Voces

jueves 23 jun 2022 | Actualizado a 02:36

La Centella(s) eclesial y colonial

/ 23 de junio de 2022 / 02:12

La Iglesia Católica y sus principales autoridades están vinculadas a la historia de nuestro continente desde la invasión hasta el presente, fueron y son actores directos de la política y el poder. La religión y la espiritualidad fueron y son el medio para que estén involucrados con el poder; sus intervenciones aparentemente institucionales, son acciones políticas en tiempos de crisis de las élites dominantes estatales que comparten y comulgan la visión y concepción de la nobleza eclesial.

La reciente intervención del arzobispo Ricardo Centellas, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), es una opinión política coincidente con las derechas internas y externas sobre la crisis de octubre y el juicio a la exsenadora Áñez: “Es lamentable ver que la Justicia puede llegar a ser manipulada, la memoria del pueblo boliviano y la historia no cambian con la sentencia a la expresidenta Áñez. Es de conocimiento general que en 2019 no hubo golpe, hubo fraude y pruebas hay demasiadas”.

Esta opinión política no es aislada, por el contrario, expresa el sentir opuesto del establishment eclesial al liderazgo nacional popular anticolonial, el Estado Plurinacional y el “vivir bien”.

En mayo de 2008, los grupos de poder cruceños intentaron imponer la ruptura institucional del Estado con el referéndum anti e inconstitucional sobre la autonomía; el 4 de mayo — día de referéndum—, a primera hora en la Catedral cruceña, el cardenal Terrazas celebró la misa a la que asistieron tanto el prefecto Costas y Branco Marinkovic. El cardenal bendijo el acto anti e inconstitucional y al terminar la celebración eucarística fue a emitir su voto, en una clara demostración de adhesión política al separatismo y contraria a la Asamblea Constituyente dirigida por una mujer campesina.

En 2019, el nuevo cardenal indígena Ticona participó de un evento de la Confederación de Mujeres Campesinas “Bartolina Sisa”, ahí expreso: “Donde sea tenemos que ir junto al presidente Evo”. Inmediatamente la CEB desautorizó al cardenal indígena y dijo que era a “título personal”.

Dos días después de las elecciones de 2019, desde el Vaticano, Centellas leyó un comunicado de los obispos: “…hay evidentes signos de fraude”. El 10 de noviembre, día del golpe, Ricardo Centellas leyó una carta abierta al Presidente donde exige que “renuncie para pacificar el país” y afirma que “(Evo) asuma su responsabilidad por el fraude electoral”, en la misma tónica de la OEA, Almagro, Mesa y Camacho.

Al igual que Pilatos se lavó las manos, en la “Memoria de los Hechos de 2019” de la CEB, presentada en 2021, Centellas en su condición de presidente de la CEB “denuncia de indicios de fraude presentados por la población”, ya no afirma en primera persona, sino que habla de indicios denunciados por la población.

La defensa a Áñez y al gobierno de facto es cuestión de vida para el establishment eclesial, se sintieron renacer cuando vieron ingresar la Biblia de las manos de Camacho y Áñez; como acto de redención organizaron la conspiración en la universidad privada de su propiedad, convocaron a todos quienes proclamaron a los vientos sobre la existencia del fraude, en su lógica colonial invitaron a la mesa a la representación de Bolsonaro y de España, en esta reunión decidieron el procedimiento para la “aparente sucesión constitucional”, designaron quien sería la Presidenta y la llamaron, como ellos mismos confiesan en la Memoria de la CEB; luego toda la cúpula de la nobleza eclesial se reunió con la senadora Áñez —supongo— no solo para bendecirla, sino para transmitirle lo acordado en la reunión conspirativa. El lunes 11 de noviembre, en conferencia de prensa, la CEB, flanqueada por el representante de Mesa y Camacho, exige que salgan a las calles militares y policías ante la amenaza de la muchedumbre popular. En la sesión de la Asamblea que no se instaló y donde Áñez se autoproclamó, la CEB estaba presente en el palco legislativo republicano.

