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martes 21 jun 2022 | Actualizado a 00:37

La inflación y la bolivianización

/ 21 de junio de 2022 / 00:36

En las últimas semanas corrió mucha tinta para hacer diferentes consideraciones acerca de las causas de la inflación en la economía mundial y en países de todas las latitudes del planeta. La famosa BBC de Londres nos dedicó un tiempo para esas consideraciones indicando que Bolivia es una isla en ese océano de inflación, pero que no puede durar mucho.

Más allá de estos hechos resulta curioso que, según la BBC, la causa estaría en la construcción del boliviano (moneda) fuerte, los subsidios y restricciones a las exportaciones, el papel que cumple Emapa y el Fondo Rotatorio de Seguridad Alimentaria. Si bien todos estos factores tienen su incidencia en el comportamiento de la inflación, existe un elemento central que ni siquiera rozaron en sus consideraciones y es el papel del Banco Central de Bolivia (BCB) como factor central y principal en la administración de la inflación en la economía boliviana.

Para explicar lo que viene sucediendo con la inflación analicemos más de cerca sobre lo que viene haciendo el BCB para controlarla. El BCB la controla en el marco del Programa Fiscal Financiero que tiene como objetivos el crecimiento económico y la inflación —es decir, desarrollar la actividad económica en un contexto de estabilidad macroeconómica—. En ese sentido, el BCB mantuvo la orientación expansiva de la política monetaria, pero proporcionando la cantidad de dinero necesario para la realización del intercambio de mercancías y, al mismo tiempo, proporcionando recursos para la reactivación productiva.

En este propósito, el BCB utilizó instrumentos convencionales y no convencionales. Dentro de los primeros tenemos las operaciones de mercado abierto, la instrumentalización del encaje legal y otros. Sin embargo, lo que más utilizó, durante la gestión 2021, fueron los instrumentos no convencionales (que son los que se canalizan vía préstamos con garantía del Fondo CPVIS II (Créditos Destinados al Sector Productivo y a la Vivienda de Interés Social), y préstamos al Banco de Desarrollo Productivo, que permitieron proporcionar liquidez al sistema financiero para apoyar el crecimiento del crédito, cuyo objetivo final es la reactivación del aparato productivo. Es decir, de manera quirúrgica se proporcionó liquidez a la economía dirigida a la reactivación.

En ese mismo sentido, también se tuvieron medidas como el Fondo para Créditos destinados al Sector Productivo (Fondo CPRO), que es una alternativa de inversión de mediano plazo para las entidades de intermediación financiera para obtener recursos del exterior con menores costos; al mismo tiempo se tiene la reducción de límites a inversiones en el exterior; el BCB disminuyó el límite máximo para las inversiones en el exterior con recursos de las compañías de seguros, de 7% a 5%; a la par, la ASFI, en coordinación con el BCB, determinó que las entidades financieras disminuyeran el límite de las inversiones en el exterior, de 15% a 10% del capital regulatorio.

Todo este conjunto de medidas tuvieron el objetivo de controlar la inflación en el marco de la gran política de reactivación de la economía boliviana, en otras palabras, la dotación de liquidez va de la mano con el incremento de la producción.

Estas acciones del BCB tienen éxito porque en Bolivia se hizo una política económica denominada bolivianización, que es un proceso mediante el cual la moneda boliviana recobra las funciones del dinero: medida de valor, medio de pago, unidad de cuenta, depósito de valor, patrón de pagos diferidos, además de operar como capital, con lo cual la población recuperó la confianza en ésta.

El BCB demostró soberanía en el diseño y la ejecución de la política monetaria para dotar de fortaleza a la moneda nacional, política íntimamente relacionada con el Modelo Económico Social Comunitario Productivo.

