Voces

miércoles 22 jun 2022 | Actualizado a 02:53

Nacimiento doloroso

/ 22 de mayo de 2022 / 00:34

Cuando la madre gestante, por diversas razones, tiene dificultad para dar a luz a un nuevo ser, los obstetras usan un aparato llamado fórceps obstétrico.

Fórceps significa tenaza en lengua sajona, o utensilio de herrero; también, formado por las palabras latinas formus + capere forman el verbo agarrar. Este tétrico instrumento está destinado exclusivamente a la extracción de un feto vivo que sirve para culminar el nacimiento por parto vaginal o por cesárea. Es un nacimiento que provoca un dolor extenuante, muchas veces pone en riesgo a la madre gestante.

Algo parecido sucede con la consolidación y nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia, cuya resistencia de las fuerzas conservadoras trató de impedir su parto durante los sucesos de 2008, en Sucre, usando toda su artillería verbal racista y beata; además, apoyados por grupos paramilitares que ocasionaron la suspensión de la Asamblea para que culminara el nacimiento en otro departamento, ocasionando muertos inocentes en La Calancha.

La madre gestante tuvo que huir, igual que en las historias bíblicas, para que su hijo pudiera ver la luz de la vida. En el Nuevo Testamento, Mateo relata que un mensajero de Dios se aparece en sueños a José y le ordena que huya a Egipto, junto con la gestante Virgen María, pues el rey Herodes lo estaba buscando para matarle y cuidar su poder en riesgo de perderlo por el nacimiento de Jesús, episodio llamado también “La matanza de los Inocentes”. Este tipo de historias es una constante en la vida política de los pueblos, ninguna reforma o revolución es aceptada de buen grado por quienes detentan el poder, por eso, la mayor de las veces los cambios no son pacíficos, siempre tienen su resistencia, su agonía en el sentido que le otorga Unamuno, como lucha, porque se acaba un mundo para que nazca otro que pone en entredicho viejos valores y normas que ya no funcionan para una convivencia moderadamente armoniosa entre sus habitantes. Pese a todas estas dificultades de salud política, el embarazo gestado durante varias décadas por un movimiento popular renacido y convaleciente aún de la arremetida neoliberal, finalmente, el Estado Plurinacional, con fórceps doloroso, consagró su nacimiento el 22 de enero de 2009. Es una guagua que ha cumplido recién 12 años de una vida turbulenta cuando casi pierde la vida en 2019, en un intento otra vez de asesinarla por los Herodes del siglo XXI. Los sucesos violentos de Senkata, Sacaba, Pedregal fueron los lugares donde aconteció la matanza de los inocentes en nombre de la Biblia, que metieron a sangre y fuego al Palacio Quemado. No pudieron cumplir el designio macabro de asesinar al hijo de los movimientos populares y ahora, todo el resabio de las viejas prácticas derivadas del colonialismo republicano, afloran como hiedras venenosas que contaminan el agua de la convivencia:

Una Policía envilecida hasta la médula, participante y ordenadora del narcotráfico y la delincuencia desde 1952, cuando la revolución fallida del 9 de abril le concedió espacios de poder inéditos hasta entonces. Salvo excepcionales casos, la mayoría de clases y oficiales tiene una formación profesional débil.

Un aparato judicial permeado por la delincuencia, el prevaricato como práctica constante y coludido con la Policía y el poder político.

Unas Fuerzas Armadas, copartícipes del narcotráfico (García Meza, Arce Gómez, Sácate Justiniano, etc.) que repartieron las zonas para una mejor explotación y rendimiento. Autores de decenas de matanzas de inocentes y sin ningún sentido ético de servicio, salvo contadas excepciones. Tienen el privilegio único de jubilarse con el 100% de su sueldo, como premio por proteger a las clases hegemónicas.

Las universidades públicas desideologizadas durante el neoliberalismo, con currículos obsoletos y docentes que arrastran su mediocridad y su ancianidad, formando grupos de poder junto a dirigentes universitarios que son peones políticos que medran con el aparato burocrático decenas de años para apropiarse ”legalmente” de dineros del Estado a nombre de una autonomía divinizada. Los docentes que se destacan deben arrinconarse antes que les corten la cabeza.

