Voces

Saturday 13 Apr 2024 | Actualizado a 14:30 PM

La memoria que quieren diluir: Juana Vásquez

/ 2 de abril de 2022 / 23:34

Cada pueblo construye su porvenir sobre su pasado, sobre los hechos de sus hijas/os. Desde el acto más sencillo hasta los más complejos son parte de esa memoria como experiencia y aporte. ¿Qué sucede en países aún colonizados como el nuestro? Los que más contribuyen al conocimiento humano siempre quedan en el olvido. En el caso indígena —llámese aymara, quechua, guaraní y otros pueblos—, la situación es más compleja y mucho más difícil de afrontarla. Los pueblos ancestrales subalternizados casi siempre están supeditados a preservar su memoria sobre los poderes imperantes e incluso sobre las mezquindades de su misma gente. ¿Qué sucede en Bolivia que tiene una Constitución Política de 2009 interesante, que reconoce la existencia de sus pueblos ancestrales como memoria y presente? En la realidad los ejecutores de la ley máxima no lo están forjando y quizás no están entendiendo la dimensión de ese reconocimiento en nuestra vida nacional. El Órgano Legislativo Plurinacional, mediante su representación, está desconociendo la existencia de ese patrimonio ancestral. A niveles intermedios, llámese municipios y gobernaciones, depende de la convicción política de quienes están en el poder. En el caso de la ciudad de La Paz, no les interesa reconocer la memoria ancestral de una mujer aymara llamada Juana Vásquez.

El 6 de septiembre de 2021 se enviaron cartas al presidente nato de la Asamblea Legislativa del Estado Plurinacional, David Choquehuanca; al presidente del Concejo Municipal de La Paz, Jorge Dulon; a la vicepresidenta del Concejo Municipal de La Paz, Eliana Paco. Sobre el caso de la primera mujer lingüista aymara Juana Vásquez. Han pasado casi ocho meses y no hay respuestas claras y contundentes. Lamentablemente, Juana finó en agosto de 2020. En las cartas resumimos algo de su enorme trayectoria, como haber sido parte del equipo de connotados lingüistas investigadores que elaboraron la gramática aymara con Juan de Dios Yapita y Marta Hardman, hoy plenamente vigentes en los espacios académicos y lingüísticos del país. Además, Juana Vásquez fue investigadora del otrora INEL del Ministerio de Educación, aparte de ser dibujante y poeta. Solicitamos, entre otros, que sus bienes materiales e inmateriales sean declarados patrimonios del pueblo aymara.

A fin de amplificar este pedido, tocamos puertas a varios medios de comunicación y periodistas. Muy pocos se interesaron sobre el tema, a pesar de que en estos tiempos está de moda tratar la violencia contra la mujer, que también atraviesa Juana, a pesar de su desaparición física.

A algunas autoridades que se interesaron solo les importó reconocer a Juanita su aporte cultural, que es ponderable, pero el problema precisa más voluntad política. Es absolutamente paradójico que en tiempos en que nos enorgullecemos de nuestros orígenes indios, no se trate el asunto en la Asamblea Legislativa y se lo eluda sutilmente derivando a otras instancias del Estado, que solo se atinan a esperar que no se insista más en el tema y se archive el caso, como siempre ha ocurrido en nuestras prácticas burocráticas.

Hacemos un llamado público, a los/as asambleístas del Órgano Legislativo para que traten el tema. En la construcción del Estado Plurinacional no puede desconocerse, ni se puede diluir una de las memorias que aportó a la difusión del pueblo aymara. Hoy vemos mujeres de pollera, como lo era Juana, pelear por sus derechos, pero no luchan por el derecho de otra hermana que toda su vida batalló para que el idioma aymara sea reconocido como idioma nacional. Convocamos a las mujeres jóvenes que hoy con nombres sugestivos discuten y plantean problemas en las redes sociales, pero no tocan a sus antecesoras que combatieron en otros espacios, enseñando y escribiendo poesías en aymara o dando clases fuera del país, como fue el caso de Juana. Estamos en el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas, 2022-2032, declarado por la Unesco y por instituciones como el Instituto Plurinacional de Estudios de Lenguas y Culturas (IPELC), dependiente del Ministerio de Educación, que no se han pronunciado. A las carreras de lingüística en lenguas nativas no les interesa, hasta el momento, apoyar la causa.

Jilatanaka, kullakana, janikiw amtasin munjtanti jach’a kullakasata, Juana Vásquez jupata. Jupaxa, ma suma thakhi uñanchawayistu. Qhip nayr uñtasis sarnaqapxañani, sasina.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

Comparte y opina:

Apostar por otro modelo de censo

/ 31 de marzo de 2024 / 00:31

Pasado el Censo 2024, se hacen varias evaluaciones entre los más entusiastas y los escépticos. Pretendo apartarme de esas líneas. Se ha escuchado clamar una frase que sintetiza el espíritu efectuado: “el modelo censal está en los estándares internacionales”. En alguna medida sirvió y ojalá no sirva hacia adelante para taparnos la boca, porque “lo internacional” suena a “ciencia- exactitud” y, por lo tanto, incuestionable. En el fondo fue la opción teórica foránea para encajarnos a nuestra realidad y no a la inversa, como debería ser hacia adelante.

En esta línea de diseño censal se ha cuestionado el acarreo de los pobladores a sus lugares de origen. Se acusa a alcaldes y gobiernos municipales de ser los principales impulsores. ¿Qué ocasionará censarse en los lugares de origen? ¿La duplicación de los habitantes en un determinado municipio? ¿Mostrar que se vive en dos o más lugares diferentes? Con la lógica del “monositio” aplicado, era muy sencillo detectar esta arbitrariedad, incluir para el censado/a el número de carnet de identidad. Con esta operación, se habrían eliminado los datos redoblados. Pero no queremos ver la forma de cómo vivimos, “en aquí y allá”, las formas de residencia en diferentes lugares.

Lo más grave, se conjeturó que la población que se transportó “no piensa” y que actuó según las circunstancias, e incluso obligados/as. Qué falta de respeto a las decisiones muy bien meditadas. Otro desvarío: se pretende sancionar con una ley a los culpables con penas de cárcel.

Quiero enfocarme en la experiencia de los pobladores de la región andina, hoy diseminados en todo el país e incluso en el exterior. Antaño, había toda una estrategia económica y poblacional. En las ciencias sociales y humanísticas se conoce como “el control de pisos ecológicos”, estudiado por John Murra y Ramiro Condarco, entre otros/as. Esta táctica supuso que las familias accedan a varios espacios ecológicos. Por ejemplo, los pobladores aymaras, quechuas e incluso los urus, tenían otro pedazo de tierras en los valles e incluso en la costa. Esto permitió que cuando había sequias extremas o inundaciones, tengan productos garantizados en algún espacio geográfico sembrado y que no haya escasez de alimentos. Esta práctica se mantuvo hasta la reforma agraria de 1953. Precisamente esta ley prohibió la tenencia de tierras en dos lugares, gran atentado a una forma de vida ancestral organizada y probada su utilidad a lo largo de muchos años.

En otras palabras, entre los aymaras, los quechuas y los urus hay toda una experiencia de la “doble residencia” o multiresidencia, que no contempló el Censo 2024. A pesar del no reconocimiento, en los hechos aún se practica y lo que se hizo con el “acarreo” es parte de esa política local, comunal. Hoy, “los residentes” que habitan en las ciudades también se abastecen con la provisión de alimentos de esos lugares ancestrales y que les ha permitido no llegar a la extrema pobreza. ¿Hasta cuándo el Estado boliviano va a desconocer esta experiencia antiquísima y útil?

Otro hecho cuestionable es que como ciudadanos costemos un monto de dinero. Es decir, el ser humano es igual a dinero. Recuerdo que esta política neoliberal se masificó con el gonismo MNRista y sus afines, que impusieron “la participación popular”, por la que un número de habitantes determinaba cuánto de presupuesto tenían los gobiernos subnacionales. Lamentablemente, la Asamblea Constituyente (2006-2008) mantuvo ese espíritu de que la población es igual a dinero. Urge cambiar esa lógica capitalista impregnada en la Constitución de 2009.

Otro hecho impugnable es que todavía se hable del cambio del número de representantes parlamentarios, según el número de habitantes, una vez conocidas las cifras finales. Que la representación política pase por el filtro poblacional. Si el espíritu del Estado plurinacional es la hermandad, la comunidad, la convivencia intercultural como hermanos/ as y que todos somos iguales. Lo más lógico es que cada departamento tenga un número fijo de representantes políticos.

Lo más lamentable, ya se hacen conjeturas de que un determinado departamento podría subir o bajar sus representantes políticos. No se puede seguir pensando con esta lógica de mayorías y minorías. Incluso aquí hay otro tema: ¿Por qué no aplicar un sistema de rotación para la sede de gobierno en cada departamento? Sabemos que para varios aspectos mencionados hay que modificar la Constitución. Creo que urge hacerlo, pues el Estado Plurinacional tendrá más sentido sin el espíritu capitalista. Sinsu, jakhuña, qawqhanitansa, khititansa sasaw jiskt’apjistu ¿ janicha? ¿Kunatsa sarapxta jakhuyasiri, achachil uraqinakasaru? sasaw sapxistu.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo. 

Temas Relacionados

Comparte y opina:

¿Otra ciudad o insistimos en parchar lo que hay?

/ 17 de marzo de 2024 / 00:12

Las recientes emergencias en la ciudad de La Paz por las lluvias torrenciales, que ocasionaron que varios ríos se desbordaran de su cauce, sobre todo en la zona Sur, aunque también ocurrieron en la ciudad de El Alto y otros departamentos, nos hace preguntar: ¿cómo afrontarlas de una mejor manera a futuro?

Más allá de atender lo inmediato a través de la declaratoria de “situación de emergencia y alerta roja”, la gran pregunta es: ¿seguimos apostando por una ciudad construida bajo los parámetros occidentales, sin ninguna planificación y menos pensada hacia el futuro?

Hay que recordar que la ciudad de La Paz se erigió sobre otra ciudad antigua denominada Chuqiyapu marka. La Paz, como ciudad fue pensada para un puñado de “ciudadanos” que querían un fortín para que no ingresasen los indios y otros indeseables. La zona Sur imitó en alguna medida este espíritu exclusivista. Aún se dice “que vivir en la zona Sur es estar lejos de las movilizaciones, los bloqueos y el acecho de los indios/ as”. Aunque en algunos sectores de la zona Sur hay habitantes aymaras, quechuas… Pero por el espíritu especial (clasista, racista, etc.) hay barrios muy privativos, aunque no son los únicos en el país, por ejemplo en Santa Cruz, algunos “condominios” tienen similares características.

Desde 2016, la ciudad de La Paz vive con dos climas extremos y creo que será una constante y no sabemos por cuánto tiempo. Es decir, la sequía extrema y el exceso de lluvias como de este año. ¿Qué hacer frente a esta dicotomía que fue invariable en los Andes ancestrales? Creo que nunca será tarde para construir otra ciudad, que supondría tomar en cuenta las experiencias de los pueblos ancestrales, como la estrecha relación con la naturaleza, el respeto a las cuencas, a las wak’as, etc. Pero también apostar por casas que no sean edificios ni tampoco chalets, sino moradas que brinden seguridad, que tengan patio, por supuesto dotadas de los servicios básicos que hoy se exige para vivir dignamente.

Por la experiencia ancestral, no es casual que varias denominaciones de los ríos que hoy están desbordados denotan sus características. Por ejemplo, Urqujawira, hoy castellanizado como Orkojahuira, que significa “el río macho o el gran río macho”. Como también Irpawi, hoy también castellanizado como Irpavi, que significa “el río que lleva la mayor torrentera”. Este último, hace pocos días hizo estragos a su paso, mostrando por qué se llama así. Los habitantes actuales, ¿alguna vez se preguntaron por qué se denominan así los ríos o los lugares donde habitan? Aquí es clave saber sobre los topónimos en aymara y quechua, que es la orientación básica; pero creo que hoy es echado de menos.

Hoy, “las casitas bonitas” o “los chaletitos” de la clase acaudalada en Achumani, Mallasa… y otros sectores de la zona Sur se han devaluado. ¿Alguien querrá arriesgarse en el futuro, comprando casas o construyendo por estos lugares que son amenazados por el gran desborde de los ríos?

Sin lugar a dudas hay grandes culpables para esta gran tragedia que se vive y que podría ser constante. Por un lado, está el Estado en sus diferentes niveles, sea municipal, la Gobernación, por permitir que se construyan casas, edificios en lugares poco aptos para ello, pero también la empresa privada inmobiliaria o vendedores de terrenos que salen a flote permanentemente con propagandas y lo único que han realizado es aplanar los cerros (varios fueron wak’as) y cubrir los cauces de los ríos. Pero también están los “loteadores”, que han intervenido con acciones similares a las citadas. Más el ciudadano necesitado de tener un lugar para habitar, quedó obnubilado de vivir en los supuestos “lugares residenciales”, a pesar del riesgo que significa habitar en lugares cercanos a los ríos o debajo de los cerros.

¿Se seguirá apostando por construir más edificios atiborrados de gente y sin ninguna garantía de una vida digna? No sería ninguna novedad que los empresarios de las viviendas lancen la propaganda: “desde los edificios veremos tragedias, como las ocurridas en Irpavi y Mallasa…”

¿Cómo apostar y construir otra ciudad que no solo nos cobije, sino que nos dé seguridad y nos permita interactuar con la naturaleza respetándola? Esta política de pensar en otra ciudad, no pasa porque tengamos buenos gaviones, cementos que soporten todo, sino respetando los cauces naturales de los ríos… que supondrá una relación especial con el agua, los ríos, las grandes torrenteras, etc. Jichhurunakanxa jiskt’asiñasawa, ¿kunjamsa akat qhiparuxa suma jakasnxa, utjasna?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo. 

Comparte y opina:

Lluvias, lluvias y más agua, pero se deja rebalsar…

/ 3 de marzo de 2024 / 00:57

Entre los meses de octubre y noviembre de 2023 había mucha preocupación, sobre todo en los ayllus y las comunidades andinas por la posible sequia de este 2024, ya que no habían caído las primeras lluvias, como suele suceder para realizar las primeras siembras agrícolas. Se realizaron muchos ritos para que llueva, por ejemplo, visitando a las wak’as con cánticos de los niños. Incluso algunos grupos evangélicos se aprovecharon para “ganar almas” en su fe, incorporando las rogativas para que llovizne.

Parece que las plegarias tuvieron sus grandes efectos, porque hoy en la región andina boliviana llueve a cántaros, pero también en la Amazonía. Aunque en algunas regiones del valle alto de Cochabamba realizaron bombardeos para que llueva. Para la gran región de los Andes no es ninguna novedad que llueva mucho o que haya sequía. A lo largo de muchos años los pobladores andinos se enfrentaron a estas climatologías extremas y aprendieron a diseñar estrategias para que ambos efectos no golpeen a los pobladores. Varias prácticas siguen vigentes, como el uso de las qhutañas o el almacenamiento del agua para un mejor uso, posterior a la época de las lluvias.

En tiempos de la escasez de agua se abren nuevamente la gran pregunta, no solo para las sociedades ancestrales, sino para todos los habitantes, incluidas las ciudades: ¿Cómo fue antes, cómo es ahora y cómo debería ser a futuro la relación del agua con los pobladores?

¿Qué pasa hoy en las ciudades como La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba? Presenciamos dramáticamente el crecimiento de varios ríos y las consecuencias de la fuerte precipitación pluvial que terminan en riadas, inundaciones, mazamorras, etc. Está claro que un primer aspecto es el olvido de esa antigua relación equilibrada entre seres humanos y la lluvia.

Hace unos días escuché la declaración del interventor de EPSAS, entidad gubernamental que administra el agua potable en la ciudad de La Paz. Utilizando la metáfora del vaso que se llena de agua y se derrama inevitablemente, justificaba el desperdicio de las aguas de las represas que se llenaron. Oír a una autoridad del agua, en una ciudad como La Paz después de la difícil experiencia de 2016 cuyas consecuencias aún se sienten cada año, totalmente desatinada. La gran pregunta del año es si no habrá racionamiento del agua por falta de lluvias y de políticas adecuadas por parte de los niveles de gobierno. Afirmar con la metáfora citada es no entender de la escasez de agua y tampoco de sus posibles soluciones. Lo mínimo que esperaría de la autoridad citada es que las aguas de las represas que están al tope sean muy bien utilizadas. Por ejemplo, su traspaso a otras represas o destinarlas para el riego de algunas comunidades agrarias. Esta absurda declaración hace pensar que el Gobierno central y otras autoridades del agua casi nada han hecho para contar con más represas y su mejor uso en momentos difíciles.

Lo más preocupante, urge trabajar en torno a la relación profunda de los seres vivos con el agua, su uso adecuado, su almacenamiento o cosecha concreta e incluso sobre las formas de solidaridad que genera. Recuerdo que en 2016, varias comunidades aledañas a la ciudad de La Paz fueron muy fraternas, posibilitando el acceso, es decir, autorizaron el uso de sus manantiales para el consumo en la urbe. Pero hoy, la ciudad cuenta con el agua al tope en sus diques y solo se mira el rebalse, que es una forma de desperdicio.

Para la Amazonía e incluso para los valles que se han inundado también con el agua, urge recuperar las técnicas hidráulicas de los pueblos moxeños que supieron controlar la gran cantidad de agua. Hoy la ciudad de Cobija aparece casi llena de agua, urge preguntarse: ¿cómo adaptar esa técnica moxeña para ciudades que crecen sin tener en cuenta estas consecuencias de fuertes precipitaciones pluviales? Jichha maraxa walipunirakiwa jalluntawayxi. Lup’iñasawa kunjamsa uka jallu uma katuqsna ¿ jach’a qhuthañakaru? mach’a pachanxa uka jallu umxa, suma apnasqnaxa ¿ janicha?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Entre la Anata y el Carnaval

/ 18 de febrero de 2024 / 01:20

Con diferentes actos, ha pasado otro año más, las celebraciones entre la Anata y el Carnaval. Anata para la región andina ancestral tiene un profundo significado espiritual, es la estrecha relación de respeto y reciprocidad construida entre la Pachamama, los wak’as con los seres humanos y en general, con los seres vivos. De esta ancestralidad profunda proviene la ch’alla o la libación a la Pachamama. A pesar de que la Anata aún reproduce formas de representación en música y danza autóctonos. Posiblemente algo de este significado es la entrada del jueves de la Anata en Oruro, días previos al Carnaval.

Lamentablemente esa ch’alla que en sus orígenes era con el agua de las primeras lluvias, de los manantiales, las cascadas, etc. ha quedado tergiversada con la idea de que es con diferentes formas de alcohol. En las ciudades del país, el Martes de Ch’alla se ha convertido en un día de gran consumo etílico y gran borrachera. A la par, se despilfarran grandes cantidades de material contaminante como los globos plásticos, serpentinas, los cohetillos asiáticos y ahora los envases de espuma en la ch’alla a las casas, lugares de trabajo, etc. La profunda irracionalidad hace que no se reflexione de cuánta basura se deja y cuántos árboles más se tumbaron para fabricar más serpentinas de papel. Siempre oímos alguna declaración de alguna autoridad departamental y del país sobre que el Carnaval arroja grandes sumas de ganancia, pero jamás se escucha decir cuánto de contaminación nos ha dejado.

No se ha sustituido del todo el “juego con el agua” por las espumas. ¿Echarse con espumas es saludable? No sabemos exactamente cómo se afecta a la piel, los ojos y otros órganos del cuerpo humano.

Lo único que dejan estas fiestas para estudiar es el comportamiento societal. Toda fiesta es una representación social, además de sus acciones que en tiempos normales no podemos apreciar. Por ejemplo, el Carnaval nos permite ver cómo se inician formas de agresividad en los niños/ as. ¿Acaso no es cuestionable que los padres incentiven a sus hijos/as, inculcando que echen espuma de manera abierta y sin medir consecuencias? Hay que recordar que el “echarse con globos, sobre todo a las mujeres” aún es una forma brutal de machismo. Parecería que se está transformando esa práctica, pero con espumas.

Creo que las farándulas carnavaleras en ciudades como La Paz, Cochabamba y otros son muy similares. La de Santa Cruz merece una atención especial, pues está conectada con el derroche económico de las élites y las logias cruceñas, que cada año se muestran con sus reinas artificiales y sus alegorías burdas. Desde las élites retrógradas se escucha decir que es una ciudad moderna, pero ver actos de imitación feudal como el reinado y sus derivaciones es realmente una vergüenza en estos tiempos. Sigue primando la mentalidad patronal que organiza una fiesta bufa para mostrar cuánto dinero se tiene y cómo se derrocha. Ni qué decir de los días posteriores al corso del Carnaval, donde a nombre de que “los cambas son alegres” se agrede usando pinturas y variedad de tragos para violentar, pero muy camufladamente.

El Carnaval de Oruro es parte de la sociedad del espectáculo, aunque sea reconocido como patrimonio cultural por la Unesco. Está claro que la única danza que aglutina a miles de danzarines y adherentes es la morenada. Pero a nivel de composiciones de música de la morenada en bandas, hay una ausencia total. Este gran vacío posiblemente explique por qué las composiciones de las morenadas de José Jach’a Flores, como La mentirosita, siguen vigentes. El festival de bandas que se realiza como parte de las actividades del Carnaval, debería ser para que cada banda presente sus nuevas composiciones, incluidas las letras. Pero es tan ridículo observar a algunas bandas que se creen que son las mejores, mostrando coreografías infantiles y que estén convencidas que son galácticas. Existen muy pocas bandas de música de gran calidad, pero que no gozan de prestigio, porque no hacen mucho show ni espectáculo. Wali amuykipañani ¿kunatsa alkulampikipuni ch’allasktanxa pachamamaruxa? Nayra pachanakanxa, umampiwa wali suma ch’allt’asipxiritayñaxa. Uka suma thakhi q’al armasxtanxa ¿ janicha?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

 

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Ecuador, entre la derecha de Noboa y los narcos

/ 21 de enero de 2024 / 00:19

En estos últimos años, Ecuador vive una vida muy difícil. Formalmente con la declaración de “conflicto armado interno” o guerra interna, del pasado 9 de enero, el gobierno del derechista Daniel Noboa declaró la guerra a 22 grupos armados y narcotraficantes.

Siguiendo las noticias por diferentes medios, hay una serie de interrogantes que quiero compartir con los lectores. Un primer aspecto es la psicosis colectiva que se ha apropiado de los ciudadanos/as del país. Varios analistas la han comparado con la vivida en la guerra entre Ecuador y Perú en 1995. Ante la amenaza externa del entonces presidente peruano Alberto Fujimori, de bombardear con misiles a Ecuador, el pueblo vivió un verdadero nerviosismo. Recuerdo que por esa amenaza habían muchas marchas nacionalistas contra “los peruanos” y “los chinos” (aludiendo a Fujimori por su origen asiático), además del racionamiento de servicios básicos como la energía eléctrica, el agua, ante cualquier acontecimiento que se podía presentar.

La diferencia con lo que sucede en estos días es que en 1995 la amenaza era externa y hoy es interna, pero los actores principales son los militares. Es interesante comparar cómo hoy son recibidos por la población en los lugares de intervención como héroes y salvadores, y también lo fueron en 1995. La relación de la población ecuatoriana con las Fuerzas Armadas tiene características particulares y no es de extrañar que, por esa reciprocidad, se tengan muestras de cariño y agradecimiento mediante la entrega de agua o comida. Aunque en estos últimos días se ha prohibido realizar muestras de esta naturaleza ante posibles envenenamientos por parte de los enemigos internos.

La gran pregunta es ¿por qué se dejó crecer a grupos armados y narcotraficantes? ¿Por qué el gobierno de Noboa solo les atribuye como terroristas y no como narcotraficantes? Estudiosos en Ecuador atribuyen este problema a “las fronteras abiertas” que siempre ha tenido Ecuador, sobre todo con los/as colombianos y en estos últimos años también con venezolanos. Se cree que después de la asunción de Gustavo Petro como presidente de Colombia, varios grupos delincuenciales e incluso ligados con grupos armados se trasladaron a Ecuador, porque en Colombia ya no tenían gran cabida.

Aquí hay otros interrogantes, hoy se atribuye que los 22 grupos armados y delincuenciales serían parte de los grupos de narcotraficantes mexicanos con prácticas del sicariato y la extorsión. Pero tras ver algunas imágenes y el apresamiento de los integrantes de estos grupos, se ve que viven en casas precarias y espacios marginales. Aunque se muestra la tenencia de algunos vehículos blindados y de lujo. Deducimos que se detiene más a los ejecutores e incluso al lumpen de los grandes narcotraficantes, pero aún no se ha capturado a los verdaderos cabecillas.

Parece que la mayoría de los integrantes de estos grupos delincuenciales son de ascendencia afroecuatoriana, sobre todo en ciudades como Guayaquil, y además son jóvenes. Por ejemplo, quienes tomaron el canal de televisión fueron jovencitos. La gran pregunta es ¿por qué los gobiernos de Ecuador se han olvidado de sus jóvenes y la ascendencia afro en sus políticas sociales?

Pero el presidente Noboa pretende imponer políticas económicas, como el aumento del IVA del 12 al 15% para financiar la guerra. Está claro que en una normalidad, el pueblo ecuatoriano ya se estaría movilizando para rechazar este intento de incremento, pero en un país declarado en guerra interna no será posible manifestarse y al parecer se está optando por imponer políticas de profundización del capitalismo y el neoliberalismo mediante la guerra interna. ¿Cuánto tiempo durara el “conflicto armado interno”? ¿Es la solución para las causas estructurales que han ocasionado la constitución de los grupos delincuenciales?

La intervención militar, acompañada del componente policial, parecía que iba a controlar todo, sin embargo, hay respuestas del crimen organizado y se cree que no se dejará aplastar fácilmente. El asesinato del fiscal César Suárez, que llevaba varios casos de corrupción y sobre los acusados de la toma del canal televisión, entre otros. Toda intervención militar tiene varias paradojas. En el caso que analizamos, continúan las fugas de los delincuentes de las cárceles o el descuido en la protección a fiscales, como el caso Suárez. Pero también otros jueces que siguen dejando en libertad a acusados de actos criminales. Nuestra profunda solidaridad con el pueblo ecuatoriano, que siempre fue generoso con sus visitantes. Ecuador markanxa wali ch’axwañaruw puripxi. Jach’a lunthat jaqinakawa wali asjarawapxi markachirinakaru.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo. 

Comparte y opina: