Voces

sábado 14 may 2022 | Actualizado a 02:14

El Centro no existe

/ 14 de mayo de 2022 / 02:13

Esta podría ser una de las conclusiones del resultado electoral reciente en muchos países en América Latina. Una vez me contaron un chiste (muy malo) sobre la importancia relativa que podría tener el valor promedio en algunos casos donde predominan los valores extremos. Si vas a comer carne con un amigo vegetariano, y tú te comes un kilo de un buen asado, pero tu amigo nada de nada, entonces, el promedio nos diría que cada uno se comió medio kilo de carne. En conclusión: a las estadísticas hay que saber usarlas. Y no abusar de ellas, sin sentido. No siempre el promedio es estadísticamente significativo.

Con el “Centro” ocurre algo parecido. En política, y en particular en el campo electoral, se abusa del concepto de “Centro”, como si existiera por una cuestión aritmética. Justamente, como si se tratara de una ubicación ideológica promedio, que está a mitad de camino entre un extremo y el otro. Sin embargo, esto no es habitual en América Latina. ¿Por qué? En gran medida, por una triple razón.

1). En lo económico, los países de la región tienen distribuciones de las condiciones de vida y del ingreso con un alto grado de polarización. Es decir, muchos con poco y pocos con mucho. Esto implica que la media está muy distante de la mediana, lo que pondría en jaque la hipótesis de la existencia de un votante típico, representativo de la sociedad. Dicho de un modo más coloquial: no hay votante “centrado”, porque el “Centro” es la consecuencia de una función estadística que no se corresponde con la realidad. Se interpela a una sociedad que no existe. Se le habla a una clase media como mayoritaria cuando lo que hay es una mayoría que está empobrecida.

2). Lo que Lakoff llama la biconceptualidad. Hay gente que piensa ideológicamente de una manera en un asunto y de otra ante otro bien distinto. Se puede ser progresista a favor de más y mejor Estado en materia de salud pública, pero conservador en términos de velar por la seguridad en las calles. Esto no implica de ningún modo que exista una “persona de Centro”. Nada que ver. De lo que se trata es que una misma persona puede utilizar un sistema moral en un ámbito y otro sistema moral en otro. Y, por tanto, hay que saber interpelar al sistema progresista de valores en vez de hablar con una “moderación” ilusoria.

3). Que la ciudadanía esté alejada y disociada de los debates recurrentes por parte de cierta clase política no significa que sea de “Centro”. Ni que esté despolitizada. En cada asunto, cotidianamente, la gente se posiciona. Con claridad y vehemencia. ¿O alguien conoce cómo sería “ser de Centro” en temas como el aborto, el abuso de las comisiones bancarias, la inseguridad ciudadana, los precios tan elevados de los alimentos, los bajos ingresos, la falta de salud o educación, el problema de los cortes de luz, la corrupción, etc.?

El nuevo progresismo latinoamericano afronta el siguiente reto: no caer en la idea de un “Centro” como espacio predominante. Porque si se acepta —como lo defienden las “usinas fanáticas centristas”, como les llama Stiglitz—, cometeríamos un error epistemológico imperdonable: asumir que se gobierna en un país, pero la gente vive en otro.

En este sentido, quien no se equivoca es el presidente AMLO en México; logró un histórico de votación en 2018 sin acudir al Centro y polarizando contra un modelo injusto y caduco. Y aún mantiene su alta imagen positiva sin necesidad de ello. En Bolivia, tanto con Evo como ahora con Luis Arce, lo mismo: el eterno intento de Centro de Carlos Mesa siempre quedó lejos de la mayoría. En Perú, las opciones de Centro no pasaron a segunda vuelta (ni Guzmán ni Forsyth ni De Soto). En Chile tampoco (ni Parisi ni Provoste). En Ecuador, lo mismo (ni Hervás ni Yaku). Y en Colombia, el Centro (por la Esperanza) fue el espacio político menos votado en la consulta que tuvo lugar en marzo. Gustavo Petro, por el contrario, sin buscar el Centro logró una votación récord para la izquierda con una clara propuesta. Y aún sigue siendo el máximo favorito para ganar en la próxima elección presidencial.

