Voces

Tuesday 16 Aug 2022 | Actualizado a 08:22 AM

Desinformación en Ucrania

/ 28 de marzo de 2022 / 02:23

El acceso a la información y la libertad de expresión son dos derechos que están siendo ampliamente vulnerados en la guerra en Ucrania. Como se puede suponer, esto no va en una sola dirección, ambos bandos están tomando medidas en este sentido, aunque Rusia tiene antecedentes mayores al respecto, ya que venía siendo denunciado por la ejecución de campañas de desinformación en las elecciones norteamericanas de 2016 en las que ganó Trump, entre otros casos.

Lo cierto es que se han bloqueado sitios web y redes sociales de medios de comunicación en varios territorios. En Europa se ha bloqueado medios masivos y redes sociales (YouTube, Facebook, Twitter y hasta Telegram) del canal de televisión Russia Today y el periódico Sputnik, acusados de difundir “desinformación dañina”, mientras que del lado ruso se ha bloqueado a la BBC, Voice of America y Deutsche Welle, entre otros. Además, el Gobierno ruso ha bloqueado el acceso a Facebook y Twitter en su territorio con el argumento de que esas plataformas bloquean informaciones provenientes de medios como el canal de televisión Zvezda y la agencia de noticias RIA Novosti, aparte de penalizar formas de evadir ese cerco como el uso de VPNs y la red Tor.

Acusaciones de noticias falsas difundidas por medios masivos reconocidos —no solo sospechosos sitios web de noticias falsas de escasa credibilidad— con total impunidad han sido denunciados por defensores de la postura rusa, así como por opositores. Se han usado imágenes de conflictos en otros países, declaraciones falsas y todo tipo de material a sabiendas que no corresponde a la cobertura de los actuales hechos.

Nadie sabe en qué confiar y en qué no, la pelea por el monopolio de la verdad está logrando enajenar a los seres humanos, a quienes solo les queda confiar en los medios que reproducen sus burbujas.

Ante la incapacidad de asegurar espacios de información plural (lo que sea que eso signifique en el Kremlin y en Bruselas) y combatir la desinformación, han decidido cerrar el acceso a las fuentes de versiones contrarias mostrando que la inspiración de ambos lados no está alineada con la libertad de expresión. Frente a esta situación, los argumentos que promovían los ecosistemas con pluralidad mediática como una de las formas de luchar contra la desinformación han quedado fuera de lugar. En Bruselas han dicho que el bloqueo es una medida de excepción, en Rusia que el bloqueo corresponde porque no son plataformas plurales.

Después de la guerra, la defensa de la libertad de expresión y la lucha contra la desinformación necesitarán nuevos enfoques de reflexión y nuevas estrategias de promoción y lucha. Los que se discutían hasta ahora han probado que han perdido legitimidad.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana.word-press.com.

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María Galindo

/ 1 de agosto de 2022 / 00:44

El fenómeno social y digital en que se ha convertido María Galindo es insólito en el espacio público boliviano donde vemos pasar tendencias, una tras otra, que duran un día o una semana para descansar en nuestro olvido. María ha desarrollado una oferta para las redes sociales los últimos seis meses, que es por demás seductora.

La fórmula de éxito está compuesta por la fuerza de sus ideas políticas que le indican qué temas desarrollar, las de extrema necesidad y urgencia para la mayoría de las personas; por la espectacularidad de su puesta en escena que es una muestra de su capacidad de comunicadora; por su narrativa antiestablishment que funciona entre un público que ha perdido la fe en las instituciones públicas y en los medios masivos; por su comunidad que la retroalimenta, entre varias características más. Ahora me quiero detener en tres: ser genuina, coherente y su capacidad de comunicación.

Los medios masivos tradicionales crean una barrera de separación entre el auditorio y los emisores, en cambio las redes sociales digitales exigen transparencia, desnudan a sus productos y si encuentran fakes, los destruyen y pasan al siguiente. María es genuina y transparente, genera credibilidad. Se presenta como lo que es, una activista, no finge poses. La mayoría de influencers y figuras públicas que terminan iluminados por los reflectores de la fama fingen un personaje que se agota en cuanto revienta un escándalo.

Es posible burlar el continuo escrutinio de las redes sociales, pero ante la menor incoherencia, se procede a la cancelación. Además de activista, María es una intelectual. Sus propuestas no vienen de un oportunismo superficial sino de una profunda reflexión y postura políticas que ha desarrollado en años. Una reflexión que comienza en las bases sociales, se legitima en ellas, trabaja y lucha por ellas, conversa horizontalmente con ellas, es por ellas. Su narrativa está apoyada en base sólida, es coherente.

Además, es una comunicadora y una artista potente, sabe leer a las audiencias, elaborar narrativas y ponerlas en público. Ha crecido entre micrófonos de radio, cámaras de video y cine, presentaciones públicas, grafiti y aunque no mucho en las redes, ha captado su latencia con precisión porque al final las redes sociales tienen más de sociales que de tecnología.

La he visto elaborar estrategias de intervenciones callejeras, definir medidas de seguridad física, he visto su arte en la Bienal de Venecia, la he visto escudriñar el alma de las activistas para acompañar con ternura su crecimiento, y también la he visto furiosa, frustrada por alguna metida de pata política de mi lado. Es definitivamente interesante para analizar y subyugante para seguir.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana.word-press.com.

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Sociedad de información

/ 18 de julio de 2022 / 02:00

La sociedad de la información o de conocimiento supuestamente es una tercera etapa de la humanidad. La primera es la agricultura, cuya forma de producción era manual y su economía de autoabastecimiento; la segunda es la era industrial, que separa las funciones de producción y consumo en reacción a la aceleración de la economía producto de la introducción de las máquinas.

La tercera, la sociedad de información o de conocimiento, está caracterizada por el incremento de los volúmenes de información como efecto del uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

Una parte del debate académico se coloca en los cambios cualitativos que ese incremento en los volúmenes de información provoca. Algunos autores (Toffler, Castells, Bauman) argumentan acerca de los cambios en las estructuras sociales y económicas que ahora serían en red, el tipo de actividades más concentradas en el sector terciario de servicios y en la sensación humana de perplejidad y confusión que provoca la necesidad de procesar esos enormes volúmenes de información incesante. Otros autores como Webster analizan críticamente esos argumentos y no encuentran mayor evidencia de los cambios cualitativos —una nueva sociedad—, aunque no niega los cambios cuantitativos —mayores volúmenes de información. Y, por tanto, concluye que este nuevo periodo no está marcado por una nueva sociedad con la ventaja del halo tecnológico que todo lo resuelve, sino que es la aceleración del capitalismo que vivimos desde la era industrial.

De ahí que surjan clasificaciones del capitalismo actual con adjetivos para denotar la actualidad: capitalismo informacional, capitalismo cognitivo, capitalismo de plataformas o capitalismo de vigilancia.

Este marco teórico que puede parecer pueril es importante para entender los imaginarios que desarrollamos y en los cuales basamos algunas decisiones vitales. Si de manera entusiasta decidimos cambiar de celular cada año buscando los últimos modelos de smartphones con características que no usamos, pero continuamos renovando celulares y ufanándonos de saber cuáles son los últimos modelos y mejoras tecnológicas, quizás no es que sepamos de tecnología sino que estamos embebidos del espíritu del solucionismo tecnológico, que nos lleva a pensar que si más tecnología logrará resolver nuestros problemas. Pero, en realidad, pasan dos cosas: 1) no se resuelven nuestros problemas previos porque para usar la tecnología de una manera efectiva hay una curva de aprendizaje que pocos están dispuestos a atravesar; 2) no se atiende a nuevos problemas como la extracción de datos que es nuestro aporte al capitalismo de vigilancia y nos dejan más expuestos a fraudes y otros delitos informáticos.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata.blog: www.internetalaboliviana.word-press.com.

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Pegasus y Hermit

/ 4 de julio de 2022 / 00:14

El uso del software Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO, por parte de gobiernos para espiar las actividades de opositores políticos, periodistas, activistas de derechos humanos y personal de organizaciones de sociedad civil ha sido documentado ampliamente en varios países durante el último lustro, y en América Latina, México y El Salvador son los países donde más operaciones se han verificado.

Es bueno aclarar que cualquier acción de vigilancia estatal en dispositivos de comunicación debe estar respaldada por un marco legal nacional acorde con las normas y estándares internacionales de derechos humanos. Es decir, el uso contra civiles con objetivo de acallar voces disidentes y a opositores está fuera de todo marco legal.

La postura al respecto por parte de organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y expertos de Naciones Unidas es exigir una moratoria global sobre la venta, la transferencia y el uso de la tecnología de vigilancia hasta que se instauren regulaciones que garanticen que su uso cumple los estándares de derechos humanos. Esta solicitud de moratoria ya se propuso hace dos años, pero ahora se está reactivando.

Estando este tema en este punto, hace dos semanas el escenario se ha complicado con una alerta de parte de Google y de la empresa Lookout acerca de otro software de espionaje similar a Pegasus, aunque potencialmente más intrusivo, se llama Hermit.

Hermit puede atacar usuarios de Android e iOS y hasta donde se sabe ya ha sido utilizado en Italia y Kazajstán y se ignora si hay otros países más que lo estén usando.

La forma en que este software funciona es que el celular atacado deja de funcionar y luego recibe un mensaje de texto por SMS, WhatsApp o Instagram que solicita la descarga de un archivo para solucionar la supuesta falla interna del celular que, en realidad, es Hermit.

Una vez instalado el software busca y captura todos los archivos del celular e instala el software encargado de acceder a todas las acciones ejecutadas con el celular. Aparentemente, a la fecha hay más de 100.000 dispositivos infectados solo en Europa.

Estos softwares y otras tecnologías de vigilancia violan los derechos a la libertad de expresión, prensa y de privacidad, y minan la democracia, la paz y la seguridad.

A pesar de esos efectos contra los derechos humanos, las empresas y los gobiernos tienen suficientes incentivos para oponerse a la moratoria, sea públicamente o de formas menos evidentes. Quizás este nuevo software logre impulsar algo más la postura de moratoria mientras que, por supuesto, hay que desarrollar una reglamentación general que oriente las acciones de estas empresas y de los gobiernos.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. Word press.com

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Inteligencia artificial

/ 20 de junio de 2022 / 00:27

Hace unos días se publicó en varios portales digitales e incluso en periódicos impresos la noticia acerca de una inteligencia artificial (IA) —LaMDA (Language Model for Dialogue Applications)— que está siendo desarrollado por Google, con quien un ingeniero de esa empresa mantuvo una conversación que le llevó a concluir que la IA estaba cobrando cierta conciencia y sentimientos. La posición oficial de Google ante esa declaración fue que “las pruebas no respaldan sus afirmaciones”. Es decir, desmintió las conclusiones del ingeniero.

Este intercambio ha avivado el debate acerca de los límites de la inteligencia artificial y la ética. En este debate están los entusiastas de la tecnología que consideran que la IA podrá resolver grandes problemas de la humanidad por su enorme capacidad de procesamiento de datos y de autoaprendizaje. Por otro lado, están quienes consideran que no conocemos todas las posibilidades de la IA y que algunos de sus resultados podrían ser nefastos porque ya han mostrado que reproducen sesgos humanos sin límite moral.

Acompañando este debate, las y los ingenieros entusiastas siguen desarrollando la IA a todo vapor mientras que, por otro lado, aunque con mayor lentitud, se desarrollan marcos éticos que orienten el desarrollo de las IA y restrinjan algunos aspectos hasta que podamos medir mejor sus efectos.

Uno de los límites de la IA es que sus algoritmos no pueden realizar los ajustes necesarios para determinar la justicia de una situación. Es un punto en el que se requiere intervención humana. Variados procesos que se pretenden automatizar con IA requieren este tipo de intervención: los procesos de contratación de personal, la asignación de políticas públicas a poblaciones vulnerables, la oferta de seguros de salud y de vida, por citar algunos que ya han mostrados sesgos de IA que discriminan y estigmatizan a personas y grupos.

Micaela Mantegna, una abogada y gamer argentina, acaba de publicar una investigación muy aconsejable para quienes tengan interés en este tema, No soy un Robot, construyendo un marco ético accionable para analizar las dimensiones de impacto de la inteligencia artificial, publicado por CETyS. En él reflexiona: “El desafío continuará siendo desarrollar modelos que promuevan la inclusión y alivien la desigualdad, frente al cambio que enfrentamos como especie con la implementación extensiva de modelos de inteligencia artificial”.

Sí, el desafío aún no ha sido resuelto, gente entusiasta de la tecnología. Debemos seguir explorando las posibilidades de la Inteligencia Artificial para contribuir a un mundo más justo, no vale seguirla desarrollando a lo loco, esa sería una postura facilona y, además, la más terrible.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com.

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Ciberataque en Costa Rica

/ 6 de junio de 2022 / 01:29

Costa Rica está bajo ataque cibernético desde el 17 de abril de este año. El ciberataque ha afectado a varios sistemas del Ministerio de Hacienda, del Ministerio de Trabajo, del Instituto Meteorológico y la Caja Costarricense de Seguro Social, entre otros 30 sistemas informáticos de organismos públicos.

El grupo ruso Conti se ha atribuido los ataques y ha pedido inicialmente $us 10 millones de recompensa para devolver el acceso a la información robada de los sistemas, y ante la negativa del Gobierno de pagar, ha procedido a publicar algo de esa información y ha incrementado a 20 millones la recompensa como forma de presión, y finalmente ha decidido dirigir sus ataques también a empresas privadas.

Estas acciones han causado la interrupción de varios servicios críticos y a que el 8 de mayo el presidente Rodrigo Chaves declare estado de emergencia. Se ha interrumpido el cobro de impuestos, así como el pago de salarios de empleados del sector público, se ha reducido dramáticamente el flujo de importaciones y exportaciones, y la atención de los servicios de salud se ha ralentizado.

En abril, además del ataque a Costa Rica, Conti ha atacado a organismos públicos de Perú y parece ser que otro grupo, LockBit, ha atacado también a organizaciones en Argentina, Chile, México y Brasil.

Si bien los ataques cibernéticos suceden constantemente en el mundo —no hay día que no se registren varios incidentes—, la importancia del actual ciberataque en Costa Rica es su gran magnitud y que está afectando servicios públicos críticos. Expertos han explicado que las posibles razones para elegir a Costa Rica es que tiene un nivel importante de digitalización, pero débiles sistemas de ciberseguridad.

Esta debilidad de ciberseguridad especialmente en sistemas informáticos de gobierno es una característica común a los países latinoamericanos, esa es probablemente la explicación para la expansión de esos ataques a otros países de la región. Por lo que sabemos, en Bolivia no hemos experimentado ciberataques del grupo Conti o de otros similares en las últimas semanas, pero si sucediera es muy probable que estemos igual o menos preparados para resistir que el Gobierno costarricense.

Este es un resultado de la acelerada digitalización que está experimentando el mundo como resultado de la pandemia. Los Estados tienen que incrementar sus niveles de seguridad. En Bolivia, esta gestión no es transparente, por lo que ignoramos nuestra verdadera situación. En todo caso, necesitamos revisar las políticas de ciberseguridad más allá de hacer test de vulnerabilidades y reportes de ataques, que es con lo que contamos según los reportes del Centro de Gestión de Incidentes Informáticos (CGII).

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata.

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