El relato sobre la participación de la nobleza eclesial es una constatación del rol político que juega en los momentos políticos de crisis, su participación es efectiva porque su horizonte tiene la misma sintonía con los bloques y grupos de poder capitalista y colonial, no es simple casualidad fortuita, es la esencia de su propia naturaleza colonial eclesial del poder.

Luis Espinal, en sus Oraciones a quemarropa, sintetiza lo que significa el evangelio para el establishment eclesial: “Sabemos que el Evangelio es hiriente, pero nos lo hemos acomodado; hemos hecho de él un texto de conformismo y vulgaridad. Nos sirve para defender la propiedad y nuestros privilegios”.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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RJC, angelitos paramilitares

/ 9 de junio de 2022 / 01:43

Las narrativas políticas no son simples descripciones, son la expresión ideológica que representa la concepción que tienen del tiempo, la coyuntura, los hechos, los actores políticos.

La derrota de la dictadura militar en el siglo pasado por la movilización popular-obrero- campesina, la institucionalización de la democracia liberal republicana como forma de gobierno, desplazaron del escenario político a la extrema derecha (ED).

El tiempo del resurgimiento de esta corriente política e ideológica está entre la crisis del sistema político, el triunfo electoral de lo nacional popular y la presidencia de un líder indígena antiimperialista y anticolonial. La triada que articula a la ED es: regionalismo, racismo y religión, el núcleo político público es el corporativismo empresarial cívico manifestado en el Comité Cívico pro Santa Cruz, la Unión Juvenil Cruceñista y la Nación Camba. Los exponentes de ese tránsito a la extrema derecha son Marinkovic, Camacho, Calvo y Valverde.

La articulación e interdependencia de esta triada validó, legitimó y bendijo todos los actos de la violencia impulsada desde 2006, en el golpe de Estado y durante el gobierno de facto, al extremo que después de ser derrotados democráticamente en 2020, grupos urbanos de clase media, de rodillas y orando fueron a las puertas de los cuarteles a implorar a los militares que tomen el gobierno violentamente para impedir que vuelva lo nacional popular a dirigir el país.

Se está desarrollando un proceso penal contra los líderes de la RJC, la respuesta de Camacho- Creemos a través de un comunicado es santificar y justificar a la Resistencia Juvenil Cochala: “La RJC fue parte de la movilización nacional democrática contra el fraude del MAS. No es responsable de ningún delito y más bien ayudó a parar el fraude masista y a resguardar la democracia”. Amparo Carvajal, presidenta de la APDH-B, expresó a la RJC: “Jóvenes queridos, para mí son una resistencia necesaria”; estas afirmaciones sintetizan la identidad de la “lucha política” para la ED.

Pero, para no ingresar en las narrativas propias de la ED, recurriremos al Informe sobre los hechos del 2019 del GIEI-CIDH en la página 54: “La RJC se organizó desde el principio de los bloqueos y adquirió importante protagonismo en diversos enfrentamientos, como un grupo de choque que se autoasignó la misión de proteger primero los bloqueos y luego la ciudad. Se movilizaban de a dos en motocicletas, una persona conduciendo y otra con una bazuca artesanal, petardos u otros artefactos explosivos, imitando tácticas policiales para enfrentar y disolver de manera violenta marchas de adeptos al MAS. Llegaron a constituir grupos con centenas de motos y, paulatinamente, asumieron tareas parapoliciales, como el patrullaje en las calles de la ciudad, especialmente durante el motín policial. La RJC adoptó una estrategia de intimidación y agresión a personas identificadas como ‘masistas’, incluso a mujeres de pollera”.

Para la ED, los de la RJC son ciudadanos angelicales, pero el informe del GIEI, que reconstruyó los escenarios en función a investigación de campo y cientos de entrevistas, describe a la RJC como grupo de choque, su desplazamiento en motocicletas es armado, sus acciones son parapoliciales, es decir, para el principal organismo de DDHH del continente la RJC es un grupo paramilitar.

El vínculo con el narcotráfico y otros delitos de los líderes de la RJC es dramático: dos vinculados con narcotráfico, uno fue condenado a 10 años de cárcel, el segundo fue detenido en posesión de cocaína y armas, un tercero fue condenado a 12 años y seis meses por participar en el triple apuñalamiento a un periodista en Cochabamba.

La relación directa entre la RJC y autoridades del golpe era muy evidente, la Defensoría del Pueblo denunció a 16 miembros de la RJC por violar derechos humanos; sus abogados defensores fueron Javier Issa y Tito Barbosa, que en el gobierno de facto ejercieron los cargos de viceministro y director jurídico del Ministerio de Gobierno.

En síntesis, la RJC es el grupo parapolicial con vínculos directos con el narcotráfico, el gobierno de facto y hoy para la ED son presos políticos.

No es casual esta conducta de la ED en nuestro país, Trump, Bolsonaro, Duque en Colombia, Vox en España, Le Pen en Francia, Zelenski en Ucrania, el político argentino Javier Milei, son realidades políticas en el mundo que disponen de infraestructura partidaria, mediática, empresarial, eclesial, incluso paramilitar para imponer sus temáticas anti derechos humanos en las agendas políticas.

La estrategia de la ED es retroceder a los tiempos inquisitorios y dictatoriales, apropiándose discursivamente de la democracia con formas, métodos, acciones y desplazamientos propios del fascismo.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Ultraderechas

/ 26 de mayo de 2022 / 01:14

Las derechas se están desplazando hacia la extrema derecha, no están circulando por la clásica lógica partidaria, tampoco por representar un proyecto estatal alternativo, por el contrario, están desarrollando una estrategia de largo plazo concentrada en constituir subjetividades conservadoras como sentido común.

Son actores políticos del sistema democrático contrariamente promoviendo acciones antidemocráticas validadas y legitimadas por estructuras no partidarias, sino comunicacionales, eclesiales y cívicas.

La derecha multipartidaria neoliberal de los años 90, que tenía un trípode partidario sólido articulado a bloques regionales empresariales y representaba la temporalidad democrática posdictadura con el auspicio del Consenso de Washington, fue derrotada en nuestro país por lo nacional popular, con su núcleo sindical, territorial y cultural campesino expresado políticamente en el Instrumento Político.

La referencia de estas derechas son solo nombres de exautoridades gubernamentales sin posibilidad de liderazgo, que aparecen o son utilizados temporalmente para aparentar la idea democrática del pasado; su límite es la escena mediática.

Esa derecha del último cuarto de siglo ya no es el paradigma de las nuevas derechas, que están transitando hacia la extrema derecha que ahora tiene renovados ejes discursivos conservadores.

La extrema derecha es una tendencia que está presente en varios países, con triunfos electorales muy fuertes en EEUU y Brasil, que están impulsando movimientos antidemocráticos con características fascistas para impedir sus derrotas: Trump impulsó la toma paramilitar de la Casa Blanca acusando fraude electoral; Bolsonaro en la misma línea, ante su derrota, ya está anunciando fraude con grupos de civiles armados circulando y amedrentando. Colombia, gobernado hace varios años por la tendencia paramilitar de extrema derecha del expresidente Uribe, es la constatación más dramática de la violación de los derechos humanos como política de Estado, porque el asesinato extrajudicial a dirigentes sociales, indígenas y exguerrilleros es una constante diaria.

La democracia liberal republicana es el escenario institucional de presencia política de la extrema derecha, pero sus estrategias de acción están al margen de esta institucionalidad formal. Los ejes discursivos se articulan entre libre mercado, propiedad privada; el antifeminismo está presente en actitudes y comportamientos machistas, en la defensa de un modelo de familia patriarcal y en la condena de lo que denominan ideología de género; en estrecha relación con los valores está la religión, uno de los clivajes tradicionales de los movimientos antisistémicos. Especialmente en esos liderazgos mencionados, los movimientos evangélicos en general y neopentecostales en particular, desempeñan un papel creciente de cara a la configuración de las orientaciones políticas conservadoras de los ciudadanos.

Con diferente intensidad, las identidades locales-territoriales, sus aparentes superioridades raciales contra los derechos de las mujeres, de los afrodescendientes, migrantes y del LGTBI, están ordenando ejes discursivos, motivos de movilización que tienen su manifestación en estallidos de violencia temporal, pero como una constante.

Forzar movimientos antiderechos y raciales es construir escenarios que están fuera de la arquitectura democrática, es el drama mayúsculo que enfrentará a las sociedades por identidades y contra valores que fueron superados por siglos de lucha por los pueblos y sectores históricamente excluidos, marginados y explotados.

Estos ejes conservadores son retrocesos históricos en materia de derechos, pero se presentan como el hilo de unidad de movimientos que tienen y tendrán expresiones políticas y electorales reposicionando sentimientos en el sentido común de las sociedades.

Por el nivel de influencia y ascendencia que tienen estas estructuras no partidarias, cruzan transversalmente diferentes sectores de las sociedades, confluirán realidades contrapuestas y asistiríamos a escenarios diferentes en un mismo tiempo; democracias republicanas versus grupos y élites antidemocráticos, fascistoides, disputando un sistema de valores y antivalores que evidencien la pobreza moral y espiritual de la modernidad del capitalismo colonialista como sistema civilizatorio.

El tiempo para esta modernidad civilizatoria es un avance en retroceso por la existencia de estructuras, subjetividades, liderazgos ultraderechizados, que caminan negando derechos, reafirmando realidades propias de la Santa Inquisición y el fascismo europeo del siglo pasado.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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La moral señorial de la clase a medias

/ 12 de mayo de 2022 / 01:38

La comodidad no solo se limita a tener acceso a todos los servicios, tampoco a disponer de los recursos económicos suficientes, sino principalmente a sentirse superior y su tranquilidad señorial no tiene que ser perturbada por sectores subalternos plebeyos.

Su sensibilidad está combinada entre la tradición religiosa, las costumbres, su individualismo y el uso y abuso de su condición de sentirse superior.

Hoy se reclaman mestizos con inclinación a los gustos americanos o europeos, aunque les encanta embriagarse en las entradas del Gran Poder; eso es cultura para ellos y se sienten realizados.

Mientras estaban satisfechos con el neoliberalismo, aunque no bien pagados, estaban cómodos, se llamaban a sí mismos los inclusivos, porque tenían la generosidad de ya no marginar tanto a los plebeyos, incluso tenían un vicepresidente indígena que evolucionó tanto que pensaba y hacía lo mismo que su amo que tenía acento gringo, a veces se sentaba en el palacio republicano de la plaza Murillo.

No pelean por derechos, sino por impedir restricción a sus privilegios; tienen la posibilidad de decir lo que ellos creen que es la “verdad absoluta”, porque son propietarios, socios y amigos de los medios de comunicación; si osamos criticar sus opiniones estamos atentando al sagrado principio democrático de la “libertad de expresión”; empiezan a izar y hacen flamear la bandera de la democracia, una bandera por la que nunca pelearon, porque estaban cómodos y bien tratados por la dictadura y el neoliberalismo. Pero ahora que lo nacional popular tiene la capacidad de ser en sí mismo el sujeto soberano y democrático que decide tener a líderes indígenas anticoloniales como expresidente y vicepresidente, las clases a medias señoriales se bajan de su comodidad, salen a las calles perfumadas y maquilladas a gritar que están luchando por la democracia, que son ciudadanos que están luchando por la libertad, la libertad de golpear, insultar, agredir a los indígenas, de quemar los tribunales electorales, de saquear, quemar y destruir sedes sindicales de los campesinos, de dirigentes políticos y autoridades de gobierno, en nombre de la democracia y la libertad.

Cuando vieron entrar a Camacho y Pumari al palacio republicano sentían que la reencarnación del mesías con la Biblia volvió, envueltos en la bandera tricolor que hacen flamear las clases a medias solo cuando juega y gana la selección de fútbol; ahora el libro sagrado y la cruz que desembarcaron en nuestro continente hace 530 años estaban volviendo al lugar del que nunca debieron salir, por culpa del indígena ateo que hizo expulsar ese libro que bendecía a los poderosos y daba los santos óleos al pueblo.

A eso se debe que llamen a los subalternos plebeyos hordas alcoholizadas, delincuentes, fanáticos pachamamistas; a esos se los tiene que reprimir y educar; lo primero que tienen que aprender es inclinar la cabeza, “respetar y obedecer” a la Presidenta, al obispo, al dueño de la Tv, la radio e incluso al ministro.

La popularidad más elevada de Jeanine estuvo concentrada entre diciembre de 2019 y enero de 2020, a días de producirse las masacres de Sacaba y Senkata. Las clases a medias señoriales y urbanas veían con ojos positivos a la Presidenta que impuso mano dura para reinstalar el orden, paz y trabajo, la misma trilogía de la dictadura de Banzer.

El orgullo de sentirse superior fue tomar el poder por la vía violenta e inconstitucional, imponer la fuerza militar y policial contra la muchedumbre plebeya que enarbolaba la wiphala, detener a quien se atrevía a llamar los hechos por su nombre: “dictadura”, esa fue la plataforma para que Jeanine sea proclamada en enero candidata a Presidenta.

Pero el golpe y el gobierno no fueron proyectos, eran reacciones neofascistas que tenían que construir imagen electoral siendo gobierno; sin embargo, el esqueleto y cuerpo del gobierno de facto fue catastrófico, la silueta electoral era la corrupción.

Ahí las clases a medias la abandonaron, no soportaban que una mujer mate las ilusiones señoriales, raciales, eclesiales y oligárquicas con la corrupción, su máxima axiológica es lo ético, porque la vida de los plebeyos indígenas vale para las clases a medias menos que un comercial, si alguien muere es solo efecto colateral porque el valor supremo es la democracia, la libertad y Dios.

La moral de la clase a medias no se sonroja nunca, cambian de discurso con más facilidad que las estaciones del año; no es que adolecen de memoria, sino que les sobra el cinismo. Por eso encontraremos en cada político, analista, comentarista que se siente racialmente mestizo, que niega su pasado, quiere enterrar la realidad plurinacional porque la clase a medias señorial con su moral colonizada piensa que está a la altura americana o europea.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Conspiración planificada

/ 28 de abril de 2022 / 01:43

La Memoria de los hechos del proceso de pacificación de Bolivia (octubre 2019-enero 2020) que presentó la Conferencia Episcopal Boliviana CEB, revela con precisión la forma, el lugar y los actores que participaron en la conspiración, este informe tiene sintonía con las declaraciones de Jeanine Áñez en el juicio oral por el caso Golpe de Estado II.

La Memoria de la CEB informa que la reunión se desarrolló el 10 de noviembre en la universidad privada UCB, participaron por: “CEB Mons. Aurelio Pesoa, Mons. Eugenio Scarpellini, Mons. Giovani Arana, P. José Fuentes Cano y Juan Carlos Núñez de la ONG Caritas; por el cuerpo diplomático: el embajador de Brasil, Octavio Henrique Cortes; el embajador de la Unión Europea, León de la Torre; el embajador de España, Emilio Pérez de Ágreda, y el exembajador de España Carmelo Angulo; por los comités cívicos estuvo presente Jerjes Justiniano, por el Conade, Waldo Albarracín y, por parte de Comunidad Ciudadana, Ricardo Paz” (sic).

El artículo 7 de la CPE define que “la soberanía reside en el pueblo, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan por delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible”, este principio se materializa en el sistema de gobierno republicano, en la democracia representativa “por medio de la elección de representantes por voto universal, secreto y directo” (artículo 11-II); es decir que la representación es un hecho de legitimidad que nace del soberano a través de la manifestación democrática y no es la reunión de un club de amigos con injerencia extranjera.

La CEB precisa la decisión que tomaron en la designación de presidenta y la comunicación para que asuma el cargo: “Después se analizó la posibilidad de que la presidente de la Cámara de Senadores asumiera la presidencia del Estado mientras se llamaba a nuevas elecciones y en el cargo se encontraba la senadora Jeanine Áñez… Desde la sala de reunión, ante las dudas de todos y a petición de los presentes, Ricardo Paz tomó contacto con la senadora Jeanine Áñez, vía telefónica y con micrófono abierto, y le preguntó acerca de su disponibilidad para asumir la presidencia del Estado. Ella respondió: Si es para servir al país, aquí estoy” (sic).

De facto, al igual que en el siglo pasado: los militares en un cuartel definían qué general será presidente, ahora un grupo de sacerdotes, civiles y extranjeros definieron la titularidad política del poder.

En el juicio oral, Áñez expresa: “En ese momento ya había instituciones que buscaban pacificar al país y se realizaron reuniones, como la de la Universidad Católica. En ese momento no salió mi nombre, sino el de la segunda vicepresidencia. Me dijeron —respetando la sucesión constitucional— si asumiría el poder. Respondí que si tengo el apoyo, por qué no me voy a imponer y la asumí como tal”.

Pero cuál debería ser la base que sustente la “constitucionalidad” del gobierno, la CEB confiesa en la Memoria: “Considerando la Declaración Constitucional DC 003/2001 según la cual la sucesión constitucional se produce ipso facto para evitar el vacío de poder en el Estado, se planteó sugerir a la Asamblea Legislativa dispusiese la sucesión constitucional de Jeanine Áñez para asumir la presidencia” (sic). Esta DC tenía que validar a la presidenta, para ello el grupo de la UCB articuló con miembros del Tribunal Constitucional para que a minutos de la autoproclamación e ingreso al Palacio Quemado con la Biblia, el TCP publique el comunicado sobre que era “aplicable la DC003/2001 para la sucesión ipso facto de Áñez.

La conspiración no es un acto espontáneo, sino la planificación política para apropiarse del poder. Lo que sucedió entre el 10 y 12 de noviembre, descrito por la CEB y la expresidenta de facto, es la culminación de una serie de actos secuenciales elaborados en laboratorios externos, ejecutados sistemáticamente para construir, en la subjetividad principalmente urbana, el ideal falso de una narrativa como verdad, es la sinrazón para validar los múltiples actos de violencia política, racial, social con la bendición celestial.

Lo trágico de la comedia del club de amigos que conspiraron es que se reclaman defensores de la República, desconociendo los principios del republicanismo liberal que emergió con la revolución francesa plasmada en nuestra CPE. En su aparente racionalidad política, a la conspiración para apropiarse del poder la denominan “ante el vacío de poder para superar la crisis”, es decir que tienen la capacidad con la complicidad mediática de inventar y forzar una realidad inexistente para posicionarla como la “verdad” y negar compulsivamente la violación de la CPE y de nuestra soberanía con la injerencia de diplomáticos extranjeros. A la conspiración planificada se le denominó “sucesión constitucional”.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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Del orgullo a la vergüenza

/ 14 de abril de 2022 / 01:27

Del orgullo a la vergüenza, es el tránsito cínico de las derechas en nuestro país. El tiempo político de los golpes militares exacerbaba los sentimientos nacionalistas y anticomunistas como ícono de su identidad temporal en el poder estatal, porque no solo administraban el gobierno sino que controlaban el poder estatal asentado en la trilogía: militar- represiva, empresarial y política.

Las figuras y beneficiarios del poder manifestaban públicamente el orgullo de ser asesinos, represivos, autoritarios, antidemocráticos, porque era lo que el “pueblo necesitaba” según su ideal dictatorial.

Los dictadores fueron derrotados por una histórica huelga de hambre que recuperó la democracia, liderada por cuatro mujeres mineras. Los orgullosos de la dictadura sintieron vergüenza de su pasado y se convirtieron en abanderados de la democracia.

El sistema político empezó a funcionar sobre la base de partidos políticos, disputaban la alternancia del poder político no como decisión soberana del pueblo, sino como delegación parlamentaria, es decir eran minorías electorales, empezaron a acuñar la frase “pactos” como principio de la democracia.

Los pactos como sinónimo de distribución y beneficio del poder: cuántos parlamentarios tienes, cuánto poder dispones, el pueblo era solo usuario electoral, porque no elegía a sus gobernantes, solo acudía democráticamente para validar a la minoría electoral de turno que administre el poder.

A través de la privatización y la capitalización vendieron el patrimonio del pueblo, era el orgullo de la modernidad; Bolivia entró a la era de la globalización, los políticos de moda pregonaban a los cuatro vientos el orgullo de estar acordes a los vientos de la modernidad globalizadora. El gonismo, ícono de ese tiempo.

El pueblo se rebeló, fue asesinado en Amayapampa, en El Alto, en el Trópico, su lucha permitió la recuperación de la Patria a través de la expulsión del gonismo, el triunfo democrático de lo nacional popular y la nacionalización. Los actores del teatro neoliberal se apresuraron a cambiar de libreto, desahuciaron a su ícono de la modernidad y de la represión, Goni y el Zorro Sánchez Berzaín eran malas palabras, el orgullo de ayer era su vergüenza del presente.

Dejaron de verse en el espejo para no sentir vergüenza propia, empezaron a escribir su nueva narrativa renovada, botaron al tacho del olvido sus siglas partidarias que les dio vida pública, porque eran lastre que enlodaban sus banderas electorales. Exigen sin ruborizarse extradición de los genocidas, cuestionan la lentitud del gobierno popular sin mencionar al imperio que los protege.

Inventaron la narrativa del fraude, impulsaron el voto útil a favor de Mesa, proclamaron eufóricos una segunda vuelta, se sentían orgullosos de su momento épico envuelto en violencia racial y política. Mesa era el líder, pero lo desecharon al tercer día e impulsaron la anulación de las elecciones y el golpe de Estado; en las nuevas elecciones lo dejaron en la orfandad, ya no era el líder que unía su orgullo sino era el candidato del Twitter, se volvió la vergüenza.

El día del golpe, las nuevas élites se sentían orgullosas de levantar la Biblia, quemar la wiphala, hacían fila para sacarse una selfi con Jeanine, competían en cuentas sociales para felicitar a la nueva “valiente y constitucional Presidenta”, exigían la aprehensión de las exautoridades políticas, dirigentes sociales y del Instrumento, callaban desde el púlpito celestial sobre las masacres; Camacho y Pumari, los macho alfa del momento, exhibían con arrogancia su identidad pitita. Hasta escribieron un libro, La revolución de las pititas, todas y todos coincidían que era políticamente correcto, el orgullo de ser el vencedor del indio.

Entre aplausos y vítores juró el nuevo gabinete, se estrenó firmando el decreto supremo que ordenó la represión y les dio impunidad a militares por las masacres, asesinatos, detenciones ilegales, torturas, pero apenas hubo el cambio de luna se descubrió el abuso de los bienes estatales, corrupción, negligencia, catastrófica gestión pública; los oficialistas de noviembre se volvieron en los detractores del gobierno de facto, incluso se apresuraban a repetir que nunca fueron parte de éste, querían enterrar su vergüenza.

El tiempo de sentir orgullo o vergüenza es solo temporalidades finitas de las derechas, han normalizado en su cotidianidad pública esta forma de manifestación política, porque no representan horizonte de pueblo, sino posibilidad de poder fáctico sin importar el método, sea democracia o dictadura; para cada momento inventan su narrativa como razón del tiempo en el poder.

Su orgullo y vergüenza es el mismo rostro con diferente semblante.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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