Voces

domingo 22 may 2022 | Actualizado a 13:14

Tolata y Epizana: 29 de enero de 1974

/ 23 de enero de 2022 / 01:21

Tiempos hubo en nuestra historia en que las masacres no eran investigadas, ni enjuiciados sus autores materiales e intelectuales. Tal es el caso de la que pasó a llamarse la Masacre del Valle, ocurrida bajo la dictadura de Banzer.

Desde que se instaló en el gobierno el 21 de agosto de 1971, con sus aliados del MNR y la Falange, no hubo un solo día que cesara la represión: detenciones arbitrarias sin forma ni figura de juicio, aplicación de torturas, ejecuciones, desapariciones y exilios forzosos. Cuando ya no tenían argumentos, los inventaban a través de novelones como Plan “Zafra Roja”, Plan “Loto Rojo Tachai” y otros parecidos.

Sin embargo, la represión no dejaba de ser selectiva, buscaba enemistarse lo menos posible con el sector campesino al que consideraba como manipulable base social de apoyo.

El conocido manual de Historia de Bolivia de los Mesa-Gisbert le dedica apenas un párrafo de seis líneas a los sucesos de Tolata y Epizana, sobre la antigua carretera Cochabamba-Santa Cruz. Dicen que “las manifestaciones fueron respondidas con disparos dejando un saldo de algunos muertos y varios heridos”. En realidad se trató de un gigantesco operativo militar para desbloquear unos 100 km de vías ocupadas por campesinos que así se sumaban a la resistencia de minas y ciudades, en rechazo a medidas económicas que afectaban a todo el pueblo trabajador y con particular rudeza a los trabajadores del agro, puesto que se congelaban los precios de sus productos mientras se duplicaban los de productos agroindustriales.

Era el despertar de una nueva y joven dirigencia campesina que experimentó en carne propia la dureza dictatorial y descubrió que sus mejores aliados no eran precisamente los elementos uniformados que se autonombraban sus “líderes”. Enero de 1974 marcó el comienzo del derrumbe definitivo del “Pacto Militar Campesino” y puso al desnudo las fisuras y contradicciones en el interior del bando castrense. Mostró la perfidia de Banzer que, por un lado envía a su representante personal para dialogar con los campesinos, por el otro manda despejar la vía con tanques y ametralladoras.

La masacre del Valle, una documentada publicación, acompañada de impactantes fotografías, sigue siendo hasta ahora la más contundente denuncia de la gravedad de los hechos, va mucho más allá de los 13 muertos reconocidos por las fuentes oficiales. Fue elaborada por la Comisión de Justicia y Paz conformada por sacerdotes y laicos de la Iglesia Católica. Según se supo, disgustó tanto a Banzer esta publicación que no solo la prohibió y persiguió, sino que se dio modos para doblarle la mano al cardenal Maurer y obligarlo a disolver Justicia y Paz. Supongo que es por eso que el ejemplar que poseo, una tercera edición fechada en La Paz el año 1979, está suscrito por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia.

En todo caso los autores de este material histórico eran gente acuciosa y prevenida. Trabajaron con más de 70 informantes, muchos de ellos testigos oculares de los hechos, 30 campesinos de los que seis eran dirigentes principales, ocho oficiales y soldados, otros seis testigos ocasionales, doce sacerdotes, dos médicos y tres periodistas.

Además nos proporcionan un dato precioso: “El material original, debidamente documentado, se ha archivado en lugar seguro para que pueda estar al servicio de investigadores serios, cuando se den las adecuadas condiciones de seguridad y objetividad”.

A 48 años de los hechos y a casi 40 de vida democrática, se supone que existen las “adecuadas condiciones” para ubicar ese “lugar seguro” y retomar la investigación. Es un desafío para los/las jóvenes de hoy, tanto periodistas como historiadores. Y también, por qué no, para religiosos/as. ¿Algún día lo asumirán?.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Mejor… seguir hablando de libros

/ 15 de mayo de 2022 / 00:53

Ocuparnos de los temas de la actual coyuntura solo sería para sumarnos a la protesta. ¿Qué más podríamos decir de policías auteros y narco-volteadores; de un movimiento estudiantil que, a título de autonomía universitaria, soporta pasivamente dirigencias criminales; de la orgía de feminicidios o de la manga de políticos incapaces de concertar un nombramiento?

