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El Twitter de Elon Musk

/ 27 de abril de 2022 / 01:57

Twitter nunca ha sido un espacio para el debate racional y matizado. Y pueden esperar que se ponga mucho, mucho peor. La decisión del lunes por la tarde de la junta directiva de Twitter de aceptar una oferta pública de compra de Elon Musk significa que la compañía considera que estaría mejor dirigida si fuera propiedad de un hombre que usa la red social para atacar a sus críticos, avergonzar a personas por sus cuerpos, desafiar las leyes bursátiles y promover criptomonedas sin cesar.

Musk dijo que su visión central para la plataforma es que sea un “campo inclusivo para la libertad de expresión”, pero sus usuarios deben entender lo que quiere decir esa frase: significa libertad de expresión para personas como Musk, un multimillonario y el hombre más rico del mundo. Incluso mientras la junta directiva de Twitter discutía su oferta de $us 54,20 dólares, que terminó por aceptar, Musk daba señales de su tipo de liderazgo al tuitear que los funcionarios de la Comisión de Bolsa y Valores eran unos “títeres desvergonzados”.

Musk no ha sido un gerente responsable de las empresas que supervisa: Tesla, SpaceX, Neuralink y The Boring Company. En los primeros meses de la pandemia, Musk eludió a los funcionarios de salud —calificó sus mandatos de resguardarse en casa como “fascistas”— al obligar a los trabajadores de Tesla a volver al trabajo, una violación de las normas sanitarias locales. Y Tesla ha sido perseguida durante años por denuncias de abusos racistas, discriminación y acoso sexual. La compañía ha dicho que no tolera ese tipo de comportamiento.

No sorprende que muchos empleados de Twitter estén horrorizados ante la idea de que Musk dirija la empresa. Sin duda, Twitter podría beneficiarse de algunas mejoras en su servicio. Antes y después del ataque al Capitolio estadounidense el 6 de enero, Donald Trump usó Twitter para enardecer a sus seguidores. La compañía, con justificación, eliminó la cuenta de Twitter de Trump por su papel en ese episodio vergonzoso, pero durante años se hizo de la vista gorda ante un comportamiento similar.

Musk se suma a este guiso tóxico. Llamó “pedo guy” a alguien con quien se disgustó, hizo bromas sobre la anatomía de las mujeres y tuvo que borrar un mensaje antisindical dirigido a los trabajadores de su fábrica, todo en la plataforma que pronto será suya.

Hacer menos estricta la moderación del contenido, algo que Musk parece estar decidido a lograr, no hará que Twitter sea un lugar mejor: lo hará mucho más tóxico. Con el argumento de que más discurso es el mejor antídoto contra el discurso nocivo, es probable que los usuarios serios reciban ataques más frecuentes de trols y bots. (Espero que Musk hablara en serio cuando dijo que derrotará “a los bots de spam o moriría en el intento”.)

Las usuarias de Twitter, en particular, deberían estar preocupadas en caso de que Musk lleve su aparente desdén por las mujeres a la empresa que está a punto de adquirir. Twitter ya es un espacio tóxico para las mujeres que usan la plataforma, particularmente las mujeres de color.

Y todo el mundo debería estar inquieto con la posibilidad de que Musk rehabilite a Trump, quien ha utilizado con destreza las redes sociales para difundir información errónea y peligrosa sobre el COVID, para mofarse de sus enemigos y poner en duda la integridad de unas elecciones libres y justas. El lunes, Trump dijo que no volvería a Twitter ni aunque se le permitiera hacerlo, pensando en su nueva red social, Truth Social, pero, por supuesto, el expresidente ha incumplido muchas promesas.

Quizás Jack Dorsey, uno de los cofundadores de Twitter y miembro de la junta directiva, debería haber confiado en su instinto cuando tuiteó que no cree que “ningún individuo o institución deba ser dueño de una red social o, más en general, de alguna empresa de medios”.

Musk ha dicho que no le importa el aspecto económico de su acuerdo con Twitter. Es posible que necesite esa actitud si, como algunos creen, la plataforma se vuelve una batalla campal y los anunciantes la abandonan.

¿A dónde irán las personas si no les gusta en lo que Twitter se convierte con Musk? Hasta ahora, las nuevas redes sociales que prometen ser una alternativa a Twitter con libertad de expresión no han logrado ganar terreno, entre ellas Truth Social.

Al igual que los motivos de esos competidores, las razones de Musk para tomar el control de Twitter no tienen que ver con la libertad de expresión; se trata de controlar un megáfono. Con su legión de seguidores, Musk comandará un megáfono gigantesco y no tendrá límites para promover sus propias inversiones, desdeñar las normas de salud sensatas y callar a sus críticos.

Hablando con libertad: ¿suena como un lugar mejor?

Greg Bensinger es columnista de The New York Times.

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Por qué Uber no le llamará a la Policía

/ 6 de enero de 2022 / 02:02

Pedir un Uber se ha vuelto una parte rutinaria en la vida de la gente; millones de personas lo hacen todos los días y la tecnología que posibilita los viajes privados es una maravilla que ha cambiado la manera de viajar al trabajo, salir de la ciudad y, sí, trabajar. Para que se haya dado el ascenso de Uber, ha sido crucial su capacidad para destrozar un tabú que se les enseña a todos los niños: no entres a un auto con extraños.

Sin embargo, la tecnología detrás de Uber no puede superar el hecho de que todos los viajes de Uber dependen de entrar a un vehículo con alguien del que no conoces casi nada. Aunque Uber se ha esforzado mucho para proyectar una imagen de seguridad, al señalar que esta se encuentra “en el centro de todo lo que hacemos”, la empresa ha sido consistente en priorizar más la protección de su propia imagen. Y, aunque sirve de intermediaria entre los pasajeros y los choferes, asegura que casi no tiene ninguna responsabilidad directa por lo que ocurra durante un viaje, incluidos accidentes, agresiones y lesiones.

Cuando sucede algo malo en un viaje, los choferes y los pasajeros pueden hablar con un equipo de agentes de servicio al cliente de Uber, a los que dentro de la empresa se les conoce como investigadores, para describir qué ocurrió y buscar ayuda. Estos trabajadores, quienes tienen poca o ninguna experiencia para responder frente a un evento traumático, abordan problemas que van desde cobros excesivos hasta accidentes o agresiones. Les dan guiones que deben leer, los cuales suelen molestar a los pasajeros y choferes, y las estrictas políticas de la empresa les prohíben a los agentes informar de los incidentes a la policía, incluso cuando los perpetradores hayan reconocido sus acciones.

Los agentes ni siquiera pueden sugerirle a una víctima que llame a la policía. ¿Por qué? Porque los informes policiacos pueden afectar la imagen de seguridad que Uber ha forjado con tanto cuidado y exponer a la empresa a más demandas y responsabilidad.

La firma de viajes privados más grande de Estados Unidos ha dicho que la seguridad es su prioridad más alta. Ha fortalecido sus equipos dedicados a los temas de seguridad, se ha asesorado con organizaciones activistas y ha comenzado a permitir que los choferes graben el audio de sus viajes dentro de la aplicación para usarlo como evidencia posterior. Este mismo año, por primera vez, Uber y Lyft empezaron a compartir datos entre sí sobre los choferes peligrosos.

Sin embargo, Uber se ha resistido a tomar otras medidas como la identificación por medio de huellas digitales, la instalación de cámaras en los vehículos de los choferes y una verificación de antecedentes más extensa que podría mejorar la seguridad, pero que también ralentizarían el proceso de incorporar nuevos choferes, un aspecto esencial para mantener suficientes viajes disponibles en la calle.

La política de Uber es dejarles a las víctimas toda la responsabilidad de informar de los crímenes potenciales cometidos durante los viajes. Uber tal vez esté al tanto de miles de choferes y pasajeros potencialmente peligrosos en nuestras comunidades, pero no hace todo lo posible por garantizar que sean llevados ante la justicia.

Me preocupa que en la desesperación de Uber por cumplir la creciente demanda de clientes también relaje más sus estándares para atraer más choferes. Y me preocupa que Uber siga obstinada en hacerse de la vista gorda frente a actos terroríficos en nombre de ser una empresa que coloca a las víctimas como una prioridad y busca mantener una cantidad baja de informes.

Greg Bensinger es columnista de The New York Times.

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Negacionismo del clima en las RRSS

/ 17 de noviembre de 2021 / 01:18

Este otoño, Exxon Mobil empezó a dirigir a los neoyorquinos anuncios en Facebook que advertían sobre una propuesta de ley que exigiría el uso de electrodomésticos exclusivamente eléctricos en algunos edificios. “Si su hogar tuviera que pasar a ser totalmente eléctrico, podría costarle más de $us 25.600 el reemplazo de los principales electrodomésticos”, decía uno de los anuncios.

Sin embargo, el anuncio no cuenta toda la historia: la ley solo se aplicaría a los edificios nuevos, por lo que las afirmaciones de Exxon sobre los costos son, en el mejor de los casos, engañosas. Otros anuncios, entre los aproximadamente 1.200 distribuidos por el gigante de los combustibles fósiles y encontrados por el equipo de inteligencia artificial Eco-Bot.Net este año, afirmaban que los oleoductos son necesarios para mantener “la energía asequible y accesible” y que el gas natural ayuda a los clientes a “cumplir sus objetivos medioambientales”.

Estos son ejemplos del llamado greenwashing, o intentos de las empresas de minimizar su verdadero impacto en el medioambiente. Junto con otra información errónea sobre el clima en las redes sociales, estos anuncios se han convertido en una poderosa amenaza contra los esfuerzos por combatir el calentamiento global. Los investigadores del grupo ecologista Stop Funding Heat descubrieron que la desinformación sobre el clima se ve hasta 1,36 millones de veces al día en Facebook.

Incluso con el rápido cambio en la opinión pública y las señales externas del calentamiento global en los últimos años, las empresas de redes sociales han tardado en adaptarse, permitiendo que la desinformación a veces flagrante prospere sin control en sus sitios.

Los escépticos del clima simplemente están modificando sus tácticas, pasando de la negación total del cambio climático a la desacreditación de las pruebas y desplazando la culpa de las empresas a los individuos, explicó Michael Mann, autor de The New Climate War. Sin embargo, difundir información falsa en los sitios web sigue siendo tan fácil como pulsar unas cuantas teclas.

Con el cambio de la opinión pública hacia la aceptación del cambio climático, las estrategias corporativas también están evolucionando, incluyendo las de empresas que usan a influyentes pagados en Instagram y TikTok que se embarcan en idílicos viajes por carretera al Parque Nacional Joshua Tree y utilizan gasolina Shell o comen papas fritas de las estaciones de Phillips 66. En un esfuerzo por combatir la legislación que prohíbe las conexiones de gas natural, la industria de los combustibles fósiles también está pagando a estrellas de Instagram para que publiquen videos de actividades inofensivas como cocinar tacos en cocinas de gas. El objetivo es conjurar buenos sentimientos con respecto a las marcas, que se sabe que contribuyen significativamente a las emisiones de carbono, y quizás incluso convencer a los consumidores de que tienen estilo.

En otros lugares de la web, han surgido páginas con nombres como “El cambio climático es basura” y “El cambio climático es natural” para diseminar negacionismo en las redes sociales, sin necesidad de anuncios dirigidos. Las redes sociales podrían ser un foro para un debate saludable sobre la acción climática, pero las endebles políticas de las empresas en torno a la desinformación sobre el cambio climático se interponen en el camino.

Facebook, YouTube y otras empresas han demostrado que tienen el poder de amplificar los hechos y suprimir las mentiras. ¿Acaso usarán esa capacidad para ayudar a proteger a la Tierra de su amenaza más grave?

Greg Bensinger es columnista de The New York Times.

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