El COVID-19 y los sistemas agroalimentarios

/ 29 de marzo de 2022 / 02:15

Bolivia se prepara para participar del 37° periodo de sesiones de la Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, encuentro al que asistirán 33 países y que señalará las prioridades regionales para los próximos dos años, en un momento en que necesitamos superar la crisis humanitaria, económica y social provocada por la pandemia del COVID-19.

El sector agroalimentario es clave para salir de esta crisis. Datos oficiales señalan que en Bolivia hay 2,5 millones de personas ligadas a unidades productivas agrícolas y son proveedoras de más del 90% de los productos de la canasta básica de alimentos.

Se calcula que 1,1 millones de personas que paralelamente están en otras actividades, como minería, manufactura y construcción, sufrieron una contracción económica debido a la pandemia, lo que les ha hecho dependientes de sus conocimientos agrícolas y les ha devuelto a sus tierras para asegurar el alimento y la economía.

Estas cifras nos muestran lo fundamental que es el sector agroalimentario en el desafío de superar la crisis de los últimos años. El país tiene cómo hacerlo. Bolivia posee variedad de alimentos sanos y nutritivos, riqueza en agrobiodiversidad y conocimientos tradicionales y ancestrales de producción sostenible. Y tiene la voluntad política, expresada en el Plan de Desarrollo Económico y Social 2021-2025, donde el eje de seguridad alimentaria con soberanía y la promoción de las exportaciones con valor agregado propone diversificar e incrementar la productividad agropecuaria.

Este enfoque se expresará en la 37° conferencia regional de la FAO a través de la participación del ministro de Desarrollo Rural y Tierras, Remmy Gonzales.

Para la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el encuentro —que se celebrará en Quito, Ecuador, del 28 de marzo al 1 de abril— es trascendental para coordinar acciones conjuntas en los esfuerzos que hacemos para la trasformación hacia sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles, para conseguir una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás, como señala el Marco Estratégico 2022-2031 de la FAO.

Sin ello, no podremos asegurar alimentos inocuos, nutritivos y saludables para toda la población, especialmente para los 267 millones de personas que sufren inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe. Tampoco podremos crear condiciones para que los habitantes rurales superen su condición de pobreza, que afecta al 45% de dicha población en la región. Durante la conferencia regional, los países acordaremos cómo avanzar en este camino urgente y necesario.

Rodrigo Roubach es representante de la FAO en Bolivia.

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Legumbres para un mundo sin hambre

/ 8 de febrero de 2022 / 02:25

La Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 10 de febrero como Día Mundial de las Legumbres, después de que 2016, Año Internacional de las Legumbres, visibilizara el valor trascendental de estos alimentos para la seguridad alimentaria del mundo.

La fecha es una oportunidad para no solo reforzar estas nociones, sino también explorar su contribución a los sistemas alimentarios sostenibles y a un mundo sin hambre. Porque las legumbres son fundamentales para afrontar los desafíos de la pobreza, la seguridad alimentaria, la salud humana y la nutrición, la salud del suelo y el medio ambiente, coadyuvando así a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Las legumbres y leguminosas son fundamentales en cualquier dieta saludable por numerosas razones: son bajas en grasas y no tienen colesterol; son bajas en sodio y una gran fuente de proteínas vegetales, por ejemplo, 100 gramos de lentejas crudas contienen 25 gramos de proteínas; contienen hierro, potasio, fibra y vitamina B, entre otros beneficios nutricionales.

Pero además se ha demostrado que pueden diversificar la producción y darle sostenibilidad a la actividad agrícola por su capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico y mejorar la renovación de fósforo, con lo cual contribuyen a la optimización del uso de nutrientes del suelo y al logro de un mejor medio ambiente.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce también que las legumbres aportan a la resiliencia de los sistemas de cultivo y permiten a los agricultores producir aún en regiones donde escasea el agua porque resisten mejor las sequías y otras emergencias climáticas en comparación con otros cultivos. Además, su huella hídrica es baja, por lo que las legumbres son un instrumento esencial para hacer frente al cambio climático.

A nivel mundial se ha visto que la inclusión de la producción y el comercio de legumbres incide positivamente en la resiliencia de las cadenas de suministro regionales y mundiales al permitir a los consumidores acceder a alimentos nutritivos y contribuir al uso sostenible de los recursos naturales.

En el Estado Plurinacional de Bolivia, las legumbres forman parte del patrimonio cultural y se consumen de forma habitual, principalmente la lenteja, el garbanzo, el tarwi y las habas.

La FAO en Bolivia trabaja para recuperar algunas legumbres que se consumían ancestralmente y que se fueron perdiendo con el tiempo. Por ejemplo, a través de un proyecto denominado Agrobiodiversidad se logró poner en valor el palqui, una súper leguminosa que contiene minerales como el fósforo, potasio, magnesio y calcio, entre otros; y se caracteriza por la calidad de sus proteínas (39,9%).

A estas grandes bondades se suman las propiedades curativas del palqui, ya que es utilizado por pueblos indígenas para aliviar enfermedades de los pulmones dañados, motivo por el cual se convirtió en la bebida minera por excelencia, además de remedio casero para la anemia, el cáncer y otras enfermedades, según investigaciones de la Universidad Tomás Frías.

Nuestro compromiso es continuar trabajando para involucrar a los diferentes niveles del Estado para encontrar mercados, para transformar estos alimentos en productos que puedan ser incluidos en la Alimentación Complementaria Escolar y otras iniciativas. Para que las legumbres lleguen a más población por su alto valor nutritivo y su importancia fundamental para erradicar el hambre.

Rodrigo Roubach Representante de la FAO en Bolivia.

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