Es preferible seguir hablando de libros con quien sabe de libros: José Roberto Arze. Con él, hace ya algunos años, hicimos una serie de programas radiales donde hablamos de la historia del libro, de las ferias que se realizan para comercializarlo, de la entonces reciente Ley del Libro “Óscar Alfaro” y, por supuesto, de los libros que, a juicio del entrevistado, tuvieron mayor impacto en Bolivia y también a nivel mundial. De los primeros ya nos ocupamos en la columna anterior, ahora toca hablar de los 10 segundos:

1. La Biblia. Obra de incuestionable influencia en el mundo occidental sobre todo en la implantación en la visión monoteísta, así como en los procesos políticos, económicos, religiosos y culturales. Es una recopilación de libros considerados de origen divino por parte de los creyentes judíos (Antiguo Testamento), más los cuatro Evangelios de Jesucristo para los cristianos.

2. Metafísica, de Aristóteles (384-322 a.C.). Viene a ser la cima del pensamiento clásico griego. Se calcula que escribió más de 200 obras, pero se han conservado y rescatado apenas 31, entre ellas Metafísica, texto de influencia apabullante en la cultura occidental desde hace más de 2.000 años.

3. Diálogo sobre los sistemas del mundode Galileo Galilei (1564-1642), astrónomo. ingeniero, matemático y físico italiano. Sus descubrimientos astronómicos le llevaron a la convicción de que era el planeta Tierra el que giraba en torno al Sol y no a la inversa, afirmación que entraba en conflicto con las creencias dominantes de la Iglesia Católica.

4. Contrato social de Juan Jacobo Rousseau, filósofo, pedagogo, naturalista e incluso músico, nacido en Ginebra (1712- 1778). En este libro publicado en 1762 sienta las bases de la organización del Estado moderno. Sus ideas centrales son que “todos los hombres nacen libres e iguales”, que debe primar el concepto de la “voluntad general” y que el pueblo es el depositario de la soberanía.

5. Principios matemáticos de Isaac Newton, físico, matemático, inventor además de teólogo y alquimista, nacido en el Reino Unido (1643-1727). En este libro, publicado en 1887, está descrita la ley de la gravitación universal y las bases de la mecánica clásica, regida por leyes que en su honor llevan su nombre.

6. El origen de las especies de Charles Darwin, naturalista y biólogo inglés (1809-1882). Apoyado en varios ejemplos de la naturaleza, postuló en este libro (1859) que todas las especies de seres vivos evolucionaron a partir de un antepasado común mediante un proceso de selección natural.

7. El Capital de Carlos Marx , filósofo, economista, sociólogo, periodista y luchador político- social nacido en la región de Prusia (Alemania, 1818-1883). Junto a F. Engels es autor del Manifiesto del Partido Comunista (1848). En una encuesta de la BBC, efectuada en 1999 fue considerado como el mayor pensador del milenio. El primer tomo de El Capital, bastante más que una radiografía del sistema capitalista, se publicó en 1867.

8. Los reflejos condicionados: lecciones sobre la función de los grandes hemisferios de Iván Pavlov, fisiólogo ruso (1849-1936). La obra, publicada en 1929, así como otros muchos libros y artículos, basados en su laborioso trabajo de experimentación, dieron un gran impulso a la psicología.

9. Sobre la teoría de la relatividad especial y general de Albert Einstein. Comenzó como un simple artículo y se convirtió en un libro del físico alemán, nacionalizado en Suiza, Austria y Estados Unidos (1879-1955). Suele decirse que su ecuación E=mc2 le dio forma a todo el siglo XX.

10. Cibernética: El control y comunicación en animales y plantas de Norbert Wiener, matemático estadounidense (1894- 1974). Su libro publicado en 1948 es considerado uno de los más influyentes del siglo XX, por su aporte al estudio de los flujos de energía, vinculados a la teoría de sistemas.