Este fenómeno podría servir como advertencia para lo que pueda pasar en Brasil —en las elecciones presidenciales de octubre— y también en Argentina, de cara al próximo año. Es decir, caer en la trampa de querer buscar un Centro que no existe.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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Sobre lo posible

/ 4 de abril de 2022 / 01:07

Se trata de un viejo debate que sigue más vigente que nunca: lo que es posible o imposible. Lo que se puede o no se puede. Un constante forcejeo, propio de la política, que define horizontes, correlación de fuerza, lealtades, identidades y, lo que es más importante, mejoras en el día a día de la gente.

Nos decía el exvicepresidente e intelectual boliviano Álvaro García Linera, en la presentación del magnífico libro del Celag, La mano visible de la banca invisible, escrito por Guillermo Oglietti y Sergio Martín Páez que, en términos físicos, es sencillo discriminar entre “la frontera de lo imposible y la apertura de lo posible”. Sin embargo, añadía que, en el terreno de lo social y lo político, esta diferenciación no es tan objetiva, porque depende en gran medida de las ataduras mentales y de los marcos cognitivos conservadores que, definitivamente, recortan “las posibilidades de lo posible”.

El “no hay alternativa”, como mandato pregonado desde la racionalidad neoliberal es, precisamente, el argumento predominante para achicar el campo de las transformaciones posibles. El que tiene como objetivo impedir cualquier ruptura cognitiva que nos abra otras opciones para hacerlas viables.

He aquí donde está el gran desafío para la nueva ola progresista en América Latina: no tolerar ni asumir que todo lo posible sea considerado como imposible. O, dicho de otro modo, evitar que cualquier intento de cambiar el orden actual sea catalogado como imposible, insensato, radical. Este estigma limita. Condena. Restringe. Conserva.

Porque de ser así, lo políticamente correcto quedará validado únicamente según el marco cognitivo hegemónico. Y todo aquello lo que no satisfaga ese principio será considerado como inadmisible, o no pragmático.

En Argentina, este dilema está vivo. La pugna política está servida.

Van aquí algunas preguntas con el ánimo de llevarle la contraria a los fanáticos de lo imposible.

¿Es posible eliminar la exención en el impuesto a las ganancias que goza el Poder Judicial en Argentina, y recaudar 42.000 millones de pesos (0,11% del PIB o 4,15% del total del gasto tributario)?

¿Es posible hacer que los grandes conglomerados empresariales en Argentina paguen el tipo impositivo legal, 30%, en vez de lo que están realmente pagando, el tipo efectivo real, 4,1% (año 2019)?

¿Es posible aplicar en Argentina el tipo impositivo a las ganancias de la banca privada que tiene Bolivia, para obtener en una década la mitad de lo que se le debe al FMI?

¿Es posible limitar el cobro de comisiones y tasas de interés usureras a la banca y otras entidades financieras para aliviar el problema de la deuda de los hogares que afecta a la gran mayoría? ¿Es posible un plan urgente para resolver esa asfixiante deuda familiar?

¿Es posible aumentar el salario mínimo a 100.000 pesos por mes? (como primer paso para compensar el desequilibrio entre la masa salarial acumulada en el periodo 2016-2021 (335%) y el crecimiento de los precios (474%) y los beneficios empresariales (523%).

¿Es posible imponer multas notables sobre las prácticas oligopólicas en materia de precios de bienes básicos?

¿Es posible fijar otras condiciones de juego para unas pocas empresas distribuidoras de electricidad que dejan sin luz a la gente de manera frecuente?

¿Es posible disponer de una agencia pública de vivienda que logre que este mercado no sea beneficioso solo para unos pocos?

Todo es posible.

Posible no es lo mismo que sencillo. Ni fácil. Y sin oposición. Es el arte de jugar en la política. Todo depende de la voluntad y, también, de la audacia. Si le damos ventaja a lo imposible, lo posible acabará perdiendo. Y el progresismo también. 

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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El plebiscito en América Latina

/ 30 de diciembre de 2021 / 19:38

Saber elegir el eje sobre el cual plebiscitar es fundamental, tanto en términos políticos como electorales. No todas las preguntas ordenan a la población de la misma manera.

La construcción de una mayoría parte de esta caracterización, identificando con la mayor precisión posible qué ejes distribuye de una manera u otra. Pero siempre sin descuidar una máxima: esto no se trata de un juego de mesa en el que el único objetivo es ganar la partida, aunque sea renunciando a tus ideas. Dicho de otro modo: un proyecto político se basa en sus convicciones.

Un buen ejemplo para entender mejor esta discusión política es lo ocurrido recientemente en Chile. El progresismo acertó en la definición del plebiscito planteado a la ciudadanía, en base a tres dimensiones correlacionadas entre sí: 1) Sí o No a la vuelta a las ideas pinochetistas; 2) Sí o No a un modelo económico neoliberal fallido, caracterizado por una bonanza macroeconómica con gran malestar microeconómico; y 3) Sí o No a nuevas reglas constitucionales.

Lo más consistente de esta forma de construir mayoría fue que la primera fase tuvo una base genuina. La gente dijo ‘basta ya a un modelo’ en movilizaciones sociales que desbordaron la lógica partidaria vigente hasta entonces. Eso posteriormente tuvo su correlato en el referéndum, que tuvo lugar finalmente el 25 de octubre de 2020, donde se votaba a favor de la redacción de una nueva Constitución con participación de todos los sectores de la sociedad. La mayoría fue evidente: el 78,28% dijo Sí.

En esa misma senda, está lo acontecido recientemente con las elecciones a la Presidencia. De nuevo, el plebiscito estuvo bien fijado, en base a los ejes previamente comentados. Y la mayoría votó con porcentajes idénticos a los resultantes en 1988, cuando se decidió la continuidad o no en el poder de Augusto Pinochet. En aquella ocasión, fue un 55,99% en contra de la dictadura y un 44,01% a favor. Esta vez, el resultado es el mismo (Boric 55,9% vs. Kast 44,1%).

El progresismo chileno encontró, así, un eje plebiscitario sobre el cual forjar una gran mayoría. Pero este es su punto de partida, que no de llegada. La clave, a partir de ahora, será seguir buscando y encontrando cuáles son los nuevos ejes que habiliten poco a poco una mayor cohesión de la mayoría lograda, y, al mismo tiempo, dedicar el máximo esfuerzo para convencer, argumentar y persuadir en aquellos otros ejes en los que son minoría. Porque la política también es eso. No solo hacer clic con una mayoría existente, sino conformarla hacia delante en aquellos principios afines.

Este enfoque es válido para Chile y para otros procesos en América Latina. En cada país hay un plebiscito que detectar.

Se ha logrado en Perú, donde la victoria electoral de Pedro Castillo reflejó que hay una mayoría que no quería caminar más por el sendero neoliberal. Seguramente ese era el único plebiscito que se podía ganar, juntando a tantas corrientes variopintas. Y, de ahora en adelante, estamos en “veremos”, según se sigan fabricando mayorías sobre temas puntuales que preocupen a la ciudadanía.

O en Bolivia, donde el 55% dijo No al golpe de Estado y al gobierno de facto resultante. Ese porcentaje no es exactamente el que apoya al MAS. Y eso se puede comprobar en la diferencia de 7 puntos que hubo entre las elecciones de 2019, con Evo ganando con el 47%, y el valor con el que ganó Luis Arce (55%). Los ejes plebiscitarios fueron diferentes y los resultados también.

En Argentina, el antimacrismo fue el eje elegido para la victoria del Frente de Todos de 2019. Y después, probablemente haya costado encontrar nuevos marcos plebiscitarios para seguir consolidando políticamente la mayoría electoral. He aquí el desafío hacia delante que tiene el proyecto progresista en este país: hallar asuntos relevantes que sirvan de “punto de encuentro” entre los distintos electores y sectores del Frente.

El contraejemplo es Ecuador. La línea divisoria en la última cita electoral no se logró ubicar donde más le convenía al progresismo por múltiples razones. Por ejemplo, se planteó un plebiscito contra Lenín, pero eso no garantizó la victoria del correísmo, porque, en parte, una porción de la ciudadanía no los consideró totalmente diferentes. Otro ejemplo es la elección del lawfare como eje plebiscitario, que no siempre es efectivo para ordenar mayorías.

Y el próximo año tenemos elecciones presidenciales en dos plazas importantes: Colombia (mayo) y Brasil (octubre). Tanto Petro como Lula tienen claras opciones de victoria, según todas las encuestas. El plebiscito que se logre instalar será definitivamente determinante para saber si se logra la mayoría electoral suficiente para comenzar a gobernar con proyectos diferentes al neoliberalismo. Veremos.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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La izquierda y la derecha en la política argentina

/ 23 de noviembre de 2021 / 01:10

Cada vez que intento analizar la política argentina, llego a la misma conclusión: además del omnipresente marco del peronismo, no debemos perder de vista todo lo que podría explicarse desde el clivaje tradicional entre izquierda y derecha.

La hipótesis de partida es que el reciente resultado electoral de las legislativas dibuja un panorama político claramente alineado en cuatro bloques ideológicos: la izquierda, el centroizquierda, la derecha, y la extrema-derecha.

1) La izquierda. Es uno de los grandes ganadores de esta elección. Está encarnado en el Frente de Izquierda (FIT). Ha logrado obtener 1,4 millones de votos. Se constituye así en una fuerza política nacional con voz y voto.

2) El centro-izquierda. Que abarca un espacio más amplio y heterogéneo, con sectores que son tan de izquierdas como los que podríamos encontrar en el FIT; con otras facciones más defensoras de una línea socialdemócrata; y con otra parte en sintonía con esos “fanáticos centristas”, como los llama Stiglitz, más cercanos a una opción socioliberal. Toda esa amalgama conforma el Frente de Todos, en el que hay peronistas de izquierda, peronistas de centro, radicales socialdemócratas, y también gente de izquierda no peronista. Sumaron 7,8 millones de votos.

3) La derecha. Está representada por la coalición Juntos por el Cambio. El núcleo central reside en una corriente de derecha tradicional que presenta dos caras, una más radicalizada que la otra, pero sin grandes diferencias en su corpus teórico neoliberal. En esta alianza también participan peronistas y radicales de derecha. Obtuvieron 9,8 millones de votos.

4. La extrema derecha. Muy alineada con los valores del trumpismo. Se exhiben como libertarios, pero en el fondo son ultraconservadores que no saben convivir con los principios democráticos básicos. En Argentina, se llaman Avanza Libertad y La Libertad Avanza, “tanto monta, monta tanto”. Consiguieron 1 millón de votos.

Y aún nos falta un quinto bloque, imprescindible para descifrar la ecuación completa: el “abstencionismo nuevo”. Nos referimos a aquel ciudadano que iba a votar habitualmente pero que, tanto en las elecciones PASO como en las recientes legislativas, prefirió quedarse en casa. Si comparamos los datos 2021 con 2017 (no con 2019, por coincidir con las presidenciales), el “abstencionismo nuevo” supone unos 2 millones. Es decir, casi un 6% del padrón electoral, del que todavía no sabemos a ciencia cierta si se trata de un fenómeno coyuntural o perpetuo.

La resolución en los próximos tiempos de este dilema será determinante en la disputa izquierdaderecha. Si el “abstencionismo nuevo” pasa a ser crónico en los próximos años, entonces, la sumatoria de votos de la derecha y extrema derecha (10,8 millones) superaría a la de la izquierda y centro-izquierda (9,2 millones). Esta potencial correlación de fuerzas indudablemente tendría su correlato en posiciones en relación al Estado y las políticas sociales, la política exterior, el modelo económico, etc.

La única manera que tiene la izquierda de modificar esas proporciones actuales es sintonizar políticamente con gran parte de su exelectorado (el que no fue a votar). ¿Cómo? No hay receta simple para tan mayúsculo desafío. Pero sí hay una premisa básica: ocuparse de lo que cotidianamente preocupa a la gente, y hacerlo bajo los principios que les permitieron conformar mayoría en un pasado no muy lejano.

Las posiciones de izquierda y derecha siempre dependen del tema en cuestión. Como dice Lakoff, no siempre una persona es de una ideología en todo. Hay más contradicción de lo que presuponemos. De ahí la importancia de la “agenda”. La clave está en instalar asuntos que atañen a la gente y salir de burbujas mediáticas que distraen la atención de lo verdaderamente importante. ¿Por qué no hablar de la deuda que tienen las familias en Argentina en vez de debatir hasta el cansancio si el populismo es bueno o malo? Seguramente, existe una mayoría de izquierdas que no está de acuerdo en las prácticas abusivas de unos pocos bancos.

Vienen por delante dos años de alta intensidad política. Y aunque no hay duda que habrá debate garantizado en torno al peronismo, kirchnerismo, radicalismo, trotskismo, macrismo y libertarios, también sería apropiado no perder de vista el viejo clivaje clásico, de izquierda y derecha, porque nos ayuda a entender cómo se ordena el tablero político argentino. Y, lo que es más importante, cómo evolucionaremos en cuanto a los temas fundamentales para el día a día.

En fin, esta es otra forma de explicar lo de la grieta..

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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Evo, operación rescate

‘Todos compartíamos un estado de ánimo trastornado entre la alegría y la tristeza al unísono’.

/ 7 de noviembre de 2021 / 19:01

DIBUJO LIBRE

Había que valorar las diferentes alternativas y tener la autorización de cada país para atravesar su espacio aéreo. Aunque, antes de todo eso, debíamos asegurar que el aterrizaje en Asunción se llevara a cabo sin ningún tipo de incidentes.

Todo parecía bien atado, pero aún tenía una pequeña preocupación: Evo, Álvaro y Gabriela estaban sin pasaportes. Se me había grabado lo que me había dicho Álvaro en una de las tantas llamadas que nos hicimos a lo largo del día: “Hermano, ni pasaporte ni cédulas. Salimos con lo puesto. Nunca pensamos que íbamos a salir del país”. Más claro, agua.

Eso me generaba un cierto cosquilleo. Todo estaba pactado con Paraguay, pero nunca se sabe si el funcionario de turno, a quien le toca atender la situación en el aeropuerto, hace caso omiso a una instrucción superior, la desconoce o no la conoce, o no dimensiona que se trata de un tema de Estado.

En ese tiempo, mientras el vuelo seguía su ruta entre Chimoré y Asunción, nos dedicamos a lograr todos los planes de vuelo que fueran necesarios. Las diferentes embajadas de México en la región estaban trabajando sin cesar para que la operación llegara a buen puerto.

Aunque es cierto que todavía teníamos la adrenalina a flor de piel, se percibía en el chat de whatsapp llamado AHU-EVO un tono más relajado; tanto fue así que incluso nos concedimos un tiempo para pensar en la importancia de lo que estaba gestándose en esos momentos, un nuevo capítulo de la Historia geopolítica de América Latina.

(…)

Desde los cielos no llegaba ninguna noticia, y esa era la mejor noticia posible. Se acercaba la una de la madrugada y estábamos a la espera del aterrizaje en Asunción. Los mensajes y llamadas se sucedían. Venían de todas partes, y muy especialmente desde el continente latinoamericano, que estaba con todos los focos puestos en esa secuencia.

(…)

La siguiente buena nueva ya me agarró en casa.

[12/11/19 01:24:42] Alfredo Serrano: Esperamos confirmación de nuestro piloto estrella?

[12/11/19 01:30:08] Alfredo Serrano: La tenemos?

[12/11/19 01:30:46] Piloto Froy Sacar Evo: Hola. Llegando.

[12/11/19 01:31:06] Efraín Guadarrama Mx:

[12/11/19 01:31:46] +59162001778:

[12/11/19 01:32:10] Alfredo Serrano: Esoooooo!!!

[12/11/19 01:32:12] Max Reyes: Bien, Froy.

[12/11/19 01:32:31] Alfredo Serrano: Muy muy contentos… Avisa por fa cuando aterrices…

[12/11/19 01:35:03] Alfredo Serrano: Froy, aterrizaron? O estás en eso?

[12/11/19 01:35:10] Piloto Froy Sacar Evo: Aterrizamos.

Ahora sí. Evo estaba con vida, así como Álvaro y Gabriela, y fuera de Bolivia. Nos parecía mentira. Pensé que era muy tarde para llamar a Alberto y opté por mandarle un mensaje:

[12/11/19 01:36:11] Alfredo Serrano: Buenísima noticia!!! Ya tenemos el avión en Asunción, aterrizado… Qué alegría!!

[12/11/19 01:38:23] Alberto Fernández: Ufff, por fin… Ningún problema en la llegada??

[12/11/19 01:39:11] Alfredo Serrano: Todo perfecto.

[12/11/19 01:39:49] Alberto Fernández: Lo conseguimos!!!!!! Evo con vida a salvo!!!

[12/11/19 01:40:12] Alberto Fernández: Y cuándo salimos a México? Recuerda que tenemos el permiso para sobrevolar Brasil.

[12/11/19 01:41:11] Alfredo Serrano: Sí, sí, ya estamos con eso. Estamos preparando.