La lista puede alargarse más, esa tarea la dejamos a nuestros lectores. Ahora es urgente una revolución moral dentro la revolución, no sea que el Estado Plurinacional sea la triste continuación de este panorama desalentador que hereden nuestros hijos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

Comparte y opina:

Una carpa frente al Ministerio de Justicia

/ 19 de junio de 2022 / 00:25

El 28 de marzo de 1980, la entonces presidenta constitucional interina de Bolivia, Lidia Gueiler Tejada, emitía una ley de resarcimiento y compensación a los heridos y a las familias de los asesinados en la infame Masacre de Todos Santos de 1979. Desde 1 de noviembre y durante 15 días, los militares bolivianos disparaban discrecionalmente contra una población desarmada que resistía un golpe militar, esta vez encabezado por el coronel Natusch Busch y un grupo de militantes del MNR, encabezados por el sinuoso Guillermo Bedregal. Muchos de estos militares ganaron galardones que de otra manera nunca los hubieran logrado en una confrontación con otro ejército regular. Así, el coronel Arturo Doria Medina fue calificado como el Mariscal de la Pérez Velasco por su rotundo triunfo con tanques austriacos, aviones artillados y tropa con armamento pesado contra una ciudadanía inerme. Todo este grupo de genocidas no purgaron un solo día en la cárcel y murieron en la impunidad. Este decreto ley de la señora Gueiler no entró en vigencia porque el grupo fascista de las FFAA concebía que los juicios que se anunciaban contra los asesinos enlodarían a otros militares comprometidos con el narcotráfico y el manejo discrecional de las finanzas del Estado. García Meza y Arce Gómez, dos brutales engendros del fascismo boliviano, volvieron a sacar tropas y tanques para repetir la barbarie, esta vez coludidos por paramilitares argentinos y grupos internacionales neonazis. Atropellaron toda la institucionalidad a fin de cuidar sus intereses de casta protectora de una oligarquía que se vio rebasada por la enorme influencia que el narcotráfico internacional había tendido por todo el mundo.

Paradójicamente, el extinto Fernando Kieffer, diputado del dictador Banzer, presentó otro proyecto de resarcimiento a las víctimas de violencia política y se establecía la creación del Consejo de Atención de las Víctimas de Violencia Política (Conavip), dependiente del Ministerio de Justicia y que estaría compuesto por instituciones de la sociedad civil.

Finalmente, la Ley 2640 del 11 de marzo de 2004 fue aprobada y se conformó una Comisión de Resarcimiento a las Víctimas de Violencia Política (Conrevip), que solicitaba documentación, como por ejemplo una constancia de los meses de detención obligatoria, sin juicio previo, como si en las dictaduras te dieran un certificado de tu encarcelamiento; nombres de los torturadores, como si estos rufianes actuaran con el rostro descubierto y con una tarjeta de identificación; en fin, una lista que muchos afectados veían imposible conseguir. Muchos heridos, exiliados y torturados fueron excluidos de la lista con una serie de chicanerías vergonzosas que estaban enlazadas con la Defensoría del Pueblo para que los posteriores reclamos no puedan ser tomados en cuenta por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y fueran rechazados por la misma. Ese es nuestro caso, pero toda la artillería jurídica no tuvo ningún peso moral ante las pruebas evidentes de las violaciones de nuestros derechos: certificado médico de intervención quirúrgica de emergencia por heridas de bala (05-11-79), efectuada en el Hospital General por el doctor Eduardo Chávez Lazo, que en esos luctuosos días salvó muchas vidas; una certificación de nuestra calidad de refugiado político extendida por la Cancillería del Ecuador y otros documentos de la Cruz Roja. Nuestro caso fue aceptado por la CIDH y está registrado con el número P-1675-16 del 29 de marzo de 2017.

Este caso particular se multiplica por cien a la hora de verificar el desprolijo trato de los sucesivos ministros de Justicia, como la señora Ayllón, que rechazó nuestro reclamo por la exclusión de otros ciudadanos, actos que originaron que un grupo de víctimas de la violencia política armen una carpa frente al Ministerio de Justicia y, durante 10 años, registren la protesta por justicia más larga de la historia boliviana. La carpa fue víctima de los grupos neonazis en 2019, que la incendiaron, la recompusieron y está observando 10 años a las autoridades que pasan sin mirar a sus moradores, mientras fallecen sus habitantes que la sostienen como Julio Llanos, David Frías y otras víctimas de la indolencia estatal.

El proyecto de ley 221/2021-2022 abre una puerta para reparar esta enorme injusticia. La carpa estará ahí hasta que se haga justicia.

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

Comparte y opina:

Sepa Ud. qué es una cepa

/ 5 de junio de 2022 / 00:55

Mi compadre Teo es oriundo de una comunidad muy cercana a la isla Tortuga, en el lago Titicaca. Como está de moda el bello lugar, aparecieron pañales de bebé, botellas de plástico y otros desechos; todavía es paraíso de las gaviotas. Donde el ser humano sienta su presencia, destruye o confunde. La vieja sabiduría china advierte: “Una persona superior cuida el bienestar de las cosas” y eso es lo que no hacemos bien. “Contaminamos también la política y la ensuciamos”, me dijo Teo, mostrando la basura dispersa. Desplegó su sonrisa de viejo chamán tibetano y me reveló que descubrió una nueva cepa contagiosa, sobre todo con las personas que no gustan de pensar y son adictas a las redes y a la Tv.

Asustado le dije cuál era la nueva cepa peligrosa y respondió, muy severo: —¡La SEAOPO- 22¡

—¡Uta! ¿Cómo es eso?

—Ataca especialmente a los opositores al Gobierno y a uno que otro incauto del oficialismo. Las cepas, en biología, son los grupos de organismos emparentados, como las bacterias, los hongos o los virus, cuya ascendencia común es conocida. La última del COVID es la Ómicron. En botánica, es la parte del tronco de cualquier árbol o planta que está dentro de la tierra y unida a sus raíces.

Así, por ejemplo, el Gobernador de Santa Cruz que, según un legislador oficialista, tiene más matrimonios que obras para ese departamento, manifiesta ya síntomas relevantes: odia el color azul, pero el traje para su última boda fue de ese color. De su mala gestión e incapacidad para acercarse a los problemas, tiene la culpa la SEAOPO. También la cepa es multipropósito, así el estafador Parada, creador de los sueldos fantasmas del municipio autónomo cruceño que guarda detención en Brasil, argumenta: —Por culpa del color azul y del alcalde de Santa Cruz, estoy siendo perseguido “políticamente” y todo fue a causa del virus que llegó hasta mi celda.

Los clubes cruceños de fútbol no clasifican a nada y la culpa posiblemente la tenga la cepa y la altura, y por eso pierden 10 a 1 en el llano. Todos sabemos que, aunque juguemos en el Sajama o bajo el nivel del mar en Ámsterdam, no le ganamos ni a Mangamandapia y nunca seremos campeones mundiales. El fútbol boliviano está penetrado por intereses corporativos y de por medio, con ajustes de cuentas por narcotráfico; recuérdese al vicepresidente de Blooming.

El Alcalde de Potosí viajó sin autorización al exterior y sus concejales le llamaron la atención, él, orondo, dijo que eso fue provocado intencionalmente por la cepa. El exgobernador Molina de Santa Cruz, impulsor de la participación popular durante el desgobierno de Mesa y que llamaba drogadictos y mal entretenidos a los integrantes de la Unión “Juvenil” de Santa Cruz, asegura que la cepa no solo arruinó sus orquídeas, sino que perjudica a Santa Cruz, atribuyéndose la representatividad de todo un departamento. ¿Quiénes lo eligieron para que represente y vacune a nombre de todos los pobladores? Ahora devenido en floristo, terminó contagiado por la clase hegemónica que alguna vez criticara.

Las deslenguadas legisladoras de la oposición le atribuyen el fracaso de la elección del Defensor del Pueblo… ¿adivinen a quién? Es previsible que otro tanto pasará con la elección del Contralor General del Estado. La oposición atrincherada en su débil representación concebirá, por supuesto, un listado de males atribuido al virus maligno para evitar el nombramiento de dicha autoridad. Juegan el rol del niño rico que tiene la pelota o de la birlocha con abrigo de visón nuevo que no quiere jugar ni compartir con la indiada y cholada mayoritaria.

La cepa hizo estragos también en el oficialismo, un grupo mantiene fidelidad a las cepas históricas y no quieren vacunarse ni usar barbijos, contra otros que promueven la vacuna y el uso de máscaras, entre los cuales se encuentran muchos contagiados y convertidos; estos plantean una vacunación masiva para la renovación.

Lo llamativo es que los contagiados de la oposición quieren contagiar al presidente Arce para cuidarlo y genere anticuerpos, según dicen. ¿Cuándo aparecerá la vacuna contra el Síndrome Agudo de Evitis Opositora? Nadie sabe.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

Comparte y opina:

Cicatriz irreparable

/ 8 de mayo de 2022 / 01:17

Las industrias de belleza ofrecen miles de pomadas, mascarillas y otros menjunjes para borrar las cicatrices que los avatares de la vida —irremediablemente— nos dejan en nuestro cuerpo; pero hay otras que los psicólogos se encargan, infructuosamente la mayor de las veces, en remediar: las cicatrices del alma. ¿Cómo encargarle a la Justicia que las cicatrices del alma sean cerradas, legitimarlas para evitar el sufrimiento y la desazón que dejan los exilios, la cárcel, las masacres y su secuela de destrucción de vidas afectadas?

La modernidad engendró un giro en la concepción de la justicia, consolidando la pretensión de justeza en cada uno de los seres, naturales y sociales en un orden establecido, político y económico, pero no es posible con los asuntos del alma.

En 1979, en la Masacre de Todos Santos, muchos bolivianos fuimos víctimas de la furia fascista orquestada por militares y civiles que dejaron una estela de muerte y dolor. Nunca purgaron un solo día en la cárcel y, aunque lo hubieran hecho, el daño irreparable que dejaron no tiene cura. Y esa masacre es solo una de las decenas que asolaron la región donde moramos, destapando un muestrario de la brutalidad que fue repetida hasta la enfermedad por las clases que detentaban el poder y lo buscan —hasta ahora— sin condicionamientos morales de ningún orden, sea religioso o político.

En los próximos días arribarán nuestras nietas a la ciudad para conocer al abuelo, cuyo cuerpo, poblado de cicatrices cerradas por la cirugía y sus consecuencias posteriores en su salud, no le permitieron ocuparse de cerrar las otras que quedaron en su hija a la que conoció 20 años después, porque vivir en Bolivia era temerario para la madre extranjera en estado de gestación y el amor, aunque sea intenso y apasionado, debía cuidar una vida.

¿Cómo se puede valuar esa decisión? No existen tablas de calificación para valorar la sacralidad de la vida, es lo único que le da sentido a los dogmas religiosos y políticos y los seres humanos sabemos que nuestro paso por el mundo tiene su caducidad y a nadie se le ocurriría prolongar el sufrimiento en sus hijos.

Durante el primer encuentro con nuestra hija, intuimos una tristeza empozada en su alma desde su niñez, no tuvimos el privilegio de tenerla en nuestro regazo apenas vino al mundo, tristeza que también se guareció de la lluvia del silencio al quedar enmudecido y expectante ante su reacción. Han pasado dos décadas y nos cuesta mucho reconstruir su historia que tiene el derecho de saber para cerrar esa herida.

Qué decirle, cómo explicar que la separación era inevitable y que sus padres debían escoger su propio rumbo y tejer otra vida a costa de su desamparo, aunque pleno de cosas materiales, sabemos que no llenan ese tiempo de separación.

No queremos que esto se prolongue en las nietas, que conozcan la bella historia de amor truncado por el odio fascista y evitar que alargue sus tenebrosas garras hasta otra generación, queremos que sus gestos infantiles de alegría sean libres y abracen a su abuelo y lo perdonen por no estar a su lado.

¿Habrán pensado en estas graves consecuencias los golpistas de 2019 que ahora abandonan a su instrumento de muerte a su suerte?

Las nuevas generaciones desconocen el sacrificio de muchos bolivianos y bolivianas que ofrecieron sus vidas para construir una democracia que se desmorona fácilmente cuando los intereses perversos aprovechan cualquier fisura para asaltar el Estado.

Bolivia es uno de los pocos países que no cuenta con un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, institución que permitiría que la población juvenil se entere de sus derechos y conozca la tenebrosa historia de los golpes militares que quedaron impunes. Las grandes fraseologías sobre la ética contractual y sus derivaciones no alcanzan para cicatrizar lo irremediable. Me hubiera gustado llevar a mis nietas a ese museo para que puedan entender por qué su madre y su abuelo muchas veces se ponen tristes y se quedan callados. Así hablaría solo con el corazón y nos entenderían y perdonarían por haber cometido el mayor pecado: luchar por una sociedad más justa sin saber que al hacerlo, estábamos lastimando a lo que más amamos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

Comparte y opina:

Diatriba contra el pollo frito

/ 23 de abril de 2022 / 23:40

Tuve la dicha de tener una abuela que me enseñó a reconocer los alimentos frescos, desde la carne de pollo criollo que come arena para su molleja hasta oler la tierra en la papa recién sacada o al choclo guagua. Otro mundo se abre con las yerbas arrancadas de las pequeñas lomas semiáridas como la kóa o muña que sirve para evitar que el pescado se deshaga en el furor del hervor, también como sazonador de sopas con enjundia y de paso para el mal de altura, o la huacataya, la quilquiña, la albahaca y el cilantro para prepararse un pesto casero, acompañado de otras yerbas a capricho del creador. También existen las yerbas del olvido, pero eso tiene otra historia.

Recuerdo una preste de Semana Santa, con la participación de un cura respetuoso de la fe popular. No cabe la menor duda que la colonización religiosa tuvo un éxito casi total, sobre todo con la impostación republicana del dogma católico como religión oficial, que entremezclada con los ciclos agrícolas sacros de las culturas originarias, han conformado un corpus extraordinario. Toda la parafernalia católica, incrustada a sangre y Biblia a los primeros habitantes que no sabían leer, fueron reinterpretadas por estos duchos también, la adaptaron para no olvidarse el buen vivir de sus ancestros y resistir. Así, en la fiesta, el viernes de “ayuno” en la casa del preste empezaba a medianoche, los invitados asistían   directamente a las mesas listas con manteles negros, se oraba intermitentemente, en tanto servían 12 platillos por las 14 estaciones de la Vía Crucis que sufrió el rebelde Jesús, condenado por el imperio romano y su clase dominante hebrea de entonces; vieja práctica que siempre se repetía con los rebeldes que interpelaban e interpelan a los imperialistas o colonizadores, ya sea crucificando, descuartizando, ahorcando o asesinando y haciendo desaparecer el cuerpo para que no se vuelva un referente histórico a repetir. La historia universal está repleta de estos martirios.

Esa madrugada, entre rezos y comilona se servían estas delicias: locro de zapallo o carbonada, arroz con leche, ají de papalisa, ají de cochayuyu, wallake, queso humacha, papas a la boliviana (con maní), plato paceño o apthapi, sopa de camaroncillos, maicillos, huminta, trucha u otro pez. Cabe informar que eran porciones pequeñas que se servían sin una gota de alcoho, hasta el amanecer del sábado para anticipar al domingo de gloria y resurrección, momento en que el padrino de cohetería hacia despertar a todo el barrio con cachorros de dinamita y cohetillos a granel, los invitados salían al patio a saludar al sol, al padre Inti identificado en la resurrección de Jesús y la banda arrancaba con una andanada de cuecas para el pase de la preste y establecer los compadrazgos para el año siguiente.

Esta comilona contrasta con el precepto de ayuno instruido por la Iglesia y es una muestra de la reinterpretación de la Semana Santa. Cabe resaltar que estos alimentos contienen proteínas y vitaminas que contribuyen a una ingesta sana, variadas y suculentas. Alimentos del mar, tierras bajas, altas y valles nos develan la riqueza que contiene nuestra geografía y a la vez, nos evidencia cómo el área nueva de la guerra cognitiva, promovida por la OTAN, a través de la tecnología comunicativa, nos cambia los gustos; aprovechan los miedos y las fobias para hacernos perder la conciencia de sí mismos, nos enajenan para manipularnos con su contenido.

Para servirse un thimpu de cordero hay que buscar en barrios periurbanos, lo mismo que el jauriuchu y otras ofertas que cedieron el paso a ese alimento considerado —por su servidor— como terrorismo gastronómico y que se encuentra a cada paso: el pollo frito.

Muchas fortunas se han amasado con su venta y sus consecuencias de ingesta continua se enlazan con sus aliados de las industrias de fármacos para problemas gastrointestinales que solo son paliativos ante la grasa absorbida y las condiciones perversas de su manipulación. Pollos que jamás ven la luz del sol contra pollos que sí lo hacen, es un guarismo que tiene un vencedor claro. Estamos atrapados en sus redes grasientas, igual que la manipulación de las noticias. La descolonización mental incorpora también al segundo cerebro: el aparato digestivo.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

Comparte y opina:

Los guasones

/ 10 de abril de 2022 / 02:28

Una de las herencias de la filosofía de las naciones indígenas que no pudieron desarraigar con la colonización, es la cualidad de la población de antropomorfizar todos los objetos que nos sirven para vivir cotidianamente. Así se ch’alla todo utensilio u objeto nuevo para el trabajo y, en algunos casos, hasta se le pone nombre como a un ser humano. Eso sucede hasta ahora con los automotores nuevos que se llevan a bendecir y ch’allar al Santuario de Copacabana; ciudadanos peruanos, argentinos y bolivianos cumplimos el ritual.

Acompañados de un can tha’mpulli, los dueños del automotor y los padrinos fuimos al Santuario, e hicimos los primeros contactos con las floristas que saben todas las formalidades, empeñados como estábamos de someter al automotor al ritual con el propósito de promover su duración, la seguridad de sus conductores y la utilidad para toda la familia.

Para ello es necesario acercarse a una caserita que sabe el protocolo católico pagano y el momento en que viene el sacerdote franciscano con su balde de agua bendita y su alforja en la manga para el pago voluntario del servicio religioso. Ellas se encargan de adornar con flores al automotor, colocarle un sombrero y una corbata si gustan los padrinos que deben asignarle un apelativo. En este caso, debido al alegre y disciplinado comportamiento del can durante el viaje, decidimos —a última hora— bautizar el automotor como Cholango, en su honor. Las caseritas aconsejan ponerles nombres varoniles, porque de otra manera serán coches caprichosos como las mujeres.

En la conversación comentaron algo que nos llamó la atención. Giovanna, que así se llama la florista, nos dijo que vienen grupos de guasones con carros últimos modelo y aseguraba que son una fraternidad o logia a la que quisiera que sus hijos pertenecieran para que obtengan buenos trabajos. Nos preguntó si algunos de nosotros éramos guasones. Sorprendidos nos miramos y le respondimos que no, que era un personaje de ficción y enemigo de Batman. Ella replicó que no, que últimamente el guasón más importante, el number one había inaugurado una torre con nombre en inglés. Entonces saltó y ordenó: ¡Por favor no pronuncien su nombre porque trae mala suerte, quincha es! En la fiesta de su edificio quinchauta (casa de la mala suerte), bien enfermo le hemos visto. Estaban todos los guasones, así nos han dicho.

A los pocos días de la inauguración del edificio del jefe del intrascendente grupo político Unidad Nacional, vimos en los carteles de un bus anunciando Calacoto, Quincha uta, el edificio como referencia urbana. La señora nos aseguró que ahora el principal guasón convertiría en hospital su edificio, como alguna vez prometió que lo haría con la Casa Grande del Pueblo, cuando gobernaba con la Dañine y que ahora, como dueño del edificio cumpliría su promesa, el problema es que nadie se atrevería a internarse.

La riqueza del aymara para armar sufijos y prefijos le permite crear palabras para designar todo, así los teleféricos se designan como lata kusi kusi (arañas de lata), y sucede lo mismo con otros objetos y aparatos domésticos que se van popularizando con su uso cotidiano. Como sabemos, el aymara usa solo tres vocales: a, i, u, de tal manera que muchas palabras tienen deformación fonética al pronunciarlas. Giovanna decía guasones a los masones.

En Bolivia, esta logia actúa desde el 20 de noviembre de 1929, cuando se crea la Gran Logia, soberana e independiente, con jurisdicción de los grados (escala) 1º al 33º. Antes de esa etapa, existía la logia asociada a grupos de países vecinos. Para ser masón hay que ser varón (las mujeres están excluidas), creer en la existencia de un Ser Supremo, tener una alta moralidad (allí fallan casi todos), entre otros requisitos.

Fueron masones Bolívar, Sucre, San Martín, Moreno, precursores de la independencia, entre ellos Casimiro Olañeta, intrigante y maquiavélico, prototipo del abogado boliviano; además de presidentes como José Manuel Pando, Ismael Montes, todos conservadores. En el gobierno del general René Barrientos fue reconocida la Gran Logia Boliviana a través de un decreto firmado el 26 de abril de 1967.

La ilusión de la florista Giovanna puede ser realidad y convertir a sus hijos en “guasones” conservadores, si es que les aceptan.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

Comparte y opina: