Voces

martes 5 jul 2022 | Actualizado a 05:53

Revolución en Colombia

/ 26 de marzo de 2022 / 01:18

Los resultados de las elecciones legislativas colombianas ratificaron en ese país —¡en buena hora!— una tendencia al cambio que podría poner fin a 70 años de conservadurismo y el uribismo que apadrinó el narcotráfico, el paramilitarismo y se llevó por delante más de 280.000 muertos y miles de familias destruidas.

Con razón, con mucha razón, y tras conocer estos resultados y el ascenso del líder de la izquierda colombiana Gustavo Petro, el señor de la guerra que es Álvaro Uribe dijo en pasados días: “Estas elecciones dejan toda la desconfianza. No se puede aceptar este resultado”, y lo expresó quien siendo presidente por ocho años perdió la oportunidad de mejorar Colombia.

El pueblo colombiano reacciona, la Colombia humana se rebela con aire renovado y por fin acaricia la posibilidad de sacudirse de la noche larga de la violencia y muerte en las elecciones que en mayo de este año elegirán al nuevo gobierno y en las que Petro, como líder de una coalición que aboga por la democracia y la paz, podría surgir como el nuevo presidente de ese atribulado país.

Colombia incuba el conflicto más antiguo de todo el hemisferio occidental y en sus más de 56 años no hay ningún colombiano cuya vida no haya sido golpeada. Las cifras lo dicen todo: más de 280.000 muertos, decenas de miles de desaparecidos, casi siete millones de desplazados, violaciones, secuestros e incontables tragedias personales.

Es que a Colombia hay que verla en su integridad y no solo a través del marketing de Shakira o Maluma, cuya labor distractiva más bien disimula hechos oscuros que son el pan de cada día en la política y el ámbito social de ese país.

Para entender a la tierra de García Márquez es preciso recordar que el 9 de abril de 1948 fue asesinado de tres disparos el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, un hombre de izquierda —que al igual que Marcelo Quiroga Santa Cruz en nuestro país— se perfilaba como el futuro presidente de Colombia.

Antes de ser asesinado, Gaitán había sentenciado un duro mensaje para la oligarquía colombiana: “Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos”. Quienes eran dueños de Colombia en ese momento le respondieron con tres balazos.

El retorno de la esperanza a Colombia indica que los Acuerdos de Paz firmados con el decidido impulso del expresidente Juan Manuel Santos y la mediación de Cuba están dando frutos. El pueblo se cansó de la violencia y de la larga noche que aún ahoga en un pozo de sangre y dolor a millones de colombianos.

Tomando en cuenta que durante décadas el conservadurismo y el uribismo gobernaron Colombia a plan de manipulación mediática, amedrentamiento y balas, lo que allá acontece es una verdadera revolución.

Grover Cardozo es periodista y abogado.

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¿Administrar el poder?

/ 9 de febrero de 2022 / 02:47

En una tertulia junto a dos amigos surgió — casi con tono de angustia— la pregunta de fondo en torno a los alcances y límites del proceso de transformaciones en Bolivia.

¿Hoy el MAS en el gobierno ”solo” está administrando el poder o al tiempo que administra también sigue construyendo y nutriendo desde ciertos centros de reflexión (tanques de pensamiento), reuniones callejeras, asambleas sindicales, ministerios y reuniones en hogares bolivianos, la revolución liberadora iniciada el 18 de diciembre de 2005?

La tertulia se tornó altamente controversial, porque en la reunión alguien dijo que vivimos otros tiempos y que al haberse plasmado la agenda central del MAS con la nacionalización de los hidrocarburos, la recuperación de soberanía y los programas de inclusión social, ya se cumplió con el compromiso del instrumento para con el país y que por tanto hay razones para sentirse realizados.

Otra voz complementó a la anterior afirmando que hoy Bolivia es hoy otro país y ya son irreversibles los cambios que se implementaron hasta 2019.

Una tercera voz en respuesta a las dos primeras pidió cautela y dijo que habría que reflexionar más objetivamente sobre lo logrado e indicar que se arrancó con las iniciales medidas y decretos que nacionalizaron los hidrocarburos; que con la Constitución y otras acciones del gobierno se dieron los primeros pasos para recuperar la soberanía y que en lucha contra la pobreza y en pro de la inclusión social se avanzaron con las primeras leyes y programas beneficiando a la tercera edad, discapacitados, gente de escasos recursos, mujeres marginadas y minorías LGTB.

“¿Es más —complementó— yo quisiera que nos vayamos a caminar por una hora en las laderas de La Paz o al área rural y ver si Bolivia cambió mucho o apenas se dio el pitazo de largada para el programa de cambios?” Todos callados y un poco más serenos y reflexivos.

Y es cierto que se dieron importantes cambios, pero el kit de la cuestión es saber si las transformaciones de estos años las vemos como punto de partida o punto de llegada. Si se piensa que ya se llegó solo restaría sentarse y administrar el aparato de gobierno. Conclusión ligera y peligrosa porque en un proceso de transformaciones potente siempre falta algo que mejorar y cambiar.

Sobre lo reversible o irreversible de los procesos políticos, la historia deja grandes lecciones y solo recordando el derrocamiento de Allende en Chile o la caída de la Revolución Socialista de Octubre podemos obtener importantes reflexiones y respuestas. La historia enseña que nada es de una vez y para siempre y lo único real en la vida de la humanidad es el movimiento, es decir el cambio y la mutación en una u otra dirección.

En este punto, otra pregunta puede ayudar con algunas respuestas: ¿El MAS perdió la iniciativa política de los cambios? Si la respuesta es afirmativa, urge un momento de reflexión e imaginación.

Grover Cardozo es periodista y abogado.

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Disputas en el MAS

/ 21 de enero de 2022 / 03:15

10 años después de la Revolución de abril 1952, el partido dirigido por Víctor Paz Estenssoro empieza a arriar sus grandes postulados y junto a eso, comienzan los faccionalismos con los grupos encabezados por el propio Víctor Paz, Hernán Siles Suazo y Wálter Guevara Arce. Para entonces el MNR ya no era ni la caricatura del partido que había introducido el Voto Universal, la Reforma Agraria y la Nacionalización de las Minas y al bajar las grandes banderas de abril, cada caudillo decidió crear su latifundio partidario para llevar tras suyo a los grupos del MNR residual.

En este 2022 algo parecido está sucediendo en el otro partido transformador que tiene a su cargo la conducción de Bolivia. Desde algunos rincones ocultos alguien está moviendo tenebrosos hilos que hacen tocar los tambores de la división en el MAS-IPSP, abriendo la posibilidad de ruptura y división en el movimiento más importante de la historia contemporánea de Bolivia.

El golpe de 2019 ha sido derrotado en las calles y en las urnas con la salida de Jeanine Áñez y Murillo del poder. Sin embargo, la señora usurpadora al parecer también golpeó al MAS, dejando en la Casa Grande del Pueblo un peligroso virus (más letal que el de la COVID-19), que a lo largo de la historia ha destruido gobiernos e imperios. Ese virus es el apetito de poder, sed de poder (por no usar una frase aún mas vulgar) que ahora se cierne como amenaza sobre el MAS y desde luego puede minar la estabilidad del gobierno de Luis Arce Catacora.

Difícil imaginar un proceso de la magnitud del que está teniendo Bolivia desde el 2006 sin tensionamientos internos, aunque es fundamental entender hasta dónde puede llegar una discrepancia y en qué momento la misma debe ser controlada y cerrada. Solo basta imaginarse qué habría sido de la China si después de 1949 Mao Tse Tung no se hubiese jugado todas las cartas para mantener la unidad de su partido.

En ese gran país Mao Tse Tung y los principales dirigentes del Partido Comunista Chino tomaron conciencia de qué era lo que podría ganar China frente al mundo con los comunistas unidos y qué perdería si se anidaba la división y los faccionalismos. No hay que olvidar que en ese momento aun morían millones de chinos de hambre en las zonas rurales, porque el pan escaseaba y el hambre era la mayor amenaza para tirar abajo al nuevo gobierno.

Ese contexto obligó a la alta dirigencia del PCCH a negociar internamente y cuidar por sobre todo la unidad del partido conductor de la Revolución China, el partido que ha convertido al país más poblado del planeta en la primera potencia económica mundial.

Grover Cardozo es periodista y abogado.

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Periodismo de revelación

/ 2 de septiembre de 2021 / 01:28

Porque todo indica que el asedio político mediático contra el gobierno del presidente Luis Arce día a día será más frontal e impune, el trabajo de recuperación de la memoria histórica que realiza LA RAZÓN y el periodista Julio Peñaloza Bretel tiene un inestimable valor en la defensa no de un gobierno sino de la democracia, la cual no puede ni debe ser cooptada por nuevas plutocracias, sino seguir como una amplia polifonía de voces, intereses y visiones de la sociedad y el mundo.

Los aportes a la memoria histórica que publica este medio cada domingo, recuperan la esencia del periodismo y fortalecen la unión umbilical que tiene esta actividad frente a la verdad histórica.

LA RAZÓN no está haciendo nada extraordinario, sino algo que debería ser una práctica cotidiana, que es informar y mostrar la realidad con base en datos y fechas sobre situaciones que están consignados en todos los periódicos del país. Con esta vocación por la verdad, LA RAZÓN se desprende —en gran medida— de la sobrecargada subjetividad ideológica que siempre es una tentación en el periodismo.

El último informe que elaboró Peñaloza Bretel, El día que el banzerismo derrocó a Evo Morales, surgió —tal vez sin proponérselo— de la revisión de archivos de periódicos desde el día en que el general Hugo Banzer Suárez se hizo del poder, construyendo desde entonces una casta política y empresarial que rebrota décadas después bajo distintas siglas y rostros.

Cuando sociólogos y politólogos de todas las tendencias se siguen rompiendo el cráneo intentando explicar la caída de Evo Morales con un golpe de Estado estilo Frankenstein, Peñaloza solo ata cabos sueltos en la historia de Bolivia, encontrando que el nudo gordiano del golpe efectivamente son los banzeristas de diferente época como Tuto Quiroga, Óscar Ortiz, Rubén Costas y Luis Fernando Camacho. Cuatro operadores que más que plantear un proyecto alternativo, solo se mueven para recuperar privilegios de clase. Por ahí se explica la catastrófica gestión transitoria de Jeanine Áñez, quien pensó que dirigir un Estado era algo parecido a presidir una comparsa carnavalera.

Los archivos que publica LA RAZÓN constituyen una antorcha que —con renovado fuego— permitirá comprender con mayor claridad las derrotas y victorias de la azarosa historia de nuestro país.

El denodado esfuerzo que implica revisar muchos archivos, también constituye un sano acicate para las nuevas generaciones de periodistas, quienes deben escribir sus crónicas con la linterna encendida, hallando verdades que moderen las ambiciones de los poderosos y fortalezcan la vida digna de la gente.

Grover Cardozo es periodista y abogado.

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El carro no se detiene

/ 23 de enero de 2021 / 01:35

Aún se ven en el cielo los oscuros nubarrones que cubrieron de odio al país en los últimos 14 meses y con esa gélida atmósfera no queda sino insistir y perseverar hasta lograr —como dijo Julio Cortázar— que un día la nueva realidad sea “una jubilosa danza”.

Si para otros países es azaroso el alumbramiento de una nueva arquitectura social, para Bolivia lo es más, porque aquí coexisten dos realidades contrapuestas: 36 naciones y pueblos indígena originarios que conforman el 85% de la población frente a sectores blancoides minoritarios culturalmente representados en las artes y medios de comunicación por la más pobre intelectualidad liberal del continente. Escritores y analistas con aptitudes para criticar y destruir, pero casi nada de talento para proponer y edificar.

Cuánto bien haría al país que esa pléyade de opinadores plantee visiones alternativas para mejorar o reencaminar lo andado. No, al parecer las ideas no alcanzan para eso, lo que indica que no le tienen cariño a Bolivia, a los habitantes de este bendito territorio. No están a gusto en estas tierras que cobijan a tantas nacionalidades, sabores y colores. Estos intelectuales, si podrían marcharse a Miami, Madrid o París lo harían, pero no, eso no es posible porque no tienen dinero, es decir, son capitalistas sin capital y por añadidura bolivianos sin patria.