Esito sería… Chaylla karqa… Ukamauquiwa

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Mejor… hablemos de libros

/ 1 de mayo de 2022 / 02:22

Si como columnista quincenal de este diario debiera seguir inflexible las pulsiones del entorno, ocuparía hoy este espacio con temas escabrosos como la guerra Rusia-Ucrania, la putrefacción de la Justicia boliviana o, más límpidos, como el primero de mayo. Descarto los tres temas, pues muy poco de novedoso podría aportar. Prefiero ocuparme del 23 de abril, fecha que ha pasado casi desapercibida en nuestro país. Se trata del Día Internacional del Libro, que tiene como objetivos principales promover el libro y la lectura, la industria editorial y la defensa de los derechos de autor.

Algunos años atrás hice para la radio la serie Hablemos de Libros en seis capítulos en los que el protagonista es alguien que sabe de libros: José Roberto Arze, docente emérito de la UMSA, fue director de la carrera de Bibliotecología, autor y editor de muchos libros, miembro de las academias de la Historia y de la Lengua. En el capítulo tercero pedimos al entrevistado que nos hablara de los 10 libros bolivianos que, a su juicio, habrían tenido mayor influencia en los cambios ocurridos en nuestro devenir histórico. Sin ser estrictamente cronológica, esta es la enumeración que Arze nos presentó:

1. Diálogo entre Fernando VII y Atahuallpa en los Campos Eliseos, atribuido al patriota americano Bernardo Monteagudo, no es propiamente un libro, sino un texto breve que mediante una conversación ficticia reafirma el postulado de la independencia. Ha tenido hasta ahora muy escasa divulgación.

2. Viaje a la América Meridional del naturalista y explorador francés Alcide D’Orbigny, quien recorrió Bolivia y otros países sudamericanos en los primeros años de la independencia. Su obra completa, en cuatro volúmenes, se publicó en Bolivia por primera vez en 2002.

3. Pueblo enfermo de Alcides Arguedas. Libro infinidad de veces publicado desde su aparición en 1909. Y que sigue ocasionando fuertes polémicas entre sus seguidores y quienes lo consideran denigrante para el país.

4. Creación de la Pedagogía Nacional de Franz Tamayo. Según varios analistas, este es un libro muy mentado pero poco leído y estudiado, surgió a partir de una serie de artículos publicados en el periódico El Diario a lo largo de 1910. En varios aspectos los puntos de vista de Tamayo son radicalmente opuestos a los de Arguedas.

5. El macizo boliviano de Jaime Mendoza, publicado por primera vez en Sucre en 1925, destaca el factor geográfico en la evolución histórica de Bolivia.

6. ¡Hacia la unidad de las izquierdas bolivianas! de José Antonio Arze (autor principal). Libro publicado en 1939 por los exiliados en Chile, sienta las bases teóricas y programáticas del Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), de importante gravitación hasta 1952,

7. Nacionalismo y Coloniaje de Carlos Montenegro. Obra ganadora de un concurso convocado por la Asociación de Periodistas de La Paz (1943) sobre el rol de la prensa en la historia de Bolivia; devino en libro esencial para el sustento de la ideología del “nacionalismo revolucionario”, encarnado en el MNR.

8. Manual de plantas económicas de Bolivia de Martín Cárdenas Hermosa, considerado el más grande naturalista y botánico boliviano, hizo grandes aportes científicos que merecieron el reconocimiento internacional. Esta obra fue publicada en Cochabamba en 1969.

9. El problema nacional y colonial de Bolivia de Jorge Ovando Sanz. Publicado en 1961, se lo considera el libro pionero de la visión “plurinacional” del Estado boliviano.

10. El poder y la caída: el estaño en la historia de Bolivia de Sergio Almaraz. A decir del propio autor, el libro es una tentativa de definir la estructura del poder en Bolivia. Se ha publicado varias veces desde 1967.