Finalmente, ante los embates de la crisis internacional determinados por la guerra en Ucrania y la recuperación lenta del COVID- 19 y sus mutaciones, la economía boliviana, si continúa en esa senda, podrá reconstruir su economía fortaleciendo la esfera de la producción, manteniendo el poder adquisitivo de su moneda y, consecuentemente, las condiciones de vida de la población.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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Neoliberalismo: ¿la historia sin final?

/ 31 de mayo de 2022 / 02:59

Paradójicamente, al transcurrir cierto tiempo un grupo de economistas tiene fijado en su pensamiento que la historia se puede repetir, pregonan a los cuatro vientos que el mejor escenario para el desenvolvimiento de la sociedad y, más aún, de la economía es el libre mercado, añorando las enseñanzas del viejo escocés Adam Smith. Sin embargo, no se dan cuenta de que la historia transcurre y se desplaza hacia adelante. Que la sociedad y la economía tienen que ir más allá del mercado como asignador de los recursos, ya que a estas alturas del desarrollo histórico, en una etapa posmonopólica del capitalismo el Estado juega un rol fundamental en la organización de la sociedad y la economía. Por lo que la literatura económica del norte está equivocada porque, por un lado, difunde el libre mercado, pero, por otro, los países realizan acciones proteccionistas.

El Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP), vigente desde 2006, tiene el mérito de mirar desde adentro la economía boliviana, ya no desde el exterior.

En ese sentido, el papel del Estado es demasiado importante. Cuando se retoma el Estado, tanto el excedente económico como el papel del Banco Central de Bolivia se constituyen en elementos centrales para pensar el crecimiento y el desarrollo económico con soberanía. En esta ocasión, tomaremos estos ejemplos para mostrar las virtudes del MESCP.

Por el lado de la economía, en el periodo neoliberal hubo una entrega del excedente económico al capital privado transnacional, vía privatización y capitalización, y a sus operadores internos, que fueron justificados por los economistas neoliberales, los que ahora pregonan volver a ese periodo. Incluso entregándoles el excedente económico, el modelo neoliberal se agotó a inicios de los años 2000, ya que el excedente fue a parar al exterior y solo quedaron los impuestos gravados a estas actividades, que al final no fueron suficientes para sostener el modelo neoliberal, generándose espirales de desequilibrios macroeconómicos que desembocaron en crisis sociales y políticas. Una vez retomado el control del Estado, el excedente se constituye en un instrumento central para pensar el desarrollo económico.

Los gobiernos desde Víctor Paz, Jaime Paz, Gonzalo Sánchez de Lozada, Hugo Banzer y Tuto Quiroga administraron el modelo neoliberal bajo una lógica de ceder la iniciativa económica al capital transnacional y local en un contexto de libre mercado. Al mismo tiempo que privatizaron las empresas estratégicas (YPFB, Entel, ENDE, LAB, ENFE y otras), entregaron toda posibilidad de crecimiento con soberanía y al desarrollo económico administrado desde el interior del país.

La política monetaria estaba sometida a los designios del Fondo Monetario Internacional (FMI) con la denominada independencia del BCB, como una institución al margen de la economía. Una vez retomadas las funciones del Estado en 2006, el BCB empieza a pensar en el desarrollo económico, una de las acciones centrales fue la bolivianización, con el objetivo de controlar soberanamente la política monetaria, puesto que administramos nuestra moneda y no el dólar norteamericano.

Por todo lo anotado, volver al pasado desastroso y sin soberanía es un salto al vacío. Se trató de hacerlo en 2019 con resultados desastrosos, que actualmente dificultan la construcción de un crecimiento sostenible. Queda por delante pensar y accionar el desarrollo económico mirando desde adentro, a partir de nuestra realidad y enfrentándonos a desafíos que se irán sorteando.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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Libre comercio: teoría sin realidad

/ 21 de abril de 2022 / 01:25

El país está embarcado en la industrialización con sustitución de importaciones, sin embargo, existen opiniones como la de Antonio Saravia que dice “la sustitución de importaciones (…) no funcionó ni funcionará porque ignora la ley fundamental del comercio internacional: los países deben especializarse en aquello que tengan ventaja comparativa” (público.bo, 31- 01-2022), y subrepticiamente introduce la idea de mantener el statu quo del intercambio de mercancías con el resto del mundo.

David Ricardo (1772-1823) fue el creador de la teoría de los costos comparativos que consiste en que el intercambio comercial entre dos países es favorable a ambos porque cada uno tiene ventajas relativas para producir un determinado bien a pesar de que no puedan tener ventajas absolutas. Está basada en la especialización de la producción y el intercambio; y a través del cual se conseguiría el bienestar del conjunto de la sociedad y un ahorro de la cantidad de trabajo a nivel total del intercambio.

Esta teoría, a pesar de los años transcurridos desde su formulación, mantiene aún su vigencia al inicio de la segunda década del siglo XXI; diferentes economistas lo profundizaron y lo reformularon en las versiones más sofisticadas y originales, pero, en lo esencial mantuvieron los fundamentos y no pusieron en cuestión los tres principales elementos fundamentales que lo sostiene.

La teoría de las ventajas comparativas o de los costos comparativos tienen como supuestos tres elementos: la inamovilidad del capital, la inamovilidad del trabajo y la tecnología; éstos tienen que ser explicados juntos simultáneamente y no separadamente, por lo que realizaremos reflexiones acerca de su vigencia en la vida diaria de las personas como ciudadanos del mundo.

En un sistema de comercio libre, cada país invertirá su capital y su trabajo en empleos que sean lo más beneficioso para ambos. El capital tiene muchas dificultades para pasar de un país a otro cuando busca inversiones más productivas, ya que enfrenta dificultades, como ser: inseguridad, diferentes legislaciones… por lo que se da una inmovilidad del capital y, por lo tanto, debe conformarse con tasas de utilidades menores a las existentes en su país.

El trabajo no tiene la facilidad de trasladarse fácilmente de un país a otro, debido a la renuencia natural que siente cada persona para abandonar su país de origen y sus relaciones, y sobre todo por las restricciones gubernamentales de pasar las fronteras; entonces cada país produce con la calidad de hombres que tiene, es decir, que no se trabaja con la mayor productividad en cada país, por lo que el intercambio internacional es el que pierde y no podría darse la economía de trabajo.

La tecnología tendría que repartirse parejamente en la economía mundial por dos vías: por la baja de los precios o el alza equivalente de los ingresos; los países productores de materias primas mediante el intercambio tendrían que obtener su parte en aquel fruto y no necesitarían industrializarse. La falla de esta premisa es que la tecnología solo se distribuyó dentro los centros industriales, por lo que las ingentes ventajas del desarrollo de la productividad no llegaron a los productores de materias primas. Cualquiera sea la explicación, se trata de un hecho evidente que destruye la premisa.

Los supuestos de la teoría de las ventajas comparativas o costos comparativos no son los que existen en la realidad, por lo que se trata de una construcción que no tiene correspondencia con lo que sucede en la vida diaria, y que obliga necesariamente a considerarla como una afirmación a ser cuestionada, evidenciando que no es una verdad inmodificable, sino que es una construcción forzada e ideológica.

Tiene utilidad y mantiene su vigencia para el succionamiento de recursos de los países productores de materias primas hacia los centros industriales, por lo que es indispensable cambiar la idea, la concepción de la estructuración de la división internacional del trabajo. El camino a seguir es la industrialización con sustitución de importaciones. En conclusión, podemos industrializarnos.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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La sustitución de importaciones y la crisis de los 80

/ 5 de enero de 2022 / 01:04

La crisis de los años 80 tuvo su origen una década antes y, paradójicamente, en el periodo de mayor bonanza económica; tuvimos la mayor magnitud de excedente económico, que pudo ser utilizado para cambiar el patrón de acumulación. El régimen de Banzer lo despilfarró, desaprovechando la oportunidad, y nos llevó a la catástrofe.

Desde 1970 hasta 1976 se registraron los mayores niveles de crecimiento: 1973 tuvo 6,9% de tasa de crecimiento del PIB real; en 1976, de 6,8%, y a partir de 1977 cayó hasta 1980, con 0,8%. Constatamos que no fue la deuda externa, puesto que en 1970 fue de $us 524,4 millones, en 1976 de 1.123 millones y en 1980 de 2.312 millones; el endeudamiento externo vino a partir de 1976.

La explicación está en la apropiación y el uso del excedente económico que generó el país. Antes es preciso dotarnos del elemento político de la época. A inicios de los años 70 se dieron cambios políticos en el Cono Sur con la implantación de regímenes autoritarios, lo que tuvo su resultado principal en la relación del Estado con la economía. Resumimos indicando que fue prioridad el sector privado y no el público; en Bolivia esto tuvo su correlato en la dictadura de Banzer. La magnitud del excedente económico fue grande, se conformó por un PIB alto, precios elevados de las materias primas y la política de congelamiento de los salarios. El excedente fue mayoritariamente al “sector privado, principalmente al desarrollo agropecuario de la zona oriental, con el objetivo de mejorar y diversificar su producción, sin obtenerse los impactos deseados” (UDAPE, AE v. 20; 65). También Grebe indica que el “excedente apropiado por el Estado fue privatizado en lo esencial” y se trasladó casi en su totalidad al sector privado (Grebe, 1983; 108) a través de la instrumentalización de diferentes políticas económicas. Pero, resulta que este excedente ya distribuido no fue utilizado productivamente, sino que fue usado al gasto de consumo, iniciándose de esta manera el uso del excedente en gasto improductivo y la especulación financiera. Al analizar la formación bruta de capital fijo, que es la acumulación del capital, constatamos que la utilización del excedente fue a favor del sector privado y no se tradujo en acumulación de capital. Este hecho fue el germen de la hiperinflación de los años 80 porque se desalineó la oferta de la demanda, ya que se abandonó la regularidad de la producción que tiene que ir de acuerdo con el consumo de los hogares y el consumo productivo. Todo esto desembocó en una crisis de producción.

La CEPAL, a mitad de los años 90, propuso un modelo económico en su documento Transformación productiva con equidad. Tiene como punto de partida, generalizando para toda Latinoamérica y el Caribe, un retroceso en la década de los 80 y argumenta que “constituyó, en términos históricos, un punto de inflexión entre el patrón de desarrollo precedente en América Latina y el Caribe”. El modelo está basado en la inserción internacional y propone abiertamente exportar.

Esta generalización no encaja con el caso como el de Bolivia; más bien la aplicación de estas recomendaciones, por parte de la élite neoliberal, trajo consecuencias desastrosas. Todos estos hechos indican que el modelo de sustitución de importaciones no fue llevado de la mejor manera en el país, y el desconocimiento de la realidad económica de lo que sucedió entonces lleva a sostener que ese modelo no funcionó, y, por lo tanto, no puede ser aplicado en una economía que necesita industrializarse para mejorar las condiciones de vida de la sociedad.

El camino que toca recorrer ahora es el de una industrialización por sustitución de importaciones que no está reñido con la educación en tecnología, sino que todo lo contrario, puesto que todo proceso de trabajo tiene como elemento central, indisoluble, el desarrollo tecnológico que permita reducir el tiempo de trabajo en su producción y, obviamente, su precio en el mercado; este modelo tiene como objetivo, en una primera fase, la producción interna que sustituya importaciones y que compita dentro de nuestras fronteras con los precios de las mercancías de otras latitudes, y en una segunda fase, competir en los mercados internacionales con las mercancías de la aldea global.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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La industrialización y el PGE 2022

/ 11 de diciembre de 2021 / 01:06

Cuando la reflexión inicia y termina en un punto en el tiempo, pareciera que todo se acomodara y todo tuviera razón, esto mismo sucede cuando Antonio Saravia reflexiona sobre el Presupuesto General del Estado (PGE) 2022, que es fiel a su pensamiento neoliberal de regresar al pasado en busca de un capitalismo con una mínima participación del Estado.

