Voces

jueves 9 jun 2022 | Actualizado a 09:28

Modelo educativo boliviano

/ 15 de abril de 2022 / 02:09

Retomando largos periodos de resistencias y construcción de alternativas expresadas en experiencias de gran trascendencia como las escuelas indigenales de fines del siglo XIX y principios del XX; la Escuela Ayllu de Warisata de 1931; las propuestas educativas de organizaciones sociales, pueblos indígenas y maestros, principalmente de la segunda mitad del siglo XX; las prácticas y propuestas de la Educación Popular desarrolladas especialmente en América Latina; teorías socioculturales como las de Lev Vygotski; además de una serie de acciones desarrolladas desde 2006, entre las que destacan la organización de la Comisión de Sabios y Expertos; los lineamientos de políticas educativas en el Plan de Desarrollo “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Soberana para Vivir Bien” 2006-2012; la aprobación y promulgación de la Constitución Política del Estado de 2009; la realización del Congreso Nacional de Educación de 2006; una cantidad apreciable de talleres y encuentros pedagógicos, así como de estudios e investigaciones, realizadas entre 2006 y 2010; y en coherencia con los mandatos de la Ley de Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez” de 2010, Bolivia — desde la gestión 2015— comenzó a transformar la educación boliviana mediante la implementación del Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo (MESP).

Sí, aunque en estos tiempos se intenta olvidar o ignorar, está vigente el MESP. Esta propuesta se origina, además, en un diagnóstico que, a 2005, verifica que la educación boliviana no tiene relación con la economía, ignora los saberes y conocimientos del pueblo, tiene énfasis en lo cognitivo, confunde la concepción de educación con escuela y, fundamentalmente, mantiene su condición patriarcal y colonial que por largo tiempo hizo “pensar la educación con cabeza ajena” a la realidad nacional. Contra todo lo que ocurrió en periodos pasados, por ejemplo, con la Reforma Educativa aprobada por Ley 1565 de 7 de julio de 1994, que se inscribió en el modelo neoliberal y además que —sin mayor análisis de pertenencia y relevancia con la realidad boliviana— adoptó la teoría y metodología del constructivismo; la implementación de la Ley de Educación 070 y del MESP es expresión de la voluntad y decisión soberana del Estado y de la población, así como del “pensamiento propio”.

El carácter del MESP contiene distintos elementos de análisis, por espacio del presente artículo nos concentraremos en un aspecto trascendental para la formación integral de los estudiantes que se ha denominado las “dimensiones del ser humano”. Mientras en la educación tradicional sigue vigente el culto a la memoria, la repetición de los conocimientos y lo cognitivo, es más el racionalismo expresado en la mirada única y la consideración de la razón como única forma de conocimiento, el MESP —en consonancia con el “vivir bien”— parte de la concepción de ser humano propio de nuestras culturas y otros estudios que señalan que las personas somos seres holísticos y por lo tanto estamos constituidos por cuatro dimensiones vivenciales: Espiritual (Ser), Conocimiento (Saber), Política (Decidir) y Producción (Hacer). Ser, constituida principalmente por los principios, valores e identidad. Saber, por la capacidad de crear, adaptar y recrear saberes y conocimientos. Decidir, capacidad para asumir la organización, el ejercicio del poder, así como la convivencia con la comunidad. Hacer, creación y producción material e intelectual. Entonces, desde la concepción del MESP, la formación debe ser integral, por lo tanto el currículo no solo tiene que “trabajar” en lo cognitivo, menos únicamente en lo memorístico y repetitivo, sino que también debe contribuir a la formación en valores, principios, fortalecimiento de la convivencia y la capacidad de crear y desarrollar su creatividad. Ahora más que nunca, en tiempos de sindemia y de crisis civilizatoria, esa formación integral es absolutamente necesaria y de alta relevancia.

El modelo educativo tiene muchos avances, pero también la necesidad de hacer varios ajustes fundamentalmente de cómo se profundiza su puesta en práctica. No puede ser que, por tratar solo la continuidad de las actividades educativas, olvidemos la implementación del MESP. Es tiempo de revalorar el Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo, trabajar en su adecuada implementación para cuidar de la calidad de los aprendizajes de los estudiantes.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

Comparte y opina:

Repensar la universidad

/ 27 de mayo de 2022 / 01:40

Las infaustas noticias del 9 de mayo provenientes de la Universidad Tomas Frías de Potosí, anunciando estudiantes universitarios muertos y heridos a causa del lanzamiento de una granada de gas en una asamblea, sumadas a otros hechos luctuosos como los ocurridos en la Universidad Pública de El Alto en marzo de 2021, desataron una serie de acciones policiales y judiciales que derivaron en el apresamiento de supuestos culpables y la prisión preventiva de un dirigente universitario. En el XIII Congreso Nacional de Universidades que se realiza en Potosí, entre el 23 y 27 de mayo, se decidió “de manera unánime” la expulsión del sistema universitario del dirigente en prisión preventiva y otros dos docentes supuestamente involucrados con hechos irregulares. Mientras tanto, medios de comunicación y redes sociales hicieron profusa difusión de información vinculada a los llamados estudiantes y dirigentes “dinosaurios” por su larga estadía en esos roles en las universidades. Por estos hechos, de pronto, la situación de las universidades se puso en la mesa del debate hasta el cuestionamiento.

Esta situación, además de mostrar problemas de carácter organizativo y administrativo, expresa un panorama complejo y delicado que no es motivo de análisis y mucho menos del planteamiento de propuestas y soluciones. A propósito de ello, como dice C. Buarque en su libro La Universidad en una encrucijada (2005), cabe considerar que “En los últimos mil años no ocurrieron grandes cambios estructurales en la universidad. El rol de la universidad poco cambió. Entretanto, la realidad de la situación social en el mundo, como también los avances dinámicos en términos de información, conocimiento, y nuevas técnicas de comunicación y educación, evidencian la necesidad de una revolución en el concepto de la universidad.” La situación de las universidades bolivianas, públicas y privadas, expresa muchos signos de crisis acumulados desde sus orígenes y fundamentalmente por su reducida respuesta y aporte a la sociedad del siglo XXI.

Los viejos retos de las universidades permanecen y afectan su rol político, social, científico y cultural. Por ejemplo, sigue la contraposición del desarrollo del patrón civilizatorio occidental en relación a las concepciones propias de nuestra región como el “vivir bien”; de la corriente materialista y la idealista; del pensamiento positivista-racionalista y otra integral u holística; de la investigación “científica” (denominación a discutir) basada en la supuesta predicción sin márgenes de error y la cualitativa en la cual el investigador interactúa con su entorno; del conocimiento eurocentrista y el conocimiento propio de nuestros pueblos y culturas como expresión del colonialismo del saber. Es más, en estos tiempos marcados por hechos de carácter estructural y graves consecuencias como la crisis civilizatoria, la pandemia del COVID 19 que por sus efectos se convirtió en sindemia, la arremetida de las grandes empresas transnacionales de telecomunicaciones y tecnología a título de educación virtual en el marco de la IV Revolución Industrial, la pregunta es: ¿Qué proponen y qué hacen los centros de educación superior ante este contexto?

Este siglo XXI, entre otros, exige: producción de conocimientos y pensamientos propios desde la realidad boliviana y latinoamericana; soberanía tecnológica capaz de responder a los retos de la tecnología y crear una pedagogía que incorpore de manera complementaria la tecnología a los procesos educativos presenciales antes que solamente adquirir plataformas o programas digitales; investigaciones y proyectos para preservar o recuperar la salud desde una concepción holística; economía sostenible que deje de explotar la naturaleza y a los trabajadores; políticas sociales que reduzcan la brecha pobres-ricos; estrategias para reducir la violencia y discriminación; repensar la democracia liberal y representativa hacia una participativa, comunitaria e intercultural; etc. Se requiere que las universidades contribuyan a generar una educación sensible al contexto, la historia y las circunstancias culturales, políticas y económicas, pertinentes y relevantes en lo social, cultural y económico para el bienestar de los seres humanos, sus comunidades y sociedad. Aspectos que, además de los problemas del último tiempo, requieren plena atención y respuestas precisas con los movimientos sociales, forma primordial de preservar la autonomía de las universidades.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

Comparte y opina:

Foro Social Mundial

/ 13 de mayo de 2022 / 02:27

“Otro mundo es posible”, es el eslogan que identifica al Foro Social Mundial (FSM) que desde 2001 es el mayor encuentro de la sociedad civil en la búsqueda de soluciones a los problemas de nuestro tiempo. Es social porque su principal preocupación es la situación de la gran mayoría de la población mundial, de sus derechos sociales, en contraposición a la imposición de la supuesta única verdad de los mercados, la economía de corte capitalista y neoliberal. El FSM es una permanente lucha contra los determinismos del pensamiento único, es la reivindicación del pensamiento crítico, alternativo y alterativo y la esperanza.

El FSM es un espacio de debate democrático de ideas, para intercambiar experiencias y estudios, profundizar reflexiones y formular propuestas a partir de la articulación de movimientos “altermundistas”, entre ellos: movimientos sociales, redes, campañas, alianzas, etc., “que se oponen al neoliberalismo, al dominio del mundo por el capital y cualquier forma de imperialismo”; en cada una de sus versiones reúne a miles de participantes en cientos de actividades sobre diversos temas (desarrollo social, economía solidaria, medio ambiente, derechos humanos, educación, salud, democratización, arte y cultura, comunicación…) para contribuir a la transformación del sistema hegemónico actual. Según su Carta de Principios, el FSM se caracteriza por la pluralidad y diversidad; es un espacio abierto, participativo y articulador; se identifica como un proceso global y continuo en el que se propone un mundo alternativo. Desde la perspectiva educativa, el foro promueve una praxis liberadora para romper la estructura opresor-oprimido, a través de la corresponsabilidad y la autogestión.

En el presente año, ratificando el eslogan “Otro mundo es posible”, convencidos por la necesidad del “Reencuentro Mundial hacia la articulación de los Movimientos Sociales”, el Foro Social Mundial, en su 14ª edición, se realizó en la ciudad de México entre el 1 y el 6 de mayo de 2022. Además de la problemática identificada desde el primer encuentro, el FSM 2022 parte de la constatación que el mundo está en un momento crucial y definitivo profundizado en sus consecuencias por la crisis civilizatoria de carácter occidental y capitalista, la pandemia del coronavirus que por sus efectos sociales en realidad es una sindemia y la arremetida del “capitalismo cognitivo” de las empresas transnacionales de telecomunicaciones y tecnología a título de cuarta revolución industrial, además de la preocupación por la construcción de paz, la creciente migración y un contexto de guerras. Al Foro 2022 concurren más de “3 mil participantes de movimientos autónomos de mujeres y feministas, jóvenes, integrantes de diversas sexualidades, sindicalistas, comunidades de pueblos originarios, de la iglesia social, ambientalistas, antirracistas, del movimiento urbano, del campo, de organizaciones de migrantes, y de muchos otros ámbitos sociales; de más de 30 países de cuatro continentes en 789 talleres y asambleas realizados en 15 recintos del Centro Histórico de la Ciudad de México y de organizaciones sociales con más de 50 salas, patios y auditorios… Los temas incluyeron el clima, la agricultura en respeto con la tierra, la economía sostenible, los derechos humanos, el feminismo, las minorías, la educación, los derechos de los trabajadores y trabajadoras, la cultura, la comunicación, la autodeterminación de los pueblos…” (sic)

En ese marco, los movimientos sociales tienen el reto histórico de crear propuestas alternativas frente a la explotación irracional de recursos naturales y de los trabajadores, la aceleración del “cambio climático, los flujos migratorios, los desplazamientos de población y con ellos la desestructuración de nuestras sociedades. Esta violencia económica, social y cultural es una forma de guerra permanente a la que está sometida la humanidad, que solo puede detenerse con un cambio radical del sistema” (Declaración final del FSM 2022). Como dice Gustavo Codas, representante de la Central Única de Trabajadores de Brasil: “Ya no basta con emprender la crítica del capitalismo neoliberal, hay que afirmar una contrapropuesta y organizar una fuerza política mayoritaria sobre la base de ese programa” en el que las acciones colectivas deben ponerse “en marcha sin demora”. Construir “Otro mundo posible”, además de ser un asunto ideológico y político, es cuestión de supervivencia y dignidad humana.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

Comparte y opina:

Evaluación de la calidad de la educación

/ 29 de abril de 2022 / 01:15

Las más de las veces, la cotidianidad genera experiencias que motivan análisis y aprendizajes, así como contribuye a la construcción de teorías y propuestas, un ejemplo de ello se presenta en el blog de la Editorial Vicens Vives (2021), que como introducción a una entrevista a Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), coordinador del informe PISA (Programme for International Student Assessment) de la OCDE, textual dice lo siguiente: “Andreas Schleicher también conocido en Alemania como Mr. Pisa, contó en una entrevista a Deutschlandfunk que su maestro de primaria de la escuela estatal lo calificó como ‘No apto’ para estudiar secundaria. Su padre, profesor de pedagogía, no estuvo de acuerdo con el juicio, y decidió apuntar a su hijo a una escuela Waldorf. La decisión se mostró acertada: Schleicher no solo consiguió los mejores resultados en la escuela, sino que ganó un premio especial en el prestigioso concurso nacional ‘Jugend forscht’ (‘La juventud investiga’) por el desarrollo, junto a su primo, de un programa de reconocimiento de voz. Esta experiencia le mostró a Andreas Schleicher la importancia de no cerrar las puertas de la escuela a ningún estudiante, porque nadie puede saber con exactitud todo el potencial que se esconde en cada uno de ellos” (sic).

Este relato motiva a plantearse varios interrogantes. Entre otros, ¿qué explica que, al cambiarse de una escuela a otra, Schleicher no solo consiguió mejores resultados sino que ganó un premio especial?, ¿qué hubiese pasado con Schleicher si las evaluaciones fueran homogéneas?, ¿qué podría haber ocurrido si no hubiese acudido a otras alternativas?, ¿qué se puede deducir de esta experiencia para entender los procesos de evaluación en educación?, ¿el propósito de la evaluación es establecer rankings o para calificar a unos de buenos y a otros de malos? La evaluación, más de un sistema educativo, tiene distintas comprensiones, metodologías, alcances e implicancias; responde a un sinfín de experiencias institucionales y cotidianas que requieren análisis y debates en sus múltiples dimensiones. Es una invitación a dejar de hacer “opinática” y profundizar el estudio, debate y construcción de propuestas, mucho más de quienes en automático piden “PISA, PISA,…”

Eso explica por qué la evaluación de la educación en el último tiempo sufre un constante acoso de tendencias que son contrarias a postulados de educación liberadora y transformadora, corrientes favorables a la mercantilización y visión empresarial de la educación que al amparo de un supuesto criterio de mayor eficiencia del sistema deriva en evaluaciones que incorporan conceptos como privatización y competitividad; rendimiento académico, desempeño y competencias; estándares e indicadores como una manera solapada de imponer una lógica y concepción de educación. De esta manera, aparecen temas que pretenden convertirse en una moda antes que en una discusión de fondo sobre educación, como las evaluaciones internacionales con una visión homogénea o como las de calidad educativa que, en el marco del enfoque de capital humano, se concentran en la calidad del aprendizaje cognitivo de lo que ocurre únicamente en el ámbito de la escuela y aula reduciendo la concepción de educación a escuela, para colmo de carácter tradicional (Vega, 2014). Es tal la arremetida de estas corrientes que en tiempos previos a la emisión de resultados de las evaluaciones internacionales se comienza a buscar la “nota” de la evaluación para señalarlos en público: “éstos son los países, departamentos, instituciones educativas y estudiantes malos y éstos son los buenos”. Estas miradas sobre calidad educativa y evaluación en el sector educativo distorsionan el carácter de política pública y la constitución de una sociedad democrática, además que hacen olvidar la naturaleza de la educación.

Queda mucho por reflexionar, debatir, analizar y proponer. Es tiempo de “…evaluar la evaluación educativa” (Gentili, 2014), fortalecer la cultura de participación y evaluación de políticas públicas e impedir que la euforia evaluadora que “perjudica a nuestros hijos y empobrece nuestras aulas” se consolide. No olvidemos que “La evaluación se comprende como un medio: el acento está puesto en los fines formativos y pedagógicos” (OREALC/ UNESCO Santiago, 2020). En el tema hay mucho que decir, seguiremos debatiendo en próximos artículos.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

Comparte y opina:

Confintea VII: tiempo de propuestas

/ 1 de abril de 2022 / 01:16

Como mencionamos en un anterior artículo, la Educación de Personas Jóvenes y Adultos (EPJA) está en debate y en proceso de construcción de propuestas a propósito de la realización de la séptima Conferencia Internacional de Educación de Adultos (Confintea VII) convocada por la Unesco para el 15, 16 y 17 de junio de 2022. En este contexto, estamos retados a generar recomendaciones para que el derecho a la educación con calidad, pertinencia y relevancia de personas jóvenes y adultas se haga efectiva. Así, desde la reflexión del contexto de crisis civilizatoria, efectos de la sindemia y velada arremetida de la cuarta revolución industrial, así como la lectura de la situación, estudios y experiencias de la EPJA en América Latina y el Caribe, la “Plataforma de Redes Regionales por la EPJA hacia la Confintea VII”, presenta a continuación un conjunto de 10 propuestas para el futuro de la educación de personas jóvenes y adultos en el mundo, teniendo como premisa que es tiempo de grandes transformaciones de la educación.

1) En tiempos actuales, requerimos una EPJA en, de y para la vida, incluyente, en armonía con la naturaleza, antipatriarcal, descolonizadora y antirracista, orientada a la participación ciudadana, protección de la salud, trabajo digno, seguridad alimentaria y producción, apropiación y uso del conocimiento de toda la población para contribuir a la transformación de las personas y la construcción de una sociedad justa y democrática. 2) Asumir a la EPJA como un derecho humano fundamental a lo largo y ancho de la vida, exigible, irrenunciable, indivisible y autodeterminado para crecer en dignidad y un ejercicio de derechos de todos, que responda a contextos cambiantes y modalidades alternativas. 3) El sentido de la EPJA exige una nueva institucionalidad, gestión integral de los sistemas educativos con espacios formales y no formales, políticas públicas intersectoriales y coordinación interministerial, en el marco de la participación de toda la sociedad. 4) Los Estados tienen que garantizar un financiamiento público y justo para la EPJA, así como transparencia en el uso de los recursos y la cooperación internacional solidaria. 5) La EPJA ha de ser incluyente y diversa, adecuada a los contextos, comunidades, culturas, territorios y poblaciones con diversidades y necesidades específicas: mujeres, jóvenes, adultas/os mayores, población LGTBIQ+; afrodescendientes, indígenas, campesinas/os rurales; personas con discapacidad, privadas/os de libertad, migrantes y refugiadas, teniendo en cuenta la interseccionalidad de sus necesidades y su diversidad cultural.

6) La EPJA tiene que ser intracultural, intercultural y comunitaria, en la que sus procesos formativos valoren y fortalezcan las identidades, cosmovisión, saberes y conocimientos de los pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes, así como la convivencia en igualdad de oportunidades con otras culturas, en el marco de la justicia epistémica y el diálogo inter-ciencias. 7) La EPJA debe ser productiva, técnica y territorial, orientada a la producción material e intelectual, al trabajo creativo y creador, a la dinamización de las economías populares, solidarias y de las regiones; en armonía con la naturaleza y sistemas de vida. 8) Se debe garantizar el derecho al uso y conectividad universal y gratuita de las TIC en la EPJA desde la educación popular, evitando el incremento de las desigualdades socioeducativas, culturales y comunicacionales, superando su uso instrumental y la sobrevaloración de la educación virtual; la educación virtual debe asumirse como complementaria de los procesos presenciales y como factor de enriquecimiento de los aprendizajes. 9) Los educadores de la EPJA deben ser reconocidos con condiciones de trabajo dignas, salarios justos y planes de carrera. Asimismo, se debe priorizar su formación y profesionalización, en alianza con las universidades, otras instancias de educación superior y entidades de la sociedad civil. 10) Es vital que se produzcan datos de calidad, diagnósticos amplios y fiables para la EPJA, priorizar la investigación y sistematización de experiencias para la evaluación de las políticas públicas, así como de los acuerdos internacionales; compartir experiencias, la rendición de cuentas, conocer la realidad, introducir mejoras en las prácticas. Contar con observatorios regionales y/o nacionales de la EPJA, así como con la creación de una relatoría especial. ¡Tiempo de propuestas!

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

Comparte y opina:

‘Urbanización salvaje’

/ 18 de marzo de 2022 / 01:27

Nuestras grandes ciudades crecen cada vez más. Especialmente en el centro y zonas de mayor crecimiento de estas ciudades aparecen más edificios, en varios tramos, las calles se tornan en corredores rodeados de altas edificaciones, hay más sombra que sol. La cantidad de casas unifamiliares se reducen, a contrapartida el número de edificios se multiplica al igual que el número de habitantes. Aparecen mayores necesidades de servicios básicos; por ejemplo se requiere más agua, electricidad y acceso a internet, se echa más basura, los canales de alcantarillado se saturan, etc. En varios casos, los árboles y otra vegetación que existía en las calles desaparecen y hasta las calzadas y aceras se deterioran por las construcciones que se realizan en estos espacios. Este asunto que en principio aparece como un tema de un incremento de edificaciones y urbanización, refleja un panorama de mayor complejidad y de serios impactos sociales y ambientales, además que interpela equivocadas interpretaciones de la relación naturaleza-ciudad.

La ciudad moderna sustituye a la ciudad histórica y expulsa a la naturaleza. Con el crecimiento de las grandes ciudades se busca dominar y reencauzar los ríos, se horadan y aplanan montañas y cerros, se usa vegetación artificial, los paisajes se hacen uniformes, se utilizan materiales extraños del lugar, se reducen los espacios verdes, etc. También aparecen signos de insostenibilidad y conflictos sociales; por ejemplo, pobladores forzados a dejar sus sistemas de vida migran del campo a espacios urbanos no destinados, menos preparados para una adecuada habitabilidad; hay pérdida de saberes y culturas, hasta la alimentación cambia, disputan el acceso a servicios básicos, se incorporan a espacios laborales precarios y deben pelear su derecho a la participación ciudadana.

Desde el plano social y ambiental, la urbanización sin planificación ni adecuada concertación social hace que el crecimiento urbano sea, cada vez más, insostenible. Este razonamiento es el fundamento para que el economista mexicano Andrés Barreda defina a este fenómeno como “urbanización salvaje”. Este crecimiento desmesurado tiene efectos en las ciudades y áreas rurales, y tendrá mayores consecuencias en los años venideros, como menciona el economista italiano Giuseppe De Marzo, “Del 2020 al 2030, aproximadamente el 80% de la población mundial vivirá en las grandes ciudades, provocando el crecimiento de las zonas periféricas, fenómeno ya presente en diversas partes del mundo debido a la fuerte concentración de la tierra en manos de las grandes corporaciones internacionales y a la expulsión de los productores agrícolas pequeños y medianos”. Aún más, la región más urbanizada del mundo es América Latina y el Caribe, donde casi un 80% de su población vive en zonas urbanas.

Es la oportunidad de replantear los paradigmas de crecimiento, equidad y bienestar poblacional, propiciando la interacción e influencia de la naturaleza y sus servicios ecosistémicos con el desarrollo urbano. Se tiene que dejar de pensar “con cabeza de cemento”, es decir, dejar de considerar que el bienestar se asienta únicamente en construcciones de cemento. Es necesario que las ciudades puedan generar el vivir bien, reconociendo el origen y la identidad cultural de sus habitantes, los de la propia ciudad y de los migrantes, creando condiciones para la disponibilidad de agua, de aire con calidad, de servicios básicos adecuados, de educación y salud pertinente en lo cultural y relevante en lo social. La expansión urbana tiene que ser planificada y debe respetar los derechos de la naturaleza, así como prever acciones concretas para el tratamiento de aguas residuales y residuos sólidos, y la generación de salud ambiental. La estructura ecológica se debe incorporar como principio del ordenamiento territorial, reconociendo las dinámicas de ciudad- región en la provisión de agua, alimentos y materias primas. Considerando que Latinoamérica y el Caribe es una región con mayor biodiversidad del mundo, las ciudades de esta región deben liderar este cambio de paradigma hacia el urbanismo ecológico.

En todo esto, los municipios tienen que dejar sus roles tradicionales y asentarse en la diversidad, creatividad e innovación para desarrollar soluciones que propicien equidad, sostenibilidad ecológica, bienestar y participación local. ¿Será que los municipios y la ciudadanía se animen a cambiar?

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

Comparte y opina:

Últimas Noticias