Toda selección implica exclusiones a veces odiosas. El entrevistado lamentaba la ausencia en esta lista de autores como Gabriel René Moreno, Tristán Marof y otros. Esta es solo una propuesta para incentivar la lectura, como muchas que pueden hacerse.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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EEUU, la guerra Rusia-Ucrania y el fantasma del holocausto nuclear

/ 17 de abril de 2022 / 00:57

Noam Chomsky, profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), importante lingüista e intelectual comprometido con su tiempo, invitado a un seminario sobre resolución de conflictos en el marco del Derecho Internacional, emitió opiniones sobre la actual coyuntura mundial cuyos fragmentos más significativos compartimos a continuación:

“Fijémonos en este mundo. Lamentablemente, es demasiado fácil hacer un inventario de historias horribles. En cada caso, la pregunta crucial es ¿qué se puede hacer para acabar o al menos mitigar esos horrores?…

“Un ejemplo verdaderamente aterrador es Afganistán. Millones de personas literalmente se enfrentan a la inanición, una tragedia colosal. Hay comida en los mercados, pero con todos sus fondos bloqueados en los bancos internacionales, la gente con poco dinero tiene que ver cómo sus hijos mueren de hambre…

“Pasemos a otro caso. Lo que la ONU describe como la peor crisis humanitaria del mundo: Yemen. El número oficial de víctimas alcanzó el año pasado las 370.000 personas. El número real no se conoce. El país, destrozado, se enfrenta a la hambruna generalizada. Arabia Saudita, la principal culpable, ha ido intensificando el bloqueo al único puerto que se usa para la importación de alimentos y combustible. La ONU está emitiendo advertencias extremas de que cientos de miles de niños se enfrentan a una inanición inminente…

“No es difícil encontrar más ejemplos. Veamos la mayor prisión a cielo abierto del mundo, Gaza, donde dos millones de personas, la mitad de ellos niños, viven “a dieta”, como lo llaman sus carceleros: suficiente para sobrevivir… Se han destrozado el alcantarillado y las centrales eléctricas con repetidos ataques de los que no se libran hospitales, residencias, población civil en general y todo sin un pretexto creíble… Las autoridades internacionales predicen que pronto la prisión será literalmente inhabitable. Las cosas no van mejor en la otra parte de los territorios ocupados, donde colonos y ejército no solo someten a los palestinos a un terror diario, sino que también les expulsan de sus aldeas destrozadas para hacer sitio a más asentamientos ilegales.

Podríamos seguir tranquilamente, pero vamos a dejar la lista de historias de terror para concentrarnos en el tema actualmente candente, y con razón: la invasión rusa de Ucrania que, por su carácter, aunque no por su escala, se sitúa junto a otros grandes crímenes de guerra como la invasión de Irak por parte de EEUU y Reino Unido, la invasión de Polonia por Hitler y Stalin y otros sombríos episodios de la historia moderna… Por ahora, las iniciativas de Putin sirvieron para descartar la perspectiva de una Europa independiente. Eso es un regalo inconmensurable para la política imperial de EEUU…

“La tarea inmediata es acabar con los crímenes que están devastando Ucrania. Si le preocupase en lo más mínimo el destino de las víctimas ucranianas, lo que EEUU debería hacer es acceder a participar en los esfuerzos diplomáticos para poner fin al ataque y plantear un programa constructivo para facilitar este resultado… Su elemento principal es la neutralidad de Ucrania: sin adhesión a alianzas militares hostiles, ni albergar armas que apunten a Rusia, ni ejecutar maniobras con fuerzas militares hostiles. Un estatus bastante parecido al de México y, de hecho, todo el hemisferio occidental que no puede entrar en una alianza militar dirigida por China…

“En resumen, un programa constructivo sería lo contrario a la política oficial actual de EEUU…

“Un elemento central en un programa constructivo es la neutralidad, que de hecho ya ofreció Zelenski y no respaldó EEUU… Por ahora los EEUU, con el apoyo de sus aliados, se niegan a hacerlo, condenando a los ucranianos a un destino sombrío…

“Y eso no es todo. La crisis de Ucrania amenaza con una guerra nuclear; lo que significa una guerra terminal. No se escapa nada. Y eso no es una perspectiva remota. Putin ya emitió una alerta nuclear, probablemente simbólica, pero no sabemos dónde podría acabar…

“¿Qué podemos hacer? La única opción es trabajar con fuerza educando, organizando y realizando acciones que consigan comunicar las amenazas que enfrentamos y movilizar al conjunto. No es una tarea sencilla. Pero es necesaria para sobrevivir”.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Lecturas para pensar y sentir el 9 de abril

/ 2 de abril de 2022 / 23:31

Sergio Almaraz, con la lucidez que lo caracterizaba, sostuvo en cierta ocasión que las revoluciones no están en un escaparate o vitrina de donde se puede escoger una, acorde con nuestros gustos o preferencias. Las revoluciones sociales ocurren sin planificación previa. Son como son y no como quisiéramos que fueran. Son procesos dinámicos surgidos en condiciones muy peculiares y generalmente irrepetibles. Poseen cualidades tanto positivas como negativas, luces y sombras, heroísmos y mezquindades. Cuentan con  líderes altruistas, clarividentes, modestos y honrados en unos casos y, en otros, con torpes granujas, enmascarados acomodaticios, ávidos de poder y de privilegios.

Hace 70 años, un 9 de abril, estalló en Bolivia la que vino en llamarse la Revolución Nacional. Un típico golpe de Estado concertado por la dirigencia nacionalista con una pequeña fracción militar, gracias a la intervención popular, derivó en una insurrección triunfante, tras tres días de fieros combates. Los mineros de Milluni en La Paz y de San José en Oruro, los obreros de las fábricas paceñas así como amplios sectores populares de todo el país fueron los protagonistas principales del histórico acontecimiento que dio inicio a importantes transformaciones, sin duda las más significativas para Bolivia en el pasado siglo. Resulta inevitable mencionar algunos antecedentes que explican la insurgencia del 9 de abril: los intentos de reformas impulsados por el llamado “socialismo militar” después del Chaco; la gestión contradictoria de  Villarroel y su dramático derrocamiento en julio de 1946; la guerra civil de 1949; la huelga, seguida de una masacre, de los trabajadores paceños, principalmente fabriles, el 18 de mayo de 1950. En lo inmediato, el desconocimiento de las elecciones de 1951 que había ganado el MNR con el binomio Paz Estenssoro-Siles Zuazo y la entrega del poder a una junta militar (el “mamertazo”, maniobra ejecutada por el entonces presidente Mamerto Urriolagoitia). Podría decirse entonces que era tal el desprestigio y el debilitamiento de la oligarquía dominante, que la mesa estaba servida para el estallido popular que se desencadenó incontenible y marcó su impronta al proceso, sobre todo, a través de la creación de la COB.

Los miembros de la generación a la que pertenecemos éramos bebés recién nacidos, o niños muy pequeños, casi coetáneos con el 9 de abril. Solo vivimos el eco de los días fulgurantes de la revolución. Fuimos testigos actuantes de lo que vino después: retrocesos y capitulaciones; paulatino abandono de las “banderas de abril”; corrupción pululante, desbarajuste económico, escasez de alimentos e imparable inflación monetaria; miedos y represión generalizada. Como lo definió Almaraz, había llegado el tiempo de las cosas pequeñas. Y luego, con el golpe del 4 de noviembre de 1964, se impuso la contrarrevolución en pleno, apropiadamente denominada por Barrientos y su entorno “revolución restauradora”. Los militares reorganizados bajo el molde yanqui, regresaron muy ufanos al poder y se encontraron con una suerte de “capitalismo de Estado” que no sabían ni podían desmontar, dando lugar al surgimiento de matices diferenciados en el estamento castrense. Los trabajadores organizados en lo que quedaba de la COB se constituyeron en el último baluarte de la resistencia, traducida en la defensa del sector estatal de la economía, frente a la avalancha neoliberal, qué curioso, liderada por Paz Estenssoro, el ícono del 52. La confrontación se prolongó hasta agosto de 1986, con el cerco de Kalamarka empieza otro ciclo de esta historia.

Lecturas que nos hicieron pensar y sentir sobre el tema y que recomendamos con sincera pasión: Réquiem para una república y Para abrir el diálogo de Sergio Almaraz y, de la abundante producción de René Zavaleta, Consideraciones generales sobre la historia de Bolivia (1932-1971), en especial los subtítulos que comienzan con la insurrección popular de 1952. Sale y vale.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Falleció el ejecutor de una ‘muerte innoble’

/ 20 de marzo de 2022 / 02:39

La semana anterior se ha conocido el anuncio de que, a sus 80 años, dejó de existir Mario Terán Salazar, el hombre encargado de asesinar, el 9 de octubre de 1967, al prisionero Ernesto Che Guevara. Acerca del verdugo del Che se han tejido muchas versiones fantasiosas y contradictorias. Se dijo, por ejemplo, que vivía tranquilo con nombre cambiado y bajo la férrea protección de la institución castrense. Pero otros afirmaban lo contrario: que Mario Terán vivía atormentado, sumido en el alcohol, eludiendo todo contacto, sintiéndose inseguro hasta en predios militares que nunca habría abandonado; en síntesis, huyendo aterrorizado de la “maldición del Che”, una serie de muertes violentas de varios implicados en su ejecución (aunque sin conexión demostrada entre sí).

Sus justificados temores, el remordimiento de conciencia y tal vez las rudas condiciones bajo las cuales recibía protección militar, convirtieron a Mario Terán en un personaje enigmático, imposibilitado de dar la cara. De ahí sus reiteradas negativas a ser entrevistado y mucho menos fotografiado. En 1971 el periodista ítalo-argentino Roberto Savio, al parecer por sorpresa, logró una breve entrevista en la que Terán respondió con evasivas a las insistentes preguntas del periodista. Lo más notable de este caso es que el valioso y extenso documental elaborado, por controversias entre los productores, solo pudo difundirse a partir de 1998, cuando fue presentado primicialmente en Roma.

Que sepamos, esta es la única entrevista formal, tête à tête, realizada con Mario Terán.

Conocimos a varios colegas y medios, principalmente europeos, que intentaron entrevistarlo, pero las condiciones extravagantes que exigía lo habrían impedido; por ejemplo la salida al exterior de él y toda su familia, así como garantías, seguros y altas sumas de dinero.

Es sabido que muy pronto fueron desechadas absolutamente las aseveraciones iniciales de que el Che hubiera caído en combate. Ahora todos los autores militares bolivianos que se han ocupado del tema (en una quincena de libros) admiten sin ningún género de duda el hecho concreto de la ejecución, en cumplimiento de un simple instructivo emanado de la cúpula militar (inducido o no por la CIA, es otro asunto). Algunas de estas publicaciones identifican al suboficial Mario Terán como el ejecutor de la orden, otras simplemente no lo nombran. Pero es igualmente sabida la completa veracidad del dato. Por ofrecerse como voluntario o por una orden verbal expresa, con más o menos ingestión de una bebida alcohólica, con vacilaciones que dieron lugar a encendidas arengas de sus superiores, lo único definitivamente cierto y evidente es que quien apretó el gatillo para lanzar la ráfaga mortal en la escuelita de La Higuera, fue Mario Terán Salazar.

La forma en que el Che enfrentó a la muerte y lo que pudo haberle dicho a su verdugo en esos instantes supremos, solo lo sabía Mario Terán. Y no hizo un reporte escrito de la “misión cumplida”. Y si lo hizo, puede que nunca se lo conozca.

Federico Arana Serrudo, quien fuera jefe de la inteligencia militar boliviana en 1967 en su libro Che Guevara y otras intrigas (Bogotá, 2002), aborda el tema en un capítulo significativamente titulado Una muerte innoble. En un informe secreto que había preparado, dice revelar que el Che se puso de pie rápidamente al escuchar los disparos efectuados en el aula contigua por el sargento Bernardino Huanca ultimando a Willy (Simeón Cuba) y a otro guerrillero capturado gravemente herido la mañana del mismo día. Según la versión de Terán recogida por Arana, el Che le increpó “que había venido a matarle.”

Como una de las pocas voces medianamente autocríticas, Arana sostiene que la forma en que se manejó el “asunto Che” dejó al Ejército boliviano “en el más absoluto ridículo en el escenario mundial y que sigue teniendo (…) una secuela incómoda, embarazosa e incluso vergonzosa para el país”. Tal cual.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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