La ruta de vuelta debía evitar pasar por Bolivia; esa era la única limitación. No tenía ningún sentido volver a atravesar ese espacio aéreo después de lo que nos había costado salir. El recorrido se haría más largo, pero merecía la pena, por seguridad.

Quería hablar con Álvaro, pero sabía que su teléfono no estaría activo en el extranjero. Le pedí a Froylán que lo hiciéramos a través del suyo. Pude intercambiar unas palabras que me sirvieron para testear su estado de ánimo, que era más bien contradictorio: dichoso por haber salvado la vida de Evo, pero también afligido por dejar su país, por saber que partían con una derrota a cuestas. Me sorprendió su capacidad para evaluar con perspectiva histórica ese momento.

Todos compartíamos un estado de ánimo trastornado entre la alegría y la tristeza al unísono. Sin embargo, un sentimiento compartido reinaba en el ambiente: la satisfacción plena por haber realizado con éxito los propósitos que nos habíamos autoimpuesto la noche anterior. Apenas habían pasado algo más de veinticuatro horas. Nos parecía una eternidad, una inmensidad.

En Asunción todo transcurrió sin ningún contratiempo. No pidieron pasaportes a los pasajeros, repostaron el combustible con gran velocidad y autorizaron el vuelo una vez que se cumplimentaron todos los trámites administrativos.

[12/11/19 01:58:33] Piloto Froy Sacar Evo: Me dicen el canciller de México hay permisos de sobrevolar Perú-Brasil y Ecuador.

Todo estaba en orden. Los permisos de sobrevuelo de tres países estaban concedidos. Ahora solo faltaba materializarlos, o sea, lograr el documento que lo acreditara formalmente para cada país.

Se habían enviado los formularios de solicitud de sobrevuelo a todas las autoridades competentes de los tres países en cuestión. Y recibíamos con júbilo y algarabía cada autorización concedida, como si fueran goles de nuestra selección en un mundial de fútbol.

Ya habían pasado las cuatro de la madrugada, de ese lunes a martes, y estábamos a la espera de los permisos. El primero en llegar fue el de Brasil; luego, a los diez minutos el de Perú. Y faltaba el de Ecuador. Se hizo esperar, pero llegó a las 4:37.

[12/11/19 04:39:00] Piloto Froy Sacar Evo: Ya nos vamos.

[12/11/19 04:39:04] Efraín Guadarrama Mx: Vamos!!!

[12/11/19 04:40:18] Pari Diego Bolivia canciller: Muchas gracias!!!

[12/11/19 04:41:23] Piloto Froy Sacar Evo: Gracias a todos.

[12/11/19 04:43:41] Piloto Froy Sacar Evo: Iniciamos.

[12/11/19 04:44:01] Efraín Guadarrama Mx: Buen viaje.

[12/11/19 04:44:13] Alfredo Serrano: Gracias gracias gracias gracias. Solo sé decir gracias y más gracias.

[12/11/19 04:52:24] Pari Diego Bolivia canciller: Muchas gracias!!!

[12/11/19 04:52:31] Piloto Froy Sacar Evo: En pista.

[12/11/19 04:55:12] Piloto Froy Sacar Evo: Despegando.

(*) Este es un fragmento del libro Evo Operación Rescate. Una trama geopolítica en 365 días (Editorial Sudamericana), de Alfredo Serrano Mancilla. Se narra el momento en el que el avión mexicano había partido de Bolivia, con Evo, Álvaro y Gabriela, con destino a Paraguay. El objetivo era parar, repostar y luego tomar rumbo a México.

CELAG, Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica.

 (*)Alfredo Serrano M. es economista, director del CELAG (*)

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Argentina, entre PASO y PASO

/ 9 de septiembre de 2021 / 01:24

Estimar el resultado de una elección legislativa siempre es una tarea altamente compleja. Si, además, se trata de unas PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), entonces, es casi misión imposible. Sin embargo, nada ni nadie es capaz de detener el “espíritu insaciable adivinador” de las encuestas. Contra viento y marea, lo importante es presentar una cifra sea como sea, aunque ésta tenga que afrontar una apatía generalizada de la ciudadanía ante una contienda electoral. Es decir, hay que hacer lo que sea para obtener respuestas, aunque las preguntas no sean de interés para los encuestados.

En Argentina, hace varias semanas que comenzó el baile de números en relación a la intención de voto de las principales fuerzas políticas de cara a las PASO a nivel nacional y también a escala provincial. Hay para todos los gustos y colores. Muchas de ellas arriman el agua a su molino. Esto es, fuerzan sus números para contentar a su contraparte, sea porque les paga o porque les simpatiza, hasta al punto, por ejemplo, del inolvidable ridículo que hizo Management & Fit precisamente en unas PASO, en las presidenciales de 2019, cuando auguraba empate técnico y al final acabó ganando el Frente de Todos por más de 16 puntos.

Nosotros, como CELAG, también hemos participado en este festín, pero a nuestra manera. Quiero decir: nuestra obsesión no es dar con precisión un número de cara a las PASO; nuestro objetivo es caracterizar el panorama político y electoral en el marco de las legislativas, con sus dinámicas y tendencias.

Para ello, hemos realizado una encuesta en estas últimas semanas (2 al 23 agosto), a nivel nacional, con 2.002 casos, con sistema CATI (Computer Assisted Telephone Interview). (Ésta podría considerarse como la segunda fórmula más confiable para entrevistar, muy por encima del aluvión de encuestas IVR (Interactive Voice Response) y las que se hacen “por internet”; lo ideal es lo presencial, pero aún estamos en tiempo de pandemia).

A partir de este estudio, nuestras principales hipótesis se podrían resumir en tres ejes. 1) En relación al reparto de las dos fuerzas más destacadas, el panorama es parecido al de las presidenciales de 2019: a) El Frente de Todos continúa con un nivel de fidelidad muy similar al de hace dos años. Posee un piso muy sólido y elevado (30-33% sobre el padrón electoral) y, a partir de ahí, tiene margen para alcanzar la votación lograda en 2019. Ese “voto probable” sigue estando cerca, a pesar de ser más crítico. b) Juntos por el Cambio conserva su núcleo duro, pero presenta una gran dificultad para ampliar su base. No logra transitar a ser un “Frente”, que sume y amplíe, y por ahora se queda en una suerte de “Mínimo Común”, muy anclado en lo que aportan Macri y Bullrrich, quienes siguen estancados y con una imagen positiva baja. Larreta y Vidal tienen mejor imagen, pero aún no comandan ni les dejan. La disputa interna está servida.

2) En relación al presidente y la vicepresidenta: a) Alberto Fernández cuenta con mayor apoyo (visto en imagen, sentimientos positivos y atributos) que el porcentaje de votos que obtuvo en las elecciones de 2019. Muchos ven su caída de imagen desde inicios de 2020 como una catástrofe. Sin embargo, no tienen en cuenta que no se pierde lo que no se tiene. La imagen positiva de 70-90% es pura ciencia ficción, algo efímero. En política, un 50% de imagen positiva después de dos años vale más que un 90% momentáneo, como el que se puede tener en plena luna miel al inicio del mandato. El Presidente logró estabilizar su imagen positiva en 46% luego de la caída provocada por la “foto en Olivos”. b) Por su parte, Cristina Fernández continúa con estabilidad en su imagen y su nivel de apoyo desde 2019 hasta hoy en día. Es una base leal innegociable que supone el núcleo sobre el que se edifica el “Frente Ampliado”.

3) En lo económico, tres dimensiones: a) Las necesidades económicas están encima de la mesa. Se valora algo mejor la gestión económica de lo cotidiano, pero aún es insuficiente. Precios de medicamentos y alimentos y salarios/empleo es lo que más preocupa a las familias. Y también el endeudamiento creciente para afrontar gastos básicos. b) La combinación de herencia macrista y pandemia es hasta el momento considerada como la principal responsable de la actual situación económica. Pero seguramente esto no persistirá por mucho tiempo más. c) La sociedad sigue manteniendo sentidos comunes progresistas (aprecio por el rol del Estado, necesidad de más salud pública, el “cepo” es necesario, no podemos pagar la deuda al FMI a cualquier coste —éste tiene una imagen negativa muy alta—).

En el CELAG consideramos que lo que salga de las PASO, primero, y de las legislativas, después, será parecido a la fotografía de octubre 2019, con un más-menos propio de singularidades de cada cita electoral (caída de participación, aparición de otras iniciativas electorales, el componente territorial). Las presidenciales de 2023 aún están demasiado lejos.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

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