Al frente estamos quienes tampoco tenemos gran cosa de dinero, pero sí mucho cariño a este maravilloso girón de América del Sur. Desde la niñez jugamos descalzos en sus canchas de tierra, nadamos en sus ríos y no paramos de encontrar belleza en cada paisaje humano y físico que se pone a nuestra vista.

Hoy la situación del mundo está haciendo comprender que la política más que un asunto de intereses de diversos grupos sociales, es una cuestión de principios que ante todo tienen que ver con la noción del bien común y la colectivización de la alegría. Basta de adorar los rituales individualistas y supremacistas y solazarse con las estrafalarias escenas que protagonizan conocidos millonarios.

El mundo necesita racionalidad y en ese terreno la búsqueda de igualdad social cada día genera mayores consensos. Si esto no es así preguntemos por qué en las elecciones del 18 de octubre de 2020 el pueblo boliviano fue tan contundente con su voto por la igualdad social. Por qué en España, Argentina, Venezuela, Ecuador y Chile cobran fuerza las propuestas populares y por qué en Estados Unidos las fuerzas democráticas desalojaron del poder al político que más dardos lanzó contra la igualdad social.

Grover Cardozo es periodista y abogado.

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Renacer con el COVID-19

Ante la pandemia, tenemos la natural tarea de transmitir ganas y convicciones a las nuevas generaciones

/ 26 de junio de 2020 / 06:51

Cuando Les Luthiers dijeron: “No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella”, seguramente intentaban aguijonar a quienes —tacaños de alegría— vivían riendo muy poco, sin intuir siquiera que en este 2020 el planeta sería sobrecogido por el Coronavirus, una pandemia que de verdad está determinando que millones de seres humanos bailen con la muerte.

Vivir con seriedad y reír poco, he ahí un credo que entraña el riesgo de adelantar la llegada de la muerte. Mejor reír cuando se puede, que cuando se quiera y ya no se pueda. Mejor compartir cuando los amigos todavía están y mejor vivir más solidariamente, entendiendo que al alegrar el corazón del prójimo, alejamos todo aquello que sabe a muerte.

De hecho —al igual que Les Luthiers— nadie se imaginaba que en estos tiempos toda la vida del planeta tierra sería puesta patas arriba por un virus invisible que a la fecha ya se ha llevado la vida de 450 mil personas en las diferentes latitudes de la tierra.

 “Tan bien que estábamos”, dicen algunos en referencia a la normalidad que tenía la situación del planeta en meses anteriores con el turismo, el fútbol, tiendas, oficinas y fábricas en acción y la infinidad de actividades sociales, económicas, políticas y culturales marchando a todo vapor.

Pero la vida es dinamismo y continuo movimiento. Algo se movió en la vida del planeta en los últimos 100 años hasta generar esta pandemia que tiene el terrorífico signo de la muerte.

Pese a algunos avances, los modos de producción iniciados hace varios siglos permanecen   vigentes, pasando cada cierto tiempo costosas facturas a la humanidad. Por eso Ignacio Ramonet, en un lúcido artículo sobre el tema, afirmó categórico: “La pandemia produce un rechazo general del hipercapitalismo anárquico, el que ha permitido obscenas desigualdades como que el 1% de los ricos del mundo posean más que el 99% restante”.

He ahí una de las razones que impide a la humanidad vivir riendo desde adentro, porque genera un clima de hostilidades y rencores que debilitan la capacidad humana de resistir mutaciones de cepas y embates pandémicos.

Por lo pronto, necesitamos con urgencia recuperar la alegría de vivir y existir porque como dijo Benedetti: “Somos tristeza y por eso la alegría es una hazaña”. Hoy la hazaña hay que reconstruirla, sobre todo porque los mayores tenemos la natural tarea de transmitir ganas y convicciones a las nuevas generaciones, que están sintiendo con especial virulencia los golpes anímicos provocados por el Coronavirus.

Grover Cardozo es periodista boliviano

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