La métrica de la relación entre el presupuesto y el Producto Interno Bruto (PIB) no es adecuada porque el primero es una variable de ingreso “bruto”, y el otro, el ingreso “neto” generado en el proceso de producción (es valor agregado, luego de deducir del valor bruto de producción el consumo intermedio). Pero, más allá de esta relación forzada, el presupuesto consolidado para 2022 es de Bs 235.000 millones (y su equivalente de $us 34.000 millones), que no está lejano del presupuesto de 2021 que fue de $us 33.000 millones, que fue el del gobierno de la restauración neoliberal, ¿el señor Saravia dijo algo?

El Presupuesto General del Estado responde a una visión de desarrollo que tiene la actual administración de gobierno, con una forma específica de desarrollar el país que es la industrialización por sustitución de importaciones, a través de un Estado con mucha presencia en la economía. Si bien en la década de entre los años 40 y 60 del siglo pasado hubo una propuesta de la CEPAL, pero no realizó ninguna propuesta inicial de esta forma de industrialización, sino que Latinoamérica reaccionó ante las políticas del centro que bloquearon sus exportaciones. En ese sentido, la sustitución de importaciones primero fue una práctica antes que una política y, luego, una política antes que una teoría. La ideología industrialista o la teoría que diseñó la CEPAL vino después, en una etapa avanzada. La declinación del modelo tuvo que ver, antes que por un agotamiento, por una falta de ideología (o teoría) industrializante de las élites.

Lo que se busca ahora es industrializar el país y esto es una práctica ante los desequilibrios estructurales que tiene no solo el país, sino el conjunto de Latinoamérica. Desde la República nuestra nación fue primaria- exportadora, se dieron avances en la industrialización en la década de los 60 y avances significativos en el periodo de 2006 a 2014, lo que permite, ahora, fortalecer una visión de país desarrollado.

Con relación al PGE 2022, los ingresos están conformados por los ingresos corrientes, que tienen una participación del 58,7% (en 2021 fue 53%); los ingresos de capital, con 0,6% (en 2021 fue 0,7%), y fuentes financieras, con 40,7% (en 2021 fue 46,2%). Como síntesis, indicamos que en 2022 los ingresos corrientes tienen una menor participación y las fuentes financieras una mayor y, por lo tanto, el financiamiento externo es de 15,6% (en 2021 fue 30%). Es decir, el presupuesto del gobierno de Áñez tuvo un financiamiento externo mayor.

Por el lado del gasto, tenemos que los gastos corrientes son el 57,4% (en 2021 fue 56,8%); los gastos de capital representan el 16,6% (en 2021 fue 13,2%), y uso de fondos es el 26% (en 2021 fue 30%). Como síntesis, tenemos el mismo gasto, pero con una inversión pública mayor, que tiene mucha relación con la visión de desarrollo mencionado anteriormente.

Es importante analizar y hacer una síntesis de la inversión pública, que es uno de los elementos centrales del modelo. La inversión pública para 2022 tiene presupuestados $us 5.015 millones (en 2021 fue de $us 4.011 millones); de ese total, el 42% se destina al sector productivo —donde se encuentran las empresas públicas—; el 30% al sector de infraestructura; el 17% al sector social, y el 10% al multisectorial. Y no es como dice Saravia, que la totalidad de la inversión pública se destina a las 70 empresas públicas. Es una falacia. Pero, más allá de esta constatación, la cualidad de la inversión pública es que ahora la mayor parte está destinada al sector productivo, lo que implica un mayor impulso hacia la producción y ya no al acompañamiento de la producción, como es la construcción de infraestructura.

Es importante indicar que esa relación entre presupuesto y PIB, que alcanza el 94%, no significa, de ninguna manera, que el PIB medido por actividad económica esté siendo absorbido en su totalidad por el sector público, lo que está confundiendo a economistas que interpretan que se estaría dejando escaso margen de acción a la empresa privada.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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Tecnología e industrialización

/ 18 de noviembre de 2021 / 02:38

Una pregunta recorre a lo largo de la teoría y la realidad económica: ¿por qué los precios de las mercancías manufacturadas en el primer mundo no bajan dado su enorme desarrollo tecnológico? Porque controlan el valor y el precio, dado que son empresas monopólicas y, además, porque, como dice Prebisch, cada vez van innovando más bienes y servicios, abarcando mercancías cada vez más sofisticadas y nuevas.

Para realizar un análisis de esto y visibilizar sus enormes consecuencias debemos considerar la unidad inquebrantable de la producción y el mercado.

El primer mundo industrializado tiene como resultado, luego de la pandemia del COVID-19, una tecnologización, una automatización y una inteligencia artificial con enormes consecuencias para la periferia latinoamericana y, sobre todo, para Bolivia. Cabe indicar que los países industrializados ya padecían de graves problemas económicos que se relacionan con la naturaleza de su crecimiento, que tiene como cualidad principal el incremento de la desigualdad que, a su vez, está enlazada con la automatización, la globalización y el decrecimiento del poder de la fuerza de trabajo frente al capital antes de la pandemia y que ahora, a puertas de salir de ella, puede tener consecuencias impredecibles para el mundo. Esta forma de crecimiento tiene como consecuencia una mayor desigualdad en el ingreso porque es destructora neta de empleo —una composición orgánica del capital creciente— y se constituye en el origen de los trastornos económicos.

Estos desarrollos de la tecnología no están dirigidas precisamente a la producción de mercancías. Existe una monopolización del uso y la creación de tecnología por parte de gigantescas empresas como Netflix, Amazon, Facebook, etc., precisamente no dirigida a la parte productiva, generadora de valor. Este desarrollo del primer mundo tiene entre sus características principales el no incrementar la productividad, esto es reducir el tiempo de trabajo para producir una mercancía, reducir los costos laborales, lo que tiene implicaciones importantes en la determinación de la magnitud del valor, ya que su influencia se limita a fijar el precio en el mercado. Por eso el valor no varía a la baja y, además, porque el valor determinado de esta forma es complementado con el poder monopólico de las grandes empresas para fijar el precio en el mercado.

En ese marco, ante una tecnificación exagerada y sin dirección de los países desarrollados, las naciones latinoamericanas, y especialmente Bolivia, tienen el desafío de pensar en su propio desarrollo, que puede ser considerado una reacción frente al estrangulamiento externo en Bolivia. Una forma de enfrentarlo es reverdecer la idea de hace décadas, la de la industrialización por sustitución de importaciones en el amplio marco del mercado mundial, y de una reconstrucción de la economía post COVID-19 pero, obviamente, sin reproducir al pie de la letra lo que se aplicó, sino adecuándola a las condiciones actuales de la economía global, donde la competencia es salvaje y no escatima esfuerzos a la hora de fijar los precios de las mercancías en los mercados de la aldea global.

Entonces, ante los cambios tecnológicos de los países desarrollados, los precios de los bienes manufacturados simples y complejos no descienden a pesar de existir un enorme crecimiento de la tecnología, la automatización y la inteligencia artificial. Esto nos obliga a inferir que existe un mayor deterioro de los términos de intercambio, concepto que nos brindó la CEPAL. Son elementos que fuerzan a reflexionar sobre el futuro de la economía boliviana y la urgencia de plantear una forma de industrializar el país a través de la sustitución de importaciones, caso contrario será demasiado tarde.

Efraín Huanca Quisbert es economista.

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