Voces

viernes 24 jun 2022 | Actualizado a 03:07

¡Crisis educativa en Latinoamérica!

/ 24 de junio de 2022 / 03:07

Con base en estudios e informes de distintas organizaciones internacionales, entre ellas Unesco, Unicef, Banco Mundial y Diálogo Interamericano a propósito de las consecuencias del cierre de las clases presenciales más prolongado, que en América Latina afectó a cerca de 170 millones de estudiantes, Dora Villanueva, periodista mexicana, en distintos medios de comunicación de la región, a principios del presente mes, difundió una información que debería, al menos, llamarnos la atención. Villanueva señala: “América Latina vive una crisis educativa sin precedente. A dos años de los cierres de escuelas por el inicio de la pandemia, no todos los niños, niñas y adolescentes han vuelto, y quienes lo han hecho muestran un rezago de entre 12 y 20 meses en el aprendizaje, advirtieron organizaciones internacionales…”

El análisis de los informes de organizaciones internacionales y las “evidencias empíricas” que uno encuentra en el diario vivir —que seguramente los lectores hallarán si reflexionan con cuidado lo que está pasando con los estudiantes—, nos muestran que la pandemia —por sus efectos sindemia— evidenció y/o profundizó grandes problemas del sector educativo. Brechas sociales y educativas expresadas en el desigual acceso y uso a los medios tecnológicos (internet, dispositivos, plataformas, programas, etc.), abandono escolar por motivos socioeconómicos y de salud, y falta de apoyo a los estudiantes en sus actividades educativas por parte de sus familiares o por personal especializado; rezago en los aprendizajes y contenidos de formación por un tiempo equivalente a dos años; y retorno a la educación tradicional que da prioridad a la continuidad de clases antes que a la calidad y pertinencia de la educación, currículo por contenidos cuya prioridad es la cantidad de “materias avanzadas”, visión de corto plazo y trabajo parcelado de los distintos actores de la educación; son parte de la crisis de la educación en la América Latina del tiempo actual. Es más, estos aspectos podrían resumirse en una significativa disminución de la calidad de la educación.

Con sentido proactivo, con la convicción del valor de la educación para las transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales, no tiene utilidad lamentar, tampoco ignorar la crisis educativa; para la sociedad y principalmente para quienes somos actores del sector educativo es un reto para plantear, crear y aplicar alternativas de solución.

Es tiempo de constituir una educación en, de y para la vida, una educación que preserve la vida del conjunto de los “seres vivientes”, la armonía y equilibrio con la naturaleza, con la comunidad y consigo mismo. ¿Cómo se podría afirmar que la educación es de calidad si no contribuye a cultivar la vida de todos los seres que habitan el planeta? En lo concreto, es necesario replantear la pedagogía y el currículo del sistema educativo, principalmente de aquellos aspectos relacionados con la formación integral, la complementariedad de la tecnología con las clases presenciales, el vínculo de la educación con la producción y el trabajo desde una perspectiva territorial, las capacidades socioemocionales y convivencia en comunidad, la construcción de proyectos de vida, el sentido crítico, la creatividad, las artes, entre otros. En todo caso, estos ajustes deben contribuir a mejorar la calidad de los aprendizajes de las y los estudiantes.

Corresponde plantear políticas públicas para cerrar brechas sociales-educativas, así como eliminar el rezago en educación mediante la implementación de programas gratuitos de acceso a medios tecnológicos para estudiantes y maestros, programas de reducción del abandono escolar mediante el apoyo a las familias en situación de vulnerabilidad y programas de nivelación de aprendizajes previo procesos de diagnóstico sistemáticos y organización de equipos de apoyo a la formación de estudiantes.

También es necesario restablecer las comunidades de producción y transformación educativa, los proyectos sociocomunitarios productivos y el desarrollo de procesos de investigación, sistematización y producción de saberes y conocimientos en las unidades y centros educativos. Aspectos relacionados con ajustes en el rol y formación de los maestros, así como valoración del desempeño de los maestros.

Los retos están planteados, es tiempo de iniciar el debate y fundamentalmente la construcción de propuestas.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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¡Soy maestro!

/ 10 de junio de 2022 / 01:58

En los últimos días, en Bolivia, a propósito de la conmemoración del Día de la Maestra y del Maestro (6 de junio), principalmente por medios de comunicación y redes sociales circularon expresiones que resaltan el rol de las y los maestros, así como felicitaciones por su labor en bien de la población. Cómo no sentirse bien ante estas expresiones de valoración y aprecio, sin embargo, estas congratulaciones también nos tienen que hacer pensar y replantear el sentido y significado de ser maestro, de «maestro de verdad» en el contexto actual. Por todo ello, principalmente desde mi propia vivencia de maestro comparto con ustedes algunas reflexiones y algunas propuestas al respecto:

1) Ser maestro es más que títulos y estudios —que no dejan de tener su valor—, es cuestión de vocación, de un proyecto de vida complementado por estudios de especialización. 2) Ser maestro, va más allá de enseñar y aprender, fundamentalmente de facilitador de la construcción de saberes y conocimientos en comunidad. Las y los maestros son como jardineros que cumplieron bien su rol, un día como las plantas florecen en primavera llega el momento que los saberes y conocimientos resplandecerán como producto de una acción comunitaria. 3) Ser maestro es pensar y sentir simultáneamente, quien más debe constituirse en un ser sentipensante debe ser el maestro que tiene que trabajar intensamente en la construcción de aprendizajes, pero también abrir su corazón para acompañar a las y los estudiantes en su vida misma. No hay buenos aprendizajes, menos enseñanzas, si éstos se desprenden de la vida y solo hacen simulación de la vida.

4) Ser maestro no se restringe únicamente a la pedagogía, didáctica y metodología que se desarrolla en el aula, es pensar y contribuir a generar «otra mujer y otro hombre nuevo» y «una otra sociedad». La educación es parte de las luchas sociales y de los procesos de transformación y construcción social, de esos procesos el maestro no puede estar ausente, así también educa. 5) Ser maestro, es un constante proceso de formación, sistematización e investigación, no solo en los centros de formación sino fundamentalmente en y desde la práctica educativa. El maestro tiene que ser ejemplo de procesos de educación permanente construidos y desarrollados en la práctica; tiene que demostrar de manera permanente que crea y recrea la educación y la pedagogía, y desde allí la sociedad; que es innovador de la teoría y la práctica educativa. 6) Ser maestro es ser parte de la comunidad, del barrio, de los grupos sociales; su convivencia con los sujetos sociales y comunitarios es vital para cumplir con su rol de educador.

7) Ser maestro es “ser educador de la sociedad”, se hace educación en el aula y también en la vida. Aunque el maestro tenga otros títulos, estudios y cargos de mayor jerarquía no puede dejar de pensar y actuar como educador; se hace bien cuando se le valora como licenciado, magíster, doctor, etc., pero será mucho más digno que a uno le reconozcan como maestro. No tiene sentido una nueva teoría aprendida ni título o cargo jerárquico si no se vincula con la experiencia y el reconocimiento del maestro. 8) Ser maestro, al igual o más que otras profesiones, es educar con el ejemplo, evidencia del posicionamiento ético-político del educador.

Se pueden expresar muchas reflexiones más. La situación actual es muy compleja, por cierto el maestro merece nuestras congratulaciones, más en su aniversario, pero en los hechos, en el día a día, la sociedad debe valorar el rol de los maestros en ella y crear las mejores condiciones para el cumplimiento de su misión, aunque recíprocamente los maestros tienen que cumplir su rol y misión, más en estos tiempos desafiantes de grandes cambios societales.

Por todo ello, asumiendo que el rol del maestro es fundamental para impulsar los procesos de transformación de la educación, más que exámenes de ingreso a las Escuelas Superiores de Formación de Maestros debemos vincular el ingreso a estos centros de educación superior a la consolidación de las vocaciones y la promoción de proyectos de vida en la educación secundaria; ampliar los cambios en la relación práctica-teoría, así como las estrategias que generan nuevas pedagogías y metodologías; y profundizar la transformación de la educación para generar las calidades educativas establecidas en la Ley de Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”. Signos de lectura de nuestros tiempos e historias.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Repensar la universidad

/ 27 de mayo de 2022 / 01:40

Las infaustas noticias del 9 de mayo provenientes de la Universidad Tomas Frías de Potosí, anunciando estudiantes universitarios muertos y heridos a causa del lanzamiento de una granada de gas en una asamblea, sumadas a otros hechos luctuosos como los ocurridos en la Universidad Pública de El Alto en marzo de 2021, desataron una serie de acciones policiales y judiciales que derivaron en el apresamiento de supuestos culpables y la prisión preventiva de un dirigente universitario. En el XIII Congreso Nacional de Universidades que se realiza en Potosí, entre el 23 y 27 de mayo, se decidió “de manera unánime” la expulsión del sistema universitario del dirigente en prisión preventiva y otros dos docentes supuestamente involucrados con hechos irregulares. Mientras tanto, medios de comunicación y redes sociales hicieron profusa difusión de información vinculada a los llamados estudiantes y dirigentes “dinosaurios” por su larga estadía en esos roles en las universidades. Por estos hechos, de pronto, la situación de las universidades se puso en la mesa del debate hasta el cuestionamiento.

Esta situación, además de mostrar problemas de carácter organizativo y administrativo, expresa un panorama complejo y delicado que no es motivo de análisis y mucho menos del planteamiento de propuestas y soluciones. A propósito de ello, como dice C. Buarque en su libro La Universidad en una encrucijada (2005), cabe considerar que “En los últimos mil años no ocurrieron grandes cambios estructurales en la universidad. El rol de la universidad poco cambió. Entretanto, la realidad de la situación social en el mundo, como también los avances dinámicos en términos de información, conocimiento, y nuevas técnicas de comunicación y educación, evidencian la necesidad de una revolución en el concepto de la universidad.” La situación de las universidades bolivianas, públicas y privadas, expresa muchos signos de crisis acumulados desde sus orígenes y fundamentalmente por su reducida respuesta y aporte a la sociedad del siglo XXI.

Los viejos retos de las universidades permanecen y afectan su rol político, social, científico y cultural. Por ejemplo, sigue la contraposición del desarrollo del patrón civilizatorio occidental en relación a las concepciones propias de nuestra región como el “vivir bien”; de la corriente materialista y la idealista; del pensamiento positivista-racionalista y otra integral u holística; de la investigación “científica” (denominación a discutir) basada en la supuesta predicción sin márgenes de error y la cualitativa en la cual el investigador interactúa con su entorno; del conocimiento eurocentrista y el conocimiento propio de nuestros pueblos y culturas como expresión del colonialismo del saber. Es más, en estos tiempos marcados por hechos de carácter estructural y graves consecuencias como la crisis civilizatoria, la pandemia del COVID 19 que por sus efectos se convirtió en sindemia, la arremetida de las grandes empresas transnacionales de telecomunicaciones y tecnología a título de educación virtual en el marco de la IV Revolución Industrial, la pregunta es: ¿Qué proponen y qué hacen los centros de educación superior ante este contexto?

Este siglo XXI, entre otros, exige: producción de conocimientos y pensamientos propios desde la realidad boliviana y latinoamericana; soberanía tecnológica capaz de responder a los retos de la tecnología y crear una pedagogía que incorpore de manera complementaria la tecnología a los procesos educativos presenciales antes que solamente adquirir plataformas o programas digitales; investigaciones y proyectos para preservar o recuperar la salud desde una concepción holística; economía sostenible que deje de explotar la naturaleza y a los trabajadores; políticas sociales que reduzcan la brecha pobres-ricos; estrategias para reducir la violencia y discriminación; repensar la democracia liberal y representativa hacia una participativa, comunitaria e intercultural; etc. Se requiere que las universidades contribuyan a generar una educación sensible al contexto, la historia y las circunstancias culturales, políticas y económicas, pertinentes y relevantes en lo social, cultural y económico para el bienestar de los seres humanos, sus comunidades y sociedad. Aspectos que, además de los problemas del último tiempo, requieren plena atención y respuestas precisas con los movimientos sociales, forma primordial de preservar la autonomía de las universidades.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Foro Social Mundial

/ 13 de mayo de 2022 / 02:27

“Otro mundo es posible”, es el eslogan que identifica al Foro Social Mundial (FSM) que desde 2001 es el mayor encuentro de la sociedad civil en la búsqueda de soluciones a los problemas de nuestro tiempo. Es social porque su principal preocupación es la situación de la gran mayoría de la población mundial, de sus derechos sociales, en contraposición a la imposición de la supuesta única verdad de los mercados, la economía de corte capitalista y neoliberal. El FSM es una permanente lucha contra los determinismos del pensamiento único, es la reivindicación del pensamiento crítico, alternativo y alterativo y la esperanza.

El FSM es un espacio de debate democrático de ideas, para intercambiar experiencias y estudios, profundizar reflexiones y formular propuestas a partir de la articulación de movimientos “altermundistas”, entre ellos: movimientos sociales, redes, campañas, alianzas, etc., “que se oponen al neoliberalismo, al dominio del mundo por el capital y cualquier forma de imperialismo”; en cada una de sus versiones reúne a miles de participantes en cientos de actividades sobre diversos temas (desarrollo social, economía solidaria, medio ambiente, derechos humanos, educación, salud, democratización, arte y cultura, comunicación…) para contribuir a la transformación del sistema hegemónico actual. Según su Carta de Principios, el FSM se caracteriza por la pluralidad y diversidad; es un espacio abierto, participativo y articulador; se identifica como un proceso global y continuo en el que se propone un mundo alternativo. Desde la perspectiva educativa, el foro promueve una praxis liberadora para romper la estructura opresor-oprimido, a través de la corresponsabilidad y la autogestión.

En el presente año, ratificando el eslogan “Otro mundo es posible”, convencidos por la necesidad del “Reencuentro Mundial hacia la articulación de los Movimientos Sociales”, el Foro Social Mundial, en su 14ª edición, se realizó en la ciudad de México entre el 1 y el 6 de mayo de 2022. Además de la problemática identificada desde el primer encuentro, el FSM 2022 parte de la constatación que el mundo está en un momento crucial y definitivo profundizado en sus consecuencias por la crisis civilizatoria de carácter occidental y capitalista, la pandemia del coronavirus que por sus efectos sociales en realidad es una sindemia y la arremetida del “capitalismo cognitivo” de las empresas transnacionales de telecomunicaciones y tecnología a título de cuarta revolución industrial, además de la preocupación por la construcción de paz, la creciente migración y un contexto de guerras. Al Foro 2022 concurren más de “3 mil participantes de movimientos autónomos de mujeres y feministas, jóvenes, integrantes de diversas sexualidades, sindicalistas, comunidades de pueblos originarios, de la iglesia social, ambientalistas, antirracistas, del movimiento urbano, del campo, de organizaciones de migrantes, y de muchos otros ámbitos sociales; de más de 30 países de cuatro continentes en 789 talleres y asambleas realizados en 15 recintos del Centro Histórico de la Ciudad de México y de organizaciones sociales con más de 50 salas, patios y auditorios… Los temas incluyeron el clima, la agricultura en respeto con la tierra, la economía sostenible, los derechos humanos, el feminismo, las minorías, la educación, los derechos de los trabajadores y trabajadoras, la cultura, la comunicación, la autodeterminación de los pueblos…” (sic)

En ese marco, los movimientos sociales tienen el reto histórico de crear propuestas alternativas frente a la explotación irracional de recursos naturales y de los trabajadores, la aceleración del “cambio climático, los flujos migratorios, los desplazamientos de población y con ellos la desestructuración de nuestras sociedades. Esta violencia económica, social y cultural es una forma de guerra permanente a la que está sometida la humanidad, que solo puede detenerse con un cambio radical del sistema” (Declaración final del FSM 2022). Como dice Gustavo Codas, representante de la Central Única de Trabajadores de Brasil: “Ya no basta con emprender la crítica del capitalismo neoliberal, hay que afirmar una contrapropuesta y organizar una fuerza política mayoritaria sobre la base de ese programa” en el que las acciones colectivas deben ponerse “en marcha sin demora”. Construir “Otro mundo posible”, además de ser un asunto ideológico y político, es cuestión de supervivencia y dignidad humana.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Evaluación de la calidad de la educación

/ 29 de abril de 2022 / 01:15

Las más de las veces, la cotidianidad genera experiencias que motivan análisis y aprendizajes, así como contribuye a la construcción de teorías y propuestas, un ejemplo de ello se presenta en el blog de la Editorial Vicens Vives (2021), que como introducción a una entrevista a Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), coordinador del informe PISA (Programme for International Student Assessment) de la OCDE, textual dice lo siguiente: “Andreas Schleicher también conocido en Alemania como Mr. Pisa, contó en una entrevista a Deutschlandfunk que su maestro de primaria de la escuela estatal lo calificó como ‘No apto’ para estudiar secundaria. Su padre, profesor de pedagogía, no estuvo de acuerdo con el juicio, y decidió apuntar a su hijo a una escuela Waldorf. La decisión se mostró acertada: Schleicher no solo consiguió los mejores resultados en la escuela, sino que ganó un premio especial en el prestigioso concurso nacional ‘Jugend forscht’ (‘La juventud investiga’) por el desarrollo, junto a su primo, de un programa de reconocimiento de voz. Esta experiencia le mostró a Andreas Schleicher la importancia de no cerrar las puertas de la escuela a ningún estudiante, porque nadie puede saber con exactitud todo el potencial que se esconde en cada uno de ellos” (sic).

Este relato motiva a plantearse varios interrogantes. Entre otros, ¿qué explica que, al cambiarse de una escuela a otra, Schleicher no solo consiguió mejores resultados sino que ganó un premio especial?, ¿qué hubiese pasado con Schleicher si las evaluaciones fueran homogéneas?, ¿qué podría haber ocurrido si no hubiese acudido a otras alternativas?, ¿qué se puede deducir de esta experiencia para entender los procesos de evaluación en educación?, ¿el propósito de la evaluación es establecer rankings o para calificar a unos de buenos y a otros de malos? La evaluación, más de un sistema educativo, tiene distintas comprensiones, metodologías, alcances e implicancias; responde a un sinfín de experiencias institucionales y cotidianas que requieren análisis y debates en sus múltiples dimensiones. Es una invitación a dejar de hacer “opinática” y profundizar el estudio, debate y construcción de propuestas, mucho más de quienes en automático piden “PISA, PISA,…”

Eso explica por qué la evaluación de la educación en el último tiempo sufre un constante acoso de tendencias que son contrarias a postulados de educación liberadora y transformadora, corrientes favorables a la mercantilización y visión empresarial de la educación que al amparo de un supuesto criterio de mayor eficiencia del sistema deriva en evaluaciones que incorporan conceptos como privatización y competitividad; rendimiento académico, desempeño y competencias; estándares e indicadores como una manera solapada de imponer una lógica y concepción de educación. De esta manera, aparecen temas que pretenden convertirse en una moda antes que en una discusión de fondo sobre educación, como las evaluaciones internacionales con una visión homogénea o como las de calidad educativa que, en el marco del enfoque de capital humano, se concentran en la calidad del aprendizaje cognitivo de lo que ocurre únicamente en el ámbito de la escuela y aula reduciendo la concepción de educación a escuela, para colmo de carácter tradicional (Vega, 2014). Es tal la arremetida de estas corrientes que en tiempos previos a la emisión de resultados de las evaluaciones internacionales se comienza a buscar la “nota” de la evaluación para señalarlos en público: “éstos son los países, departamentos, instituciones educativas y estudiantes malos y éstos son los buenos”. Estas miradas sobre calidad educativa y evaluación en el sector educativo distorsionan el carácter de política pública y la constitución de una sociedad democrática, además que hacen olvidar la naturaleza de la educación.

Queda mucho por reflexionar, debatir, analizar y proponer. Es tiempo de “…evaluar la evaluación educativa” (Gentili, 2014), fortalecer la cultura de participación y evaluación de políticas públicas e impedir que la euforia evaluadora que “perjudica a nuestros hijos y empobrece nuestras aulas” se consolide. No olvidemos que “La evaluación se comprende como un medio: el acento está puesto en los fines formativos y pedagógicos” (OREALC/ UNESCO Santiago, 2020). En el tema hay mucho que decir, seguiremos debatiendo en próximos artículos.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Modelo educativo boliviano

/ 15 de abril de 2022 / 02:09

Retomando largos periodos de resistencias y construcción de alternativas expresadas en experiencias de gran trascendencia como las escuelas indigenales de fines del siglo XIX y principios del XX; la Escuela Ayllu de Warisata de 1931; las propuestas educativas de organizaciones sociales, pueblos indígenas y maestros, principalmente de la segunda mitad del siglo XX; las prácticas y propuestas de la Educación Popular desarrolladas especialmente en América Latina; teorías socioculturales como las de Lev Vygotski; además de una serie de acciones desarrolladas desde 2006, entre las que destacan la organización de la Comisión de Sabios y Expertos; los lineamientos de políticas educativas en el Plan de Desarrollo “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Soberana para Vivir Bien” 2006-2012; la aprobación y promulgación de la Constitución Política del Estado de 2009; la realización del Congreso Nacional de Educación de 2006; una cantidad apreciable de talleres y encuentros pedagógicos, así como de estudios e investigaciones, realizadas entre 2006 y 2010; y en coherencia con los mandatos de la Ley de Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez” de 2010, Bolivia — desde la gestión 2015— comenzó a transformar la educación boliviana mediante la implementación del Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo (MESP).

Sí, aunque en estos tiempos se intenta olvidar o ignorar, está vigente el MESP. Esta propuesta se origina, además, en un diagnóstico que, a 2005, verifica que la educación boliviana no tiene relación con la economía, ignora los saberes y conocimientos del pueblo, tiene énfasis en lo cognitivo, confunde la concepción de educación con escuela y, fundamentalmente, mantiene su condición patriarcal y colonial que por largo tiempo hizo “pensar la educación con cabeza ajena” a la realidad nacional. Contra todo lo que ocurrió en periodos pasados, por ejemplo, con la Reforma Educativa aprobada por Ley 1565 de 7 de julio de 1994, que se inscribió en el modelo neoliberal y además que —sin mayor análisis de pertenencia y relevancia con la realidad boliviana— adoptó la teoría y metodología del constructivismo; la implementación de la Ley de Educación 070 y del MESP es expresión de la voluntad y decisión soberana del Estado y de la población, así como del “pensamiento propio”.

El carácter del MESP contiene distintos elementos de análisis, por espacio del presente artículo nos concentraremos en un aspecto trascendental para la formación integral de los estudiantes que se ha denominado las “dimensiones del ser humano”. Mientras en la educación tradicional sigue vigente el culto a la memoria, la repetición de los conocimientos y lo cognitivo, es más el racionalismo expresado en la mirada única y la consideración de la razón como única forma de conocimiento, el MESP —en consonancia con el “vivir bien”— parte de la concepción de ser humano propio de nuestras culturas y otros estudios que señalan que las personas somos seres holísticos y por lo tanto estamos constituidos por cuatro dimensiones vivenciales: Espiritual (Ser), Conocimiento (Saber), Política (Decidir) y Producción (Hacer). Ser, constituida principalmente por los principios, valores e identidad. Saber, por la capacidad de crear, adaptar y recrear saberes y conocimientos. Decidir, capacidad para asumir la organización, el ejercicio del poder, así como la convivencia con la comunidad. Hacer, creación y producción material e intelectual. Entonces, desde la concepción del MESP, la formación debe ser integral, por lo tanto el currículo no solo tiene que “trabajar” en lo cognitivo, menos únicamente en lo memorístico y repetitivo, sino que también debe contribuir a la formación en valores, principios, fortalecimiento de la convivencia y la capacidad de crear y desarrollar su creatividad. Ahora más que nunca, en tiempos de sindemia y de crisis civilizatoria, esa formación integral es absolutamente necesaria y de alta relevancia.

El modelo educativo tiene muchos avances, pero también la necesidad de hacer varios ajustes fundamentalmente de cómo se profundiza su puesta en práctica. No puede ser que, por tratar solo la continuidad de las actividades educativas, olvidemos la implementación del MESP. Es tiempo de revalorar el Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo, trabajar en su adecuada implementación para cuidar de la calidad de los aprendizajes de los estudiantes.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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