Voces

Tuesday 31 Jan 2023 | Actualizado a 00:26 AM

Cicatriz irreparable

/ 8 de mayo de 2022 / 01:17

Las industrias de belleza ofrecen miles de pomadas, mascarillas y otros menjunjes para borrar las cicatrices que los avatares de la vida —irremediablemente— nos dejan en nuestro cuerpo; pero hay otras que los psicólogos se encargan, infructuosamente la mayor de las veces, en remediar: las cicatrices del alma. ¿Cómo encargarle a la Justicia que las cicatrices del alma sean cerradas, legitimarlas para evitar el sufrimiento y la desazón que dejan los exilios, la cárcel, las masacres y su secuela de destrucción de vidas afectadas?

La modernidad engendró un giro en la concepción de la justicia, consolidando la pretensión de justeza en cada uno de los seres, naturales y sociales en un orden establecido, político y económico, pero no es posible con los asuntos del alma.

En 1979, en la Masacre de Todos Santos, muchos bolivianos fuimos víctimas de la furia fascista orquestada por militares y civiles que dejaron una estela de muerte y dolor. Nunca purgaron un solo día en la cárcel y, aunque lo hubieran hecho, el daño irreparable que dejaron no tiene cura. Y esa masacre es solo una de las decenas que asolaron la región donde moramos, destapando un muestrario de la brutalidad que fue repetida hasta la enfermedad por las clases que detentaban el poder y lo buscan —hasta ahora— sin condicionamientos morales de ningún orden, sea religioso o político.

En los próximos días arribarán nuestras nietas a la ciudad para conocer al abuelo, cuyo cuerpo, poblado de cicatrices cerradas por la cirugía y sus consecuencias posteriores en su salud, no le permitieron ocuparse de cerrar las otras que quedaron en su hija a la que conoció 20 años después, porque vivir en Bolivia era temerario para la madre extranjera en estado de gestación y el amor, aunque sea intenso y apasionado, debía cuidar una vida.

¿Cómo se puede valuar esa decisión? No existen tablas de calificación para valorar la sacralidad de la vida, es lo único que le da sentido a los dogmas religiosos y políticos y los seres humanos sabemos que nuestro paso por el mundo tiene su caducidad y a nadie se le ocurriría prolongar el sufrimiento en sus hijos.

Durante el primer encuentro con nuestra hija, intuimos una tristeza empozada en su alma desde su niñez, no tuvimos el privilegio de tenerla en nuestro regazo apenas vino al mundo, tristeza que también se guareció de la lluvia del silencio al quedar enmudecido y expectante ante su reacción. Han pasado dos décadas y nos cuesta mucho reconstruir su historia que tiene el derecho de saber para cerrar esa herida.

Qué decirle, cómo explicar que la separación era inevitable y que sus padres debían escoger su propio rumbo y tejer otra vida a costa de su desamparo, aunque pleno de cosas materiales, sabemos que no llenan ese tiempo de separación.

No queremos que esto se prolongue en las nietas, que conozcan la bella historia de amor truncado por el odio fascista y evitar que alargue sus tenebrosas garras hasta otra generación, queremos que sus gestos infantiles de alegría sean libres y abracen a su abuelo y lo perdonen por no estar a su lado.

¿Habrán pensado en estas graves consecuencias los golpistas de 2019 que ahora abandonan a su instrumento de muerte a su suerte?

Las nuevas generaciones desconocen el sacrificio de muchos bolivianos y bolivianas que ofrecieron sus vidas para construir una democracia que se desmorona fácilmente cuando los intereses perversos aprovechan cualquier fisura para asaltar el Estado.

Bolivia es uno de los pocos países que no cuenta con un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, institución que permitiría que la población juvenil se entere de sus derechos y conozca la tenebrosa historia de los golpes militares que quedaron impunes. Las grandes fraseologías sobre la ética contractual y sus derivaciones no alcanzan para cicatrizar lo irremediable. Me hubiera gustado llevar a mis nietas a ese museo para que puedan entender por qué su madre y su abuelo muchas veces se ponen tristes y se quedan callados. Así hablaría solo con el corazón y nos entenderían y perdonarían por haber cometido el mayor pecado: luchar por una sociedad más justa sin saber que al hacerlo, estábamos lastimando a lo que más amamos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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La reciprocidad y la codicia

/ 29 de enero de 2023 / 01:27

La chola Caga Trapo y su hermano Tetera eran dos personajes que transitaban por las calles de la zona Norte en los años posteriores a la Guerra del Chaco (1932-1935). Ella se había ganado ese sobrenombre porque usaba ropa lujosa, sombreros Borsalino, adornada siempre con topos, pendientes y anillos de oro en sus dos manos. Arrastraba sus finas polleras barriendo las calles por lo pequeña que se había vuelto, acompañado de su hermano. El tiempo que no perdona a nadie le fue reduciendo de tamaño; los seres humanos no somos sanforizados y nos encogemos por la reducción del líquido sinovial que une las articulaciones. La Caga Trapo nunca se casó porque debía cuidar a su hermano que tenía problemas cognitivos y desconfiaba de sus galanes que se le acercaban atraídos por su riqueza. No era avara, era codiciosa, juntaba dinero y quería más para enjoyarse y comprarse ropa. Era una comerciante exitosa.

Esta historia me contaba mi abuela Olga, mientras molía la jallpahuayca para aderezar el picante surtido que devorábamos antes de visitar la feria de Alasita. Esta visita tenía un propósito: Íbamos a devolver al Iqiku los billetitos illas porque el abuelo decía que tenía suficiente para vivir y le sobraba trabajo, que el resto era codicia y el Iqiku te quita lo que pediste si acumulas sin medida.

La ambición, carente de integridad y de respeto, se convierte en codicia, en apetito insaciable que implica la sobrevaloración de uno mismo y en un deseo egoísta de poseer y consumir. Para la religión católica es un pecado capital por el exceso incontrolable de poseer; así la Biblia advierte: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan… No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mateo 6:19, 24b).

No es extraño entonces que los primeros que esgrimen la Biblia como escudo, están ocultando su codicia para justificar su voracidad a la hora de encaramarse al poder; lo vivimos de cerca durante el gobierno de facto que resultó ser un asalto a las arcas estatales y legitimado por sacerdotes con sobrepeso.

Estos excesos son impulsados por el sentido fundamental de privación, una necesidad de algo que está ausente o no disponible para nosotros y el deseo ferviente de obtenerlos estimula el afán de romper las normas éticas.

Parte medular de las disputas entre los grupos de partido de gobierno es precisamente la codicia por el poder, encaramados sin compromiso ideológico, privilegian sus intereses personales y debilitan la gestión del presidente al que dicen apoyar.

En la víspera del 24 de enero, muchas personas que visitan la representación del Iqiku en el campo ferial, le hacen llover billetitos illas e intercambian o regalan sus illas e ispallas de casas, semilla de papa, etc. Es la reciprocidad, no la acumulación.

La Alasita y el Iqiku son el preludio al Anata que coincide con el Carnaval originado durante la colonia, es el tiempo de jugar, del goce del cuerpo y el amor, cuando el sol convierte las flores en frutos, producto del esfuerzo humano para alimentar y compartir en el aptaphi, como acto de confraternidad y disfrute de los dones de la Pachamama y el esfuerzo humano.

La Caga Trapo, según el relato de mi abuela, tenía escogidos a un yatiri que ch’allaba y un cura que bendecía sus billetitos de Alasita. Ese dinero simbólico se multiplicaba y cada año repetía el rito. A diferencia de los políticos y burócratas corruptos, esta mítica señora trabajaba duro. Primero murió su hermano Tetera y ella quedó sumida en la pena y también falleció. No tenía hijos ni herederos y, cuando fueron las autoridades a su casa, encontraron habitaciones atiborradas de billetitos de Alasita, de ropa lujosa y una caja fuerte donde estaban sus joyas, que desapareció entre jueces y policías codiciosos. Del dinero de circulación legal no quedaba casi nada. La gente del barrio decía que era la warmi iqiku.

En 2017, esta fiesta ritual fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero no es parte del currículo educativo, seguramente porque los niños serán adoctrinados en la reciprocidad y a los grupos oligárquicos no les conviene por razones doctrinales codiciosas.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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¿Hasta cuándo, perejiles…?

/ 15 de enero de 2023 / 03:29

Hace 21 años, un político visionario puso en tapete una brillante idea, pero como siempre ocurre, nadie le tiró pelota, ni su propio gobierno del cual era vicepresidente. Me refiero a Julio Garrett Ayllón (1923-2018), quien acompañó a Paz Estenssoro en su tercera presidencia (1985-1989). Tuvo momentos importantes como político y muchas oportunidades para ejecutar varios proyectos, pero éste del que haremos un recuerdo ahora, considerado geopolíticamente importante y decisivo para consolidar un Estado, nunca fue puesto en práctica: ¿Demagogia o neoliberalismo de sus correligionarios? ¿O simplemente falta de visión prospectiva?

En un reportaje del extinto medio La Prensa, Garret Ayllón, entusiasmado por la comprobación de los enormes bolsones de gas que se encontraban en Tarija, propuso emplear este recurso energético para convertir al altiplano boliviano en un vergel, usándolo para extraer agua de las capas freáticas y generando la posibilidad de impulsar enormes complejos productivos y evitar la diáspora de sus pobladores a las ciudades del eje central para incrementar los cinturones de pobreza, acelerar el comercio informal, la desocupación y la subsecuente delincuencia. Puso como ejemplo a Israel y España.

Para conquistar el altiplano, que tiene mayor potencial que cualquier desierto, Garret avizoró:

— Antes que nada, tomar conciencia respecto a la grave situación por la que atraviesa Bolivia. Un país ensombrecido por el desarrollo desigual e inarmónico entre oriente y occidente, un desequilibrio que se reflejará en el campo político y podría llevar a la desintegración del país. Además de reconocer el potencial económico que abren las inmensas reservas de gas natural que se han certificado en el último tiempo. Hoy no podemos concebir a Bolivia sin el gas, ya que sería concebir a Venezuela sin el petróleo (… ) hoy (28 de julio de 2002) hay que plantear la conquista del altiplano como un objetivo nacional central para el país, tal como lo fue en la Revolución de 1952 el desarrollo del oriente. (…) Ayer la Revolución Nacional dio tierra (a los moradores del altiplano), hoy debe darles agua para que se incorporen a la economía.

Para esa etapa el gas no pertenecía al Estado boliviano, lo que planteaba un problema a resolver, ahora ese no es el caso.

Acotó que en Almería (España) una región desértica, fue transformada en un vergel y de ser la región más pobre de la península, se convirtió en exportador de berenjenas a Italia y otros productos en una extensión de 45.000 hectáreas de invernaderos, devenido en centro horticultor de Europa, transformando el agua salada del mar en agua dulce que, pese a su alto costo, es rentable.

Recordó que Julio Sanjinés Goitia inició el proceso de recuperación de la cuenca del Desaguadero y salvó ese territorio de la desertización con la construcción de represas para regular las aguas del Titicaca. Actualmente podemos ver que esta región, fronteriza con el convulsionado Perú, sigue postrada, más bien a florecido el contrabando como principal fuente de ingresos.

El altiplano boliviano está ubicado entre las cordilleras Real y Occidental de los Andes, los afluentes andinos nacen y terminan en el altiplano. Garret Ayllón recordó que Oruro se abastece de agua de los pozos de Challapampita y que todos los estudios hídricos señalan que el altiplano es un enorme reservorio de agua. Aseguraba que la principal lechería no está en Cochabamba, sino en Huancaroma, una pequeña población orureña.

Garret proponía lo siguiente: “(…) Hay que crear un régimen especial para la explotación del gas, con destino a la transformación productiva del país mediante la utilización de su potencial energético para la termoelectricidad y extraer agua del subsuelo altiplánico”. En el inicio de la década parecía una utopía, ahora ese proyecto es posible.

Los legisladores del occidente deberían “autoconvocarse” y debatir temas trascendentes para el desarrollo integral y armónico del territorio boliviano, en lugar de escenificar acciones circenses con la incorpórea oposición como público, provocando el rechazo de la población y proveyendo espacios a las fuerzas fascistas y conservadoras, y éstas justifiquen sus masacres y golpes de Estado. El presidente Arce debe tener un ámbito propicio para ejercer sus proyectos y evitar el viejo vicio de las gestiones de gobierno: acción y reacción, dejando de lado su programa de gobierno. ¡Hasta cuándo, perejiles!

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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La Traición (Bolero)

/ 1 de enero de 2023 / 01:15

Una tarde lluviosa de febrero, mi tío Fernando, totalmente empapado, apareció en mi taller. Con el brazo extendido como izando una bandera subversiva, solicitó que hiciera sonar un viejo casete: eran boleros cantados por Raúl Show Moreno. Ese día mi espíritu rockero fue desbancado para siempre.

Hasta el amanecer, mi adolorido tío —que siempre decía que amaba a todas las mujeres del mundo—, me confesó que estaba enamorado del amor y que había sufrido una traición. Sabía de memoria casi todos los boleros que contenía la cinta y su aire de melancolía era contagioso: remitía a desamores y serenatas que podían culminar en la cárcel o en el altar.

El bolero, cuyo ritmo de dos por cuatro, permite que bailes apechugado con tu pareja y provoques celos en algún novio malhumorado; en cambio, no sucede lo mismo con otros ritmos que apelan a los saltos, las acrobacias insólitas y de mal gusto que te alejan de tu compañera de baile. En la cadencia del bolero no es necesario que levantes los pies, puedes ir arrastrándolos al compás de la música y puede suceder que termines arrastrado por la mujer que te acompaña, por supuesto si tienes el talento para decir cosas bonitas a su oído. Si eres más petiso que ella, eso no importa, dependerá de tu capacidad poética y demagógica para convencerla y pararte en la punta de tus pies cada vez que el ritmo te permita.

Como todo ritmo popular, este nació en las barriadas y se lo cantaba en peñas y bares cubanos a mediados del siglo XIX. Se considera a José Vivanco Sánchez (Pepe) como el pionero y sus innumerables cultores la consolidaron, como Chavela Vargas, Javier Solís, Lucho Gatica y el inolvidable cantante boliviano Raúl Show Moreno que formó parte como primera voz de los míticos boleristas mexicanos Los Panchos.

A fines del pasado siglo, otros cantantes lo recompusieron, como Luis Miguel, Armando Manzanero que llegó dos veces a Bolivia, enamorado de una bella cochabambina que le doblaba en tamaño. Así, negrito y menudo, con su aterciopelada voz, cautivaba a la valluna. El problema era que yo también estaba enamorado de la dama y como soy un inútil a la hora de tocar la guitarra, compensaba esa falta con mi repertorio de las letras, ninguna de mis versiones la convenció, ni siquiera las melosas interpretaciones del gran Manzanero. Ambos fuimos traicionados, se casó con un señorito reaccionario que luego la dejó. Dicen que la traición nunca viene de tus enemigos. ¿Será cierto?

El pensador catalán Avishai Margalit escribió un tratado sobre la traición que la define más o menos así: “(…) es transversal a todas las culturas y épocas: implica socavar y debilitar la confianza que sostiene las relaciones que más nos importan. La traición es un concepto ambivalente: el traidor de unos es el héroe de los otros” (Sobre la Traición, 2017).

En tiempos bíblicos, una de las “traiciones” más famosas es la que le indilgan a Judas Iscariote, el intelectual de Jesús, que dicen que le vendió por 30 dinares a la clase dominante de la época y luego, arrepentido de su deslealtad, se ahorcó. Si algo parecido hubiera sucedido en Bolivia, lo más probable es que el traidor estaría pasándola bomba en Miami, custodiado por dos mulatas y echando humo de un Cohiba original en una playa privada. Judas tenía, indudablemente, un alto sentido ético de lo que había cometido, pese a las versiones del testimonio descubierto en el Mar Muerto que dice a su favor que esa entrega o traición era parte del plan para que Jesús se convirtiera en una bandera para continuar la lucha contra el imperio romano. Es decir que la traición también puede ser instrumentada para confundir al enemigo y a los amigos.

En Bolivia, los políticos que brillan en el circo parlamentario, se señalan entre ellos de traición. Opositores y oficialistas develan la podredumbre moral que la lucha por el poder engendra. Tal parece que el expresidente Morales, que tuvo una gestión importante, le cantara a la silla presidencial ese bolero que dice: Tú me acostumbraste a todas esas cosas y tú me enseñaste que son maravillosas… sutil llegaste a mi como una bendición… o ¿perdición?

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Revisaré la relación con mi suegra

/ 18 de diciembre de 2022 / 01:16

Ahora que se trata de revisar relaciones, lo primero que haré es convocar a mi suegra Cristina a que nos sentemos en una mesa redonda, sin yatiris ni asesores políticos para mejorar nuestras relaciones que, últimamente, por culpa de un politicastro que circula en motocicleta con su chica rubia atrás, como delincuente juvenil de los setentas, ha perjudicado nuestras relaciones y de muchas personas que viven en este territorio hermoso que le pusieron el nombre de Bolivia. Cuando fui a pedir la mano de mi flor camba kolla a Santa Cruz, mi futura suegra me miró de arriba abajo, entrecerrando los ojos, en tanto mis futuras cuñadas asomaban sus cabezas como hacen las hermanas de Margie Simpson. Como cholo chukuta for export que me considero, no perdí ni un segundo mi prestancia de moreno con matraca en ristre. Mis futuras cuñadas cuchicheaban en voz baja y sus risillas se escuchaban detrás de una palmera, mientras yo me estaba achicharrando por los 40 grados de temperatura veraniega, en tanto varios gatos de tonos grises me rodearon y arrimaban sus cabecitas entre mis pies y mis sandalias franciscanas; parece que este gesto rompió el hielo y la dueña de mi corazón hizo su aparición triunfal con su carita de gato japonés. Una vez formalizado el connubio, mi suegra se desplazó a La Paz a comprobar dónde y cómo iba a vivir su segunda hija de las cinco que tenía. Me dio el visto bueno, sobre todo por mi salita donde ensayo morenada y tuvo la gentileza de hacer resucitar un sillón que heredé de mi abuelo, tapizándolo bellamente y criticando mi costumbre de pijchar y akullicar coca, según el momento que se vive: —¡Ay! esa costumbre de in… y calló porque se dio cuenta de que en la salita estaba la foto de mi abuela, una chola quechua elegante y rubia andina.

Una de las tácticas más socorridas por los habitantes de Chukiyapu Marka es decir a la suegra oriental que el sorojchi mata y es terrible para las personas que toman soda (vicio inveterado de mi suegra) y que no es aconsejable que visiten esta ciudad de cóndores, cholos, indios y criollos que se creen españoles o gringos y grindios mascacoca.

A los dos años de matrimonio, la warmi ya estaba seducida por la morenada, a tal extremo que bailó ocho años en nuestra fraternidad, convirtiéndose además en una experta en el conocimiento de la coca, gracias a las enseñanzas de Cayo Salamanca, maestro músico y dueño del mítico boliche Bocaysapo y las vendedoras del mercado de la coca de Villa Fátima. Tres elementos son claves: forma, color y sabor.

Tengo que revisar mis relaciones con mis compadres de Santa Cruz que escucharon sin chistar los ofrecimientos de su motoquero que sacó el 14,00% en las elecciones generales del 2020 y fue rechazado por los otros ocho departamentos por sus métodos violentos durante el golpe de 2019. Queda claro que solo lo aceptaron en Santa Cruz y le premiaron con el cargo de gobernador, vaya uno a saber por qué. Cada pueblo se merece lo que elige y tiene la oportunidad de revisar sus relaciones.

En los cabildeos para aprobar una ley censal —innecesaria, jurídicamente— unas boquitas pintadas vociferaban expulsando su odio al expresidente Morales, azuzadas por detrás por un monaguillo pajla y ultraconservador que desafió a golpes a su colega. Gracias a este escenario circense comprobamos que es una realidad la cuarta bancada, nacida del oficialismo, como también una subnación croaceña que tiene a su reina Pavisic, que reclama el trono y debe ser coronada como la reina de esta subnación que no masca coca, son rubios y hablan inglés croaceño; seguramente llegará el momento en que deban revisar sus relaciones, pero no sabemos con quién y cuándo. ¿Experimento social?

Hace muchos años que los habitantes deseamos revisar nuestra relación con el Estado boliviano, invento macabro de un grupo hegemónico al que nos costó sacarle conquistas sociales que fueron regadas con sangre de los más vulnerables. La relación más profunda que debemos cambiar y no revisar, es con la exuberante naturaleza que nos cobija y nos alimenta, y lo seguirá haciendo con nuestros hijos y nietos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Las mentiras no tienen patas

No sabemos si los asesores del Presidente están enterados del perfil humano del gobernador cruceño Camacho.

/ 20 de noviembre de 2022 / 00:54

Hace muchos años, en una charla que dio Marcelo Quiroga en la Escuela Fabril, remarcó un aspecto ético de los revolucionarios: “Aunque la verdad esté en contra de un revolucionario, este no debe mentir porque provocará descreimiento y desconfianza. Mentir al pueblo es una afrenta que puede ocasionar, inclusive derramamiento de sangre”. Esas palabras siguen resonando hasta ahora.

Una de las fragilidades más evidentes en los dos años de gobierno del presidente Luis Arce es la ineficiencia de varias instituciones estatales, entre ellas el Instituto Nacional de Estadística (INE) que juró y rejuró que el Censo estaba listo para este año en noviembre, es decir, nos estaban engañando porque no era cierto.

El director ejecutivo no fue capaz de informarle al Presidente que eso no era posible por las limitaciones de varios órdenes; prefirió seguir mintiendo hasta ofrecer en bandeja un argumento estupendo a los opositores que recibieron esta oferta para reorganizar a las fuerzas de la ultraderecha con el pretexto censal y mentir ocultando los verdaderos propósitos de la movilización. No sabemos si los asesores del Presidente están enterados del perfil humano del gobernador cruceño Camacho, con el que deben negociar y que se devela exteriormente por estos rasgos: colecciona armas de fuego, automotores y matrimonios, lleva constantemente una especie de rosario, muy parecido al que cargaba Guillermo Bedregal, el genocida de la masacre de Todos Santos (1979). La Biblia, como instrumento de temor y persuasión a la sociedad empobrecida, siempre es utilizada por los sectores conservadores para engatusar. No sabemos si conocen el versículo que dice que no se debe mentir porque: “El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz y sígala” (1 Pedro. 3:10-11). Así, el Antiguo Testamento condena la mentira en cuanto contradice y, de manera especial cuando destruye: “No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Éxodo 20:16; Levítico19:12).

Como estos versículos existen decenas y se considera un pecado venial que nadie teme.

Otro tanto ocurrió con la ley de ganancias ilícitas, las autoridades anunciaron que estas medidas fueron socializadas y no era real; la oposición también recibió un regalo estupendo para erosionar la gestión del oficialismo.

Así como se miente en los ministerios troncales del Estado, en los niveles pequeños o michi poderes de la gestión pública, las prácticas mentirosas sirven para salir del paso y solo evidencian la pésima gestión en la mayoría de las reparticiones estatales y devela la podredumbre moral. Siglos de ineficiencia y desorden repercuten en la debilidad del Estado que no termina de consolidarse.

Por ejemplo, hace dos años que intentamos sanear la compra de un lote adquirido de una federación en 2001. Después de un agotador periplo por notarías, abogados, federaciones, alcaldías, no logramos nada. Este extremo se volvió un argumento superior a la célebre novela de Kaffa, El proceso, cuando un error simple de una escritura pública era imposible de enmendar, pese a que existe un acápite de la ley que otorga competencia a la notaría de hacerlo; el error fatal es que en ella dice solteros y no casados. Ante la negativa de la enmienda tuvimos que recurrir a la Dirnoplu (Dirección del Notariado Plurinacional) para que la autoridad ejecutiva, como fiscalizadora, verifique que la notaría está incumpliendo su competencia. Pasó casi un mes y nos informaron que la respuesta estaba lista; no era cierto, nos engañaron. Cuando conversamos con un “servidor público”, el abogado Boris Díaz nos dijo que esos reclamos los consideraba escritos en papel higiénico, en un manifiesto desprecio por el público que se ve impotente ante la incompetencia y menosprecio. Es fácil imaginarse el trato a los bolivianos que llegan del área rural a reclamar por sus trámites. ¿Confiarán en un Estado con esa clase de funcionarios? ¿Sabrá la máxima autoridad ejecutiva de la Dirnoplu, el exsenador Barón, el nivel ético de sus funcionarios? ¿Estará enterado el presidente Arce Catacora que en muchos ministerios e instituciones del Estado este tipo de funcionarios le erosionan su gestión y son parte de una silenciosa campaña de desprestigio?

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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